Saludos mis querido/as lectores,

Esperando sepan disculpar mi tardanza, que por motivos de índole personal no tuve acceso a los medios pertinentes para poder continuar el proceso con el capítulo y que solo hasta volver a mi hogar pude retomar, me ha ocasionado retraso hasta este día. Sin embargo y en consideración a ustedes, este es más largo que los anteriores de modo que espero le complazca, así mismo les recuerdo. Vencimos la anterior batalla, el duelo se dio en victoria debido a sus estimados comentarios que espero me continúen apoyando y a la par, espero puedan disfrutar y hacerme saber sus impresiones sobre este capítulo.

Un sentido abrazo y les deseo un maravilloso día. Sin más el cap.

La Orden Viribus

Capítulo 3

Noctis I

El tiempo que vino después de aquella tarde mirando el horizonte montañoso, casi me hizo olvidar las circunstancias en las que me ví envuelta a lo largo de aquellos meses, la realidad es que ir de un lugar a otro intentando probar mi inocencia sin que nadie creyera mi versión de la historia, fue como una patada en los bajos. La parte más difícil de todas había sido ver la cara de mi madre después de eso, incluso la expresión de Mai... el tiempo suficiente en el que creyeron que yo había sido capaz de tal atrocidad, fue devastador, pero no lo dejé ver en el rostro, me había vuelto experta en el arte de fruncir el ceño, cruzarme de brazos y tragar sin más mis verdaderas emociones, incluso el llanto.

De ese día, recuerdo que desperté, el sujeto estaba muerto junto a mí, o más bien su cuerpo calcinado y a un paso de ser cenizas, Yuichi quien seguramente fue una luminosa pira capaz de entibiar a mi inconsciente cuerpo y el de Mai sobre el pasto del jardín trasero, fue lo que encontraron los agentes del orden al día siguiente; yo era la única con un historial lo suficientemente malo para recibir por descarte todos los cargos, claro que mi versión sobre cómo el imbécil había golpeado a mi amiga hasta dejarla fuera de juego para pretender tomar por la fuerza lo que por virtud y voluntad le fue negado, seguro retiró de Tokiha cualquier sospecha. Así mismo, plantear un escenario de ira insana a solas con el occiso la noche de su muerte, tal vez no fue mi más razonable o audaz momento, tampoco me culpen, tenía una jaqueca del tamaño de la luna, me dolía casi todo y los inspectores, eran la clase de sujetos que te acusan, juzgan y sentencian antes de que abras la boca en primer lugar... no tuve las neuronas en funcionamiento y la única cosa que evitó que fuera a la cárcel, sin duda, resultó ser el que aún era menor de edad, tenía derecho a un abogado y mi padrastro, Kane Krauss... es el mejor del lugar.

Bueno... no diría que tan bueno, quizás no se esmeró tanto por mí, porque de todos modos acabé aquí, con la frase de siempre "Es por tu bien" como si todo fuera justificable en pro de tal tontería. ¿Cómo va a ser bueno para mí estar en un lugar lleno de gente menos cuerda que yo, cuando los que encabezan esa lista de locos son los directivos del lugar? De fondo, el método no me gustaba y a mi mente le costaba aceptar que una cura pudiera provenir de algo tan absurdo, al mismo tiempo negociaba conmigo misma el hecho de que si no ponía de mi parte, tal vez nunca saldría de allí como Mikoto, o en su defecto me transferirán a alguna institución peor, ningún panorama en el horizonte se apreciaba halagüeño. Tal vez tenía una expresión grave... siempre que pensaba en ello, mi mal humor se hacía evidente.

Pasaron los días, muy a mi mala suerte ese fin de semana Mai no pudo venir, ni trajeron a Alyssa, solo di gracias que Kane no pudo tampoco y mamá estaba aliviada de que hubiera sobrevivido esos pocos días. De todos modos las cosas estuvieron tranquilas, las clases aburridas como siempre... solo Mikoto me brindaba su compañía, así como sus peculiares amigas. Cada tarde fuimos al mausoleo, estar así simplemente, era un alivio. La sesiones con Fujino continuaron, cada una más frustrante que la anterior, no sé a qué juega, pero el asunto de la posesión y la forzosa situación de hacerme creer en cuentos de fantasmas, demonios o lo que sea, comenzaba a hartarme.

