Antes que nada gracias por darle al clik y pensar en leer este fic, cualquier critica constructiva es aceptable siempre y cuando sea con el debido respeto y si tengo suerte con este fanfic y me dan reviews contestaré de inmediato, ¡espero les guste tanto como a mi me gustó escribirlo!.
CRÉDITOS: Fate/Zero y sus personajes no me pertenecen
NOTA: No es que me crea gran cosa pero se de casos en los que te plagian el fic, así que agradecería que no lo atribuyan como suyo y si lo usan me den crédito, muchas gracias...Mi saludos y disfruten.
Salió corriendo de la habitación ya que no conocía Gran Bretaña para saber donde se llevaría a cabo la reunión. Rogó porque Arturia aun no haya salido del castillo y lo espere ahora en un lugar visible para ir juntos.
-Tome su caballo señor, su majestad el rey ha proclamado que llegará en unos segundos.
Asintió ya en el enorme jardín, subiéndose al que fue su caballo en todo el viaje por las tierras de Gilgamesh. Podría decirse que el día estaba muy hermoso, y que de no ser por su rotunda decisión de imponer distancia con el rey, todo estaría bien en una nota de diez puntos. Volteó a ver en todas direcciones, hasta que un corsel blanco se asomaba a una velocidad alarmante. El sol le impactó unos minutos dando de lleno sobre él, hasta que pudo notar que era Arturia montando como una fiera. Unos detalles le llamaron la atención: Tenia la capa y la corona. Ahora su majestuosidad se notaba a raudales, haciéndolo sentir por un momento como a una hormiga. La rubia pasó de largo casi chocando al caballero y este la siguió como pudo. Por cada paso que daba su caballo, el de la rubia aumentaba como si fuera una moto a alta velocidad por una avenida de carril rápido y encima mojada por la lluvia. Su pobre equino intentaba equipararla, pero lo único que lograba de vez en cuando era morderle los cascos al de adelante. Si, en definitiva la reina lo estaba dejando atrás. Sólo quedaba saber si era a propósito o era porque estaba tan enfadada que no podía ocultarlo y se desquitaba con el uso de la increíble velocidad.
Ahora se notaba porque en la Guerra del Santo Grial tenia la habilidad de montura.
Luego de cincuenta mil vueltas por prados, de cincuenta mil saludos de Arturia a los campesinos que la frenaban y de las cincuenta mil veces que se asustó de quedarse perdido atrás y tuvo que alcanzarla a la velocidad del rayo, llegaron al punto de destino.
Camelot.
-¿Lo sabias?- Preguntó la rubia.
-Dime...
-"Camelot", deriva de "Cavalon"...¿Sabes que significa?
-Mmmm- Se puso a pensar mientras bajaba del caballo y la rubia lo esperaba en las colosales puertas de Camelot. -Juraría que se me hace conocido de alguna otra palabra.
-Exacto: Avalon, de allí deriva "Cavalon". Todo está tan conectado con mi leyenda que incluso creo que este lugar es como una ramificación de mi cuerpo, del de todos los caballeros que a mi par eligen el camino de victorias hacia este pueblo.
El caballero miró hacia lo alto, la enorme escudería del mas exquisito y puro oro decoraba la entrada como si fuera un soldado más, que resguardaba con elegancia la seguridad de aquel lugar. Omitió una sonrisa, pues imponer distancia también implicaba esas cosas.
-Fui muy dura, descortés y hasta agresiva para contigo, mis disculpas Diarmuid. Sé que estás decidido a ignorarme, algo en esa pesadilla te ha echo mucho daño...Espero puedas solucionarlo. -Fui un tanto ilusa al creer cosas que evidentemente no existían...Mis disculpas, tal y como dice quizá...Sigo siendo solo una niña.
-Arturia.- Reclamó el contrario llamando su atención, entonces supo que era momento de continuar con lo que estaba por decir. -Si ahora, me atravesaras con tu Excalibur...¿Crees que encontraría mi utopía?
El Rey de Caballeros se quedó dubitativo mientras avanzaba hacia la puerta y dos personas vestidas de finas prendas, les habrían suavemente las puertas. Aun asi el chirrido que hacían estas por su peso era inevitable. Inmediatamente el ambiente con su particularidad a gloria lo rodeó y la legendaria Mesa Redonda se hizo presente, se sentó en cualquier parte, pues en la mesa de la igualdad no había cabecera que ocupar, y eso lo reconfortaba.
El primer caballero la miró sin saber que hacer, accedió a por instinto pararse a su lado. No había lugar en la mesa y encima la rubia no le había respondido nada.
-Diarmuid...- Le susurró como adivinando su mirada en busca de terminar la charla pendiente. -Eso ni yo misma lo sé. Muévete a mi derecha.- Ordenó.
