The other side of the moon
A part of me die last night I lost my innocence to your ignorance . You said it would be alright — Little Black Death, Meg Mayers
¿Y ahora lo sientes? Casi puedes tocar el silencio que cae a tu alrededor. Una voz sarcástica rebota en tu cabeza preguntándote si quieres correr. Lo ves y no puedes ocultar la verdad, fallaste en tu misión de proteger su inocencia. Fallaste tu promesa de protegerla.
Ella está ahí, frente a ti y es fácil ver la frialdad en sus ojos claros. Confió en ti, creyó en tu presencia, y cuando te sonríe, memorias de los tiempos felices te invaden… pero algo está mal en su rostro. No es la misma. Una parte de ella, la que tanto te atrapó, está ausente; se ha desvanecido. Lleva minutos que te parecen milenios sentada frente a ti sin hablar de
criaturas en el aire o desviar la mirada distraída. Se ve sola, herida y elegante.
Luce como lo que su sangre representa y lo que tanto odias en otros. Se ha convertido en la viva imagen de todo lo que hiciste mal. Hace tiempo que todo ha terminado, pero lo perdido entre los muros helados y la soledad húmeda de ese viejo sótano no lo recuperará jamás.
Ignorabas dónde se encontraba, pero en el fondo sabes que eso no es un pretexto. Que si hubieses dado la cara antes, si Dumbledore hubiese sido claro desde un inicio, si hubieras... ¡Ah, el hubiera! El tiempo de los pendejos y los remordimientos.
El pasado no se puede cambiar, pero si los hubieras pudieran hacerse realidad; si tus acciones hubieran sido acertadas y no una huida desesperada entre bosques desolados, tal vez ella no estaría tan rota por defenderte a ti. Le fallaste a ella y a cientos más, pero es solo su rostro el que te perseguirá por las noches.
Después de todo era ella a quien un día de invierno le susurraste palabras de amor.
No more fairy tales pretending, no more happy endings . [...] Iʼm a shadow play, I just want to run away — Little Black Death, Meg Mayers
Te niegas a creer lo que dicen. Piensas que no es posible que ese ser ingenuo y lleno de luz se volviera distante, que ahora el Lunática le queda grande. Que evite a todos y les cierre la puerta en las narices.
Cuando te convencieron de ir a verla te advirtieron que no le importa herir y reíste porque sabes que ella siempre ha sido cruelmente sincera. Lo que más te ha calado en las viejas heridas es que ya no trae con ella sonrisas y cuentos de hadas.
Te ha mirado como si no fueses nada, pero te ha dejado pasar y preguntarle por su vida. Las evasivas llenas de algo parecido al reproche y la ira se te encajan en el alma.
Deseando hundirte en la silla miras a tu alrededor. Las plantas ya no tienen flores. Un par de maletas que usa en sus viajes están en la esquina. El lugar se ve sobrio y la luz cálida del día no hace agradable la estancia. Y te preguntas si sus rostros aún seguirán dibujados en el techo de su habitación.
Intentas hacerle sonreír, decirle que no estarás mucho tiempo lejos, que nunca volverás a dejarla sola; pero son frases vacías y al despedirse se mueren en tus labios las promesas de intentar recuperar por lo menos su vieja amistad. Al salir solo piensas en que deseas huir de su presencia. Verla siempre trastoca tus emociones de una forma indescriptible. Los remordimientos y el engaño pesan como un lastre a tu espalda y sabes que ella solo desea que la dejen en paz.
Pero aún así no puedes. Tus instintos saben que a partir de hoy no podrás quitarle la sensación de peligro que te provocaron sus dedos al aferrarse a tu piel en el abrazo de despedida, y la sonrisa ladina casi perezosa que afloró en sus finos labios.
A part of me die last night , you killed my faith in romance . No more second chances . I wanna bathe in the tealight to erase the memory of your humanity. — Little Black Death , Meg Mayers
Con el corazón en el puño la observas altiva, con el rostro contraído en una expresión de furia y dolor, esa expresión que a este punto de la vida has visto tantas veces en aquellos que no tienen nada que perder. Le gritas que baje la varita, que no vale la pena. Y no te explicas el cómo han llegado a esa situación. Cuando los cuerpos aparecieron de uno en uno, nadie sufrió. Las viejas heridas de algunos por fin encontraron cura.
Pero de a poco el pánico mezclado con desconcierto y unas gotas de negación les invadieron las venas. ¿Quién y por qué? Eran preguntas que rondaban sus cabezas.
Esa tarde, entre el humo azulado de una explosión certera y el aroma a flores de su shampoo, querías gritar. Pero en el fondo sabes que es inútil. Te destroza por dentro la certeza de que tú provocaste su oleada de odio. Tú y solo tú, rompiendo sus ilusiones de una segunda oportunidad. Arrastrándola contigo a una lucha inútil por sobrevivir y tu ausencia en su batalla con el presente donde todos desean olvidar pero las almas heridas claman venganza.
Y ella era una de esas. Lo sabías y aún así la dejaste libre en el mar de rencores en el que terminó por ahogarse. Saber que ella era la causante de la sangre derramada en pos de venganza te heló hasta los huesos.
Sabes que pueden abatirla, pero nadie desea hacerlo. Todos recuerdan y nadie quiere creer que la vida de tantos se derramó en sus manos por un capricho; una herida sin sanar. Se niegan a aceptar que cambió tanto que ha perdido su humanidad.
El fuego y su furia arrasaron con todo. Recuerdas el tacto ardiente, el caos.
Y cuando por fin las cenizas se asientan, te das cuenta de que todo ha terminado. Y lloras mientras te preguntas: ¿a dónde se fue tu sonrisa?
