Disclaimer: Todos los personajes no me pertenecen -lamentablemente-, sino que a la maravillosa J.K Rowling, la historia de la cual tomé prestada la idea es "A korean Odissey" (se las recomiendo!).

Con cariño,

NatBlack.-

Capítulo 10: Preparándose.

—¿Cómo dijiste?— Dijo Theo impactado.

—Como oyes, el no cursaré el último año. Al menos, no por ahora.—

—¿Y a qué se debe?—

—No puedo contarte...no quiero ser prejuiciosa, pero sé que en estricto rigor estás del lado de Voldemort, y no me refiero a que le contarás, pero quizás en algún momento, si sabe de que somos amigos, te torture para sonsacar información. Lo único que debes saber, es que estaré en una misión muy importante.—

—Entiendo, pero ¿No es muy arriesgado?— Añadió Theo. Realmente le preocupaba Hermione. Era algo casi nuevo en él, puesto que siempre había sido un chico solitario. Pero con ella se sentía bien, sabía que podía ser él mismo, y hablar como realmente se sentía, no como los demás esperaban.

—La verdad es que sí, Theo— admitió.— Es muy probable de hecho, que haya complicaciones. Pero no me importa, por que sé que es para un bien mayor.— Finalizó.

—¿Cuándo te irías, entonces?—

—Luego de la boda del hermano de Ron— respondió.

Theo quedó en silencio por unos minutos. Sabía que Hermione arriesgaría su vida en todo momento. Y que él estaría en el bando enemigo.

—Creo que en momentos así, debemos agradecer de que vayas a tener a Draco a tu lado. ¿Ya has pensado en cómo ponerle el brazalete?—

—Sí, Felix me ayudará.— Replicó con una sonrisa.

—¿La poción que te dio Snape?—

—Sí, la misma. Necesito ser muy afortunada en ese momento. ¿No crees?—

—Eres muy lista, Hermione. Espero sinceramente que todo salga bien. Recuerda que en cualquier cosa que pueda ayudarte, sólo tienes que decirlo. Ahora si me disculpas, tengo que irme. El director me citó para ver unos asuntos.— Se excusó.

—Tranquilo, Theo. Gracias por hacerte el tiempo para mi. ¿Nos vemos en clases el Lunes?—

—Claro, ahí te veo.— Dijo y se marchó.

Hermione se dispuso a leer un poco, para relajarse. Estaba leyendo de nuevo Historia de Hogwarts, su libro favorito. De pronto, una voz la interrumpió en su lectura.

—Hola, Hermione, mucho tiempo sin verte—

—¡Luna! Demasiado tiempo, diría yo. ¿Qué andas haciendo?— Preguntó, invitándole a sentarse.

—Estoy buscando mis pertenencias, me las volvieron a ocultar. ¿Has visto mis zapatos?—

—No Luna, lo siento. Pero si quieres te ayudo a buscar, así charlamos un rato.— Le propuso.

—Eres una buena amiga, Hermione. Podríamos empezar a buscar en los pasillos.— Sugirió.

Hermione guardó sus cosas en su mochila y se encaminaron hacia la búsqueda.

—¿Cómo te fue hoy con Malfoy?— Preguntó.

Hermione se sorprendió. ¿Es que acaso todo el maldito mundo sabía?

—¿Cómo supiste, Luna?—

—Estaba en la Honeydukes, te saludé pero al parecer no me escuchaste— Replicó.

—Lo siento, Luna. Lo pasé muy bien, es algo inesperado, pero con Malfoy decidimos intentar ser algo así como amigos—

—Me alegro mucho, ya era hora.—

—¿A qué te refieres, Luna?—

—A nada, no te preocupes. A veces divago y no me doy cuenta que hablo en voz alta.— Se disculpó.

Pasaron dos horas antes de que pudiesen encontrar todo lo que le habían escondido a Luna. Hermione había quedado exhausta, por lo que decidió ir a recostarse un rato. De pronto, una lechuza -la reconoció como la de Malfoy- picoteó la ventana. La dejó entrar y le dió un snack de lechuza. Abrió la nota con impaciencia.

