Antes que nada gracias por darle al clik y pensar en leer este fic, cualquier critica constructiva es aceptable siempre y cuando sea con el debido respeto y si tengo suerte con este fanfic y me dan reviews contestaré de inmediato, ¡espero les guste tanto como a mi me gustó escribirlo!.
CRÉDITOS: Fate Zero y sus personajes no me pertenecen
NOTA: No es que me crea gran cosa pero se de casos en los que te plagian el fic, así que agradecería que no lo atribuyan como suyo y si lo usan me den crédito, muchas gracias...Mi saludos y disfruten.
Parecía un completo deja vú. No era descabellado pensar que quizá se trataba de alguna nueva pesadilla, un tanto inusual, pero una al fin al cabo. Pero no, ese color seguía estando ahí, y parecía que todo iba en espiral de adelante hacia atrás y viceversa, quedando en el punto de partida 0, donde todo comenzaba nuevamente. ¿Era algún tipo de castigo, o que?, porque si era eso, se preguntaba que había echo de odioso para recibir tal tortura mental. ¿Porque quien dijo que el estrés no era otro método de clara tortura?
El oro no tardó en aparecer, y se preguntó cual sería su futuro allí. Su fiel compañera dorada y azul, no estaba por ninguna parte. Esta vez no habría forma de recurrir a su sagrada Excalibur para salvarse el pellejo de la gran cantidad de infortunios que vendrían en el paquete que traía solo una persona. Si, era increíble como solo un ser humano -si es que a eso se lo podía considerar tal- podía sacar de quicio a la mismísima reina de Gran Bretaña. Aún recordaba los pequeños montones de cadáveres, que asemejaban grandes vidas muertas, también la desolación grabada en cada campesino que se acercaba a ayudar a los caídos en guerra, una insulsa, injustificada y pequeña guerra amarga. Era una punzada, al comienzo de dolor, luego...El rencor se habría paso, y como en las peleas de cantina, le daban ganas de tomar en sus delicadas manos cada objeto de la habitación y partircelos en la nuca o cada vertebra de la columna. Era algo sádico para su gusto pensar en un deseo mediocre y montruoso como ese, tan incivilizado pero...Lo merecía, el había creado al monstruo. ¡QUE-SE-HA-GA-CAR-GO!, gritó en su interior.
Se sentó en la que admitía como una cómoda cama mega king size. Bajó los hombros resignada, pero enseguida, su atento oído casi biónico, escuchó unos pasos acercarse por el hall del relativo palacio, aún no lo había visto con mucha atención para llamarlo como tal, contando esa ocasión de huida con Diarmuid, pero, ¿Gilgamesh en algo que no era un castillo, palacio, etc?, imposible. Se puso en guardia, por un breve lapsus de tiempo, olvidando que la empuñadura de su espada ya no existía en sus manos. Se mordió el labio, era frustrante. Quizá y solo quizá, hacerse la dormida era mejor, y encima requería menos esfuerzos, solo las buenas dotes de la actuación y listo, ese rubio no la molestaría al menos en unas horas. Se veía venir todo nublado, ahora todo tendría que ser así, pensando constantemente en como librarse al menos unas horas. y luego otras, y otras, y así sucesivamente. El ciclo infinito, el cuento de nunca acabar, la pesadilla eterna y agonizante. Se recostó, cerró los ojos y fingió dormir en posición semi-fetal, incluso interrogándose si fingir algun que otro ronquido, digamos para hacer de eso un condimento un poco mas realista. ¿Como se fingía dormir?
-No finjas.- Escuchó decir a una voz, relativamente a un metro y cuarenta centímetros de ella, no se escuchaba armadura, eran pasos leves como de cincuenta kilos o quizá un poco mas. Ese no era el rubio.
