-CAPITULO 5-
-TE PROMETO-
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No supe lo que paso después, creo que me desmayé. No lo sé… pero al abrir los ojos estaba en el último lugar que quería estar.
Lo primero que pude ver fue su rostro. Aquel rostro que no quería ver porque dolía. Parecía angustiado.
Tomó mi mano, pero la alejé rápidamente. Me miró extrañado.
-¿Akane, te encuentras bien? – dijo suavemente.
Miré a mí alrededor. Ryoga estaba aquí, también Ranma y Ukyo. Ella me miraba como si fuera un bicho raro. Tal vez, si lo era.
A todas estas ¿Qué hacia ella aquí?
Estas sola…
-Te desmayaste en el pasillo. Ranma te encontró y te trajo aquí ¿Desayunaste? Tienes el azúcar baja, te traeré algo para que te haga sentir mejor.
El dolor invadió de nuevo mi pecho, recordaba todas las palabras de Nabiki. Hundí la cara en la almohada, me obligaba a mí misma no llorar. Odiaba que me vieran así, odiaba estar aquí. Necesitaba irme…
-¿Akane? – la voz de Ryoga sonaba preocupada.
-sa…sácame de aquí…Por favor… no quiero estar aquí…
-Akane, pero… ¿Estas segura?
-¡Solo hazlo!… - sollocé aún más fuerte.
Tomó mi mano. Pero no era Ryoga quien me estaba llevando.
-Espera, ella me lo pidió a mí – reclamó Ryoga.
-Yo soy su novio. Y si ella se siente mal, yo me la llevaré.
-¡¿Su novio?! – escuche a una furiosa Ukyo - ¡No me lo creo! Es mentira – podría jurar que sonaba celosa.
Pero no pude decir nada. Solo quería desaparecer. Ryoga seguía reclamándole a Ranma.
Yo solo quería irme…
Para mi placentera desgracia, el doctor Tofu estuvo de acuerdo en que Ranma me sacara de la escuela, incluso fue cómplice de dejarnos salir sin que nadie se enterara. Estábamos caminando por la vereda camino a cualquier lugar. Sentía los ojos hinchados, mi garganta reseca y un dolor de cabeza insoportable. Estaba fatal.
Escuche como Ranma abría una botella y me la pasaba.
-Tomate esto, es para el dolor de cabeza – dijo pasándome también una aspirina.
-¿Cómo sabes que tengo dolor de cabeza?
-No es difícil notarlo ¿Tienes hambre? Si quieres podemos ir a comer a una cafetería o si quieres podemos ir por tallarines. O… podría llevarte a tu casa.
-No quiero ir a mi casa – dije rápidamente.
La verdad, no quería ir. No quería enfrentarme a la verdad.
"Necesito hablar contigo de algo importante" recordé a Kasumi diciéndomelo algunas veces.
Choqué mi mano en la frente ¿Cómo podía ser tan tonta? Ella quiso decírmelo antes, estuve días esquivándola. Seguramente fue ella quien se lo comentó a Nabiki.
-¿Me vas a decir que sucedió? – escuché a Ranma.
Solté un suspiro y por inercia me abracé.
-Se van a casar.
Volteé a verlo, no parecía angustiado como aquel consejero. Más bien, parecía tranquilo, como si no le sorprendiera lo que le acababa de decir. En el fondo me molesto un poco.
Ranma soltó un silbido.
-Vaya, eso sí es una noticia. Creo que nunca tendrás oportunidad con él.
Le clave una mirada llena de odio. El pareció asustarse y comenzó a reír.
-Es broma, es broma. La verdad, ya me lo esperaba.
-¿Qué? ¿Cómo? No me digas que ahora eres un brujo – traté de no sonar tan triste.
-No lo soy, pero soy muy observador en ciertas cosas. Se lo veía más feliz que de costumbre desde el día que fui a tu casa. Y note que hablaba mucho por teléfono. Fue una idea que tenía rondándome por la cabeza.
-Hmm… pues pareces mas ser distraído que otra cosa. Que buena fachada te mandas, Saotome.
