Disclaimer. Los personajes no me pertenecen, pero la historia si.

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CAPÍTULO 3.

Renesmee llegó sola a la casa en la que habían estados reunidos el día anterior con Clearwatter. Ese día no había ido a la casa en coche con sus compañeros, sino que había ido en su moto. Adoraba ir en moto y la libertad que ella le proporcionaba.

Aparcó la moto al lado de la moto de Emmett, se quitó el casco, se recogió la larga melena en un moño, se alisó la chaqueta del traje y fue hacia la entrada principal, donde estaba Clearwatter junto a Emmett, una mujer de unos cincuenta años y un hombre muy atractivo de unos cuarenta años. Se preguntó si aquel sería el famoso joven Black, aunque le extrañó. No era tan joven.

- ¿Llego tarde? – preguntó al verlos a todos allí.

- Para nada. – dijo Clearwatter, con una sonrisa en los labios. – Ha llegado muy puntual.

- Como os he visto a todos aquí reunidos ya…

- Acabamos de llegar. Me llamo Paul, por cierto. - dijo el hombre atractivo, mirando descaradamente a Renesmee de arriba a bajo, al tiempo que se ponía las gafas. Sin ellas apenas veía nada. – Soy el asistente personal del señor Black.

Renesmee estrechó la mano que le tendía y sonrió con cortesía, aunque no le gustó nada como le estaba mirando.

- Yo soy Vanessa.

- Os presento al resto del equipo. – dijo Clearwatter, señalando a las personas que tenía a su lado. – Éste es Emmerson, el chico que se ocupará de la nueva casa del señor Black. Ella es Leah, el ama de llaves de la actual casa de los señores Black. Ella te enseñará todo lo que debas saber para ocuparte de la nueva casa. – añadió mirando directamente a Emmett, que asintió con la cabeza.

- ¿No vive aquí el señor Black? – preguntó Renesmee.

- Ahora si, pero se ha comprado una pequeña casa. – dijo Paul. – una casa cuya dirección todavía no conoce nadie y así debe de seguir siendo. Por su seguridad.

- ¿Seguridad? ¿Es que ha pasado algo? – preguntó Emmett con aire inocente, fingiendo no entender nada.

- No no. Es que le apetecen nuevos aires. – comento Clearwatter. – Dejemos las charla y pongámonos en marcha. Iremos en mi coche.

Los cinco montaron en el 4x4 de Clearwatter y se dirigieron hacia la otra punta de la ciudad, a las afueras. Renesmee esperaba llegar a un lujoso edificio de pisos, pero para su sorpresa se detuvieron frente a una hermosa casa de dos pisos.

- ¿A que se dedica exactamente el señor Black? – preguntó Renesmee a Paul al tiempo que!todos se bajaban del coche.

- Tiene varios negocios: restaurantes, clubes nocturnos, cafeterías… pero lo que más le gusta es…

- ¿Qué pasa aquí? ¿Hay una fiesta y yo no me he enterado?

Un chico de unos treinta y cinco años salió de la casa en pijama y bata. Ten8a el pelo corto despeinado. Debía de medir más de metro ochenta. A pesar de las pintas de vagabundo que llevaba se le veía imponente y muy atractivo.

A Renesmee le dio un vuelco al corazón y tuvo que sujetarse con fuerza al brazo de Paul, quien estaba a su lado, para no caer.

- No puede ser. Estoy alucinando. – murmuró, sintiendo la mirada de Emmett sobre ella.

- Son los nuevos empleados, señor Black. Son Vanessa y Emmerson. – dijo Clearwatter, acercándose al chico, con quien estrechó su mano. – Ya le dije que vendríamos hoy.

- Ah si, tienes razón, ya no me acordaba. – murmuró en medio de un gran bostezo. – pero llegáis justo a tiempo. Me he levantado con hambre. – añadió, mirando a Renesmee, que le miró alzando una ceja, incrédula.

- ¿Disculpe?

- Puedes ir a prepararme el desayuno con Leah, así vas conociendo la cocina y lo que me gusta comer.

