Disclaimer. Los personajes no me pertenecen pero la historia si.

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CAPÍTULO 11.

Unos meses más tarde...

Jacob abrió los ojos, quedando deslumbrado un momento por la luz del sol que entraba por la ventana. Un día más se cogió del gancho que tenía sobre la cama y, con su ayuda, se sentó en la cama. Y un día más, maldijo.

Habían pasado ya cuatro meses desde que le habían dado el alta del hospital tras haber pasado dos meses ingresado.

- Buenos días! ¿Como te encuentras ésta mañana?

Victoria entró en la habitación de Jacob con una bandeja en sus manos.

Desde el atropello de Jacob, Victoria había ido a visitarlo casi todos los días al hospital. Y desde que Jacob había vuelto a casa ella se había convertido en su cuidadora.

Jacob no le respondió, esa mañana estaba de mal humor, para no perder la costumbre, aunque Victoria no se lo tenía en cuenta. Comprendía que Jacob estuviera de mal humor. Lo estaba pasando realmente mal.

- Te traigo el desayuno.

Dejó la bandeja en la mesita que había al lado de la cama y besó la frente de Jacob, que no se movió. Agradecía los cuidados de Victoria, pero ese día ni siquiera le apetecía hablar.

Victoria cerró un poco las cortinas y salió de la habitación.

Jacob miró la bandeja del desayuno y cogió el vaso de zumo. Le dió un trago y volvió a dejarlo en la bandeja.

Como todas las mañanas, de las primeras cosas que hacía al despertar era tocar sus piernas insensibles. Esa era la causa del mar humor que se gastaba todas las mañanas.

Rebecca, su hermana, había dejado de ir a visitarle debido a su cabezonería. Los médicos le habían dicho a Jacob que con mucho esfuerzo y trabajo tal vez podría volver a caminar, pero Jacob había caído en depresión y no quería escuchar a nadie. Rebecca le había dicho que no volvería a visitarle hasta que no comenzara la rehabilitación. Llevaba ya cuatro meses sin verla y la echaba mucho de menos.

Cogió el teléfono, pero volvió a soltarlo. Ese gesto lo repitió hasta en cinco ocasiones. Al sexto intento marcó el número de su hermana. Dejó el orgullo a un lado y espero a que respondiera.

- ¿Si?

- Soy Jacob.

- Ya lo sé. Me sale tu nombre en la pantalla. ¿Qué quieres?

- Ayuda.

Rebecca colgó el teléfono y sonrió. Al fin su hermano se había bajado de la burra y había pedido ayuda. Guardó el móvil en el bolsillo de sus vaqueros, salió de la cocina y fue hacia el dormitorio de su hermano.

Jacob no lo sabía, pero Rebecca iba todas las mañanas a su casa, le preparaba el desayuno que Victoria le llevaba al dormitorio, deseando que la llamara. Y esa mañana al fin lo había hecho.

Jacob se quedó de piedra al ver a su hermana entrar en su habitación- Estaba muy cambiada. Al igual que él, se había dejado crecer el pelo y ya no lo llevaba rubio platino, sino de su color negro azabache natural.

- ¿Qué estás haciendo aquí? - consiguió decir tras unos segundos.

- Me has llamado.

- Pero...

- No te mates tanto... - dijo, sentándose sobre las piernas de su hermano. - Me has pedido ayuda y aquí estoy. Gracias por haberlo hecho al fin.

- Bájate de ahí.

- ¿Qué pasa? ¿Es que te hago daño?

Jacob abrió los ojos ante el descaro de su hermana, pero terminó riendo como hacía meses que no lo hacía. Solo Rebecca conseguía causar ese efecto en él. Había echado mucho de menos las locuras de su hermana. Si no hubiera sido por su tozudez, ella nunca se hubiera apartado.

- Llamaré a un amigo que es fisioterapeuta. Mañana mismo estará aquí.

- ¿Y si nunca más vuelvo a caminar?

- Pues te compraré una silla de ruedas muy molona, con pegatinas y flecos en los reposabrazos.

Jacob volvió a reír y abrazó a su hermana con fuerza. No quería soltarla ni que se marchara nunca de su lado.