Abrió un ojo, solo precisaba uno para demostrar curiosidad que hubiera preferido ocultar, también solo precisó ese ojo para decir con la mirada que claramente era un enorme disgusto estar donde estaba actualmente. Se levantó, sintiendo como todo debajo de ella se mullía adquiriendo la forma de su delicado cuerpo. Su vista, se topó con aquel ser misterioso, cercano al niño engreído que se hacia llamar a si mismo con mucha osadía, rey. Parecía no sentir nada, parecía indescifrable, como si los sentimientos fueran una parte desechada de su sistema. ¿Quizás quienes rodeaban a aquel rey eran el fiel reflejo de aquel monarca?, probablemente...Probablemente así fuese. Observó mejor, apartando la atención a la figura de cabellos largos, una bandeja de comida, se presentaba por si sola de manera majestuosa a unos pasos de ella. Hasta que no la vio, no había podido percatarse de su presencia, y como en automático, soltó los nervios y permitió recibir las sensaciones olfativas del aroma exquisito que desprendía esta en un humeante humo.
-Tome.- Tomó su mano descaradamente, la extendió y su armadura gris resonó al chocar con una campanilla de oro. -Llame si necesita algo, lo que sea a su disposición.
-¿La libertad?- Preguntó irónica y mientras sacudía la campanilla casi en forma de burla. El rencor era palpable.
Y ese sujeto, que era el capaz de hacer que ese rencor se pueda materializar y cortar en el ambiente para quedarse un trozo, apareció.
-Me temo que ese es el único servicio a la habitación que no esta disponible ningún día.
No lo escuchó entrar, su armadura no estaba, a cambio...¿Una atrayente toga blanca?
Espera, ¿Atrayente?, el sueño de aquella noche definitivamente le había echo mal. ¿Aquella noche?, había sido exactamente ayer.
-Exactamente ayer...-Susurró llamando la atención del mismísimo rey de héroes. -Yo poseía algo que legalmente en mi país, se llama LIBERTAD, me corresponde, es derecho y por si tu obstruida mente no ha logrado hacer sinapsis entre las neuronas, te aviso que has raptado ni mas ni menos que a la rei-
-¡Shhhhhhhhhh!- Exclamó el rey, y su compinche lo imitó a la perfección. Lo que le faltaba, ahora timing perfecto entre los "amigos secuestradores". -Saber, Saber, querida mía...
¿Querida mía?, tembló de rabia.
-Ahora estás en, como decirlo, MI territorio...Mi tierra, mis leyes, ¿Eso es igual a...?- Dejó la pregunta suspendida en el aire, mientras el comentario con citas sobre descubrimientos en la ciencia de la modernidad de la contraria le causaba gracia que se dignaba al menos a ocultar . No quería ver a esa mujer enojada, aun.
-Igual a libertad suprimida.- Aseguró el de cabellos verdes, haciendo una reverencia ante su rey y retirándose de la habitación.
El dueño del cuarto sonrió con suficiencia, agradeciendo internamente esa comunicación telepática que podía tener con su confidente y único amigo. A leguas, el era esa única y sabia elección de la cual no se arrepentía, aún así...Puede que su nueva y brillante adquisición ocupe el mismo merito si todo llegaba a marchar sobre ruedas. No, claro que iba a marchar sobre ruedas, después de todo...¿No se estaba encargando personalmente de este peculiar asunto para que así fuese?, se extrañó ante la mirada dubitativa de la contraria sobre su cama, que parecía ser mejor plato servido que el de la charola.
-Carne humeante, los mejores manjares alrededor, justo para un león.- Aseguró sentándose al lado de ella.
-Puede que, como no poseo garras, te desgarre con mi espada, aunque claro...- Hizo una pausa, y lo miró con desdén. -Definitivamente eres un pedazo de carne que no osaría a probar personalmente nunca en mi vida.
-La gatita tiene garras, pero tocan a alguno de sus cachorros y se entrega a la hiena...Eres débil, tus ideales te hacen así, renuncia.
¿Renunciar?, apretó los puños con fuerza, se levantó con la misma reflejada en sus pies y tomó la tapa de la bandeja que contenía la carne humeante. No faltó mucho para casi darle una bofetada en la cara con el oro que componía ese utensilio de cocina. Pero este, hábil, lo esquivo en pocos segundos, conservando una mirada carente de expresión pero que ocultaba un pequeño sobresalto de fondo.