"(No tan) Estimada Granger,

Dado que San Valentín se acerca, sumado a nuestra especie de tregua, he pensado que sería buena idea que lo pases conmigo. Tengo que aclarar si, para tu desgracia, que sólo será como amigos. Lamento decepcionarte. Espero tu respuesta, aunque no hoy. Tienes hasta pasado mañana, en la patrulla diaria.

No tuyo,

D.M"

La chica no pudo evitar una carcajada, tenía que reconocer que el sarcasmo de Malfoy era genial. Eso sin duda la favorecía enormemente. Quizás, ni siquiera fuera necesario usar a Felix. Igual le quedaban algunos meses, tenía hasta julio para poder hacerlo, por lo que se relajó. Estaba próxima a un exámen de Encantamientos, donde tendría que convertir un poco de vinagre, en vino. Así que decidió ir a pedirle un poco a Dobby para practicar.

Se encaminó hasta la cocina, donde muchos elfos al mirarla, le hicieron reverencias tan exageradas que algunos elfos les chocaba la nariz en el piso. Hermione estaba indignada, sólo Dobby estaba con ropa un poco decente, los demás continuaban vistiendo harapos. Sin embargo, ya había desistido un poco con los elfos de Hogwarts, cada vez que intentaba hablar de sus derechos, huían espantados. Por momentos, le bajaban las ideas libertarias y P.E.D.D.O volvía a la acción, pero al ver nulo apoyo, desistía.

— ¡Ama Hermione! — gritó Dobby con entusiasmo.

— Hola, Dobby. Te he dicho que no es necesario que me digas ama. Eres un elfo libre.—

— Sí, Dobby es un elfo libre. ¡Por eso puede llamar a la mejor amiga de su amo Harry Potter ama también! — exclamó el elfo.

— Está bien, Dobby. — No había reparado en Winky, quien se negaba a recibir un salario digno o dejar de usar harapos. —Hola, Winky.— La elfina sólo hizo una reverencia exagerada.

—¿En qué puede ayudarla Dobby, Ama Hermione?— preguntó servicial.

—Verás, necesito un poco de vinagre, necesito practicar para un exámen. ¿Me podrías dar un poco?— dijo mirándolo a los ojos.

— ¡Claro! Dobby está feliz de poder ayudar a la mejor amiga de su amo Harry Potter! — buscó en los estantes, le entregó una botella de vinagre blanco y un vaso.

— Gracias, Dobby.— Se despidió con una sonrisa, y se encaminó hacia su habitación. Iba sumida en sus pensamientos cuando alguien la chocó.

—Disculpa, Herms.— Era Fred. Este le sonrió, nervioso.

—No te preocupes, discúlpame tú a mi. Iba distraída.— El chico miró el frasco de vinagre.

—Tienes gustos raros— comentó con una sonrisa burlona.

—No seas necio, es para practicar para un examen la próxima semana.— le respondió.

—Ya veo, bueno. No te distraigo más.— Se despidió y siguió su camino.

Hermione agradeció de la decisión que tomó, de haber seguido con él, lo que se venía por delante se hubiera complicado mil veces más.

Ya en su habitación, decidió practicar. Obviamente le salió a la primera. Así que aburrida, comenzó a leer Historia de Hogwarts, libro que ya estaba destartalado y a punto de romperse debido a las infinitas veces que lo había leído. Rendida, se puso pijama y fue a dormir, o a intentarlo, porque aún no decidía qué le respondería a Malfoy. Al fin y al cabo, nadie más la había invitado a pasar San Valentín. De pronto, se quedó dormida.

En las mazmorras, Draco estaba sobre una chica de Ravenclaw, Lisa Turpin, quien gemía mientras él la penetraba con fuerza. Obviamente, había puesto un hechizo silenciador, por lo que no se preocupaba. No le costó nada convencer a la chica de un revolcón, sabía de antemano que ella -así como muchas más- se morían de ganas de saber cómo era en verdad en la cama el Príncipe de las Serpientes. Sin embargo, no se podía concentrar bien.

