Disclaimer: los personajes son propiedad de J.K, yo sólo tengo algo de tiempo libre y los tomo prestados mientras tanto.

Notas de la autora: una semana más, después de la gran revelación. Y aún faltan muchas cosas. Gracias por acompañarme un viernes más y ya, no los distraigo. Corre capítulo.


Parte V. Fe

9. En la cuarta etapa

«El duelo es tan natural como llorar cuando te lastimas, dormir cuando estás cansado, comer cuando tienes hambre, estornudar cuando te pica la nariz. Es la manera en que la naturaleza sana un corazón roto.» Doug Manning.

Cuando se sufre una pérdida irreparable, el duelo se desarrolla en diferentes etapas. Negación, ira, negociación, depresión, aceptación. No siempre en ese orden y no siempre separadas una de la otra. Puedes ir y volver de un estado a otro. Pero es hasta que alcanzas cierto grado de aceptación, que aprendes a convivir con el dolor. Draco solía hablar sobre eso. Visto en retrospectiva, prácticamente le había llevado de la mano a través de ellas. Aunque sin establecer verdadero contacto, por obvias limitantes. Harry intentaba convencerse de eso cada día, cada noche en que se recordaba que nadie lo esperaba en aquel puente. Draco se había ido. Draco en realidad nunca había estado ahí. Y él tenía que aceptarlo.

Si fuera tan sencillo… Vivir el duelo jamás lo sería, en especial cuando se trataba de la persona que amaba. Con frecuencia se preguntaba si era correcto decir eso. Jamás había tocado a Draco de esa forma, no había tomado su mano ni lo había besado. A pesar de todo, concluyó que sí podía decirlo. Porque el amor no es un roce de cuerpos solamente, es un encuentro de almas. Es la comunión de dos espíritus que se buscan y se reconocen entre la multitud. Y ellos lo habían hecho. A esas alturas de su vida debía saberlo, pero el amor era capaz de desafiar incluso a la muerte.

Harry, tal como Draco lo había dicho, se encontraba en un lugar extraño. Un lugar en que estaba furioso con la vida, un lugar en que se sentía perdido y solitario, pero también un lugar en que sus sentimientos por Draco lo mantenían a flote. No habló con nadie por un par de días, tampoco se contuvo en las noches cuando las lágrimas acudían a sus ojos. Lloraba por un amor perdido. Muchos dirían que fue un amor que nunca tuvo, pero sabía que no era verdad. Él amaba a Draco. Y él, de alguna forma, también lo había amado. De una forma pura, verdadera. Tal vez Draco se había referido a sí mismo como una "ilusión insustancial", pero no podía serlo. El dolor de Harry era real, también su afecto y su desolación. Draco fue real, lo seguiría siendo. Lo había llenado de fe, de razones para vivir. Por eso se obligaba a dejar su cama cada mañana, por eso había empezado a hacer ejercicio, por eso estaba considerando conseguir un trabajo. Por Draco, por él, por ambos.

Pero su determinación también se venía abajo por ratos, cuando gritaba en silencio y se revolcaba en desazón. Un día. ¿Qué no daría por un solo día al lado de Draco? Un solo abrazo, un solo beso sería suficiente. Constantemente se encontraba soñando despierto por eso. Todo había sido un mal entendido, había ocurrido un milagro… Él regresaba desde la despensa y frente a su puerta estaba el rubio. Le mostraba una sonrisa confiada, lanzaba algún comentario sobre su expresión anonadada y extendía una mano hacia él. Y su propia mano no lo atravesaba, lo tocaba y era real, cálido…

-Cálido -Harry salió del estado de conmoción y desconexión en que se había sumido-. Draco era cálido -el contenido de la cacerola frente a él empezó a oler a quemado, pero no le importó. Apagó la estufa y corrió hacia la sala.

No tenía tiempo para comer o dudar. Sin detenerse a pensar en lo recomendable de sus acciones, fue en busca de una varita y se concentró en un lugar que no había visitado en meses. Apareció en un jardín más descuidado de lo que recordaba, pero la elegante puerta negra seguía siendo la misma, también el buzón con letras doradas. Weasley & Granger. Sujetó la aldaba con forma de león y llamó tres veces. Nadie atendió. Sin embargo, la luz escapaba por debajo de la puerta. Intentó muchas más veces, necesitaba hablar con ella. De pronto escuchó un golpe sordo y algunas risas. Se quedó congelado en su sitio, incapaz de desaparecer o de retroceder. La puerta finalmente se abrió, mostrando a una chica con el cabello muy despeinado y enormes ojeras bajo sus ojos castaños.

