Antes que nada gracias por darle al clik y pensar en leer este fic, cualquier critica constructiva es aceptable siempre y cuando sea con el debido respeto y si tengo suerte con este fic y me dan reviews contestaré de inmediato, ¡espero les guste tanto como a mi me gustó escribirlo!.

CREDITOS: Fate/Zero y sus personajes no me pertenecen.

NOTA: No es que me crea gran cosa pero se de casos en los que te plagian el fic, asi que agradeceria que no lo atribuyan como suyo y si lo usan me den credito, muchas gracias e intentare publicar un nuevo capítulo cada semana o mes, segun la inspiracion...Mi saludos y disfruten.


El caballo estaba agotado. Al igual que ellos. Si bien no se movieron, no queria decir que por eso estaban con energia. Sin comer por un dia, y beber de algun que otro arroyo cercano, eran motivos mas que suficientes para perder el animo de seguir galopando.

-Saber, frena.- Habia repetido por quinta vez en el lapso de una hora.

Obstinada y decidida, avanzó unos kilómetros mas. Diarmuid no ordeno mas nada. Y es que solo eso hablaron en todo el trayecto, mejor dicho, solo eso fue el monólogo del acompañante: "Saber, frena", como unas incontables veces en el día.

A la hora y media, Arturia decidió frenar con el caballo, hasta un pueblo aislado del resto y al parecer de gente muy adinerada. Se ocultaron mientras Saber ataba las riendas del caballo a un arbol.

-Debes estar agotado, cuanto lo siento...Pero hiciste bien tu labor.- Susurró con un rastro de confiabilidad y orgullo.

-Gracias pero...Tu has echo todo el trabajo.- Respondio en el mismo susurro la única persona con ella.

-Debes tener hambre, come.

-Pero...No hay nada aqui para comer, no tenemos ni una moneda de oro.- Seguian hablando en tono bajo mientras el se mojaba el rostro con un poco de agua fresca.

-Asi esta bien, eres muy noble, quisiera conservarte.

-¿De que hablas Arturia?- La miró hablando en un tono mas alto, y con un leve, muy leve, casi innotable sonrojo por el echo de que quiera conservarlo.

-Le...Hablo al caballo Diarmuid...- Lo miró sorprendida.

-¡Ah! ¡El caballo!, claro, claro...Debi suponerlo, ajam, si...

-¿Te encuentras bien?

-No. Em, digo, si...Solo que no sabia que hablabas con los animales.

Meditó un segundo. ¿Acaso al caballero le estaría fallando el cerebro por falta de alimentos?, quizas era mejor dejar de hablar con el animal y alimentar a quien la estaba ayudando a huir.

-Una voz calmada siempre los motiva, los animales son los seres mas nobles y fieles con los que uno puede interactuar. Un guerrero puede retirarse y abandonar al rey, pero un corsel estará ahi, cayendo si tu lo haces.

Asintió con la cabeza levemente y comenzó a reir un tanto despreocupado pensando en lo cómico que era escuchar a un rey diciendo que en el campo de batalla a veces vale mas un animal que un hombre. No era propio de Pendragon ese tipo de comentarios.

-Bueno, mientras el caballo se queda pastando, podriamos conseguir de comer.- Interrumpió la rubia con tono serio, al pensar que su compañero se reia de ella.

-Cierto, cierto...Me pregunto como lo conseguiremos, como he dicho antes mientras tu charlabas con nuestro camarada...No tenemos ni una moneda de oro.

Se llevó una mano al menton y comenzó a pensar. No habia manera de conseguir dinero si no era trabajando y no habia tiempo para trabajos, tenia que ir a Gran Bretaña cuanto antes y mantenerse a resguardo temporalmente alli.

-Robar.- Susurró Diarmuid.

-¿Que?

-Una de las tantas formas de hacer dinero.

-¿Quieres que el rey robe?

-No serias el primer rey, ni el último que lo hace.

-¿Tu quieres robar?

