AVISO DE LA AUTORA
1°. Esta historia no es mía, ni los personajes. Es solo un fanfic que escribo por amor al arte.
2°. Hola, había dejado de publicar porque realmente pensé que nadie había leído esto, realmente me gustaría escribir mejor, pero me falta mucho así que agradezco desde mi corazón que sean tan amables conmigo y siempre me den mensajes de apoyo.
3°. Espero con ansias sus comentarios, como dije quiero mejorar mi escritura y cualquier consejo, sugerencia o comentario es bienvenido.
4°. Sé que este ship es más raro que perros jugando al billar, pero la idea nació de una apuesta con una ex compañera de trabajo, en que hablamos de lo más raro que se nos pudiese ocurrir con respecto a Inuyasha.
5°. Se me fue la lengua (los dedos) hablando (escribiendo).
Los dos amantes habían logrado descansar sin ser molestados en todo el día, ya que por suerte para ellos, durante su momento de pasión la madre de Kagome se encontraba afuera acompañando al abuelo. El anciano hombre buscaba en el almacén al otro lado de la casa algo que pudiese usar como protección para su nieta. De no haber sido así, los gemidos y sonidos que emitieron estos durante su ritual seguramente los hubiese alertado.
Algunas horas habían pasado luego del arrebatado momento entre ellos, y mientras dormían el día transcurrió con naturalidad. El sol de media tarde comenzó su camino hacia el poniente y la luz que en algún momento se había filtrado a la habitación ahora no era más que una penumbra. Ambos yacían en la cama recostados y desnudos. De alguna manera habían logrado encajar, mientras Kagome dormía plácidamente boca arriba, el demonio con quien había jugado a explorar su cuerpo se encontraba abrazándola desde un costado. Las manos de él se encontraban respectivamente; una en la cadera de ella y la otra colgando desde la cama.
La ropa de ambos se encontraba en el piso regada como signo de lo que había pasado.
El primero en despertar fue Naraku, quien se encontraba lejos de sentirse bien. Náuseas y dolor serían síntomas demasiado vagos para describir como él se encontraba mientras recobraba la conciencia. Aunque el demonio había sido sometido a penurias mucho peores en el pasado, sencillamente el dolor que provenía de su espalda lo estaba matando. En un primer impulso, antes de abrir los ojos, Naraku movió sus manos para llevárselas a la cara. Mas para su horror, mientras hacía esto se sorprendió al encontrarse tocando algo suave y blando. La impresión fue aun peor cuando al abrir por fin sus ojos vio como bajo el dormía una Kagome desnuda y cubierta en sudor. Además, cuando miró más abajo confirmó que esta también estaba manchada con sus fluidos.
Naraku rápidamente levanto su cuerpo, quedando apoyado sobre sus manos y rodillas mientras miraba detenidamente lo que había pasado, la ira fue lo primero que lo invadió.
-Cómo es posible que un señor demonio como yo, hubiese caído con alguien como ella- pensó él.
Pero la ira y soberbia de ese momento solo duro eso, un momento. Ya que al tiempo en que absorbía la escena una vergüenza casi aniquiladora y un miedo que jamás había conocido lo llenaron, todo esto mientras el rápidamente salía de la cama de un salto y retrocedía de la escena.
–no, recuerdo nada- se dijo entre pensamientos a sí mismo.
El nunca en sus décadas de vida había olvidado alguna de sus fechorías, pero ahora no recordaba lo que acababa de hacer
-¿Acaso abusaste de esa pobre niña y ahora no lo recuerdas?- pensó.
Todo este remordimiento entonces se vio acallado cuando su naturaleza altiva y cruel emergió de nuevo para sentirse realizado por lo que había hecho. Se acercó de nuevo para contemplar lo que él había hecho, mas lejos de sentirse realizado no lograba mirarla sin sentir algo presionando en su interior.
