Le había mandado un mensaje a Ryoga, disculpándome por haber mentido. El agradeció que lo salvara de salir con Ukyo ya que la última vez que lo hicieron, ella trato de besarlo a la fuerza. Quedamos en entrenar la otra semana.
-Así que estás enamorada de ese doctor ¿Quién lo diría? ¿Qué tienen de malo los chicos de tu edad? – dijo mientras comía sus tallarines.
Habíamos salido después de clases en silencio, no me atrevía a decir nada. Por suerte no tuvimos que salir a escondidas ya que Ukyo tenía reunión con el club de arquería.
Me sentía tan tonta ¿Acaso alguien más se dio cuenta? Baje mi rostro avergonzada. Quería que la tierra me tragara.
-¿Cómo lo supiste? – pregunte avergonzada.
-Era obvio. Además, desde que te he visto, no te había visto sonreír de esa manera cuando está el.
-No se lo digas a nadie – le advertí con rabia en los ojos.
Ranma soltó los palillos y me miró divertido.
-¿pelearas conmigo? Akane, pensé que me lo agradecerías.
-¿Agradecerte qué?
-Estuviste a punto de llorar en ese momento. Créeme, me di cuenta. Tus amigos son tan despistados como para notarlo. Sería muy bochornoso que se enterasen que estás enamorada del doctor de la escuela – empezó a reír.
Apreté mis puños sobre las piernas. Esto era demasiado vergonzoso.
En un arrebato de ira me estiré sobre la mesa y tomé a Ranma del cuello de la camisa.
-¡Escúchame bien, Saotome! Dices una sola palabra y eres hombre muerto ¿Entiendes?
Ranma puso sus manos sobre las mías.
-¿Qué vas hacer conmigo? – Se había acercado tanto a mí que pude sentir como nuestras narices chocaban -¿Vas a darme una paliza?
Rápidamente me aparte de él, mi corazón latía demasiado fuerte. Nunca había estado tan cerca de un chico.
-¿No deberías estar persiguiendo a Ukyo? ¿No fue para eso que viniste?
-Una de las muchas razones por las que vine.
-No entiendo porque me invitaste a comer.
-Me rechazó.
Lo miré sorprendida ¿Lo había rechazado? Bueno, una parte de mi lo esperaba. Sabía que Ukyo sentía algo por Ryoga. Estaba sorprendida por que rechazaron a un chico realmente lindo físicamente. Ranma bajo la mirada hacia su comida casi terminada. No sabía que decirle.
-Estamos del mismo lado. No diré nada del doctor Tofu, tampoco creas que soy un chismoso.
-Lo siento. El rechazo duele, se lo que se siente.
Nuestras miradas se conectaron.
-¿Te rechazo también?
-¡No! ¡Si! Es decir, yo… nunca le he dicho… lo que siento.
-Mmm…
Nos quedamos en silencio por unos momentos. Cada quien sumergido en sus pensamientos. Yo jamás tendría el valor de declararle mi amor al doctor Tofu. Sabía lo que sentía por mi hermana, pero aun así… no podía evitar sentirme así por él.
¿Qué estará pensando Ranma? ¿Se sentirá igual que yo?
La soledad golpetea mi pecho, ahora mucho más fuerte. El doctor Tofu irá a casa, pero no a verme a mí, irá a ver a Kasumi.
-Dijiste que tenías un dojo ¿Verdad? – la voz de Ranma me trajo de vuelta a la realidad.
-Si ¿Por qué?
-Podemos ir. Yo también practico artes marciales. No he tenido la oportunidad de entrenar estas dos semanas, siento que no estoy en forma.
La mirada azul de Ranma no me causaba tanta desconfianza como antes. Creo, creo que estamos un poco más conectados ahora. Él sabe mi secreto y yo sé el suyo. Vino de lejos a ver a la chica que amaba y fue rechazado.
-Está bien.
Nos fuimos, quise pagar lo mío, pero insistió en que invitaba él. Nos dirigimos en silencio hacia mi casa. Tenía miedo, tenía miedo de encontrarme al doctor Tofu en casa ¿Qué estarían haciendo? ¿Los interrumpiría? No tenía el valor de ir, aun no, pero le había dicho a Ranma que lo llevaría al dojo. Mi corazón se hundía a cada paso que daba, todo esto era demasiado fuerte para mí.
La mano de Ranma tomo la mía. Un escalofrió me recorrió el cuerpo, pero al mismo tiempo el vacío ya no era tan doloroso. El me miraba con una expresión de disgusto, sus ojos fueron de mí hacia el suelo. Los seguí. Había un bache.
Solté una risa, era tan despistada y tonta que por poco me caigo. Ranma no dijo nada, me jaló para seguir caminando. Todo el camino no soltó mi mano, me hizo sentir segura.
Al llegar a casa, no había nadie. Parece que ni el doctor Tofu ni Kasumi estaban.
Me preguntaba donde estarían.
-Tu casa es grande – dijo mirando el exterior.
-Desearía que fuera pequeña.
-Yo vivo en un departamento pequeño. No es tan acogedor, pero es lo que hay.
-¿Vives solo?
-Sí, mi madre no vino conmigo, prefirió quedarse allá– dijo sin mirarme. Me di cuenta de que no quería hablar de ello. Así que no presioné.
Entramos directamente al dojo. Ranma miraba todos los detalles de mi casa, del jardín, del estanque, del dojo. Parecía un inspector queriendo dar la peor nota de todas. Pero no es mi culpa. Kasumi y yo hacemos todo lo que podemos para mantener la casa con el dinero que nos manda mi padre de no sé dónde.
-Limpié hace dos días. Perdona si está un poco polvoso.