-No, pero es nuestra única opción, piensalo...No puedes simplemente ir y pedir dinero por ser la reina de Gran Bretaña en territorio enemigo ¿O harias tal cosa?

-Definitivamente esa no sería una opción inteligente.

-¿Ves?

Quedaron en silencio. La ojiesmeralda avanzó por los alrededores rodeados de arboles del pueblo semi oculta, mientras era seguida por el ideador de un plan tan macabro.

-Hay que ser sagases...

-Si.

-Rápidos como el viento.- Siguió añadiendo la reina.

-Exacto.

-Astutos.

-Tal cual.

-Unos despreciables ladrones que se salen con la sulla y deshonran su nombre para salvar el estomago por unas cuantas horas. Robar din-

-¡SSSHHHHH!- La tomó en brazos, casi abrazándola desde atrás, mientras que con una mano tapaba la boca del rey, sintiendo como pasos se acercaban.

-Mmmmph.- Arturia solo queria seguir reclamando, que lo que iban a hacer, estaba mal.

-Solo nos faltan robar un par de monedas mas y podremos comprar a esas prostitutas para nosotros, Kriel.- Decía feliz un hombre hacia otro tras el mismo arbol donde estaban parte de nuestros dos protagonistas ocultos.

Los oidos de ambos se levantaron y agrandaron escuchando claramente la desfachatez de uno de los hombres. La rubia fruncio el entrecejo y el morocho se puso serio. Ella ya no se removia mas entre los brazos del contrario, tampoco intentaba hablar mas. Entonces simplemente Diarmuid movió su mano hacia un costado, rozando accidentalmente los labios de la fémina.

¿Como alguien que se consideraba rey antes que mujer poseia unos labios tan suaves?, ¿Alguna vez habrán sido besados? ¿Siquiera rozados como el acabó de hacer?

Abrió un poco los ojos por el rumbo de sus pensamientos, y clavó la vista hacia la poseedora de esa suavidad, quien estaba con la misma expreción de el, como un espejo, la sorpresa los invadió momentaneamente.

Wow, Arturia podía tener expreciones como esa de vez en cuando, toda una novedad.

-Lo lamento.- Dijo el morocho, pero mentia, muy en el fondo, no lamentaba haber cometido ese accidente.

-No es nada de que preocuparse.- Susurró en tono bajo. -Diarmuid...

-¿Si?- Preguntó con curiosidad.

-"El que le roba a un ladrón, tiene cien años de perdón"- Citó mientras se avalanzaba sobre uno de los hombres precipitadamente.

-¡Espera!- Exclamó viendola empuñar su espada y dirigirla hacia el corazón del ladron, mientras su acompañante desde atrás, acercaba peligrosamente una daga al cuello de esta.

No tuvo que pensarlo dos veces cuando su lanza amarilla ya estaba en el cuello del traidor que pensaba atacarla por la espalda.

Saber asintió en agradecimiento por la defensa de su compañero, mientras el otro le devolvia lo mismo. Se miraron, preguntandose con los ojos que seguia despues de eso en un robo. Un silencio ridículo se formo por unos segundos.

"Somos patéticos para hacer esto", pensaron al unísono.

-¡Alto las manos!, ¡Esto es un asalto!- Gritó Diarmuid rompiendoles a todos los oidos.

La mujer solo lo miró negando con la cabeza por tal acto de obra de teatro. Un mal acto. Ella que habia visto ciento de actos por bufones para entretener al rey, sabia que con esa actuacion seria enviado a la horca en el primer intento.

-¡Ja!, eso ya lo sabemos.- Respondió prepotente el afectado por la Excalibur.

-¡Entonces dadnos el oro, o te asesinaremos, rufian!

"¿Rufian?"

Era hora de tomar cartas en el asunto, parecia mas una burla que un asalto.

-Danos todo lo que tengas, la capa, el oro y ese sombrero.- Miró a su victima con fiereza. Esa mirada dictaba que el minimo fallo que cometiera, moriria.

