Disclaimer: los personajes son propiedad de J.K, yo sólo tengo algo de tiempo libre y los tomo prestados mientras tanto.
Notas de la autora: hola a todos, he tenido una semana un poco agitada, pero aquí estamos. Muchas gracias a todos por leerme, ustedes me animan a seguir compartiendo mis historias. Ahora si, vamos a ello.
Parte VII. Atardecer
13. El efecto mariposa
«El débil golpe de las alas de una mariposa puede ser la causa de un huracán a miles de millas de distancia».
La teoría del caos establece que pequeños cambios en las condiciones iniciales crean grandes diferencias respecto al resultado final, por lo que la mayoría de sucesos no son predecibles. La vida y las experiencias no transcurren de forma lineal. A veces se precisa de una cascada de acontecimientos para llegar a determinado momento. Como la sucesión de un acto precipitado, un encuentro al anochecer y el más desesperado afecto, que condujo a ese momento en que su antiguo enemigo inclinó la cabeza en señal de gratitud.
-Señor Potter. Buen día -aunque se había requerido de un par de sucesos más para que esa tarde, Lucius Malfoy se hiciera presente en el porche de su casa.
-Señor Malfoy, lo estábamos esperando.
-Es un agradable lugar, bastante retirado de la vía pública.
-Esa era la intención. Si gusta puede pasar de inmediato, aunque se quedó dormido hace unos minutos.
-En ese caso, creo que podemos aprovechar para intercambiar algunas palabras.
-Como guste -resultaba un tanto contradictorio que en esos días tan oscuros, hubiese conseguido una casa tan iluminada. Quizás fue uno de los actos del inconsciente, cuando busca aquello de lo que carece-. ¿Qué tal su viaje?
-Más desgastante de lo usual -manifestó. Harry permaneció como un testigo silencioso, notando que el tiempo y quizás esos años en Azkaban habían hecho que el elegante bastón negro de Lucius fuera algo más que un objeto ostentoso-. No es fácil evadir los controles mágicos entre las fronteras y estaba un poco lejos. Debo confesar, señor Potter, que al regresar diez días después de recibir la noticia, no esperaba encontrar vacía la casa de Kent. Aunque fue mayor mi sorpresa al hablar con mi cuñada y escuchar sobre los pormenores de lo sucedido y su participación en ello.
-Señor Malfoy…
-Muchísimas gracias, señor Potter.
-…oh. Lo hice por… él.
-Hizo más de lo que cree, le estaré agradecido por el resto de mi vida.
-Está bien.
-Se encuentran muy bien establecidos aquí, ¿verdad?
-Eso creo. Por el momento no tengo trabajo, así que puedo… acompañarlo. Él fue quien me pidió que lo trajera aquí, parece que le gusta la tranquilidad y el clima. Usted puede venir cuando guste, ya he conectado la red flú.
-Eres muy amable.
-Disculpará la indiscreción, pero… ¿Fue lesionado mientras estuvo en Azkaban?
-¿Lo dice por mi pierna? No, fue mi cuñada. Me recibió con una combinación de hechizos. Por órdenes de Narcissa, al parecer -la risa ya no era un eco extraño o desprovisto de color en él, pero jamás pensó que sería provocada por esa persona en particular.
-Ya veo.
-No quiero que tome a mal lo que estoy por decir, señor Potter. Pero si hay algo que pueda hacer por usted, no dude en decírmelo.
-En realidad, lo hay. Ahora que Draco se está recuperando, sería de ayuda que usted vaya al Ministerio y aclare toda la situación. Un buen amigo tuvo muchos problemas por eso.
-No dude de que lo haré.
-De acuerdo. Y estaría bien si me llama Harry.
-¿Ya se fue el viejo?
-¿Lucius?
-¿Acaso nos ha visitado otro viejo? -escondió una sonrisa, distraído en su labor de servir la poción correspondiente a Draco.
-Sí, ya se fue. Y podrías mostrar más respeto, es tu padre.
-¿Y eso le quita lo viejo? -la mecedora rechinó contra el suelo de madera.
Desde el día de su llegada había mostrado predilección por el porche trasero. Decía que le gustaba ver el vaivén en las copas de los árboles, en especial al atardecer. También había empezado a hacer alarde de ese renovado sentido del humor. Cuando Harry preguntó al respecto, se quedó maravillado al escuchar "no puedo ir por ahí con cara de amargura o un ánimo de mierda. Creí que había muerto. Veo todo de diferente forma ahora".
