Antes que nada gracias por darle al clik y pensar en leer este fic, cualquier critica constructiva es aceptable siempre y cuando sea con el debido respeto y si tengo suerte con este fanfic y me dan reviews contestaré de inmediato, ¡espero les guste tanto como a mi me gustó escribirlo!.
CRÉDITOS: Fate Zero y sus personajes no me pertenecen
NOTA: No es que me crea gran cosa pero se de casos en los que te plagian el fic, así que agradecería que no lo atribuyan como suyo y si lo usan me den crédito, muchas gracias...Mi saludos y disfruten.
-Hey Saber...He venido a buscarte.
Seguía igual de bella, es más, ¿Porque esa hermosa rubia cambiaría?
Era de esas verdaderas joyas invaluables, que perduraban en su máximo esplendor a lo largo del tiempo. La analizó como un depredador a su presa.
¿Hace cuanto no tenía el lujo que se merecía de observarla como ahora?
Pero eso no importaba ya que...
Hoy empezaba la casa, hoy comenzaba el rapto definitivo y podría mirarla todas las veces que se le de en gana desde la vitrina de los cuartos lujosos de su palacio.
Ansiaba este momento, el olor a guerra, la deslumbrante vista, su tan planeada entrada triunfal. Podría hallarla a kilómetros, de echo, ya sabía cada uno de sus movimientos desde hacía mucho tiempo. Pero le dio la libertad, esa que nunca más volvería a hacer que recupere.
Ella no respondió, solo la vio apretar mas fuerte la empuñadura de su espada, como pensando en el siguiente movimiento. Entonces no supo como, pero la observó vacilar mientras tomaba carrera hacia él, con el filo en recto, con los ojos reluciendo dudas.
Pero no vio aquella radiante espada, tampoco a la rubia cerca, quien había iniciado la carrera a favor de su libertad. Las lanzas aparecieron antes, bloqueando todo camino de la fémina, abalanzándose feroces. Los nudillos, pálidos como la piel de un cuerpo yaciente en su féretro, contrarrestaban con el rojo y el amarillo de aquellos objetos de guerra.
-No dejaré que te la lleves.- Fueron las palabras decididas de un valeroso hombre, que perdía la lanza derecha en un arrebato por hundirla en su piel sin pensar en las miles del armas que poseía el otro para contrarrestar ese echo.
Nadie, nada o algo, podría contra su poder.
¿Tan difícil era entenderlo?, ¿Porque simplemente se rendían en vez de gastar energía innecesaria?
Estaba cantada su victoria, el ya lo sabía.
-¿Que no me dejarás qué?- Preguntó, con obviedad, haciéndose el total desentendido.
Y es que no necesitaba moverse ni un sólo centímetro, todo era tan simple...Su cerebro formulaba el ataque, y este se cumplía a la perfección.
Un hacha, de porte medieval y grabados dorados, dio contra aquella lanza, y luego contra la espada de la rubia quien, al parecer había echo su elección.
No le hizo falta hablar, la ira de tener que lidiar nuevamente con aquel ser de oro le hacía hervir la sangre. Aún así, se preguntaba porque en un solo segundo, había dudado de su avance. Quería su libertad y deshacerse tarde o temprano de ese hombre después de todo, pero...Aquel extraño sueño la tenía en tela de juicio. Era algo magnético, era un odio mezclado con otra fragancia, una intensa, pero que no lograba discernir, la desconocía, era algo completamente nuevo.
-Se llama...Atracción.- Susurró el rubio repentinamente a su costado.
¿En que momento había llegado el allí?
Escuchó mas explosiones, parecían ser a los costados del castillos, puestos estratégicos a su beneficio, pues los hombres mas fuertes se situaban allí. No sabía o desconocía el motivo tan estúpido como para atacar los sectores fuertes primero. Por otro lado, los destellos de flechas incendiaras volando por sobre los enormes muros, eran algo que hace mucho no veía en su propio hogar. Y sintió aquello, aquello que hace mucho no experimentaba: Temor.
Sus hombres, los campesinos inocentes, los invaluables lugares llenos de recuerdos de su infancia como un ser común y corriente, todo peligraba...Todo.
Ella tenía que ir, a ayudar a sus caballeros, a terminar todo. Perder el tiempo con el rubio le hacía perder consciencia de la realidad allí afuera.
