Disclaimer: los personajes son propiedad de J.K, yo sólo tengo algo de tiempo libre y los tomo prestados mientras tanto.
Notas de la autora: muchísimas gracias por su apoyo, en especial a Cuqui Luna por tus comentarios. Decididamente es el inicio de una nueva aventura, aunque quizás no de la forma que la esperan. Por eso, los dejo con el capítulo de hoy, que también marca la mitad del fic.
Parte IV. Despertar
7. La destrucción de la monotonía
¿De qué trata exactamente la monotonía? ¿Repetir una acción sin plena consciencia de ello, a tal grado de no cuestionar su origen o si es apropiado? ¿Y por qué siempre esa palabra se emplea con una connotación negativa? ¿La monotonía siempre es mala o aburrida? Quizás para los espíritus aventureros lo sea, pero no para los condenados.
Su monotonía se vio alterada un jueves, hacía tantos meses. Volvió a alterarse días después, en una noche llena de neblina y acciones inconclusas. Pero incluso ese giro había marcado el inicio de una nueva monotonía. Empezó sin rigor, acudiendo a ese lugar una vez a la semana. Pero como ocurre cada vez que se descubre algo valioso, volvió con mayor frecuencia. Hubo noches frías, húmedas y salinas; pero la madre naturaleza y el destino mostraron clemencia, otorgando noches más templadas y silenciosas. Aunque quizás el ánimo de los solitarios también hacía su parte. No obstante, ¿siguen siendo solitarios dos corazones que se despojan de barreras y aflojan sus ataduras? Él había creído que no. Él había creído entender, él había confiado en la indefensa flama que empezaba a derretir el temor y el odio. Pero cuando la oscuridad y el rencor han reinado por tanto tiempo, el renacer de la esperanza es algo que se debe cuidar. Hay mucho que calentar y un exiguo rayo de sol se puede extinguir con un chasquido.
Esa noche también tomó su abrigo y su billetera, pero se rebeló ante la monotonía de sus noches. No acudiría a ese lugar. Porque después de ser un espacio seguro, se empezaba a un convertir en un recordatorio de su soledad. Después de tantas noches en vela y el vaho de sus alientos resaltando en la oscuridad, comprendía que Draco siempre había tenido razón. No hay que anclarse a una persona. No hay que poner las esperanzas en la presencia o en los sentimientos de alguien. Aunque Draco también se equivocaba, a menudo. Lo había hecho al afirmar que él lo odiaría. Porque mientras sus pensamientos lo seguían llevando a él y sus pasos a ese abandonado puente, sólo podía encontrar palabras de agradecimiento. Porque a pesar de la nueva ruptura de su monotonía y de las preguntas que se acumulaban, él le había entregado más que nadie. Le había devuelto las ganas de vivir, las ganas de amar. Aún si ese amor estaba destinado a perderse con el viento.
-¿Harry?
Enfrentó a la voz, sin reconocerla en primera instancia. Es maravilloso y ligeramente aterrador como la mente puede empezar a filtrar los sonidos conocidos; reemplazándolos sólo con silencio y matizándolos, como algo que pertenece a alguien más.
-¿Dean? ¿Qué haces aquí?
-Yo podría preguntar eso. Creí que estabas fuera.
-En cierto modo lo he estado -admitió.
Un recurso desesperado de una mente en bancarrota. Explicar sin precisión que tomaría un largo viaje, un cambio necesario para sí mismo. Como si pudiera soportar más cambios.
-¿Ibas a entrar? -un viejo letrero de madera pendía sobre las cabezas de ambos, como las dudas sobre su disposición a compartir un trago con su antiguo compañero y colega-. Yo me iba, pero si quieres, te puedo acompañar un rato.
Acompañar. ¿Qué significa exactamente? ¿Llenar un lugar en el espacio? ¿Llenar el silencio entre dos cuerpos? ¿Es lo mismo acompañar y ser un compañero?
-Claro, gracias por la oferta.
-Ha pasado tiempo, ¿eh?
-Siete meses y tres semanas -precisó.
El día estaba en sus primeras horas, por lo que muchos lo enfrentaban con grandes dosis de alcohol recorriendo sus cuerpos. Algunos se ponían en ridículo a sí mismos o revelaban sus debilidades. No Harry, él jamás había encontrado un refugio en la embriaguez. ¿Qué caso tenía nublar su mente por unas horas si después todo recaería contra él con sobrecogedora firmeza?
-Cierto. ¿Hace cuánto volviste?