-Aquí tienes.
-Esto sabe a baño público.
-No quiero saber qué clase de vida llevabas antes de encontrarnos.
Las muecas provocadas por el brebaje se transformaron en una suave sonrisa.
-Te espantarías.
-No digas más.
-A veces… me cuesta creer todo lo que hablamos en ese puente. Pienso en eso y se sienten como los recuerdos de alguien más. Y tengo miedo… de llegar a olvidarlo algún día.
-No siempre se conservan todos los recuerdos de lo que pasó mientras duró la disociación -estaba repitiendo las palabras de Hermione, de esas duras advertencias recibidas mientras esperaban por el despertar del chico. No había querido imaginarlo, no podría haber soportado que Draco no recordara nada de todas esas noches.
-No quiero perderlas. Después de mi madre, son de mis recuerdos más valiosos.
-No me molesta tener el segundo lugar en esa lista.
-Es que, realmente… Me alegra haber despertado y verte ahí. No tuve espacio para dudar. ¿Te imaginas lo que hubiera hecho si no te recordaba y sólo te veía ahí en mi habitación?
-Mandarme a la mierda, probablemente.
-Sí, probablemente.
Harry se quedó perdido en el horizonte, entre rayos de sol anaranjados y miedos tardíos.
-¿Has pensado en volver al cuartel?
-Algunas veces.
-¿Y qué has resuelto?
-Nada. No me interesa, al menos no por el momento.
-Hay algo que yo quiero hacer -compartió, con la mirada franca de quien no teme expresar sus sentimientos.
-¿Qué es?
-Caminar -anunció-. Lamento si te hiciste ilusiones con algo más.
-Claro que no… Todavía es muy pronto, Draco. Fueron ocho meses sin usar tus piernas, escuchaste lo que dijo Hermione.
-Podría correr ahora mismo, si quisiera.
-No, no podrías. Tienes que seguir con los ejercicios de rehabilitación y las pociones. Después vendrá eso.
-¿Cuánto tardará ese después?
-De tres semanas a un mes -el puchero de descontento que siguió a su declaración lo hizo apartar la mirada.
Había demasiado que quería decir, demasiado que quería hacer… Pero como se lo había dicho cuando Draco era una simple representación mística, aún no era su momento. Entre ellos había mucho que sanar, y no todas las heridas eran físicas. Mientras tanto se conformaría con eso: cuidarlo en su recuperación y hacerle compañía en las horas muertas del día.
-¿Y tú seguirás aquí cuando eso pase?
-Esta es mi casa, Draco. La pregunta es si tú seguirás aquí.
-Creo que sí. Mientras no me des motivos para irme.
-¿Disculpa? -una fresca risa llenó el aire entre ambos, producto del deleite del joven rubio al contemplar la expresión del héroe.
-Ya no he preguntado. ¿Has visto a Ginevra últimamente?
-No. A ninguno de ellos.
-Pero lo estás haciendo muy bien con Hermione.
-¿Desde cuándo la llamas así?
-Verás, se establece cierto vínculo entre médico-paciente.
-¿Ah, sí? -conocía de sobra las provocaciones de su acompañante, pero aun así sucumbió.
-Sí. Pero no te preocupes, es más fuerte el vínculo cuidador-paciente.
-¿Quién estaba preocupado?
-Oh, lo lamento. Mal interpreté esa arruga en tu frente.
-Deja de meterte conmigo -pidió, de la misma forma en que podría pedirle a la lluvia que no moje su jardín.
-No sé si lo has notado, pero no tengo muchas opciones de personas a las que molestar. Casi me pongo a hablar con las plantas cuando vas a la despensa.
-Te concedo eso.
-Si no estuviera tan jodido, estas serían unas buenas vacaciones.
-¿Sentados en el porche mirando el atardecer? ¿Cuántos años tienes, setenta?
-Bueno, podríamos hacer más cosas. Ir de caminata, viajar por carretera, salir a comer.
-Sigue sonando bastante simple.
-O si quieres podemos ir a hablar en un puente a media noche -ofreció, con un nuevo puchero que hizo entender a Harry que en algo lo había ofendido.
-Draco…
-Es que siento que hablabas más conmigo entonces.