Eran muchas cosas en las que pensar a medida que su filo chocaba con los restantes, en una pelea absurda al nunca poder llegar a su objetivo.
El maldito, tenía defensa y ataque en una sola arma, que convergía en muchas más. Era frustrante, y más frustrante aún...No poder relucir todo el poder de su espada. Después de todo, estaban en campo de batalla cerrado que no podría contener el poder explosivo de su Excalibur.
¿Cuantos hombres había traído Gilgamesh? ¿Cuanto armamento? ¿Cual era el plan estratégico? ¿Porque atacar las zonas mas fuertes? ¿Cual era su siguiente movimiento? ¿Que pasaba por su mente en este momento? ¿Donde se situaban sus puntos débiles? ¿Siquiera tenía puntos débiles?
...
¿Atracción?
¿Que significaba esa palabra?, ¿Porque ese ser repugnante la usaba?
Rugió, como una leona protegiendo a sus cachorros, sus piernas pisaron el suelo como si fuera de un irrompible diamante. Todo perdió tamaño y forma, solo lo veía a el, con sus destellos amarillos. Otras lanzas a sus costados se hicieron presentes.
Atacaron simultáneamente, entonces parecieron al menos rozar mínimamente la linea de llegada en la carrera.
Las lanzas le habían abierto el paso, y pudo llegar hasta él, quien en vez de atacar, extendió los brazos.
-Te estaba esperando, Arturia.- Sonrió, entonces sus perlas blancas eclipsaron la armadura dorada.
-¡Es una trampa, recuerda las cadenas!
-¡Las cadenas!- Gritó la rubia, como pisando el freno.
Su pié derecho marcó el fin del camino corriendo, su pulso se aceleró, su respiración se marchó, su espada...Su espada era sujetada como una prolongación de su brazo. Un sable, hermoso y decorado, iba a impactar contra ella.
Lo supuso, que ese hombre sería hasta capaz de dañarla para llevársela.
Ella era un trofeo...Los trofeos pueden restaurarse luego, aun siendo dañados con antelación.
Corrió hacia el costado derecho, otro sable se aproximaba.
Ese hombre, oscuro, imponente, sus infinitas armas...Habría sido un buen aliado, de no ser un rey que poseía el defecto de llamarse a si mismo Dios.
La maniobra había funcionado, mientras el caos seguía persistiendo, y el ala derecha del castillo había sido invadida. De seguro resistían sus valerosos hombres, carcomiéndose en ganas de ir a rescatar a su reina, pero era mejor así; que se quedaran allí protegiendo la delantera. Por una reina no se podía arriesgar todo el tablero. Ella pensaba al contrario del juego de ajedrez, así fue siempre, así de contradictoria, luego es que por pensamientos como estos, los demás reyes la juzgaban.
Iba a seguir luchando, para que nadie tuviese que preocuparse de ella. Había ignorado su alrededor, lo había descuidado, no estaba pensando en alguien a su lado: Diarmuid.
Lo observó, aún fresco, decidido...¿Con furia?
-¡Dije que no ibas a llevartela!
-Pero que perro mas iluso...Yo vengo a llevarme lo que es mio, ¡No creas que tu, sucio, puedes arrebatármela! ¡Es mi tesoro!
-¡No soy de nadie!- Reclamó, exaltando a ambos, pues la reina no era reconocida precisamente por gritar si no era para nombrar a su espada en el golpe final. -¡La vida es mia! ¡Todo de mí me pertenece!, y no voy a permitir que tú, sin escrúpulos, ideales y alma, quieras arrebatarme lo único de lo que estoy segura que me pertenece: Mi orgullo de rey, mis ideales y mi vida en este castillo. ¡No permitiré que manches el nombre de Arturia Pendragon!
Sus ojos, de no ser verdes, reflejarían un intenso rojo, un rojo sangre, mas profundo que aquellos ojos del rubio. Eso movía su corazón, ese verde desafiante y decidido lo hacía bailar, le brindaba esas ganas de monopolizarla que tanto le agradaban. Era el más divertido de sus juegos.
Esa rubia le robaba el aliento, y debía hacerse responsable por ello. No había que arrebatarle nada al gran Gilgamesh, y ella lo hacía, a cada paso, a cada sílaba de sus palabras, cada vez que batía esa espada. Debía pagar por ello, por robarle su pensar, sus miradas...
