CAPITULO 2: atracción

A pesar de ser jueves en la casa Higurashi ninguno de los hermanos se levantó para ir al colegio. Después de lo que había ocurrido la noche anterior energía era algo que no existía en los que vivían en aquella casa. De hecho, incluso el abuelo tuvo que tomar más tiempo para descansar y recuperarse.

La única en pie en casa era la matriarca de la familia. Quien, con sumo cuidado trataba de hacer las cosas sin el menor ruido. Recién a eso de las 10 am, cuando el sol ya empezaba a ir a su punto más alto se escucharon las primeras voces. Este era el hermano menor de la familia.

Sota con el tiempo y debido al ejemplo de su hermana, se había transformado en un chico ordenado y precavido, definitivamente no era alguien a quien le agradase faltar a clases.

-"Mamá!"- se escuchó de pronto el grito mientras la madre buscaba algo en las gavetas de la cocina, Sota venía a medio vestir y con todo el cabello desordenado. –"¿Por qué no me despertaste?, tengo que llegar a la escuela lo antes posible, se suponía que hoy se entregaría un ensayo durante la última hora"- vociferó el chico mientras arreglaba su mochila.

La madre solo le respondió con un gesto para que hiciera silencio. Entonces el chico recordó porque había caído en un sueño tan profundo por tanto tiempo.

La noche anterior el mismo Naraku había llegado como invitado no anunciado a su hogar. –"aún están durmiendo, por favor no hagas mucho ruido"- escucho decir a su madre el chico, y obedeciendo miró la habitación en la que se encontraba el demonio.

Después de unos momentos de meditación sobre si era correcto entrar y ver el chico caminó a hurtadillas a la habitación, después de todo allí dormía el señor demonio. Con valor y un poco de morbo giró delicadamente el pomo y metió su cabeza para comprobar si acaso era real lo que había sucedido y no solo un mal sueño.

Más ahí estaban, para sorpresa del chico, acostados juntos.

Sota al ver esta escena solo pudo sacar la cabeza de la habitación y cerrar la puerta para salir caminando velozmente en total silencio con los ojos abiertos como platos. Mientras tanto su madre lo miraba con una evidente preocupación en su rostro.

Antes de que el chico saliera de la casa su madre lo alcanzo y con un rostro serio le dijo –"sé que quieres mucho a Inuyasha"-.

Por un momento ella hizo una pausa para mirar a su hijo mientras se ponía zapatos y arreglaba su camisa fingiendo despreocupación. Entonces y solo cuando encontró las palabras correctas continuó –"pero él no es para ella, él está enamorado de otra chica, y no se puede presionar el amor solo porque lo quieres mucho"-.

Para cuando su madre terminó la frase el chico giró su cabeza y dijo con firmeza, –"madre, mi hermana es inteligente, sé que lo que pasé con Inuyasha es de única responsabilidad de ella, pero no olvides que el que está ahí con ella no es una persona normal. Él es la razón de por la que ella y sus amigos han sufrido tanto"-, al terminar solo se dio la vuelta y volvió a caminar en dirección a la puerta para salir dando un sonoro portazo.

La madre quedó ahí pensando. No había tomado en cuenta de buenas a primeras que el invitado no era precisamente una blanca paloma, solo se había centrado en el hecho de que Kagome era infeliz con el chico perro y ella quería desesperadamente que estos acabaran cualquier contacto que tuviesen, incluso si no se lo dijera a nadie.

-"creo que lo mejor será esperar y ver"- entonces susurró la madre mientras subía las escaleras para ver cómo se encontraba su padre.

Mientras tanto, en la habitación de invitados y debido a la voz de Sota, Naraku había despertado.

Al abrir los ojos se encontró nuevamente en aquella extraña habitación, se sentía aún más cansado que cuando se había dormido, era como si quisiera dormir por lo que le quedase de vida.

Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintió su mano izquierda siendo apretada. En un primer impulso quiso quitar violentamente aquello que estaba sobre él, pero cuando se dio cuenta de era una persona, y que de hecho era Kagome quien estaba durmiendo con la cabeza apoyada en su torso no quiso moverse más, al momento en que se dio cuenta que era la sacerdotisa algo dentro de el prefirió mirarla dormir. Jamás había tenido en sus años de vida un momento tan apacible y tranquilo.

