Mientras Naraku experimentaba por primera vez lo que era bañarse en nuestra época, a pocos metros de él. Kagome, quien por decir más estaba al tope con sus emociones. Volvía a la habitación a aquella habitación en la que había despertado con el señor demonio.

Ella entro en aquel cuarto con un paso rápido y constante, tenía solo un pensamiento en su mente y ese era eliminar cualquier pista que dejase notar a los demás lo que había pasado allí. Ella necesitaba fingir que nada había pasado, pero estar ahí mismo y ver las innegables pruebas no le ayudaba mucho.

Con tres pasos largos la sacerdotisa novata llegó a la cama y tomo entre sus manos lo que allí quedaba de su ropa. La reviso nuevamente, tenía que convencerse a sí misma de que aquellas prendas ya de nada servían.

-"lastima"-, murmuró para si misma con un tono de resignación y lastima, mientras salía por la puerta en dirección a la cocina.

Ella había planeado ya como ocultar todo, y mientras caminaba pensaba para si.

-primero meteré esta ropa en una bolsa y a la basura-, y entrando a la cocina maniobro ágilmente para conseguir una y meter allí la ropa que ahora estaba hecha una bola.

Cuando la bolsa estaba en su mano repasó nuevamente su plan. – la ropa de cama, es grande. La meteré en la lavadora-, e iluminando su cara dijo sin darse cuenta.

–"diré que se manchó con sangre o algo así, estoy segura que me creerá, después de todo Naraku estuvo a punto de morir"-

Pero si bien se sintió victoriosa por un momento, el recuerdo del demonio siendo succionado por el poso mientras ella lo ayudaba, o el cuándo Kikyo había disparado contra ellos la preocupó.

–"me pregunto si los demás se habrán dado cuenta de lo que me ocurrió"-, dijo con tono triste mientras miraba la mesa del comedor con anhelo por un momento, para luego retomar su misión de limpieza y salir por la puerta trasera.

Al salir por esta y mirar a su alrededor pudo caer en cuenta. Efectivamente era muy tarde, ya estaba casi completamente obscuro, con todo lo ocurrido ni siquiera se había percatado de mirar la hora. Por tanto, arrojó rapidamente la bolsa dentro del basurero y entro a toda prisa. Ya de vuelta en la cocina miró la pared en dirección al reloj.

-"ya son más de las 7 pm"-, dijo quejándose llena de nervios. –"debo terminar esto rápido"-.

Y mientras caminaba a toda velocidad de vuelta al cuarto de invitados murmuraba –"pronto volverán, necesito ser más rápida"-.

Los pasos de Kagome se escuchaban rápidos y sonoros a través de la casa.


Mientras tanto, Naraku estaba sumergido hasta el cuello en el agua caliente, permanecía inmóvil en la tina con la cabeza apoyada en la tina, entregando miraba en dirección a la pared.

Consumía lentamente su tiempo pensando en todos aquellos cambios que habían ocurrido en su vida en tan poco tiempo. Sin lugar a dudas el más grande era encontrarse sin poderes, o el hecho de estar en un lugar totalmente conocido a lo conocido por el en su larga vida. Mas aunque diera vueltas al asunto y tratara de recordar cómo llegó aquí, no lo lograba, y eso lo estaba matando.

Agradecía tener este momento de privacidad sin la sacerdotisa, y levantando su mano desde el agua miró al techo, trato de tapar la luz con su mano, en una inútil metáfora.

–"¿por qué no siento remordimiento al estar acá?, es como si no extrañara el pasado, como si algo de mi faltara"- se dijo, al tiempo en que bajaba su mano y la hundía en el agua, para luego tragar mientras cerraba los ojos.

-jamás volverás a ser el poderoso Naraku, morirás aquí, te pudrirás aquí y seremos libres de tu locura-. Dijo de pronto la voz de la anciana en su interior. Las palabras hicieron eco en el demonio de ojos rojos, mas este no dejo que lo importunara, encontró que lo dicho era hasta gracioso y haciendo una mueca de burla dijo en voz alta.

-"si yo muero, todos ustedes vendrán conmigo"-

Lo dicho tuvo el efecto que él quería, puesto que, los murmullos que poco a poco crecían tras su cabeza cesaron. El silencio retornó y se vio a si mismo tranquilo y solo.

Disfrutó de esto unos momentos, hasta que recordó las indicaciones que le habían sido dadas por la sacerdotisa, - ella mencionó unos recipientes extraños, pensó. Y dándose la vuelta estiró la mano en dirección al piso y tomó el shampoo, inspeccionó la botella, era de un material que para él era desconocido. Por lo tanto al abrirlo se quedó perplejo, lo que había en su interior olía como Kagome, recordaba ese olor, si no se equivocaba, era el olor de su cabello.

La emoción recorrió el cuerpo del hombre, y estrujando aquella botella hizo que saliera una pasta liquida, la hecho en su mano y la olio. Como él no estaba acostumbrado, cabe señalar que saco demasiado producto, este en un punto comenzó a escurrirse entre su mano, por lo tanto, y recordando de nuevo lo que dijo la chica lo comenzó a esparcir con sus manos a la vez que dejaba la botella flotando en el agua.

La textura de aquella pasta que aplicaba en su cabello lo relajaba, era dulce e inocente, como la misma Kagome. Los masajes se volvieron lentos mientras recordaba cómo se veía el cuerpo desnudo de aquella chica, imaginaba que era ella la que jugaba con su cabello, como si de una visión de tratará. Desenredo su cabello mientras las imágenes le hacían hervir su sangre.

Mas como si el agua se hubiese tornado fría de repente se dio cuenta de que aquello que estaba pensando estaba mal, en tantos niveles que bruscamente se hundió en el agua hasta que su cabello estuvo limpio de todo rastro del shampoo de Kagome, más aun con sus intentos el olor seguía allí.

Esto comenzaba a molestar a una parte de el por lo que para distraerse tomó la barra de jabón que estaba cerca y comenzó a frotársela por el cuerpo para limpiarse, más para pésima suerte de él esta también olía como la chica, lo estaba embriagando de forma que a él no le gustaba. Se sentía embelesado.

-"maldita mocosa, ni siquiera los demonios más bellos me han logrado poner en celo"-, farfullo mientras se metía nuevamente en el agua para meditar.

-"debe ser mi estado, probablemente las almas que están dentro de mí la anhelan para que las ayude"- se dijo así mismo como una excusa para negar sus propios bajos instintos.

Es más, aunque se lo dijera, él sabía perfectamente que por muy libres de su control estuviesen esas almas, ellas no podrían manipularlo de aquella manera, esto era puramente culpa de él.

-Naraku, sinceramente deberías estar preocupado sobre tu condición-, mencionó Hitomi, quien parecía hablarle calmadamente desde su interior-

Naraku, aunque sorprendido por el tono de calma en que le hablaba el alma, no mostró mayor preocupación y esbozando una media sonrisa le respondió con tono sarcástico.