-Vivimos juntos, ¿y dices que no hablo contigo?
-No es sólo… Argh. Jódete, Potter.
Hay reflejos que son primarios, casi intrínsecos del ser humano. Como cerrar los ojos, respirar y controlar las extremidades. También intentar escabullirse cuando la situación se torna incómoda o peligrosa. Y esa clase de instinto se apoderó de Draco Malfoy, cuando yendo en contra de su racionalidad y de sus propias capacidades físicas, intentó levantarse para efectuar una salida rápida. Pero sus piernas, débiles por esos meses en abandono, cedieron al segundo paso. Si no sufrió mayor daño con el impacto, fue porque un cuerpo se interpuso entre él y el piso de madera.
-¡¿Qué demonios crees que haces?!
-Lo-lo siento -Harry puso un dique a sus reclamos, porque el arrepentimiento, pero también el miedo, se manifestaban con crudeza en los ojos color plata.
-Oye… ¿Estás bien?
-Sí, yo… Soy un maldito inútil, ¿eh?
-Draco, no… No digas eso. Tomará tiempo, pero volverás a sentirte como tú mismo. Confía en Hermione y…
-No. Jamás volveré a sentirme como antes, Harry.
-¿De dónde viene todo este pesimismo? Creí que todo era más brillante ahora y que enfrentarías la vida como…
-Cállate, idiota.
-¿Draco? -cuando sus ojos volvieron a encontrarse, el aire quedó atrapado en su pecho. Los hermosos ojos grises estaban saturados de lágrimas, trazando un sendero de humedad en la nívea piel.
Y Harry supo, que esa no sería una tormenta. Era una completa avalancha la que estaba por arrastrarlo todo consigo.
14. Creyente
«Seeing the beauty through the pain… You made me a, you made me a believer, believer.
You break me down, you build me up, believer, believer» Imagine Dragons.
(Viendo la belleza a través del dolor… Tú me hiciste un, me hiciste un creyente, creyente.
Me derribas, me edificas, creyente, creyente)
-¡Estoy cansado de ti, Harry! Detesto que me cuides, odio que me lleves de un lado a otro como si fuera a romperme. ¡No soy un maldito muñeco de porcelana, sabes! ¡Por primera vez en mucho tiempo puedo sentir! ¡Quiero sentirte! -el miedo y abandono que empezaba a burbujear en su interior, se detuvo casi tan pronto como nació. La incomprensión nubló la mirada esmeralda y su cabeza se llenó de dudas. ¿De qué se estaba quejando Draco, exactamente?-. Desperté y sólo me diste lo mano. Es lo único que haces. ¡No quiero tu maldita mano, Potter!
-¡¿Entonces qué demonios quieres?!
-¡Quiero que me toques, pedazo de imbécil! ¡¿Cuánto más tengo que gritar para conseguir un maldito beso?!
-Tú quieres… ¿Qué? -ya no eran sólo los lagrimones, signo material de la frustración, lo que resaltaba en el rostro de su amado. También una intensa coloración en las mejillas.
-Lo peor es que ni siquiera puedo levantarme y correr lejos de ti -en un acto que estrujó el corazón del héroe, Draco se arrastró lejos de él, quedándose con la espalda pegada contra la pared y cerrando los ojos con profunda mortificación.
-Draco… Si eso es lo que querías, sólo debiste pedirlo.
-Ah, ¿no me digas? ¿Por qué debería hacerlo? Tú fuiste quien llegó esa noche a profesarme su amor. No sé si estás enterado, pero esa clase de declaraciones suelen ir acompañadas de contacto, Potter.
-Harry, dime Harry.
-Maldito cara rajada.
-No quiero apresurarme, Draco… Esa noche te pedí que me esperaras, aún es muy pronto para nosotros.
-En ese entonces, yo era jodida representación mística. Ahora tengo un cuerpo, puedo sentir y quiero sentirte a ti, pero tú no haces más que tratarme como a un viejo y evadir mis avances… -los delgados hombros se sacudieron, recurso infructuoso para esconder los sollozos del chico-. Si esto va a ser así, mejor lárgate y vuelve cuando tengas algo más que ofrecer.
-¡Draco!
-¡No! ¡No te vayas! -reaccionó de inmediato, cuando Harry dejó su incomodo puesto sobre el piso.
-Acabas de decir que quieres que me vaya.