Por lo tanto se engañó a si mismo haciendo una mueca burlona y mirando la habitación, tenía que mirar cualquier cosa que no fuera ella.
-"donde demonios estoy"- dijo mientras observaba la extraña habitación, todo era distinto a como era donde él había crecido, incluso el lecho en donde había estado durmiendo con la sacerdotisa no se parecía a nada que había visto, todo aquí era suave y olía diferente.
En un intento de distraerse lejos de la chica que dormía en la cama, se acercó al escritorio que se encontraba a los pies de esta y tomo de este un calendario de mano que se encontraba allí.
-"pero que…"-, fue lo que logró decir cuando con asombro descubrió que pocos eran los caracteres que reconocía, y con los números fue lo mismo.
Lo lanzó entonces al escritorio con un dejo de frustración mientras daba la vuelta buscando cualquier cosa. Pero su deambulo se vio interrumpido cuando nuevamente una voz le dijo.
–"por qué hiciste algo así, ella es una sacerdotisa"-.
Para luego de un momento en que el trato de seguir el sonido este murmullo continuo.
–"ella es tu amada Kikyo, Onigumo mira lo que le hiciste a Kikyo"-.
Ahí fue cuando el dolor volvió, pero esta vez focalizado en su cabeza. La presión que sentía en su cráneo era como si su cerebro fuera a explotar, no tuvo más remedio que buscar con dificultad la silla que se encontraba cerca y tumbarse en ella. El dolor era persistente, por lo que en un intento poco fructuoso de calmarlo inclinó su cabeza hacía atrás, abrió sus ojos y miro al techo mientras trataba de pensar con claridad.
Fue mientras divisaba las manchas negras que veía debido al dolor que un nunca antes conocido sentimiento de pena surgió, una parte de él tenía ganas de llorar como lo haría uno de los niños que habían perdido a sus padres en la guerra. Nunca había sentido algo así, de hecho, pensaba que era incapaz de algo por el estilo, mas este sentimiento era real. Tuvo que llevarse las manos a los ojos para tratar de frenar las lágrimas que estaban por salir. Luego sus manos instintivamente continuaron subiendo hasta su cuero cabelludo donde con fuerza agarro sus mechones mientras se encogía bajando la cabeza en un infantil intento de ocultar lo que pasaba. Pero la pena no pasaba, el llanto retenido solo intentaba salir con más fuerza.
Entre el dolor, la pena y la vergüenza fue que el demonio de ojos rojos lo entendió, no era él. Al menos no su lado demoniaco y racional, el logró reconocer aquellas voces de su cabeza que había confundido como propias.
-"Hitomi"- susurro para si mismo. Los sentimientos que tenía eran de a quien había pertenecido ese cuerpo anteriormente, ahora lo entendía. Y casi como si lo hubiese llamado, la voz del joven amo resonó en su cabeza como un eco sordo.
–"¡eres un monstruo!, ¡siempre fuiste y serás un monstruo maldito!"-
-Ese grito se sintió casi real-, pensó el verdadero Naraku
Y luego le siguió otra, esta vez era una voz femenina y mucho más vieja –"sucio Naraku, de seguro tomaste a aquella chica contra su voluntad"-.
El reconoció de inmediato a esa voz, había sido una joven princesa a quien había consumido hace décadas para tomar su forma y aprovechar tu estatus.
Pronto la que fue una voz, se transformó en varías, todas ellas gritando a coro. Naraku no lograba escuchar otra cosa que no fueran aquellos gritos, era como tener un enjambre completo de sus avispas alojadas en su cabeza. Pero estas eran almas, eran todas las que él había consumido durante su vida.
Hace mucho tiempo, Naraku había descubierto de propia mano que al contrario de las almas de demonios, las almas humanas no se unían a él para formar una sola entidad. No, estas quedaban alojadas dentro de él mas no se le unían, solo se descomponían volviéndose ecos de los humanos que fueron en sus vidas. Lo extraño era, en todo caso, que jamás se habían hecho tan presentes, incluso en las noches de luna nueva estas solo eran un susurro lejano. Mas ahora, parecían una horda de espíritus furiosos.