Kagome dormía plácidamente mientras su cabello estaba esparcido desordenadamente dándole un toque inocente. Naraku no logró resistirlo y tocó el pelo de ella con su otra mano, enredó sus dedos en sus mechones y comenzó a peinarlo. Era lacio y suave, jamás en su vida, ninguna de ellas, había tocado a una chica tan suave, sus manos parecían estar hechas de la más suave porcelana, y olía como las flores.

De hecho, ahora que la tenía más cerca podía sentir el olor que emanaba de su cabello, mientras más acariciaba este mas podía oler. Él se empezaba a sentir embriagado.

De pronto, sintió como alguien se acercaba a la puerta. Al momento en que el intruso movió la perilla el cerro los ojos y relajo su rostro para fingir que dormía, mientras estaba con los parpados cerrados pudo darse cuenta que una presencia familiar miraba desde la entrada y salía rápidamente haciendo sonar la puerta.

Tan pronto como el inoportuno intruso se fue Naraku volvió a abrir los ojos para mirar a la chica que tenía sobre el en aquella cama.

Poco después y mientras el la contemplaba ella comenzó a despertar debido a ruidos que venían del exterior, Kagome comenzó a moverse mientras emitía pequeños gemidos que eran indicio que estaba despertando. Lejos de querer terminar con esta escena el demonio de ojos rojos volvió a llamar sus poderes para hacerla caer nuevamente en el reino de los sueños, mas para su disgusto no funcionó y se vio a si mismo incapaz de hacer algo tan básico para un demonio como el cómo sería hechizar a una chica.

Kagome por otro lado, lejos de despertar se acomodó de mejor manera restregando su cara contra Naraku Mientras el miraba atónito y en silencio esa escena, se sentía tan familiar y la manera en que sus cuerpos encajaban era irreal.

La mano libre de Kagome entonces se acercó al cuello de Naraku y se acurrucó abrazándolo, lo que produjo sonrojo en el rostro del demonio y un inesperado aumento de sangre en su ingle.

Se quedaron así por lánguidos momentos mientras el miraba en silencio a aquella joven que tan amablemente lo había tratado.

Naraku fue entrando y saliendo del sueño con el pasar del tiempo mientras pensaba en la esencia de aquella chica, que hace tan poco había sido su enemiga y con la que estos momentos compartía su lecho. Fue entonces cuando a punto de perder la conciencia, que una idea entro como un rayo a su cabeza y corazón. Sus esencias se podrían combinar.

Alrededor del mediodía, cuando la luz alcanzaba a entrar en la habitación por la ventana alta que se encontraba en la cabecera de la cama, Kagome comenzó a despertar. Naraku quien despertó al momento de sentirla moviéndose fingió estar dormido.

Kagome despertó bruscamente, levantando su rostro de donde lo había apoyado, cuando se dio cuenta de que había estado durmiendo en los brazos del mismísimo Naraku su instinto la llamo a salir corriendo. Con un pequeño quejido de su boca mientras se levantó y su rostro se puso de un rojo tal que se le podría haber comparado con una fresa cuando lo miro dormido.

El momento de horror máximo para la chica sucedió cuando finalmente notó sus manos entrelazadas con las del demonio. Se quedó en shock mirando atónita como estas encajaban casi matemáticamente, y mientras su cabeza la seguía instando a correr en un impulso de su corazón apretó la mano de él entre la suya y vio como el abría los ojos lentamente.

El rojo en su mirada lo hacía lucir peligroso, pero la piel blanca y el cabello largo y negro hacían que luciese como un príncipe salido de un cuento. Era una combinación peligrosa a la que se le era añadida esa mueca picara en la cara de él mientras la miraba dándole a entender que él sabía lo que ella había hecho.

Se miraron entonces un momento en que ambos dejaron entre ver una pasión recién nacida por el otro que ninguno sabía que existía entre ellos, una conexión que lucía más allá de lo normal y mundano.

-"Naraku"- susurró de pronto la chica de cabello oscuro mientras sus manos envolvían las de él y buscaba en su rostro algún indicio de dolor o malestar que cuidar. Para así fingir que solo eso era lo que ella quería de él.

El demonio al escuchar su nombre brotar tan familiarmente de los labios de ella solo trago saliva mientras correspondía el apretón, y levantando su mano libre la posó en la mejilla de ella. Poco a poco fue acariciándola hasta lograr ponerla en su nuca y comenzar a acercarla a él.

