CAPITULO 1: Accidentado es poco decir
El pozo desde siempre había sido el camino para Kagome hacia la era feudal, además ella e Inuyasha siempre habían sido los únicos usuarios. Por tanto asumieron ser los únicos que podrían usarlo, este pensamiento se basó en la desintegración del monstruo que antes había tratado de cruzar o cuando Sota igualmente falló en el intento de ir por ayuda.
Naraku por otro lado. En sus años de vida jamás había visto algo parecido.
En el momento en que Kikyo había disparado la flecha a ellos en un acto reflejo involuntario había ocultado a Kagome y recibido el impacto cayendo ambos por este túnel, sin duda Naraku quedó ensimismado ante el brillo azul que comenzó súbitamente a envolverlos, incluso logrando hacerle olvidar la flecha sagrada que ahora se localizaba en su espalda.
Cuando ya todo era azul y ambos se encontraban entre un mar de luces diminutas que emulaban estrellas la joven estudiante recordó porque ambos estaban allí juntos.
Deslizando su mano en la espalda del demonio buscó la flecha para asi eliminarla, mas esta no salió, solo se disolvió en aun más luces diminutas que hicieron desaparecer por completo el dolor que Naraku sentía.
La sensación de estar ambos suspendidos en este infinito espectro de agua y luz era electrizante, Kagome a momentos sentía como el corazón del demonio latía, mientras que Naraku podía decir a ciencia cierta que sentía como algo dentro de el explotaba y sentía luz recorrer su cuerpo de forma cálida y tranquilizadora.
Entonces fue que lo sintió. Ambos de hecho lo sintieron, como a su alrededor el azul se volvía negro y como el piso comenzaba a aparecer bajo ellos.
-llegue a casa- pensó Kagome con alegría mientras miraba a su alrededor reconociendo la escalera de cuerda que habían preparado su abuelo y hermano para ella. Pero su emoción desapareció casi inmediatamente cuando un gruñido salió de la boca del hombre que aun la sostenía en sus brazos.
Mientras la chica trataba de descifrar el sonido que había salido del hombre Naraku cayó al piso improvistamente tratando de no mostrar indicios de dolor, mas falló en esto último y se retorció en agonía hasta que sintió como Kagome se arrodillaba a su lado.
-"¡Naraku!, ¿te encuentras bien?"- escucho exclamar a la chica mientras intentaba abrir los ojos lo suficiente para verla de nuevo, – ¿acaso esta mocosa está preocupada por mí?, por el monstruo que le ha causado tanto dolor- pensó irónicamente el mientras sentía punzadas de dolor recorrer su espalda hasta llegar a sus extremidades. Entonces el brillo azul volvió a florecer del piso por un instante haciéndole gritar mientras sentía como si se le estuviera arrancando algo de su propia alma.
Entretanto las manos de Kagome viajaron rápidamente hasta los hombros del demonio tratando de levantarlo, mas era imposible. El pozo lo estaba succionando de nuevo de vuelta al mar azul.
Fue entonces que la joven de pelo negro se dio cuenta de la sangre que comenzaba a emanar del señor de las tinieblas y penetraba en el piso. –"¡Naraku!, ¡levántate!, ¡tenemos que salir de este pozo antes de que te haga más daño!"- le dijo la chica vociferando, mas él no lograba responder. Su cuerpo se entumecía poco a poco ante el sufrimiento intenso al que estaba sometido. Kagome no sabía qué hacer, solo podía mirar como aquel hombre se desangraba y perdía el color de su ya pálida piel mientras comenzaba a convulsionar.
Fue cuando entre medio de los gritos de ella y los intentos por cargarlo que su familia apareció desde arriba. Miraban la escena estupefactos, jamás ninguno de ellos había pensado en que algo así ocurriría.
La sacerdotisa entonces gritó a viva voz –"¡ayúdenme a sacarlo de aquí!, ¡el pozo lo está matando!"-. Enseguida su madre desapareció por un instante volviendo rápidamente con una cuerda y lanzando uno de los extremos vociferó –"¡Atalo en él y cuando esté listo nosotros lo jalaremos fuera!"-, mientras diligentemente ataba el torso de hombre desfalleciente y se aseguraba estuviese bien asegurado Kagome solo podía pensar en lo agradecida que estaba de haber sido escuchada.
-"¡listo!"- gritó cuando hubo hecho lo dictado por su madre y pudo ver como desde arriba su familia comenzaba a jalar.
Poco a poco el mal herido Naraku se fue elevando hasta que solo sus pies tocaban el piso, entones Kagome lo vio, algo negruzco y sin forma estaba jalando de él desde el piso y sin pensarlo dos veces tomo los pies del demonio araña y los despego del suelo mientras recitaba un mantra de protección que la anciana Kaede le había enseñado hace ya mucho. Observo como lentamente lo subían a la superficie y cuando escucho el sonido de su madre avisándole que ya lo habían sacado escaló presurosamente para tratar de curarlo.
