Antes que nada gracias por darle al clik y pensar en leer este fic, cualquier critica constructiva es aceptable siempre y cuando sea con el debido respeto y si tengo suerte con este fic y me dan reviews contestaré de inmediato, ¡espero les guste tanto como a mi me gustó escribirlo!.
CREDITOS: Fate y sus personajes no me pertenecen.
NOTA: No es que me crea gran cosa pero se de casos en los que te plagian el fic, así que agradecería que no lo atribuyan como suyo y si lo usan me den credito, muchas gracias...Mi saludos y disfruten.
-Diarmuid...
Veía unos pies acercarse hacia el mientras una suave y aterciopelada voz lo llamaba. Repetía su nombre cada cierto intervalo de tiempo como si estuviese sido invocado para uno de las tan conocidas guerras en las que había participado. El pasto, verde y rebosante de vida crecía un centímetro ante cada llamado. Pero ese color no es lo único que había allí, un espeso rojo salía de su pecho y boca, mezclándose con el tan vivo verde. Parpadeó viendo esos pies un poco mas borrosos. Eran pequeños, pálidos. Alzó la vista topándose con un estilizado cuerpo que mas arriba poseía un cabello castaño cayendo por sus hombros y bien cuidado, danzando con el viento. Unos ojos de un marrón muy oscuro lo miraban afligidos y hasta con cierto rencor reprimido. Se había quedado mirando bastante tiempo, así que sacó fuerzas de algún lugar en el fondo de su conmovida alma y se levantó, ahora esa dama hermosa era de menos estatura que él.
-¿Gráinne?
Susurró mas tenue que esa brisa rodeando a ambos en un espiral de confusión y surrealismo. Una lágrima escapó de uno de esos hermosos ojos en los cuales él se veía reflejado al igual que en un espejo. Su alma se sacudió aun peor por esa vista y su pecho dolía mas por la escena que por haber sido anteriormente atravesado con un arma. Se preguntó porque su mujer lloraba, el porqué de revivir esa situación con la leve diferencia de que ahora veía a su amada y aun no moría. ¿No había el muerto? ¿No lo había ella también echo en todos los siglos transcurridos? ¿Porque estaban allí?. Negó con la cabeza, dándole prioridad a sus propios pies para que avancen hacia su tan querida Grainne. Su respiración se vio obligada a detenerse debido a todos los nervios y preguntas acumuladas.
-Diarmuid...¿Me amas?
Escuchó preguntar al la dulce joven que ahora se secaba la lágrima mientras miles de pétalos blancos danzaban en los aires y se atoraban entre sus amarronadas hebras largas. Las palabras lo hicieron frenar. El brillo de sus accesorios dignos de aquella época en un tenue dorado hacían solo parecer todo mas irreal y de fantasía, mas cuando un aura casi celestial la rodeaba. Pensó en la pregunta, no en la respuesta, si no al echo del porqué fue formulada de manera tan repentina. ¿Como podía ella dudar de eso?, siempre fue hombre devoto a su persona, como si la mujer fuera su Dios representado en la tierra.
-Claro que si, sabes que siempre estarás en mi corazón, y no quiero que esas dudas quebranten tu espíritu haciéndolo llorar.
La vio sonreír amargamente y avanzar hacia él ante toda la calidez que el le estaba profesando, ahora lo tenia bastante cerca, unos centímetros mejor dicho. Gráinne lo miró analizando su rostro, para luego acercar su delicada mano y tocar su lunar, aquella marca que el destino le había brindado, aquella que para él era una enorme maldición. Y como un holograma del siglo veintiuno, la imagen de la mujer desaparecía y reaparecía confusa, desdibujándose las lineas de su cuerpo y haciéndose mas difusas para luego dar paso a la mal definida figura de Arturia Pendragon. Abrió los ojos con sorpresa, la rubia, mezclándose con la imagen de Gráinne imponía una presencia de peso, el rey estaba presente como un león reclamando su lugar y no cabía a duda que la belleza de esa rubia se ancló en el lugar iluminándolo aun mas.
-Entonces...¿Por qué has besado a esa mujer, Diarmuid?
Preguntó esa imagen de la que fue su mujer. Tragó saliva y nuevamente apareció aquella rubia a la cual ciertamente habia besado en su propia habitación de la realeza. Recordó ese beso, esos suaves labios que lo rosaron como los pétalos de una delicada rosa con muchas espinas, esas rosas que son las mas bonitas por lo contrastante de su esencia. Eso era un sueño, realmente lo era, eso que estaba viviendo no era real. Pero no podía salir de él, no podia hacer oidos sordos a su amada reclamándole lo que había sucedido la noche anterior, menos podía borrar aquel beso como si solo hubiese sido un entretenimiento pasajero.