-¿Harry? ¿S-si eres tú? -terminó con una risa inestable que le recordó el sonido de la porcelana al romperse.

-Hermione…

-Volviste.

-¿Estás bien?

-Eso depende -eran evidentes sus esfuerzos por recomponer su expresión, como también era evidente su fracaso en hacerlo. Sus ojos estaban vidriosos y hasta Harry llegaba el olor espeso del alcohol-. ¿Vienes solo?

-Así es -repasó la apariencia de su amiga. Parecía que no se cambiaba desde hacía un par de días y estaba descalza.

-Qué bella noche, ¿no? -trató de sonreírle mientras miraba el cielo, pero el movimiento la hizo tambalearse.

-Ven, no deberías exponerte al aire frío -eso era lo que le había advertido Draco alguna vez, aunque él prefirió restarle importancia.

Hermione necesitaba de su ayuda, quizás desde hacía mucho. Era momento de estar ahí para ella.

-¿Ya cenaste?

-No encontré nada -la ayudó a llegar hasta el sillón, notando el desastre en que se había convertido la sala de estar. Había algunas botellas vacías y un par de cajas de pizza.

Hermione había abandonado todo, incluso a sí misma.

-¿No has ido a trabajar estos días?

-Estoy de vacaciones -la misma risa hueca, una y otra vez. Empezaba a alterar sus nervios.

-Te voy a preparar el baño -sin esperar su consentimiento, fue hasta el cuarto de baño principal y empezó a llenar la tina con agua tibia. Hubiera sido más efectiva el agua fría, pero tampoco se trataba de que la chica se enfermara. Cuando eso estuvo hecho, arrojó algunas sales de baño, buscó una toalla y una muda de ropa abrigada. Entonces volvió a la sala, encontrándola en el mismo lugar, con la mirada ausente-. Vamos, ya está listo.

-No quiero.

-Hermione…

-¿Qué caso tiene, Harry?

-Lo tiene. Estás un poco descuidada, eso no es bueno.

-¿Y eso a quién le importa?

-A mí me importa.

-No tengo ganas.

-Lo harás de todas formas -no quería recurrir a eso, pero ante la necedad de su amiga, la cargó en brazos y fue con ella hasta el baño.

-Harry… No -se revolvió, pero él se mantuvo firme. Con cuidado y sin dudar, la dejó dentro de la bañera, aunque terminó con su propia ropa húmeda. No podía consentir que se hiciera eso a sí misma.

-Toma tu tiempo, te prepararé un caldo. Dejé tu ropa aquí, te espero en un rato.

Aparecer algunas verduras desde su casa y picarlas era sencillo, lo complejo sería lidiar con Hermione. La conocía desde hacía mucho, pero en ese momento le pesaba haberla abandonado todo ese tiempo. Se sentía en deuda. Con Ron, con Hermione, consigo mismo. Él había tenido a Draco para acompañarlo en su duelo, pero ella quizás se había encerrado todo ese tiempo. Recordó esos primeros días, las lágrimas silenciosas… Era probable que siguieran quemándola desde dentro. Ella no merecía eso.

-Te prometo, Ron… Ella volverá a ser feliz -las palabras estranguladas estaban dirigidas a un retrato enorme, que sobre la chimenea mostraba a la pareja en el día de su boda.

Cuando la comida estuvo lista, fue en busca de su amiga. Hermione estaba sentada en la cama, con la ropa que él había elegido y el cepillo en la mano, aunque su cabello seguía igual de enredado. Un alma rota a punto de claudicar frente a la iniquidad de la vida. Se veía reflejado en su mirada vacía y en ese cuerpo que sólo aguardaba hasta que el tiempo le diera el toque de gracia. Era una estampa desoladora, era un espíritu que clamaba auxilio.

-¿Necesitas ayuda?

-¿Lo harías?

-Por supuesto -ella se lo entregó, quedándose con las manos cruzadas sobre sus piernas.

No era experto en eso, pero tampoco ignorante. Había cepillado a Ginevra algunas veces. El cabello de Hermione se sentía maltratado, como si apenas cuidase de él. Tal vez así fuera. Separó los mechones y fue peinando, tratando de no lastimarla y dejarlo uniforme. Casi acababa con su labor cuando escuchó los sollozos de la chica.

