Chicos, perdón el retraso. La verdad era que tenía este capítulo completo hace rato, pero sentía que algo le faltaba. No había podido arreglarlo antes porque he estado muy ocupada con mi trabajo y mis estudios. Prometo no volverá a pasar. Ahora, a disfrutar del gran momento. Espero no decepcionarlas. Díganme qué les pareció!
Hermione Granger estaba sentada en su cama, observando un frasco con poción de color dorado. Sabía que era ahora cuando debía usarlo. Rápidamente, lo destapó e ingirió la mitad, sintiendo un ligero calor en su cuerpo. Se sentía bien, mejor que nunca. Hoy nada podría salir mal. Decidió que era mejor cambiarse de ropa. Se puso un vestido negro liso y panties del mismo color, un pañuelo morado para hacer contraste y encima su túnica. Se arregló el pelo y se maquilló un poco. Puso el Brazalete en el bolsillo interior de su túnica y se encaminó hacia el punto de encuentro. Sabía que Félix estaba tomando decisiones, pero no dudaría de nada.
Decidió tomar un libro y leer, en la Sala Común. Ensimismada estaba, cuando Harry y Ron se acercaron
—Herms, tenemos que hablar.— Dijeron ambos al unísono.
—Díganme.— Les dijo con una sonrisa.
—Cierta persona nos dijo que has estado frecuentando mucho a Malfoy.— Inquirió Ron, enojado.
—Y si fuera cierto ¿qué tiene?— Dijo despreocupada.
—¿CÓMO PREGUNTAS ESO HERMIONE JEAN GRANGER? ES EL ENEMIGO! EL QUE TRATÓ DE ASESINAR A DUMBLEDORE, EL MALDITO HURÓN MORTÍFAGO— Ron explotó. Harry lo miró con desaprobación.
—Escucha, Hermione. Sabemos que eres muy lista, quizás la bruja más extraordinaria que ha pisado Hogwarts, pero estamos preocupados por ti.— Dijo Harry, tratando de amenizar el ambiente.
—Ron, eres un descarado. Es de conocimiento público que tú también frecuentas a una mortífaga.— Lo increpó.
—Bueno, eso es distinto...— se sonrojó.
—¿Distinto por qué?—
—PORQUE PANS NO ES UNA MALDITA ASESINA, HERMIONE.—
— Ronald Weasley, quiero decirte aquí y ahora, no. A ambos.— Los miró decepcionada— Es mi vida de la que están hablando. Necesito que confíen en mí. Por ahora, no pueden saber qué está pasando. Pero llegado el momento, les prometo que les diré. No duden de mi criterio, por favor.—
Harry se tranquilizó, confiaba en su amiga. Al fin y al cabo, era una mente maestra, sin la cual ahora probablemente estarían muertos. —Está bien. No diremos más al respecto. Sólo quiero saber algo— Sabía que era un idiota de niveles estratosféricos al preguntar en frente de su amigo, pero era ahora o nunca.—¿Sientes algo por él?— La miró inquisitivamente.
Hermione dudó, y un ligero rubor se posó en sus mejillas, el cual supo disimular.
—Por Merlín Harry. No. Ni aunque fuera el último hombre de la tierra.— Finalizó.
Dicho esto, guardó el libro y fue a las mazmorras, a buscar a Malfoy. Iba caminando cuando recordó que se juntarían en la puerta principal. Demonios, iba atrasada. Sin embargo, no se alteró. Sabía que todo estaba pasando por algo.
Al llegar, Malfoy la miró de pies a cabeza, abriendo ligeramente la boca, sorprendido.
—Joder, Granger. Te ves malditamente bien hoy.— Le dijo despreocupado.
—Gracias, Malfoy. Tú tampoco te ves mal.— Le guiñó un ojo.
Al chico se le desencajó la mandíbula. ¿Granger le estaba coqueteando? Joder, esto sería bueno. —¿Qué me querías mostrar? — dijo ella con curiosidad.
—Está en el bosque prohibido, tranquila. No nos verán— Respondió al ver la mirada de horror de la Perfecta Prefecta.—Hoy romperemos las reglas, sólo un poco.— Dijo con una sonrisa torcida.
—Está bien, vamos.— Dijo con exceso de confianza.