-Semanas. ¿Cómo te ha ido a ti?
-Creo que todos hemos tenido días mejores. Antes de encontrarte, estuve luchando con Seamus para meterlo a un taxi y enviarlo a casa.
-¿Seamus? Por lo que recuerdo, no tenía problemas para tratar con un par de cervezas -posó su mano en su propia jarra. El frío adormecería sus dedos, más no sus sentidos.
-Es que ha estado tomando más que un par. Muchas cosas han cambiado, Harry. Y no precisamente para bien.
-Mañana es día laboral.
-Tampoco es que eso le importe -Dean Thomas había ingresado al cuerpo de aurores junto a él, ganándose en poco tiempo un puesto en la división de estrategia e investigaciones. Era muy agudo para entender los comportamientos de los demás y lo suficientemente discreto para llevar a buen puerto los casos más escabrosos. Y en ese momento, parecía que quería explayarse en sus comentarios, aunque quizás no fuera lo más conveniente-. Posiblemente no sea el mejor momento para hablar de esto, pero Seamus ha estado muy mal durante algunos meses. Perdí contacto con él hace unas semanas y cuando supe que ni siquiera había hablado con su madre, empecé a buscarlo. Lo encontré hace tres días. Había estado viviendo en las calles, mendigando… Ebrio todo el tiempo. Perdió hasta su varita.
Otra alma en desesperación. Parecía que eso era lo común en esos días, aunque Harry no alcanzaba a comprender el origen de esas acciones.
-¿Cómo es posible? ¿Y en el cuartel no giraron una orden para buscarlo?
-Lo siento, debí empezar por ahí. Lo dieron de baja hace meses. Si no me equivoco, fue en la misma semana que entraste en licencia -le pareció curioso el asentimiento que siguió a esa declaración, como si le debiera una disculpa por recordarle la peor semana de su vida. ¿Acaso todos lo sabían? ¿Cuánto tiempo tendría que seguir enfrentando ese tipo de consideración? Esa era parte de su motivación para desaparecer de la vista de sus conocidos.
-Le dieron de baja… ¿Qué pasó?
-No debería hablar de esto, Harry. Hay un expediente abierto por eso.
-Oh. Descuida, debí suponerlo.
-Quizás… sea un poco egoísta decirlo, pero es una verdadera pena que dejaras el cuartel. Muchas cosas pasaron poco después y creo que podrías habernos ayudado.
-No lo creo -no rechazaba su habilidades, pero sí dudaba de su estabilidad para afrontar un caso complicado en esa época de su vida.
-Bueno… Aunque no dudo de que te hubiese interesado un poco.
-Quién sabe.
-A pesar de todo, me gustaría tu opinión. Quiero que estés consciente de que estoy por saltarme algunos de los protocolos más importantes, pero es porque confío que tú, que también juraste lealtad y compromiso con la causa, podrás mantener el secreto.
-Probablemente no deberías decirme nada.
-Es difícil cargar con esto.
Harry se permitió una sonrisa cargada de empatía. ¿No había sido esa la misma razón por la que Draco y él se hicieron amigos? Para compartir la insalvable e intensa carga que los acompañaba. Tal vez era momento de devolver lo que había recibido, su oportunidad para ajustar cuentas con el universo.
-En ese caso, te escucho.
-Pasó unos días después de… la misión de desmantelamiento. Fue durante el turno de la noche. Seamus estaba a cargo, con dos de los novatos. Por lo que él recuerda, Lucius Malfoy apareció como un demonio, fuera de sí y demandando que lo acompañara el escuadrón de élite.
-¿Por qué…?
-Tenía que ver con su hijo, que llevaba tres días desaparecido.
-¿Draco?
-¿Acaso tiene otro?
-No, por supuesto que no.
-Según el reporte de Seamus al recibir la denuncia, Draco no estaba en buenos términos con su padre, pero se reunían cada tanto. Habían acordado verse ese domingo para cenar, pero Draco nunca llegó. Lucius no le dio mucha importancia, porque tampoco era la primera vez que pasaba. Empezó a preocuparse al siguiente día, cuando no recibió alguna carta que justificara la ausencia a su reunión. Se puso en alerta ese día porque… visitó la tumba de su esposa. Y ahí encontró la varita de Draco.
-¿Su varita…?
-Sabes cómo somos los magos, en especial los de sangre pura. Jamás nos alejamos de la varita. No salimos sin ella ni la dejamos olvidada por ahí, es casi una parte de ti. Y él estaba seguro de que algo malo había pasado. Creía que Draco había sido secuestrado o algo semejante, porque la varita estaba destrozada.