El alcanzo a reír un poco.
-¿Qué te puedo decir? Siempre que estas en combate tienes que hacer parecer a tu contrincante que solo estas concentrado en pelear y no estas estudiando su comportamiento.
-¿Has estado en combates?
Lo miré interesada.
-Sip, donde vivía era el número uno. Viajaba a china y algunos lugares de Japón. Era muy reconocido en el mundo de las luchas en ese tiempo. Incluso pelee con concursantes mayores– Ranma me miro de soslayo, como si estuviera esperando alguna reacción de mi parte.
Sabía ver combates por televisión, incluso era fan de un combatiente que desde hace cuatro años había dejado de participar. Era mi amor platónico de la infancia y lo admiraba mucho ¿Qué habría sucedido con él? Desde hace un tiempo, había dejado las noticias sobre torneos de lado, y casi no estaba informada de nada.
-Lo siento – no sabía que más decir.
-Bueno, no esperaba que fuera de esta forma – Ranma se paró delante de mí – Quería hacerlo el día que fui a tu casa, bueno, quería que te dieras cuenta tu sola y sorprenderte. Pero dados los acontecimientos creo que no pudo ser.
-¿Eh? – no pude evitar ponerme un poco ansiosa -¿De qué hablas?
-Soy yo – dijo con una sonrisa de oreja a oreja mientras se apuntaba orgulloso con el pulgar – Vamos, Akane ¿Acaso no me reconoces ni un poco? Que mala fan eres. Bueno, en ese tiempo usaba una máscara, pero te lo aseguro, era por muy buenas razones.
Entonces, el tiempo retrocedió en mi cabeza, recuerdo como lo veía luchando, sus movimientos los tenia grabados en mi memoria, aquella sonrisa infantil debajo de la máscara que tapaba la mitad de su cara. Recuerdo la gente ovacionándolo y aquel niño dándole la mano a su oponente. Mi corazón comenzó a latir muy rápido.
-No puede ser – lleve mis manos a la boca –debes estar bromeando.
Ranma sonrió y me miro de manera traviesa, que incluso sentí mi corazón se infló un poco.
-¿Sorpresa? bueno, soy yo "caballo salvaje" – inmediatamente se tapó el rostro y se puso rojo– Dios, aun me arrepiento de haberme puesto ese sobrenombre ¿En que estaba pensando? Me da tanta vergüenza de solo recordarlo.
No dije nada, simplemente me lancé abrazarlo. El parecía sorprendido pero después me devolvió el abrazo, apretándome a su pecho.
-¡No puedo creer que seas tú! En verdad te admiraba, bueno te sigo admirando. Pero ¿Qué paso? Dios, no puedo creer que esté hablando contigo –enseguida me alejé de el - ¡No puedo creer que te halla besado! Que falta de respeto, soy terrible – tapé mi rostro, avergonzada.
Ranma se acercó a mí y tomo mis manos.
-hey, hey, hey. Tampoco te pongas así – dijo un poco más serio – lo que pasó entre nosotros, aun quiero que siga pasando. Por favor, Akane, no me veas diferente a como me ves ahora.
Negué con la cabeza, pero lo entendí. No negaba que estaba emocionada y sorprendida de que mi idol como llamaba Ryoga, estaba frente a mí, incluso había tenido ese acercamiento con él. El mudo era muy loco.
-Lo siento. Fue la sorpresa – no pude evitar sonreír –pero, ¿Por qué dejaste de aparecer en torneos? No volví a escuchar de ti.
Ranma miró hacia otro lado. Parecía que había un punto donde no tenía permitido pasar. Me arrepentí inmediatamente de haber hecho esa pregunta.
-Bueno, fueron cosas que pasaron en mi vida y creo que no tuve opción.
-Humm… - no quise presionarlo a que me contara – ¿me firmas un autógrafo? –quise cambiar de tema y fue lo primero que se me vino a la cabeza.
Ranma me miro de una manera tan coqueta que la piel se me puso de gallina.
-¿Autógrafo? Akane, puedo hacer cosas mejores para que me recuerdes.
