Saludos mis fieles seguidores, tras algunos retrasos y compromisos, les traigo el siguiente capitulo de esta interesante obra, donde conoceremos un poco mas del pasado del enigmatico Grey Shadow, aproximandonos tambien al final. En esta ocasión, participaran OCs creaciones de mi buen amigo Sprigheel, quien me ayudo complementando este capiutlo

Agradezco de antemano a todos los que dedican un poco de su tiempo a mis creaciones, sus palabras me ayudan a seguir adelante.

El final se acerca, la acción no para, continuamos!

My Little Pony, propiedad de Hasbro Inc., fanfic, adaptación, Grey Shadow (pony) y la Legión Oscura, su servidor, Ponies elficos, Karayas y Leopardos de Procyonia, propiedad de Springheel


Capítulo 5: Acto de honor

(Más de mil años atrás, en el violento pasado de Equestria)

-SE LO VUELVO A REPETIR, SOLDADO! VUELVA A SU FORMACIÓN EN ESTE MISMO INSTANTE! -gritó el fiero capitán Sawtooth, un severo y rudo batpony, capitán de la Guardia Lunar Real, a uno de sus soldados, con quien tenía una discusión en medio de una batalla.

-Pero señor, estoy seguro que escuche algo a lo lejos en la trinchera! -dijo tímidamente el soldado unicornio, quien era ni más ni menos que el joven Grey Shadow, que en aquel entonces era un incipiente soldado asignado a la Guardia Lunar Real.

-LO ÚNICO QUE OIRÁ ES MI CASCO PATEANDO SU GRISÁCEO TRASERO SI NO REGRESA AQUÍ! ES UNA ORDEN Y DEBE OBEDECERLA SIN CUESTIONAMIENTOS! –gritaba el fiero capitán. Grey Shadow no dejaba de mirar al enorme batpony, que era casi de su mismo tamaño, pero se armó de valor y volvió a insistir en su petición.

-Estoy seguro que oí algo, y si algo he aprendido en estos años es que a veces hay que seguir nuestro instinto, y puedo asegurar que oí algo allá atrás, por eso pido regresar, señor!

El enorme batpony se acercó al irreverente soldado y le dio un golpe con su pata derecha, tan fuerte que lo derribo y tiró su casco de batalla al suelo. Todos lo demás soldados observaban el altercado y murmuraban entre ellos, algunos apoyando la decisión del soldado, otros reprobando su proceder, pero la mayoría sabía que esa conducta le traería consecuencias.

-Escúcheme bien, soldado! Le vuelvo a repetir que no hay nada allá atrás, probablemente sea algún enemigo moribundo, pero eso no importa, nuestra orden es regresar y punto! Si insiste en volver, hare que lo encierren por insubordinación, y que lo expulsen de la Guardia!

Grey Shadow permaneció agachado mientras escuchaba cada palabra dicha por su superior, mirándolo fijamente. Cuando termino, con su magia recogió su casco, lo ajusto a su cabeza y limpió la sangre que brotaba de su labio, y al final, tomo su decisión.

-Lo siento capitán…..pero no puedo obedecer su orden, se lo que oí, y aunque esto afecte mi carrera, voy a regresar a esa trinchera! –dijo Grey Shadow desafiante y salió corriendo a todo galope, de regreso al campo de batalla que habían dejado atrás hace algunos minutos, dejando con la palabra en la boca a su capitán, furioso por la desobediencia del unicornio.

-VUELVA AQUÍ SOLDADO! SE ARREPENTIRÁ! SI NO LO ACABA EL ENEMIGO, LO HARE YO CUANDO REGRESEEEEEE!

El soldado ignoró la orden de su superior y siguió galopando hacia donde había oído aquel sonido. Era una especie de súplica, un grito de ayuda, débil pero constante. Como unicornio, sabía que podía intuir cosas que los demás no, y esa era una de ellas, pero además de eso, tenía una sensación familiar, algo que le decía que esa voz lo conocía de algún lado. Avanzó un par de kilómetros más, y conforme avanzaba, contempló el macabro espectáculo que las guerras contra Canterlot ofrecían: cuerpos tanto de enemigos como de guardias reales caídos en batalla, armas clavadas y rotas en el piso, campos devastados y quemados por el fuego y el fragor de la batalla, un paisaje deprimente y desesperanzador. Tras un rato de estar cabalgando, pensó que su superior tenía razón, y que lo que oyó solo estaba en su cabeza, pero de pronto, sintió un llamado, pero no en sus oídos, sino en su corazón, sentía que alguien pedía ayuda, un llamado muy débil pero constante. Siguiendo su instinto, continúo avanzando un poco más, y a lo lejos pudo distinguir una figura oscura en el piso, y para su asombro, se percató que era la Princesa Luna, quien yacía en el suelo. Portaba su plateada armadura de combate, la cual estaba muy maltratada, y pudo apreciar que su cuerpo estaba lleno de heridas, en especial una flecha que sobresalía de su costado, obra segura de una cobarde emboscada.