En el momento en que llegó arriba y vio a Naraku siendo sostenido por su madre para mantener su cabeza en alto mientras su abuelo miraba pasmado al extraño visitante Kagome se acercó para tratar de curar la sangre que había perdido. No obstante al tocar su espalda no había ni rastro alguno de sangre.
–"mamá no entiendo, hace solo unos momentos él se estaba desangrando"- dijo Kagome mientras palpaba el cuerpo del demonio de ojos rojos.
La madre de la chica entonces la miro seriamente y respondió -"hija, creo que lo mejor será llevarlo a la casa para poder corroborar su estado"-, y levantándolo entre las dos mujeres a la vez que recibían ayuda del hermano menor de la chica llevaron a Naraku a través del patío hasta llegar a la casa y recostarlo en la habitación de invitados.
La habitación era pequeña y se encontraba en el primer piso, cerca de la cocina. Antes había ocupado la función de una bodega, pero con el tiempo fue acondicionada para el uso de aquellos que llegasen al templo como visita de la familia. A pesar de ser acogedora en sí, era sobria, había una cama simple estilo occidental al medio de la habitación. La acompañaba un escritorio que se encontraba contra la pared en dirección a los pies de la cama, también había una ventana en la parte alta de la pared de la cabecera de la cama y un armario de pared a uno de los lados junto al cual se encontraba la puerta de entrada.
Las horas pasaron luego de diversas revisiones entre Kagome y su madre. Ellas descubrieron que efectivamente no había ninguna herida en su cuerpo, al menos no en las partes que revisaron, pero Kagome no lograba dejar de pensar que era lo que había salido del cuerpo del hombre que ahora dormía en la cama frente a ella.
Cuando los ánimos se calmaron en la casa de los Higurashi el tiempo comenzó a correr más lento, entre tanto Kagome hacía guardia esperando a que el despertara, después de todo no podía dejarlo solo. Si despertaba quizás sería capaz de hacer cualquier cosa, él era supuestamente el villano de la historia. –Será mejor que espere y vea cómo se desarrollan las cosas- pensó la chica de cabello azulado –después de todo el me salvo de esa flecha-. Este último pensamiento la hizo dirigir su mente a los momentos previos al viaje de regreso a su hogar.
Fue en ese momento de soledad nocturna, cuando todos los demás de la casa se habían retirado a dormir y ella permanecía sentada frente a Naraku que ella al fin recordó como había llegado a esta posición.
Inmediatamente las lágrimas amenazaron con brotar en las comisuras de sus ojos, ella había visto como Inuyasha declaraba sus sentimientos por Kikyo, había huido y finalmente había caído en el pozo con su peor enemigo. Ella pensaba que era el accidente más bizarro e inoportuno del universo, lo peor de toda esta historia sin lugar a duda era el hecho de que él se había arriesgado a sí mismo a manos de Kikyo, la mujer que supuestamente él demonio amaba, todo en pos de salvarla a ella.
De pronto los sollozos emergieron de su boca mientras trataba de frenar el inminente llanto que necesitaba salir. No lograba detener las lágrimas y lloriqueos amortiguados que emitía mientras se curvaba en la silla en la que estaba sentada. Finalmente luego de crudos momentos en los que ella solo lograba llorar levanto sus pies del suelo para acurrucarse en la silla abrazando sus rodillas, -"porque no puedo dejar de pensar en el"- murmuro la chica para sí misma y continuo sollozando hasta que una voz grave vino desde la cama, –"porque eres una chica tonta e ingenua"-.
Al instante y en estado de shock la chica se enderezó para mirar de frente a un Naraku con el pelo desordenado y con una mirada cansada, se encontraba a medio vestir debido a que lo habían revisado por lo que solo llevaba la bata blanca interna de sus vestiduras acostumbradas.
-"despertaste!, dios es un alivio"- fue lo único que ella dijo mientras se acercaba a él olvidando la pena que tan solo hace unos momentos la atormentaba. Cuando ella trato de tocar su mano para establecer contacto y así una conversación el la miró con desdén y dijo en su tono bajo y monótono –"¿Dónde estamos?, jamás había visto un lugar así"-. Kagome solo pudo suspirar ante tal comentario y terminando de secar las lágrimas de sus ojos con la manga del suéter que ahora llevaba le sonrió y respondió, –"esta es mi casa, donde yo nací, llegamos aquí por medio del pozo que actúa como portal"- y abrazándolo de la nada y con toda familiaridad continuo–"pensé que algo horrible te ocurriría, jamás me habría perdonado si alguien muriera por mi culpa"-.