-"la chica en efecto puede ayudarles, mas no olvides que tengo fragmentos de la perla en mi interior, aunque por el momento no pueda sentirlos ni usarlos, se con seguridad que se reactivaran y volveré a mi estado anterior"-

Luego de esto, el espero una respuesta del príncipe, pero no llegó, este se había disipado tras el velo de su conciencia. Dejándolo nuevamente solo en aquella tina.

Luego de mirar los azulejos por un rato, Naraku comenzó a sentir sueño y apoyando nuevamente su cabeza en la bañera cerró los ojos para descansar unos momentos. Más de la nada su calma fue interrumpida con el estruendoso sonido de la puerta abriéndose del otro lado de la mampara. Seguido después de un gruñido metálico. Naraku no pudo evitar sorprenderse en ese momento, he instintivamente cambio su posición, quedando de espaldas contra la pared, mirando hacia la puerta.

Era Kagome, su silueta se distinguía al otro lado de la separación de cristal. Se movía de un lado para el otro en el cuarto contiguo, mientras el sonido metálico se volvía de pronto intermitente.

-"Naraku"-, llamó la chica en tono de pregunta, mientras se acercaba a la mampara. Paso a paso él lograba distinguir con más facilidad su cuerpo esbelto desde la tina.

-"no te asustes si escuchas algo raro, es solo una máquina que se usa para lavar la ropa"- le explico amablemente ella mientras apoyaba una de sus manos en el vidrio. Naraku inmediatamente se preguntó cómo era posible que tuviesen una aberración tan ruidosa a cargo de una tarea que obviamente era para los sirvientes. Más nuevamente tuvo que recordarse a sí mismo lo inverosímil y extraña que era esta muchacha, y todo lo que venía con ella.

La chica mientras tanto, continuó hablando mientras él la miraba, -"cuando estés listo puedes salir, aquí deje algo de ropa que puedes usar"-.

El demonio de ojos rojos, que aunque se encontraba incomodo por el sonido de la lavadora, se vio a si mismo curioso con respecto a esta, y sobre la ropa que la chica le ofrecía. Una parte de él, la inquisitiva, quería conocer los secretos que había en aquel lugar, y sobre ella. Por lo tanto, se levantó y salió del agua, y antes de que Kagome comenzara a decir lo próximo que tenía en mente, este abrió la puerta y camino lentamente hacia ella.

Por su lado, la joven sacerdotisa miró instintivamente el origen del sonido de la puerta, y para su enorme sorpresa pudo ver a un mojado y desnudo Naraku caminando en su dirección. Este parecía ni siquiera sentirse incomodo o cohibido por ser visto por ella, al contrario a pesar de la obvia incomodidad de la chica, el demonio camino acechante con toda naturalidad.

Kagome no sabía que hacer o donde meterse, se cohibió instantáneamente, aunque lo hubiese visto al despertar eso no quitaba la visión que veía en esos momentos, por lo cual trató sin mucho excito de mirar la pared.

-"la ropa"- le ordeno cortantemente, y mientras ella hilaba sus pensamientos, él sonrió al verla así, semi-desnuda, nerviosa y ruborizada. Su sonrisa se amplió aún más cuando dando un paso adelante logró que ella retrocediera.

-la pequeña sacerdotisa no es tan fuerte como afirmaba ser-, pensó triunfante.

Esto era de lo más entretenido para el demonio por lo que decidió fastidiarla lo más posible, comenzó con su cabello, este estaba mojado, por lo cual las gotas caían al piso. Fue entonces que en fingida inocencia le hablo seductoramente.

-"creo que antes, podrías darme algo para secarme. ¿O acaso lo harás tú?"-, Kagome casi explotó por la vergüenza que sentía, ya nada quedaba de la seguridad que se había auto infundido. Pero usando todo su acopio lo miró directamente a los ojos, y sin despegarlos de ahí le entregó una toalla, con la que el comenzó a secarse lentamente, para luego altaneramente arrojarla al piso.

Acto seguido, siguió con su pantomima y volvió a hablarle a la chica. –"Kagome"-, dijo él. –"me temo que no sé cómo ponerme ese tipo de prendas"-.

La sacerdotisa entonces, y mordiéndose un labio en un acto inconsciente extendió un par de bóxer y le explicó. –Esto es lo primero, se llaman bóxer y se usan bajo la ropa"-.

Naraku alzó una ceja y tomándolos preguntó. –"para que usarían ropa bajo su ropa, ¿es algo ceremonial?"-. Kagome lejos de captar la obvia treta que este estaba armando le contesto.

-"es para proteger tu…. Hombría del … roce"-

Entonces, satisfecho consigo mismo por lograr poner a aquella muchacha en tal estado de nervios comenzó a ponérselos lentamente, siempre mirándola por el rabillo del ojo, quería saber si ella desviaba su mirada en algún momento hacia otro lugar de su anatomía.

-"ahora"-, le explico la chica luego de ponerse la ropa interior. –"estos se llaman pantalones, en específico jeans. Son lo más usado entre los hombres de esta época"-.

Naraku reaccionó insanamente a la palabra época. –ella se refirió aquí a un tiempo, no un lugar- pensó para sí mismo mientras la miraba en silencio, fingiendo interés en el artículo y no en lo que había dicho. Debía permanecer con una imagen de ignorancia.

Por otro lado, Kagome solo quería salir de aquella situación tan molesta así que lo apresuró. –"vamos, póntelos rápido"-.

Las palabras de la chica lograron que el saliera de su trance, y tomando lo que ella le daba comenzó a apurar su paso. Cuando el finalmente llegó a la camisa Kagome habló.

-"realmente te ves bien con ese tipo de roja"-, fue el elogio que la chica le hizo inocentemente.

Por otro lado Naraku sintió su sangre hervir y estaba seguro de que su rostro estaría del mismo color que aquella camisa de color vino. Pero intentando pasar desapercibido solo miro con una sonrisa suave y falsa a la chica, mientras ella trataba de contener su rubor. Tarde se había dado cuenta de lo que había dicho.

Como si le hubiesen inyectado adrenalina en las venas, las ganas de molestar a aquella jovencita volvieron al señor demonio. Por lo cual, comenzó a acercarse a ella aún más, hasta que ambos estaban a centímetros de distancia

Y mientras acariciaba uno de sus mechones dijo. –"A decir verdad, tu luces aún más encantadora en esa ropa que llevas. Sobre todo cuando te agachas y…"-

Pero antes de siquiera lograr digerir lo que él le decía, la voz de Sota se escuchó resonante en la habitación.

-"¡qué diablos te pasa con mi hermana!"-, fue el grito que lanzó el chico con una obvia ira a flor de piel. Él había llegado minutos antes a la casa, y al verla vacía se dispuso a ir a su habitación, más el sonido de la lavadora lo hizo acercarse al baño. Creyendo que estaba su madre sola, se dirigió a saludarla.