Hizo lo que ella le había ordenado y se colocó a su derecha, recibiendo inmediatamente la mirada de todos los presentes. Las personalidades hacían su propio peso, eran titanes de la caballería y de seguro con el más alto honor. Nuevamente se sintió tamaño hormiga al lado de un elefante, mas bien doce elefantes. No comprendió porque todos lo miraron automáticamente cuando se movió solo unos centímetros hacia otra dirección.
-Mi rey, no imagina usted el gran regocijo que me da tenerlo aquí, en su nación nuevamente.
Un hombre de bellos ojos azules y cabello platinado sonreía con calidez, sentado en la privilegiada mesa. Su aura imponía devoción y respeto, hasta saltaba a simple vista el increíble amor puro que le brindaba a esa rubia con solo una mirada repleta de dulzura, una dulzura que de no ser porque lo molestaba muy en el fondo, hubiese conmovido por completo su corazón y el de cualquiera allí presente.
-Sir Bedi, y tu no imaginas el placer que me supone a mi verte...Verlos a todos ustedes...
El lancero notó una mirada extraña por parte de Arturia: Una mirada llena de afecto hacia aquel noble "Sir Bedi" ¿Que clase de apodo era aquel?. Luego, notó como esta miró uno a uno a sus caballeros, conteniendo algunas lágrimas que los otros notaron al instante. Tal y como todos decían: Nadie estaba acostumbrado a ver con expresiones al Rey.
No pudo creer como alguien podría mirar así, nunca había visto semejante expresión en ella, a la del afecto se refería. Pues para con los otros fue una simple expresión de emoción y remembranza, melancolía.
-Mi rey...- Susurró uno de los hombres con cabezos azabache llegando a sus hombros gracilmente, e igual de bello que todos los allí presentes.
-¡Lancelot!- Exclamó Saber y se levantó de un sobresalto, como si un clic hiciera eco en los rincones mas oscuros de su mente. -Necesito hablar contigo, necesito abordar temas de vital importancia con todos...Yo...Por favor, escúchame Lancelot...
El hombre se le quedó mirando con total sorpresa, como un cuadro cómico pintado al oleo. Mientras, los demás caballeros se reacomodaban nerviosos en sus lugares, con una clara duda marcada en sus facciones. Ella lo sabía, estaba haciendo un cambio muy repentino, y no lo entendían. Si tuviese que explicar el porque...Todas las guerras...
-¿Si mi Rey? ¿Que desea discutir en la Mesa Redonda?
-Eh, yo creo que vale mas preguntar a nuestro rey...- Una risa sutil, pero llamativa tomó la atención de todos. -¿Quien es ese hombre, claramente a su derecha?, veo que es llamativo, y a leguas se nota que no es de este reinado Británico.
-Gawain...- Susurró sin honoríficos de ningún tipo.
Tal parecía, por lo que lograba deducir el primer caballero, que aquel hombre apuesto de cabellos rubios como Arturia, era claramente el más liberal y carismático de los doce.
-El es Diarmuid Ua Duibhne- Remarcó con una voz autoritaria, hasta fría al pronunciar cada silaba de su gran nombre y apellido -Es un honorable caballero, experto en lanzas que me ha protegido a lo largo de mi gran travesía para regresar a mis tierras.
-¡Ya veo!, bueno entonces queda aclarar la gran duda de como desapareció nuestro Rey y como repentinamente nuestra gran monarquía pasó a estar rodeada de una segunda aplastante y que es todo el resto del mundo...¿No?
-¿Cuantas veces Gawain debo decirte que seas mas educado con nuestro rey?- Lancelot reprochó.
Espera...Ahora que hacía memoria. "Sir Gawain", si, cuando tuvo la última Guerra, había adquirido todos los conocimientos sobre las Leyendas Artúricas y en estas hablaba sobre el Caballero Blanco. El rey arturo representaba a la noche, por sus emociones y demás, y Gawain era claramente el que llevaba el sol. Se decía que el era el encargado de ser su sucesor si este cayera...Osease, este Sir era el sucesor de la mismísima Arturia Pendragon. Incluso poseía una espada hermana de la Excalibur: Excalibur Galatine y era el segundo mas poderoso. También poseía la misma lealtad que Bedivere e incluso era mas sincero que el resto. Otra cosa aprendida había sido que él deseaba que su rey fuera un rey por completo, es decir, tuviera mas características como tal.
-Cállate, traidor.- Agregó con rostro serio, cambiando esa personalidad tan alegre y confiada, tan resplandeciente. Lancelot hizo una mueca de culpa, y entonces se supo quien era el rey. Con un estruendo que hizo retumbar toda la mesa al son del ruido de una armadura golpear la madera, Arturia aclamó al silencio.
-Precisamente de eso quiero hablar...Sobre la traición de Sir Lancelot.
Todos se quedaron boquiabiertos. ¿Hablar de traición con el rey?