Naraku estaba perplejo, nunca nadie lo había abrazado de esa forma consoladora o le había dicho que estaba feliz de que estuviera bien. Así que, como fue de esperar el no supo cómo contestar y solo atino a llamar sus poderes demoniacos para alejar a la chica. Pero en el momento en que el trató de usar su fuerza su cuerpo no respondió y solo pudo hacer que ella se alejara unos centímetros a pulso de empujarla con su mano.
-"¿sucede algo Naraku?"- preguntó la joven al ver su cara de cólera e incredulidad. El demonio de ojos rojos solo la miro y se retorció para salir de la cama.
Naraku con toda la fuerza que mantenía aun sacó sus pies de las cobijas y los posó firmemente en el piso de madera. El trató de levantarse de la cama para ir en busca de respuestas a su falta de fuerza y huir de lo que podría ser una situación delicada para él, pero solo logró pararse unos segundos antes de caer estrepitosamente.
–"Naraku!"- el escuchó la voz alarmada de la joven, mientras esta corría a levantarlo y ponerlo en la cama de nuevo con todas sus fuerzas, -"aun estas débil, perdiste mucha sangre"- le dijo mientras lo metía debajo de las sabanas y tapaba con todo cuidado.
Después ella se sentó frente a él en la cama y mirándolo a los ojos de el comenzó a hablar lenta y segura -"mira, sé que no te gusto, sé que me odias probablemente, pero no dejare que nada te pase mientras estas débil. Este es mi mundo y me asegurare de que estés bien y te recuperes pronto para así volver a donde perteneces"-, mientras ella le iba hablando el de a poco fue perdiendo el hilo de la conversación hasta solo poder notar la deliciosa sensación de esa piel suave y caliente contra la suya en sus manos.
El hombre postrado no sabía cómo responder a esto. Cuando él había despertado la había visto llorar amargamente por aquel a quien ella amaba, pero ahora le sonreía amablemente ofreciéndole sus cuidados sin pedirle nada a cambio, -definitivamente ella es la reencarnación de Kikyo- pensó el ásperamente hasta que recordó lo que había visto esta noche, como vio cuando a quien se hacía llamar Kikyo amenazar a Inuyasha y se burlarse de la humanidad y los sentimientos que estos eran capaces de emitir.
–"no"- dijo distendidamente el mientras el sueño lo consumía lentamente de nuevo, -"tú no eres Kikyo, eres mejor que ella en muchos aspectos"- dijo entonces mirándola a los ojos mientras apoyaba relajadamente su cabeza en el respaldo de la cama y su mano apretaba más fuerte la mano de la muchacha sentaba en la cama junto a él.
Kagome solo había logrado escuchar la última parte de lo que él dijo y quedó anonadada ante tal amabilidad que provenía de quien se suponía debía ser su el mal encarnado.
Pero cuando sintió que él se aferraba su mano más fuerte y cerraba sus ojos para descansar sintió como el rubor subía por sus mejillas. Entonces como si todo lo malo pasado nunca hubiese sucedido ella observo a Naraku dormir de nuevo con sus manos entrelazadas mientras trataba de ignorar el sueño que comenzaba a sentir. A medida paraban los minutos Kagome fue encontrando su lugar acurrucada sobre el vientre de este.
Así durmieron ambos plácidamente el resto de la noche hasta que la mañana llegó y como era costumbre la madre de Kagome fue la primera en despertar. Mientras el sol salía por el horizonte y la luz entraba en las ventanas la matriarca silenciosamente se dirigió a la habitación en que el inesperado visitante dormía. Al entrar la escena que vio casi la hizo romper en llanto, ahí estaba su hija durmiendo plácidamente sobre el estómago de aquel desconocido mientras sostenían sus manos y el con su mano libre acariciaba dormido el cabello de su hija. Era como ver una pintura de dos amantes que se habían encontrado después de una vida de estar separado y descansaban juntos.
Como era de esperar ella no hizo nada más que salir de la habitación y dirigirse cautelosamente caminando con la mirada quieta y sus manos entrelazadas acariciando el anillo que fue el símbolo de su matrimonio al altar de su difunto esposo.
-"querido, ella es como yo"- dijo la madre mientras sonreía tristemente al tiempo que se arrodillaba frente a los símbolos religiosos y ponía los inciensos pertinentes, –"ella salvo al chico, tal cual yo lo hice contigo hace tantos años"- dijo con voz apacible y llena de añoranzas, luego de unos momentos en silencio no tardo en romperse esa sonrisa de felicidad y terminó –"procurare que ellos si pasen el resto de sus vidas juntos querido, no dejare que le pase lo mismo que nos pasó a notros"-. Y terminado su discurso a ella misma la madre se levantó limpiando de su cara cualquier indicio de tristeza y se dirigió a la cocina para preparar el desayuno mientras tarareaba una alegre melodía.