El pobre niño nunca podría haber previsto que al mirar dentro de aquel cuarto vería a Naraku casi encima de su hermana hablando de sus encantos.

Por otro lado, al escuchar la voz de Sota Kagome se giró dramaticamente, llena de miedo. Su plan había fracasado, seguramente él la descubriría y vería lo que estaba haciendo con Naraku. Pero mientras tanto ella caía directo en un colapso nervioso, Naraku comenzó un plan para distraer al chico.

-"hermana, explícame por qué él te habla con tanta familiaridad"-, le exigió el chico mirándola a los ojos. Mientras tanto, Naraku simplemente caminó hacia él y agachándose para quedar a su misma altura lo miró interrogante.

-"¿eres como tu hermana, o acaso no tienes poderes espirituales?"-, le preguntó al tiempo que se acercaba a él acechante, Sota no pudo evitar sentirse incomodo por lo que trató de dar un paso atrás, pero la mano del demonio agarro su cara y lo siguió inspeccionando.

Kagome miraba estupefacta esto, pero cuando vio que el demonio le hacía señales discretas con su mano libre lo supo, él estaba actuando así para engañar al chico, él tampoco quería que se supieran que tan cercanos eran.

-"Ni aunque se acerques a milímetros de él podrás distinguir algo Naraku"-, le refunfuño la chica mientras cruzaba sus brazos. –"además, él no te ayudará"-.

-"En mi estado actual no logro distinguir esas cosas, deberías ser más amigable. Mujer insolente"- le respondió el al tiempo que soltaba al chico y se volteaba para mirarla.

Sota, quien se había asustado al estar tan cerca del demonio agradeció que su hermana se interpusiera entre ellos, ella caminó y se paró frente a su hermano. Lo que el niño no sabía, era que ella estaba observando sus reacciones para medir que tanto había creído de lo que ellos le habían dicho.

Por lo tanto, cuando Kagome se sintió satisfecha con la actuación de ambos procedió a hacer un gesto de indiferencia a Naraku mientras le comenzaba a hablar a su hermano.

-"Sota no tengas miedo de él, solo está tratando de intimidarte"- le dicho la chica.

Su hermano solo contesto con un asentimiento lento, para luego, al recordar que no había nadie más en la casa le pregunto a su hermana.

-"hermana, no he visto ni a mamá, ni al abuelo"-

A lo que Kagome le respondió con una sonrisa forzada. –"no están, fueron a comprar"-.

Pero al ver que el rostro del niño no reflejaba gusto por su respuesta, ella le explico a grandes rasgos, y cuidando de no dar ningún indicio de lo que realmente había ocurrido el motivo de la ausencia de los mayores. Cuando ella termino de hablar, el chico genuinamente estaba más calmado.

Pero esto no duró mucho, ya que sonriendo pícaramente, ella le dijo. –"ahora hermanito, resulta que con todo lo que ha pasado no he podido bañarme. Necesito que lo vigiles un rato"-

Fue en ese momento justo, que, la cara del pobre niño perdió todo su color. Si bien su hermana le repitió que no era algo que debía asustarlo, el no parecía adepto a esta petición.

-"Sota por favor, él no tiene ningún poder"-, le pidió la chica. –"bueno, aparte de ser desagradable y lengua venenosa"-.

Naraku, mientras tanto, al escuchar esto la miró de tal forma, que si las miradas mataran, ella habría estado muerta ya 10 veces. Para luego, en un intento por cobrarse el comentario avanzó hacía ella, y poniendo su mano directamente en la espalda de la chica dijo mirando al niño.

-"aun sin poderes puedo lograr que cualquiera sienta sus piernas doblarse con mi sola presencia"-

Y aunque el niño no entendió el doble sentido de la frase, su hermana si. De hecho, fue tanto el disgusto y nerviosismo que le causo a la chica, que tomando del brazo a Naraku, lo sacó del baño y cerró la puerta violentamente, para luego apoyarse en esta para tomar un segundo para tranquilizarse.

-"Sota, llévalo a la sala a ver televisión"-, le dijo ella con un grito mientras bajaba su rubor. Y tapaba su cara con sus manos.

-que me está pasando, como alguien como él me puede poner así-, pensó para si misma.


Mientras tanto, afuera un atemorizado Sota y un Naraku que trataba de esconder su buen humor miraban la puerta en un silencio incómodo.

-realmente ella es una caja de sorpresas-, pensaba el demonio mientras permanecía con un rostro estoico.

Por otro lado, Sota repasaba lo que le había ordenado su hermana, por más que ella le hubiese dicho que él estaba indefenso, no lograba sacar de su organismo el miedo que le había causado el solo hablar con él. Pero luego de momentos en que su cerebro corrió rápidamente buscando una solución él supo cómo actuar.

-"niño, tu hermana dijo que me entretuvieras. ¿Qué es una Televisión?"-, lo interrumpió el demonio, quien ahora volvía a ponerle mala cara. Para luego salir caminando en dirección a la cocina

-"está bien"- respondió el chico fingiendo seguridad. –"pero la sala queda para el otro lado"-

Naraku se paró de inmediato, algo ofendido por haber actuado tan simplonamente. Luego siguió al chico silenciosamente. Había comenzado a mirar a su alrededor, definitivamente este era un lugar demasiado extraño, y a cada momento los objetos que veía le resultaban más desconocidos.

Para comenzar, el demonio jamás había visto luces tan pequeñas y brillantes que no fuesen mágicas, y en su experiencia estas no se dejarían usar como simples lámparas. Después estaba el tema de la limpieza, aquí todo estaba reluciente, muchas cosas brillaban de hecho, eso de donde él venía solo significaba que la gente que vivía allí era de la realeza. Pero él no había visto ningún tipo de sirviente en todo el tiempo.

-"es aquí"-, lo interrumpió el niño abruptamente indicándole la entrada a una habitación. Esta era pequeña, pero al igual que las otras, estaba iluminada, Había un ventanal grande en una de las paredes, que daba al exterior, desde él se vea una construcción antigua. Pero no lograba identificar alguna semejanza.

Luego de entrar, Sota lo siguió y rápidamente se sentó junto a una mesita de centro que había allí, por otro lado Naraku, se quedó parado mirando las extrañas imágenes que colgaban de las pareces, parecían pinturas de ellos, pero tenían un nivel de detalle que lucía irreal, eran copias exactas de ellos.

-"tu… em…. Siéntate…. ¿Aquí?"- murmuraba el chico al invitado, el pobre trataba con todas sus fuerzas de seguir con la fachada de seguridad, pero poco a poco, la indiferencia de Naraku y su rostro le estaban haciendo agujeros a su fachada.