-¿Por qué? ¡Respondeme el por qué! ¡Diarmuid!- La castaña había perdido su aura angelical, viéndose totalmente perturbada y con unos gritos estridentes que azotaban sus oídos, clavando aun mas la culpa en su pecho.
-Diarmuid.- Llamó con seguridad y una mirada imperturbable la rubia.
-Ar...turia...
La confusión iba incrementando en él, hasta que el viento se convirtió en una violenta ráfaga, los pétalos antes blancos ahora eran su color contrario, el sol se fue totalmente y el césped había muerto. La sangre aun seguía allí, intacta e inalterable. Aquella fachada sacada de los mas sombrios cuentos antiguos estaba apareciendo como la viva imagen de sus oscuras confusiones.
´-¿Por qué me has besado, Diarmuid?
-¡¿Porque la has besado, Diarmuid?
-¡Ya basta!- Gritó con un horrible dolor en el pecho aquel galante hombre.
-¡Dijiste que solo me amarías a mi! ¡Debes matar a esa mujer! ¡Tu honor y yo importamos más!
-Por favor...Ya basta...- Unas lágrimas de sangre amenazaban con salir de sus hermosos ojos.
La fuerte mirada esmeralda, que ganaba por sobre la castaña, lo escudriñaban fieramente. Bajó la mirada de ese atrayente verde hacia las manos de la mas pequeña y hasta fuerte de los tres, esas manos sostenían ahora una espada, la inconfundible Excalibur. Le llamó poderosamente la atención como esta ahora tenía su funda ¡Avalon!. Inspiró aire que se sintió como plomo recorriendo sus vías respiratorias y volvió su atención hacia Gráinne.
-Yo...No sé porque lo hice...Fuí débil.
No, quizá si sabia porque lo había echo, pero admitirlo seria aun mas doloroso para ambos, para su amor amenazado. Solo la última palabra de su oración podría reafirmar cientos de veces con la máxima de las decisiones: Fue débil.
-¡Muy débil! ¡Eres un muy mal hombre!
"Puedo cumplirlos...Todos tus deseos, oh alma en pena.
La luz llegará aclamando con cada campaneo la felicidad.
Los ángeles entonarán tu himno y entonces la inmortalidad hará paso a tu leyenda.
Los amados sean bendecidos, con el cálido beso de la pureza.
Soy aquello que la vanidad desea.
Tu descanso eterno en la utopía es concedido.
Sólo nómbrame"
Luego de los gritos escuchó esa leve citación, ese potente llamado enmascarado en una voz muy baja, en un sonido de baja frecuencia que parecía ser cantado sólo para el.
¿Que debía nombrar?
Miró a la que fue su amada ignorando las promesas dulces susurradas, la notó correr hacia el, pasos que se había alejado sin que se hubiese dado cuenta, igual que Arturia, la cual ya había logrado separarse de la misma imagen que la castaña, adquiriendo su propio cuerpo. Sintió una bofetada de la cual fue y creía que seguía siendo su mujer, para luego recibir unas frías manos como la muerte en su nuca y un cálido pero al mismo tiempo vacío beso. La vio cerrar los ojos, mientras el casto gesto le parecía extraño. Con sus propios ojos aun abiertos, miró al rey, con su mirada clavada en él mientras el acto se desarrollaba. Tragó en seco mientras ese verde lo atravesaba haciéndole sentir nuevamente la culpa. La castaña se separó y le sonrió radiante, aun así el clima seguía igual de caótico allí en Irlanda. La rubia ni se movía de su lugar, y el único movimiento que le indicaba que aun seguía con vida era como apretaba el mango de la espada entre sus dedos con una fuerza descomunal. Su armadura se escuchó chillar aun sin verla moverse un sólo centímetro.
-Eres tan hermoso, mi amado...- Susurró la contraria frente a él mientras acariciaba su mejilla y luego el mechón negro azabache como la noche que caía por entre su rostro.
Era un bello cumplido pero...El vacío persistía, e incrementaba a medida que sentía como la dimensión de la tierra que pisaba se extendía alejándolo mas de Arturia aunque esta ni se moviese. ¿Bello?, cuantas personas le habrán dicho eso...Incluso en ese momento se sintió una escoria, pensando que quizá el amor de Grainne no era cierto, que quizá todo se trataba de una fuerza física. Solo ella, solo el rey lo valoraba por quien era, si ver esa hermosa mascara de mentiras y promesas de belleza. La tierra continuaba exandiendose, el prado muerto iba creciendo hasta que Arturia era solo un punto a la distancia.