-No te atrevas a hablar de mis caballeros.- Sentenció y se cruzó de brazos, decidiendo ignorar la comida. Sabía que así se estaría haciendo daño a ella al no comer, al debilitar su organismo atrasando mas sus planes de huida, pero su orgullo no aceptaría ese banquete que fácilmente le caería indigesto por las manos de quien provenía. Eso, notó en un segundo, que molestó al gran monarca, quien puso un gesto de desaprobación al instante.
-Come.- Insistió tomando una porción del filete y acercándosela al rostro. Era un enorme trozo sin cortar. ¿Cuan pocos modales podía tener para con una reina? ¿Realmente creía que era un león que comería la porción con los dientes sin cortarlo antes?
-¿Por quien me tomas?- Preguntó indignada. -¿Porque no lo comes tu y mueres atragantado, de paso?
-Aparte de garras, colmillos, ¿Verdad?, es una lastima...- La miró con sus ojos rojos en profundidad. -...Que tengas a un experto cazador enfrente.
-Pues, nunca le ganarás al rey de la selva.
-Pues te tendré a mis pies, ronroneando, exigiendo que juegue contigo.- Aseguró de manera aplastante, levantándose de la mullida cama y haciendo que esta subiera un poco mas, alarmando a Arturia. Se fue, cerrando la puerta de su propia habitación, mientras el estomago de una pobre reina rubia, grunía en complicidad con sus ojos, que observaban deseosos el platillo caliente.
-¿Seria...Un desperdicio que se enfríe?- Preguntó al aire, mas este no le respondió con palabras, simplemente con una brisa desde la ventana que le llevaba mas el olor exquisito a las fosas nasales. -¡No!
Miró la ventana, era mejor lo que anunciaba la brisa a los olores que traía. Si había una ventana, había un escape, si habría un escape, podría intentarlo. ¿Que perdía? Lento, pero seguro, se deshizo de los zapatos que componían su armadura, procurando hacer el mas mínimo ruido. Primero debía buscar su Excalibur, por muchísima lógica, pero, si no huía cuando se presentaba la oportunidad, nunca llegaría a ver nuevamente a su pueblo, sus caballeros y a saldar cuentas con Diarmuid.
¿Como estaría aquel hombre? ¿Muy herido?
Una mueca de profunda preocupación surcó su rostro. Miró por la ventana, algo nublada de pensamientos. Podría saltar de ahí, podría hacerlo, ignorando las cinco plantas de pisos que la alejaban en altura del césped. Era el precio a pagar por poder desplegar las alas y considerarse una mujer libre. Contuvo la respiración, un pie ya colgaba fuera de la cornisa que componía la piedra maciza del castillo. Mirar hacia abajo era temerario, la hermosura de un jardín interno como los que ella poseía, le hizo suponer que debería pasar mas obstáculos hasta encontrar una puerta que la deje huir totalmente. Mas los enormes arbustos de flores con espinas, parecían advertirle que saltar, no era buena idea. Si tan solo pudiera materializar dragones de las leyendas o poseer sus habilidades de montura intactas, saldría volando y ya.
-¿Los leones pueden caer de pie desde tanta altura?, yo que tu...Me lo pensaría.
Cortó burlón el rubio quien cruzado con sus fuertes brazos sobre sus pectorales, lo miraba divertido desde el marco de la puerta. Parecía regocijarse con su nueva adquisición y la rubia pensó que era mejor resignar las habilidades de montura y tener la habilidad de Lancelot en su modo Berserk, en la cual podía hacer de cualquier objeto una potente arma, y no tendría que recurrir a esas peleas de cantina de un inicio, tendría mas clase y comodidad, aunque a base de su propia estabilidad mental, claro. Ese valor no era un pago a negociar como reina, que era una autoridad obligada a estar sumamente cuerda. Y entonces, sin mas, abandonando todo divague mental, dominando los deseos de no hacerlo, apartando las miradas sobre si, saltó.
Saltó al destino.
