Disclaimer. Los personajes no me pertenecen, pero la historia si.

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CAPÍTULO 2.

Renesmee despertó al primer sonido de la alarma de su móvil. Se levantó con pereza de la cama, sin mirar al chico que aun dormía en ella. Fue a darse una ducha rápida en cuarenta minutos tenía que estar en el trabajo.

Una vez que se hubo secado el pelo, se vistió con uno de sus habituales trajes y se recogió el pelo en un moño alto. Salió del cuarto de baño, cogió unos pantalones que estaban en el suelo y los lanzó sobre el chico, al que despertó.

- Despierta, tengo que irme.

- ¿A dónde? – preguntó el chico, al tiempo que comenzaba a vestirse, aun con los ojos pegados por las legañas.

- A trabajar .

- ¿Y de qué trabajas?

Renesmee cogió su arma de la medita de noche, dejando al chico con la mandíbula desencajada. Renesmee también cogió la placa y se la colgó del cuello. Al verla, el chico de tranquilizó y terminó de vestirse al fin.

-¿Eres poli? – preguntó, asombrado.

- ¿Algún problema al respecto? – preguntó, yendo hacia la puerta. El chico negó con la cabeza al tiempo que seguía a Renesmee. – Venga, es hora de irse.

- ¿Quieres que vayamos a desayunar?

- Ya te he dicho que tengo que irme a trabajar. – Renesmee miró su reloj. La parsimonia del chico la estaba impacientando. No quería llegar tarde.

El chico, sorprendido por que la chica le estuviera echando de esa manera, cogió su abrigo con rapidez y salió del apartamento. Bajaron juntos por la escalera y salieron a la calle, abrigándose. Hacía bastante aire esa mañana para estar en pleno mayo.

- ¿Nos veremos otro día? – preguntó el chico, sujetando a Renesmee por la muñeca al ver que ésta ya se marchaba.

- Claro. Llámame. – murmuró, poniéndose las gafas de sol. Miró al chico, que no le quitaba la vista de encima.

- No me has dado tu número.

- Ah, si. Es verdad. Bueno, adiós.

Sin mirar al chico, que se había quedado boquiabierto ante el comportamiento de la chica, Renesmee fue en busca de su coche, que estaba aparcado a dos calles de allí. Miró de nuevo su reloj y maldijo. Iba a llegar tarde, muy tarde. Y justo le pasaba aquel día.

Conduciendo a bastante velocidad, Renesmee se dirigió hacia las afueras, donde ya le esperaban el Teniente y su nuevo compañero. Sonrió al verle allí, aunque su cara cambió al ver la expresión de enfado del Teniente.

- Llegas tarde. – dijo su superior, cuando Renesmee llegó a su lado.

- Lo sé. Lo siento. Me han entretenido… - murmuró sin mirarle a la cara. No soportaba ver su cara de reproche. – No volverá a pasar.

- Eso espero, aunque no me lo creo mucho. – añadió en un murmullo.

Renesmee quiso replicar, pero no pudo. Tenía razón. No era muy amiga de la puntualidad.

- Después de la juerga que te pegaste anoche, no me extraña que te hayas entretenido. – dijo Emmett, haciendo comillas con los dedos, burlándose de su amiga, y por ello recibió un puñetazo en el costado por parte de Renesmee. – Joder, pero que violenta eres.

- Haced el favor de poneros serios. – les regañó el teniente. – nos han llamado por algo muy serio. No os he elegido para que juguéis a las peleas, sino porque sois los mejores de vuestros departamentos, así que comportáis como tal, como profesionales, como los sargentos que sois.

Emmett y Renesmee se miraron de reojo y asintieron en silencio. El Teniente tenía razón, como siempre.

Siguieron al Teniente Cullen hacia la entrada de la enorme casa. Allí se encontraron con un chico de unos treinta y cinco años que a Renesmee le resultó familiar, pero no supo de donde. Se llamaba Seth Clearwatter y era el jefe de seguridad de la familia Black y guardaespaldas personal del hijo de los Black. Al parecer, el joven Black, de treinta y cinco años, estaba siendo víctima de acoso, pero aun no sabían de quien se trataba. Recibía cartas sin remitente, regalos (alguno un poco macabro), e-mails que no habían podido rastrear, fotos suyas hechas sin que él se hubiera dado cuenta, mensajes en el móvil… y por mucho que cambiara de número de teléfono, seguía recibiendo mensajes, muchas veces amenazantes.

Al principio, se lo habían tomado con humor, creyendo que se trataría de una de las muchas conquistas del joven, hasta que encontraron al perro de la familia muerta en la cama del chico. Le habían envenenado. Por ello, el guardaespaldas del joven Black había convencido a los padres de su protegido de llamar a la policía, aunque el chico se había negado varias veces, pero Seth le ignoró y al fin había llamado a la policía. El asunto de la muerte del perro les había asustado mucho a todos y no podían seguir así. Jacob podría sufrir algún daño y eso nunca se lo perdonaría.

- Hola señor Clearwatter, soy el Teniente Cullen, y éstos son dos de los mejores agentes de la policía de Nueva York, la sargento Cullen de robos y homicidios y el sargento McCarty de narcóticos.

- ¿Narcóticos y homicidios? – preguntó Seth, entre curioso y sorprendido.