-Lancelot...Tu...¿Has estado aquí todo el tiempo?- Preguntó con reservas, como una clave codificada de miradas rápidas y furtivas que querían decir mucho mas de lo que en verdad expresaban.
-Claro mi rey.- Aseguró mientras se acercaba a ella y quedaba justo enfrente, ambos parados a un costado de la mesa. -Bienvenido, Caballero de Fianna.
El lancero abrió los ojos sorprendidos. Sus historias no se cruzaban entre sí, eran de épocas distintas, miró a Arturia. Esta asintió con la cabeza y sonrió.
-Ya veo...- Susurró colocando uno de sus mechones rubios detrás de su delicada oreja. -¿Aun necesitas un castigo, Lancelot?
La pregunta fue débil, a oídos de caballeros sorprendidos y sin entender lo que sucedía. El Rey de Caballeros clavó su verde esmeralda en los ojos del interrogado, dando por proclamado su conocimiento, aquel de que Lancelot también había vuelto de esa Guerra, incluso lo recordaba.
-No, estoy en paz.- Susurró con una sonrisa tenue.
-Entonces...- Una voz de ultra tumba emergió de sus finos labios mientras se apartaba a unos pasos y desenfundaba su Excalibur. -Me jurarás lealtad, nuevamente.
Todos se pararon en hilera detrás del caballero que se situaba frente a ni mas ni menos que la Reina de Gran Bretaña, contemplando la escena atónitos.
-Si mi majestad.
La miró a los ojos y flexionó su pierna derecha, apoyando la rodilla contra el suelo. La pesada armadura chilló ante la acción acentuando la atención de sus movimientos. Una mano se situó en su corazón, la otra en su rodilla flexionada. Su cabeza, junto con toda su vida, con sus sueños, lealtad, lo bueno y malo en él, se inclinó hacia abajo, cediéndole al rey toda su persona. Era un gesto que no dejaba lugar a dudas, le entregaba todo a su todo poderoso rey, todo lo que el era ahora significaba ser solo de la pertenencia de Arturia Pendragon.
Una mueca oculta que parecia ser una sonrisa de alivo surcó la comisura de sus labios. Tomó su Excalibur mas fuerte y la colocó sobre el hombro de su tan preciado caballero. Luego al otro hombro, aquella espada tan sagrada como su portadora, estaba bendiciéndolo y dándole la bienvenida a la nueva tranquilidad, al perdon absoluto, a un nuevo comenzar de la mano de aquella rubia que retiró la espada y la volvió a guardar.
-Bienvenido Sir Lancelot Du Lac. - Aportó permitiéndose sonreír y así iluminar a todos con sorpresa mientras miraban aquella expresión de su rey embelesados.
-Muchas gracias, mi Rey. Le juro lealtad hasta mi muerte, y más allá también. Mi vida ahora es suya.
Asintió con la cabeza, entonces todos volvieron a sus respectivos asientos. Un montón de acero sonando como ultimátum se hizo presente cuando cada uno se ubicó en su lugar.
-Y bien su majestad...Es un honor tenerla aquí nuevamente, ¿Que tema importante nos ocupa hoy?
Sus pies estaban nerviosos. Es que simplemente quería usarlos en algún momento, pero no podía, debían quedarse allí quietos a la derecha de un rey que no era el suyo como si se trataran de pesado oro clavado en una catedral. Miró a todos y cada uno, Gran Bretaña estaba muy bien poblado de belleza, y vaya si la tenia, el Rey era el claro ejemplo exponencial de ella. Pero era así, muy simple, era una belleza que él no podía tocar, una que solo podría atravesar al final con una lanza. Porque eso recién escrito era lo que todos llaman "destino", y uno muy cruel por cierto. Pensando en eso, en los malos desenlaces de la vida, recibió una mirada de la tan nombrada con culpa en sus pensamientos, mientras abría levemente los labios para expresar algo. Esos labios...Entreabiertos. ¿Como sería probarlos así?. Negó con la cabeza levemente, mientras una Grainne invisible lo abrazaba desde atrás con delicados brazos fríos rodeando su pecho y preguntándole en un susurro al oído el porque estaba pensando en alguien que no fuera ella.
-Bien. -Tomó una gran bocanada de aire, pensando en mil cosas a la vez, que decir, cuales eran aquellas palabras que debían ser empleadas para resumir todo su pesado sentir. -Fui un mal rey.
Todos, sin excepción, se sobresaltaron sin disimulo, todo había sido muy repentino.
-Fui frío y los dejé a todos abandonados luego de haber cumplido con la meta de cargar con sus ideales, fui yo quien estuvo gestionando mal todo este tiempo y...Se que ustedes piensan de esa manera.- Miró a todos y a cada uno de sus valerosos caballeros que componía su mesa. -Soy un perfecto caballero, pero de nada sirve eso si no puedo ser un buen rey. Por eso, a partir de este momento, procuraré mejorar, por mi estabilidad emocional, por mis culpas, por ustedes mis leales caballeros y sobre todo...Por el bien de mi estimadísimo pueblo que no puede quedar a la deriva.