Mas solo fue una ilusión. En menos de un segundo, unas poderosas manos, la tenían sujeta de la cintura, mientras sentía el resto del cuerpo no sujetado, ser atraído por la fuerza de gravedad del suelo bajo sus pies.
-No.- Sentenció el rubio.
Ella, lo miró altiva.
-Mis tesoros no se estrellan, no se dañan.- Aseguró dando un tirón y arrastrándola consigo nuevamente dentro de su habitación.
Ese momento, era desazón. Lo observó, ese rotundo "no", había sonado casi a una autoritaria orden que debía cumplir por inercia. Las redes de ese hombre en definitiva, eran tan resistentes y eclipsantes como el oro. Pero su propio orgullo, siempre era una capa protectora que mientras la conservara, la salvaría constantes veces de caer en ellas. Clavó su verde en el, como si fuera una nueva espada en su inventario de poderes, mas con frustración, notó que no movió ni un solo pelo de alarma en el contrario. Un digno adversario ante las miradas mas mortíferas de la temida, en muchos lugares, Pendragon.
-Con esa arrogancia absurda, habrás destruido a cientos de personas, ¿Verdad?- Fue sencilla, incluso una pregunta que mas que juzgar, preguntaba en busca de culpabilidad en el contrario, algún punto débil, algo que reprochar.
-No.- Nuevamente una negación que casi parecía un orden de los command seals, como si fuera su master y ella el servant, como si esa simple negativa pudiera mandar en ella tan fácil. -Eres el primer tesoro que es un humano en este palacio...Eres toda una novedad.
-No soy un objeto...- Susurró, con ira, impotencia, sintiendo como el calor de la comida se iba, enfriándose tanto o un poco menos que los rostros gélidos de ambos reyes.
No hubo respuesta, o quizá ese gesto que la dejó sorprendida, lo había sido muy a su manera, muy a lo Gilgamesh, un estilo misterioso que hasta ahora, en ámbitos como la guerra, no había llegado a conocer. Claro estaba, que al no poseer su armadura, tenía gran parte de piel al descubierto. Sus manos, que mostraban con sus dedos prensiles que no era un estúpido mono, permanecían desnudas, y por si se consideraba loca o de mal vista, pudo comprobarlo cuando la piel de su mejilla, sintió una cálida textura. Era suave, era...¿Era él?, esa mano, esos dedos acariciando lo contrastante de su frialdad. Ahora ella, era el témpano de hielo, conservado y protegido tras una armadura real. Sin embargo, ¿Porque se sentía mas desnuda que el?, ¿Porque no estaban esos comentarios arrogantes?, ¿Esas frases monopolizadoras?, tal vez se trataba de que ese gesto, era una suave forma de ser dominante. Casi parecía que tanta suavidad, casi imperceptible como una rápida pluma agitada por el viento, ejercía el efecto contrario de sedarla y dominarla. Era un arranque de debilidad, era la inexperiencia como mujer, que la dejaba totalmente en vilo, totalmente confundida ante un gesto tan desconocido, intimo.
-¿Gil...- Iba a continuar la prolongación de su nombre, más el nombrado la silenció.
-Shh, tal parece que planeas usar el camino difícil. Haré que te preparen otro platillo de comida, si ese no te agrada.
-¿Planeas concederme los gustos?, ¿Alguien siquiera puede entenderte? ¿No responderás a la parte en la que dije que claramente no era un objeto?
El quedó en silencio, lo que la enervó aun mas. Palideció en dudas y vio como se alejaba de espaldas a ella, frenando una vez alcanzada cierta distancia cerca de la puerta.
-No seas tan temeraria, ¿Cuantos guardias crees que hay?, no ibas a pasar de unos metros una vez caída de esa ventana.
-Eres el rey de los desquiciados, Gilgamesh.- Escupió con rencor.
Seguía sorprendida, era todo tan tenso...
Ese hombre aún dándole la espalda, parecía indicar con su aura un profundo estado de introspección personal.
-Ahora, tu rey.- Cortó indiferente mientras caminaba y una vez salido de su propio cuarto, azotaba la puerta a su real y exquisito antojo.