Tras comer junto a Jacob, Rebecca le llevó al jardín y le dejó allí, sentado en una silla de ruedas, tomando el sol al lado de la piscina. Salió de la casa, cogió su coche y condujo con tranquilidad hacia el centro. Allí, aparcó frente a un alto edificio y esperó dentro del coche. Tras diez minutos, sonrió. La puerta del coche se abrió y Renesmee entró en él. Besaron sus mejillas y se pusieron en marcha.

- Estás muy contenta hoy, no? - dijo Renesmee, quitándose la placa y guardándola en el bolso. - ¿Ha pasado algo bueno?

- Muy bueno. La verdad es que hoy es un gran día.

- Genial.

- ¿Quieres saber lo que ha pasado para que sea un gran día?

- Si me lo quieres contar... - Renesmee si que lo quería saber, pero tenía la sensación de que se trataba de algo sobre Jacob y no quería preguntar sobre ello.

- Hoy ha ocurrido algo maravilloso.

Rebecca recorrió las calles de la ciudad y se detuvo frente a una tienda de ortopédia. Rebecca comenzó a mirar sillas de ruedas de última generación. Renesmee sonrió levemente al ver su teoría confirmada. Jacob al fin había reaccionado y había aceptado la ayuda de su hermana. También se entristeció por no poder estar junto a Jacob en aquellos duros momentos, durante su recuperación. Él no quería verla ni saber nada de ella y, por mucho que le doliera, debía respetar sus deseos. Nunca podría perdonarse el daño que le había hecho a Jacob con sus mentiras.

- Para. - dijo Rebecca, dándole un puñetazo en el hombro.

- ¿Qué?

- Que pares de autocompadecerte.

- Yo no...

- ¿A que te pego una patada? Así le hacemos dos compras a éste amable señor. - dijo, señalando al dependiente de la tienda, que sonrió ante las palabras de la ingeniosa Rebecca.

Renesmee también sonrió y se apartó un par de pasos, convencida de que Rebecca era capaz de cumplir su amenaza. Observó a su amiga elegir una silla de ruedas. Una vez elegida la silla, las dos chicas la cargaron en el coche y se dirigieron al apartamento de Renesmee, que ahora vivía sola. Alice se había mudado al piso que en el pasado había usado como picadero, junto a Jasper.

Allí se les unieron Emmett y su nueva novia Rosalie, Alice y Jasper y Seth, con el que Renesmee había establecido una bonita amistad. Juntos vieron una película y, una vez que terminó, pidieron unas pizzas y cenaron todos juntos entre risas.

Seth y Rebecca hablaron durante un largo rato a un lado del salón. Tras varios minutos ambos se acercaron a Renesmee. Parecían preocupados.

- ¿Qué os pasa a vosotros dos?

- ¿Como va el caso del acoso de Jacob? - preguntó Rebecca.

- No se encontró al chico que salía en las fotos con Victoria. A ella la estuvieron siguiendo durante un tiempo, pero no vieron nada raro. No ha habido ningun ataque más hacia Jacob, así que...

- ¿Qué?

- Rebecca, pues no lo sé. Me suspendieron durante cuatro meses y me retiraron del caso. - reveló. No le había contado a nadie el castigo del teniente ante su falta de profesionalidad en el caso. - No os lo dije porque me sentía avergonzada. - añadió al ver las caras de sorpresa de sus amigos.

- Días después del accidente, Victoria apareció en el hospital. Desde entonces no ha dejado de visitarle y, desde que está en casa, le ha estado cuidando ella.

- ¿Y qué?

- Que desde entonces no le ha pasado nada más a Jacob. No ha recibido ni cartas ni fotos ni nada.

- ¿Qué me estás queriendo decir?

- Creo que ya lo sabes Renesmee.

Renesmee miró a Emmett, que se había acercado y había estado escuchando la conversación, y éste llamó de inmediato por teléfono- Tras unos minutos al teléfono, volvió junto al grupo. Les contó que había llamado al agente que ahora llevaba el caso de Jacob y le había contado su teoría sobre Victoria. El agente le dijo a Emmett que mandaría un coche de inmediato a vigilar la casa de Jacob.

Tras convencer a Rebecca de que todo iba a salir bien, ésta se marchó a la casa de Jacob. A pesar de haberles dicho a sus amigos que no iba a hacer nada, no pensaba quedarse con los brazos cruzados y no pensaba perder a Victoria de vista y pensaba quedarse en casa de su hermano hasta que todo terminara.

