Capítulo 15: El gran día ha llegado PARTE 2

Hermione no respondió. Le puso un dedo en los labios, callándolo. Dudó por instante, no. No era tiempo de vacilar. Tenía que hacerlo. Se acercó a Malfoy, quien la miraba con furia. Sus labios se rozaban, y él pudo sentir un cosquilleo al tenerla tan cerca. Hermione le dio una última mirada, y lo besó. Sellando así el pacto. Draco sintió como ese lazo se profundizaba. A pesar del enojo que sentía al no saber qué demonios pasaba, no pudo evitar desarmarse frente al beso de la chica y por un minuto se tensó, pero al sentirla estrellándose contra él, no pudo resistirlo más y la tomó entre sus brazos, apretándose contra ella. Comenzó suave, dándole besos cortos a lo largo de sus labios. De forma imprevista, ella introdujo su lengua en él. No desaprovechó la oportunidad y comenzó a besarla con fiereza, dándole pequeños mordiscos para luego pasar su lengua, haciéndola suspirar. Se sentía en un frenesí, deseaba más. Había olvidado incluso por qué se había molestado. Todas sus preocupaciones se esfumaron, como si toda su vida se viera reducida a ese momento. ¿Cómo había podido estar tanto tiempo sin saber cómo sabían los labios de aquella chica? La besó con fuerza, con desesperación, con lujuria. Era una lucha carnal, el bien y el mal. El frío y el calor, la serpiente y el león. Hermione no se quedaba atrás, sentía que toda su vida había necesitado besarlo, sin saberlo. Merlín, ni aunque lo besara mil años se sentiría satisfecha. Sus labios eran suaves, y estaba sorprendida por la delicadeza que el arrogante y malcriado Draco Malfoy podía demostrar si quería.

Draco la recostó en el suelo, poniéndose encima de ella. Por un instante, se separaron. Y pudo ver la mirada encendida de la chica, con las mejillas completamente sonrojadas. Comenzó a bajar, primero por su mandíbula y luego a su cuello. Necesitaba más.

Por otro lado, Hermione jamás había besado así, y a la vez ni en sueños había sido besada como lo hacía Malfoy. Era sentir todo y nada a la vez, se sentía deseada, excitada. Se asustó cuando él se empezó a frotar contra ella, sintiendo su erección. Se paró bruscamente y lo miró. Ambos jadearon. Hermione lo miró avergonzada.

—Yo...—balbuceó.

Draco recordó.

—¿Me vas a decir qué mierda es esto, Granger?— Dijo, relamiéndose los labios. Estaba molesto, pero las ganas de volver a besarla eran más grandes.

Hermione palideció, encogiéndose de hombros. ¿Debería decirle la verdad? No, se pondría furioso…—Nada, no te preocupes. Sólo lo vi en Hogsmeade y pensé que te quedaría bien, nada más.— Mintió, tratando de parecer convincente.

¿Pensaba que era idiota? Él había sentido que algo no andaba bien en el momento que le pusieron ese condenado artefacto. Perdió la paciencia y la agarró por los hombros.

—Escúchame bien, sangresucia -remarcó las palabras venenosamente, mirándola con los ojos como rendijas- No sé si estás acostumbrada a tratar con puros imbéciles como la maldita comadreja o cara rajada, pero sé que me hiciste algo, y me dirás ahora que mierda es— La tomó por los hombros, zarandeándola levemente. La chica entró en pánico, comenzando a dudar. Para su horror, sintió cómo la última gota de la poción se agotaba, nadie sabía dónde estaba, sólo Theo…

—DIME QUÉ ME HICISTE, ESTÚPIDA SANGRE SUCIA— Estaba fuera de control, primero por que le había puesto eso, segundo porque le mintió asquerosamente mal y por pensar que era un imbécil.

Todo pasó en un segundo, Hermione comenzó a llorar, desesperada. Tenía miedo de lo que Malfoy le podía hacer ¿Y si su plan no había funcionado? ¿Si el brazalete había perdido su magia? ¿Si todo era en vano y por su estupidez Malfoy la asesinaba ahí mismo? No podía pensar con claridad, estaba aterrada. De pronto, al ver a la chica llorar, sintió una fuerte opresión en el pecho, debilitándose y cayendo de rodillas. Era una sensación como si -literalmente- unas cadenas le apretaran el corazón. La miró con más furia aún, pero estaba muy débil para hacer algo.