-Y-yo...- La victima sintió el efecto de esa mirada.

-Shin ¡¿VAS A CEDER EL ORO?!- Gritó su secuaz.

Saber giró la cabeza hacia el otro ladrón e hizo la misma mirada, dejando de piedra a ese otro hombre tambien. Diarmuid simplemente queria reir un poco, pero prefirió seguir con el acting.

-Ahora.- El aura del lanzero era la muerte.

-Tch, aqui tienen, maldita sea.- Se quitaron el sombrero, las capas y entregaron tres pequeñas bolsas con sus respectivas monedas de oro.

-Y ahora se van por donde vinieron, y si llegan a delatarnos, lo único que verán seran sus intestinos sobre el cesped ¡Corred!

Ante las últimas palabras de la rubia, ambos no corrieron en nombre del poco honor que les quedaba, pero si fueron a paso rápido y palidos como la leche.

-La reina ha hablado. Que su ley se cumpla. Amén.

Lo miró seria mientras se ponía la capa junto con el sombrero y colocaba su armadura sobre el caballo. Con aquella capa, tapó la espada que con tanto orgullo llevaba.

-Deberias hacer lo mismo, vamos a ir a comer algo, o moriremos de hambre.

La imitó -aunque sin tanto exito ocultando lanzas tan largas- y se internaron en el pueblo.

-No nos deben ver mucho el rostro, recuerda eso Arturia.

-¿Porque?, no creo que muchos nos reconozcan, solo nuestras vestimentas son algo anticuadas entre gente que no lucha.

-No es eso...Este pueblo tiene dinero, pero tambien hay ladrones como esos, quien sabe si no ven tu rostro y deciden raptarte.

-¿Mi rostro?- Preguntó curiosa mientras se tocaba una mejilla inocentemente.

-Déjalo...Y yo...Ya sabes, este encanto que poseo...Podria dificultarnos las cosas.

-Cierto.- Lo miró fijamente.

-¿Sucede algo?

-Ahora que lo pienso, ya no tengo nada que me proteja de encantos como el que posees...

La miró dubitativo. ¿Acaso ahora tendrian el problema de que Saber le lama las botas todo el viaje? ¿Como lucharia contra una Saber que solo buscaria llevarlo a la cama?

-Pero aun asi, no me afecta tu belleza.- Confesó mientras buscaba algun puesto decente de comida que sea barato.

-Ya veo, es un alivio.- Susurró mientras sonreía.

Quizas tener a una Arturia enamorada de el no seria tan malo. Sería rey, tendria su honor perdido tantas veces injustamente devuelta...Esos labios.

¿Que?, negó con la cabeza nuevamente.

-Mira, aquí esta bien ¿Que te parece?

-¿Eh?

-Diarmuid, presta atención porfavor...¿Que te parece almorzar aquí?

-Oh, si, si, despues de ti.- Le cedió la entrada hacia la pequeña cantina donde muchos hombres fuertes comian enormes porciones de comida.

Tomaron asiento en una de las mesas que daban hacia una ventana, mientras una joven mujer fue a atender su pedido.

-¿Si señor, que desea?- Gesticulaba galante y coqueteando a penas lo vió sacarse el sombrero y capa.

La rubia penso que ese don quizás les serviría a no tener que pagar la comida y guardar el oro para caso de emergencia. Por otro lado era molesto.

¿Porque?, no lo sabia. Quizás porque los hombres que atraian la atencion a base de belleza no le agradaban. Dejó de darle vueltas al porque cuando la mujer le pregunto su pedido.

Se puso a pensar que comería. Tenia demaciada hambre.

En cambio, Diarmuid se puso a pensar que comeria ella. ¿Que comian los reyes en un lugar como ese?, la vió quitandose la capa y el sombrero, mientras todos los hombres disimulaban como podian y sin intentar atragantarse el echo de que una mujer como ella llamaba la atención.

-Carne, quiero mucha carne, lleneme el plato y pongale la salsa que tiene ese hombre en la mesa de la izquierda, traiga vino, el mas barato...Una jarra grande y si puede ser pan, lo agradeceria.