-"niño, que son estas"-, le preguntó el demonio, ignorando lo que este le había dicho. Sota de pronto se erizó y parándose rápidamente caminó hacía donde estaba Naraku.

-"bueno…"-, hizo una pausa para saber cómo responderle. –"estas son fotografías"-

El demonio levantó una ceja y lo miró pidiendo más información.

-"se hacen con una máquina que captura las imágenes, después estas se traspasan al papel"-, le comenzó a explicar ahora con un poco de confianza.

-"¿son mágicas?"- le pregunto nuevamente el hombre de ojos rojos.

-"¿magia?, no, eso aquí no existe"-, le respondió en tono de broma el muchacho. Lo que causo una mirada de incredulidad en el hombre.

-¿acaso aquí no hay magia?-, se preguntó a sí mismo, y haciendo la duda evidente le interrogó.

–"entonces, ¿qué es?"-

Sota, quien al ver como se había puesto el al escuchar su respuesta estaba indeciso entre dar más información o desviar el tema. Pero luego recordó que Inuyasha había hecho las mismas preguntas cuando había llegado. –"se llama tecnología, la gente normal ha ido creando cosas usando su cerebro"-

Esta respuesta tranquilizo al demonio, ya que sabía cuan ingeniosos podían ser los humanos a la hora de resolver problemas. Después de todo una parte de él había sido humana también. Y aun recordaba cómo era tener que ingeniárselas cada día.

Por lo cual, solo se remitió a tomar la foto entre sus manos y examinarla con más detenimiento mientras el niño decía dejarlo solo y volver a donde había estado sentado. Pero antes de lograr descansar, la puerta de la entrada sonó y supo que su madre había llegado.

Entonces, como si fuese un corredor olímpico, el chico salió de la habitación dejando a Naraku mirando la fotografía.

-"¡Mamá!"-, dijo casi gritando el chico, quien abrazó a la mujer fuertemente, como si no la hubiese visto en mucho tiempo.

La mujer, quien había estado preocupada durante todo el tiempo por sus hijos le entro las bolsas a Sota, e indicándole que fuese a la cocina a dejarlas y ordenarlas se dispuso a ir a hablar con el invitado.

Más de pronto el abuelo habló, -"te acompañare, ese demonio esta en mi casa. Yo me encargaré de él"-

Pero la madre, quien sabía que este era un asunto delicado declino la oferta del anciano e hizo que acompañara al niño. Entonces, cuando los dos hombres de la casa fueron enviados a otra cosa, ella camino a paso seguro a la sala.

Allí encontró a Naraku totalmente concentrado mirando una foto que tenía en sus manos. En ella aparecían Kagome y Sota, un poco más jóvenes de lo que eran ahora. Ambos lucían atuendos típicos japoneses. En la imagen Kagome abrasaba alegremente a su hermano, mientras este último tenía una cara de vergüenza ante tal muestra de afecto.

La madre, al ver tan concentrado a su invitado, camino hacia el en silencio con mucho cuidado de no molestarlo, y cuando lo iba a saludar con una sonrisa, este se dio la vuelta para mirarla por un momento, para luego volver a mirar la foto.

-"ella tiene su misma sonrisa"-, le dijo Naraku tranquilamente a la mujer que estaba parada junto a él. –"y no tema. Su hija selló mis poderes, así que no soy más que un simple humano"-

La madre de Kagome quedó paralizada ante estas palabras, esperaba cualquier cosa de aquel ser, menos que fuese alguien amable. Por lo que agradablemente sorprendida espero unos momentos para seguir la conversación.

-"muchas gracias, ¿esa foto es muy linda no crees?"-, fue el momento de la madre para hablar con él.

-"…."- respondió el hombre, para luego dar pie a que la mujer hablara de nuevo.

-"fue hace 3 años que se tomó esa fotografía, fuimos al norte. Allí había un castillo con aguas termales"-, la madre quería enserio lograr hablar con el chico que tenía en frente. Después de todo ella estaba dándole alojamiento.

-"al norte…."- repitió Naraku mientras por fin le entregaba el marco a la anfitriona mientras la miraba estoicamente.

En ese momento la madre de Kagome pudo mirarlo bien, tenía una mirada fría como el hielo, pero que guardaba muy al fondo unos ojos llenos de miedo y tristeza. Como madre y mujer había visto esa mirada muchas veces en sus hijos, cuando estos se encontraban perdidos, sin saber qué hacer.

-"me temo que no he sido una buena anfitriona contigo"-, exclamó la madre tratando de aligerar el ambiente. –"ven querido, no creo que estés en condiciones de estar mucho tiempo de pie"-, e indicando la mesa que había al medio de la sala se sentó.

Naraku sentía extraña esta cercanía, pero estaba más preocupado por la foto que había visto, aquel castillo, podría haber jurado que era idéntico a donde él había habitado hace menos de 2 días. Pero era imposible, ya que ellos habían ido 3 años antes.

-Pero, ambos se encontraban muy al norte, yo….- pensaba el demonio mientras un ceño cruzaba su cara.

-"vamos siéntate, no seas tímido"- le interrumpió la madre casi tirando de él. Por lo que el demonio de ojos rojos salió de su ensimismamiento y se sentó junto a ella. En otras circunstancias el habría matado horriblemente a la mujer, mas ahora, se encontraba sin poderes y en territorio desconocido. Sus opciones eran poco alentadoras.

Por lo tanto, el solo miro en silencio a la mujer, quien devolvía sus miradas con sonrisas alegre y despreocupadas mientras jugaba con el control remoto de la televisión, estaba indecisa entre prenderla o no, puesto que lo que pudiese ver podría asustarlo al no estar acostumbrado.

-"sé que todo esto debe ser extraño para ti"-, comenzó a hablar de nuevo la madre de Kagome, y poniendo su mano sobre la de él encima de la mesa, trató de relajar a aquel chico.

–"pero debes saber que aquí jamás te ocurrirá algo malo"-, esto último hizo que el demonio abriera los ojos como platos mientras miraba a la mujer mayor, que lo trataba como si hablara con un niño asustado.

–"puedes llamarme Nahomi. Naraku, confía en Kagome. Ella jamás dejara que te pase nada"-.

Y quitando su mano ella finalizo. –"de hecho, ella no se separó de ti en toda la noche, estuviste muy grave. Pero ella no se rindió"-

En ese momento el demonio de ojos tojos ya estaba considerando que todos los que tenían la sangre de Kagome estaban locos de atar, esto era imperdonable.

-"acaso no sabe quién soy"- fue lo que él le dijo a ella –"No me crea tan débil"-.

Pero la madre de Kagome ignoró esta última insolencia y solo se levantó y acaricio la cabeza del chico mientras sonreía.

-"aquí no eres quien crees ser, toma esto como una oportunidad para ser lo que en realidad quieres ser"-, le rebatió después, para luego, con el control en la mano prender la televisión y poner un canal infantil.