-¡Arturia!
-¡¿Aun llamas a esa mujer?! ¡Debes matarla! ¡Acaba con ella ahora!
-Gráinne...
-¡No me olvides! ¡Tu me has echo una promesa! ¡Recuerdalo!
La mujer de cabello almendra se aferraba a el con desesperación como si le fuese la vida en ello, insitandolo a cerrar los ojos y dejarse llevar por el caos de pensamientos, mientras la voz del rey no se hizo presente en ningún momento, lo que hacia el ambiente aun mas distante. El sentimiento de culpa por estar prestándole atención mas a las acciones de Pendragon se hizo presente como su propia lanza atravesándolo otra vez. No, el no podía olvidar a Gráinne, no debía, era también de caballero cumplir las promesas, más a la persona que más había amado.
-Lo lamento...- Susurró de todo corazón, mientras en un pequeño desvió notó como la jovencita rubia fruncía el ceño.
-Entonces...- Su voz fuerte y clara con la que tantas veces había dado ordenes seguramente, se abrió paso por entre todo lo presente, con una clara impronta de apatía que lo helaba instantáneamente. -¿Esta es tu decisión?, ¿Ua Duibhne?
Su tan conocido apellido sonó mas frío que el viento que ahora le calaba hasta los huesos.
-Di que si, aléjala de nuestra vida amor.
-¿La elegirás a ella?- Preguntó nuevamente sin vacilaciones la rubia quien, habiendo dejado indirectamente en claro que si la elegía se alejaría totalmente. Notó que ahora se acercaba quitando la espada de su funda, sosteniendo así cada parte en una de sus manos, como si esos dos celestiales objetos fueran también una opción a elegir.
No quería alejarse, no quería dejar a nadie atrás, pero promesas y amor tenían razón de peso, y la culpa no era algo tan fácil de quitar como simplemente pagar para que se vaya y tema resuelto. Cerró los ojos con un leve escalofrío al pronunciar su decisión final, esa de la cual quizá se arrepentiría por siempre.
-Si.
No vio a la rubia, por sus parpados sellados que no querían contemplar el desarrollo de ese extraño sueño. Decidió continuar.
-Pero...Arturia, quiero acompañarte hacia tu destino de victorias. Necesito llevarte a la dicha como si fuera uno de tus caballeros, aun tenemos un destino pendiente, el cual solo se decidirá yendo a tu lado en este largo camino. ¿Me permitirías ese gran honor?
Abrió los ojos y la contempló. Su espada ahora brillaba contrastando con toda la oscuridad que había adquirido su entorno. El viento movía los ligeros mechones rubios que contorneaban su esbelto rostro mientras la mirada esmeralda se ensombrecía.
-Entiendo, entonces Avalón no te dejará eternamente con ella, por ahora...Has seguido el cruel camino de la espada.
-¡No, Diarmuid!, tienes que quedarte conmigo, no vuelvas a alejarte...Ella puede cumplir nuestros sueños ¡Avalon!...
-Tengo que...Acompañarla...
Miró decidido por primera vez en su propio sueño a pesar de escuchar ese sagrado nombre, mientras la reina corría con un estruendoso grito de guerra acortando el paso a increíble velocidad y los atravesaba a ambos con su excalibur. Ella frente a él se difuminó en forma de pequeños destellos blancos volando hacia destino incierto, sin siquiera ver su expresión antes de irse de manera repentina. Mientras, el escupía mas sangre y gritaba de enorme dolor, sintiendo esa espada quemarle las entrañas a medida que el filo lo iba despertando de su letargo.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!- Gritó levantándose de la cama de un salto. Luego casi choca contra la frente de una mujer, que después de parpadear unos segundos para aclarar su borrosa y confusa vista, notó que se trataba del dueño de aquel castillo donde ahora residia.
-¿Diarmuid?, veo que te ha afectado una gran pesadilla.
Su respiración agitada comenzó a nivelarse con normalidad de a poco. La mirada penetrante aun seguia alli, pero con notoria preocupación.
-Si...- El dolor de la espada y la suave voz de su amada aun lo rozaban con réplicas de culpa, imponiendose por sobre todas las cosas la necesidad de huir de la tentación con el apellido Pendragon marcada a fuego.
-¿Quieres contarme que sucedió?, mi nombre fue pronunciado mas de dos veces.