Minagi se puso de pie y me miró. —¿Tienes hambre?— Vaya que era glotona, pero su cuerpo no delataba tales excesos, de hecho mirándola bien, sería el tipo de chica que yo tendría por mano derecha en mi equipo para los decathlones.

—No mucha... pero sé que más tarde la tendré— Me erguí igualmente y tomé el mismo camino, era mi guía después de todo.

—Vamos por algo a la sala del té, en las noches la cafetería está cerrada pero antes de irse la señora Nianto deja una buena repostería, esa mujer prepara los mejores muffins del mundo y sus canelones son como para morir por ellos, además hay café, leche o chocolate, lo que prefieras. Pero hay que correr, los Bel... no dejan ni las migajas en las charolas— Sonrió divertida en sus propias memorias.

—¿Los qué?— Y mi cara de 'habla en español' fue muy ilustrativa.

—En nuestra habitación te lo explico...— Apresuró el paso, y efectivamente encontramos el sitio asediado por lo que parecían un par de pequeños devoradores de comida barriendo con todo, ya no decir los demás asistentes de Destiny... al menos los que estamos del otro lado de la barda, porque los Eius sí que tuvieron la opción de elegir primero y estaban apostados cómodamente en las mesas o rincones del sitio. Mikoto, quien tenía más experiencia que yo en el lugar, se apresuró a llegar a la mesa buffet para tomar nuestra cena, aquella parecía una masacre, quién se quedaba con qué, algunos sirviendo café con leche, y repentinamente el apetito me abandonó.

Me quedé estática, sentí algo familiar a mi espalda, me di la vuelta encontrándome con esos iris escarlata y su expresión cordialmente falsa para sus condiscípulas... nuestras miradas se cruzaron y aunque ella iba acompañada yo pude sentir que ese momento duró más de lo común, entonces una de ellas llamó su atención, la conexión se rompió... la chica era más bajita, frágil, de pelo verde oscuro y ojos violáceos, tenía en la cara el letrero de 'lame botas' con brillos de neón, hasta miraba a Shizuru como si fuera una deidad en la tierra; la otra mujer de prominente delantera, cabellos rubios y un flequillo geométrico en la frente gesticulaba exageradamente para exponer su punto, casi casi la escuchaba decir. —¿Aún no sabes qué Crecelius tiene esa delincuente?— Hablaba demasiado alto para mi gusto. Hice una mueca, ¿cuál delincuente? No podía estarse refiriendo a mí ¿o sí?

—Kuga— Oí aquello casi como un zumbido distante...

—¡Kuga!— Se repitió más fuerte.

—¿Qué?— Me volví a ver a Mikoto un tanto distraída, ya en el aire venían volando un par de canelones envueltos en servilletas con un nudito, atrapé uno, luego otro paquetito con un aroma exquisito, tenía las dos manos ocupadas cuando vinieron los siguientes así que metí todo en un dobladillo de mi camisa y en la abertura recién inventada se encestó el otro, visto un cuarto en camino me apresuré, debí saber que no podría atraparlo. Intentando alcanzar la trayectoria, tropecé con una silla que no ví a mi espalda y caí de cabeza al suelo, ¡Dioses! Eso dolió.

¿Y que creían que soy malabarista? Lamento informar que no.

—¿Tanto... te gusta la comida?— Oí la voz suave con ese acento encantador de la Srta. Fujino. ¿Cómo diablos llegó tan rápido?

—No tanto...— Me quejé tomando asiento en el suelo, sobándome el que seguramente será un chichón más tarde.

—Natsuki... eran los últimos canelones y muffins— Casi podría ver las lágrimas en los ojos de Mikoto, quien estaba a pocos pasos de mí con cuatro tazas de café con leche en las manos.

—Y yo solo tengo una cabeza— Me quedé mirándola con reproche, además... no se desataron las servilletas, no habría más daños que un poco de migajas por aquí y por allá, puede que algún muffin deforme y no es como que vayan a llegar enteros al estómago. Fujino tomó los envueltos desperdigados y los devolvió a su lugar, luego me ayudó a ponerme de pie ante la mirada impávida de todos.