-¿No se le ocurrió que él simplemente se largó, dejando todo atrás?
Al menos Harry estaba seguro del bienestar del susodicho, no habían sido en vano todas esas noches de conversaciones junto a la fría baranda del Támesis.
-Es lo que Seamus pensó, una escapada intencional. Siendo mayor de edad y sin tener una buena relación con él, no era descabellado pensar que se había ido sin decirle al padre. Así que tomó nota de la denuncia y le dijo que si la situación no cambiaba en tres días, se enviaría la orden para buscarlo. Lucius Malfoy no estuvo de acuerdo, pero por la hora no pudo quejarse con nadie. El siguiente día fue que todo estalló.
-¿Demandó por la cabeza de Seamus?
-No. Ocurrió durante las primeras horas. Uno de los novatos recibió un llamado de alerta desde el área muggle, porque había pasado un accidente que involucraba a uno de los nuestros. Creyendo que sería un robo menor o algo así, Seamus fue solo. Lo que encontró ahí… No lo recuerda con claridad. Pasó cerca de Eton. Los muggles de la zona encontraron un cuerpo en el río.
-¿Qué?
-Era Malfoy.
-¿Lucius?
¿Por qué él no había escuchado nada el respecto? ¿Era esa la razón de la presencia de Draco en ese puente?
-No, Draco.
-¿Dean…?
-Y no es todo, Lucius ya estaba ahí y empezó a acusar a Seamus, sobre que eso podría haberse evitado. Desde ese punto, todo fue a peor. Los rescatistas muggles hicieron su trabajo, pero… Lucius tenía otros planes. Parece que desmayó a todos y les modificó la memoria. Cuando Seamus despertó, recordaba el incidente de la madrugada pero no porqué estaba ahí. Un estudio hecho por un Medimago fue el que recuperó imágenes sobre su llegada a Eton y su discusión con Malfoy. Parece que el hombre lo hizo para poder llevarse el cuerpo de Draco.
-¿Acaso dijiste…?
-Es lo que único que Seamus recuerda con seguridad. También el motivo por el que le dieron de baja por negligencia -la contundencia y la sombra en su expresión no eran necesarias para tan crueles revelaciones, pero las empleó de todas formas-. Draco estaba muerto.
8. La materialización del abismo
No. Eso era imposible, él había estado en presencia de Draco después de eso. Había conversado con él hasta el amanecer. Dean mentía o había sido engañado por alguien. Sí, eso debía ser. Seamus era un borracho, su palabra no podía ser confiable. Quizás Lucius había ayudado a su hijo a fingir su muerte para… Pero llegado a ese punto, no encontró ningún propósito. ¿Por qué lo haría? ¿Qué ganaba con eso? Además, estaba siendo cruel al pensar así de sus amigos. Seamus jamás llegaría ebrio al trabajo y Dean no pondría su placa en riesgo para contarle algo sin sentido.
-…pero ha sido imposible contactar con él. Es como si padre e hijo se esfumaron. La mansión Malfoy está abandonada y no hay otra dirección conocida.
Sus pensamientos se revolvían cada vez más turbios, buscando algo a qué asirse. Draco estaba bien, estaba seguro de eso. Aunque, ¿cuál era su garantía? Lo había visto incontables veces, pero también vio mil veces a los fantasmas en Hogwarts. No, no podía ser. Draco no era transparente. Draco era real, lo había tocado y…
Salvo que… No. En realidad, él siempre mantenía la distancia. La voz de Dean se redujo a un zumbido en tanto se veía trasladado a una de esas noches, hacía algunas semanas…
-¿Cómo puedo convencerte para que nos reunamos en otro sitio?
-No lo sé, demuestra tus dotes de persuasión.
-Veamos, te llevaré al restaurante más caro que se te ocurra.
-No es suficiente.
-Te llevaré de viaje a dónde elijas, yo pago todo.
-Sigue sin ser suficiente.
-¿Qué más podrías querer?
-A ver, Harry. Apuntas muy alto. A veces lo mejor que puedes ofrecer, es algo que tienes al alcance de la mano.
-Entonces… ¿Mi casa?
-Ahora empieza a sonar interesante.
Draco alzó una ceja, enfatizando el comentario. Harry trató de ignorar el naciente chisporroteo en su pecho, pero fue en vano. ¿Qué tal si sólo se permitía más? Ya nada lo ataba a Ginny, ni a nadie. Estiró la mano, como polilla buscando el calor… Draco retrocedió, todo gesto coqueto desapareció.