La chica lejos de resistirse se ruborizo mientras miraba los ojos de él, a cada centímetro se sentía más cercano su toque y más necesario, como si se atrajeran debido a algo dentro de ellos.

En el primer momento. Cuando sus labios se tocaron, Kagome emitió un pequeño gemido que fue acompañado de una minúscula risa de Naraku, mientras él tomaba el control apretándola más contra él. En pocos segundos el beso se volvió más y más desesperado haciendo que la sacerdotisa moviera su cuerpo más cerca al de él. Mientras que el demonio de ojos rojos se acomodaba en el centro la cama.

Las manos de él entonces comenzaron a viajar hasta la espalda de ella abrazándola y recorriéndola. Tomó poco tiempo antes que el beso se profundizara pasando de ser un topón ansioso a muchos besos húmedos entre ellos. Por su parte y olvidando sus inhibiciones Kagome uso su lengua para lamer el labio inferior de Naraku.

Instantáneamente el abrió su boca y el beso se volvió más personal, los gemidos por parte de ambos comenzaron a fluir entre tanto sus manos se recorrían mutuamente. Kagome entonces acomodó una de ellas en el cuello de Naraku para sentir su piel mientras la otra estaba sobre su pecho justo encima de su corazón.

Sus bocas bailaban aquella antigua danza que solo los amantes más apasionados se atreven a bailar. Naraku se encontraba dopado por las sensaciones que lo inundaban, sus manos viajaban por la espalda de la chica hasta que bajándolas en busca de sentir más agarró una de las nalgas de esta. La carne de ella era suave y firme, lo estaba volviendo loco. Y cuando apretó con más fuerzas, ella soltó un gemido sobre su boca.

Esto lo hizo tomar la determinación de tomarla, en ese mismo momento. El la tomaría como suya hasta que se sintiera satisfecho.

De pronto y mientras Kagome luchaba por seguir los besos de Naraku, quien ahora había comenzado a trasladarse a su cuello sintió como el la levantaba agarrando sus muslos y la ponía a horcajadas sobre él.

Esto hizo que la chica quedara en blanco. Jamás había besado a un hombre antes de ese día y ahora estaba a horcajadas sobre uno que la miraba con tal lujuria que quemaba, pensaba ella mientras sentía algo bajo ella, algo duro y grande.

-"Naraku, deberíamos parar"- de pronto dijo la chica entre jadeos, pero lejos de hacer que el demonio desistiera o parara. Él tomó la blusa de ella y rompió todos los botones dejando la parte superior del cuerpo de esta descubierto.

-"mía"-, fue lo que salió de la boca del peli negro, quien los decía con deseo y labia mientras contemplaba a la mujer sobre él. Parecía un ángel pensaba Naraku, quien para comprobar lo que había pensado toco su estómago.

–"no, eres mejor que eso"- dijo entonces mirando apasionadamente a los ojos de ella mientras subía su mano y arrancaba el brasier dejando sus pechos descubiertos.

Su erección en ese momento dolía, el único pensamiento en su cerebro era cogerla como el animal en que se estaba convirtiendo gracias a ella. Entonces con su mano izquierda comenzó a estimular su seno, mientras que con la derecha la agarro de la cadera fuertemente al tiempo que moviendo su pelvis le hacía sentir su miembro debajo de ella.

-"al terminar el día te volveré una mujer, mi mujer"- de pronto dijo el hombre, mientras la chica solo se limitaba a morder su labio, ella solo se centraba en sentir todas estas nuevas sensaciones en su cuerpo.

–"no dejare una gota de pureza en este cuerpo tuyo"- susurro entonces mientras llevaba su boca al seno libre de ella y comenzaba a devorarlo, lamerlo, morderlo. Él se amamanto de ella como si Kagome fuese la fuente de agua más fresca ante un hombre que en su vida había podido probarla.

Kagome mientras tanto ya no podía con tantas emociones, sentía su cerebro derritiéndose, su pecho quemando y su ingle a punto de explotar. Todo lo que él le decía y hacía no lograba más que ponerla en tal estado de excitación que su cuerpo parecía estar en llamas.