-Mi reina...Usted es perfecta así como es...Usted merece una vida rodeada de lo que todos los seres merecemos, usted es también una persona...Yo...
Sus ojos azules se cristalizaron, la imagen fuerte de un hombre valeroso se mezclaba con fragilidad y un enorme cumulo de sentimientos.
-Eres tu el único que piensa eso...Bedi.- Lo miró nuevamente con dulzura, ante los atentos y molestos ojos miel de matices hermosos que poseía Diarmuid.
-Y...No niego eso, pero antes que mi felicidad como persona, está mi satisfacción de reinar por ustedes...Por eso anuncio esto. Como sabrán, me ausenté un tiempo...El rey del resto del mundo está ahora persiguiendo mi cabeza, y como sabrán, solo una definitiva guerra detendrá esto.
Todos estaban atónitos asimilando el concepto de una nueva guerra con el 80% del mundo restante.
-Mientras Gilgamesh tiene su arsenal de tesoros y su fuerza propia, yo tengo mi fuerza distribuida en todos y cada uno de ustedes...La unión hace la verdadera fuerza, por ende, se que ganaremos, tengo fe y quiero que ustedes usen la fe de su rey con orgullo, como impulso a la victoria.
Diarmuid sonrió a su costado con suficiencia al oir esas alentadoras palabras.
-Por otra parte...Hay una nueva leyenda naciendo por aquí.
Todos la observaron. -¿Nueva leyenda? - Preguntó Merlín sorprendido, ya que de ser así el ya lo hubiese previsto con su magia.
-Si, un hombre llamado Iskandar...Sé que nos ayudará a su debido momento. Hay que tener fe en él...Después de todo es un gran conquistador.- Sonrió al recordar a ese particular hombre que tanto le había insistido a que se enliste en sus tropas para conquistar territorios y ser la estrella en el campo de batalla.
-Lo que mi rey diga es la verdad, es la justicia. Si usted lo dice entonces esperaremos y confiaremos en esa ayuda de la nueva leyenda que proclama nuestra majestad Arturo.
Se levantaron de la mesa al unísono, gritando y aclamando por las decisiones del rey. Mas que una discusión sobre si todo estaba bien o mal, fue un voto unánime a acatar todo lo que su maravilloso Rey de Caballeros había dicho.
-Y quiero agregar...- Gritó por sobre las voces centelleantes y eufóricas del resto que disminuyeron ante esto y quedaron en silencio, a la espera de otra noticia. -Que cuando todo finalice, tendré un duelo con este honorable caballero...
Al fin le habían vuelto a poner atención, pero en la mal extensión de la palabra, ya que un silencio de inframundo y miradas ácidas se clavaron sobre si, aun si su belleza los distrajera no se había salvado de ello. Es más, vio como algunos tenían las manos en la empuñadura de la espada.
-Yo, creo que no hay mejor honor que terminar las cosas como caballeros, y eso se lo debo a Diarmuid. Si muero...Gawain estará para ustedes, incluso es y me atrevo a asegurar dándole el honor que, podría ser un mejor rey que yo. Por eso quiero que traten bien a este hombre a mi derecha, porque es quien me ha ayudado, es un gran caballero y es por sobre todo aquel ser que quizá marce su fin en mi con la trayectoria de su honorable lanza.
Trago saliva, pensando en ese extenso discurso sobre su persona. Si, era inevitable, y todos allí lo sabían, decir que hay un duelo pendiente es saber que si eres un verdadero caballero deberás cumplirlo. Pero...No quería, muy en el fondo un dolor le decía que había que retractarse, que el honor se podía recuperar de muchas otras maneras. Pero quería descansar en paz, quería obtener eso que nunca lograba, morir como un ser honorable. ¿Porque Pendragon aseguraba entonces que el le cedería el fin?, ¿Como el podría clavar su lanza y matar semejante leyenda? ¿Acabar con aquella mujer que iluminaba su alma estaba bien?, la miro, esta tenia una mirada sombría, como en sus sueños. Esa mujer que no se consideraba como tal estaba ahora meditando, mientras sus labios se curvaban hacia abajo en un clarisimo disgusto. Su alma se acongojó y exprimió en una suma tristeza. Tal y como él, ella no quería cometer tal acto, ponerle un fin. Porque luego de eso quedaría en claro si aparecían en otra guerra, si había vida luego de la muerte, el cielo o el infierno. ¿Cuando se verían nuevamente?, ¿Y si quien quedaba vivo ya nunca reaparecía en otra Guerra del Santo Grial?