Me escrutó desnudando otra vez mi alma, sin importar que todos le miraran o nos escucharan y el recelo de la multitud tan tensa pudo cortarse con un cuchillo en aquel breve instante de silencio, de hecho me sorprendió que nadie estuviera muriendo de risa por mi desafortunado traspié. Miré sobre su hombro a las dos chicas, eran tan jóvenes como ella, ¿otro par de prodigios? —Tal vez no eres cobarde, tienes arrojo, ni tampoco es la gula... mañana a la misma hora— Sacó un papel de su bolsillo, era una anotación doblada que puso dentro del bolsillo de mi chaqueta, estremeciéndome con aquel inapropiado contacto tan cerca de mi pecho, acto seguido se marchó sin siquiera mirar atrás, sus amigas le veían como si la hubiera abducido un extraterrestre.

Yo... bueno... me quedé con la boca abierta. ¿Esas cosas están permitidas entre paciente y terapeuta?

—Jajajaja... ni lo sueñes— Oí la voz de Harada, quien hurtaba en mis narices el paquete menos destruido de la repostería. —Incluso yo sé que no estoy a su nivel, mucho menos tú... y sabes que soy grandiosa ¿Verdad?—

—Nunca había conocido a una persona tan ególatra...— No escondí mi desagrado.

—Gracias...—

—No es un halago...— Levanté una ceja, sí Mikoto no la asesinaba por robar su botín yo no haría mucho más que fruncir el ceño.

—No me importa— Sonrió con beneplácito mientras me guiñaba su ojo.

La Srta. Senou tomó el otro envuelto, el más magullado, busqué la aprobación de Mikoto y esta asintió imperceptiblemente. —No le concedas eso... jugar contigo, puede ser cruel— Me susurró al oído la castaña de ojos azules antes de acudir con Minagi y tomar uno de los café en sus manos.

—Gracias...— Dije tardíamente, casi había olvidado que muchos de los aquí presentes fueron tratados por Fujino, de algún modo todos sabían mejor que yo lo que tendría que enfrentar en poco tiempo y no parecía bueno. Vi que Chie y Senou se marchaban, sus manos juntas mientras hablaban de banalidades. ¿Ese par están saliendo juntas?

Comenzando a caminar hacia nuestra habitación inicié una conversación. —¿Cuál es su pecado?— Pregunté a Mikoto con tono bajo, tal vez si usaba sus términos podría recibir una respuesta clara.

—La lujuria— Dijo con lamentaciones, vaya Senou es ninfómana, nunca se me hubiera ocurrido. —Nunca te permitas estar a solas con Aoi... no lo hace adrede, pero si ella te hizo esa advertencia entonces teme... razones de peso habrá detrás de ello— Mikoto confiaba en la castaña o eso parecía, comprendí que la pesca de pasteles había sido por las cuatro, ellas son amigas o algo así.

—No es como si Fujino fuera a abusar de mí— Bromeé. Que no me molestaría mucho, es bellísima.

—No... Ella no... Tú, puede que lo intentes y vamos, te patearía el trasero, así que no se te ocurra— Hasta su pose me advertía el peligro.

—Yo no haría eso... estoy aquí porque un hombre intentó violar a mi mejor amiga— Ex mejor amiga de la que no sé si seguimos siéndolo pero son detalles que espero resolver. —Jamás haría tal cosa—

Me miró comprensivamente, luego sonrió. —En tanto la Viribus Fujino no determine tu estado, cualquier cosa podría ser... pero te dije, creo que eres más de mi tipo— Abrió la puerta de nuestra habitación, ¿se puede comer dentro? Sí mi madre me viera, me lo tienen rotundamente prohibido. —Limpiamos nosotras mismas, entonces no es delito— Añadió en respuesta como leyéndome el pensamiento.