-"realmente usted es la madre de Kagome, de eso no hay dudas"- murmuró Naraku. Quien ahora no despegaba sus ojos de la televisión.

-"me pregunto si Sota llegará pronto con la comida"-, dijo alegremente ella. La mujer quien había obtenido la información que necesitaba. Notó que aquel chico, aunque respetuoso, prefería el silencio y la soledad, y ella debía ir con cuidado, si lo que quería era que él se volviera alguien especial para su hija. Por lo tanto fingiendo inocencia salió de la habitación rumbo a la cocina para servir la cena.


Luego de 20 o 15 minutos de observar aquella caja con imágenes, como la llamaba él. La cabeza de Naraku comenzó a doler, a esto también se le debía sumar la creciente incomodidad, ya que, aunque estar solo era algo que le gustaba. La prolongada falta de Kagome lo estaba comenzando a irritar, ella había prometido ayudarlo en todo esto de comprender este lugar, pero se encontraba en una habitación solo acompañado por unos estridentes dibujos danzantes, metidos dentro de una caja.

A medida que iban pasando los minutos la televisión le molestaba más y más, le recordaba al espejo de Kanna, pero a diferencia, en este no se podían espiar personas, sino que según sus instintos era usado para entretenerse.

Cuando ya el hombre no pudo aguantar más su tedio, simplemente se levantó y caminó al ventanal, y abriéndolo con cuidado de no hacer mucho ruido salió al exterior.

Su primera impresión fue sentir la fresca corriente de viento típica de las noches de otoño, se sentía agradable y calmante. Luego, mientras miraba a su alrededor vio las luces, luces que estaban en todos lados. Le recordaba a cuando los castillos caían por obra de las guerras, más el aire no olía a fuego o humo. Solo a hiervas e incienso. Tal como lo hacían los templos.

-"así que la sacerdotisa creció en un templo"-, dijo mientras miraba la casa de la que había salido.

La parte inquisitiva de él, que deseaba descubrir más de este lugar decidió que sería bueno ir a explorar, por lo tanto, y sin importarle ir descalzo caminó siguiendo el olor del incienso.

Todo le parecía extraño, era como estar en casa, pero había cosas que jamás había visto. El hombre se había maravillado cuando al pasar cerca de un pequeño jardín una luz apareció de la nada desde el piso iluminándolas. A buenas a primeras pensó que era algún espíritu, incluso, caminó en dirección a la luz para verificar. Pero triste fue, cuando vio que era otra de esas luces extrañas que tenían en este lugar. Por lo que mirando para otro lado en cólera dio la vuelta en dirección a un enorme y viejo árbol.

-es un árbol sagrado-, se dijo a sí mismo, y mientras caminaba a este podía oler cuan viejo era este. De él emanaba una fuerte energía espiritual, incluso en su estado podía sentirla. El problema comenzó a surgir cuando a medida que se acercaba, este le parecía más y más conocido, hasta el punto, de que cuando la revelación estuvo ante el su cerebro no la pudo procesar.

-"es…. El árbol donde sellaron a Inuyasha"-, sus temores habían sido ciertos. Él no se encontraba en una tierra lejana y extraña, estaba ante el árbol donde había encerrado a quien había sido su enemigo por tantos años. Aun así, él no lograba entender que era lo que ocurría.

-"lo que dijo Kagome"-, salió de su boca por fin mientras se tapaba los ojos con sus manos para no ver a su alrededor. –"esto no es un lugar lejano, esto es el infierno"-

Pronto, lo último de autocontrol que quedaba en él se esfumó, y las voces en su interior volvieron como un ruido sordo y aturdidor.

-estamos en otro mundo- dijo la anciana

-Más bien tiempo- sollozó Hitomi

-"y aquí somos el único monstruo. La magia, demonios, espíritus. Incluso la perla no existe"- terminó diciendo él.

En ese momento y desde la oscuridad, apareció corriendo Kagome, estaba vestida apenas con unos shorts y una blusa delgada. Su cabello aún estaba mojado, no había tenido tiempo se secarlo, ya que de pronto sintió una gran opresión en su pecho y había corrido a buscar a Naraku. Al no encontrarlo y ver que el ventanal de la sala estaba abierto había corrido desesperadamente a buscarlo. Ella temía que el escapara, o que hubiese mentido sobre su estado y estaba haciendo algún mal.

Ella nunca espero encontrarlo frente al árbol sagrado en ese estado. Estaba hecho trisas, ella podía sentirlo, él se había dado cuenta de donde estaban. Y aunque vacilo en primera instancia sobre hablarle, se armó de valor y lo llamó.

-"Naraku, volvamos adentro"-, le dijo ella con voz calmada mientras se acercaba a el lentamente, como si él fuera un animal salvaje y peligroso. Naraku solo respondió quitando sus manos de su cara y mirándola horrorizado.

-"tú!"-, le respondió de pronto gritándole. –" tú no eres una sacerdotisa, eres una bruja. Me trajiste al infierno"-

Luego de decir esto, el hombre corrió hasta ella y agarrándola fuertemente de ambos hombros la remeció. El necesitaba explicaciones, no podía ser verdad lo que el acababa de decir.

Kagome por su parte, lejos de enojarse, solo lo abrazó fuertemente mientras trataba de calmar al demonio que estaba entre sus brazos.

-"No sé cómo llegaste aquí y ten por seguro que jamás te habría hecho algo así. Sabes que mi poder no es suficiente"- le dijo ella calmadamente.

Cuando el escuchó eso, su corazón se volvía a romper. El recordaba quien había lanzado esa fecha, el recordó porque estaba en ese poso con ella. Pero lo que él no logró hacer fue reprimir las emociones que ahora él era capaz de sentir. Por lo tanto, poco a poco fue cayendo de rodillas mientras se abrazaba aún más fuerte de la mujer que tenía al frente y hundía su rostro en el estómago de ella.

Kagome no estaba feliz de verlo así, si bien él había sido su enemigo. Lo que Kikyo había hecho era horrible, ella había querido matar a ambos y dejar a Naraku atrapado en el túnel del tiempo sellado, solo. Por la eternidad.

Los sollozos de Naraku en el estómago de la chica y los brazos de él agarrándola fuertemente contra el hicieron que la sacerdotisa también quisiera llorar. Después de todo, ella no sabía si podría volver a la era feudal, si podría ver nuevamente a Inuyasha. Pero alejando los pensamientos egoístas, lo importante era el hombre que estaba frente a ella.

-"que es este lugar Kagome, dímelo por favor"-, le imploró el mirándola a los ojos.

-"Naraku, es mejor si esperas"-, le trato de disuadir mientras acariciaba su cabeza para calmarlo.

Pero no funcionó, el solo se levantó rápidamente del sueño y agarró su mano. –"¿cuánto maldito tiempo ha pasado?"-, le interrogó ahora con furia.