Se congeló, mientras los pasos retumbando en sus oidos provenientes de una armadura marcaban los minutos cercanos a la muerte de alguno de los dos. La capa azul de la total supremacía se agitaba ante sus ojos marcando la retirada, mientras sus sentidos se adormecían queriendo no pensar, no sentir, no tener conciencia de su entorno y de la encrucijada en la que estaba inmiscuido. Unos pasos se acercaban ahora mientras los otros se habían desvanecido por completo.
-Caballero.- Susurró una hermosa voz de hombre que lo hizo alzar la vista y salir de su bloqueo.
-Sir Bedivere.- Aseguró reconociendo su identidad ya aprendida con el paso de las guerras.
-Usted...¿Realmente pretende acabar con la vida de nuestro rey? ¿Con el pilar de los sueños y esperanzas de todos los que habitamos estas tierras bendecidas por su gestión de victorias, por su brillo incondicional?
La mirada azul de aquel hombre podría jurarle que le iba a romper el corazón, y mas aun que ya lo estaba haciendo dudar mas. La culpa se extendía como la malaria, como una peste sin cura que lo terminaría asfixiando hasta acabar con todo lo que lo componía. Ya no sabia quien era, ya no sabia de su propio nombre y su significado en esta vida.
-Lo haré, así lo quiere el rey y así lo requiere el honor.
Su frase inventada, su frase sin convicción y recitada por la inercia de ser alguien quien ahora no era, hizo ensombrecer el semblante de su interlocutor.
-Entiendo...
Podría jurar que casi vio una lágrima caer de su ojo izquierdo. ¿Cuan fiel y devoto era ese caballero de esa hermosa reina?
Sin decir adiós, sin su educación que parecía estar a flor de piel, se retiró casi empujándolo, dejando una estela de tristeza contagiosa atrás de él.
¿Realmente su decisión de aniquilar a la única otra mujer luego de Grainne que le había sacudido el corazón estaba bien?
Siguió a aquel ser de aura pura como la de Arturia que caminaba casi a las corridas, como huyendo del destino que anunciaban las palabras que el mismo dijo y caminó vagamente pisandole los talones. ¿Donde estaba saber?, divisó una vez saliendo de Camelot que los demás caballeros hablaban preocupados y amenamente entre ellos mientras notaban su presencia y le clavaban la mirada con la palabra "odio" grabada a fuego. Luego, la rubia con su capa azul colgando del caballo y el dorado de su pelo junto a su corona ensegueciendolo por el reflejo del sol sobre esta, se hicieron notar en todo su típico esplendor que no dejaba de sorprenderlo. Corrió hasta su corsel y la observó desde abajo.
-Arturia...- Susurró nuevamente.
-No dudes.
Como adivinando sus pensamientos lo observó, mientras el caballo lucia algo inquieto dando pasos de atrás hacia adelante y viceversa como si quisiera trotar.
-No puedes permitirte dudar...Soy el Rey de Caballeros y tu el Primer Caballero de Fianna ¿Como podríamos llamarnos a nosotros mismos así si nos permitimos dudar?. Yo, lo medité luego de todo lo dicho en la mesa redonda...
-¿Que has meditado exactamente?- Preguntó con curiosidad mientras acariciaba la crin de ese noble corsel.
-Grainne, sobre eso he meditado, sobre tu leyenda Diarmuid.
-Y...¿Que se supone que debías tu meditar sobre ello?
-Simple, me habías dicho que te sentías solo ¿Verdad?, ha de ser porque la extrañas. Yo nunca tuve a quien extrañar, asi que no se sobre esto. Solo una cosa puedo decir con certeza.
-Dime...- El dolor lo había atravesado como si de sus dos lanzas juntas al mismo tiempo se tratara. Había acertado bastante, con la mínima diferencia de que no sabia si la extrañaba, solo era la culpa porque esa hermosa rubia lo confundía.
-Sea cual sea el resultado, te extrañaré a ti. Tu ayuda, tu honor y todo aquello que te conforma.
Le sonrió débil. Se notaba a leguas en esa voz que siempre sonó tan segura, que ahora unas breves vibraciones vacilantes marchaban el ritmo del dolor que empezaba ahora a crecer en ella también. El viento bravo sopló con fuerza, marcando la marcha de su caballo que ya estaba camino al castillo, dejando solo al lancero en medio de la puerta hacia Camelot.
Sus ojos se cristalizaron mientras el viento la azotaba y el caballo reflejaba con furia sus increíbles ganas de huir.
¿Que era ese sentimiento?
-Soy una mujer débil.- Dijo en voz baja mientras sintió que otro caballo la seguía. -¿Diarmuid?
Preguntó dándose la vuelta y hablando a Bedivere galopando casi a su misma velocidad al lado de ella, sin llegar todavía a la misma altura de poder verla de frente.
-¿Puedo acompañarla mi reina?- Preguntó.