Le costó culminar, por culpa de una rata de biblioteca de pelo castaño y rizado. Maldición, ahora ni siquiera podía tener sexo tranquilo sin que se colara en sus pensamientos. Cuando lo hizo, se acostó al lado de la chica. Ella estaba extasiada, y con confianza, se atrevió a preguntar

— ¿Puedo quedarme a pasar la noche contigo? — Mientras le acariciaba el torso desnudo y tonificado del chico.

— Claro que no. — Respondió.

— Pensé que quizás podíamos vernos más seguido, ya sabes Draco. Tú me gustas.—

—Pero tú a mi no, sabes que mi novia es Pansy.— Esa excusa siempre funcionaba.

— ¡Me dijiste que habían terminado! — Inquirió con furia.

— Quizás me equivoqué. — admitió sin culpa.

La chica tomó su ropa y se vistió. —Eres un cerdo, Malfoy.—

— Pero de todas maneras, te gustó. Si quieres repetir, sabes donde encontrarme.— Guiñó un ojo, y la chica echa una furia salió de su habitación.

Jamás se hartaría del sexo, Por Circe que lo disfrutaba. Satisfecho, se puso pijama y durmió plácidamente.

A la mañana siguiente, se despertó animado. No le importaban las miradas envenenadas de Crabbe o Blaise, que se vayan a la mierda, pensó.

Le tocaba Herbología, con Gryffindor. Ya no le parecía tan infernal, al menos no del todo. Aunque quería negarlo con cada fibra de su ser, disfrutaba la compañía de Granger. Sin embargo, le daba miedo que por culpa de la estúpida idea de Bellatrix, llegara a un punto en que la chica pasara a ser algo más importante. Río lúgubre. "Vamos, Draco. Granger lo está haciendo sólo porque le das lástima, porque es muy malditamente noble como para negarle una oportunidad a alguien, aunque seas tú." pensó. Irritado, llegó al invernadero.

Ahí estaba la regordeta Sprout, quien pensaba que era jodidamente divertido tener puestos fijos, sentando a un Gryffindor y a un Slytherin frente a frente, separados por una clase de macetero enorme similar a una mesa. Obviamente estaba maldecido, puesto que se sentaba frente a Granger. Joder, admitía que agradaba la presencia de ella, pero a veces tenerla más de lo esperado, lo ponía nervioso. Indignado, se sentó. Hermione le sonrió.

—Hola, Malfoy.—

—Buenos días, sang-Granger.— carraspeó.—¿Pensaste en mi invitación?— Le dedicó una sonrisa torcida y le guiñó un ojo. Ella se sonrojó. Demonios, era la primera vez que se sentía seducida por Malfoy. Parpadeó incrédula.

—No, aún no, Malfoy— arrastró las palabras. Draco entrecerró los ojos

—¿Tienes que rechazar a otros para estar conmigo ese día?—

Hermione no respondió, porque se vió interrumpida por la profesora Sprout.

—Bien, chicos. Hoy veremos las tentaculas venenosas. Tienen que tener cuidado y ser precavidos, puesto que posee la capacidad de atrapar presas mientras aún viven. Debo añadir, que también expulsa veneno de sus brotes.— Explicó— Si la situación se les complica, pueden usar diffindo, para aturdir o cortar sus brazos.— añadió.

Draco estaba divertido ver como Crabbe luchaba con la planta, al muy idiota lo tuvieron que llevar a la enfermería porque no pudo evitar el veneno de la misma.

Cuando la clase terminó, la profesora les encomendó escribir los principales usos de la planta que vieron, en un pergamino para la próxima clase.

Como era de esperarse, Hermione reprendió a los chicos y les dijo que comenzarían a escribirlo apenas pudieran, para que no estuvieran estresados después.

—No les haré la tarea yo.— Enfatizó, mirando a Ron. El aceptó a regañadientes.

La siguiente clase de los Gryffindor era Transformaciones, con Hufflepuff. Estaban practicando los hechizos verbales, aunque era obvio que Hermione no tenía complicaciones, le preocupaba que aún Neville no lograra ningún tipo de avances, por lo que se ofreció para ayudarlo después de clases. Neville aceptó feliz.

Al almuerzo, miró a la mesa de las serpientes. Theo le sonrió, pero no vio pistas de Malfoy, pero no le preocupó. Al diablo con el estúpido hurón.