Aunque por fuera el señor demonio se viera poderoso y tranquilo, fue con esta última comparación que Naraku sintió miedo real, pero no de las voces. Sino del simple hecho de que, si ellos estaban tan activos significaba que él no debería tener mucho poder en estos instantes. No tenía poder para controlar sus propias fusiones.
Al momento en que llegó a aquella deducción el demonio se levantó de la silla y dejando de importarle su entorno invocó su miasma o cualquier poder que el pudiese llamar, lo que fuera para romper, rasgar o quemar a su alrededor. Mas nada pasó, no tenía ningún poder. Él era tan ordinario como un humano normal.
La frustración y la ira crecieron dentro del demonio, quien tomó la silla en la que había estado sentado y con ambas manos la lanzo en dirección a la pared, fue tanta la fuerza del golpe que esta se rompió al impacto causando que una asustada Kagome despertara con un grito.
Mientras ocurría todo lo ya sucedido con Naraku la joven sacerdotisa había estado durmiendo profundamente, soñaba con un mar cálido y protector en el que ella flotaba. Incluso cuando un sentimiento de pérdida la había invadido a mitad del sueño ella no despertó, ya que sabía que no debía temer, sentía que estaba en el lugar correcto y no quería salir de allí jamás.
Pero ni el sueño más dulce de la historia podría amainar como se sintió cuando al abrir los ojos, y producto de un fuerte "crack", vio a Naraku completamente desnudo al lado de su cama.
–"que haces en mi habitación"- grito ella en estado de shock. A lo que Naraku solo la miró con odio y asco.
Algo dentro de ella le decía que corriera por su vida pero mientras se levantaba rápidamente de la cama para salir por la puerta algo hizo click en ella, algo que le decía que lejos de dejarlo ahí, debía ayudarlo. Así que en vez de correr por la puerta, ella se paró justo ante el pomo y lo miró fijamente preparándose para hablar, Pero antes de que ella le pudiese decir alguna cosa él ya la había tomado de la mano y atraído hacia el mientras la miraba en un silencio un tanto intimidante.
Nada salía de la boca de él o de ella, solo se miraron unos momentos tratando de dominar al otro.
Fue Naraku quien cansado de esto y arto de todo le dijo,-"estas desnuda, acaso no conoces la vergüenza"-, y luego de una risa burlona continuo –"¿o es que acaso quieres que te vea así?"-. El trataba de ser el altanero demonio al que ella temía.
Por su lado Kagome al darse cuenta de su propia desnudes miró su cuerpo. La única ropa que aun conservaba eran unos pedazos de brasier y una blusa que colgaba de sus hombros, pero sin botones claro.
La chica quería llorar, acaso él la había violado y no lo recordaba, -dios mío que me ha hecho-, pensó ella mientras las lágrimas ardían en sus ojos y sus mejillas se sonrojaban de ira.
Mas algo la hizo calmarse, mirando en dirección a la cama no vio sangre. Tampoco sentía ningún tipo de dolor físico, pero lo que si noto al comenzar a tocarse a sí misma en busca de moretones o heridas, fue una rara textura sobre su estómago, algo parecido a baba, pero seca. La chica en su inocencia creyó entonces que era algún tipo de sustancia que Naraku secretó para envenenarla, o eso se dijo a sí misma para poder sobrellevar ese momento que a cada segundo se volvía más sofocante.
-"¡Kagome estas bien!?"- , una voz los interrumpió, era la madre de la chica. Había escuchado el golpe de la silla y el posterior grito de Kagome y había corrido para ver cómo estaba. La madre estaba asustada, así que giró rápidamente el pomo de la puerta y trato de abrirla, mas solo lo logro un segundo, ya que algo la cerró fuertemente y puso el pestillo. La mujer que en su inocencia temía por la vida de su hija, así que comenzó entonces a golpear la puerta a la vez que clamaba el nombre de Kagome en busca de alguna respuesta de su hija.