-Perdóname, Harry…

-Está bien, Hermione.

-No entiendes. Yo… te culpaba. Fui tan hipócrita. Te dije que nos íbamos a reponer de eso, pero sentí alivio cuando te fuiste. Todas esas semanas… Odiaba verte. Sentía que tú te lo habías llevado y más de una vez deseé que hubieras sido tú y no él… Perdóname -Hermione se quebró, cubriendo su rostro con ambas manos y dejando escapar sollozos más fuertes y afligidos.

Su dique se había roto. Su propio corazón liberaba el caudal contenido durante todo ese tiempo. Harry reconocía la sensación, por eso la dejó llorar y siguió peinándola. En otro momento, las palabras de la chica lo hubiesen arrojado al fondo del abismo. Si esa noche no ocurrió y él se mantuvo en pie para sostenerla, fue gracias a Draco.

-Terminé. Vamos, todavía tienes que comer.

-¿Por qué haces esto, Harry? Acabo de decirte que…

-Te escuché. Hermione, no te disculpes por sufrir por la persona que amas. Lo entiendo y no hay rencor por eso. Todos tenemos pensamientos egoístas de vez en cuando. Ahora vamos, no quiero que la comida se enfríe.

Hermione mantuvo la cabeza gacha mientras comía, dando pequeños sorbos al inicio y después tomando uno de los bollos que él había acomodado en una canasta. Cada minuto comprendía mejor a Draco, porque ahora era él quien buscaba las palabras correctas, aquellas que encausaran aunque fuera un poco la vida de la chica. Es una verdad inherente de las palabras de consuelo: es arduo otorgarlas cuando tu propio mundo ha sido devastado. No quería entregarle palabras vacías, quería darle algo real, algo perenne, algo que la alejara de la absorbente soledad y tristeza que la rodeaba.

-Gracias por la comida.

-No te respondí antes, pero tengo varios motivos para hacer esto por ti.

-¿Sí?

-Aunque primero, también lo siento. Discúlpame por dejarte sola todo este tiempo. Me necesitabas y yo estuve demasiado enfocado en mi propio dolor.

-Por Dios, Harry…

-Cuando perdimos a Ron… Ambos sufrimos de distinta manera. Tú perdiste a quien amabas y yo a mi hermano del alma. Pero ahora te entiendo más. Sé que no ha sido ni está siendo fácil. Tampoco lo es para mí. Me sentí culpable durante mucho tiempo y quería… renunciar a todo. Si no lo hice, fue por algo que me dijeron. Creo que también te conviene escucharlo -Hermione asintió dócilmente-. Imagina que sigues así, ebria, con la casa echa un desastre y el refrigerador vacío… Imagina que estás tirada en el sillón y de pronto viene él. ¿Qué crees que te diría Ron?

Hermione rompió a llorar de nuevo, su pecho subía y bajaba en temblorosas bocanadas.

-No lo gustaría nada… Esa no es la mujer que amo, eso diría.

-Vamos a hacerlo por él, ¿de acuerdo?


10. Una nueva promesa

-Sigues aquí.

Harry se había quedado perdido mirando por la ventana, pensando en aquello que lo había llevado ahí la noche anterior y que todavía no sabía cómo preguntar.

-Preparé café.

-Gracias, Harry -era casi mediodía y los rayos de sol pegaban de lleno sobre los arbustos descuidados. Las malas hierbas crecían entre ellos, privándolos del sol y de crecer apropiadamente. Ambos, Hermione y él, también tenían que lidiar con sus propias malas hierbas. Tenían que buscar el sol y volver a florecer.

-¿Cómo te sientes?

-Mucho mejor. Siento que me hayas encontrado así.

-No te preocupes. ¿Es verdad que estás de vacaciones?

-Lo es. Aunque me reintegro en unos días. Supongo que… fue estar aquí tanto tiempo. Se volvió asfixiante -colocó los dedos contra la taza. Harry dudaba que eso fuera eficiente, parecía que el frío que la atacaba venía de dentro-. Lo veía en todas partes, todo el tiempo. Todavía espero que vuelva casa, con alguna historia por contar, con ganas de pelear… A veces todavía siento su perfume en el aire. No he sido capaz de guardar sus cosas, conservo su cepillo junto al mío. Y sé que me hago daño, pero no puedo evitarlo.