La miró sorprendido. ¿Iba a comer todo eso?, seguro que no. Apostaba la parte que ganó el -Mas bien hurtó- del oro a que no lo hacia.

La mujer se retiró. Mientras, todos los hombres alli babeaban y no exactamente por el platillo frente a ellos.

-LLamas mucho la atención, Saber.

-No veo el porque ¿Sera que soy la unica con pelo rubio aqui?, y dime Arturia.

-Arturia.

Se miraron. La voz tenue pronunciando su nombre le sonó extraño.

-¿Si?

-Nada, solo pronunciaba tu nombre.

-Ya veo...Estaba pensando, que quizá si seduces a la mesera podamos comer sin pagar.- Cambió de conversacion.

-¿Quieres que un guerrero seduzca?

-No serias el primer guerrero que hace eso, ni el último.

Frunció el seño ante la respuesta burlona de la contraria. La misma que habia usado el hacia unos momentos.

-Lo pensaré.

-Aquí tienen su comida, disfruten.

Saber asintió con la cabeza. Diarmuid guiñó el ojo comenzando el plan.

Habia que sobrevivir en tierra enemiga, hurto y seduccion serian armas sucias pero en post de una buena causa.

Luego de tomar los cubiertos, se veia a una Saber comer a la velocidad del rayo, y a un Diarmuid muy pausado por el impacto de ver asi a su compañera.

-Come con cuidado.- Susurró enrollando la pasta entre el tenedor.

-Esta carne es una delicia, tengo demaciado hambre.

-Si, me di cuenta.

En un santiamen la comida de la reina ya no estaba, y a cambio un plato limpio y blanco como marfil se hacia visible.

-Buen provecho eh...- Dijo con tono feliz.

Comenzo a beber del vino, era un vino de esos baratos y el doble de fuertes que los finos y caros que solia frecuentar. Era un rey que resistia al alcohol, asi que bebio como normalmente lo haria.

-Veo que cumples al pie de la letra eso de "Antes que mujer, rey" ¿Verdad?

Continuó mirandola, y esta, llevandose el vaso a la boca, lo observó comer, el vino empezaba a surtir su efecto y no podia disimular muy bien hacia donde miraba. Menos cerrar la boca.

-Tus labios.

-¿Que?- Preguntó el lancero ante el cambio repentino de conversación.

-Que tienes sucios los labios, Diarmuid.

-Ah, ya veo...- Trató de limpiarse con la mano la boca, sin mucho exito en acertar el lugar de la suciedad.

-No, mas al costado.

-¿Aquí?

-A la derecha.

-Listo.

-Te pasaste, mas a la izquierda.

Volvió a limpiarse siguiendo sus instrucciones.

-No, no, mas abajo.

-¿Ya?

-Mejor déjamelo a mi.

Se levantó un poco de su asiento y estiró el brazo hasta el rostro del contrario, pasando el dorso de la mano por la comisura de los labios suavemente. Por un momento quedó congelada, dejando la mano mas del tiempo requerido. Miró esos ojos pofundos con total atención, y por un breve momento le pareció estar solo ella y el.

-¿Ahora si?- Dijo contra su mano causandole un leve cosquilleo.

El alcohol corriendo en sangre la valentonó para tomarlo de la barbilla suavemente y quedarse asi.

-Si,ahora si.- Guardó otro suspiro y tomó asiento nuevamente, hasta notar que muchos de los hombres alli presentes los observaban y que Diarmuid tenia cierta aura nerviosa mientras se revolvía en el lugar en que estaba sentado.

-Bueno, si ya terminamos, deberiamos seguir nuestro camino a Gran Bretaña.- Añadio en un susurro hacia su camarada.

El lanzero llamó a la mujer que atendía alli, le dirigió una delicada sonrisa galante bajo la atenta mirada de Saber.