La muchacha en cuestión estaba al otro lado de la puerta fuertemente apoyada en ella junto a Naraku, quien luego de que ella lo tirara ayudo a contener a la madre de la joven de pelo negro.
–"¡mamá no entres!, ¡estoy purificando sus heridas!, ¡no puedes entrar!"-, fue lo que la chica dijo en voz clara y precisa para tranquilizar a la mujer mayor.
Pero lejos de lograrlo esta le vociferó,-"hija por favor no hagas nada demasiado peligroso, me quedaré aquí afuera por si me necesitas"-.
Kagome, quien obviamente no quería ser vista desnuda por su madre mintió, –"mamá, esto funcionará mejor si no hay nadie cerca"-, y como una chispa de inteligencia urdió un plan.
-"ve con el abuelo y Sota lejos de la casa y no vuelvan hasta dentro de una hora, yo me encargaré de esto"-.
La madre aunque desconcertada, confió en su hija, ya que esta jamás le mentía, y sabía por la experiencia de su padre que no se debía molestar durante una ceremonia de purificación.
-"¡Kagome!"- grito la madre, -"¡iré con tu abuelo a comprar la cena!"- y soltando el pomo miró aquella entrada y suspiró para irse lentamente.
-"espero no haberme equivocado y que ella no resulte herida"-
Dentro de la habitación. Mientras tanto, mirando todo atentamente Naraku entendió que se encontraba en el hogar de esta chica tan extraña, esto sin duda era un punto menos para él, ya que no conocía este lugar, pero no se dejó doblegar. No, él quería someterla a ella, después de todo él era el gran Naraku.
-"¿acaso todas las mujeres acá acostumbran estar desnudas ante hombres?"- le dijo entonces él a ella cuando las cosas se calmaron a modo de incitar una pelea.
Y para aumentar el tono la volvió a sostener del brazo.
Kagome quien obviamente, como cualquier mujer se sintió profundamente humillada por el sarcástico comentario del peli negro, decidió no dejarlo ganar.
Por lo que miro directamente a los ojos del demonio, de forma que se viera altiva e indomable. Incluso se irguió orgullosa ante él usando toda la valentía que tenía para comenzar a hablar en un tono seguro y calmado.
-"mis amigas de la escuela me explicaron hace mucho tiempo de estas cosas, cuando es tu primera vez sangras y te duele"-, luego indico a su entrepierna y continuo.
-"por lo tanto, sé que no me hiciste nada, me dolería el cuerpo"-. Hizo una pausa para mirar en dirección a la cama y continuar –"además, ni entre mis piernas, ni en la cama hay sangre"-.
Habiendo dicho estas palabras la chica se sintió profundamente aliviada, había logrado sobreponerse y demostrarle al demonio que ella no era una simple muchacha que él podría engañar y atemorizar.
-"no juegues conmigo Naraku, no lograras vencerme"- finalizo la chica con aires de triunfo.
Estas palabras fueron una escalera para Kagome en lo que respectaba a asegurar su posición ante Naraku, pero para el demonio por otro lado, eran sinónimo de paz y felicidad. Aunque era el demonio que era, una parte de él jamás lo habría dejado vivir tranquilo si tocaba a quien había sido la causa de su nacimiento.
-no mancille a Kikyo- dijo una voz vieja y gastada en su interior. Era el último eco de Onigumo, esa parte de él que había logrado mantenerse viva y cuerda en el centro de su ser a pesar de los años estaba también presente en la fiesta que era su cerebro.
Naraku lejos de tener la intención de demostrar algún tipo de debilidad, camino tranquilamente en dirección al lecho que habían compartido y lo inspeccionó bien. Efectivamente no había ningún tipo de indicio que dejara a la vista algún tipo de violación sexual.