Emmett, nervioso por como podía reaccionar Renesmee, la miró, ahora con cautela. Sonrió al darse cuenta de que ésta abría y creaba los puños. Siempre hacía eso para calmarse y no hablar más de la cuenta.

-Primero; señor, yo no le he dado ninguna clase de confianza para que me hable como si me conociera de siempre, por que no es así. Para usted soy la señorita Masen, igual que usted para mí es el señor Black. Segundo; yo no cocino. No estoy aquí para eso y me parece muy fuerte que crea que soy yo quien se va a ocupar de la cocina y de la casa por el simple hecho de que soy mujer.

Todos miraron alucinados a Renesmee, sobretodo Black, que no estaba acostumbrado a que nadie le hablara de esa forma y mucho menos una mujer. Siempre caían todas rendidas a sus pies.

- Vale. – logró decir tras unos segundos de incómodo silencio. – Perdone.

- ¿Qué le apetece desayunar, señor Black? – preguntó Emmett, avanzando hacia Black, intentando que éste apartara la mirada de su amiga.

- Lo que prepare estará bien. – murmuró. Aun no se podía creer lo que acababa de pasarle.

Había algo en aquella mujer que le llamaba mucho la atención, pero aun no sabía lo que era.

- Vamos Vanessa, ten enseñaré el lugar en el que vamos a trabajar.- dijo Paul, logrando llamar la atención de Renesmee.

- De acuerdo.

Renesmee siguió a Paul hacia el interior de la casa y una vez dentro se dirigieron hacia un gran despacho que había en la planta de abajo, al lado de la cocina. Allí había dos mesas y, tras ellas, dos grandes estanterías repletas de archivadores.

- Aquí es donde pasaremos la mitad de nuestra jornada.

- De acuerdo.

- ¿Puedo tutearte o me va a pasar lo mismo que a Jacob?

- ¿Qué acabas de decir? – preguntó, sintiendo como comenzaba a faltarle el aire. - ¿Has dicho que se llama Jacob?

- Si. Jacob Black.

Renesmee se apoyó en la mesa que tenía más cerca, intentan do respirar con tranquilidad. Aquel a quien hacía cuatro años que no veía, estaba allí. En cuanto le había visto algo en su interior de había removido, pero había intentado convencer a si misma que no podía ser él, que simplemente se parecían, pero Pul acababa de llamarle Jacob. No podía ser casualidad. Él era el Jacob del que había estado enamorada.

- ¿Señorita Masen?

- Puedes tutearme. – dijo, al darse cuenta de que estaba montando un espectáculo. – Ya lo has hecho antes. – bromeó, intentando sonreír.

- Sólo quería asegurarme. – dijo al verle sonreír. Se había preocupado al verla tan nerviosa. – Tu también puedes tutearme a mi. – Renesmee sonrió, un poco más tranquila. – Jacob es un buen chico. No le tomes a mal lo que te ha dicho antes.

- Si tu lo dices… - Renesmee miró a su alrededor, observándolo todo. - ¿Comienzo a trabajar ya hoy?

- Mejor mañana. – Renesmee asintió con la cabeza. – Y ahora que ya estamos más tranquilos, ¿quieres que te enseñe donde están los dormitorios?

- ¿Para qué?

- Para que sepas donde vas a dormir.

- ¿Qué yo voy a dormir donde? – exclamó Renesmee, alarmada. Nadie le había dicho nada de dormir allí. No le hubiera importado, pero ahora que sabía que estaba en la casa de Jacob, todo era muy distinto. – No, no, no. Yo no me quedo aquí a dormir, yo tengo mi propio piso.

Paul miró a Renesmee. ¿Qué le pasaba a esa chica?

- ¿Estás bien?

- ¿Me disculpas un momento? – preguntó, pero estaba deseando huir.

Renesmee salió del despacho intentando no correr, pero cuando estuvo en el pasillo, echó a correr hacia en jardín. Allí encontró a Emmett hablando por teléfono. Ella corrió a abrazarlo. Él terminó la llamada y abrazó con fuerza a su amiga. Renesmee luchaba por contener sus lágrimas, pero no podía hacer nada por controlar los temblores de su cuerpo. Emmett suspiró, conteniendo sus propias lágrimas. No le gustaba nada ver así a su amiga.