Ella simplemente reprimió un gritito de histeria, claramente ira cumulada. Al parecer ese siempre tenía una respuesta final para todo. El orgullo, el genuino orgullo, siempre venía acompañado con elocuencia, lo sabía de sobra y el, era un maldito orgulloso de alto nivel. Tomó una vasija, que parecía ser cara de fina alfarería, y la estrelló contra el suelo. No lo haría fácil, huiría de allí, lo haría así tuviese que romperse unos cuantos huesos. No soportaría estar con un ser que la denigraba a la categoría de "cosa", de "colección". Mejor aún, huir era de cobardes, ya vería como se las ingeniaría para conseguir destrozarlo y salir airosa y tranquila por la puerta grande del palacete.
-Señorita...- Susurró del otro lado de la puerta esa voz neutra que acompañaba a Gilgamesh en la tarde. Si, había quedado inconsciente varias horas y aún no había comido nada.
Notó como este luego de llamar educadamente, entró y otra nueva charola sobre otra mesa de ruedas, llegaba hasta los aposentos reales. Ahora era un enorme pollo con miles de ensaladas diferentes. Puso los ojos en blanco, mientras notaba la mirada indiferente del peli-verde sobre los restos de la vasija en el suelo.
-Se va a enojar...- E hizo una breve sonrisa, casi imperceptible ante una extrañada y super perceptiva mujer de cabellos rubios.
De inmediato, como atraído por los inconvenientes o problemáticas, llegó el rubio de regreso, quien hizo exactamente las mismas acciones que su compañero ante la vasija. Se encogió de hombros restandole importancia y se sentó en la cama, dejando a un disimulado Enkidu tratando de ocultar su sorpresa. Se retiró a los segundos de haber demostrado su cara de estupefacto. El Rey de Héroes, optó en cambio, por palmear el enorme espacio libre en la cama al lado de el. Como era de esperarse, la rubia lo observó de reojo y podría cortar el aire con sus esmeraldas.
-No muerdo, de eso te encargas tu.- Aseguro y comenzó a servirse en un plato algo de comida.
-¿No hay generalmente un comedor para comer, valga la redundancia?- Su voz sonó a duda, mezclada con acidez, a medida que sus pequeños pasos se acercaban como un animal desconfiado de haber recibido golpes de humanos en su pasado, solo le faltaba gruñir.
-Quise que sea mas privado, los tesoros deben utilizarse así, antes de que alguien los vean y osen robarlos. Ante el problema de tener que asesinar a alguien, prefiero mantenerte al menos el primer día aquí.
No dijo nada, y el supo que era mas por cansancio que por serenarse y darle la razón. Noto como esta, ignorando modales de reina, se sentó así sin mas en la cama, mirando con desconfianza todos los alimentos servidos. Se sirvió una mas que generosa cantidad en el plato, luego de mirar sus ojos rojos con un claro mensaje: "Lo hago por mi, no por ti", y comenzar a olfatear la comida antes de probar bocado. Luego, como si el terreno estuviese limpio y comprobara la ausencia de pociones extrañas, comenzó a devorar con un hambre voraz. ¿Esa era una mujer delgada?, porque ciertamente comía como un león en sus banquetes donde casaba a un ñu, o una cebra de gran proporción. La notó incluso comer con la mano todo a propósito, al menos así parecía por como lo miraba desafiante cada vez que una gran porción de comida era consumida, como si con sus malos modales, indignos de una dama, quisiera alejarlo, hacerle caer en cuenta de que se rindiera en ello de que era un tesoro.
-Si, igual luces bella, tesoro.- Notó con una autentica risilla en su autoritaria voz, como la rubia comenzaba a atragantarse.