-"Naraku"-, la voz de Kagome se escuchó de pronto tras el mientras una mano suave recorría desde su espalda, pasando por su brazo, hasta llegar a su mano para sujetarla.
-la mano de Kagome- pensó el demonio mientras miraba de reojo.
Ella agarro firmemente mientras tiraba para que el volteara a verla. En los ojos de la muchacha se podía ver una paz y amor que antes seguramente lo habrían hecho sentir enfermo. Mas ahora, solo era sinónimo de despertar en el todas aquellas voces que habían dormido para unirse en un clamor de ayuda.
Las voces querían a la chica, querían que ella las escuchará y sacara del contenedor pútrido que era Naraku, él lo sabía.
Por otro lado la chica, a cada momento en que lo miraba se preguntaba por qué no había notado antes que había tanta tristeza en los ojos de quien había sido su enemigo. Lejos de sentirse bien por ello, la sacerdotisa comenzó a realmente empatizar con él, y poner como meta el lograr redimir aunque fuera un poco de su ser.
-"Naraku, mírame"- continuo ella mientras le sonreía despreocupadamente.
Esa sonrisa se veía tan verdadera, que ni siquiera el mentiroso más grande podría haber sabido que era una fachada. Por dentro la pobre adolescente estaba aterrada ante lo que se acababa de proponer a sí misma.
De hecho se preguntaba por qué había tocado con tanta confianza a alguien que seguramente la podría matar en un segundo. Pero nuevamente, al ver esos ojos, esos ojos llenos de pena y remordimiento ella lo supo. Supo que aquel monstruo que conoció en la época feudal no estaba aquí, lo que ella veía aquí era el ser nuevo y que era capaz de recuperar su humanidad.
-"Naraku, vistámonos, salgamos de aquí, pretendamos que esto nunca paso"- dijo entonces la sacerdotisa novata. Y aunque estas palabras venían de lo amable de su corazón la chica supo de inmediato que fue otra parte de ella la que la orillo a hacer lo que haría a continuación.
-"sé que tienes miedo, pero este es mi mundo"- le dijo ella mientras volvía inexistente el espacio entre ellos y abrazaba a Naraku poniendo su cabeza en el hombro de él.
–"te cuidaré aquí y podrás vivir tranquilo el resto de los días que te quedan"- fue lo que salió de la boca de ella mientras Naraku luchaba para respirar y articular sus pensamientos.
Estuvieron ahí parados unos momentos, mientras ella respiraba la familiaridad del olor de aquel ser ante ella. Mientras, el batallaba entre las voces en su cabeza que a coro le decían que debía abrazar a la chica con todas sus fuerzas y no dejarla ir, que los liberaría.
Más nada es eterno y fue la voz del abuelo quien resonante y acompañado de fuertes golpes a la puerta comenzó a exigir entrada para ayudar con el demonio.
La joven entonces bufó mientras Naraku recomponía su fachada inescrutable. Debido al insistente golpetear del hombre mayor, la pareja comenzó a separarse.
Kagome rápidamente corrió a la puerta para discutir con su abuelo para que se fuera y dejarlos solos de nuevo, pero Naraku no había logrado moverse ni un centímetro, sentía que estaba mirando a alguien tan luminoso que si lo hacía sería quemado por la luz.
-esa muchacha es mil veces mejor de lo que Kikyo fue en su vida- se dijo a si mismo Naraku.
El hombre se sorprendió de ser el mismo quien había llegado a tal conclusión. Si bien había tenido a Kikyo en su mente por muchos años debido a Onigumo en su interior. Kagome era simplemente algo nuevo, y por decir demás algo apabullante.
Pero él no lo sentía incorrecto, más bien, el consejo de la chica sobre quedarse aquí por lo que le quedase de vida no le pareció tan mal. Después de todo ahora no tenía poderes, sus enemigos lo matarían al instante en que volviese.