Ante esto la sacerdotisa solo pudo exhalar para luego mirarlo a los ojos.

-"este no es el infierno Naraku, es mi hogar. Pero no es donde, más bien es cuando"- le introdujo la chica, el demonio comenzó entonces a relajar su agarre mientras la miraba atónito. –"han pasado 500 años desde que Kikyo te lanzó aquella flecha"-

En ese momento flashes de lo ocurrido comenzaron a aparecer ante el demonio, el recordó el mar azul en que había caído junto a ella, recordó la voz de Kagome pidiéndole que no muriera, y recordó la voz de Kikyo mandándolo al infierno.

-"cómo es posible?"- le preguntó el entonces.

-"no recuerdas que pasó por que fuiste herido, pero, Caíste en el poso conmigo por accidente"-, y mientras el hombre dejaba caer sus manos a los lados, ella continuó.

-"cuando estábamos siendo traídos aquí, el poso comenzó a succionarte. Veras el poso por el que viajo es un portal entre aquí y la era feudal"-, lo último fue acompañado de ella apuntando en dirección al pozo.

-"pero veras Naraku, a pesar de que yo puedo pasar. Ese poso no te dejará a ti, ya que tiene la propiedad de descomponer monstruos"-, las explicaciones de la chica agotaban más y más al hombre a cada momento.

Aunque él creía en lo que ella le decía, una parte no lograba comprender aquella verdad que se le estaba presentando. Simplemente porque el jamás había visto algo así antes. Por esa misma razón, él tuvo que preguntarle.

-"en este mundo, aquí. Desde que llegué no siento la presencia de demonios o monstruos. ¿Por qué?-, esto él lo dijo con una obvia cara de pena en su rostro.

Kagome no sabía que responder, ni siquiera ella sabía a ciencia cierta el porqué de esto, por lo tanto, tomó l mano de Naraku y lo condujo a uno de los costados del patio, donde ambos se sentaron en uno de los bancos. Para luego, y mirando aquel árbol le dijo la verdad.

-"no lo sé, he pasado la mayor parte de mi tiempo en la era feudal encontrando los fragmentos de Shikon. He visto fantasmas, pero yokais como tú o In…. ,Como tú o Seshomaru no he visto nunca"-.

Naraku se molestó inexplicablemente con esta frase, no porque la chica no supiera, sino porque el nombre de aquel perro casi había salido de los labios de ella. Pero apartando lejos aquel sentimiento de molestia volvió a centrarse en lo importante.

-"¿Qué es la era feudal?-, le preguntó el, ya cansado. Y aunque lo único que quería era estar solo y descansar, no lo haría hasta que sus preguntas fueran respondidas.

-al fin una pregunta fácil-. Pensó la chica. –"así se llama tu época. Veras Naraku, a pesar de ser la reencarnación de Kikyo. Jamás había usado mis poderes antes. Aquí no es como allá. La gente vive tranquila y en paz. Los monstruos y demonios son solo cuentos que la gente usa para asustar a los jóvenes"-

Naraku en este punto, trataba de poner toda la atención posible en las palabras de la chica, mas su atención se distraía constantemente gracias al sentimiento de tristeza y desolación que crecía en su interior. Pero fue entonces, cuando algo hizo click en su interior.

-"tu apareciste un día, junto con la perla"-, él dijo mientras miraba sus manos.

Kagome simplemente asintió con la cabeza, y mientras miraba las hojas del árbol dijo, -"la perla estaba dentro de mí. Yo también llegué por casualidad a tu época, un día simplemente caí al pozo, y al otro estaba viajando frecuentemente para recuperar los fragmentos de Shikon"-, y luego de una pausa en que esbozó una tenue sonrisa continuo mientras miraba al demonio.

-"Cuando llegué allá, la perla salió de mi interior y conocí a Inuyasha"-

Si bien ese nombre era cada vez más repulsivo para el demonio, se enfocó en la información importante.

-"tu cuerpo está unido a la perla entonces"-, le murmuro mientras la inspeccionaba.

-"algo así"-, fue la respuesta de la chica, quien ahora estaba menos triste. Ella creía que había calmado de alguna manera al demonio, por lo que se quedó en silencio por largo rato esperando a que el hablara de nuevo.

Ambos miraban en silencio al árbol sagrado, aunque eventualmente él la miraba a ella sin que se diera cuenta, él estaba meditando sobre todo. Su vida, las decisiones que había tomado. El mal que había hecho. Sobre Kikyo.

-"quiero volver"-, le dijo de pronto él.

Kagome quien no estaba preparada para escuchar algo así pensó que era una broma, aunque el fuera quien era, ella no lo dejaría arriesgarse a una muerte tan horrible, después de todo, había visto lo que el poso le había hecho. Pero por otro lado, muy en el fondo de su corazón, estas palabras la hacían volver al estado de melancolía, ella no quería separarse de él. Ella no quería estar sola.

-"Cuando llegamos acá lograste atravesar el portal apenas. De hecho, a segundos de llegar algo comenzó a drenarte, en menos de unos minutos ya te habías vuelto incapaz de estar consiente. No pensé que sobrevivirías"-, le replicó ella de manera tajante, y luego de una pausa en que el la miraba atónito.

-"si quieres volver allá debes saber que hay una gran posibilidad de que ni siquiera logres cruzar y mueras de forma horrible. O peor, recuerda la flecha de Kikyo, creo que ella quería encerrarte en el poso junto a mi"-

Ante esto el demonio solo tragó fuerte y suspiró, en esos momentos la última esperanza que tenía había muerto. Él no era tan idiota como Inuyasha para lanzarse a su muerte segura. Por lo tanto solo se remitió a permanecer en silencio.

Lo que descolocó al hombre fue que la chica a su lado se moviera hacía él y lo abrasara protectoramente. De un momento a otro él pudo sentir el calor de ella, su olor, su presencia calmante.

El abrazo fue largo y relajante, los minutos pasaban y ninguno de los dos quería moverse, pero como si se tratase de una alarma de pronto el estomagó del demonio sonó con un estruendoso rugido.

Kagome trató por todo medio de contener su risa, pero era demasiado cómico. –"que inoportuno es tu estómago"- le dijo ella a modo de broma.

Pero, al contrario de aceptar aquella broma el demonio solo quería desaparecer, estaba a punto de considerar el lanzarse al poso con la esperanza de escapar como una buena idea.

-"vamos, te llevaré a casa para que comas algo"- dijo la chica mientras se levantaba, -"yo tampoco he comido nada, tranquilo, no le diré a nadie que el gran Naraku siente deseos de comer"-, y tomando su mano lo arrastró a su casa mientras caminaban tranquilamente.


Mientras tanto, en la casa estaban todos reunidos en torno a la mesa. La madre de la sacerdotisa había preparado todo para el invitado. De hecho, estaban esperando a la pareja en silencio, y aunque Sota expresaba su desconformidad abiertamente, la mujer solo se remitía a mirarlo y sonreír.