Levantó los brazos, aunque realmente no esperaba que una palmada fuerte pero delicada la ayudara realmente. Comenzó a toser, y supo que la palabra tesoro había sido usado mas como un apodo de burla, como el de un esposo a su esposa, que como solía habitualmente llamarla en forma de objeto. El pedazo de pollo se le había quedado pegado, mientras rogaba por todos los dioses, que esa tarde noche lluevan espadas al menos, para poder cojer una y atravesarsela en el cuello, que al menos el en recompensa se atragante con el suave filo del metal. Este la ayudó y luego salió riendo de la habitación una vez terminado de cenar, dejándola sola. No es como si eso...Le importara. No es como si lejos de su pueblo, se sintiera mas sola de lo habitual, tanto que hasta la molesta presencia de ese maldito era una especie de levisimo consuelo, aun cuando el fue quien provoco que se situase en esa situación de escapista reprimida y frustrada. Acumuló otro suspiro a su haber, mientras los astros se colocaban en hilera para joderle el día, una vez que entró nuevamente el de cabellos verdes a retirar todo.
-Gilgamesh, me ha mandado a decir que el baño esta a su entera disposición si gusta darse una ducha.- Dejó prolijamente una muda de ropa de dormir sobre la cama y se irguió nuevamente, chocando fijamente por primera vez ambas miradas. -Cuando lo desee, puedo prepararle la tina con sales de flores o cítricos...También el señor agrega que, si es de urgencia e imperiosa necesidad, podría ducharse con usted, al fin de resguardar su seguridad como principal tesoro del rey.
-Uno, ¿Bañarme con el? ¡¿Que, está loco?!, dile mi total y rotundo no...Dos, yo puedo prepararme el baño sola, muchas gracias...Y tres, si eres el amigo, ¿Que haces actuando de sirviente?- Preguntó mas con duda que con reproche.
-Yo seré todo lo que el señor necesite.- Aseguró, y no parecía haber ni un mínimo punto de quiebre bajo esa implacable afirmación, devoto, de confianza, era incluso digno de admirar si estuviese en otras circunstancias.
-Entiendo...-Respiró con pesadez.
Mas pronunciado se hizo el respiro de agotamiento, cuando observó la prenda colocada a su lado y con la cual supuestamente debería vestirse para...¿Dormir?
¿Dormir donde?
Entre esa pregunta, y el vestido blanco de puntilla blanca y transparencias en la falda, de innumerables moños pequeños de color dorado, mas corto de sus usuales prendas de dormir, se estaba desesperando. Cuando lo alzó frente a su vista, se horrorizó ante lo que reconoció como un escotado escote corazón, que por primera vez tocaba en su vida con sus propias manos. Antes de que el bello, o bella persona, se retirara de los aposentos de su amigo, la reina se levantó de inmediato dando un rápido zapatazo sonoro en el suelo.
-¡CUARTO!- Chilló indignada. -¿Quien se supone que debería colocarse...¡Esto!?
-¿Usted?
-No me digas.
-Pues claro, no hay mas prendas, y fueron especialmente elegidas por el señor Gilgamesh.
-¿Debería sentirme agradecida por ello?
-Pues claro.
-¿Me hablas enserio, o tu..."Rey", ha ordenado que me tomes claramente el pelo sin ningún tipo de remordimiento?- Su carácter de reina autoritaria y gestos de claro escarmiento, empezaban a emerger de forma amenazante, mas el contrario no se inmutaba ni por milésima de segundo. Definitivamente esos dos eran tan parecidos que ahora creía un poco mas el echo de que eran amigos...O algo así, pues aun le seguía pareciendo un tanto extraño.
-Pues claro, hablo enserio.
-¡Deja de decir "pues claro", a todo lo que he de decir!
-¿Que le gustaría que dijese a la señorita?
-Que oculto entre tus ropas, tienes un conjunto menos...Ya sabes, distinto a este.- Miró nuevamente ese aterrador escote, y mejor no bajar la vista hasta la falda.
-Pues claro.
Ella se emocionó de escuchar esa frase afirmando su salvación, aunque hace unos minutos pidiera que no la pronunciara nunca mas, ahora sabia a gloria.
-Pues claro que no.- Agregó, dejando a una sola y frustrada Arturia que pensaba muy seriamente si dormir o no con el vestido azul tradicional que siempre portaba pulcro consigo. Y lo peor de todo, pensando en esa pregunta que había olvidado.
¿Dormir donde?