-Eres mía.- Aseguró de manera aplastante, en dos simples palabras.
Entonces decidió moverse, porque si el no lo hacía, alguien más se llevaría el premio. Era una tarea que no podría encomendarle a nadie mas. Caminó, mientras los otros dos retrocedían. Su tranquilidad era envidiable, dura como el oro, su supremacía era aplastante, y cada paso parecía hacer resonar todo el castillo. Moverse de aquel lugar, lejos de su trono de comodidad, hacía a Gran Bretaña retumbar bajo sus pies.
Acumuló aire en sus pulmones, y se repitió que no abandonaría aquel castillo. El lancero, notando tan delicadas y hermosas facciones ser perturbadas por la ira e impotencia, se abalanzó una vez más contra el rubio. Tantos intentos fallidos, pero esta vez llegaría.
Se impulsó, clavó la lanza en el suelo y se impulsó por arriba como si fuera una jabalina. Llegó de un salto ante el aún calmado Rey de Héroes y toda la lanza se fue hacia atrás de su espalda, tomando un enorme impulso con gran fuerza, que logró hacer sólo un pequeño rasguño en la placa dorada que cubría su ante brazo, pues un machete de plata, frenó con igual o inclusive mas fuerza, la estocada del primer caballero.
La rubia no perdió la oportunidad, con espada en mano, aprovechó la apertura indefensa al costado derecho del Rey. Estaba lista para aquello, pero no tuvo en cuenta cuanta cercanía había tomado, nunca creyó, que él correría.
Gilgamesh, había tomado impulso, dejando desconcertado al lancero y luchando con varias armas mas que se dirigían solas hacia él, encaró a la Reina. Rápido y sagaz, tomó una de sus tantas armas en mano y la manejó por si solo.
Era increíble, ver como por fin chocarían espadas como reyes, sin tener que luchar contra un arma que se manejaba sola.
-¡Prepárate!- Exclamó la rubia, tambaleante en su decisión por la enorme sonrisa del contrario, que parecía ensancharse a medida que se acercaba a pasos agigantados hacia ella.
-¡Mi reina!- Escuchó gritar de forma ahogada, mientras tres dagas se acercaban a ella y su cuello.
Ese rey, casi llegando, se había desviado del camino. Corrió a su costado con una sonrisa triunfal, en cámara lenta, la roja capa flameaba a su vista, destapando lo que podría ser la causa de su prematura muerte. El instinto de supervivencia hizo que intente apartarse, mas parecía caer hacia abajo, causando que las dagas amenacen impactar su cabeza.
Vio la sangre chorrear de ella.
-¿Ya estoy muerta?- Preguntó.
No sentía dolor y el suelo seguía viéndose con claridad. Los colores aún permanecían nítidos, y criteriosamente, conservaba la lucidez de los sonidos a su alrededor.
Quizá estaba en estado de shock, imaginando sangre que salía de su cabeza, mas no era así.
Un chorro de sangre calló frente a ella, mientras se oían las ahorcadas de alguien sobre su persona, mientras esta se situaba de rodillas en el suelo.
Esa sensación casi olvidada se hizo mas notoria: Miedo, y más miedo.
No quería levantar la cabeza, no quería ver lo que sucedía allí arriba, estaba en el inicio de una enorme negación. No deseaba ver el caos que se situaba allí arriba.
Su mano pequeña en el suelo temblaba, tocaba la sangre diseminandola aún mas en el suelo.
Estaba tibia, estaba...
Sus mechones rubios ensangrentados comenzaban a nublar su vista, y veía todo temblando bajo sus pies. Poco a poco, comenzó a fijar la vista hacia adelante.
¿Acaso había sucedido algo con Diarmuid?
-¿Diarmuid?- Preguntó para asegurarse, mientras otro estruendo la ensordecía.
Unos zapatos de metal se hicieron presentes, luego el uniforme, aquel que reconocería en cualquier momento, en cualquier lugar. Aquel uniforme que la llenaba de orgullo de tan solo verlo, ese que demostraba que era un Rey que nunca estaría solo...Hasta ahora.
Los cabellos plateados caían hacia abajo, su cuerpo se estremecía de dolor. Las dagas habían atravesando muy cerca de su corazón y estómago. Sus piernas flaqueaban y la palidez comenzaba a inundar la piel de su rostro.