-Quien….eres? -dijo la Princesa con tono de voz muy débil, quien apenas podía levantarse.

-No se preocupe, su Alteza, soy uno de sus soldados, escuché su llamado.

-Yo…te…..recuerdo…eras…ese…...potrillo…..busca…ayuda…..!

-Tranquila Princesa Luna, yo me hare cargo, necesito que se quede quieta por un momento- dijo el unicornio. Con su magia, Grey Shadow removió lenta y cuidadosamente la flecha del costado de la alicornio. Tardó un poco debido a que estaba muy profunda y por la forma en que la flecha estaba diseñada, pero logró retirarla con éxito, y luego sacó su kit de emergencia médica, tomó un recipiente de vidrio que contenía un líquido antiséptico y lo aplicó sobre la herida. Luna se quejó un momento por el dolor, pero poco a poco se fue calmando. Por último, el soldado tomó una gasa y una venda, la gasa lo puso sobre la herida y con la venda envolvió el costado de la alicornio. Contempló su trabajo y sonrió satisfecho por su labor.

-Esto la ayudara a recuperarse, su Alteza, descuide, lanzare una bengala para que mi escuadrón venga a…...- quiso concluir la frase, pero el unicornio se percató que unas sombras se movían a lo lejos y lo observaban insistentemente. Eran las tropas del clan guerrero del reino de Trotskia, un grupo de ponies renegados a cargo del cruel Lord Sicarius Blade, quien estaba en contra del régimen de las princesas y querían imponerse como único gobernante, otro de los tantos enemigos de Canterlot. El soldado tragó saliva y se puso nervioso, pues sabía el terrible destino que les esperaría si eran capturados: él sería asesinado y la Princesa Luna sería sometida a toda clase de atrocidades y torturas antes de acabar con su vida, así que decidió actuar a toda velocidad. La prioridad era sacar a su regidora de ahí, y llegar con su escuadrón, solo que sería complicado, pues las tropas enemigas le estaban cortando la ruta directa para llegar a su campamento, así que tendría que calcular y trazar una nueva ruta de escape, antes de que fueran alcanzados por el enemigo.

-Princesa, no tenemos tiempo, necesito que suba a mi lomo, de inmediato! -dijo Grey Shadow mientras se agachaba al lado de su soberana. Luna apenas pudo ponerse de pie, así que el soldado la levitó y la coloco en su lomo. Era bastante pesada, pero no tenía otra opción. De pronto, vio que los enemigos lanzaron varias lanzas en su dirección. Usando su magia, logro desviar algunas y regresar otras hacia sus agresores, quienes resultaron heridos por sus propias armas, lo que enfureció a los ponies barbáricos.

-SUJÉTESE BIEN, PRINCESA! –grito Grey Shadow, sintiendo como la princesa de la noche se aferraba a su cuello con fuerza, y con ese incentivo, se lanzó a todo galope en dirección contraria de donde venían sus perseguidores, a fin de rodear ese sector que estaba comprometido, buscando la nueva ruta para llegar a su campamento.

-Que no escapen esos malditos, dispárenles! -grito uno de los invasores. Tras esa orden, una lluvia de flechas fue lanzada en dirección de los fugitivos. Grey Shadow esquivo todas la que pudo, y a duras penas pudo desviar algunas con su magia, la cual se estaba agotando. Avanzó un buen tramo, logrando ganar algo de distancia, pero al poco tiempo se encontró con un nuevo obstáculo: un muro de enormes y espinosas zarzas que le impedían el paso. Volteó y a lo lejos divisó a las tropas enemigas acercandose. Desesperado por proteger a su amada princesa, retrocedió y lanzó un rayo de energía a las espinosas plantas, logrando abrir un túnel a través de ellas. Usando lo último que le quedaba de magia, conjuró un escudo de contención para retrasar el avance del enemigos, el cual logró levantar a escasos diez metros de donde estaban. Por desgracia, se dio cuenta que la abertura no era suficientemente alta, así que no tuvo más opción que arrastrarse con la princesa a cuestas. Así lo hizo por casi veinte metros de espinosas y rasposas enredaderas, mientras el lodo que lo rodeaba se ponía cada vez más espeso y lo demoraba, pero sabía que su conjuro no duraría mucho y con los enemigos del reino tras ellos, serian presa fácil, no podía arriesgarse a dejar a Luna a su suerte, así que continuo arrastrándose sin detenerse.