Notó tristeza y lágrimas en los ojos de su tan preciado caballero, así que decidió asentir con la cabeza y galopar un poco mas despacio junto a el, disfrutando del recorrido. Era toda una sorpresa siempre que notaba como ese caballero era uno de los pocos, por no decir el único, que casi la alcanzaba a velocidad.
Incluso Diarmuid se sorprendió cuando notó un rayo dejar de hablar con los caballeros de la Mesa en Camelot y correr a su lado, montar el caballo y en unos segundos alcanzar a Saber. Y la duda, recorriendolo, lo hizo montarse a el también y galopar hasta ellos, a una distancia que no podía acortar tan fácil como aquel rubio platinado.
Los veía muy juntos en sus caballos, con esa leve sorpresa y rencor de que la de ojos esmeralda a ese otro hombre si lo esperaba para ir a la par con su caballo, cosa que con él no hacía. Divisó muy a la distancia que sus gestos, los de ambos, se suavizaban y se regalaban sonrisas breves y cómplices.
Llegaron al castillo, tan frondoso como siempre, y eso nunca cambiaría aunque su rey muriera y fuera reemplazado por Gawain, el Caballero Blanco.
Entraron ambos tan galantes mientras el otro se sentía totalmente ignorado, una vez dentro, recién pudieron notar la presencia del lancero detrás, mas la ignoraron y caminaron por los alrededores. ¿Porque Bedivere tenia ese tan libre acceso a todo lugar donde se situaba Arturia?
De repente los halló entrando a un jardín interno del castillo que el aun no conocía, ya que habían llegado hace un día y el no se tomo el tiempo ni el atrevimiento de investigar como era y todo lo que tenia aquel enorme lugar. Una voz, algo, un instinto primario le ordeno casi a los gritos y deteniendo en seco su cuerpo dejándolo rígido que se quedara oculto tras un pilar lleno de enredaderas y rosas que sostenía el pequeño techo de los pasillos externos de este. Parecía que ahora una interesante conversación iba a iniciar.
-Disculpe.- Susurró con su atrayente e inocente voz.
-¿Porque te disculpas Bedi?
-Por mi atrevimiento...Hablé con ese caballero que se situaba a su derecha, me causó curiosidad ese gesto de colocarlo allí, sabiendo que significa total confianza por su parte.
¿Así que eso era exactamente colocarse a la derecha del rey?, ahora entendía porque todos lo habían visto así cuando solo movió un pequeño momento los pies hacia el otro costado.
-No hay problema, nunca prohibí que hablaran con el.
-Pero, no es solo ese mi atrevimiento. Casi le reproché lo que iba a hacer, sé que mi mirada fue un claro mensaje de clemencia para que no se lleve a cabo esa lucha.
-Ya veo...Es lógico, tu siempre has sido aquel que quiso protegerme de hasta lo impensado pero ¿Tan poca fe posees en mi victoria?
-¡Claro que no!- Exclamó con potencia para luego arrepentirse por haber alzado así la voz y bajar la frecuencia de esta. -Es sólo que yo no quiero ver...
Un halo de misterio surcó todo el jardín, mientras la reina se quitaba la armadura dejándola en el césped y quedaba con su clásico vestido azul.
-¿Que es lo que no quieres ver, Bedi?
Era tan obvio ahora ante sus ojos que quiso darse la cabeza contra la columna por tanta inocencia por parte de Arturia.
-Como l-la mujer que amo...Lucha arriesgando su vida, sin mi protección ¡Entregando su cabeza en nombre del honor!
-¿Que? ¿Que has dicho Bedivere?
Una confusión la nubló repentinamente mientras sutil, lento y tímido se acercaba aquel caballero al que tanto aprecio le tenia. ¿Acaso habia hablado de amor?¿Amor como mujer?
-Q-que la amo...No solo como un caballero a su rey, si no como hombre, como alguien que quiere formar una familia, así.
-Yo...Yo siempre dejé en claro quien soy, yo...- ¿Que decir a eso?
-No planeo que me corresponda, por sobre todo usted es mi reina, pero si me agradaría aunque se que no me corresponde ni es mi derecho, que considere eso de entregar su vida así de fácil. ¿Podría usted cumplir mi deseo?
-¿Tu deseo?, espera, yo...- Lo permitió, por fin permitió eso que venia conteniendo hacia mucho tiempo y suspiró. -Eres una persona admirable, mira que confesarle esto al Rey de Gran Bretaña...
Le sonrió ¿Porque?, quizá la dulzura de ver a alguien tan fuerte ahora mismo sonrojado ante ella y con la cabeza inclinada le resultaba una escena conmovedora, digna de dedicarle esa curvatura de labios.
-Yo no quiero que por mis sentimientos usted decida destituirme de la mesa redonda, yo no quiero que usted se aparte de mi y deje de dedicarme su hermosa mirada por lo que planeo hacer.
-¿Lo que planeas hacer?
-Si, eso también amo de usted, su preciosa ingenuidad que le provee la pureza que posee.
