Disclaimer: los personajes son propiedad de J.K, yo sólo tengo algo de tiempo libre y los tomo prestados mientras tanto.
Notas de la autora: hola de nuevo. Como siempre, muchas gracias por darme la oportunidad de llegar a sus pantallas y en especial a quienes se toman un momento para dejarme review. Cuqui Luna, muchas gracias. Qué disfruten la lectura.
Parte III. Redención
5. Noches de emancipación
Se dice que un pie en el aire marca el camino a lo incierto. Nadie se lo dijo la primera noche, cuando salió decidido a no volver, tampoco cuando dejó escapar toda la crueldad y desesperanza que se había acumulado como cuentagotas. Mucho menos el resto de noches, en que observaba el agua turbia y se confesaba con la oscuridad. Lo incierto atemoriza, escandaliza o atrae. Es el refugio de los aventureros y el castigo de los débiles. Y para Harry Potter, salir cada noche sin la certeza de que se encontraría acompañado en medio de la neblina, se transformó en una constante.
-¿Tienes algún buen recuerdo de él?
Draco Malfoy poseía todo un catálogo de sonidos despectivos, pero en ese momento no usó ninguno de ellos.
-Algunos, hay uno que me gusta pese a todo lo que pasó después. Fue de las primeras semanas que estuvimos juntos. Casi siempre salíamos sin rumbo, sólo a ver qué nos ofrecía el mundo. Caminábamos y entramos a un supermercado muggle. Compramos helado. En realidad él pagó y yo guardé la factura. Por mucho tiempo. Mi helado era de caramelo y el suyo de fresa. Lo comimos mientras andábamos al borde de la carretera, hasta que él dijo "conozco a un tipo que vivía cerca. Vamos allá". Fue una caminata larga. Pudimos haber pagado un taxi, pero no. Elegimos caminar mientras nuestro helado se derretía y el sol nos hacía sudar como condenados. Realmente no puedo decirte de qué hablamos ese día o porqué lo recuerdo de forma tan vivida. Pero me gusta. Fue algo muy normal y tonto.
-¿Y qué fue lo que vino después?
-La mierda, las malas decisiones. Es estúpido, pero creo que me enamoré de él por lo rotos que estábamos. Me gustaban las causas perdidas, sentir que podía ser la diferencia en su vida cuando ni siquiera podía hacerme cargo de la mía. Me aferré a él, pensando que nos pertenecíamos sin darme cuenta de todo lo que perdía en el proceso. Y fui feliz. Por dos segundos. Ahora que pienso en ello, podría decir que tuve tres días de felicidad a cambio de tres años de miseria.
-No hay equilibrio en eso.
-¿Y a ti quien te dijo que la vida es cuestión de equilibrio?
-No, claro que no lo es.
-Honestamente, él era una llamarada intensa, todo lo que yo no era. Él siempre estaba rodeado de gente y siempre tenía una historia que contar. Pero era una llamarada inestable. Me atrajo cuando más ardía, hasta que me di cuenta de lo mucho que me afectaba cuando se apagaba. Y eso pasaba a menudo. Tenía problemas, toda una colección. Entonces entraría yo a ayudarle, sería su pilar de soporte, su bote salvavidas, un soplo de aire fresco…
-Pero sólo eras un chico.
-Un chico imbécil, efectivamente. Tardé mucho en reconocer que él me drenaba las fuerzas. Era como una corriente unidireccional, todo fluía hacia él. Yo no recibía nada, sólo daba y daba. ¿Alguna vez leíste a Oscar Wilde? Yo estuve atrapado en lo que él llamaba el abismo de la generosidad. "La gente es muy aficionada a dar lo que más necesita".
-¿Qué hay de malo en querer esforzarte por hacer feliz a alguien?
-Ambas posturas están mal, Harry. Tu mayor meta no puede ser entregar todo sólo para que alguien más sea feliz. No se trata de eso el amor. También él estaba equivocado. No puedes sólo confiar en que alguien más va a soportar con tus mierdas, no se puede ser tan egoísta.
-Supongo que es cierto.
-Aun así no quería aceptarlo. Y antes de siquiera notarlo estábamos en una especie de juego enfermizo por ver quien estaba más destruido. De pronto, la persona a la que creí que amaba se volvió intolerable. De verdad lo odiaba. Odiaba su presencia, su voz, todo lo que él era y hacía. Y ni así quería dejarlo. Estaba atrapado en eso hasta que comprendí que me estaba quedando sin cartuchos. No podía seguir soportando tanto daño, haciéndome tanto daño. No podía seguir esperando que él se moldeara a lo que yo quería de él. No era sano para ninguno de los dos. Así que lo dejé.