Entramos, Mikoto se acomodó en mi cama con una mesita de desayuno y yo tomé asiento en el escritorio. Comimos primero, sabía que ella es una mujer monotarea, o come o habla, nunca las dos cosas. Así que tomé la oportunidad cuando bebimos el café. —Mikoto... ¿ahora sí puedes explicarme bien el asunto de los Viribus?— Había diluido esa pregunta después del incidente días atrás en la cafetería, y dado que ahora nos tenemos, aparentemente más confianza.

Se quedó en silencio como evaluando la situación. Así que empezó, supongo... por el principio. —Bueno... siempre es difícil de entender y creer al inicio, pero lo haré simple, lo más posible. Hace tiempo antes de la existencia del hombre, el celestial que creó este universo y sus dimensiones, encontró que todo era perfecto, pero vacío. Así que creó a los Lucendi para llenar el espacio, seres tan puros y brillantes como estrellas hay, con control sobre las leyes de cada dimensión que el celestial creó, inmortales, perfectos básicamente. Cosas como ver hacia el pasado con tal nitidez, saber de situaciones antes de que pasen, crear ilusiones que casi pueden formar realidades distintas, transmitir vida con el aliento, lo que se te ocurra... está en la lista— Esa historia se me hace familiar, aunque no me fue contada de la misma forma. —A una rama entre ellos, los que viven en la luz, se los conoce como Viribus... hay más de ellos, diferentes clases pero creo que sabes a qué me refiero—

—Oh... ángeles— Sí a eso suena. ¿En serio esta diciendome que Fujino y sus compinches son... seres de luz?

—Cada cultura los llamó de la forma que mejor convino, para algunos fueron dioses, para otros hijos del sol, ¿de dónde imaginas que emperador de Japón se consideraba descendiente de la diosa Amaterasu? ¿o por qué se mencionan historias de cambia formas, deidades indias con la capacidad de tomar el género opuesto? Te dije, todo es posible—

—¿Estás diciéndome que Fujino, podría si quisiera, tener uno de esos y hasta desaparecer un par?— Hice un ademán con mi palma cerca de mi pecho, como señalándolas sin hacerlo realmente.

Mikoto simplemente asintió. —Ellos toman una forma que podamos entender, pero no son hombres ni tampoco mujeres realmente—

La sexy imagen de Shizuru desnuda cambiando de género fue... destructiva para mi mente. —Eso es lo más matapasiones que me han dicho, soy muy gay ¿sabes?—

Mikoto me miró sin dar crédito a mis palabras. —¿En serio? Acabo de decirte una verdad por la que el hombre mataría, la existencia de las cosas y en lo único que piensas es en Fujino con... ¿miembro?—

—Soy... me distraigo a veces— Admití apenada, como que se me olvidaba que para ella es la realidad misma. —Disculpa...— Aclaré mi garganta. —¿Pero cómo pasamos de eso a los Crecelius y esas cosas?—

—A veces cuentan la historia en clases, pero... no creo que lo repitan hasta el próximo año— Se cruzó de brazos, el próximo año yo no estaría aquí para eso. —¿Sabes que sólo un celestial puede crear?— Me miró sonriendo.

—Supongo que no tendría sentido el nombre si todos pudieran hacerlo...—

—Ajá... pero ¿Y si fueras un Lucendi que pensara que puede ser mejor creando cosas que él?— Levantó los hombros, sus iris dorados me parecían cada vez más, expresivos, líquidos y brillantes.

—No lo sé, eso sería muy... peligroso— Inferí cuestiones apocalípticas.

—El arquitecto... él sí lo creyó— Aclaró antes de que mi mente vagara sobre otras cuestiones.

—¿Qué es un arquitecto?— No imaginaba que me hablara de un diseñador de obras tan comunes como un edificio o un puente, incluso una carretera.

—Alguien que diseña mundos para que el creador los haga, verás... el único que conoce la composición de las cosas que forman el universo es el Celestial, esencialmente cada cosa que existe fue pensada por él... pero después— Se llevó la mano a la barbilla. —Digamos que el mantenimiento del sitio se volvió un poco absorbente. Tiempo... incluso quien crea existe y se desplaza en él—

Levanté una ceja. —¿Me dices que el Celestial creó un arquitecto porque no tenía tiempo para pensar en sus nuevas creaciones?— Eso es ser vago nivel dios.