Fue mientras pensaba en cómo podría ser la vida aquí y si es que lograría volver o no a su forma anterior que él no notó como Kagome había despachado a su abuelo y comenzado a vagar por la habitación.
La chica caminaba de aquí para allá mirando todo y él se distrajo mirándola, le era difícil no mirarla a cada momento. Fue entre eso que Naraku fue sorprendido con una prenda voladora en su cabeza, era una bata extraña y muy simple.
-"póntela, rápido"- dijo la joven quien ahora lo trataba con la mayor familiaridad.
Kagome de hecho en esos momentos se sentía relajada, incluso en su estado de desnudes.
Aunque igualmente trataba de encontrar lo que le faltaba de ropa. Grande fue su reproche cuando vio como estas estaban tiradas al otro lado de la cama hechas pedazos. La duda la invadió de nuevo.
-¿acaso el si me hizo algo?- se preguntó, más lo descartó enseguida debido a que no sentía ningún tipo de dolor o malestar. Aunque no logró dejar de sentir bastante molestia debido a que aquella que había sido su falda, había sido cara.
-"mamá me regalo esta para navidad"- dijo en tono quieto mientras se llevaba si ropa a la cara.
-"'¿qué haces Ka-go-me?"- pregunto desde lejos Naraku desconcertado por la vista de la chica en cuclillas presionando un montón de lo que él veía como telas rotas.
Esta lanzó con fuerza la topa a la cama y se volteó rápidamente para encararlo por llamarla de esa forma que tanto le desagradaba.
–"¿por qué siempre tienes que llamarme así?"- le recriminó, pero la ira de esta se desvaneció cuando vio que el señor amo demonio no sabía cómo colocarse una simple bata de baño.
Ella esbozó una sonrisa mientras él se daba cuenta de por qué la chica se reía. Y al momento en que el comenzaba a planear como herirla, ella simplemente se acercó a él y le ató correctamente la prenda.
-"te repito nuevamente"- le dijo ella mientras le terminaba de atar la bata, para luego caminar al closet que se encontraba al lado de la entrada.
-"no me importa lo que pasó aquí, incluso te perdono porque mi estómago está cubierto en esta cosa dura y blanca"- dijo ella.
A lo que El demonio respondió sin pensarlo bien, -"esa cosa que llamas tú, es mi semilla"-.
Y mientras él se sentaba en la cama remató.
–"¿enserio estas segura que no ocurrió nada entre nosotros?, estas cubierta en eso"-.
Kagome quien había presumido era cualquier tipo de fluido menos el semen de Naraku procedió a tratar de no perder la compostura y repetirse a sí misma que aquel demonio no había tomado su virginidad.
-"Mira, te dije ya que entre nosotros no pasó nada"- le respondió ella mientras sacaba una polera gigante del armario y sacándose lo que quedaba de su blusa, se la ponía como vestido para cubrir su cuerpo.
Y mientras él la veía vestirse ella le dejo en claro.
–"Por otro lado no te perdonaré lo que hiciste a mi ropa"- esto fue acompañado de su dedo indicando a donde estaba tirada lo que había sido su conjunto.
El hombre solo miró con fingida falta de interés para dejar en claro su postura de no temer.
Aunque a decir verdad por dentro la escena de ver a la jovencita cambiarse ropa había logrado excitarlo un poco.
El jamás lo diría, pero Kagome le parecía alguien sumamente hermosa, aunque siempre actuaba de una forma muy poco convencional para ser una mujer. De donde él venía ninguna chica actuaba de esa forma.
-"Naraku, vamos"-, escucho de pronto el mientras meditaba. La chica había abierto la puerta y miraba afuera como si buscara algo escondido esperando a atacarlos.
-"¿dónde?"- fue todo lo que él le dio por respuesta a ella.