-No uses mis palabras en mi contra, maldito auror.
-Entonces deja de contradecirte. Y no me iba -como el reparador primer aliento después de estar mucho tiempo bajo el agua o de cuando se deja ir una atadura especialmente cruel, Harry Potter se llenó de aire y gateó hasta encontrarse de frente con la fuente de reclamos de esa casa.
-No.
-¿No? ¿Ya no quieres besarme?
-No quiero que lo hagas por compasión.
-Eso nunca. Voy a hacerlo porque te amo.
En esa templada tarde de octubre, con el atardecer a sus espaldas, Harry Potter se dio la oportunidad de sentir felicidad de nuevo. Sonrió después del primer beso, cuando el contacto se sintió tan correcto y libre de culpas. Sonrió aún más tras el segundo, cuando notó que los sollozos de Draco se habían acallado para dejar en su lugar suaves suspiros. Se había equivocado por completo. No tuvo que enfrentarse a una avalancha, pero sí a un incendio de proporciones magistrales. Como un producto de su misma determinación y preocupación, había puesto una barrera a sus propios deseos, que de pronto se desbordaban y le hacían flaquear. No podía hacer mucho cuando su adversario lo besaba con tanta entrega y ardor. Beso a beso, frustración, contención y temor se fueron perdiendo; quedando sólo dos cuerpos en imperfecta y maravillosa colisión. Un nuevo universo creado a partir de la cercanía de dos almas en vela, un espectáculo chisporroteante de vida y amor.
-Lo lamento, Harry… Tendría que ser más considerado con cómo te sientes. Ni siquiera tiene sentido excusarme diciendo que crecí siendo un maldito egoísta, pero la realidad es que quizás lo sigo siendo. Es sólo que tenerte tan cerca después de pensar que jamás podría tocarte de esta forma es… No puedo soportarlo. Sí, soy… un idiota egoísta. Pero me cuesta la vida no anteponer mis deseos cuando se trata de ti, cuando pienso en todo lo que hiciste para traerme de vuelta y en que yo sólo quiero… No. No tengo derecho a hacerte esto y tú no tienes que ceder. De verdad, Harry… No tengas miedo de rechazarme, debo entender que no es… Perdóname.
-Draco… ¿Acaso estás disculpándote por darme el mejor beso de mi vida? Porque empiezo a sentirme un poco ofendido.
-No se trata de si fue bueno o no, Harry… Lo siento por ponerte en esta situación. Tengo que entender cómo te sientes y esperar. ¿Cómo puedo amarte cómo te mereces sino puedo…? -el alma apesadumbrada volvió a ceder ante su propia recriminación.
-Draco…
-Argh. Odio esto. Desde que volví es como si sintiera todo amplificado. ¡Parezco un jodido aspersor humano!
-No tienes que contenerte… Supongo que son todas las emociones atrapadas del tiempo en que estuviste lejos de tu cuerpo.
-Perdón por mojar tu camiseta.
-Creo que te he escuchado disculparte más en los últimos cinco minutos que en los pasados 17 años -la ligera broma fue como un soplo de brisa fresca, en ese incendio que ya se reducía a cenizas.
-¿Me harías un favor, Harry?
-Depende. ¿De qué trata?
-Llévame a la habitación, después sal de ahí azotando la puerta e imagina que fui yo quien lo hizo -esa vez, la risa escapó de sus labios sin sonar forzada, tampoco se extinguió en un parpadeo. Fue más que la euforia a la que se había acostumbrado, fue un sonido de auténtica felicidad, como la planta marchita que es expuesta al sol y recupera algo de belleza.
-No puedo hacer eso, Draco.
-Entonces al menos dame un puñetazo.
-Tampoco haré eso.
-¿Por qué no?
-Prometí no volver a lastimar lo que amo.
-Perdón, Harry… -insistió, fracasando al tratar de retener un nuevo oleaje.
-Ya deja eso. Ahora, si has terminado con tus absurdas peticiones, ¿puedo hacer una?
-Las que quieras.
-De acuerdo, déjame acomodarte mejor.
Draco lo permitió, aflojando el cuerpo y colaborando cuando lo colocó contra la pared, abriendo sus piernas en forma de v. Después, desafiando a su propia ansiedad, se colocó frente a él, sintiéndose atraído por algo más que el calor proveniente del pecho del chico.
-¿Esto es… lo que querías?