-¡Bedivere!- Preocupada, dio un enorme salto, topándose con un Gilgamesh que amenazaba con una espada el pescuezo de su amado caballero.
Quiso tomar su espada, pero en algún momento de esa cámara lenta y rápida, la había arrojado hacia el costado donde se situaba Gil en post de correr sin peso, más rápido para no morir. Grave error.
Un error fatal.
El rubio ya había jugado sus cartas, su fiel amigo, fuerte como él mismo, estaba ocupándose de un agotado Diarmuid, con la Excalibur en su mano izquierda y en la derecha uno de sus tantos despreciables y a la vez hermosos tesoros, apuntando mortal al cuello de su caballero.
-Suéltalo.
-Mi reina...Yo...Daría la vida por usted...Huya por favor...- Su aliento y voz eran débiles debido a las circunstancias, pero aún así, el eterno respeto y afecto que profesaban sus palabras, no eran acalladas ni al borde de la muerte.
"No puedo...", pensó.
-¡Huye Arturia!- Ordenó el lancero, abatido por el poder abrumador del enigmático peli-verde que arremetía sin piedad contra el primer caballero. -¡Tu pueblo te necesita viva, en Inglaterra!
Cerró los ojos, apretó los puños y se dirigió frente a frente hacia aquél hombre, con el filo de la espada rozando ahora su cuello, y el de Bedivere, que estaba agachado a punto de caer debido al dolor.
Este, tomó con una fuerza casi nula, el brazo de su reina, rogando con ese simple gesto que se retirara, manchando la vestimenta con su propia sangre. Pero lo sabía, ella era necia, y nunca dejaría que su nación caiga por su culpa, o que sus amados caballeros murieran por protegerla de algo tan absurdo como un rapto. Justamente es por eso, que la admiraba y amaba.
Estaba al borde de las lágrimas, su caballero necesitaba urgente una atención médica, los soldados allí afuera necesitaban refuerzos y que ella los guíe a la victoria. El castillo, con solo dos bombardeos más, caería. Ya sabía porque el fuerte mas preparado era el primero en ser atacado: No quería caballeros fuertes que fueran a socorrerla como lo era el de cabellos platinados, era todo una distracción, para que el realmente fuerte de las tropas contrarias, se la llevara: Gilgamesh. De seguro, ese rubio demoníaco, había llevado a hombres débiles de cebo, pero que superaban el triple de veces a las armadas que poseía la rubia en sus filas. Después de todo, para Gilgamesh, todas eran piezas de ajedrez, y teniendo el ochenta porciento del mundo a su disposición, podría usar tantas como quiera.
-Eres despreciable.- Aseguró con ira, tomando el débil brazo de su caballero en un intento de mantenerlo en pie, y fuerte moralmente ante la adversidad del dolor.
-¿Eso importa para alguien que ya está condenada?- Con suficiencia, agrietó en rojo el cuello de aquel valeroso hombre, inculcando mas presión en Pendragón.
Diarmuid, también estaba siendo acorralado, no le quedaba mucho tiempo.
-¿A que más esperas?, marchémonos, Saber.
No había otra opción, ¿O si?
Estaba acorralada, como un león enjaulado, como un simple ignorante atrapado en su propia casa. Era denigrante.
Su orgullo, sus hombres y su pueblo, estaban siendo humillados con un simple filo y unos miles de hombres inexpertos.
Era absurdo, hasta quería reír por lo irónico. Gran Bretaña era sinónimo de gloria, esplendor y caballería, ahora, bajo un par de movimientos de un sólo hombre que había reinado antes que ella, todo estaba de pies para arriba.
-Marchémonos.- Bufó, con resentimiento, con pesadez, con una furia que le hacía hervir la sangre, arrepintiéndose de pronunciar esa palabra al instante, mas debía soportarlo.
-¡Arturia, no!- El lancero, en el suelo, veía como el filo se alejaba de Bedivere y como este caía como un enorme armario sobre la menuda rubia, que lo sostenía en brazos como una madre cálida y bondadosa.
-Volveré, lo prom- Un golpe fue asestado en su nuca, causado por Enkidu, el fiel amigo peli-verde de Gilgamesh.
-Bien echo, diles a todos que se retiren, no necesito este país- Hizo una pausa y miró con desprecio a aquel costal de papas arrojado en el suelo. -Y llévate a ese perro sucio, será nuestro prisionero.