-"necesitas bañarte y yo necesito ropa nueva y esconder aquella"- le comunicó la chica mientras caminaba fuera de la habitación y lo dejaba solo en la habitación.
Tan pronto como ella salió por la puerta y él no fue capaz de verla, los dolores que había sentido comenzaron a actuar. Naraku supo instantáneamente que seguirla sería lo mejor, y parándose presurosamente la siguió por el umbral. Cuando por fin la alcanzó ella estaba entrando a una extraña habitación cubierta de piedras blancas en las paredes y el piso. Naraku no logró ocultar su curiosidad por la luz tan extraña que había en el techo de esa habitación.
-"se llama luz eléctrica"-, le dijo Kagome cuando descubrió su interés, el demonio entonces se sintió un poco avergonzado de que ella lo hubiese leído tan claramente.
-"te preparare el baño, espérame aquí"-, aviso ella y pasó por otra puerta que quedó entre abierta. Naraku por su parte estuvo mirándose en aquel espejo, solo para darse cuenta que tenía el pelo sucio y enmarañado. Esto no le gustó, él siempre había sido alguien sumamente higiénico consigo mismo.
Mas por esta vez se dejó pasar a si mismo esto, tenía cosas más importantes, entre ellas recordar que había pasado entre él y la chica. Lo único que conseguía recordar era que Estaba con Kagome rodeado de algo azul, la voz de Kikyo mandándolo al carajo.
-"y recuerdo a Kagome pidiéndome que no muriera"- dijo para sí mismo en tono bajo y sorprendido.
En ese mismo momento la voz de la chica que lo había salvado retumbó desde adentro de la otra habitación llamándolo, a lo que el respondió caminando como pudo hasta la puerta. Y desde allí vio lo que necesitaba ver.
Una Kagome apoyada en la punta de una tina giraba unas extrañas llaves de metal desde las que salía agua, la polera que usaba en esos momentos no alcanzaba a cubrir todo y vio cómo su trasero y partes íntimas se exponían a el mientras ella movía aquellas llaves haciendo que el agua parara de salir.
Naraku estaba a punto de explotar, la chica delante de el seguramente era el ser que más lo había apreciado en su vida, decididamente descubriría que había pasado la noche anterior, pero no dejaría que ella supiera lo que el en esos momentos estaba urdiendo.
-"esto es que lo que nosotros llamamos baño, con el tiempo te acostumbraras, por lo pronto metete a la bañera y báñate"- le dijo la chica interrumpiéndolo, esta tenia algunos objetos en sus manos y se los entregó.
-"este se llama shampoo, se usa en tu cabello, pero ten cuidado con tus ojos"- dijo pasándole una botellita, -"y este es el jabón, tienes que fregarlo por tu cuerpo para que quede limpio"- continuo pasándole una barra de jabón.
Los olores de estos productos no le desagradaron para nada, de hecho olían como Kagome, esto le gustó.
-"si tienes alguna duda llámame y vendré"- le dijo finalmente la chica dispuesta girarse para salir.
-"por qué no te bañas conmigo"-, le sugirió de pronto él.
Kagome solo lo miró desconcertada y tratando de pensar una respuesta.
Pero el insistió, -"ya te he visto completamente desnuda y bueno, así podrías limpiarte tú también"-.
Pero Kagome recordó en ese instante que nada había pasado y lo más importante, que nada pasaría, para bien o para mal Inuyasha era a quien ella supuestamente quería y armándose de valor le respondió.
-"tú no me has visto, ni nada. Te bañaras, te traeré ropa y dejarás de decir cosas así. Soy una chica decente"-
Y así la chica lo dejó en la habitación, solo. Donde se desnudó nuevamente y metió en la tina para tratar de relajar su cuerpo y planear que rumbo de acción tomaría ahora que estaba sin poderes y en un lugar totalmente desconocido, sin mencionar que estaba atado a aquella chica.