-¿De verdad fue posible cortarlo de raíz?
-No, no lo fue. Quise volver a él muchas veces, pero fue imposible. Él se largó, no dejó ni una sola nota. Se fue y yo iba de la rabia al dolor 67 veces al día. ¿Sabes qué descubrí en esa época? Lo solo que estaba. Sin notarlo, me había alejado de mis amigos. Tampoco tenía a mis padres. Sólo estaba yo y el fantasma de… él -la brisa casi ahogó la áspera risa-. Su nombre se convirtió en una maldición. No volví a decirlo, no volví a buscarlo. Hasta que la vida, en esas perras coincidencias que le gusta organizar, lo puso en mi camino de nuevo. Y yo, como el cabrón masoquista por excelencia, habría caído de vuelta si él me lo permitía.
-¿Querías volver a estar con él?
-Quería dejar de estar solo. Me convencí con el argumento de que ambos habíamos tenido tiempo para pensar y hacerlo mejor esa vez. Pero él ya estaba con alguien más. Y eso no debió sorprenderme ni dolerme, pero lo hizo. En medio de todo eso… Supe que él jamás será feliz. No mientras siga ese camino. Él no sabe querer. Sólo va por la vida esperando que alguien más lo quiera, que alguien más llene el vacío y se haga cargo de su mierda. Y nunca será suficiente. Mintió cada vez que me dijo que me amaba, porque no es posible amar a alguien más si ni siquiera estás reconciliado contigo mismo.
-Por eso dijiste que venías de la mierda. Aunque parece que me llevas bastante ventaja con lo demás.
-Entender y vivir son dos cosas muy diferentes. Sabía lo que estaba haciendo mal y no cambié nada, Harry. Me quedé como un mórbido espectador de mi vida. Cometiendo error tras error, hasta que me encontré acostado justo al fondo de la cloaca.
-Estás aquí, conseguiste levantarte.
-Es como dicen, lo bueno de tocar fondo, es que la única opción que te queda es subir.
-¿Y cuánto tiempo toma?
-No lo sé, ya no vivo sujeto a eso.
-Debe ser revitalizante.
-Quizás sólo estoy siendo hipócrita.
No se admitían esa clase de cosas ante los enemigos, meditó tardíamente. La niebla que volvía difusas las figuras, también desdibujaba distancias y enfriaba los corazones enfebrecidos.
-No es que siga huyéndole a sus recuerdos, pero no quiero pasar el resto de la noche hablando de Adrean.
-¿Qué clase de nombre es ese?
-El de un idiota que conocí una vez. Tampoco la tenía tan grande.
Las gastadas rocas del puente fueron testigos de la primera risa honesta del héroe. No fue un sonido melodioso, intenso o atrayente. Fue una sucesión de aire entrecortado, el regreso de un eco olvidado hacía tantos meses.
-Tú… ¿Cómo estás?
-Ya no sé si bien o mal, Draco. Estoy tan lejos de mí mismo que creo que ya ni siquiera importa.
-Oh, permíteme. Necesitaré un pañuelo, eso fue tan conmovedor. No te esfuerces más, porque necesitaré una canoa para flotar sobre mis lágrimas.
-Maldito imbécil.
-Perdedor de mierda.
-Desgraciado marginado.
-Cuatro ojos tarado.
-Engreído de porquería.
-Inútil sobrevalorado.
-Chupa penes.
-¿Por qué debería ofenderme por algo que es verdad?
-¿Por qué tenías que interrumpir? Llevábamos una buena racha de insultos.
-Hacía mucho que no nos poníamos tan creativos, ¿eh? Pero ya se hizo tarde.
-¿Nos encontraremos de nuevo?
-Probablemente.
6. Euforia
Proviene de un vocablo griego que significa "fuerza para soportar". La euforia, puede ser la capacidad para tolerar el dolor y las adversidades en general. Se puede forzar su aparición, aunque tendrá como efectos colaterales una profunda frustración y acrecentará la tristeza. Pero su aparición espontanea para dos almas en desvelo, también podría marcar el sendero hacia la redención. Especialmente cuando se cultiva con lentitud y se alimenta con la confianza.
-Hay algo que quería contarte, Draco -dijo.
Era la primera noche despejada en semanas. El frío había dado dos pasos atrás y sólo una templada brisa recordaba lo cruel que había sido el invierno.
-Te escucho. Últimamente no tengo nada mejor que hacer.
-¿Nada mejor que estar en un puente a media noche?