Cuando la puerta se abrió y por ella pasaron Kagome y Naraku tomados de la mano las reacciones no se hicieron esperar, si bien Nahomi logró esconder su sorpresa y entusiasmo, el susto del abuelo y la indignación de sota no. Ambos exclamaron al unísono, lo que provocó que los recién llegados se separaran al instante.

Mientras la reacción de Kagome fue ponerse muy roja y avergonzarse enormemente al verse bajo el escrutinio familiar. Naraku por otro lado, comenzó a sentirse nuevamente fastidiado, por culpa de la reacción de aquel niño y aquel anciano había perdido el contacto con aquella chica que lo hacía sentir tan en calma. Por lo tanto, cuando ella corrió a sentarse el no dudo en seguirla y posicionarse junto a ella. Al frente estaban los dos hombres de la casa y a su lado estaba la madre de Kagome.

-"querido, compre comida especial, sé que estas enfermo. Así que come todo lo que quieras"- le dijo la madre, quien levantando las cubiertas de los platos, dejó ver la comida que había preparado.

El menú era variado pero simple, pescado, carne y verduras temporizadas, acompañados de varios tipos de ensaladas. También se sirvieron sopa de miso y arroz blanco en sus respectivos cuencos. Naraku miraba todo esto hambriento, y aunque nadie lo notara debido a su mueca inflexible, Kagome si pudo percibirlo.

-"adelante, come sin cuidado"-, lo incitó la madre.

Kagome por otra parte, cansada de aquella actitud, tomó riendas en el asunto y tomando un poco de carne con sus platillos la llevo a la boca de Naraku.

-"tienes que recuperarte"-. Le exigió la chica al demonio, este accedió de mala gana y abrió la boca, todo mientras Sota y el abuelo, estaban casi con las mandíbulas desencajadas mirando.

-"apuesto a que lo amaras"-, le anuncio la chica mientras el masticaba aquella comida.

Lo que no imaginaba ella sin embargo, era que apenas el probó aquella carne su cara cambiaría totalmente, si bien tenía los ojos abiertos como platos, estos manifestaba un gran placer. El sentía que estaba probando el cielo. Cuando ella se dio cuenta, prefirió solo sonreír alegremente.

Había logrado que el dejara de lado solo un momento lo que había pasado en el árbol sagrado. Por lo tanto, ella comenzó a describir cada plato que había en la mesa mientras le hacía probarlos. Por su parte Naraku, jamás había sido tan dócil, ya que comía tranquilamente lo que ella le entregaba.

La madre de la sacerdotisa no podría haber estado más feliz, y aunque quería interferir en la conversación, prefirió mantenerse al margen. Además de obviamente, dejarles en claro a Sota y al abuelo, que ellos tampoco debían interceder, todo obviamente en lenguaje de señas, para no molestar a la pareja.

Por lo tanto, la comida transcurrió lentamente y sin mayores charlas, aparte de la que mantenían el demonio y la sacerdotisa sobre la comida.


Rato más tarde, cuando la cena había terminado y la madre limpiaba la mesa Kagome intentó ayudarla, mas esta le respondió que lo mejor era que acompañara a Naraku a la sala para que viera televisión mientras Kagome arreglaba la habitación de invitados.

La sacerdotisa hizo caso y caminando junto al demonio, quien ahora estaba más relajado y con una obvia cara de sueño en la cara fueron a la sala. Allí se encontraba el abuelo viendo una película vieja sobre un grupo de samuráis. Naraku no logró resistirse y ayudado por Kagome, quien le indicó donde sentarse lo dejó ahí. A diferencia de la vez pasada, ahora él estaba realmente interesado en lo que aquel artefacto mostraba.

Mientras tanto, al entrar Kagome en la habitación, se dio cuenta de que esta estaba impecable, si plan había dado frutos. Lo que había pasado en la tarde no sería descubierto. Mas no pudo evitar sentir un dejo de nerviosismo al estar allí, incluso si estaba sola. El pensar en Naraku y ella durmiendo en la misma cama desnudos le puso la piel de gallina, por más razones de las que ella quería admitir. Una parte de ella si bien tenía miedo de lo que podría haber ocurrido, la otra moría de morbo por saberlo.

-"no entiendo para que ocultas lo que sientes sacerdotisa, sé que te morirías de gusto al ser cogida por el"-

Una voz espectral se escuchó de pronto en algún lado de la habitación. Kagome ante esto no pudo sino saltar de sus y ponerse de espaldas a la pared mientras buscaba frenética la fuente del sonido.

-"no niegues lo que quieres hacer, quieres que te tome como la puta que eres"-

A este punto la chica había pasado del miedo a la cólera, por lo que, cuando identificó que aquella voz venía desde la cama corrió rápidamente y se agacho para sorprender al intruso.

Mas para su sorpresa, no había nada. Pero la voz continuó hablando.

-"lo quieres dentro de ti, quieres que él te haga las cosas que Inuyasha jamás te haría"-

Ahí fue cuando Kagome calló en cuenta, la voz venía desde debajo de la mesa de noche, así que saltando sobre la cama y apoyándose en esta misma metió la mano, sin importarle nada. Ella tanteo descaradamente bajo el mueble, ella no permitiría que alguien le dijera algo así.

Al fin, cuando ella encontró algo retrajo su mano rápidamente. Pero la sorpresa no fue pequeña cuando vio una perla de color azul. Era algo más pequeña que la Shikon, pero era de un extraño color azul brillante, y cuando Kagome se acercó para mirarla más detenidamente su sorpresa no fue pequeña cuando lo vio.

Se vio a sí misma, como si estuviese apoyada desde dentro mirándose, estaba desnuda y su rostro no reflejaba otra cosa que no fuese placer. Kagome no lo entendía como era esto posible, pero antes de que pudiese hacer más preguntas la imagen de Naraku se materializó tras ella dentro de la perla. Instantáneamente la chica miró hacia atrás en busca del demonio, pero no había nadie estaba sola en aquella habitación.

-"tranquila, si te relajas podrás aceptar la verdad con más facilidad"- le dijeron ambas imágenes mientras se abrazaban y Naraku recorría el cuello de la chica con besos.

-"esto no es posible, primero los fragmentos de la perla y ahora otra perla"- dijo la chica mientras trataba de no perder el aliento.

-"cual otra perla"-, fue la respuesta que vino desde la joya. –"no hay más, al menos en este tiempo, somos la nueva Shikon. Su deseo nos creó, tu esencia y la del demonio encajan perfectamente"-

Y luego de una pausa en la que ambos se besaban continuaron hablando.