Asintió, creo que me lo estaba explicando para dummies, pero me costaba creer que el creador, si lo hubiera, fuese tan... ¿Peculiar?

Levantó lo hombros, no afirmó ni negó nada. —Creó un arquitecto, una conciencia, una voluntad y un cuerpo... es lo que representa cada rama de los Lucendi, los Viribus son su voluntad...— Abrí la boca pero no dije nada, era como estar en una clase de teología con aire extraterrestre y paranormal, todo junto. —No hacen nada que no sea ordenado, deseado o decidido por el celestial—

—Ajá...— Como dije esta historia... —y supongo que algunos no estuvieron de acuerdo con el trato, se sublevaron y la cosa acabó muy mal... ya te digo, me suena de algún lado—

—Bueno, es más complejo que eso... sin la afirmación dada por el Celestial, ningún Lucendi puede reproducirse... ellos están hechos de algo que genera luz propia, es un tipo de energía inagotable, perfecta, pero claro que es un "material" más que especial, que sólo el creador conoce, le dicen 'éter'—

—¿Si son inmortales por qué necesitarían reproducirse?— Eso sí que carecía de sentido.

—Porque pueden morir... asesinados por una Lamya de fuego— Ah, igual que nosotros pero a la mala. —Solo entre ellos se pueden destruir— Eso si que es paradójico.

—Entonces esa fue la parte del trato que no le gustó al Arquitecto, no solo era finito... pensar en las obras más maravillosas, las que jamás verías realizarse por tu mano, piensa lo doloroso que pudo ser por todas las ideas que fueron rechazadas, suena frustrante. Añádele que no puedes tener sexo y hasta yo, me atrevería a enfrentar al celestial...— Si... nunca he estado de acuerdo con la parte de la castidad angelical y así.

Mikoto soltó una carcajada limpia, de fondo creo que entendía mi punto. Apenas serenó su efervescencia continuó la explicación. —Quedaron divididos en dos grupos, los Lucendi aquellos que continuaron al servicio del Celestial, y los Descendi, a quienes se les retiró el privilegio de su presencia; sin él... la chispa que daba luz a su éter se apagó, después de eso, uno tras otro comenzaron a descender, corrompidos cada quien por un pecado en particular. Al final, la corrupción convirtió el éter dentro de ellos en la oscuridad del abismo, su corazón es como un agujero negro al cual la luz no alcanza— Bajó la mirada con sus ojos apagándose por un momento, negó con la cabeza y me miró. —y sobre el sexo... no es que no puedan— Sonrió. —Es que carece de propósito... los Lucendi no pueden, sin éter crear a otros como ellos... lo mismo pasa con los descendi, pero cuando el creador diseñó a la humanidad, las cosas cambiaron sutilmente—

—¿Cómo?— ¿Por qué íbamos a ser importantes las insignificantes motas de polvo bajo aquellos seres infinitos?

—Ambas criaturas pudieron concebir...— Sonrió Mikoto, ya... la razón más antigua del mundo.

—Los Crecelius— Susurré la palabra, recordando vagamente el relato de Shizuru. —La sangre diluida de los descendi— Una respuesta al fin, híbridos demoníacos. —¿Y las posesiones?—

—El éter es lo que nosotros llamaríamos el material de la divinidad... puede hacer muchas cosas casi inimaginables, aún con muy poco de él...— Era increible que un 'material' así exista. —Una de muchas propiedades que tiene, es que le permite trascender las formas, algo así como hacerte fantasma sin tener que morir, y si eres inmaterial a voluntad, quien dice que no podrías robar un cuerpo si quisieras— No sabía si creer o no lo que dice, es una locura. —A todos los que vienen en este lugar les dicen que estan poseidos, y la mayoría de veces es así... en esos casos los Viribus resuelven las cosas relativamente rápido, ¿por qué crees que tiene el índice más alto de reinserciones? Muerto el crecelius, la gente se va a casa como después de ir al medico a que les receten algo para un parásito—

—Dicho en esos términos es... lógico- Y lo era.