Se encaminaron hacia el Bosque Prohibido, charlando sobre su día. De vez en cuando, él la miraba de reojo. Joder, ese vestido sí que le remarcaba sus curvas. Recordó cuando la vio desnuda. ¿Sería capaz de contarle algún día? Sonrió maliciosamente.
—¿De qué te ríes, Malfoy?
—Me acordé de algo, quizás algún día te cuente.— Aseguró, con una sonrisa torcida.
Caminaron unos minutos más, adentrándose en el bosque. De pronto, sintieron un movimiento brusco a sus espaldas, y Hermione automáticamente le tomó la mano al chico y se la apretó. La electricidad que sintieron ambos fue instantánea. Hermione se sonrojó, le iba a soltar la mano, pero él lo impidió.
—Queda sólo un poco, deberían estar por acá...— Buscó él con la mirada.
Zigzaguearon por el bosque, hasta que Draco le hizo un ademán de caminar en silencio, agazapados.
—Mira, Granger.— Le indicó con la mano.
Frente a ella, estaban dos unicornios, al parecer, madre e hijo. Estaban muy cerca, pero ellos no se percataron de la presencia humana. No lo podía creer, estaba extasiada mirando la perfección de aquellos seres, que hacían su rutina como si nada.
—Malfoy, esto es lo más hermoso que he visto en toda mi vida— confesó.
—El otro día me castigaron y me mandaron a buscar unas cosas acá, para ayudar al bruto semigigante y los vi. Pensé que te gustaría verlos.— Admitió.
—Muchas gracias, en serio.— Lo miró fijamente, en un principio con el ceño fruncido por cómo se refirió a Hagrid, pero terminó sonriendo. ¿Lo que sentía era por la poción, o era real? De pronto, él se acercó a ella. Sólo quedaron separados a escasos milímetros, uno del otro. Ella cerró los ojos, preparada para recibir un beso.
De pronto, el unicornio más pequeño los interrumpió. Se había acercado demasiado a ellos.
—¡Joder!— exclamó el chico.
Hermione y el unicornio se miraron, y poco a poco se acercó a ella. Se sentía nerviosa, ni en sueños imaginó tener a una criatura tan majestuosa frente a ella, dispuesto a recibir sus caricias. Tímidamente, acercó su mano al lomo. La madre de este miraba fijamente, a una distancia prudente.
—No te voy a hacer daño, pequeño.— Le sonrió. Acto seguido, lo acarició con ganas.
Draco estaba maravillado observándola. Habían estado a punto de besarse. ¿Era algo bueno, o malo? Solo por hoy, estaba decidido a no pensar en ello.
En el castillo, estaba Theo. A su lado, sentada en el sillón de la Sala Común, una chica de pelo rubio, casi platinado. De tez blanca y ojos azules. Estaba fascinado aspirando su aroma, sándalo y jazmín.
—Daphne...— suspiró.
—Dime, Theo.—
Dudó. ¿Cuándo iba a dejar de tener miedo y decirle a esa chica que conocía hace años, que estaba enamorado de ella? —Hm...olvídalo.— Sabía que ella sufría por el maldito de Blaise, aún así, esperaría. Oh sí, era un experto. Habían sido años de practicar su paciencia. Ella lo valía.
La chica suspiró, y una lágrima corría por su mejilla. Theo estaba destrozado
—Te he dicho muchas veces que Blaise no te merece. ¿Lo recuerdas?— Le comentó, acariciándole la mejilla, secándole las lágrimas.
—Lo sé...Sé que también se metió con mi hermana, Astoria, y quizás cuántas otras más pero...—
—Tranquila, llegará el día en que recordarás esto y te reirás.— Le aseguró.
Ella sonrió sin ganas. —Esperemos, Theo.— Se acurrucó en su pecho y se quedó dormida un buen rato, mientras él le acariciaba el cabello. Pensó en Hermione y Draco, ¿Estarían saliendo bien las cosas? Suspiró. Dumbledore le había dicho que sólo debían esperar, no podían hacer más. Por Circe, estaba demasiado ansioso.
De pronto, llegó Blaise.
—¿Qué haces tú con ella, Nott?— Inquirió.
—Acompañándola mientras sufre por ti, pedazo de mierda.— Dijo enojado.
—Es una estúpida. Le he dicho miles de veces que no me interesa, sólo cuando ando con ganas de...ya sabes.— Le dijo con maldad. Era consciente de lo que sentía su ex-amigo por la chica.