No se por qué, tal vez porque se trataba de mi ídolo, pero me puse tan nerviosa que no pude sostenerle la mirada.
-No bromees.
Ranma soltó una risa.
-Entonces ¿Quieres esos tallarines o no? – dijo guiñándome el ojo.
-Por supuesto –dije ahora con mejor ánimo.
Mientras comíamos él me contaba de cómo eran las luchas en ese tiempo, antes, dejaban que cualquiera se inscribiera así sea ocultando su identidad y que ahora las reglas habían cambiado. Ranma había estado en muchos concursos y tenía muchos trofeos. Me explico que gracias a eso pudo venir a Nerima y alquilar un departamento para él solo.
Quería preguntarle sobre su madre ¿Por qué ella no habría querido venir con él? Pero lo veía tan contento al hablar de las artes marciales, que no me atreví hacerlo. Normalmente Ranma era callado, su mirada era seria y parecía estar perdido en sus pensamientos. Así, que las pocas veces que lo veía sonreír me alegraba mucho.
Lo escuché todo el día, me contó sobre cómo había conocido a personas agradables en sus viajes y también los malos entendidos que lo metían en problemas. Ese día no fueron necesarios los besos como terapia para olvidarnos de todo. Las risas y los buenos recuerdos estaban curando nuestros corazones tristes.
Ranma me acompaño hasta mi casa, ya no me sentía tan mal como antes. Pero al llegar a la entrada mi pecho se hundió un poco.
-Akane, eres una chica sensata y fuerte. Sé que apoyarás a tu hermana en todo – dijo acariciando mi mejilla.
Sentí mis ojos humedecerse. Sobre todas las cosas, mi familia era demasiado importante para mí –lo que quedaba de mi familia- Kasumi era como una madre, siempre pendiente de nosotras, siempre preocupándose, se me partía el corazón de solo pensar en que sufría y ahora, tenía a alguien que la apoyaba y la amaba. Aunque eso me mataba por dentro, estaba feliz de que fuera el doctor Tofu quien la quisiera de esa manera.
-Gracias, por estar conmigo hoy – dije sinceramente.
Ranma sonrió. Se acercó a mí lo suficiente como para alzar mi rostro y chocar nuestros alientos. Iba a besarme, y yo quería que lo hiciera.
Su celular sonó.
-Que oportunos – dijo casi cerca de mis labios.
Se separó de mí y vio su celular. Entonces la expresión en su rostro cambio.
-Es Ukyo ¿Qué querrá?
Parecía tan sorprendido como yo.
-¿Qué dice? – no pude evitar preguntar.
-Quiere verme. Bueno, será mejor que me vaya – dijo y me dio un beso en la mejilla –Nos vemos, después te llamo.
Quise decir algo, pero Ranma ya estaba corriendo. Mordí mi labio un poco disgustada ¿Por qué Ukyo tenía que escribirle? Era una entrometida. Con ese pensamiento entré a mi casa.
-Ya llegué – murmuré.
Me sentía una idiota por ser tan cobarde. No quería escuchar a Kasumi aun, no me sentía preparada para su confesión. El saber que sé que casará, el saber que probablemente nos abandone a Nabiki y a mí por vivir una mejor vida, el saber que será con el hombre que amo, eso era demasiado doloroso como para enfrenarlo en este momento. Así que como la cobarde que era, me escabullí hacia mi habitación. No quería que nadie entrara.
No se por cuánto tiempo estuve encerrada, pero sentí como la puerta se abría lentamente. Mi cuerpo comenzó a temblar. Seguramente era Kasumi que me daría la noticia. Hundí la cara en la almohada, queriendo aparentar que estaba dormida.
Los pasos siguieron hasta que la cama a mi lado se hundió.
No, todo se acabó.
Entonces me abrazaron. Escuche sollozos mientras unos brazos me agarraban con fuerza.
-Lo siento – era la voz de Nabiki.
Mis ojos se abrieron por la sorpresa. No podía moverme, no sabía qué hacer. Nabiki estaba abrazándome con tanta fuerza, como si fuera a desaparecer, y lloraba. Nunca la había escuchado llorar de esa manera.