Antes de hacer conjeturas, o amargarse ante lo que podría resultar obvio, como que sus malos presagios se harían todos uno a uno realidad, fue rendida buscando el baño. Luego de lo que pareció una eternidad, logró dar con tres cuartos en uno, de lo tan enorme que era. El suyo propio, siempre fue un poco mas chico, no necesitaba tanta ostentación como las fuentes que ahora, eran unas bocas de león de donde salían los cristalinos chorros de agua que resonaban relajantes en sus oídos. Esas pinturas, extrañas, arcaicas de esa época, decoraban con toda la finura que podían el lugar, que al parecer reponían constantemente pues la humedad las arruinaban y claro, el gran Gilgamesh poseía el poder para reponer a diario todo el castillo si quería. Luego, columnas de oro se situaban haciendo un margen en medio, rodeando la tina, era como una piscina romana, en una versión de tina muchísimo mas antigua. De echo, se preguntó si en la época de Gilgamesh realmente existía ese invento. Quizás, aprovechando su conocimiento en las Guerras del Grial, usó la invención de la tina en su propio año, total...Ya como corría el plano histórico no afectaba a las otras lineas temporales, ellos eran como una dimensión aparte que seguía su propio curso independiente. Coloco sales de jazmín, y cuando hubo suficiente espuma, ignorando el reflejo de su cuerpo desnudo que nunca veía por propio pudir, se sumergió en la relajante agua tibia, en el punto exacto que ella amaba. Se dejó llevar hacia abajo, pues a decir verdad era bastante profunda el agua para ser un simple baño, sin contabilizar las fuentes climatizadas alrededor. Cerró los ojos, imaginándose ahora en su hogar, e ignorando su ropa acomodada junto a la armadura en un sillón blanco de patas de oro en una esquina, también ignorando ese vestuario sugerente para dormir, tirado con desprecio en otro sillón redondo pequeño haciendo juego con el mas grande anteriormente nombrado. Definitivamente debería ponérselo, el vestido azul era imposible que sea cómodo para dormir.
-Si sólo pudiera ahorcarlo...- No era tan mala idea. -Sólo un poco de fuerza, en el punto justo...
Sus hebras doradas se mojaron por completo mientras estiraba el cuello en busca de liberar las contracturas de esos últimos meses pesados, llenos de cargas con infinito estrés.
-Y...Muerto.- Sentenció en tono leve.
Lo que quizá mas le sorprendía, era esa sensación de no estar diciendo nada enserio. ¿Es que acaso no quería matarlo enserio? ¿Porque ahora no intentaba huir?, hizo una mueca de desprecio y, viendo que ella misma arruinó su momento de descanso, se colocó esa porquería de pequeña tela. Se encaminó una vez vestida por los pasillos del palacio. Si, habían miles de guardias, era mejor esperar a la mañana, pues parecía que tal el mundo del revés, todo en aquel lugar era mas activo en la noche. Corrió pasando desapercibida y entró a la habitación del rey.
Y quedó boquiabierta como pez fuera del agua.
Era casi un Miguel Ángel de torso desnudo, piernas fuertes y razgos atrayentes quien se situaba ahora sobre sabanas rojo pasion. Quizá eso era lo de menos, comparado con la lasciva mirada que sentía proveniente de ese actual adonis. No quería admitir, que su mirada quedó fija unos segundos bastantes largos, en toda la masculinidad que reflejaba aquel ser. Entonces, luchando contra su reciente locura de haber pensado cosas incoherentes, como que ese hombre era atractivo, tomó otro de los floreros.
-¡AAAAAAAAAAAAAAH!- Gritó corriendo y saltando sobre la cama dispuesta a partirle el florero en la cabeza.
-¿Qu-
Indignado, y sorprendido, recibió el golpe en el hombro, fue lo mínimo que pudo esquivar, ya que, lo que menos se fijó la rubia, era que el otro rubio, estaba muy distraído leyendo un libro de tapas ocre. La mujer se le quedó observando la sangre que corría por el hombro, entonces, en lo que parecía estar insegura, tomo un trozo roto de porcelana y se la acercó peligrosamente al cuello. La mirada de ambos quedó ensombrecida, y ella, con ese vestuario, parecía la mas sexy de las amenazas.
