Hola de nuevo, si estás leyendo, quiero agradecerte. En realidad he estado demasiado absorta con algunos asuntos de mi vida, sin embargo, no he podido dejar de pensar en cómo podría mejorar mi fic, el rumbo que tomará y todo eso. Sin embargo, creo que es importantísimo mencionar que en esta historia, Dumbledore no muere. Lo decidí así, puesto que pretendo que juegue un papel fundamental dentro de la historia, espero no me odies por esto jaja, puesto que uno de mis "principios" es que la historia sea lo más fiel posible a los libros.

Sin más que decir, me despido por ahora. Intentaré subir capitulos solo cuando tenga el siguiente listo, para así comprometerme a terminar esta hermosa historia (espero) que les tengo preparada. Nos leemos luego!

Disclaimer: Todos los personajes no me pertenecen -lamentablemente-, sino que a la maravillosa J.K Rowling, la historia de la cual tomé prestada la idea es "A korean Odissey" (se las recomiendo!).

Capítulo 1: El descubrimiento.

El día del encuentro con Malfoy era algo confuso, pero sin duda cada vez que lo rememoraba, una extraña sensación de pánico se apoderaba de ella. ¿Serían ciertas las palabras de Malfoy? Negaba con la cabeza, era absurdo. No tenía el poder ni las agallas. No era más que un malcriado y envidioso. Estaba segura que Lucius Malfoy aportaba generosas cantidades de dinero para mantener en el cuadro de honor a su hijo, quien ni aún así podía superarla. Sin embargo, un escalofrío le recorría el cuerpo cada vez que recordaba la mirada fría y determinada de Malfoy. No le había contado a Harry ni a Ron, no porque Malfoy se lo hubiese ordenado, sino porque consideraba que era una estupidez darles otra preocupación. No volverían a Hogwarts en séptimo año, puesto que debían ayudar a Harry a encontrar y deshacerse de los horrocruxes. A menudo esta situación deprimía a Hermione, pero se centraba en pensar que más tarde, cuando la guerra acabara, habría tiempo de finalizar sus estudios en Hogwarts y especializarse como Medimaga. Además, aún le quedaba finalizar el sexto año, y debía terminarlo con honores si quería especializarse en lo que había decidido.

Aún cuando no asistiría a Hogwarts el año entrante, no pudo evitar la costumbre -o afición- por ir al callejón Diagon a pasear, casi como si tuviese que comprarse todo lo requerido para iniciar séptimo. Deambulando sin rumbo, prontamente perdió la noción del lugar a donde se dirigia, llegando nada más que al callejón Knocturn.

Sin aviso, sus pies no le obedecieron. Su mente insistía en huir de ahí lo más pronto posible, pero su cuerpo no respondía. Algo más allá de sus sentidos la obligaba a entrar a esa tienda aparentemente pequeña, sin cartel que indicara su nombre o alguna luz interior que diera indicio de que efectivamente se vendieran productos de cualquier índole en su interior. Al entrar, se dio cuenta de que la poca y nula luz que emanaba del salón era aquel que se transmitía desde una pequeña caja. Embobada, se acercó y la tomó por un segundo. Dentro, habìa un pequeño brazalete. Maravillada, se percató de que era un hermoso artefacto hecho de oro, con decoraciones en forma horizontal y vertical, además de poseer incrustaciones de pasta de vidrio y piedras semi-preciosas. No pudo calcular cuando tiempo lo observó embelesada, hasta que una voz gastada le dijo.

— "Un extraño artefacto te ha escogido—

— ¿Disculpe?— Respondió ella

—Lo que dije, niña. Este artefacto ha estado esperando a su dueña cerca de trescientos años, y por fin ha encontrado a su siguiente dueña— Iinquirió misteriosamente.

— No entiendo —replicó—¿Qué hace de especial a este brazalete? —

La anciana sonrió. —Hija, este brazalete tiene un poder ancestral. A quien decidas otorgarlo, no sólo te protegerá de cualquier mal, sino que también se convertirá en algo así como…. -dudó en la palabra que debería utilizar- tu esclavo por lo mismo, que si algún día requieres de sus servicios, debes pensar con cautela—

— Esto es una estupidez, tales cosas sólo existen así en mundos…—

— De magia, claro está. ¿Dónde crees que estás ahora, Hermione? Pensé que eras conocida por tu inteligencia —-Hermione palideció.-

Inquieta, dejó el brazalete donde lo encontró. Inmediatamente, brilló una vasija. Por instinto, la abrió. Dentro de ella, se cristalizó una imagen de ella y Malfoy en el bosque prohibido. En la visión, ella se inclinaba hacia él, besándolo. Exaltada, saltó hacia atrás, mirando detenidamente a la anciana.