La mesera simplemente se ruborizó y dijo que les dejaba todo a cuenta de la casa y que vuelva muy pronto, ahorrandose el plural de invitar a la reina una vez mas. Asi marcharon fuera del lugar.

-Antes debemos hacer una parada rápida en una tienda.

-¿Porque?

-No se donde está mi reino ahora mismo, necesito un mapa o deberemos recorrer toda la tierra y no me parece que con los recursos que tenemos logremos algo como eso.

-Habrá que caminar mas por el pueblo.- El lanzero se ponia nuevamente su sombrero y capa.

-Necesitamos mas oro, y dos caballos.

-Estas siendo algo ambiciosa ¿No te parece?

Sintió la mirada verde clavada y dolorosa sobre su cien. Entonces decidio no cuestionar tanto a un rey. No habia que olvidar que él trabajó para Gilgamesh todo ese mes en el que Saber durmio solo para investigar mas sobre todo lo que sucedia, y ahora se estaba revelando contra el, no habia que sumar al segundo rey que tenia ese mundo a la lista de enemigos.

-Iskandar y Gilgamesh me enseñaron que el rey debe tener sus propias ambiciones tambien, asi nace un imperio...Pero a lo que quiero llegar es que ¿Recuerdas que esos ladrones mencionaron un prostibulo?

Parpadeó un par de veces. ¿Porque esa mujer mencionaba tal lugar repugnante?

-Lo...Recuerdo...

-Vamos a robar alli, debe haber oro de sobra.

-¿¡QUE!? ¿Acaso somos Bonnie y Clyde?

-Oh, esa historia ¿De que siglo era?

-No recuerdo.

-El punto es que solo hay que idear un plan, desbaratar ese sucio lugar e ir a otro pueblo y conseguir todo lo que precisamos para avanzar ¿Comprendes?

-Si, pero...

-Pero nada Diarmuid, tu has iniciado la idea de los robos, y yo solo robaré a quienes lo merezcan.

-Robbin Hood ¿No es asi?

-Exacto.

-Que asi sea, destrozemos el lugar, liberemos a las mujeres y llevemonos el oro.

-Ese es mi camarada.- Sonrió, e idearon una estrategia exitosa.

En resumen: Diarmuid entraría pidiendo a todas las prostitutas posibles, quienes no se negarian absolutamente debido a su belleza encantadora. Arturia dejaría un caballo alistado en la puerta trasera del lugar e ingresaria con la capa sigilosamente aprovechando la brecha de distraccion que su compañero generaba. Llegaría hasta algun lugar donde estuviese el dinero y lo robaria, luego, con su Excalibur haria un Strike Air y destrozaria el lugar, mientras Diarmuid se retiraba con las mujeres. Ella subiría al caballo con el oro, sacaría a su secuaz de entre las mujeres y huirian.

Plan perfecto.

La primera fase, era que ambos entren sin problemas. Cuestión que resultó exitosa. Diarmuid habia ingresado y acaparado toda la atención. Saber, le robó la ropa a un hombre que iba a ingresar a ese lugar y se vistió de hombre para ponerse la capa con la capucha en la cabeza y que no se notara su género.

La segunda fase era descubrir el sitio en donde recaudaban el dinero ganado a base de explotar a esas pobres mujeres. Lo halló, en un cuarto al fondo de toda la decoración que esperaria encontrar de un prostibulo, estaba el dinero. No tuvo inconvenientes en patear la puerta e ingresar.

-¿Quien rayos eres y que haces aquí?- Preguntó un hombre a espaldas de ella con voz inquisitiva.

Su respiración se cortó unos momentos, mientras pensaba en que inventar pero ¿Que se le puede inventar a alguien cuando estas claramente robandole su oro?. Era absurdo pensar en eso. Entonces sacó su excalibur de entre la tela y se dio vuelta, decidida a amenazar a aquel hombre.

El hombre poseia ya una espada, y esta estaba en el fragil cuello del rey.

Trago saliba.