-Me parece perfecto – dijo estirándose y dejando su bola del colegio en el piso -¿Vas a entrenar así? –me miró curioso.
-¿Puedo entrenar contigo?
-Claro, es tu dojo ¿no?
Por primera vez, en todo el día volví a sonreír. Me fui a mi habitación rápidamente a ponerme mi gi de entrenamiento. Me miré al espejo, mi cara seguía siendo pálida como siempre. Mis ojos no mostraban ningún sentimiento, parecían vacíos. No me gustaba verme mucho al espejo, no me gustaba ver la imagen de tan triste chica. Mi cabello llegaba a mis hombros, me gustaba tenerlo así, ya que el doctor había dicho una vez que le gustaba como me veía. Así que decidí dejarlo. Extrañaba a mi mamá, extrañaba que me peinara. Extrañaba a mi padre, cuando nos miraba con orgullo y cuando todos éramos una familia feliz.
Bajé las escaleras y un ruido en la cocina me alertó. Me escabullí sin hacer ruido, entonces. Escuche voces:
-No tienes por qué soportar esto sola – mi respiración se detuvo. Era la voz del doctor Tofu.
-Pero es mi familia, hago todo lo que puedo. Nabiki no escucha, está encerrada en su mundo – decía Kasumi mientras sollozaba.
Mi corazón se estaba partiendo.
-Me tienes a mí, yo puedo ayudarte. Kasumi, odio verte así.
Trague saliva, y me asomé un poco. Mi corazón se detuvo, el doctor estaba muy pero muy cerca de ella. Kasumi lloraba sosteniendo sus manos en su pecho. Sentí un vacío en el estómago, quemaba, el pánico y el dolor se apoderaron de mí.
Estaban demasiado cerca.
-Tofu, me siento sola.
Yo también me sentía sola. Yo también quería que me tocaran así.
-Kasumi, déjame, déjame estar contigo – sus voces sonaban más bajas.
Mis ojos se abrieron como plato en cuanto vi al doctor besarla. Las lágrimas bajaron por mi rostro rápidamente. Pude sentir como mi corazón se partía en miles de pedazos. El la estrechó fuertemente de la cintura y la besó apasionadamente. Odiaba ver esto, odiaba tener que estar aquí. Pero por alguna extraña razón, no podía dejar de ver.
Kasumi se sentía sola. Yo también.
El la besaba. Yo también quería que me besaran.
Él la protegía. Quería que me protegieran.
Cuando vi como Kasumi se entregó completamente al beso, más lágrimas cayeron.
-Te amo, Kasumi.
No pude escuchar más. Me fui sin hacer ruido. Mis pasos eran lentos, la única persona que sentía que podía sostenerme en este mundo frio y sin valor, estaba en la cocina de mi casa confesándole sus sentimientos a mi hermana, la persona que amo. Las dos personas que amaba me estaban dejando de lado. No podía quitar esa imagen de ellos besándose ¿Qué se sentiría que te besaran de esa manera? Sentí un poco de envidia.
Lleve mis dedos a los labios y cerré mis ojos.
Dolía.
Estaba rota.
-¿Akane?
La voz de Ranma retumbo como eco dentro de mí. Estaba en el dojo ¿Cómo había llegado ahí? ¿Qué hacia Ranma en mi casa? Oh, cierto. Había olvidado completamente que él estaba aquí.
-¿Estas bien? – su mirada estaba llena de preocupación.
Las imágenes de él doctor besando a Kasumi no dejaban mi cabeza.
-¿Por qué estas llorando? – se acercó preocupado.
No quería que preguntara nada. No quería que hablara, solo… solo…
No sé cómo pasó. Pero cuando me di cuenta, estaba aferrada a la camisa de Ranma. Lo estaba besando.
Quería, necesitaba sentir lo que estaba sintiendo Kasumi ¿Había caído tan bajo? ¿Qué estaba haciendo? Cuando quise separarme de él, Ranma inmediatamente me sostuvo el rostro con fuerza, sin dejarme ir. Su boca se abrió sobre la mía y me devoró. Abrí los ojos con sorpresa. Sus ojos estaban cerrados, las lágrimas seguían cayendo por mis mejillas. Me sujeté de su cuello y nuestro beso se volvió voraz, su lengua no dejaba mi boca, sentí su calor, sentí por un momento que estaba viva.
Los labios de Ranma eran un poco duros, cálidos a la vez, un poco suaves. Sus manos me recorrían la espalda, lo tomé del cabello y apreté mi puño. Mordió mi labio inferior, me quejé, pero no dejábamos de besarnos.
Nos separamos. Nuestras respiraciones eran fuertes.
Me sonrojé inmediatamente ¿Qué había hecho? Me separé de él rápidamente, sentándome lejos. No podía leer su expresión, su mirada era intensa, su pecho subía y bajaba constantemente. También estaba sonrojado.
-Lo siento… yo… - ¿Qué podía decirle?
-No te preocupes. Yo también lo necesitaba.
Mis ojos se volvieron agua. Las lágrimas cayeron de nuevo. Con mis manos trataba de limpiar las lágrimas, pero cada vez caían más. Ahora había caído en cuenta de todo. El doctor le había confesado sus sentimientos a Kasumi. Ella los había aceptado. Ellos se estaban besando en la cocina.
Ranma no dijo nada. Al contrario se acercó a mí y me abrazó. Entonces comencé a sollozar más fuerte.
-¡Se estaban besando! ¡Los vi!
Ranma siguió abrazándome más fuerte.
Deje ir todo. Deje salir todo lo que tenía dentro.
De todas formas, se sentía bien porque tenía a alguien que me estaba sosteniendo.
