―...Esta es una casa británica de estilo victoriano sumamente normal, no alcanza las proporciones que tienen otras casas, así que no entiendo ¿Cómo es posible que se hayan perdido y desaparecido? ― El rubio abría una habitación espléndida, como las demás.

― Oh mon ami... Hermano mayor Francia cree que no deberías estresarte tanto ― Suspiró abriendo un armario y comenzó a reír ― Petit Letonia...

― ¿Perdón? ― El rubio inglés se giró hacia su ex enemigo.

Ambos vieron a Letonia vestido de blanco y amarrado con cuerdas gruesas con un pañuelo en la boca impregnado en Vodka, al fondo de un armario, metido de una sorprendente forma y con cara de borreguito degollado, sus ojos azules imploraban por ayuda.

Francia quería ayudarlo... de otra forma.

Pero antes que pudiera acercarse el francés con sus sanas intenciones de cocinar para el báltico, Inglaterra lo hizo a un lado, con un cuchillo en mano se acercó y silenció con la mirada los gritos del francés. El británico ya había cortado las cuerdas.

El pequeño báltico castaño de ojos azules agradeció, e inmediatamente se fue corriendo a quien sabe dónde, gritando en un idioma no comprensible, y no necesariamente por su complejidad, es que lucía deformado por el miedo... Si... Lituania seguía en la casa, seguro se encontraban.

El inglés solo quería encontrar a los países restantes que faltaban.

―... Mi casa no es tan grande como para que tantos se hayan perdido ― Alegó otra vez buscando.

― Sólo faltan algunos... ― El francés hizo mala cara.

―...No me digas que Argentina ― El inglés puso una cara peor que el diablo.

― Eh... no, no... No te preocupes... Casi aciertas― Pero el británico sólo tuvo una cara peor que la de antes.

― Taiwán... Chile... debemos encontrarlas ― Dijo en voz alta ― ¡Date prisa estúpida rana! ¿¡Quién diablos falta!?

― Pues... pues... ¡Seychelles! Nueva Zelanda, India y creo que Australia ― El francés se apresuró detrás de su menor ― ¿No que Australia es tu hermanito? Que falten, no significa que se hayan perdido juntos... Pudo cada uno ir por su lado. Y aunque sea así, no significa que hayan hecho algo de lo que tu pervertida imaginación piensa que...

El inglés abrió una puerta de una patada, ya ni el tiempo le dio para poner la llave en la cerradura, porque se abalanzó al interior con puerta incluida, y antes que Francia se diera cuenta, Arthur había golpeado a un arrepentido Australia que no se había defendido siquiera.

El franco pudo ver la escena... Chile, Manuela, desnuda sobre la cama, tapándose con las sábanas blancas, mientras lloraba infantilmente sin saber qué hacer, porque había tenido obviamente una noche de pasión ¿Pero con el australiano? En la casa y en una de las camas del hombre del cual ella estaba "enamorada". Por otro lado, el castaño Kyle no entendía cómo había sucedido, es decir, él si lo entendía, lo que no entendía, es por qué no evitó que eso sucediera ¿Por qué justo con ella?

― ¡Francia llévatelo de una puta vez! ― Escuchó al molesto gruñón cejudo. Mientras empujaba fuera a Kyle y a Francis ― ¡Sácalo de mi vista!

El francés entendió el punto en todo ello, pero antes de abandonar la sala, tomó al inglés y le pidió que se calmara porque solo pondría más nerviosa a Manuela y empeoraría la situación. Luego de eso tomó el brazo de Kyle, el australiano desconcertado, y lo llevó a por hielos, alejándolo de la furia rubia y cejuda.

― Arthur... ― Le llamó Chile entre lágrimas, recibiendo una fría mirada de reproche ― Inglaterra... Yo... Yo... lavaré tu cama... No entiendo que sucedió... De verdad no lo entiendo.

― Te acostaste con Australia ― Dijo pestañeando dos veces.

― Lo siento... ― Se calmó ella, y comenzó a vestirse ― Lamento haber usado tu casa de este modo...

― Cálmate... ― Sonrió pacíficamente ― Mandaré a lavar las sabanas, no te preocupes. ¿Estás bien?

― Sí... ― Ella no entendía lo contradictorio que podía ser el inglés ― Me marcharé.

Cuando pasó a su lado, el inglés la sujetó de la muñeca... No era contradictorio, se estaba controlando, que era diferente, claro que el controlarse quizás no duraría mucho.

― ¿Te divertiste con él? ― Preguntó sonriendo, aunque era claro que no eran sus sentimientos.

― No lo sé, estaba borracha ― Se soltó y siguió caminando, pero se detuvo, se dio vuelta ― ¿Te divertiste tú persiguiendo a Bélgica y Bielorrusia?

El inglés abrió los ojos, mientras ella lanzaba esa pregunta hiriente y cargada de significancia. Él quiso retenerla, pero olvidó lo difícil que era atarla, porque Chile es como el viento, difícil atar, un espíritu libre y aventurero... solo pudo verla marcharse, con el brazo extendido, susurrando "Eso no es...", ella, por otro lado, fue dónde el australiano, y corrió a sus brazos llorando cuando lo encontró.

― Nosotros... ¿Nosotros...?― Preguntó un poco más tranquila, Kyle asintió.

― Estuvimos juntos anoche ― Acarició su cabello y resbaló por su rostro hasta tocar sus labios y detenerse allí― Estoy seguro que... Chile, me alegra que hayas sido tú y no otra persona.

― A mí también me alegra que hayas sido tú ― Ambos se tomaron de las manos y sonrieron. Se fueron juntos, pasaron por el frente de Escocia e Italia, se despidieron y desaparecieron de la vista de todos.

Se gustaban demasiado para sucumbir a la pena.

― Ese es mi muchacho ― Italia Romano levantó una ceja ― ¡Qué! ¿Nada puedo opinar acaso?

Francia no entendía, así que mejor los dejó solos, al diablo con Inglaterra y sus costumbres. Mejor lo fue a buscar a él, aunque claro, nunca esperó que lo encontrara "de ese modo".

― Eh...― El francés se quedó mirando la escena.

Un inglés fuera de sí, con su navaja rompiendo los almohadones, desgarrando el colchón con una furia increíble ¿Desde cuándo era tan fuerte? Luego tomó un recipiente con un líquido celeste... [¿De dónde diablos lo sacó?], Y alejándose un poco, lanzó cerillas encendidas, quemando las sabanas, las almohadas y el colchón, todo junto.

El inglés vio arder el relleno sintético mientras su respiración intentaba controlarse, mientras sudaba excesivamente.

― No digas nada... ― Amenazó el británico al franco, y éste suspiró.

― Mis palabras, de todos modos no son necesarias ¿O me equivoco?

― ¡Que mi casa no es motel!