-Valla, valla...- Con el filo de la espada le quito la capucha. -Pero si una hermosa mujer vino a robar, que suerte la mia.

Era su vida o quedarse quieta. ¿Como le avisaria a Diarmuid que el plan estaba fracasando?

Definitivamente nunca debio haber robado. Ni aunque con robar hiciera justicia por mano propia. Estaba arrepintiendose hasta que el hombre se acerco y comenzó a oler su cuello a medida que la espada seguia en amenaza.

-Definitivamente contigo haremos mucho mas oro del que pensabas robar, dejame darte una probadita antes de venderte.- Se lamio los labios y comenzó a abrirle la camisa.

Cerró los ojos. Se considero loca por estar planeando como matarlo, perder la pureza o ser asesinada. Cualquiera de esas cosas era atemorizante. En una guerra era lógico perder un brazo, alguna extremidad, ser atravesada por un sable, incluso perder la vida. Pero pensar que ese hombre mancharia su cuerpo con esa suciedad de prostibulo le era mas terrorífico que todas las batallas que vivió junto a su Excalibur juntas.

Nunca debió bajar la guardia.

Nunca vivió una experiencia así con un hombre, comenzó a temblar y a darse cuenta que era una mujer, echa y derecha, y algun dia algo asi iba a pasar tal vez, no en contra de su voluntad, pero si iba a suceder. Temió a que alguien mas la viera asi humillada, mientras su camisa estaba ya totalmente abierta.

-Pero que piel mas suave, parece como si nunca nadie la hubiese acariciado antes.- Una voz lasciva fue utilizada. Una mano iba recorriendole el estomago.

No resistio mas y gritó.

-¡Diarmuid!- Exclamó su nombre, como si del el ritual sagrado con su espada se tratase.

Por otro lado, el lancero estaba haciendo su plan a la perfección y la mayoria de mujeres estaba rodeandolo lleno de atenciones. Ninguna le parecia tan bella como su querida Grainne, o como la mismisima reina de Gran Bretaña.

¿Porque esa comparación?, bueno, no era de extrañar reconocer que la reina era una bella mujer.

Sus pensamientos vagaron en torno a esa belleza, hasta que un grito escuchado por todos se hizo presente.

"¡Diarmuid!"

Se sobresaltó, algo habia fallado. Rapidamente huyó del grupo de mujeres que lo tomaban con fuerza y se encaminó hacia el sonido de aquella voz desesperada. No sabia que podia ser tan grave como para que Saber grite asi, despues de todo era una mujer muy fuerte.

Halló su respesta cuando llegó a aquella habitación. El rostro de Saber hacia un costado casi por derramar lágrimas y los dientes apretados llenos de impotencia. Una espada dirigida hasta su cuello y ese hombre, sobre su cuerpo. No dudó demaciado luego de esa escena que consideró repugnante. Usó su lanza roja y se la clavó en el hombro a aquel hombre.

-¡aah!, ¡Maldita sea!- Gritó de dolor el hombre que se apolló contra una pared y veia como su hombro sangraba.

-¡Arturia! ¿¡Estas bien?!- Preguntó a los gritos viendo que su camisa estaba totalmente abierta y parte de su pantalon dejando relucir su brillante piel. Desvió la mirada mientras la contraria no respondía nada y se abrochaba temblorosa las prendas de ropa.

Le pateó las piernas al hombre que cayó al suelo, y luego la cara hasta que Arturia tomó con mas fuerza su legendaria espada y se la clavó en la entrepierna.

El hombre solo agonizaba de dolor al ser afectado en tal punto de su cuerpo, mientras se escuchaba el ruido de las mujeres acercandose a ver que sucedia.

-Vamonos ahora.- Ordenó el encantador tomando las bolsas enormes de oro con una mano y arrastrando a Saber con la otra hacia la salida trasera donde su caballo los esperaba.

El se subió primero con las bolsas, a Arturia no le quedó de otra que subir detrás y tomarse de la cintura del contrario. El caballó comenzó a avanzar.