Theo se enervó.—Eres un hijo de puta, Zabinni. ¿Porqué cambiaste? Antes no eras así, eras un amigo de verdad.—
—No seas marica, Theo. Déjate de molestar, y pierde tus esperanzas con Greengrass, jamás se fijaría en un imbécil autista como tú.— Le escupió.
—Quizás tengas razón, pero no dejaré que un desquiciado como tú, la siga haciendo sufrir.— Amenazó.
De repente, algo cambió en espasmo y su mirada pasó de ser cruel, a una de súplica. Theo advirtió que algo no andaba bien.
—Theo, ayúdame. Estoy atrapado.— Suplicó, y se desmayó.
No entendía nada. ¿Qué mierda había pasado? No se había dado cuenta de dos cosas:
La primera, que Daphne había escuchado todo. Y la segunda, que Blaise hablaba en serio. Tenía que descubrir qué pasaba.
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En el castillo, estaban Harry, Ron, Ginny y Neville. La chica pelirroja miraba embobada al niño-que-sobrevivió, pero este no le prestaba mayor importancia. Los dos últimos trataban de sonsacar información, ya que los habían oído hablar de la búsqueda de los horrocruxes. Gracias a Merlín, no habían escuchado más de lo necesario.
—No podemos decirles...— Insistía Harry.
—Por favor, Harry. Sabes que somos parte del ED, podemos ayudarlos.— Decía Neville Longbottom.
—Quizás en su momento requiera su ayuda, pero por el momento, no podemos decirles más.— Finalizó Ron, hastiado con el tema. De pronto, llegó una lechuza que conocía muy bien. Sonrió. —Bueno yo...tengo que...— balbuceó nervioso.
—Hey, no des explicaciones. Ya es de conocimiento público que sales con Parkinson.— Harry le guiñó el ojo.
Ron enrojeció, sonriendo. —Aún no es oficial…Nos vemos más tarde, chicos.— Estaba decidido, no esperaría más y se declararía a la chica que hace un tiempo le robaba el aliento y aparecía cada día en sus sueños.
Caminó decidido, hacia el lugar en el que se reunían. Una sala desocupada en el cuarto piso que pasaba desapercibida por estar detrás de una armadura. Abrió la puerta y la encontró. Ahí estaba, sentada en la ventana, mirando hacia el patio. Su nariz respingada y larga cabellera negra hacían destacar su belleza.
—Me voy a gastar si sigues mirando así, Ron.— Le dijo la chica con una sonrisa. Se acercó hacia él y le dio un cálido beso en los labios, pero sin separarse del todo. Él le acarició la mejilla, haciendo que ella se estremeciera ante el contacto tan sincero. Había estado con chicos antes, pero no se había sentido jamás como lo hacía con Ronald Weasley. Sonrió para sus adentros. Si sus padres supiera que estaba saliendo con un traidor a la sangre -y no cualquiera, sino un Weasley- seguramente la desheredarían y los mortífagos la harían picadillos. No le importaba, continuaba creyendo en la superioridad de sangre. pero no habría mayor problema, Ron era sangre pura, ¿verdad? Estaba decidida a ser feliz, y si habían problemas bien podía la Pansy del futuro solucionarlo.
—Pansy...yo quería hablarte de algo.— Titubeó el chico.
—Dime, no te pongas nervioso— Le dijo dándole un apretón de manos, infundiendo confianza.
El chico se armó de valor, la tomó entre los brazos y la sentó en una mesa, poniéndose entre sus piernas pero a una distancia "caballerosa". La miró a los ojos, sacando un mechón de cabello de la cara de Parkinson con delicadeza, como si temiera hacer un movimiento en falso y dañarla. La chica al sentir su contacto cerraba los ojos y suspiraba feliz.
—Pansy, tú me gustas demasiado— le tomó el mentón para mirarla directamente a los ojos.—Sé que venimos de mundos distintos, quizás no pueda darte todos los lujos que mereces…..pero me gusta tu compañía, me siento completo estando contigo. Y me preguntaba si tú quisieras ser mi novia — Le dijo firme, sin apartar su mirada.
La chica ahogó un grito de sorpresa. Ron le gustaba, eso lo sabía. Lo abrazó, apegándose a su cuerpo y le susurró al oído con una voz que provocó que a Ron le temblaran las piernas.