- No puedo quedarme aquí a dormir…

- He llamado a tu padre en cuanto he podido. Me ha dicho que hemos hacerlo. – se separó un poco de ella y la miró a los ojos. – Pero hemos llegado a un acuerdo.

- ¿Ah si?

- Tu solo tendrás que quedarte dos noches. Yo me quedaré las otras cuatro. – Renesmee miró a su amigo, agradecida.

- Gracias, gracias. – suspiró, cerrando los ojos. – Dios, creía que tenía superado lo de Jacob, pero ha sido verlo y me ha dando el tembleque.

- ¡No me digas! – exclamó, haciéndola sonreír. La abrazó de nuevo, haciéndola sentir mejor. – Dios, mi niña…. Venga, que tu eres toda una profesional.

- Si, lo soy. Somos los mejores.

- Lo somos. Y atraparemos a ese pirado.

- Por supuesto que si.

Estrecharon su abrazo, sin darse cuenta de que alguien más salía al jardín. Tras unos segundos, el recién llegado carraspeó. Renesmee miró de reojo a Jacob, que les miraba desde al lado de la puerta. Renesmee se separó de Emmett como si hubiera recibido un calambrazo y se marchó hacia el interior de la casa. No quería permanecer cerca de Jacob ni un segundo más de lo estrictamente necesário. Primero por como se sentía estando cerca de él y segundo porque no quería que la reconociera. Debería ir con mucho cuidado mientras estuviera a su lado.

Jacob observó a Emmett, que en cuanto Renesmee se marchó, cogió el teléfono, fingiéndo hacer una llamada. Esperó a que Jacob se marchara, pero éste no lo hizo. Se quedó quieto en la puerta hasta que Emmett guardó el móvil en su bolsillo.

- ¿Eres amigo suyo, verdad?

- La verdad es que nos conocemos desde hace algún tiempo, pero ello nova a interferir en nuestro trabajo, no se preocupe.

- No me refiero a Va… a la señorita Masen, sino a Rene…

Emmett le miró, maldiciendo. Le había reconocido, aunque había algo bueno, no había reconocido a Renesmee.

-¿De quien me está hablando? – preguntó Emmett, fingiendo no entender nada. Esperaba que dejara el tema si se hacía el loco con convicción.

- ¿No me conoces?

- No. Al menos que yo recuerde. – mintió.

- Vale, olvídalo. Debo de haberte confundido.

- Seguramente. Tengo una cara bastante común. Y ahora, si me disculpa…

Jacob se apartó de la puerta y Emmett entró en la casa, respirando hondo.

… … … … …

En el despacho, Paul le explicó a Renesmee todo lo que necesitaba saber para comenzar a trabajar a la mañana siguiente.

A las cuatro de la tarde, Seth les llevó de vuelta a la casa de los padres de Jacob. Allí tanto Emmett como ella cogieron sus respectivas motos y cada uno se marchó por su lado.

Una vez que llegó al apartamento que compartía con su mejor amiga Renesmee fue directamente hacia la ducha. Necesitaba relajarse, aunque no lo consiguió hasta que no se tomó un par de copas de vino durante la cena.

Alice se dio cuenta de lo nerviosa que estaba su amiga pero no dijo nada. Sabía que no lograría sacarle ni una palabra. Renesmee solo hablaba cuando estaba a punto de explotar o cuando bebía más de la cuenta.

- ¿Qué estoy haciendo con mi vida, Alice? – comenzó a decir al tiempo que se servía la tercera copa de vino. – Casi todas las noches salgo de fiesta, me tiro a algún desconocido y ni siquiera lo disfruto porque siempre voy borracha.

- Entonces deja de hacerlo.

- ¿Salir o beber?

- ¿Ambas cosas?

- No quiero pensar en él… - sollozó, pensando en Jacob.