-"somos tus fragmentos, y los de él. Unidos por sus deseos. Somos el resultado perfecto de los deseos y el poder"-

Kagome no entendía, no comprendía como esto había pasado. Ella no sería capaz de crear algo así de poderoso como era la perla de Shikon, y mucho menos cuando. Por lo que empezó a murmurar la palabra no al aire.

-"te haremos recordar Ka-Go-Me"-

Y antes de que la chica pudiese darse cuenta se vio a su misma contra el techo, clavada a este. Era como si fuese un espectador. Bajo ella estaban Naraku y ella misma, pero antes. Kagome entonces vio como había besado a Naraku, como está la había desnudado y ella a él. También como devoraron la boca del otro. Y como había pedido entre gemidos lastimeros que este la tomara como suya.

-"yo no hice eso"-, exclamó de pronto la chica cuando vio como el metía sus dedos en ella, y como esta respondía bombeando rápidamente el pene del demonio de ojos rojos.

-"claro que lo hiciste, así fue como nacimos"-, dijo la perla. –Somos la combinación de sus esencias y poderes"-

Acto seguido, hicieron que la chica viera el momento preciso de la culminación sexual, ahí vio cuando la luz blanca lo llenó todo y ambos caían a la cama junto a la joya que la acompañaba.

-"nosotros somos quienes cumplen los deseos más íntimos de quien nos porte"-

Acto seguido Kagome se vio a si misma de nuevo sobre la cama, era de noche. Había vuelto a la realidad.

-"creadora, cuídanos bien"-, escucho re pronto hablar a la perla azul y vio como las imágenes de ella y el demonio de ojos rojos se desvanecían. Ahora se veía como una simple perla azul.

Cuando finalmente la chica pudo sentir silencio nuevamente los recuerdos comenzaron a aflorar, seguidos de culpa y vergüenza. Ella había incitado a Naraku a poseerla, y si no hubiese sido por que ambos terminaron apresuradamente debido a la excitación, ella felizmente se habría entregado completa a él. Además, con aquel ato había nuevamente creado un problema enorme como lo era esta nueva Shikon.

Ahora existía otra, creada a partir de fragmentos y poder de ambos. Kagome no sabía qué hacer, se sentía completamente tonta y avergonzada. Por largos momentos se quedó allí, mirando aquella joya, sentada sobre la cama y pensando.

Pero como era de esperar, luego de un momento de tristeza. Ella se recuperó, después de todo, nueva perla o no, ahora ella tenía casi toda la perla. Solo tenía que encontrar la forma de volver sin que Naraku se diera cuenta, obtener los que faltaban y destruirla.

-"sí, podre lograrlo. Lo solucionaré"- se dijo a si misma dándose ánimos.

En cuestión de segundos Kagome trazó un curso de acción, y cuando se vio segura sobre cómo actuar salió corriendo en dirección a su habitación. Al llegar a esta se metió directamente al closet y rebuscando entre las cosas que estaban en la parte más alta, metió la perla en una cajita pequeña en la que había una pulsera. Luego la escondió aún más alto en un lugar seguro que solo ella conocía.

-"aquí, Naraku no la percibirá nunca, eso será un problema menos"-, dijo mientras cerraba todo perfectamente.

Y saliendo nuevamente, ahora en dirección a la sala, fue a buscar al demonio para seguir fingiendo que nada había pasado. Mas ella no contó con que al verlo ahí sentado de espaldas, las imágenes de lo que hizo la volvieron a acosar. De un segundo a otro ella sintió sus piernas doblarse realmente, no como lo había dicho el antes en broma. Ahora, se sentía real, ella podía sentir casa toque y beso que él le dio.

Por lo tanto, tuvo que tomar unos momentos para concentrarse nuevamente. Cuando estuvo lista lo llamó por su nombre a la vez que posaba su mano en su hombro. Pero en el momento en que el giró su rostro con su mirada aburrida e hicieron contacto visual se produjo en ella una corriente eléctrica que recorrió todo su cuerpo, en un segundo ella se había convertido en una masa tonta que no podría hacer más que mirar aquellos ojos rojos y esos labios finos y delicados.

-concéntrate Kagome, no puedes permitirte caer nuevamente. Mira lo que pasó la última vez-, se reprendió a sí misma, y sacando fuerzas desde la última parte cuerda de su ser le hablo tímidamente.

-"sígueme"-, fue todo lo que salió de ella. Quien rápidamente sacó su mano y caminó rápidamente a la habitación que ahora ocupaba Naraku. La excitación le estaba ganando. No lograba pensar en otra cosa que no fuera lo que habían hecho.

Mientras tanto, Naraku, quien no recordaba nada no entendía esta aura diferente en la chica, hace menos de una hora ella había estado alegremente revoloteando a su alrededor, pero ahora parecía no querer estar en el mismo planeta que él.

-por otro lado, ella es impredecible, después de todo hace dos días éramos enemigos jurados-, pensaba el mientras caminaba tras ella.

Al entrar ambos en el dormitorio no pudieron evitar sentirse incomodos, ambos por razones parecidas. Aunque Naraku se sentía bien al ver que todo estaba limpio. El desastre en que habían desaparecido había desaparecido. Como la lógica le decía que quien había ordenado y limpiado era la chica a su lado consideró agradecerle. Mas en cambio, prefirió caminar a la cama y sentarse en ella para mirarla en silencio, ella estaba realmente extraña. Podía ver sus mejillas rojas y su mirada nublada.

-Debe estar enferma-, habló Hitomi preocupado- -Recuerda que ha estado bajo mucha tensión desde que llegamos-

Pero Naraku lejos de escucharlo solo respondió un rápido, -"cállate"- al aire.

Lo que hizo que Kagome se extrañara, puesto que no había dicho nada, Mas como él estaba serio supuso solo era mal humor. Por lo tanto se rearmó a sí misma y procedió a sacar del armario tras ella un pijama simple para el demonio de ojos rojos.

-"ponte esto y duerme, mañana tengo muchas cosas que explicarte"-, dijo la chica mientras trataba de lucir impasible. Mas su fachada falló, ya que al momento en que Naraku se levantó y tomó con su mano aquellas prendas que le ofrecía, sus manos se tocaron. La electricidad volvió a hacer de las suyas en su cuerpo. Lo que la hizo apretar los muslos mientras apretaba su mirada.

Por otro lado, Naraku, quien esta vez también había sentido esta sensación, solo atinó a quedarse parado ahí, esperando a que algo pasara. Un interés cada vez más primitivo y fuera de juegos empezó a tomar el control sobre él.

El necesitaba tocarla de nuevo, pero antes de que el pudiera concretar lo que estaba pensando, Kagome salió corriendo de la habitación.

-"duérmete pronto, y no salgas de la habitación en la noche, o verás lo que te ocurrirá"-, fue lo último que dijo mientras abría y cerraba la puerta para irse a su habitación.

Allí quedó Naraku, confundido y necesitado. Sin entender que ocurría en su mente.