Fue en uno de esos momentos en los que él estaba succionando su pecho, y que la mano de el que se encontraba en su cadera, que viajo debajo de su falda hasta donde estaban sus bragas. Pasando su dedo por ellas notando lo lubricada que se encontraba y supo que era el momento.

La tomo nuevamente entre sus brazos, y haciendo uso de fuerza que él no sabía conservaba en esos momentos, cambio las posiciones en la cama de tal manera que ella estuviera recostada con el sobre ella.

Kagome solo miraba con sus ojos nublados por la lujuria como aquel hombre se erguía mirándola triunfante, para luego cual animal al asecho abrir sus piernas y posicionarse entre ellas frotando su erección contra su entrada adolorida y necesitada. Las manos de Naraku viajaron entonces rápidamente de vuelta a sus senos mientras su boca volvía a besarla con pasión.

Era el cielo. Kagome se sentía completa, con el sobre ella. Aun cuando aún no había entrado en ella la chica sabía que esto debía sentirse el ser una persona completa. Las dudas y miedos no existían, solamente la sensación de su cuerpo contra el de ella. Y fue esto lo que la impulso a llevar sus manos a la bata de él y terminar de abrirla para tratar de sacársela. Quería verlo desnudo, quería conocer cada milímetro de su piel, no, ella quería besar cada espacio de aquel pálido ser que la tenía prisionera bajo el. Hasta marcarlo como suyo.

Por su parte Naraku ni tonto, ni perezoso arrojo lejos su bata quedando completamente desnudo sobre ella. Su sonrisa era triunfante mientras miraba el rostro de aquella chica que claramente estaba consumida por la lujuria.

Entonces y mientras sonreía y movía sus manos hacía la pelvis de ella que le dijo –"pídemelo"- con una voz baja y sensual. Ella comprendió al momento que era lo que él le estaba ordenando y desabotonando su falta mientras lo miraba respondió –"por favor….."-.

Pero antes de que siquiera terminara de decir la oración él ya había roto y eliminado la falda de ella para meter sus dedos bajo sus bragas en busca de su punto sensible mientras comía su boca sobre ella.

Los gemidos de Kagome crecieron exponencialmente cuando él la tocó. Se sentía como si un rayo la hubiese atravesado ahí. Pero lejos de dolerle, ella solo quería más y más. Quería tenerlo adentro con desesperación. Por lo que alargando su mano la llevo a el miembro de él.

El pene de Naraku se erguía orgulloso. Era grande, más de lo normal para un humano. Y grueso, de color rosado y con poco bello. Kagome al mirarlo solo se preguntaba como haría para hacer que encajara dentro de ella. Y aunque una parte de ella estaba asustada, la otra. Aquella que tenía el dominio deseaba con todo su cuerpo experimentar tener a aquel semental embistiéndola con toda su energía.

Esto se sentía nuevo, pensaba ella mientras lo tocaba suavemente. Pero no aterrador se calmaba a si misma mientras sus manos se acostumbraban al tamaño y textura del pene de su amante. Mientras este masajeaba insistentemente su clítoris y estimulaba uno de sus pezones.

Los dos entonces comenzaron a sentirse raros. No eran normales estos sentimientos, era como si necesitaran hacer acabar al otro, como si sintieran lo que el otro sentía. Esto se sumaba a lo que ellos mismos sentían. Kagome, quien estaba a punto del clímax bombeo más rápido mientras Naraku la tocaba cada vez más emocionado al mismo tiempo que besaba todo el cuerpo de ella y dejaba marcas en su pecho.

Finalmente. En el momento en que ambos se encontraban ante el clímax inminente que solo sus cuerpos podían lograr en el otro. Fue que la luz se reveló. De los pechos de ambos comenzó a brotar la correspondiente pieza de Shikon que tenían. La luz de las perlas rotas invadió la habitación y estas se fusionaron en el preciso instante en que los líquidos de ambos brotaron de sus cuerpos junto con sus orgasmos.

Al momento después, y sin explicación un cansancio inimaginable invadió a los amantes, que cayeron inconscientes el uno sobre el otro mientras una perla azul caía al suelo libremente y revotaba en el piso hasta caer bajo una de las mesitas de noche junto a la cama.

Dejando a Kagome y Naraku sobre la cama, desnudos y sudados durmiendo abrazados.

Sin siguiera recordar lo que hace poco sucedió en medio de su pasión tan desenfrenada e inexplicable.