Alice no dijo nada, sabía perfectamente a quien se estaba refiriendo. Por mucho que se esforzara en disimular, sabía que nunca había olvidado a ese chico al que tanto había amado.

… … … … …

Por la mañana temprano, Renesmee se levantó, se vistió, cogió sus cosas y se marchó en su moto directamente hacia la casa de Jacob. Con rapidez e intentando no encontrarse a solas con Jacob, fue corriendo hacia el despacho en el que iba a trabajar. Allí se encontró con Paul, que la recibió con una gran sonrisa.

- ¿Dónde puedo dejar mi ropa? – preguntó Renesmee, dejando la mochila encima de su mesa.

- Te acompaño a tu dormitorio.

Renesmee siguió a Paul en silencio hasta el otro lado de la casa. Allí había una zona con seis pequeños pero acogedores dormitorios. Dejó la mochila encima de la cama del que iba a ser su dormitorio dos días a la semana y volvieron al despacho.

- ¿Qué tenemos que hacer?

- Hoy iremos a visitar algunos de los restaurantes propiedad de Jacob. – respondió al tiempo que cogía una carpeta y una tabletas y las metía en un maletín, que le dio a Renesmee. – Recogeremos las cuentas de este mes y veremos como va todo por ahí.

- Vale, vamos.

- Aun no podemos. Tenemos que esperar a Jacob.

- ¿Y no podemos esperarle en la calle?

- Si, supongo que si. – murmuró, cogiendo un maletín igual que el que le había dado a ella.

Fueron juntos hacia el jardín, pero una vez allí, Renesmee se desmarcó y fue a dar un paseo por los alrededores, observándolo todo muy bien. Estaba tan concentrada en su trabajo que no se dio cuenta de que alguien se había parado tras ella.

-¿Qué es lo que miras con tanta atención?

Renesmee, que estaba en cuclillas observando una de las ventanas que daba al sótano, se asustó y cayó de culo al suelo, chocando su espalda contra algo rígido.

-Joder! – exclamó, levantándose de un salto.

Renesmee se limpió la ropa con las manos. Cuando alzó la vista se encontró con los oscuros ojos de Jacob. Sintió que comenzaban a temblarle las manos pero tenía que calmarse. Jacob no le había reconocido y no quería fastidiarlo todo ahora con sus nervios.

- No quise asustarte. Es decir… lamento haberla asustado señorita Masen.

- No se preocupe señor Black. Solo estaba admirando la casa.

- ¿Y qué le parece?

- Es preciosa.

Renesmee echó una mirada a la casa y sonrió. Realmente le parecía una casa preciosa.

- Si… me enamoré de ella en cuanto la vi… - comenzaron a caminar y fueron hacia el coche, aunque no se montaron en él. – La verdad es que odio la ciudad, demasiado estrés, así que ésta casa lo tiene todo; comodidad, belleza, historia, tranquilidad… es sencillamente perfecta.

- Ahora si que lo tengo todo. – dijo Paul, apareciendo de repente.

Jacob lo miró, maldiciendo que hubiera llegado tan deprisa. Al fin Vanessa había bajado la guardia y les había interrumpido en el peor momento.

-Vamos.

… … … … …

Tras una mañana en la que visitaron hasta doce restaurantes, en los que no vio nada raro ni sospechoso, volvieron directamente a la casa.

Esa mañana pudo ver que todo el mundo adoraba a Jacob. No vio ni una mala mirada ni una mala palabra, nada que pudiera resultar sospechoso.

Renesmee pasó el resto de la mañana buscando los archivos de todos los trabajadores y analizándolos uno a uno. Ninguno tenía antecedentes. No había absolutamente nada.

-Toc toc.

Renesmee levantó la vista y miró a Seth, que estaba en la puerta con una bandeja en las manos.

- No has ido a comer.

- No me he dado cuenta de lo tarde que es. – dijo, mirando el reloj que había en la pared. Se quitó las gafas y las dejó sobre la mesa. – Estaba estudiando los empleados de los restaurantes.

- ¿Y has encontrado algo sospechoso?