Tras un buen rato de arrastrarse, logró alcanzar la salida del improvisado túnel, se puso de pie y continuó con su frenética carrera. Galopó unos cinco minutos, esperanzado que el enemigo tardara en atravesar su barrera mágica. Sin embargo, un nuevo obstáculo se atravesó en su camino: un trecho de rio. Desesperado, busco algo con que transportarse, y vio un tronco seco, aún de pie. Con una buena patada de sus cascos traseros, derribó el tronco, lo lanzó al rio, colocó cuidadosamente a la princesa sobre él y atravesó las frías aguas, cuidando que Luna no resbalara, y que ambos no se hundieran por el peso de sus armaduras. Una vez que alcanzó la orilla, constato que su regidora seguía con vida, pero su pulso era cada vez más débil, señal de que era necesario tratar sus heridas lo antes posible. Como pudo, logró colocarla nuevamente sobre su lomo, y se preparó para volver a galopar, cuando a lo lejos divisó a las tropas enemigas, las cuales rompieron su escudo antes de lo previsto, así que aceleró el paso y emprendió nuevamente la huida.

-AHÍ ESTAN! ATRAPENLOS! MATEN A ESE UNICORNIO SI ES NECESARIO, PERO TRAIGAN VIVA A LA PRINCESA! -gritó uno de los ponies bárbaros con una sonrisa malévola.

Las tropas enemigas comenzaron a lanzar con sus hondas unas esferas de metal, las cuales explotaba al impactar en el suelo, una rudimentaria pero efectiva bomba, letal y con un poder devastador. Una explotó cerca de Grey Shadow, lo que lo desbalanceo ligeramente y casi lo derriba, pero como pudo retomó el paso. Entonces escuchó un zumbido en el cielo, era una nueva lluvia de flechas, lanzadas en su dirección. Continuo avanzando, esquivando cuantas pudo, sin embargo, sintió en su pata trasera derecha un dolor tan intenso que lo obligó a disminuir la marcha, hasta detenerse por completo, y pudo constatar que una flecha estaba incrustada en su muslo derecho. Ignorando el dolor, y al ver que sus enemigos se acercaban, la arrancó con su hocico y continuó galopando, mientras el ejército trotskiano lanzaba todo el arsenal que tenían a su alcance, empeñados en evitar que sus presas escaparan. Para fortuna de Grey Shadow, había un espeso bosque en su camino, así que entró y se ocultó entre la densa vegetación, corriendo entre los arbustos, logrando despistar brevemente a sus perseguidores. Aprovecho un momento para descansar, pues el esfuerzo que estaba realizando mermaba poco a poco sus escasas energías. Improviso un torniquete con unas hojas y unas ramas y como pudo detuvo el sangrado de su herida. Se mantuvo oculto un breve rato mientras las tropas enemigas buscaban en cada rincón a sus fugitivos. Como pudo, el unicornio se escabulló entre los arbustos, hasta alcanzar la salida del bosque, y volvió a emprender su frenética carrera. Pese al dolor y a la fatiga, continuó galopando un rato más, aunque sus fuerzas ya comenzaban a minarse y la desesperación comenzó a apoderarse de él cuando vio que los enemigos lo vieron y se lanzaron en su persecución. Aun así, ignorando el dolor y el cansancio, mantuvo el paso, esperanzado en alcanzar su objetivo. A lo lejos, logró divisar una tenue columna de humo, y el inconfundible estandarte con los colores de la Guardia Lunar Real, el campamento de su regimiento. Se vea tan lejano y tan cercano a la vez, pero sentía que no lograría llegar, y más cuando notó que sus fieros perseguidores le estaban dando alcance. No podía fallar, pero su maltrecho cuerpo ya no respondía y sus fuerzas lo estaban abandonando.

