¿Estuvo buena la fiesta anoche? Ufff ni se lo imaginan.
Tan buena, que ni siquiera recuerdan lo bien que la pasaron. Tan buena, que una entidad femenina y otra masculina se casaron, Romano no casaría a dos hombres o a dos mujeres, él era un poco más conservador que su hermano...
…Y las opciones se iban acabando.
― ¿Viste si tenía un anillo? ― Preguntó el francés haciéndose una coleta.
― ¿Es enserio? ― El inglés arrugó el ceño, ah... Francia sabía que se venía después de eso: Una tormenta ― ¡ESTABA DESNUDA EN LA CAMA! ¡¿Tú crees que me fije si tenía un estúpido anillo en la mano?! ¡O si ese niño tenía un anillo! Seguro que no es en "anillos" en lo que piensa aún... Ni siquiera sabe lo que es un anillo, no le da la cabeza para pensar en algo redondo, para él todo son animales, olas y... ¡Y chicas! Sí, claro que chicas, mujeres, la maldición de los hombres. Claro que no piensa en casarse ¿Cómo se va a casar él? Por favor, ni siquiera sabe convivir con alguien y se va a querer casar, imposible ¡Y con Chile! Jajajaaj Claro que no, eso no pasará.
― Ehmm... Oui?― Francia no entendía la ira del inglés.
― ¡No comiences con tus "ouis"! Mejor... Mejor... Sigue buscando, tenemos que encontrar a todos, al menos uno de ellos tiene que estar consciente para saber qué diablos hicimos anoche.
Abrieron otra puerta y... ¿Otra pareja?
― ¿Japón? ― Preguntó extrañado el inglés.
― Taiwán... pequeño pajarito ― Francia sonrió... Sólo quedaba sonreír, nadie entendía lo que sucedía ahí.
El inglés tomó las manos del japonés y de la china oriental... Argollas doradas en los dedos anular. Eso era todo lo que necesitaban saber.
― Pero... pero... Pero ustedes son budistas...― Arthur Kirkland no entendía, y por el sagrado Dios, que alguien le explicara, porque ya no comprendía en qué mundo estaba viviendo, de hecho ¿Qué rayos hacía él buscando gente con Francia? ― ¡¿Cómo es posible?!
― Espera pequeño inglés, déjaselo a onii-san― Se acercó a Japón, tomando su rostro en sus manos y con los dedos, removió algo de su frente― Aceite para ungir...
Taiwán se tocó la frente y también tenía algo aceitoso. Ambos asiáticos no entendían, se miraron sin comprender qué hacían en esa habitación. Japón despertó enredado entre las sabanas, y Taiwán, la china oriental, despertó a su lado. Él no entendía por qué vestía de ese modo. Ella vestía de blanco, pero un blanco de pureza increíble, ambos se miraron sin saber de qué se trataba todo, y en todo caso... ¿Qué había sucedido esa noche?
El inglés estaba casi con convulsión, Japón... su simpático compañero asiático... Y todo había sucedido en su casa. Se sentía un poco responsable ¿Qué más iba a pasar ahora? ¿Qué? ¿Alguien parió un nuevo Estado? ¡Pues después de esto, se esperaba cualquier cosa!
Caminaron en silencio, los asiáticos, aún no entendían la gravedad de lo sucedido, Francia venía haciendo bromas e Inglaterra sólo estaba muy callado. Eso, hasta que encontraron a Escocia y a ambas Italia.
Hombre... ¿Cómo comenzar a explicar la situación?
― Iggyrisu-san, por favor no se quede callado― Y el rubio... ahí estaba ¿Qué podía decir?
― Ehm... Yes...― Tomó a Romano y Veneciano y los puso delante― Ellos tienen algo importante que explicarles.
― ¡Nihon! Vee~ ¡Felicidades por tu matrimonio! Nii-chan me lo contó todo― Abrazó al muchacho que quedó de piedra, y luego abrazó a la asiática― ¡Felicidades Taiwán!
― Gekkon?― Japón mira a Inglaterra, Inglaterra mira a Romano, y Romano le pisa el pie a Feliciano― ¿Qué matrimonio? ¿Quién se casó?
Veneciano se retuerce de dolor mientras se abanica el pie. Ya luego reclamará, parece que habló demás...
― Japón, Taiwán, anoche ustedes fueron... fueron unidos en el sagrado matrimonio ― Explicó Inglaterra, tomando muy bien sus palabras.
― ¿Eh? No lo entiendo, England-san... Nosotros... Somos casi como hermanos― Taiwán miró a Japón, y Japón a Taiwán ― Además, somos budistas.
― ¡Otra sorpresa, anoche se convirtieron al catolicismo también!― Francia aplaudió despacio y con una sonrisa, intentando que todo tuviera un toque más alegre.
Ambos asiáticos se miraron como si el mundo se hubiera vuelto loco de remate, o era el mundo o eran ellos ¿Por qué habrían de querer casarse si casi eran hermanos? ¡Y además, cambiar su fe al cristianismo católico! ¿Por qué habrían de hacerlo?
― Italia-san... ¿Qué pasó anoche? ― Preguntó Japón a Veneciano.
― Eh... No lo sé, me quedé dormido muy temprano. Sólo sé que Nii-san si tiene la capacidad de unir a las personas en matrimonio, y bautizar también... Así que... Es... Es probable que nii-san los haya casado.
― No ayudes tanto...― Le susurró Inglaterra.
― ¡Pero no uno a la gente a la fuerza, idiotas! Si ustedes me pidieron que los casara pues ese es problema suyo ¡Estoy aburrido de ésta mierda! ¡Veneciano, nos vamos a casa!
― Eh... Si― Italia del norte sonrió y volvió a abrazar a ambos― ¡Felicidades, me hubiera gustado estar en la boda!
Japón y Taiwán tomaron un auto de la embajada japonesa, mientras Inglaterra le decía que no podía ser todo tan malo, que seguro habría una forma de salvar todo ésto. Debía verle el lado positivo a todo, al menos ahora ya no sería considerado un solitario, y Taiwán, por otra parte, se aseguraba la no anexión a China, eso era bueno, muy bueno ¿No?
― Me siento mal por Japón― Susurró el inglés ― NI siquiera reaccionó.
― No lo creo ¿Preocupado por otro que no eres tú? Honhonhon Pequeño inglés, ambos sabemos que eso no es del todo cierto ― El de los ojos verdes miró a Escocia con una sonrisa.
― Ya va siendo hora que el posible causante de ésto, aparezca― Solamente sonrió mientras caminaba lejos de allí.
― Oui... que buena forma de ignorar mi pregunta ― El francés se mordió los labios, fue tras él, la verdad, es que tenía mucha curiosidad de saber a qué se refería el inglés.