— ¡Por merlìn! ¿Qué significa lo que acabo de ver? —

— Esa vasija tiene el poder de mostrarte tu destino. La decisión de que sea uno afortunado, o un infortunio, tienes que tomarlo tú. Si fuera tú, me llevaría el brazalete de Knomit. —dijo la anciana con voz baja.

— ¿Brazalete de qué?— Replicó Hermione.

— Perteneció a una antigua hechicera Egipcia, quien hechizó el brazalete que le regaló su amado como promesa de una vida llena de dicha. Sin embargo, repentinamente el desapareció y Knomit se sumió en la mayor pena, esperando por él hasta el último de sus días. Sin embargo, el brazalete no perdió su poder, y en cambio, con el pasar de los años, adquirió unos que prefiero descubras por ti misma. Niña, la vasija y el brazalete no se equivocan, no hagas oídos sordos y llévate el brazalete, llegará el día en el que te hará falta, créeme— Finalizó la anciana.

— Está bien, lo llevaré. Gracias—

— Quizás más temprano que tarde, le encuentres un uso. Ahora debes irte, adios— Dicho esto, la anciana desapareció, dejando a una Hermione extremadamente confundida. Tenía que averiguar más acerca de los extraños objetos que había encontrado. Genial -pensó- una razón más para ir a la biblioteca.

Al otro extremo de Londres, en Malfoy Manor, se encontraba Draco sumido en sus pensamientos. En ocasiones, la sola idea de tener que asesinar a alguien lo aterraba. "No pude matar al viejo chiflado, y quieren que mate a la sangre sucia de Granger" razonaba.

Seguramente Voldemort decidió esto como castigo al no poder cumplir con esa misión. Aún agradecía a Merlín por la indulgencia que había demostrado el Señor Tenebroso, sin embargo sabía que algo no estaba bien. ¿Era posible que supiera algo que ni él mismo podía ver? ¿Por qué la sangre sucia y no mejor algo como cara rajada o el pobretón? Prefería no darle tantas vueltas al asunto. La misión estaba más que clara, la muerte de Granger por la libertad de él y su madre. La libertad de poder establecerse en otro país, sin que nadie se interpusiera. Luego de meses de entrenamiento para ser un mortífago decente, Draco comenzó a dudar. ¿Porqué se dañan entre los mismos colegas? Es que acaso no debiese ser tal como en ese estúpido grupo donde veneraban al viejo chiflado? No es que fuera un fiel servidor de la amistad ni esas mierdas, pero creía que era casi indigno dañar a los de tu mismo bando, y peor aún, sentir placer al infligir dolor mediante torturas físicas o mentales (tal como él había sido víctima de su tía Bellatrix durante largas horas de entrenamiento para inmunizarse ante el dolor). "Es simplemente absurdo" pensaba. Pero ya no podía retroceder, no quedarìa como un débil Hufflepuff. Èl tenía mucho por demostrar, y cumpliría con su cometido a como de lugar. Repentinamente, Narcisa Malfoy, una mujer majestuosamente bella, de largos cabellos platinados y lacios entró a la habitación. Si bien estaba algo más deteriorada que en sus años de plenitud, continuaba conservando esa mirada arrogante y elegante que no podía imitarse ni en sueños .

— Hijo, has estado algo distante. Los elfos domésticos me advirtieron que no comes nada desde esa extraña reunión a la que te llevó tu padre— Explicó.

—No es nada, madre— Respondió con una sonrisa que no llegó a sus ojos. — Estoy bien. Pero quisiera preguntarte algo—

Narcissa se sentó al lado de Draco, acariciándole la cabeza como lo solìa hacer cuando era pequeño. —Dime, Draco— Replicó con dulzura

—¿Crees que Voldemort ganará la batalla? ¿En la superioridad de sangre?—

Narcissa dudó por un segundo. ¿Qué debería hacer? Ella sabía que un sangre pura era un ser magníficamente superior. Pero ya el fallo en la primera misión otorgada en la misión por el señor oscuro habìa dejado mal a Draco por semanas, y no quería pasar por lo mismo. Sin embargo, el temor que le tenía a la furia de Lucius y Voldemort fue mayor, por lo que respondió: —Hijo, no debes temer a tu futuro. Te esperan cosas grandiosas, honor para nuestra familia y reconocimiento en nuestro mundo. Como sabes, somos una familia importante, y no hay mayor gloria que obedecer las órdenes del señor oscuro— Concluyó firme. Si bien es cierto sentía un grado de culpa, supo disfrazar con una máscara de cariñosa indiferencia.

—Gracias, madre. Sé que este es el camino que nos otorgará felicidad y gloria—

Sin nada más que añadir, Narcissa se retiró de la habitación de su hijo, preguntándose una y otra vez si había hecho lo correcto.