—Claro que seré tu novia— Y le besó el lóbulo, encaminando sus besos hacia su boca. Sabía que él no la buscaba por su cuerpo, así que estaba tranquila y feliz. Ron profundizó el beso, empujándola suavemente para recostarla en la mesa y se posicionó sobre ella. La chica se tensó.
—Tranquila, sólo quería sentirte un poco más cerca. Jamás haré algo que no quieras. Sólo esperaré hasta que tú estés lista.— Se paró, inclinándola también y besándole la frente. Se quedaron un rato más abrazándose, y luego ella informó que tenía qeu volver a las mazmorras a terminar los deberes.
Ron estaba extasiado, nada podría arrebatarle esa felicidad.
Hermione y Draco continuaban con el pequeño unicornio, hasta que la madre lo llamó y se escondieron en el bosque.
—Deberíamos volver— Dijo Hermione, por un presentimiento.
—Como quieras.— Draco intentaba sonar indiferente, volver a ser el maldito insensible de antes, para que se alejara de él, y quizás pudiese estar a salvo, pero no podía. Era egoísta.
Caminaron de regreso al castillo, cuando se encontraron con un pequeño lago, bañado por la luz del sol, el cual ya se estaba escondiendo. Sin embargo, era precioso, el agua era cristalina y se podían ver pequeños peces dentro.
—Sentémonos un rato acá, ¿quieres?— Ofreció ella.
—Sí, claro. Como digas— dijo intentando parecer aburrido.
Se acomodaron en un sector con algo de pasto, quedando uno en frente del otro. Hermione se acercó a él. Sabía que era el momento.
—Malfoy yo...te quiero dar las gracias.—
—¿Y a qué se debería?— Se sorprendió.
—Has sido medianamente agradable conmigo, al menos ya no me insultas diciéndome sangre sucia o impura...Lo cual realmente agradezco. Y lo de hoy, bueno. No tengo palabras— Se sinceró.
De pronto, el chico se arremangó las mangas de su túnica inconscientemente, dejando a la vista la marca tenebrosa. Hermione lo miró sorprendida. Es decir, sabía lo que era, pero de igual forma le chocó verlo en primera persona. Rápidamente, intentó taparse.
—No ocultes lo que eres, Draco—
Se le erizó la piel cuando la escuchó llamarla por su nombre. Merlín, qué bien sonaba.
—¿Crees que me averguenzo, Granger? ¿Crees que dejé mis creencias de lado por ti? Somos enemigos por naturaleza, y cuando haya una guerra, cuando el fin se acerque, será un me matas tú, o te mato yo. Y definitivamente no está en mis planes morir.— Le advirtió.
La chica quedó helada. La verdad que acababa de oír era brutal y desgarradora.
—Yo...sé que no has cambiado lo que eres, sé que jamás cambiarían de bando...Pero, mientras tanto, mientras no haya guerra. ¿Paz? Yo no creo que seas malo, Malfoy. Deberías comprender que el mundo no se divide en gente buena y mala; todos tenemos luz y oscuridad dentro de nosotros, lo que importa es la parte a la que obedecemos, eso es lo que realmente somos. No es sólo blanco, o negro. Existen matices también, Malfoy.
— Le volvió a guiñar el ojo, recordando a Sirius, cuando conversaba con Harry en Grimmauld Place. Obviamente fue sin intención, ella justo se dirigía a la biblioteca. Había sido muy fácil ignorar lo que sintió en el momento. Agradeció internamente a Félix.
Draco no entendía. Le acababa de decir barbaridades, y aún así...La miró a los ojos, luego a los labios, acercándose cada vez más. Sus narices chocaron, siendo capaz de contar las pecas que tenía.
—Cierra los ojos, Malfoy.—
—Los tenía cerrados, Granger— Arrastró las palabras.
Rápidamente, sacó el brazalete de su túnica. Lo abrió y se lo colocó en la muñeca izquierda. Fue testigo de cómo brilló y se ajustó a su piel, como si hubiese sido hecho a la medida.
Draco abrió los ojos. —¿Qué diablos es esto, Granger?— Dijo, levantando el brazo y mostrándole el brazalete, enojado. ¿Qué demonios era esa sensación? Sentía como si instantáneamente se hubiese unido a Granger a través de hilos invisibles.
Faltaba el último paso.