—Claro que tener dentro a un crecelius es una cosa y SER un crecelius... esa es otra historia— Quise preguntar, pero entendí recordando aquella conversación en el mausoleo, que ella se refirió a sí misma de cierto modo, entonces solo la deje seguir su historia. —Cualquiera con cierta cantidad de éter puede poseer materia o cuerpos... pero se requiere más de ello para ir a otras dimensiones o habitar esos cuerpos, por más de cierto tiempo— La miré sin entender del todo lo que decía, así que ajustó un poco sus palabras. —Los Descendi son éter puro y los Crecelius son en parte éter, con este elemento toman la forma de la dimensión a la que entran... si lo desean pueden tener una forma material como tú o como yo, pero su verdadero ser es inmaterial, ellos literalmente pueden habitar dentro de las personas, a eso aquí le llaman posesión—

—¿Por qué vivir dentro de un humano sería bueno? Digo son seres superiores y todo eso— Ya veo de donde viene el ego de tamaño gigante que tienen todos ellos.

—Porque son el mejor camuflaje ¿Acaso no supones que después de semejante traición el Celestial no los querría ver destruidos?— No había pensado en eso, pero se miraba obvio.

—Supongo que alguien así no olvida— Y no evitaba pensar en la chica con la que fui a la fiesta de Mai, me había abofeteado dos días después en la academia, todo por dejarla tirada, es obvio que no volvería a darme ni la hora. Si una simple humana no se haría de la vista gorda por pequeñeces como esa ¿Qué sería de un ser eterno como el Celestial?

Asintió y continuó. —Algunos Crecelius no tienen mucho de sus padres, ya que la esencia del éter se diluye abismalmente en cada generación... son más humanos que otra cosa, no son un problema— Su semblante ensombreció una vez más. —Pero cuando uno de nosotros nace...— Había temor en su mirada, como si confesarme que ella es un Crecelius... fuera motivo para salir huyendo, y tal vez si fuera verdad... debería correr, pero no lo hice, me quedé a oír todo lo que tenía para decir y traré de entender. —Los que en verdad tenemos más de 'divinidad', estamos igualmente destinados a la misma condena. Nuestros padres son como agujeros negros, absorbiendo toda luz en derredor sin que por ello recuperen la propia y nos transfieren esa oscuridad como si fuera un maldito gen recesivo o algo así...— Si... se escuchaba frustrante, horrible a decir verdad. —Nosotros, no parecemos muy diferentes a los demás y en realidad, las cosas solo se ponen raras después de los 8 o 10, es diferente para cada quien— Sentí una terrible aprensión al oírla decir eso, el mismo tiempo en que mi pesadilla inició... fue un vacío en el estómago, pero fingí que no pasaba nada. —Algunos como yo, tienen arranques de ira y el fuego repentinamente aparece, otros tienen impulsos incontrolables con el sexo, como Aoi, más que eso... ella puede proyectar su deseo en los otros, ellos terminan haciendo lo que ella quiera incluso contra su voluntad real— Tragué saliva de pensar, lo que alguien con un poder así podría hacer.

Demasiado en común para ser una coincidencia, sería mejor ser directa. —¿Insinúas que mi padre... es un Descendi?—

—Y uno de las ramas superiores, poder manifestar la facultad del padre es algo que no pasa muy a menudo... los que nos quedamos aquí somos raras excepciones— Había tanta locura en sus palabras pero al mismo tiempo tenían tanto sentido que no pude no pensar en las cosas, desde este nuevo punto de vista. —Creo que fue suficiente por hoy... vamos a dormir— Anunció antes de que pudiera hacer alguna otra pregunta o tal vez porque mi cara delató que estaba próxima a perder la cabeza.

Después de eso, nos alistamos, dientes cepillados y a la cama a dormir cual lirones. Estar en la habitación con Mikoto fue la cosa más común de la vida, la chica de felino mirar era más que silenciosa, aunque no dejaba de preguntarme cómo alguien tan delgada y en apariencia delicada, podría ocupar semejantes posturas en la cama, desparramarse era la mejor descripción del hecho, bien podríamos envolverla en las cobijas con amarras incluidas y no encontrar una sola sobre su cuerpo al llegar el día, así que era todo un gesto el que usara pijama para dormir teniendo en cuenta ese detalle.