—Herms, ¿ya has pensado con quién pasarás San Valentín?— Preguntó Ron.

—Eh...no, aún no.— mintió.

Ron se sonrojó. La chica imaginó lo que venía.—¿Te gustaría pasar ese día conmigo?— Preguntó nervioso.

—Lo siento, Ron. Pero no creo que sea buena idea.—

—¿Por qué no?— Alzó la voz.

— Porque entre tú y yo no hay nada más que amistad, Ronald. Y quiero que dejes de pensar lo contrario.— Lo calló.

Todos se miraron entre ellos perplejos.

—Además, te mentí. Sí tengo pareja para ese día.— Admitió.—Pero no intentes averiguar quien es.— Le dijo y dirigió su mirada al plato de comida.

Ron no dijo más. Se sentía humillado una vez más por ella. Harry le dio una mirada de comprensión. El sabía con quién quería pasar ese día, sin embargo aún no lo había propuesto. Tenía miedo a la reacción de su mejor amigo. Pero sabía que no podía ocultar su amor por Ginevra Weasley toda la vida. Suspiró aproblemado.

—Hey, Harry— Le dijo Ron por lo bajo.

—¿Qué pasa?— Perdió el hilo de sus pensamientos.

—¿Sabes con quién pasará San Valentín Hermione?— Inquirió curioso y preocupado a la vez.

—Ni idea, Ron. Y no deberías tratar de averiguar, sabes cómo se pone cuando la desobedeces— Le advirtió.

Ron sabía que su amigo tenía razón. Quizás podría intentar poner celosa a Hermione con Lavender… eso haría.

—Oye, Ron. Encontré un libro...— El pelirrojo lo miró extrañado.

—Ya…¿y? — no encontraba la importancia de lo que Harry le comentaba.

—Es sólo que..por eso me ha ido tan bien en pociones— Admitió.

—Déjame verlo— Ron lo observó, era como su libro de pociones, pero mucho más desgastado y con apuntes por todos lados. —¿El príncipe mestizo?— Dijo al leer el nombre.

—He tratado de averiguar respecto a él, pero no aparece nada.—

—¿Qué es eso?— Preguntó curiosa Hermione, quitándole el libro de las manos.

—HARRY JAMES POTTER. ¿ES ESTA TU ESTRATEGIA PARA HABER ESTADO OBTENIENDO PURAS CALIFICACIONES EXTRAORDINARIAS EN CLASE? ¿QUÉ RAYOS PASA POR TU CABEZA? ¿ACASO NO RECUERDAS LO QUE PASÓ CON EL ÚLTIMO LIBRO QUE TENÍA APUNTES RAROS?— Vociferó, haciendo alusión al Diario de Tom Riddle, en segundo año.

—No te alteres, Herms. Este libro sólo me ha ayudado, no hay nada de malo en ello—

—NO TE ATREVAS A DECIRME ESO, AHORA MISMO IRÁS Y LE ENTREGARÁS ESE LIBRO AL DIRECTOR.— le ordenó.

—Si, Herms, como digas.— Obviamente no le haría caso, pero le dijo eso para que se calmara.

No tuvieron clases luego del almuerzo, puesto que el profesor Snape se había reportado enfermo.

Aliviada, Hermione fue a la biblioteca antes de ir a las rondas de prefectos, para avanzar en la tarea de la Profesora Sprout y en algunas otras. Con una torre de libros esparramados en su mesa favorita, y tan concentrada estaba, que no se fijó cuando un chico alto, de cabello rubio casi platinado y ojos grises se sentó en frente de ella, observándola divertido.

No supo cuánto estuvo ahí, hasta que sintió que alguien la miraba con fiereza.

—Malfoy!— se precipitó.—¿Hace cuánto estás acá?— preguntó abochornada.

—Lo suficiente para ver como frunces las cejas cuando te equivocas, o cómo chasqueas la lengua cuando te quedas sin ideas— respondió y la chica se ruborizó.

—¿Qué quieres?—

—Ouch, pensé que éramos amigos, Granger.— se hizo el ofendido.

—Disculpa, es que realmente quiero avanzar en los trabajos...— se excusó.