- Absolutamente nada. – suspiró, cogiendo un pequeño bocadillo de la bandeja. – Dios, que bien que me conoce Em. Queso con lechuga… y atún… mmmm… y rodajas de tomate… mahonesa… Dios! Creo que estoy teniendo un orgasmo!

Seth se quedó pasmado ante tal sinceridad, pero acabó riendo a carcajadas al ver la cara de placer de la chica al comer el bocadillo. Realmente nunca había visto a una mujer disfrutar tanto comiendo. Se sentó a su lado y comenzó a mirar los papeles que había encima de la mesa, aunque a ratos miraba a la chica, le resultaba familiar, pero no sabía de qué podía conocerla.

-¿Qué hay entre Emmerson y tu?

Renesmee se atragantó al oír eso. Cogió el vaso de agua que le tenía Seth y bebió un par de tragos.

- ¿Qué dices?

- Os vi muy juntos en el jardín.

- Bueno, somos compañeros de trabajo y amigos. – dejó el bocadillo y se puso en pie. – Y aunque hubiera algo entre nosotros, eso nunca afectaría a nuestro trabajo.

- Eso espero. – dijo poniéndose también en pie. – Estás haciendo un gran trabajo, Vanessa . – señaló los papeles que había esparcidos por encima de la mesa.

- Eso es porque soy la mejor. – Renesmee le guiñó un ojo y volvió a sentarse. – Voy a aclarar esto cuanto antes. – murmuró, continuando con su trabajo.

… … … … …

A las diez de la noche, Emmett apareció en el despacho para despedirse.

- Me voy a casa, ya es muy tarde.

- Si, yo iré ya a dormir. Estoy muy cansada. – Renesmee le dio las carpetas a Emmett, que las guardó en su mochila. - ¿Ha ido bien durante el día?

Hablaron durante varios minutos. Ninguno de los dos había visto nada raro y ello les tenía algo mosqueados, pero al mismo tiempo les daba más fuerzas para encontrar enseguida al acosador del joven Black.

Tras ver marchar a Emmett, Renesmee paró las luces del despacho y salió a dar un par de vueltas de reconocimiento por la casa, que estaba muy tranquila a esas horas. Renesmee salió al jardín y se tumbó en una de las tumbonas. Cerró los ojos, intentando relajarse, esperando con ganas el acabar el caso e irse de vacaciones. Siempre había querido ir a Europa, a Italia. Y más con rectamente, a Roma, pero nunca había tenido tiempo. Suspiró.

-¿En qué piensa?

Renesmee abrió los ojos y miró a Jacob, que estaba sentado en la tumbona de al lado. ¿Cómo lo hacía ese hombre para aparecer siempre sin hacer ruido alguno?

-En nada en concreto, solo estaba tomando un poco el aire antes de ir a dormir. – dijo, volviendo a cerrar los ojos. No quería mirarle teniéndole tan cerca. - ¿O acaso no puedo?

- Si, claro que si. Faltaría más. – balbuceó, mirando a la chica, que para variar, volvía a estar a la defensiva. – Que pase una buena noche, señorita Masen.

- Lo mismo le digo, señor Black.

Cuando estuvo segura de que Jacob había entrado en la casa, abrió los ojos y se sentó. Suspiró de nuevo. No sabía por qué Jacob se le acercaba tanto, no quería que le reconociera, aunque por otra parte, y no pensaba reconocerlo nunca, le gustaba verle. Los años le habían tratado muy bien.

Había cambiado mucho en los últimos cuatro años. Ahora Jacob ya no llevaba el pelo largo, estaba mucho más fuerte. Lo único que no había cambiado era su mirada. Esa mirada que tanto había adorado y amado.

-…-…-…-…

Hola hola.

Lamento mucho haber tardado tanto. Tengo mucha cena y escribir en la tablet es realmente incómodo y agotador. Y lamento di hay faltas ortográficas, el auto corrector lleva toda la noche fastidiándome.

En fin, espero que os haya gustado y tengáis ganas de leer más.

Besos.