-Podría estar mordiendo algunas almohadas, pero prometí aguardar por mi verdadero amor.
-Qué cínico eres.
-He tenido toda una vida para practicar.
-Abandoné a Ginny.
-Qué peculiar elección de palabras.
-¿A qué te refieres?
-Había muchas formas de decirlo. "La dejé", "me alejé de ella"… Pero escogiste abandonar.
-¿Qué importa eso? A fin de cuentas es lo mismo.
-La semántica importa, Harry. Porque abandonar significa algo definitivo.
-Lo es.
-¿No habías dicho que estaban comprometidos?
-¿Cómo se supone que iba a hacerlo, Draco? ¿Crees que iba a ser capaz de caminar hacia el altar y desposarla después de lo que pasó?
-No entiendo porqué algo debía cambiar.
-Todo cambió desde ese día.
-No sabía que Ronald también era parte de su relación. ¿Por qué me miras así? Sólo digo… Pudo haber surtido el efecto contrario. Podrías haberte unido más a ella, soportar más el dolor. ¿Acaso ella no lo quería de esa forma?
-Ella fue muy paciente conmigo. No preguntó demasiado sobre cada noche que me escabullí, tampoco me presionó para reconsiderarlo cuando renuncié al cuartel. Y yo no…
-¿No merecías eso? Oh Merlín, Harry. Por algún motivo siempre creí que tenías pensamientos o sentimientos más complejos, pero me equivoqué. Puedo leerte a la distancia.
-¿Ah, sí? ¿Y qué lees?
-Que te has convertido en tu propio verdugo. Te ves a ti mismo como un enemigo y actúas en consecuencia. Te has alejado de tus amigos y de la mujer que te ama. Porque no mereces nada de eso, ¿verdad? Quieres conseguir desprecio, quieres escuchar palabras de odio y reproches. Piensas que eso va a liberarte de tu carga. Te tengo noticias, cara rajada. No funciona así.
-Entonces, ¿cómo funciona?
-Te lo he dicho muchas veces, no hay una forma infalible, no hay un solo camino. Aunque hay algo que sé, y es que castigándote no conseguirás nada. Quedándote solo no conseguirás nada.
-No estoy solo.
-¿Confiarás en este demonio acompañante? Maldito descuidado.
-No temes decirme lo que piensas.
-¿Por qué lo haría?
-Ella lo hacía. Creía que no me daba cuenta, pero noté cada mirada de piedad. Las escuché hablando sobre lo difícil que debía ser todo para mí. Ginny también estaba sufriendo, pero se contenía delante de mí.
-Así que la abandonaste para que ella pudiera llorar en paz.
-Es como dijiste. Quería que yo estuviera bien, aunque el precio fuera esconder su propio dolor.
-Ahora soy yo quien no sabe si eres un caballero o un cobarde.
-¿Qué tal un caballero cobarde?
Ni rebuscando en todas sus épocas anteriores Harry encontró un momento como ese. Jamás había visto los ojos de Malfoy brillar de esa manera, a pesar de la oscuridad que los rodeaba. En esa noche eterna, eran lo único claro alrededor.
-¿Y qué tal es la vida de ermitaño? ¿O es que también conseguiste trabajo y no me has dicho?
-No, eso no lo he hecho. En realidad estoy alquilando una casa cerca de aquí.
-Hace mucho frío por esta zona.
-Me empieza a gustar el frío.
-Ya veremos si sigues diciendo eso cuando pesques una pulmonía.
-¿Qué hay de ti? Estás más flaco e indefenso que yo.
-Soy esbelto, no flaco.
-Sí, claro. Te levantas la camisa y podría contarte las costillas.
-Vaya, vaya. ¿Hace cuánto que empezaste a pensar en desvestirme?
-Desde que dijiste que la chupabas bien.
-Cabrón desvergonzado.
La apacibilidad del cielo oscuro los cubría como un manto, absorbiendo las risas dispersas y las miradas de renaciente diversión que compartían los jóvenes. Como dos piezas rotas que jamás volverán a encajar, pero que adquieren nueva belleza desde la imperfección.
-¿Has pensado en huir? Ya no tienes trabajo ni prometida, tampoco has vuelto a usar la magia. Podrías terminar de mandar todo a la mierda.
-¿Qué caso tendría, Draco? Mi conciencia seguirá conmigo. No hay lugar en que pueda esconderme de ella.
-Odio estos ramalazos de sabiduría que tienes. No puedo burlarme cuando dices cosas así.
-Además, escapar no es sanar. Podría esconderme de lo que siento, pero seguiría allí.
-¿Te ayuda venir aquí?