Estaba preocupada, ese día se levantó antes de lo usual y abrió la enorme y pesada puerta de su recámara. A paso más que firme pisó los lujosos y lustrados suelos de su castillo preguntando en que cuarto había decidido hospedarse Diarmuid, una vez se lo dijeron entró y allí lo vio. Tendido en la cama con una paz dibujada en su rostro y la luz que se filtraba entre las blancas cortinas iluminaba ese rostro que él consideraba una maldición, pero del cual no se podía negar su indescriptible belleza. Se sentó a su lado y miró el lunar bajo su ojo...No le fue gran cosa, quizá lo que mas le atraía era sus grandes pestañas y esos rasgos tan armoniosos y bien definidos. Pero siempre prefirió cuando tenia los ojos abiertos dejando lucir esos orbes miel que difícilmente encontrarías en otra persona. Se debatió internamente si acariciar esa blanca piel un poco mas oscura que la de ella o no. Era un caballero acompañándola en su viaje rumbo a encontrar su propio destino, no podía pensar en esas cosas, mucho menos recordar lo que había visto en el arroyo, o el beso...Sacudió la cabeza, no quería entrar en terreno pedregoso. Un movimiento del lancero le hizo prestarle atención, creyendo que ya se iba a levantar. Valla sorpresa halló al notar que estaba teniendo una pesadilla. Lo más impactante era que ella estaba en esa pesadilla...¿Que sería de grave para que el primer caballero gritara así en medio de la habitación?
Tomó su mano, entonces lo que había servido para ella aquella vez en el bosque bajo las estrellas, a él solo lo hizo ponerse peor. Se sintió mal ante esa reacción, mientras escuchaba tenue de los labios del dormido un "Soy débil...La culpa...". Decidió que era demasiado susto, así que lo zarandeó, gritó su nombre, lo retuvo de caerse de la enorme cama, en la cual él se hallaba en el borde. Y así fue como el solo se despertó. Se puso a pensar, de la época en que venían ellos, no era muy descabellado pensar que los sueños en grandes personajes históricos eran premoniciones, en el caso de Diarmuid podría ser un mal augurio que la involucrara.
-No.- Sentenció el bello hombre.
-Pero...¿Diarmuid? ¿Fue tan malo?
-¡Solo aléjate de mi Arturia!
Abrió sus ojos con casi toda la capacidad que podía. Dio un respingo en la que era su habitación y no usaba. No quiso creer que realmente alguien le había gritado así, y más el primer caballero de Fianna.
-Cálmate, estás bien...Sólo ha sido una pesadilla.
Ambos se miraron, ella creyendo que él seguía aun alterado por la pesadilla, y Diarmuid intentando apartarla a como de lugar. No podía tener al rey cerca, no podía considerarla una mujer, mas bien no debía hacerlo. Hacia una esquina del cuarto sentía como si la presencia de Grainne aun continuara y le dijera que la golpee ahora mismo, o que él salga corriendo y no la vuelva a ver nunca más.
Pero no se podía golpear a alguien por persecuciones de espíritus. Aunque en su momento se hayan herido y luchado deseando con honor la muerte de el otro, eso no justificaba una innecesaria batalla de almohadas en el lugar como un cobarde.
-Vete.- El segundo intento que le iba rompiendo más la conciencia.
-Diarmuid yo...No sé que te sucede, y me preocupas. ¿Es por tus intereses? ¿Porque aun no hemos luchado?, creí que ambos pensábamos lo mismo, ya sabes...Tenemos una muy buena relación como para clavarnos un objeto punzante en medio de un campo de batalla brindándonos la muerte y si te soy sincera...El beso...
¿Porque nombraba eso ahora? ¡Lo que menos quería oir era ese recuerdo!. Apretó los ojos como si una herida doliera, cerró los puños y uno lo dirigió hacia la rubia. No la golpeó y nunca tuvo esa intensión. Solo detuvo la dirección de su mano a unos centímetros de su rostro para que se callara. Abrió los ojos, comprobando que los de el rey de Gran Bretaña demostraban total sorpresa. Boquiabierta no pronunció ninguna otra palabra.
-Olvídalo, olvida eso que has pronunciado.
-¿Porque?- La sorpresa dio paso a una de esas miradas serias que solo había visto en la lucha con ella.
-Porque no es como si me importaras en ese sentido...Lo lamento, he cometido un gran error y me he aprovechado de tu pureza. Todo este caos y el viaje me ha echo sentirme un tanto solitario, eso es todo.