La miró, esos ojos azules dudaban, temblaban mas que una enorme réplica sobre la tierra. Caminó levemente hasta a ella y cerró los ojos, dejando según el mas que en claro que planeaba hacer. Aun así dijo unas palabras antes.
-Yo no pido su riqueza, no pido Gran Bretaña, tampoco el poder que la rodea...Solo quisiera reinar su corazón ¿Es mucho pedir?
-Yo...- No habló, dolía ver hasta que punto ese hermoso hombre se entregaba a ella, como dejaba en claro lo que deseaba.
-Hago esto porque el echo de sentir que la perdía hace unos meses me hizo creer que usted ya había muerto, y yo también, al no poder verla mas...
-Pero aquí estoy, estoy bien.
-¡¿Por cuanto tiempo?!- Preguntó abriendo nuevamente los ojos, viéndola con un dolor indescriptible. -No quiero que mis egoístas sentimientos la monopolicen pero ¡Si la pierdo quedaré vacío!, su esencia, su brillo...Todo se irá siendo un doloroso recuerdo...
Le partía el alma, su caballero mas fiel, aquel que moriría por ella si fuera necesario estaba siendo destrozado por sus propios temores y muy bien fundamentados. Alzó su mano hasta la mejilla de este que se situaba a lo alto y la acarició, un gesto que ni ella creía capaz de realizar, pero así fue.
-Es mi destino, uno cruel que la misma espada que hoy me protege me designó al ser sacada de aquella piedra. Y yo así lo acepté, es mi felicidad concluir mi historia por completo, estoy muy contenta de haber hablado con todos en la Mesa hoy, de haber podido quitarme esa carga, ese remordimiento de encima bajo el nombre de ser un mal rey.
-Arturia...- Susurró con completa confianza el rubio, al notar como su reina abría su corazón y se lo mostraba solo a el en ese jardín, o eso creía no tomando conciencia del lancero oculto tras una columna.
-Si, soy Arturia, y esta es mi leyenda, así es como debe ser. A ti también te recordaran como una, eso es seguro...Porque tu también morirás, como todos y ¿Crees que yo no me sentiría mal al respecto? ¿Crees que yo no estaría mal cuando la ultima luz de tu muerte te selle y se represente en mi espada como un ideal haciéndola mas fuerte?
-Disculpe mi ignorancia, disculpe no haber apreciado sus sentimientos también.
Su mano seguía en esa suave y cálida mejilla en la cual unas pocas lágrimas emergían haciendo aun mas celestial ese fiel rostro.
Mientras, el ignorado pensaba en esa molestia que creía incontrolable cual monstruo dentro suyo. ¿Porque? ¿Porque Arturia tenia tantos detalles para con ese caballero?. Quería interrumpirlos, o huir sin ser visto, pero ninguna de esas posibilidades era la correcta, la de alguien respetable. Se perdió un tramo de conversación, mientras se dignaba a observar nuevamente aquella escena que para el era repugnante, notó como el rubio se acercaba a la espadachín con suavidad, con una mano en su cintura mientras esta se sobresaltaba levemente.
-Perdóneme mi reina...- Escuchó susurrar a aquel valiente y sentimental hombre.
Ella no alcanzó a responder, o a preguntar el porque de esa disculpa. Unos labios sellaron los suyos con suavidad, como si se fuese a romper, como si ella fuera un delicado cristal al cual había que tratar con el mayor de los cuidados. Si, se podía afirmar prácticamente al instante que ese hombre había transmitido del todo bien sus sentimientos, mas claros que el agua, mas profundos y puros que lo que sus palabras querían anunciar. Sus ojos abiertos en sorpresa e entrecerraron hasta notar como suavemente este se apartaba no queriendo aprovecharse mas tiempo de su reina. Los labios de cierto caballero en su alcoba le hicieron recordar esos sentimientos ¿Que sintió con Diarmuid?, definitivamente era distinto. Si, Bedivere la conmovió, pero Diarmuid había acelerado su corazón como en los cuentos de doncellas y príncipes en los cuales ella nunca se había sentido partícipe. Lo admitió, quería a ese lancero, pero así como dio su cuota de verdad a eso, también acepto que era imposible avanzar mas sobre ese sentimiento y que debía ser frenado.
-Lo lamento Bedi...- No podía decir mas, no quería clavar mas la daga en el pecho de ese ángel que jugaba el papel de caballero en su vida.
-Lo se, soy feliz con el simple echo de que usted no me odie por esto y puedo asegurarle que...Mi vida es suya, incluso mas que la de Lancelot, yo me arrodillaría ante usted todos los días, horas...
-Y nunca dudé de eso, es por ello que te tengo un gran aprecio. Aun asi eso no es suficiente y por eso me disculpo contigo.