-Perdóname, Akane. No quise decirte esas cosas tan horribles –su cuerpo temblaba –Yo… yo estaba asustada… tenía miedo… tenía miedo de que tú también me abandonaras. Estaba… estaba enojada conmigo misma.
Las lágrimas comenzaron a caer por mis ojos. Me levanté rápidamente y la tuve en frente. Mi corazón se quebró, Nabiki tenía los ojos rojos, cansados, vacíos. Parecía una niña indefensa, una niña llena de dolor. No pude evitar llorar también.
Mi corazón se quebró.
-Nabiki, no tengo nada que perdonarte – dije sollozando, mientras la tomaba fuerte de los hombros –Eres, eres mi hermana y jamás te abandonaría.
Nabiki gimió y lloró aún más fuerte. Me abrazó y ambas lloramos. Sabía que Nabiki estaba dolida por las cosas que habían pasado con nuestros padres, sabía que se había hecho cargo de nosotras, trato de ocultarnos que nuestro padre prácticamente nos dejó en la calle, evitarnos ese dolor y hacerse cargo de nosotras. Aunque se volvió una persona fría, distante, me doy cuenta de que era una persona que estaba sufriendo cada día.
La abracé aún más fuerte. Mi hermana era una persona valiente, demasiado, mucho más que yo.
-Tú y… y Kasumi son lo único que me queda – dijo gimoteando mientras sorbía su nariz –No quiero perderlas, no sabría qué hacer.
-Kasumi no nos abandonara… - quise creer.
-Si ella se casa, seguramente querrá dejar esta triste y vieja casa y a… a nosotras que solo le damos problemas.
Nunca había escuchado a Nabiki hablar de esa forma. Normalmente era una chica positiva y lista, escucharla de esa manera me daba algo de miedo y dolía.
Es cierto, Kasumi se casaría. Cerré mis ojos con fuerza, no quería pensar en eso. Estaba cansada de perder personas.
-Chicas… - la voz de Kasumi sonó desde la puerta.
Allí estaba mi hermana mayor, parada con las manos en su pecho, sus ojos húmedos y tristes. Nabiki se limpió la nariz con la manga. Bajo la mirada, me di cuenta que no podía mirar a Kasumi, parecía avergonzada. Kasumi lentamente se aproximó a nosotras. No se sentó en la cama, se hinco en el suelo y tomo nuestras manos. Ella también tenía lágrimas cayendo por sus mejillas.
-Kasumi…
-Lo sé todo, acabo de llegar de la escuela. Me llamaron – Kasumi parecía cansada, miré a Nabiki. Ella aún seguía con la mirada gacha -¿Nabiki? – la voz se le cortó – Recuerdo, recuerdo cuando aún eras una bebita… te tenia entre mis brazos, mamá siempre te cuidaba con mucho amor y ¿Sabes? –Apretó mi mano con fuerza – Antes de, de morir… le prometí que te cuidaría como ella lo hacía, a ti y a Akane.
Kasumi nos miró con ternura.
-Las amo como jamás amaré a nadie, son mi familia. Y quiero… quiero que entiendan. Que entiendas –se dirigió a Nabiki-, que jamás las dejaré de lado. Ustedes están primero en todo, son mi corazón – dijo antes de ponerse a llorar.
Entonces la vi quebrándose. Kasumi, la que aparentaba ser fuerte y dulce todo el tiempo. Estaba ahora en suelo de rodillas, llorando mientras sujetaba nuestras manos con fuerza.
-¿Qué hice mal? – habló entre sollozos.
Nabiki fue la primera en abrazarla y pedirle perdón. Luego me uní a ellas, las tres nos abrazamos con fuerza mientras le pedíamos perdón a Kasumi por haberla dejado sola. En la oscuridad de la habitación, en aquella grande y silenciosa casa, lo único que se escuchaba era el llanto de tres hermanas que se pedían perdón y se prometían jamás abandonarse.
Ese día las tres dormimos juntas, tratando de recuperar el tiempo que habíamos perdido a causa de la tragedia.
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