-Como ordenes.- Acomodó su larga cabellera y tomó a el lancero del brazo, arrastrándolo por el suelo.
-Suéltame, asexual.- Burló, refiriéndose al indefinido género de aquella persona extraña.
Mas nada salió del los labios de aquel contrario/a, mas bien parecía ignorar todo a su alrededor, exceptuando a aquel rubio, como si su vida le perteneciera y fuera devota solo a aquel Rey. Inclusive en la lucha, parecía absorto en los movimientos del contrario pasos mas hacia atrás. Y aún así ganó.
Era poderoso, desconocido, y de haber luchado enserio, el...Admitía que ya habría estado muerto.
-Maldita sea.- Susurró, preguntándose que sería del futuro de ambos, como haría ahora para rescatar a Arturia si se sentía tan débil. Regañándose una y mil veces por no haber podido hacer mas para que la situación no llegara hasta ese punto.
¿Que repugnancias le haría aquel engreído a la hermosa reina?
-Devuélveme a Arturia...-Su voz fue un susurro, intentando mantener oculta una súplica.
-¡Ja!, habla quien nunca ha reclamado a esta mujer como suya, ¿Que puede opinar un ex lacayo mio sobre "devolver"?, no oses tocar lo que es mio, no oses observarlo, si quiera anhelarlo desde la distancia...Porque me adueñe, me pertenece por derecho y...Voy a marcarla como mía.
Aseguró, y hablaba muy enserio, haciendo que repentinamente, aquel hombre dotado con el don o maldición de la belleza, saque fuerzas repentinas por la ira y se abalance contra Gilgamesh.
Se sorprendió, retrocedió hacia atrás y entonces, una estocada con una espada fue necesaria para calmar a aquel hombre.
-Ar...turia...- Seguía consciente, pero sus fuerzas tal como habían venido, se fueron: Repentinamente.
El rubio, con la reina a cuestas sobre su hombro, caminó por el sendero de cadáveres que se situaba en la salida derecha del castillo.
-¿Llegaron a Camelot?- Preguntó a un guerrero aún vivo que se arrodilló como lacra inservible ante sus pies.
-No señor, pero si quiere vamos señor...Todos estamos haciendo un buen trabajo señor.- Besó sus pies de oro y mientras se reverenciaba varias veces.
-Escoria inútil, detengan todo.- Ordenó y le pateó el rostro a aquel humano molesto, volándole algún que otro diente.
-¡Si señor!- Respondió fervientemente, ignorando como si no hubiese pasado aquel golpe. Es mas, que el rey lo golpeara se había sentido como un orgullo, ya que al menos había recibido algo de atención por parte de él.
¿Porque preguntar si habían llegado a Camelot? ¿Porque detener todo? ¿Porque no haber matado a Bedivere?
La rubia lo odiaría, como ahora.
-¡Mi reina!- Merlín se acercaba a paso rápido.
El no podía luchar, pero su magia para curación y defensa eran la élite de la élite dentro del reino, o quizá el mundo. Bajo un hechizo de despertar, le abrió los ojos a la reina, justo en la salida que delimitaba el castillo, y la frontera con el mundo de Gilgamesh.
-Mer...lin?- Preguntó parpadeando, y viendo que colgando hacia abajo por sobre el hombro de aquel hombre, una montaña de cadáveres se situaba.
-¡Reina!- Respondió, siendo retenido de su encuentro por uno de los soldados del Rey de Héroes.
Era usual, ¿Cuantas veces había presenciado aquella escena?
Cientas, miles.
Pero ver su castillo a solo unos metros, era doloroso, porque no pudo hacer nada, porque no pudo dirigirlos. Porque murieron por causas bajas, como lo era tener que luchar contra un secuestrador obsesionado y engreído, que era de la moral mas baja existente.
-¡Mis hombres! ¡Mi reino! ¡Suéltame, suéltame!- Exigió pataleando y viendo la espada sagrada colgar de la mano de aquel tirano. Se estaba comportando como la niña que era, y lo sabía pero ¿Que había que perder mas de lo que ya había perdido? -¡Devuélveme lo que me has arrebatado!
Trató de conseguirla, mas su altura no le permitía descender el brazo hasta lograr tomar a su fuente de seguridad en manos. El dolor agolpado, la abrumaba, las lágrimas le hacían ver borroso.