"¡Strike Air!" gritó con rabia y en menos de un segundo unas grandes ráfagas de viento azotaban sin piedad la gran casa que alguna vez fue de prostitucion. Ahora solo eran escombros inservibles ante rostros sorprendidos de mujeres y el hombre de aquel lugar.

Una vez guardada su espada y terminado de pronunciar el nombre de aquel golpe final, el silencio reinó en toda la trayectoria de huida, en busca de otro pueblo hasta que el caballo terminó de cansarse y frenó su paso.

-Deberemos acampar por aqui Arturia.- Incito a la mujer para que se baje.

Bajó del animal, se recostó en el pasto, ya cayendo la tarde se veia el crepusculo. Habia sido un largo, largo dia para ambos.

El lancero procedió a hacer lo mismo y recostarse al lado de ella, mirando el cielo.

-Arturia...- Pronunció en voz muy baja su nombre luego de unas horas.

-Ya sé lo que piensas.

La miró fugazmente.

-Que soy un rey extraño por asustarme por algo como eso ¿Verdad?, algo tan simple como un hombre tocáncome.

-No, solo, queria pedir disculpas.

Se acomodó con el cuerpo de costado, mirandolo fijamente y con duda.

-Ya sabes, si hubiera llegado antes...O quizas me hubiese encargado yo de ir a buscar el oro, mejor dicho, si no hubiera sugerido robar, siquiera estorbar en tu camino.

Suspiró con una media sonrisa. -No es tu culpa, soy yo, por no haber prestado atencion a si venia alguien.

-Pero Aruria, ese hombre, ese hombre estuvo a punto de...¿Te das cuenta acaso de lo que pretendió hacer?

Ambos se miraron fijamente, y asi permanecieron unos momentos.

-Si, me doy cuenta...No me trates de ciega.

-Yo no sabia que tu...Bueno, ya sabes...

-¿Nunca estuve con un hombre?

Desvió la mirada, mientras la rubia acostada se elevaba en inclinacion apoyandose sobre sus codos.

-Nunca habia sentido ese miedo, el miedo que puede sentir cualquier mujer, simplemente estuve rodeada de campos de batalla, donde es pensar como hombre o morir. Nunca tuve tiempo de enamorarme, y de haberme casado simplemente cederia parte de mi reino y decisiones, por eso no lo hice.-Miró nuevamente al cielo. -No quiero que me suceda nunca más algo como eso, sin mi concentimiento.

La obsevó temblar un poco, y supo que estaba viendo la debilidad del Rey de Caballeros, la debilidad de una mujer fuerte. Sus ojos no iban a llorar, lo supo porque no vio ni un apice de agua, solo las estrellas que poco a poco comenzaban a aparecer y reflejarse en su mirada esmeralda.

Hoy habia sido un dia de supervivencia, decisiones, revelaciones y huidas entre dos seres heroicos que nunca se habian conocido en situaciones similares. Que no habian nacido en el mismo periodo historico, que nunca habian compartido una epoca fuera de la Guerra por el Santo Grial como hasta ahora.

Era hora de descansar en ese inmenso y extenso prado. Tomó su mano, pequeña, pero habilidosa con la espada. La apretó entre la sulla como una promesa de compania y seguridad para luego cerrar los ojos.

La contraria dejo la sorpresa de lado y volvió a recostarse de costado frente a el, sus párpados calleron y descansó en los brazos de Morfeo, sin temor, porque esa mano la estaba sosteniendo, apoyando.

Definitivamente, el la protegería de lo desconocido en lo que quedaba del camino.


AUTORA: MigLi-Chan

Bueno, he adquirido solo una fan, pero me alegra que al menos el numero no sea 0. Y, cometi un increible error y no se porque, mencioné Inglaterra, Arturia y su leyenda, son de Gran Bretaña, sepan disculpar y me auto-corrijo. Pienso que en este cap, habia que conocer el lado debil de ella ¿No?

Ahora si, sin mas, espero revs a ver que les pareció, mis saludos.