—Sólo quería ver cómo ibas con tu decisión.— Insistió él, mirándola.

—Sí, Malfoy. Si quiero estar ese día contigo.— Admitió.

Draco sonrió con suficiencia.—Bien, eso quería saber. Ahora tengo que hacer unas cosas, nos vemos en las rondas— le guiñó el ojo y desapareció.

Llegó a su sala común y ahí estaba Pansy, quien lo recibió con una sonrisa.

—Draco, hola mi amor.—Lo besó y abrazó.— ¿Estaba pensando que podríamos ir a Madame Pudipié para San Valentín? Ya sabes, como futura esposa y esposo.—

Draco se tensó y se soltó de sus brazos.—Lamento romperte el corazón, querida.—arrastró las palabras— Pero ya tengo una pareja para ese día.

Pansy abrió la boca, comenzando a llorar.— ¿Porqué me haces tan infeliz, Draco?—

—Pansy, sabes que eres mi amiga, que te quiero. Pero yo no decidí casarme contigo, sabes a la perfección que es un estúpido acuerdo de nuestros padres.—

—Pero...—

—No hay peros, Pans. No me importa si vas con otro chico.—

Pansy salió corriendo de ahí, necesitaba estar sola. Se sentó en el suelo, escondida entre dos armaduras a llorar. Poco le importaba si la encontraban llorando. De pronto, una voz que conocía muy bien le dijo

—Pansy, ¿qué demonios te ocurrió?— Preguntó él

—Nada, Ronald. Lo mismo de siempre, Draco es un cretino.—

El chico se sentó de rodillas en el suelo, abrazándola y acariciándole el pelo.

—Pansy, hemos hablado de esto muchas veces…¿Porqué te sigues ilusionando y teniendo esperanzas, cuando sabes que jamás serás correspondida?— Preguntó.

—¿No es lo que ocurre contigo también?— Golpe bajo.

—Jaque mate, Pans.— Sonrió pero sin que llegara a sus ojos.

Pansy lo observó, y su mirada chocó con los ojos más azules que haya visto alguna vez. Por un momento, notó que el chico miraba sus labios, nervioso. Pansy dudó por un segundo. Con Ronald se sentía bien, protegida. En cambio, con la persona que debería sentirse así es Draco... Quisiera o no, en algunos años sería una Malfoy. Al principio le gustaba la idea pero…¿Valdría la pena? El pelirrojo continuaba mirándola. Esta vez, fue ella quien miró sus labios, y un ligero rubor cubrió sus mejillas. Ron tomó esto como una señal, y la besó. Pansy abrió los ojos, sorprendida. Estaba acostumbrada a besos salvajes, sólo por calentura. Pero este beso era algo distinto, lleno de calidez y sutileza. Ron, por otra parte, sentía la timidez de la chica, así que la instó a continuar. De cierta forma, pidió permiso para introducir su lengua en su boca, hecho que ella aceptó gustosa. Luego de besarse, ambos se miraron sonrojados.

—¿Sabes, Pans? Me gustaría que fueras mi cita para el día de San Valentín..es decir, sólo si quieres— Se sonrojó aún más.

Pansy sonrió, emocionada. —Me encantaría ser tu cita, Ron.— Y lo besó nuevamente.

No sabía lo que le depararía el destino, sólo sabía que al estar con aquel chico por el que tenía tantos prejuicios, la hacía sentir en las nubes.

Ron llegó a la Sala Común con una sonrisa de idiota estampada en la cara, que Harry inmediatamente notó.

—¿Y a ti qué te pasó?— Preguntó burlón.

—Nada, Harry. Sólo que ha sido un buen día, ¿no?— Dijo aún sin salir del ensueño.

Hermione estaba en su cama tendida, mirando el techo. En la ronda había tenido una pequeña discusión con Malfoy que no había terminado bien, así que ya no sabía si saldrían juntos para San Valentín. No era que le preocupara, sólo que de ser así, retrasaría sus planes. Por Merlín, de verdad no quería morir. Menos a manos del. Sólo faltaba un poco más, y tendría a Malfoy a sus pies. Sonrió con malicia al pensarlo.