Al llegar a la casa, Rebecca cogió la silla de ruedas del maletero del coche y la llevó al interior de la casa. Encontró a Jacob sentado en su cama, leyendo. Sonrió al verle tan bien y tan relajado.

- Te traigo un regalo. - dijo, llamando la atención de su hermano. - aun no te he comprado las pegatinas, pero compraré unas de llamas.

Entró la silla en la habitación y Jacob sonrió levemente. El buen humor de su hermana era contagioso. Rebecca dejó la silla a un lado y se sentó de un salto en la cama, de nuevo sobre las piernas de su hermano.

- Joder! Que daño!

- Perdona, perdona! - bajó de un salto al suelo, preocupada por haber hecho daño a su hermano.

- Es broma, tonta. - dijo Jacob, estallando en carcajadas. - Pero por ver tu cara de susto ha valido la pena. Aunque si que he notado hoy una sensación extraña. Como un leve hormigueo.

- No bromees con eso, Jacob.

- Nunca bromearía con algo así. De verdad creo que he notado algo.

- Dame un momento.

Rebecca cogió su teléfono y llamó a un buen amigo que era fisioterapeuta. Quedaron en que al día siguiente iría a casa de Jacob.

Hablaron durante horas, como hacía tiempo que no hacían. Rebecca le contó a su hermano su plan de quedarse a vivir con él durante su recuperación. A Jacob le estrañó la decisión de su hermana, ella siempre había sido muy independiente, pero no dijo nada al respecto, ya que estaba encantado de tener a Rebecca a su lado. Sonrió ante la idea.

...

Por la mañana, Victoria sonrió al entrar en la cocina y no ver allí a Rebecca. Estaba harta de encontrársela allí todas las mañanas y tener que fingir que le caía bien. Le preparó el desayuno a Jacob y fue hacia el dormitorio, pero no llegó a dejar la bandeja del desayuno en la mesita. Vio que Rebecca estaba allí, tumbada en la cama junto a Jacob, y se le cayó la bandeja de las manos.

Los hermanos Black abrieron los ojos al oír tal estruendo. Victoria recogió en silencio el desastre del suelo.

Rebecca se levantó de la cama con intención de ayudar a la joven peliroja, pero al ver la mirada de odio que le echaba Victoria, retrocedió. Esa mirada le dio mucho miedo, pero más miedo le dio pensar que su teoría sobre ella podía ser cierta. Daba miedo pensar que el enemigo llevaba en su casa tantos meses.

- ¿Estás bien, Victoria? - preguntó Jacob.

- Solo me he sorprendido. No sabía que estabas acompañado. - murmuró, saliendo a toda prisa de la habitación.

Jacob miró a su hermana, sin entender lo que acababa de ocurrir. No dijeron nada al respecto.

Dos horas más tarde, llegó a la casa el doctor Newton, el fisioterapeuta amigo de Rebecca.

A partir de ese día, Jacob centró todos sus esfuerzos en recuperarse. Muchos de los días Jacob estaba cascarrabias y de mal humor, pero Rebecca le daba una colleja, le soltaba un sermón y continuaban con la dura recuperación.

Así pasaron seis meses. Seis meses de duro trabajo y entrenamiento en que Jacob notó bastante mejoría y, aunque no podía caminar con normalidad, consiguió antenerse en pie y dar algunos pasos con la ayuda de unas muletas, lo cual agradó a todos. A todos excepto a Victoria, que veía como Jacob cada día la necesitaba menos y ello se notaba en su comportamiento.

Rebecca, que seguía instalada en la casa de Jacob, observaba a Victoria siempre que podía y había percibido varios cambios que no le habían gustado nada. Por ello lo habló con su mejor amiga, Renesmee. Ella derivó el caso a un compañero suyo, aunque éste la mantenía informada en todo momento.

Renesmee, al colgar el teléfono tras despedirse de Rebecca, suspiró. Había pasado ya un año desde la última vez que había visto a Jacob y aun no había podido olvidarle. A pesar de ello, hacía tres meses que había comenzado a salir con alguien. Había seguido el consejo de sus amigos y al fin había comenzado a pensar en ella y en su felicidad.

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He aquí otro capítulo.

Espero que os haya gustado.

Kisses.