-No lo hagas, no del todo. Aférrate a esos recuerdos, Hermione. A lo bueno y lo malo, todo. Conserva todo ese amor como un tesoro invaluable, que te consuele saber que fuiste correspondida y que eso ni la muerte puede quitártelo.

-¿Cuándo te volviste tan sabio, Harry? -los ojos castaños conservaban su opacidad, pero la sonrisa que se sobrepuso a las lágrimas era realmente hermosa.

-No me des el crédito, sólo repito lo que alguien más me dijo.

-No fue Ginny, ¿verdad?

-No.

-Entonces, ¿lo conseguiste? ¿Te enamoraste de alguien más?

-Sí, así fue. Sin siquiera darme cuenta.

-Ya veo -Hermione paseó su vista por la estancia-. No tenías que ordenar.

-Quise hacerlo.

-Gracias, de nuevo.

-Hermione…

-Dime.

-También volverás a enamorarte, algún día, cuando estés lista. No te debes apresurar ni forzarte a nada, tampoco cerrar tu corazón. Lo que sientes por Ron siempre estará ahí. Pero eres joven y mereces tener a alguien que te cuide y vele por ti.

-No puedo imaginarlo.

-Lo sé, primero tienes que sanar. Yo estaré contigo, si me dejas.

-No tienes que pedirlo, Harry.

-Bien. Quizás debería irme. Puedo pasar a cenar, si quieres.

-Puedes decírmelo -recibió una mirada perspicaz, algo que le devolvió un poco de normalidad al intercambio entre viejos amigos.

-¿Qué?

-Si no me equivoco, ayer me buscabas por un motivo en específico. ¿No es así?

-No quiero agobiarte con mis cosas.

-¿Qué clase de amiga sería si no te apoyo después de todo lo que has hecho? Vamos, Harry. Dame algo en qué distraer mi mente.

-De acuerdo.

La charla fue distendida, le habló sobre sus encuentros con Draco y de lo que había descubierto por medio de Dean. Hermione escuchó en silencio, rellenando su taza un par de veces y comentando sólo lo necesario.

-Ahora comprendo por qué dijiste que me entendías más ahora. Te enamoraste de él, ¿verdad?

-De cabeza, Hermione.

-Lo siento mucho, Harry.

-No… Es que… Vine aquí porque quiero tu ayuda para entender esto, porque hay algo que no tiene sentido. Según Seamus y el mismo Draco, él murió esa noche. Pero… Lo que yo vi no era un fantasma. No era traslucido, tampoco flotaba. Hermione, en ningún momento sospeché que no fuera real.

-Puede que no quieras escuchar esto, pero el cerebro muchas veces modifica las cosas a su conveniencia. Sólo vemos lo que queremos ver.

-¿Y yo quería ver a Draco Malfoy? ¿Por qué lo evocaría precisamente a él?

-No lo sé.

-Era real, Hermione. Las historias que decía, su sentido del humor, su personalidad. Era él. Pero no era un fantasma, de eso estoy seguro.

-La otra posibilidad que se me ocurre es un poco oscura, Harry.

-Un recuerdo como el diario de Tom.

-Veo que has pensando en eso.

-Tampoco era eso, para crear algo así se necesita magia oscura y nada así provenía de él. Además, Tom llegó a tener una forma física, podía sostener cosas. Es algo diferente, Hermione. Y ayer recordé algo más. La última vez que lo vi, intenté tocarlo. Lo atravesé, pero Draco era cálido.

-Y los fantasmas son fríos.

-¡Exacto!

Hermione se concentró mirando su taza, que guardaba un líquido cada vez más frío. El propio Harry había dejado olvidada su bebida, enfrascado en la conversación.

-Según algunas historias muggles, cuando un espíritu regresa es porque dejó algo inconcluso. Nosotros sabemos que es diferente, pero quizás… Tal vez haya algo de verdad en eso. Explicaría por qué te encontró precisamente a ti, que estabas en un momento difícil. No has vuelto a verlo después de ese día, ¿no?

-No. Dijo que sentía que se debilitaba…

-Eso me molesta un poco -Hermione le ofreció una sonrisa confundida, como si no estuviera segura de lo que diría a continuación-. Lo que te dijo sobre poder sentir… Además dices que no se sentía frío… No quiero darte falsas esperanzas, Harry.

-¿Esperanzas?

-En la escuela de Medimagia tuve un profesor un poco excéntrico. Alguna vez me habló sobre casos de… disociación. Lo encontraba fascinante. Es algo muy extraño, apenas hay antecedentes de eso. Pero no es imposible. Sabes lo que pasa cuando un dementor besa a alguien, ¿verdad?