-Ajá.
-Harry…
-Aunque falta algo.
-¿Sí?
-Tus brazos están bien.
-No entiendo.
-¿Cuántas indirectas tengo que lanzar para conseguir un abrazo?
-No te burles de mí -como quien intenta rescatar el arte olvidado, los brazos delgados se movieron dubitativos, reaprendiendo, maravillándose con la realidad de ese contacto-. ¿Estás… cómodo?
-Bastante. ¿Qué hay de ti?
-Es… nuevo. Pero se siente bien.
-Bien.
El aire fluía por su cuerpo, realizando el recorrido que había hecho millones de veces, pero se sentía diferente. Ni siquiera notó cuando empezó, aunque probablemente podía precisarlo. Pero en algún punto de su vida, el aire en su entorno se volvió denso, haciendo pesada su respiración, quitándole más de lo que le otorgaba. No se sentía así esa tarde. Se sentía bien respirar, no sólo como un mecanismo natural para seguir con vida. Se sentía apropiado, se sentía asombroso. Y cuando cerró los ojos, no se vio a sí mismo en un paraje inhóspito. Vio un rostro familiar, vio una sonrisa sincera.
-¿Qué piensas?
-Me gusta respirar.
-¿Qué clase de pensamientos son esos?
-Honestamente, no lo sé. Pero creo que acabo de entender lo que dijiste al despertar. Se supone que he estado consciente todo este tiempo, pero me siento como que acabo de salir de un pantano. Tengo mucho fango encima, pero puedo respirar y ver con mayor claridad.
-También ese fango se irá, Harry.
-Ahora puedo creer en eso. Además… acabo de recordar algo.
-¿Qué es?
-Cuando los chicos se iban a casar, tuvieron problemas para ponerse de acuerdo sobre el lugar y la ceremonia. Hermione fue educada por muggles, así que le bastaba con la presencia de un ministro y quería un local abierto, cerca del mar. Sin embargo, Ron tenía una idea muy diferente. Esperaba un enlace de magia antigua y prefería un sitio cerrado, porque tenía un mal recuerdo de la boda de su hermano. Discutieron mucho sobre eso… Hasta que acordaron un punto medio. Ambos cedieron en algo. Fue un enlace mágico, pero también hubo votos al estilo muggle. Además, alquilaron una finca. Había mesas en interiores y también en los jardines. Al final obtuvieron algo bello y ambos pudieron disfrutarlo.
-Suena como una buena solución.
-Exacto. Creo que nosotros tenemos que buscar nuestro punto medio.
-¿Y cómo sería eso?
-Los dos estamos… débiles. En diversos sentidos. Si lo entendemos y actuamos en consecuencia, tal vez no sea necesario esperar para estar juntos. Yo quizás me venga abajo de vez en cuando y no quiero que eso te arrastre conmigo, soy yo luchando con mis miedos y remordimientos. No tienes que cargar con eso, me basta con que me acompañes hasta que pase la tormenta.
-Creo que entiendo a dónde quieres ir. También tengo cosas que aceptar y todavía me falta decidir cómo saldré adelante después de eso. Sin mencionar la rehabilitación física que ahora sé que realmente necesito. Tampoco sé hasta cuando seguirá esto de llorar como un condenado, así que tendrás que ser paciente.
-Los dos debemos serlo.
-Y en este punto medio… ¿Habrán más abrazos de este tipo?
-Los que quieras.
Los brazos estrecharon su torso, reubicando sin pretenderlo algunos fragmentos de su alma.
-¿También podré besarte?
-Claro. Mientras recuerdes no volver a moverte tan descuidadamente. No es necesario ser tan dramático, idiota.
-De acuerdo. ¿Dormirás conmigo?
-Tampoco tenses tanto la cuerda.
-Tenía que intentarlo.
La risa suele ser efímera. Es una suerte de milagro cuando esta se queda grabada en los corazones. No ocurre por su belleza, intensidad o duración, ocurre cuando es la expresión del más sincero sentimiento. Cuando su origen y santuario es un corazón en calma.
Y esa tarde de octubre, dos cuerpos compartían calor, dos corazones se prometían aferrarse a la esperanza y dos almas volvieron a creer.
Notas finales: hoy no tengo mucho que decir, solo que espero que les haya gustado. Nos leemos la próxima semana con el epílogo.
Allyselle