¿Cuántos hombres caídos en vano?, de ambas partes. Pobres ilusos bajo los mandos de aquel nefasto ser rubio.
Guardó para sí un suspiro pesado, hasta que notó como ese ser de cabellos verdes traía consigo a un desfalleciente Diarmuid, con el deshonor de tener aún la espada clavada en el estómago.
-¡Diarmuid!, ¡Diarmuid!
Estaba despierto, pero no respondía, como absorto en su mundo.
-No permitiré que llames a ese inmundo ante mi presencia, calla la boca.
-¡Bájame!, deja todo como estaba antes de que llegaras.
-Ah~, Saber...Me gusta tu ingenuidad y sentimentalismo de ahora, rogando por tus hombres, por tu hogar...Que niña mas entretenida.
-Me raptaste, me degradaste a nada en mi propio reino...NUNCA TE LO VOY A PERDONAR.- Recalcó, y notó como sus palabras surtieron efecto.
¿De repente había una mirada insegura en aquel rostro siempre tan altivo?
-No te he raptado, soy tu rey, tu dueño, y he venido a llevarte conmigo, a mi Edén. Despídete de tus muertos mientras nos vamos.
Rió, saliendo de su trance de solo unos segundos.
Era inquietante, como la furia de la reina, calaba en el hasta causarle molestia, aunque no lo quisiese admitir, las palabras de esa mujer nunca lo dejaban indiferente como hubiese querido. Y era ese uno de los tantos motivos por los cuales se la llevaba.
Pero ese día había echo un enorme logro, aun matando a centenares de soldados no sentía la culpa, pues el premio estaba asegurado sobre su hombro, y lo disfrutaría una, miles, infinitas eternidades. Como un trofeo de caza.
Esa mujer, su gloria y todo lo que significaba, pendía de un hilo, un hilo dorado llamado Gilgamesh. Fue un asalto, un rapto, el robo mas grande a Gran Bretaña.
Y el tesoro había sido de un pirata bajo el nombre de Rey de Héroes, un Héroe en rescatar lo que era suyo.
AUTORA: MigLi-Chan
¡Hey! ¡Yo!, si si, esa olvidada por el mundo. Empecé un empleo, mas mis estudios...La combinación mortal para una "escritora", ya saben, aparte de que Sra. Inspiración toca a la puerta cuando le da en gana y ¡PLAM!, le tengo que cerrar la puerta en la cara y decirle: "Vení después", se va, se ofende y regresa en intervalos no convenientes de tiempo y no siempre para los mismos fics, es aleatoria la muy perra, voy a nalguearla a ver si se le va el desperfecto.
En fin, ¿Que tal? ¿Como les va? ¿Que les pareció?
Quiero agregar más al público, así que si tienen sugerencias de como será la vida de prisionera de Arturia (Que por cierto esto fue un golpe muy bajo para ella, ¡odio a raudales!), ¡Sugieran!, aún si no tienen cuenta siempre leo los reviews, NO POR NO TENER CUENTA SE PUEDE DEJAR DE COMENTAR, cabe aclarar.
Bueno, eso es todo, saben que las luchas se me dan fatal así que, es un desastre desastroso que tenía que si o sí hacer para continuar con la historia, era mi obligación de hilo secuencial y narrativa el escribir esto aunque me salga mal, si no no avanzo.
Ah, respecto a Enkidu, para quienes no la o lo conozcan, googleen, es interesante, porque existe realmente en el mundo de Fate, al igual que Bedivere y todos los nombrados hasta ahora. Puede que los personajes me queden Ooc, pero no coloco nunca extras de mi propia autoría, para eso tengo Wattpad.
Y hablando de Wattpad, en mi cuenta tengo relatos cortos míos y una historia Yaoi en proceso, si gustan pasar, el link está en mi perfil, si no soy: BeatsTriz
Pienso seriamente subir mis fics de Fanfiction a Wattpad, por si las dudas, y porque es más fácil actualizar desde el celular por esa página, ya que no tengo tiempo de tocar mi notebook como ahora que me estoy saltando clases (que malota), pero el tema es que siempre Fanfiction lo relaciono a los Fanfics, y Wattpad a historias propias, no puedo salir de ese bucle.
¿Revs? ¡Saben que me motivan!
Sayo~