-Estrellas! Escuchen mi súplica y denme la fuerza alcanzar mi objetivo! –pensó el unicornio-, solo un poco más, y si muero, que mi sacrificio no sea en vano y la Princesa Luna sobreviva!


En el campamento de la Guardia Lunar Real, se encontraban un par de batponies portando armaduras de combate, montando guardia y observando los alrededores por si algún intruso se acercaba. En eso, uno hizo una mueca al percibir algo.

-Mmmhhh? Qué es ese ruido? Y ese olor? –preguntó un guardia batpony haciendo una mueca.

-Lo siento, pero no fui yo –dijo con una sonrisa un pequeño pero musculoso mapache, un comando de Procyonia, masticando ruidosamente una mazorca. Los procyonios eran mapaches aliados de Equestria de años atrás, expertos en el combate con artillería pesada y tecnología de guerra. El guardia dejo de observar al mamífero, pero algo en el horizonte llamo su atención.

-Oye, que es eso que se ve a lo lejos? –dijo un guardia al otro. El segundo batpony miró al horizonte y veía algo que se acercaba a toda velocidad. Los soldados no podían creer lo que veían, al ver al insubordinado soldado trayendo a cuestas a la Princesa Luna, mientras traía detrás a todo un ejército de ponies bárbaricos, listos para atacarlos.

-Que ocurre soldado? –preguntó Sorcerus Ethery, uno de los comandantes del reino de lo ponies elficos, maestros en el uso de la poderosa magia universal-, puedo percibir ira, odio, un deseo irrefrenable de matar, y…..también percibo miedo, desesperación…un unicornio, un soldado! Y trae a….la Princesa Luna! Puedo percibir su aura, está débil y en peligro!

-Dijiste peligro?– preguntó Lunar Spear, el comandante grifo a cargo del mortal destacamento "Karayas", asignado por el Imperio Grifo como apoyo para la Guardia Lunar Real-, estamos preparados para combatir el peligro, y mis tropas necesitan una buena batalla para dormir bien.

-Gracias por tu disposición Spear, soldado! Avise a su capitán! Nosotros iniciaremos la primero ofensiva! Ponies elficos! Formen el triángulo sagrado, entonen los cánticos antiguo y seamos uno con el bosque, ataquemos como solo nosotros podemos hacerlo!

-Si no les importa, me les uniré a esta pequeña escaramuza –dijo un viejo pero fiero mapache portando traje militar, un sable, una daga y un parche en su ojo, el temido coronel Orlock, comandante en jefe de los "Leopardos de Procyionia", quien ya traía a varios de sus soldados portando su pesado arsenal militar, listos para participar en el ataque

-Eres más que bienvenido, pequeño guerrero peludo, KARAYAS, REÚNANSE! –grito Lunar Spear-, PROTEJAN A NUESTROS ALIADOS Y AL UNICORNIO QUE VIENE EN CAMINO, CUALQUIERA QUE NO SEA DE LOS NUESTROS, ACABENLO! TODOS A MI LADO Y PREPARENSE PARA LA BATALLA!

Blade Midnight, Sword Blitz y Furious Dagger, los otros grifos del destacamento, saltaron de sus nidos y tomaron sus hachas y espadas de guerra, eran pocos, pero tenían la fama de ser uno de los escuadrones de ataque más feroz del Imperio Grifo; un grupo de unicornios elficos se había unido a la comitiva, preparando sus cuernos para repeler el inminente ataque, y un contingente de la Guardia Lunar Real se sumó para la acción, todos estaban listos para desatar el infierno. Los "Leopardos de Procyonia" ya estaban listos para el ataque inicial; se desplegaron en un semicírculo y formaron con rapidez una improvisada barricada, y se colocaron portando unos tubos de metal diseñados para lanzar cohetes con letales explosivos, y en los árboles una segunda oleada de comandos procyonios apuntaba con ballestas automáticas. La más sofisticada tecnología diseñada en Procyonia complementada con los elementos mágicos de los ponies elficos y la ferocidad de los grifos resultaban en una combinación demoledora, la cual estaba lista para demostrar su poder frente a sus adversarios.

-Esperen hasta tener el rango de disparo adecuado –ordenó el coronel Orlock a sus tropas, con su único ojo tembloroso y desenvainando su espada y su daga.- Tan pronto como el unicornio alcance el "punto seguro", disparen! Arqueros: abran fuego automático, artilleros: sellen el camino una vez que ese soldado y la princesa hayan cruzado al menos diez metros de la línea segura, todo aquel que no sea nuestro aliado deberá ser eliminado, Cuento con que sus escudos mágicos nos protejan de las explosiones, Sorcerus.