-Succiona su alma.

-Así es. El cuerpo queda como un recipiente vacío, pero funcional. El corazón sigue latiendo, puede permanecer así por años, aunque generalmente se deja morir. Entonces, esto nos dice que alma y cuerpo pueden existir por separado. Cuando un dementor besa, se obliga al alma a abandonar el cuerpo. Cuando alguien muere, lo abandona de forma natural pero también el cuerpo colapsa. La disociación es un punto medio. Un alma que abandona un cuerpo, por algún motivo… pero que tiene la posibilidad de volver a adherirse a él.

-¿Quieres decir que…?

-No tengo muchos conocimientos sobre eso y podría no ser lo que está ocurriendo.

-Pero podría serlo.

-Sí -la escueta afirmación de Hermione, como si le pesara entregarla, se infiltró en él como el primer rayo de sol después de la más violenta tempestad-. De ser así, el cuerpo de Draco debe estar en algún sitio. Y… se le acaba el tiempo. Es por eso que dijo sentirse débil, hay un límite para la disociación, alma y cuerpo no pueden estar separados por largos períodos. Si no vuelve al cuerpo, se desvanecerá.

-Tengo que encontrar su cuerpo.


Los golpes en la puerta asemejaban a la caída sin retorno de algo hueco en un insalvable vacío. Había conseguido esa dirección gracias a un contacto de sus días de auror, cuando necesitaba información variada de esa que sólo se comparte bajo la mesa. Volvió a tocar, rogando a la deidad que quisiera escucharlo, que alguien atendiera y eso no fuera un callejón sin salida.

Las bisagras no hicieron ruido al abrir como una mofa silenciosa a la seriedad de la situación, testigos inertes de su penosa visita. Porque en él coexistían esperanza y angustia, compitiendo por tomar la delantera a cada respiración.

-Buenas tardes, siento irrumpir… ¿Andrómeda? -quien le devolvía la mirada era una mujer mayor de cabello entrecano, con rasgos perfilados y graves.

-Hola, Harry. Ha pasado algún tiempo.

-Sí, yo… Necesitaba estar alejado de todo por una temporada.

-Puedo notar que te sorprende encontrarme aquí.

-No sabía que estabas en buenos términos con los Malfoy.

-Podría decirse que es algo reciente. Por eso asumo que no me buscabas a mí.

-Tienes razón. Necesito hablar con Lucius.

La fuente fidedigna, el único con la autoridad y conocimiento necesario para responder sus dudas. Jamás habría creído que también tendría que tratar con Andrómeda.

-Temo que no será posible.

-¿Por qué?

-Él está de viaje. No volverá hasta dentro de un par de semanas.

-De viaje… ¿En dónde?

-Honestamente, no lo sé. Sólo me hago cargo de la casa mientras vuelve.

-Andrómeda… En realidad necesito hablar con él -una nota de desesperación profundizó su solicitud. Harry se sentía encadenado, surcando contracorriente los designios infranqueables del tiempo.

-¿Es tan urgente? ¿Hay algo en lo que yo pueda ayudarte?

-Me enteré de lo que le pasó a Draco -las cejas de la mujer apenas se inmutaron ante esa revelación, pero su mirada se ensombreció.

-Entiendo. Será mejor que pases.

-No es mi intención entrometerme -aseguró, mientras era conducido a una sala bastante austera para los estándares de esas familias-. Pero me gustaría saber qué fue realmente lo que ocurrió con él.

-¿Qué es lo que sabes?

-Sobre la denuncia por desaparición, el incidente con los rescatistas muggles y un auror. Y que probablemente esté muerto -Andrómeda vaciló sólo un momento, como quien se ha preparado para enfrentar algo semejante-. Sé que hay algo detrás de las acciones de Lucius y por eso es que estoy aquí.

-Me gustaría tener mejores noticias, pero aunque la realidad dista de lo que sabes, no es precisamente esperanzadora.

-¿Qué quieres decir?

-Draco está aquí, Harry.

-¿Qué?

Como un torbellino que precede a la calamidad, anhelo y miedo se entremezclaron en su interior. Si obedecía a sus instintos más primarios, en ese momento dejaría esa casa atrás y abandonaría esa ruta que parecía cada vez más intrincada. Pero no era eso lo que demandaba su corazón ni su espíritu. Aún si de una urna o una placa ornamentada se tratara, él quería tener algo palpable a lo que aferrarse mientras sucumbía al dolor de la confirmación.

