Sólo dio un suspiro y llamó la atención.
— Anoche vi cuando Inglaterra le dio nalgadas a Argentina. Lo dominó en poco tiempo, le bajó los pantalones y... Ya sabes — Ella estaba sentada en la cama con él detrás peinando su cabello mojado — España asintió a ello, olvidándose que nosotros somos libres...
— Argentina provocó eso... Recuerdo que lo golpeó intencionalmente mientras Inglaterra bebía ron, sabes lo sensible que es con el alcohol.
— Si... — Ella bajó la mirada y acurrucó sus piernas.
Usaba pantalones cortos y una camiseta de tiras... Vio que sus piernas tenían moretones, natural, se había golpeado con las barandas de las escaleras mientras jugaba a esconderse de Brasil. Inglaterra la encontró a medio camino y la jaló hasta el interior de un armario en donde permanecieron un tiempo, ella acariciando su cabello mientras él, muy ebrio, se acomodaba entre sus brazos y dormía un poco para que se le pasará la borrachera... Aquella noche susurró cosas incoherentes...
— Si no hubieras llegado en ese instante... Creo que habría hecho algo de lo que me hubiera arrepentido.
El hombre gigante, para ella, sonrió... Casi sabía de qué hablaba. Ellos se llevaron a Inglaterra más repuesto, y luego partieron el pastel. Y luego, ya nada recordaban... Solo el día siguiente, cuando él despertó abrazado a su cintura y ella acunando su cabeza. Al despertar ambos, se miraron asombrados al tiempo en que entraban en un mini pánico.
En otra parte... Taiwán y Japón perseguían a ambos Italia. Debía haber una forma al menos para revertir el proceso de evangelización. Ya tenían unos abogados trabajando en el caso de la unión civil y todo el trámite legal, lo que más complicaba, era el hecho que seguirían casados y bautizados... Japón sabía que eso era malo, ellos eran como hermanos, para Taiwán... Lo malo era eso de la religión, no pensaba que estuviera tan mal casarse con Japón, después de todo... Japón podía garantizar su independencia por muchos años... Una lástima que Romano no tenía mayor conocimiento de cómo anular bodas y bautizos, comuniones y confirmaciones. Él sólo las hacía y ya... Y Veneciano, pues no le veía lo malo al asunto...
España estaba en América.
Estados Unidos estaba de pie ante él con el pecho inflado y la vista en el horizonte. México del sur apareció con cara de pocos amigos, con México del Norte sonriendo. Alfred se giró instantáneamente, recibiendo un golpe en los hombros con el mango de la alabarda de guerra de España... Un arma que mantenía intacta tras su Época de Conquista, a la que seguía sacando filo de vez en cuando y que siempre estaba lista, sobre todo si tocabas a sus niñas.
— Entonces... Lo preguntaré de nuevo — México le dio unas llaves al español — ¿Qué intenciones tienes con la pequeña Itzel?
— Yo soy un gran hombre señor, preparado y dispuesto para respetar y cuidar a la señorita señor ¡Si señor!
— Ya creo que la vas a respetar... Porque YO tengo la llave de su cinturón de castidad — Pedro comienza a reír de la situación, sobre todo porque España se tome las cosas tan enserio — ¿Qué dices a eso tío?
— ¡Chinga a tu madre España! Sácame está bobada wey ¿Quien te crees para hacer esto? ¡Y tú carnal! ¿A poco es muy gracioso? — Itzel se prendió del brazo de España e hizo una mirada de doncella en peligro — Pedro me ha obligado a enviarle mensajes románticos a Chile... Incluso sé que le envía fotos sexys a la chavita.
La cara de Pedro cambia totalmente, España lo apunta con el filo de la alabarda, no importa quien sea, incluso si es una de las ex colonias e hijos de España... Nadie se mete con las nenitas de papi España, NADIE.
Dan-san estaba durmiendo en su habitación mientras Sverige le preparaba una sopa de mariscos para la resaca. Al cabo de un tiempo, el danés se despertó, con una sonrisa culpable, ciertamente le dolía la cabeza, pero le ocurría algo peor: Había olvidado todo, desde que abandonó la casa del inglés, hasta que acababa de despertar... Suecia suspiró comprendiendo que había sido la víctima por segunda vez de un cóctel de "medicamentos" y "hierbitas"; Denmark suspiró, poco le importaba cómo había llegado allí, lo importante era que estaba allí y que había sopa de mariscos, eso era todo.
— Danmark... Hum — Le dio una jarra sellada.
— ¿Qué pasa Sverige? — Levanta la jarra y mira su interior mientras tiene una sonrisa tatuada en los labios — ¡Amigo, trae dos vasos! Tu famosa hidromiel se comparte.
Y siguieron bebiendo alcohol dulce, la miel dada por los dioses, aquella que los hacía tan fuertes como Thor y sabios como Odín... la misma que les había causado resaca y dolor de cabeza.
Ehmmm... ¡Nórdicos! Entre ellos se entienden.
Mientras tanto, Inglaterra está ordenando su casa. Ya golpeó a Francia lo suficiente por lo que había hecho, además, éste seguía muy confundido por la explicación que Iggy le había dado con respecto a la formación del UK, así que miraba con sospecha a todos y todo lo que lo rodeaba. Obligó a Seychelles a marcharse con él, India los acompañó a mitad de camino.
— Hogar, dulce y solitario hogar...
El inglés cierra los ojos apenas termina de ordenar la primera habitación... Está cansado y no dará un paso más, pero aún tiene que ordenar TODA su casa...
Todos se fueron y lo dejaron solo con la gran tarea. De este modo siempre sería él quien se termine quedando solo arreglando el desastre ocasionado por los demás. Oh... Casi sonaba como Alemania cuando debía mediar y preocuparse por todo en la Unión Europea, por suerte para Iggy, hace mucho tiempo que se había salido. Tener una enorme casa no es tan práctico...
— No es... Tan divertido estar solo — Reflexiona sonriendo.
Tocan la puerta...
— West y yo pensamos que sería buena idea venir a darte una mano — Prusia sonríe en la puerta.
— Además, ya dormimos y descansamos lo suficiente, en estos momentos solo nos queda ordenar.
Él asiente y los deja pasar, pero se queda de piedra cuando ve aparecer a Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos con velas, inciensos y aromatizantes.
— Trajimos un regalo para que tu casa no mantenga el olor a humo — Bélgica sonrió abrazando a sus hermanos — ¿No es así, hermano mayor?
— Ho — Asintió — ...Es gratis — Aclaró mirando a otra parte.
Entraron los tres, inmediatamente detrás, apareció China con Rusia y todos los asiáticos y eslavos... También los dejó entrar. Francia se apareció a su lado de la nada, sacándole un pequeño susto.
— No pensarías que te íbamos a dejar solo limpiando ¿No? — El francés sonríe — No me malinterpretes, pero de vez en cuando deberías ser más abierto.
— ¿Como tú? ¿Y luego tener los mismos problemas que no puedes controlar? — Veneno, sep, su boca es veneno incluso si intenta ser más amable.
Francia ya lo conoce, así que le ignora. El rubio ha de cerrar la puerta, cuando una mano lo detiene, ahora si se queda de piedra.
— ¿Hay espacio para tres más? — Nueva Zelanda sonríe en la puerta, mientras detrás suyo, aparecen Chile y Australia, muy sonrojados, sosteniendo bolsas de basura distintas para reciclar luego.