-Lo siento, Harry. Yo… No me gusta que me toquen. Y no me veas así, no hay historia triste detrás. Sólo no me siento cómodo con el contacto físico.
-¿Y cómo es que tienes sexo?
-Es muy diferente. Y no me hagas pensar que estabas a punto de seducirme ahora.
La risa era algo nuevo para ambos, pero la compartían de vez en cuando.
No lo había tocado. Ni una sola vez. Y siempre se habían visto en el mismo lugar. ¿Por qué habría de cuestionar que el chico fuera real? Draco había sido real, sus consejos, sus bromas, todo… ¿O acaso lo había imaginado todo ese tiempo? ¿En tal decadencia estaba su salud mental? En todo caso…
-¿Harry?
-No, hacía mucho que no veía a Draco -contestó. Porque pese a la densidad de sus pensamientos, una parte de sí seguía atendiendo la conversación.
-Ya veo.
-Es tarde, Dean. Siento no poder ayudarte, tengo que irme.
-No hay problema, me basta con que me hayas escuchado. No te preocupes por la cuenta, yo invito.
-Gracias, nos vemos luego.
La noche era inusualmente fría para esa época del año y el aire aguijoneó su piel cuando empezó a correr en dirección al conocido puente que, hacía sólo un par de horas, había prometido dejar de frecuentar. No era nada seguro. No había encontrado a Draco durante las últimas tres semanas, ¿por qué algo sería diferente esa vez?
Pero era diferente. Las dudas carcomían su escasa paz, el aire quemaba su interior y sus pasos sonaban a desesperación. Como luciérnagas, flotando con luz intermitente, las palabras de Draco volvían a sus ensordecidos tímpanos…
Ya estoy más allá de eso...
Para algo sirve que yo siga aquí, entonces
¿Por qué habría de temerle a la muerte?
Es que no vivo atado al tiempo
Quizás eran más que expresiones. Quizás se lo había dicho desde el inicio.
Hay muchas cosas sobre mí que no comprendes. Cuando lo hagas, cuando me veas con mayor claridad…
Tú y yo jamás podremos estar juntos. Ahora no lo ves, pero hay un abismo entre nosotros dos
Un abismo. ¿Acaso ese abismo era…?
Su pecho ardía cuando alcanzó esa parte del puente, tenía el corazón desbocado y la mirada nublada. Y en contradicción a todas sus expectativas, había un hombre de espaldas frente a él.
Contemplando el río como se contempla a un viejo amigo.
-Draco…
-Perdón por la última vez.
-¿Por qué no habías vuelto? ¿Acaso es algo que no puedes controlar?
-Así que lo sabes.
-Por favor…
-¿Qué me pides exactamente? -sentía la ambivalencia estrujar su corazón. Quería acercarse, pero también se negaba a hacerlo. Draco se volteó ante su silencio. Se veía como siempre. No tenía bordes inconsistentes ni era gris o transparente… ¿Entonces, cómo?
-¿Por qué dicen que estás…?
La palabra, tan cerca de ser un tabú, se negó a salir de sus labios.
-Porque lo estoy.
-Pero… ¿Qué te pasó? ¿Tuviste un accidente o te hicieron esto?
-Creí que lo habrías comprendido. Yo me hice esto. Estaba muy mal, Harry. Llevaba años así. Te lo dije, ¿no? Estaba solo, angustiado, cayéndome en pedazos. Podías encontrarme en la calle y pensar que nada malo pasaba, pero dentro mí… Todo se había derrumbado desde hace tiempo.
-Draco…
-Estaba triste, enojado, no quería nada, nada me satisfacía… No estaba conforme con nada ni veía más allá. Es lo que viene después del dolor, no sentir nada en absoluto. Y empecé a pensar… Que yo sólo era una mancha en este mundo. Una asquerosa e innecesaria mancha que nadie iba a extrañar. Porque, bueno, siempre fueron más las personas que me odiaron que las que me quisieron. Mi mamá ya no estaba y mi padre sabría reponerse. Me convencí de eso. Creí en eso. Salí de casa con esa resolución, visité a mi madre y luego vine aquí. Cuando estuve sobre la baranda, deseé poder cambiar de opinión, que algo me detuviera… pero era demasiado tarde para mí. Salté. Simplemente me dejé llevar.