-Es algo tan lejano a lo que solía ser mi vida que… Sí, me da algo de paz.
-Para algo sirve que yo siga aquí, entonces.
-¿Seguir aquí…? ¿Acaso planeabas ir a algún sitio?
-Lo consideré. Un largo viaje por el océano atlántico.
-Quizás deberíamos hacerlo.
-¿Deberíamos? ¿A ti quien te invitó?
-¿Recuerdas cuando me hablaste de Adrean? Dijiste que en aquella época no tenías a tus padres, pero… ¿Lucius no fue liberado cinco años después del juicio?
-Así es. Acababa de salir, estaba ocupado reconstruyendo su imperio. No tenía tiempo para mis dramas amorosos.
-Ya veo.
-Él no es muy demostrativo. No lo era antes, y después de la muerte de mamá… Intenté visitarlo en Azkaban y nunca accedió a verme. Creo que asumió que lo culparía por eso.
-¿Y no lo haces?
-¿No recuerdas lo que dije la primera vez que mencioné a mi madre? ¿De qué me serviría señalar culpables o enemistarme con mi padre? Ella seguirá muerta.
-A veces me eriza la piel la forma en que hablas de la muerte.
-¿Por qué?
-Pareciera que no le temes.
-¿Por qué habría de temerle?
-Piensa en todo lo que dejarías inconcluso. Tus proyectos actuales, todo lo que esperas lograr. Tendrías que renunciar a todo en un segundo.
-Creo que a veces renunciar es lo mejor.
-¿Draco…?
-Es lo que tú deberías hacer. Renunciar a todas tus ataduras, renunciar a todo tu rencor, a tus remordimientos. Simplemente renuncia y déjate ir.
-Simplemente renunciar…
-¿Sabes por qué te cuesta tanto verte al espejo? Has estado pensando mucho en los demás. En lo que ellos deberían pensar de ti, en su dolor, en su forma de enfrentar el duelo… Piensa en ti, Harry. Deja de apuntarte. Haz caso a lo que he venido repitiéndote: vive tu dolor, siente tu pecho en carne viva. Si lo sientes necesario, ve diario a su tumba y pídele perdón. Pero no te encierres en eso, déjalo fluir. Jamás vas a dejar de extrañarlo, pero sí puedes dejar de sentirte culpable.
-No siento voluntad, Draco. De nada. Por eso renuncié al cuartel. Porque lo único que me apetece es tirarme al suelo y ver las horas pasar. Y si lo hago, ¿en qué clase de persona me estaré convirtiendo?
-¿Qué hay con eso? No te puedes obligar a dejar de sentir dolor o a retomar tu vida como antes. Nada, jamás, será como antes. Eso es lo que tienes que entender. Hazlo, tírate al suelo y deja las horas pasar. Y mientras estás ahí, imagina que Ronald llega a buscarte. ¿Qué crees que te diría?
-Probablemente me diría que me levante y lo acompañe a algún nuevo restaurante que descubrió. A una pastelería o algo así… Me contaría sobre su vida con Hermione y sobre sus hermanos.
-Ahí tienes.
-Pero eso ya nunca va a pasar. Ron está muerto.
La última frase se extravió en el rumor del río, chocando contra las olas hasta desbaratarse.
-¿Qué dijiste?
-Que Ron está muerto.
-¿Qué más?
-Ron no volverá y yo no puedo hacer nada al respecto.
-Ya no lo verás ni lo escucharás hablar.
-Tampoco iremos de copas juntos, ni jugaremos quidditch, no dirá más bromas absurdas, no volverá a pelearse con Hermione, ni llegará a asaltar mi refrigerador. No más, nada. No más… Nada.
-Sí, Harry. Lo siento, pero es así.
-No más navidades juntos. No más excursiones culinarias. Jamás seré el padrino de sus hijos, jamás volverá a darme una palmada en el hombro.
La euforia suele estar seguida por tristeza. Por palabras estranguladas y lágrimas que se confunden con la humedad del rocío en la acera. Por el lamento incesante de los espíritus desesperados. Pero cada gota, sólo marca un sendero más límpido. Para que entonces, la próxima vez que aparezca la euforia, sea para atenuar el pesar.
-Perdí a mi mejor amigo. Perdí a mi hermano.
-Sí y no.
-¿Cómo…?