-Ah...- Musitó el rey.
-¿Arturia?- La notó mirar hacia abajo, aun con la mirada seria que se iba ensombreciendo de a poco.
-Bien, ¿Sabes lo que toca hacer hoy?- Preguntó levantándose tan bruscamente de la cama que esta lo hizo rebotar un tanto alto.
-¿Como?
Estaba confundido...¿Que era ese cambio repentino de conversación?
-No creas que huyo lancer, sólo se organizar prioridades y si lo tuyo se trata de jugar a "Quien logra acercarse mas al Rey Arturo y después huir de todo compromiso", entonces te he de advertir que protegeré mi honor con mi espada a toda costa. No soy un juego y tengo un reinado al cual re administrar.
-Me ofendes, nunca jugué a ese juego.
-¿Entonces a que le llamas besar al rey y luego apartarlo como a una ficha de ajedrez cuando ya no conviene?
Esa era una pregunta difícil, la cual solo se esclarecería si contara toda la tristeza y culpa que sentía por Grainne. Y contarlo solo seria reavivar eso que quería sepultar. Se quedó callado.
-Se llama juego, exactamente como el ajedrez.
-Arturia, ¿Ahora actuarás como mujer humillada?, no es propio de ti. Y, sin alardear u ofender a su alteza real, quiero aclarar con la verdad a mi favor, que usted también ha propiciado aquella unión.
-Primer Caballero de Fianna, mis disculpas por haber caído en el hechizo que implica tu maldecido rostro. Vístete rápido, tenemos que ir a la mesa redonda, y si no quieres ir igual deberás vestirte, porque supongo que si no me ayudas huirás, o decidirás luchar a muerte aquí y ahora en esta habitación que dicho sea de paso aclaro que es de mi propiedad.
Eso había sido un golpe bajo. Atacar su rostro y como el se sentía cargándolo consigo mismo todo el tiempo era jugar sucio. La miró, con su verde habitual pero con total indiferencia.
-Ah, y Diarmuid...No te lo tomes personal, sólo me gusta sacar lo considerado estorbo de mi vida cuanto antes. Si me permites, hasta luego, allí te espero mientras te regocijas de haber humillado a un casto y estúpido rey que nació inevitablemente mujer.
Se conocía muy bien para saber que ahora su cara era el total retrato de la sorpresa mientras que la armadura repiqueteaba contra el suelo y una puerta era azotada con una fuerza que pronto le haría tener un terremoto a toda Gran Bretaña. Lo entendía, alguien con tal castidad, más en esas épocas y teniendo el cargo que tenía, tomaba a un beso como a un gran compromiso, aun si el trato de pelear a muerte seguía en pie. Suspiró pesado y supo que había sido todo un gran error, pero un error que había que detenerlo si o si a tiempo antes de que creciera y se convirtiera en la máxima palabra que pueden usar dos personas atraídas entre si para expresar sus sentimientos.
Hizo caso omiso a pronunciar la palabra "amor" en su cabeza y se enlistó para salir.
Arturia debería ser olvidada.
AUTORA: MigLi-Chan
¡Hola! (No se a quien le saludo, ya nadie se acuerda de este fic, y las pocas personas que lo hacían se deben haber rendido ante mi dejadez), bueno saben o creo que saben que la inspiración es algo que no suele llegar seguido...Hoy llegó, y planeo hacer este fic más largo, no sé ¿Quizá 10 capítulos?, hay mucha historia que explotar y necesito hacerlo completo. Al principio seria corto ya que tengo otros proyectos incontinuos (Shingeki no Kyojin por ejemplo, del fandom que mas fics tengo y que más he olvidado al pobre) y quería cumplirme el gusto cual capricho de hacer rápido algo de esta reciente OTP mía...Pero ahora me encapriché con que necesito que la historia sea mas completa y desarrollada en capítulos breves como los de hasta ahora, pero que relaten poco a poco todo. Bueno espero les haya gustado, ya que inevitablemente Diarmuid debia sentir culpa ¿Verdad?
Aclaro con toda franqueza que a pesar de asegurar larga vida a este fic, no sabré cuando Sra. Inspiración vuelva, así que a esperar la conti en mucho tiempo. (O quizá no, y tengamos la suerte de que mi cerebro diga: "Vamos, sé que puedes")
Espero algún review, en verdad me motivan mucho más, saber que escribo por gusto y al mismo tiempo a gente le guste es un gran regalo.
Mis mas sinceras disculpas y saludos. -Se va casualmente escuchando el soundtrack de Fate/Zero-
Sayo~