-Lo que hizo Lucius fue para que no se armara un escándalo al respecto. Él trajo a su hijo ese día, lo ha tenido resguardado aquí desde entonces.

-Entonces, Draco…

-Puedes verlo si lo deseas. Pero te advierto que probablemente ya no corresponde al recuerdo que conservas de él.

-Andrómeda, quieres decir que… ¿Draco está vivo?

-Es lo que aparenta.

-No la entiendo.

-Ven conmigo.

Harry la siguió por los oscuros corredores, su flujo sanguíneo emprendiendo una carrera en pos del tiempo.

-Adelante.

En la habitación no reinaba la penumbra, tampoco el frío. Había una tenue iluminación que dotaba de un color cálido a las inmaculadas mantas que cubrían el cuerpo inerte de Draco Malfoy. Si no fuera por la presencia de Andrómeda y por lo que su mismo corazón le advertía, hubiera pensado que no se trataba más que de un delirio. De esos que la mente evoca cuando se rinde y decide deformar la realidad a su conveniencia. Como el eco del anhelo, como el consuelo de una mente atribulada. Un recuerdo perfectamente creado para dar serenidad al alma; pero no era una sombra, un eco o una alucinación en absoluto. Era un cuerpo sólido, tan diferente a la última visión de vapor e inconsistencia que conservaba en su mente.

Era él en carne y hueso. Pero de alguna forma no lo era. Porque los ojos del mercurio estaban cerrados y la piel estaba tan pálida que asemejaba la neblina que tantas veces había rodeado su representación mística. Era él y no lo era. Era su Draco, pero también era un cuerpo en abandono.

-¿Qué pasó?

-Lucius lo sabe mejor que yo, pero por lo que entendí, tuvo un accidente. Cuando lo encontraron estaba desmayado. Vino gravemente herido y desde entonces no ha despertado. No sabe si lo atacaron o se lo hizo él mismo. Ha intentado con pociones, una variedad impresionante. Encantamientos, magia antigua, magia experimental, pero nada da resultado. Por eso emprendió ese viaje.

-¿Tú qué crees que pasó?

La desolación y tristeza con que observaba al convaleciente lo condujo a efectuar esa pregunta. Parecía que Andrómeda guardaba su propia carga de pena sobre lo ocurrido a su sobrino.

-Es probable que también se te haya venido a la mente al verlo en ese estado. O al menos eso esperaría. Lucius se aferra a él a pesar de tener todas las probabilidades en contra, pero desde que vine no pude evitarlo. Simplemente no lo siento. Sé que es su cuerpo, sé que respira y también he sentido el latir de su corazón, pero ese ya no es él. No sé cómo pasó… Ni siquiera creí que fuera posible, pero creo que comprendes a lo que me refiero. Debió ser un dementor. Es la única explicación para que esté tan ausente, para ese vacío que se siente a su alrededor. Es sólo un cascarón. Draco ya no está ahí.

-No puedo aceptarlo. Eso no fue lo que pasó.

-Sé que es más fácil negarse a la realidad, ser como Lucius que ha dicho que no dejará de intentar ayudarlo mientras su corazón siga latiendo, pero… Creo que es más apropiado para el recuerdo de Draco aceptar su partida.

-No es negación, Andrómeda. Ni siquiera es fe. Sé que no es como dices porque yo vi a Draco. Hablé con él muchas veces. No era un fantasma, ahora lo sé. De alguna forma él sigue aquí.

-Pero…

Intempestivamente, como tantas veces en el pasado, se acercó al cuerpo inerte del chico. Su mano estaba tibia, aunque floja.

-Aguanta un poco, Draco. Voy a investigar que pasó. Y te prometo que te traeré de vuelta.


Notas finales: como dije, las sorpresas no se detienen. Ahora un aviso importante. Por motivo de las festividades, no habrá capítulo la próxima semana (oi, eso sonó muy serio, ¿no? Jajaja). No se preocupen, no estoy dejándolo ni nada. Como dije desde el inicio, ya está escrito. Pero tengo preparado un OS navideño para entonces, así que si quieren leerme podrán hacerlo, jaja. Así que oficialmente, volvemos con este fic hasta el otro año. Felices fiestas a todos.

En la parte VI: Milagro.

Allyselle