-Tenías razón con todo lo anterior. Ya no lo verás, ya no vivirás nada nuevo con él. Pero no lo has perdido, Harry. Ronald siempre estará contigo. En tus memorias, en tu corazón, en tus ganas de vivir. Porque mientras tú vivas, una parte de él vivirá contigo. Por eso recuerda siempre este puente y mis palabras. Tu lugar está a este lado de la baranda. No saltaste hace tres meses y no lo harás nunca. Ni siquiera tienes la certeza de que fue tu culpa. Y aun si fuera así, él te perdonaría. Creo que sólo hay algo que no te perdonaría y es que te rindas. No creo que él quiera que Hermione, aparte de perderlo a él, también te pierda a ti.
-Maldición, Draco. ¿Quieres hacerme llorar hasta que quede seco?
-Solía dejar a los hombres secos en otro sentido, pero creo que tú lo necesitas de esta forma.
Draco y Harry compartieron un pensamiento esa noche. Y es que las sonrisas más sinceras a veces vienen después de las lágrimas más ardientes.
-Siete. Han pasado siete meses, no tres.
-¿En serio?
-Me asombra la facilidad con que pierdes la noción del tiempo.
-Es que no vivo atado a él.
-Sí, has dicho eso un par de veces.
-¿De verdad te animarías a acompañarme en un viaje sin destino?
-Por supuesto. Tal vez no lo hemos dicho explícitamente, pero tú y yo somos amigos.
-Amigos en la desgracia.
-No, simplemente amigos. Nos hemos escuchado muchas noches, nos hemos visto llorar, nos hemos aconsejado y nos insultamos con propiedad. Somos amigos, Draco. Acéptalo.
-Amigos.
-Eso es.
-Yo jamás reemplazaré a Weasley.
-Claro que no. Cada amistad es diferente. Tal vez las circunstancias en que nos reencontramos fueron inusuales y siempre nos reunimos en el mismo sitio, pero somos amigos a final de cuentas.
-Terminarás odiándome.
-¿Disculpa…?
-Ay, Harry. Hay muchas cosas sobre mí que no comprendes. Cuando lo hagas, cuando me veas con mayor claridad…
-¿Por qué te callas? ¿Qué crees que pasará cuando te vea con mayor claridad?
-Nada, estoy haciendo lo mismo por lo que te regaño: pensando en cómo creo que deberían ser las cosas. Pero esto es lo que hay… y tienes razón. Somos amigos.
-¿Qué hay del resto?
-¿Qué resto?
-Las bromas, Draco.
-No entiendo, son bromas y ya.
-Draco, en estos meses me he alejado de todos menos de ti.
-Porque no formaba parte de tu normalidad, lo sé.
-No es sólo eso, no es la situación ni el lugar. Es hablar contigo. Escucharte, aunque me hagas llorar. Tengo algo de paz cuando estoy contigo.
-Harry…
-Te conté lo de Ginny hasta hoy, pero eso terminó hace meses.
-¿Por qué esperar?
-Quería entenderme a mí mismo y porqué lo había hecho. No es sólo por lo que discutimos. Espero que no te arrepientas de tus consejos ahora, porque estoy a punto de rendirme y dejarme ir. Draco, yo no puedo prometerte nada ahora. Mi propio futuro es una mancha borrosa para mí mismo, pero hay algo que he comprendido estos meses y es que quiero vivir. Nuestra conversación de hoy me hizo reafirmarlo. Quiero vivir para mantener el recuerdo de Ron, pero también por mí. Y algo más que deberías saber, es que quiero vivir, para que algún día… Cuando yo encuentre el perdón para mí mismo y tú aceptes verme en otro sitio, podamos tratar de construir algo juntos.
-¿Hablas de…?
-Sé que no aceptarías estar conmigo ahora. Y yo tampoco creo que sea conveniente. Por eso creí adecuado advertírtelo, que sepas cómo me siento y si no es mucha molestia, pedirte que me esperes hasta que esté listo para amarte y para que me ames.
-Esto es cruel.
-¿Qué? Estoy siendo sincero, quiero que…
-Qué putada.
-¿Acaso no te sientes como yo?
-No tiene que ver con lo que yo sienta, Harry. Tú y yo jamás podremos estar juntos. Ahora no lo ves, pero hay un abismo entre nosotros dos.
-Lo cruzaremos.
-Estúpido imprudente.
Draco Malfoy desapareció en la oscuridad, dejando atrás un murmullo de viento y un corazón confundido.
Notas finales: fue tan difícil nombrar cada una de las partes, realmente. Pero esta es una de mis favoritas, porque deja muchas pistas sobre lo que viene. Espero que hayan notado un par. También tenemos un poco sobre la historia de Draco y la confesión de Harry. Ahora sí, será hasta la próxima semana.
En la Parte IV: Despertar.
Allyselle