-Descuide, guerrero peludo, nuestra magia nunca falla –dijo el pony élfico con orgullo. Sus allegados se colocaron detrás de la barricada y se acomodaron frente a frente, formando un triángulo, con sus capas ondeando al viento cual si fueran banderas de guerra, se levantaron sobre sus patas traseras alzando sus patas delanteras al cielo, cerraron sus ojos y comenzaron a entonar antiguos canticos en un extraño lenguaje que usaban cuando el mundo aún era joven, armonizando sus cuerpos con el planeta mismo, sintiendo, explorando, manipulando la naturaleza para llenarse con su infinito poder, listos para usar su magia con letal precisión, capaces de destruir a sus objetivos sin lastimar víctimas inocentes, producto de su entrenamiento y su conocimiento de la magia universal, y volverse uno con su entorno. El "punto seguro" era un conjunto de arbustos coronados con una peculiar roca, apenas distinguible para el ojo normal, pero el cual se erigía como un faro para las tropas aliadas a la Guardia Lunar Real. Orlock tomó su catalejo y con su único ojo sano, vio al pobre unicornio aproximándose a toda velocidad, casi al borde del colapso, y agotando las pocas reservas de energía que tenía. Con verlo sabía que no resistiría mucho más y seria capturado si no hacían algo. El mapache alzó su pata para que sus tropas estuvieran listas para atacar. Cuando el soldado cruzó el punto seguro, el coronel hizo un ademán y sus soldados desataron el infierno sobre sus enemigos. Los mapaches artilleros dispararon con total discreción sobre el camino principal, mientras los ponies elficos levantaban un escudo mágico. Una lluvia de explosivos destrozaron de forma inmisericorde a la primer oleada de ponies barbáricos. Restos de invasores teñían de rojo los alrededores y empapaban a sus propios compañeros; la segunda oleada recibió una nutrida lluvia de flechas, cortesía de los mapaches ballesteros, así como una ronda de letales rayos lanzados por los unicornios de la Guardia Lunar Real que se unieron de último momento a la emboscada, impactando en sus enemigos y acabando con la mayoría, pero aún faltaba la peor parte. Una vez que la tercera oleada avanzó lista para vengar con crueldad a sus compañeros caidos, los ponies elficos liberaron su poder. Pusieron sus cuernos en el suelo, y una onda de energía blanca y brillante se deslizó como si fuera una luminosa serpiente por el suelo, rodeando a varios de los invasores, envolviéndolos en un manto de cegadora energía. Los mapaches, ponies y grifos que atestiguaban esa escena, al igual que el resto de las tropas invasoras, escucharon los gritos de los desafortunados guerreros, gritos tan desgarradores que helaban la sangre, como si sufrieran la peor de las torturas, y luego contemplaron horrorizados como los cuerpos de sus compañeros se convirtieron en grotescas estatuas de blanco alabastro, las cuales cayeron al suelo y se rompieron con enorme facilidad, volviéndose simple polvo, ante la incrédula mirada de os fieros guerreros, quienes no podían creer lo que atestiguaban, el temido poder de los antiguos ponies elficos, algo que incluso sus aliados veían como salido de sus peores pesadillas, y cuya visión los atormentaría por meses. Tras esta demostración de poder, vino el asalto final de garras del comandante Lunar Spear, quien brincó la barricada y se lanzó al ataque acompañado de sus grifos guerreros.

-KARAYAS! ATAQUEN! POR LA GLORIA DEL IMPERIO GRIFO! POR LA GLORIA DE EQUESTRIA! –gritó el comandante grifo. Sus guerreros se abalanzaron con crueldad contra los invasores que estaban heridos o aun impactados por la grotesca escena, atacando sin piedad ni compasión a los ponies barbáricos, desatando toda su ira con sus hachas y espadas de batalla, cortando, cercenando y desgarrando todo a su paso con rapidez y eficacia. La orden de su Rey era simple: cualquier enemigo de Equestria era enemigo de su imperio, y debía ser destruido sin miramientos, labor que los enfurecidos grifos estaban logrando con brutal precisión al masacrar a los pocos invasores que quedaban de pie, mientras que los mas afostunados prefirieron huir a toda prisa, antes que enfrentar la ira de los aliados de Equestria.