—Me las vas a pagar, Granger. No creas que he terminado contigo.— Se paró y se dirigió hacia ella. — Explícame qué mierda acaba de pasar—

—Yo...no sé, en serio no sé.— Respondió. —Lo siento— añadió y poco a poco fue retrocediendo.— Debo irme, gracias por la tarde...—

—No te vas a ninguna condenada parte, Granger— La sujetó firmemente del brazo. Levantó el suyo, mostrándole el brazalete. —Sácame esto, AHORA.— ordenó.

—No seas idiota, te sienta de maravillas— Le dijo tímidamente.

—No jodas.— Rodó los ojos y la miró fijamente, y al cruzar miradas, sintió mariposas en el estómago. ¿Draco Malfoy había sentido mariposas por Granger? Se horrorizó, el día iba de mal en peor. —Lárgate, Granger. Espero seas inteligente y no vuelvas a cruzarte en mi camino, y cuando nos toquen las malditas rondas, ni me mires.— Le dijo con los ojos entrecerrados, molesto más consigo mismo que con la chica.

Hermione asintió levemente y salió corriendo. Tenía que hablar con Theo, contarle lo sucedido.

Draco quedó en medio del bosque, confundido. ¿Qué demonios había pasado?

Hermione llegó confundida a la biblioteca, donde se juntaría con Theo. Primero tenía que pensar en el beso que le dio a Malfoy. ¿Realmente sólo lo hizo por su pseudo misión? Hace un tiempo el "príncipe de las serpientes" se inmiscuía en sus sueños, y abundaba en sus pensamientos. Sumida en sus pensamientos estaba, cuando alguien la interrumpió.

—¿Hermione?— La saludó un tímido Theodore Nott.

—¡Theo!— Lo abrazó con fuerzas, dejando escapar una sincera sonrisa de los labios del chico. No estaba acostumbrado a demostraciones de afecto tan seguidas.

—¿Me vas a contar cómo te fue? ¿Pudiste lograr tu objetivo?— preguntó curioso.

—Sí, le puse el brazalete, Theo. Pero pasó algo extraño...En un momento comencé a llorar, aterrada. Malfoy estaba realmente encolerizado y yo… me asusté. Cuando sentía que de verdad iba a matarme, se cayó al suelo, como si estuviera sufriendo mi dolor…

—Quizás nos faltó información por leer...algo debimos ignorar.— Sugirió él.

—Tienes razón, o quizás fue por otra cosa...El asunto es que deberíamos ir a hablar con Dumbledore, es decir, debería hablar con él, para saber qué pasará ahora.— Determinó.

Siguieron charlando un poco. Theodore estaba indeciso ¿Debería confiar en su "nueva" amiga para contarle lo que sucedió con Blaise? Estaba asustado...inspiró hondo, meditando muy bien sobre las palabras que usaría.

—Herms, necesito tu ayuda.—

—¿Qué ocurre, Theo?— Inquirió curiosa.

—Es sobre Blaise.—

—¿Zabinni?

—¿Qué otro Blaise conoces?— se rió.

—Si, bueno. No lo pensé. ¿Qué pasa con él?

—El otro día estábamos discutiendo...— Recordó la razón y quiso callar, eso aún no lo debía saber— Y de la nada, cambió. Me suplicó ayuda, y se desmayó— Dijo con preocupación.

—¿Te pidió ayuda? ¿Para qué?—

— No lo sé, Hermione. Pero realmente se veía atormentado. Es decir, conozco a Blaise desde que éramos pequeños, y que no está dentro de sus cabales, no puedo adivinar qué le pasa...—

—¿Blaise es mortífago como tú, verdad?— preguntó en voz baja.

—Sí—

—Está bien, averiguaremos qué ocurre, Theo. No te preocupes.— Le animó.

De pronto, Luna Lovegood apareció, con su sonrisa soñadora habitual.

—Theodore Nott, el director de busca— le sonrió.

—Gracias, Lovegood.— Asintió educadamente. Luna se dio media vuelta y se fue.

Se despidieron, y Hermione se dirigió a su habitación, mientras Theo fue a la oficina de Dumbledore. Carajo, qué difícil era estar en la posición del chico. Por un lado, tenía que fingir en las reuniones de los mortífagos, ser uno más de ellos. No podía levantar sospechas,o moriría en un abrir y cerrar de ojos. Pero estaba seguro que valía la pena. Hermione Granger había difuminado completamente sus dudas. La pureza de sangre e inferioridad de los sangre sucia eran estupideces, asuntos arcaicos. No podía, y no quería dar un paso atrás. No se rendiría hasta ver a su amigo, y ahora amiga también, felices. Merlín sabía que daría su vida por ello.