Vio la sonrisa de su querido Caballero, con una inclinación que expresaba respeto y disculpas mientras volvía a erguirse y retirarse con un adiós silencioso, contradictorio por lo triste y feliz que parecía al mismo tiempo. Ella solo sacudió su mano de un lado al otro débilmente por la culpabilidad luego de que el otro se retirara dejando ver su espalda a la distancia cruzando la salida del jardín.
-Ya puedes salir de tu escondite, Diarmuid.
¿Que? ¿Había sido descubierto?
Lo cierto es que la rubia poseía un gran instinto y pudo notar cuando se apartó de aquel beso un tenue golpe a la columna que se situaba a su izquierda ¿Y quien los había seguido en caballo?, era obvio.
-No era mi intención entrometerme.
-Claro.
-Lo digo enserio.- Mintió.
-Diarmuid...¿No planeabas que olvidemos todo? ¿Y resulta que ahora como un niño pequeño te ocultas tras mármol espiando?
-Es que no sabes lo confundido que me encuentro.- Confesó llevándose una mano a ese mechón negro como la noche que caía por su frente y estirándolo hacia atrás llamando la atención de la rubia.
-Si lo sé, porque lo mismo me sucede y porque tus acciones también delatan aquello que dices. Solo estoy pidiendo que te decidas de una buena vez, porque el tiempo corre.
-¿Que debo decidir?
-Si seguir con esta actitud o comportarte como un adulto.
-Habla la joven que tiró de la espada en su adolescencia.
-Pues a pesar de conservar una edad de adolescente he llegado a madurar mas que tu.
-¿Resulta que ahora estamos discutiendo? ¿Resulta que ahora me estas dando sermones siendo que no conoces ni siquiera lo que es amar a alguien?
-¿Y quien te ha asegurado que ahora no lo conozco?
-¿Que?
Hizo una pausa, cauteloso y pensativo.
-No me digas que tu...
La miró y ella se sorprendió ante el peso de sus propias palabras que al parecer en realidad no quería mencionar.
-¿Amas a Bedivere? ¿Porque entonces...Lo rechazaste?, hablas del enojo que te dio que yo te bese y luego decir que lo olvidemos pero permites que ese hombre te bese sin problemas mientras te toma de la cintura para luego rechazarlo a él ¿Quien te entiende?
-¡Diarmuid!- Exclamó enojada la reina, y no había que hacer enojar a Arturia Pendragon pues eso era un muy mal presagio.
Se calmó y la dejó hablar a ella nuevamente.
-Hablé de amor, amor que se puede sentir por los camaradas, mi pueblo, mis creencias y demás cosas...No del amor de un hombre a una mujer y viceversa.
Parecía un discurso bien dictado, sin aberturas y ensayado a fondo, pero se sentía muy falso y vació de sentimientos para estar hablado de algo tan profundo como el amor.
-Ya veo.- Insinuó escéptico.
-Allá tu si no me crees.
Alzó una ceja, molesta, después de todo había sido un día agotador. Comenzó a retirarse ante la mirada sorprendida de Diarmuid por la manera repentina en la que cortó todo diálogo y recogió la armadura la cual no volvió a colocarse. Y así se marchó a sus aposentos reales.
Luego de lo que parecieron siglos pero solo fueron unas horas, anunció con su corona y capa en todo su esplendor hacia su pueblo desde el balcón de su castillo, las guerras, sus disculpas por su mal reinado y sus mas sinceras gracias por ser tan buenos ciudadanos con ella a pesar de todo. Y así fue como todos conmovidos le aplaudieron con emoción. Diarmuid, con el mal sabor de estar enfadado con ella y en malos términos, aplaudió con desgano y tristeza reprimida.
Se sentía un tonto ante ella, el rey.
AUTORA: MigLi-Chan
¡Capítulo algo largo!
Bueno, ¿Era hora no?, Arturia tenía que solucionar esos problemas que la atormentaron siempre, que fueron mas profundizados en Fate/Zero.
¿Alguien recuerda a Bedivere?, era el que al final de Fate/Stay Night la ve a Arturia contra el árbol y le dice que tendrá un buen sueño, decidiendo devolver la Excalibur a la Dama del Lago. Grawain aparece en Fate/Extra y corroboré toda la historia yo misma, googleen y lo encontrarán.
Bueno, espero haya gustado, en lo personal odié un poco a Arturia y a Diarmuid pero era necesario para la historia y todo lo que se viene.
Para las fangirls de Gilgamesh les respondo que SI, va a aparecer, pero tiempo al tiempo. El será una razón de bastante peso en la historia y tendrá bien dedicados sus respectivos capítulos.
Respuesta Review:
RenKouen: Cientos de gracias por dejar tu Review, me motiva bastante y cuando me lo dejaste me diste ganas de hacer otro capitulo, asi que te va dedicado esta continuación. Es un lindo detalle que le dejes una buena reseña a mi redacción y nuevamente mil gracias.
¿Reviews?
Sayo~