La constatación de la sospecha fue devastadora, llevándose cualquier vestigio de esperanza en el héroe.
-Pero… Si estabas dispuesto a renunciar a todo, ¿por qué quedarte de esta forma? -su voz sonó rota, reflejando como se sentía su fe.
-¡Yo no elegí esto! ¡Quería irme definitivamente! Fue hasta ese día… Todavía no lo entiendo, pero de pronto volvía a estar de pie en el puente. Sentí que despertaba después un largo y terrible sueño. Pensé que había sido enviado a repetir mis últimos minutos de vida, pero… Entonces te vi. Arrojaste algo al río y después te subiste a la baranda… Quería detenerte. No sabes cómo deseé hacerlo. Pero en cuanto empecé a correr noté que mis pisadas eran silenciosas y que yo no era… Sólo soy esto. Una representación bastante convincente, pero un espejismo a final de cuentas. Por eso intenté mantenerme en calma y te hablé. Necesitaba persuadirte. Supuse que ahí acababa todo, que era una oportunidad por haberme arrepentido al instante de saltar, pero entonces seguiste volviendo y yo también. Quizás el propósito era mayor, debía ayudarte. Estabas solo, cerca de cometer el mismo error. Tenía sentido.
-¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué dejaste que me enamorara de ti? -en esa noche no había niebla, pero la mirada esmeralda estaba más empañada que nunca.
-Yo no quería eso. No creí que fuera a pasar algo así, yo… Me sentía real cuando estaba contigo. Tú no mirabas una ilusión insustancial, me veías como si fuera parte de tu mundo. No quería hacerte daño…
-Es un poco tarde para eso.
-Lo siento mucho, Harry -si no fuera imposible, habría jurado que Draco lloraba.
-Si no elegiste quedarte, ¿por qué estás aquí?
-No estoy seguro. No soy un fantasma, pero tampoco estoy vivo, es... un estado extraño. Sólo aparezco cuando estás aquí y…
-¿Y?
-Siento. Sentí pena por ti, sentí tu sufrimiento y ahora mismo… Me duele verte llorar. Y no debería ser así. Ni siquiera tengo un cuerpo, pero todas estas emociones son muy reales. Quisiera abrazarte, pero no puedo. Sólo consigo pensar en que la vida, el destino o el karma, lo que sea, es muy cruel. Por permitirme sentir de esta forma, por hacer que me enamorara de ti cuando ya no pertenecemos al mismo sitio. Cuando nunca podremos estar juntos… -Harry sucumbió bajo el peso de tales declaraciones y de su propio dolor.
Era demasiado. ¿Qué clase de broma pesada le estaba jugando la vida? ¿Por qué desataba esa tormenta justo después de que pensó que había encontrado la calma?
-Cállate, maldito. No quiero oír una palabra más.
-Perdóname, Harry -suplicó con una atormentada mirada, agachándose a su lado-. Esto era lo que temía.
-Debiste decirme la verdad.
-Tenía miedo, pensé que al decirlo me iría definitivamente. Ahora mismo me siento débil. Lo que sea que me retuvo este tiempo… se desvanece.
-No, eso no…
-¿Me odias?
-No lo sé, Draco. Hemos pasado tanto que me parece que tú y yo estamos más allá del odio o el amor.
Una única sonrisa fue compartida esa noche, cargada de afecto y de cosas que jamás podrían decirse.
-Lo siento.
-¿Por qué te disculpas, Harry?
-Te fallé entonces, Draco. Pude haber hecho algo por ti.
-¿Por qué habrías de hacerlo? Nunca en mi perra vida fui amable contigo.
-¿Puedo? -alargó una mano, su solicitud era clara.
-Hay algo que puedes hacer por mí -Draco miró sus propias manos, que parecían tan consistentes y colocó las palmas hacia arriba.
-¿Qué es?
-Vive por mí, Harry.
Había muchos sentimientos ahí, mientras el héroe iba al encuentro de las manos de quien en olvidadas épocas fuera su adversario. Pérdida, culpa, temor, amor y un indescriptible dolor.
-Lo haré.
Sus temblorosas manos atravesaron las pálidas palmas del chico, con lo que Draco desapareció, dejando un cosquilleo cálido en ellas y una herida en carne viva en su pecho.
Notas finales: esta es de mis partes favoritas, de las más complicadas de escribir. Creo que si después de esta vuelven a las primeras tres, muchas cosas parecerán diferentes. Y ya, no diré más.
En la Parte V: Fe.
Allyselle