Sin percatarse de esto, Grey Shadow continuaba corriendo, en su mente solo tenía el objetivo de seguir adelante, hasta que su propio cuerpo no le permitió moverse más. Avanzó hasta donde pudo y finalmente se dejó caer, derrotado por el esfuerzo y el cansancio, incluso se cuarteó algunos dientes por el impacto, y se desmayó. Un par de unicornios de la Guardia Medica levitó cuidadosamente a la Princesa Luna y la llevaron al interior de una de las tiendas de campaña para atenderla, mientras el capitán Sawtooth se acercaba al unicornio caído, acompañado de dos soldados de su guardia personal. El feroz batpony miro a su subordinado y le dio una patada en su costado al desmayado unicornio, quien apenas pudo reaccionar.

-Admito que tienes agallas, soldado, pero te recuerdo que desobedeciste mi ordenes, así que no te librarás de tu castigo tan fácilmente! LLEVENSELO DE AQUÍ Y PONGANLO BAJO ARRESTO!- dijo el furioso capitán al par de soldados, quienes ayudaban a Grey Shadow a ponerse de pie. El unicornio apenas pudo abrir sus ojos y oyó lo que dijo Sawtooth. Estaba herido y débil por la fatiga y la falta de sangre, pero feliz porque supo que tuvo la razón, y por haber cumplido con su deber, así que esbozó una débil sonrisa, la cual hizo enfurecer más a su capitán, dándole otro golpe al insubordinado unicornio, quien finalmente perdió el conocimiento.


(Termina el flashback, de vuelta al presente)

-Y esa es la historia, su Alteza -dijo Bolt Thrower. Las ponies estaban conmovidas por el relato contado por el capitán de los Inquisidores, mientras los otros capitanes asentían con la cabeza, orgullosos por la proeza realizada por su superior.

-Wooow!- Que galante! Todo un caballero valiente y osado! –dijo Rarity, al borde del desmayo.

-Vaya, no es tan mala persona, después de todo- dijo AppleJack, cambiando de opinión tras lo ocurrido días antes en Sweet Apple Acres.

-Eso…..fue…realmente….ÉPICO! Y un 20% más heroico y genial!- gritó Rainbow Dash.

-Fue muy valiente para haberse enfrentado a todos esos enemigos- dijo Fluttershy.

-Entonces esa prueba es una representación de lo que él hizo- dijo Twilight.- Ahora entiendo mucho del porqué de su temperamento.

-Así es, con esto, nuestro General quiere demostrar que si él, un soldado ordinario y común, pudo hacer semejante hazaña, cualquier otro soldado mejor calificado puede hacerlo también y a partir de ahí, esta prueba quedó como una tradición obligatoria- concluyó Whipslash.

-De seguro le hicieron una enorme fiesta para celebrar su victoria- dijo Pinky Pie.

-Desafortunadamente, ese no fue el caso, señorita Pie -dijo con tristeza Whipslash. Todas guardaron silencio al escuchar esa respuesta.

-Pero, que ocurrió, capitana? pregunto intrigada Twilight. Por el conocimiento que tenia de su hermano como capitán de la Guardia Real, sabía que una hazaña de semejantes proporciones ameritaba una medalla, un reconocimiento de las princesas o al menos una carta de felicitación por parte de sus superiores.

-Vera, su Alteza, a pesar de su heroico acto, él desobedeció una orden directa que su superior le dio, y por esa desobediencia fue encarcelado y sometido a juicio por traición -dijo entristecida, al mismo tiempo que los otros capitanes bajaban la cabeza. Twilight y sus amigas no podían creer lo que escuchaban, que alguien que arriesgó su vida para salvar a una de las regidoras de Equestria no merecía ser tratado y encerrado como un criminal, lo cual las entristeció.

-Pero al final, las Princesas intercedieron por él- dijo Whisplash, cambiando su semblante triste por una expresión de orgullo-, y al darse cuenta de su valor, su heroismo en batalla y su sacrificio por rescatar a la Princesa Luna, decidieron absolverlo de los cargos que le imputaron, y fue así que lo promovieron para dirigir la Legión Oscura, creada para la protección personal de nuestra Soberana de la Noche. A partir de ahí, nuestro General se convirtió en una leyenda e inspiración para todos y cada uno de nosotros, y por eso, siempre le seremos fieles.