-¿Y entonces, de quieres hablar tesorito mio?- Comentó con ironía.
-De como será el color de tu piel cuando mueras.- Aseguró sin rastros de estar bromeando, sin embargo, el rubio una vez pasada su sopresa, se veia tan seguro de si mismo y su seguridad como siempre.
-¿Esto es por enterarte de que dormirías conmigo?
-¿Qué?- Lo sospechaba, pero que se lo confirmaban tan fácil le hacía ponerse nerviosa, mas al verse tan cerca de su peor enemigo, al menos actualmente así era.
-Oh, que pura...Pero tranquila, ten por segura que aún no te quitaré esa cualidad en ti.
¿Aun?
La mano, con el filo vaciló. Ese momento de duda podría haber sido utilizado por el rey para safarse de la amenaza, ella lo sabia, mas se sorprendió al notar que no aprovechó una gran oportunidad. Los ojos rojos, llamativos, dominantes, la observaron con júbilo, con arrogancia y una pequeña chispa de diversión retadora. Pero ahí estaba, dudando, preguntándose una y mil veces porque a pesar de tener una perfecta oportunidad como esa, no hacia lo que debía: Ponerle fin a su vida, por ende al problema y regresar a su país. No, esa forma de matar...No era la de una Reina, no era la de su amada caballería, no era un honor, ese acto tan bajo, sorpresivo, con el simple filo de los restos de lo que antes fue un hermoso florero, vacío, pero florero al fin de cuentas. Los pasos, que había escuchado hacía ya un rato de guardias alertas fuera de la puerta, dejaron de sonar tanto, aunque ella le cortara la yugular ahora y con decisión, de todas formas se vería rodeada. Eran muchos, contra una señorita menuda que poseía únicamente como arma un pedazito de filo. Tenía las de perder, en todo sentido.
Apartó el arma improvisada, manteniendo nuevamente esa distancia que había roto en un rapto de rabia. Ahora ya debería estar muerto y sus caballeros caídos vengados, pero solo se encontró con un rubio tirando los restos de porcelana al suelo, dejando el libro sobre la mesa de noche y apagando las velas desde su lado de la cama. No comentó nada, no la miró más, sólo le ofreció de vista entre la luz de la luna una musculosa espalda. Sintió la rabia, recorrer cada uno de sus poros, y como los pasos se alejaban de la puerta. Tomó una almohada entre sus manos, aún sentada sin meterse entre las sábanas.
-No me ahogues, no te conviene.- Escuchó sentenciar siendo sobresaltada.
¿Tenía poderes psíquicos acaso?, dejó la almohada en su lugar, otra vez y se metió dentro de las sábanas. Miró el techo, no podría dormir y lo sabía, era mejor distraerse con algo y al parecer el dorado cielo raso era ahora lo mas atrayente del mundo. Era eso o mirar esa fuerte espalda con curiosidad, la curiosidad de una clara ingenua e inexperta Arturia, que había tenido sueños con aquel ser que ahora la apresaba. Definitivamente su llegada al palacio había sido de lo peor. Un mecho rubio de cabello despeinado se había caído sobre su vista, lo sopló con molestia hacia atrás junto con las trenzas que conformaban su típico rodete, al menos eso lo seguiría conservando intacto, como si con esa acción recordara que seguía siendo Arturia Pendragon.
Dio un último vistazo al techo y boca arriba, con los brazos sobre su estómago y las sábanas, se permitió cerrar los ojos con desconfianza.
-Ni se te ocurra tocarme, desquiciado.
No escuchó respuesta alguna, ¿Se habría dormido?, Siendo Gilgamesh...
Lo supo, hasta que no lograra escapar, todas las noches tendría que decir la misma frase en un susurro por mantenerse cuerda.
-Mañana será otro día.
AUTORA: MigLi-Chan
¡Hello!, con inspiración repentina...Bueno, espero haya agradado.
¿Reviews?, siempre leo aunque no posean cuenta en Fanfiction.
Sayo~