Draco estaba en su habitación, maldiciendo. Había echado a todos de la habitación, y no dudó en amenazar a Goyle cuando este se negó. "Maldito simio" pensó con rabia. Miraba el brazalete, molesto. Lo había intentado sacar de todas las formas que se le habían ocurrido, pero el muy cretino no se movía de su lugar. ¿Cómo haría para esconderlo del Señor Oscuro, su padre o la loca de su tía? Quizás tenía que inventar alguna estúpida mentira y ya. Al fin y al cabo eran unos imbéciles. De pronto, llegó Daphne a sentarse en la orilla de su cama,quien le lanzó una mirada asesina llena de reproche.

—¡¿Tú sabías?!— ladró.

—¿De qué hablas, Daphne?— preguntó un confundido Draco.

—No te hagas el imbécil, Draco. ¿Sabías que Theo está enamorado de mi?— le dijo entrecerrando los ojos.

Draco se atragantó. ¿Cómo se enteró? ¿Qué debía hacer? — No sé de lo que me hablas— dijo nervioso.

—No me mientras, Draco Abraxas Malfoy, que no te conviene.— Le amenazó.

—Deberías preguntarle a él, no a mi.—

Daphne Greengrass lo estudió cuidadosamente, esperando el menor atisbo de duda, que le diera un indicio. ¿Realmente uno de sus mejores amigo estaba enamorado de ella? Se le apretó el corazón al pensar en todas las veces que ella le habló de Blaise, o los vio juntos. Una lágrima se le escapó.

—¿Qué ocurre?— Dijo el chico.

—He sido una tonta, nunca me di cuenta...y sin querer le hice mucho daño...— Dijo apenas.

—Hey, tranquila. Aún no lo has comprobado.— Intentó amenizar el ambiente.

—¡Pero yo lo escuché! Yo estaba llorando por Blaise, y el me vió y me consoló. Me dormí por unos minutos y luego entró Blaise y discutían...y de pronto él le imploró ayuda a Theo...—

—¿Qué dijiste?— Le interrumpió.

—Blaise cambió por un minuto...y le dijo que lo ayudara...y se desmayó.—

Draco pensó, había visto situaciones así...No. No podía ser eso, tenía que averiguar bien qué estaba pasándole a su amigo antes de afirmar cosas y asignar culpables.

—Tranquila, Daph. Averiguaremos qué está pasando.— Le dio unas palmaditas torpes en el hombro. La chica rió con ganas, secándose las lágrimas.

—Joder, Draco. Eres pésimo consolando a las personas. Oye, ¿Qué es eso?— Le preguntó, señalando el brazalete.— Lo he visto en alguna parte...— trató de recordar.

—No es nada, una joya de la familia Malfoy, decidí que quería usarlo y está.— Determinó.

—Como digas, deberías dejar entrar a los demás, parecen leones enjaulados en la sala común.—

Ugh, leones. Hizo una mueca. —Si, diles que pueden entrar.—

—Buenas noches, Draco.— Se despidió con una sonrisa. —Gracias, en realidad, no eres tan malo consolando.— Le guiñó un ojo.

Crabbe y Goyle entraron asustados. A Draco le subió el ego ver que aún eran algo así como sus guardaespaldas, que obedecían sin chistar. Sonrió. Dejaría para mañana los problemas con el brazalete. Le surgió una idea.

—Goyle, llama a Pansy y dile que venga.— Ordenó.

Obedeció sin decir palabra. Al cabo de unos minutos, llegó nervioso.

—Pansy no está...—

—¿Y dónde mierda anda?— Preguntó cabreado.

—No lo sé, Draco.— Se apresuró a meterse a la cama, no quería volver a ser testigo de la furia de Malfoy.

No lo podía creer, Pansy siempre había estado ahí siempre que el necesitaba. ¿Dónde demonios se había metido? Rendido, se fue a dormir. De pronto, escuchó nítidamente la voz de Hermione Granger en su cabeza llamándolo, como si estuviese susurrándole en el oído. Una extraña felicidad lo embargó, y deseó estar con ella.

Lo que no sabía, era que eso era exactamente lo que pasaría.