- Lo importante no es el departamento en el que trabajen, sino que son los mejores agentes de la ciudad y han estado en cubierto en muchos casos. Son quienes ustedes necesitan.

- Si son los mejores a mi me vale. Vayamos a mi despacho, allí podremos hablar con más calma y sin que nadie nos moleste.

Los tres asintieron con la cabeza y siguieron a Clearwatter hacia un despacho que había en la planta baja de la mansión. Allí hablaron de como iban a proceder a partir de ese momento.

El joven Black no quería contratar a más seguridad ni quería llamar a la policía, así que deberían vigilarle sin que él se diera cuenta.

A Renesmee le pareció una tontería estar perdiendo el tiempo en aquello, deberían comenzar una investigación, pero si creían que aquella era la mejor forma de hacerlo, lo haría empleándose al cien por cien.

Tras una hora de reunión quedaron en que la sargento Cullen sería la ayudante del asistente personal de Black, y el sargento McCarty se encargaría de la nueva casa de Black y, por consiguiente, de la cocina, lo que hizo sonreír a Renesmee. Agradeció enormemente ese cambio de rol, ya que ella era un peligro en la cocina, en cambio Emmett era un gran cocinero.

-Menos mal que seré yo quien se ocupe de la cocona. – dijo Emmett, al tiempo que salían de la casa. El pobre chico acabaría envenenado con eso que tu llamas comida y yo tendría que detenerte por homicidio involuntario.

Emmett se ganó otro puñetazo en la zona lumbar. El teniente les lanzó una dura mirada de reproche, pero se tubo que volver para esconder la sonrisa que brotaba de sus labios.

Emmett y Renesmee se conocían desde que coincidieran en la universidad, hacía ya diez años, diez años de una amistad que hacía muy feliz al teniente Cullen. Su hija merecía ser feliz y tenía dos grandes amigos que lograban hacerle sonreír todos los días.

- ¿Cómo te vas a llamar ésta vez? – preguntó Emmett, yendo del brazo de Renesmee hacia el coche de ella. Llevaban dos años sin ser compañeros, desde que Emmett había ascendido, y ambos lo habían echado de menos. – Yo seré Emmerson, aunque puedes llamarme cariño o amorcito. – dijo, guiñándole un ojo a su amiga. Ella sonrió. – Anda! Pero si has sonreído! ¿Es que has echado un polvo o qué? – Renesmee no dijo nada, pero no hizo falta, se había sonrojado. - ¿Quién fue la víctima de anoche?

- No le conoces. – murmuró, evitando hablar del tema.

- ¿Y tú? – Renesmee negó con la cabeza, ni siquiera se acordaba de su nombre. - ¿Vas a volver a verle? – la chica volvió a negar con la cabeza y se metió dentro del coche, zanjando así la conversación. – Nos vemos mañana, Vanessa. – añadió, llamándola por el alias que Renesmee siempre utilizaba cuando trabajaba en algún caso.

Renesmee asintió y se marchó, observando la imagen de Emmett en el retrovisor de su Volvo. Tras unos segundos más, no se lo pensó dos veces y dio media vuelta. Cuando volvió a estar al lado de Emmett, le hizo un gesto con la cabeza y éste sonrió. El teniente Cullen, que estaba hablando con el señor Clearwatter, les miró desde la puerta de la casa, pero no dijo nada. Esos dos ya eran mayorcitos para saber lo que estaban haciendo.

Emmett y Renesmee fueron al piso que compartían con Alice, piso que utilizaban para estar con sus ligues, para no llevarlos a sus propios apartamentos. Una vez allí, Emmett sacó dos cervezas de la nevera y le dio a Renesmee, que estaba sentada en el sofá. Bebieron en silencio durante unos minutos, lanzándose miraditas, hasta que Emmett dejó la cerveza a un lado y se abalanzó sobre ella para besarla.

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- Creo que tu padre lo sabe. – murmuró Emmett, mirando a la chica, que estaba desnuda, tumbada a su lado.

- ¿Porqué crees eso?

- A veces, cuando nos cruzamos por comisaría, noto que me mire raro.

- Mi padre mira raro a todo el mundo. – dijo Renesmee, comenzando a besar su torso. – No te preocupes por él. Aunque lo sepa nunca va a decir nada. – Se colocó a horcajadas sobre sus piernas y continuó besándole, ahora por el cuello.

- A veces me da algo de miedo.

- ¿Quieres que sigamos hablando de mi padre o que vayamos a por otro asalto?

- ¿Otro? – preguntó, sonriendo. – Pero si ya llevamos dos.

- ¿Hay algún problema?

- Ninguno. Pero luego no te quejes de que estás cansada.

Desde que Renesmee y Emmett, algo perjudicados por el alcohol, se enrollaron en la discoteca hacía ya cuatro años y Jacob ya nunca más volvió a su vida, ella había cambiado. Los dos jóvenes habían comenzado a quedar en plan íntimo y, aunque Renesmee nunca había logrado enamorarse de Emmett, él lo había aceptado y de vez en cuando quedaban para acostarse. Y no solo se acostaba con él, sino con cualquiera que conociera en una noche de fiesta. Algo en ella había cambiado, ahora hacía lo que quería y cuando quería sin dar explicaciones a nadie.

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Gracias a todas por leerme.

Espero que os haya gustado.