Capítulo 19: Reacciones Inesperadas.
Hola a tod s, quisiera explicarles que este capítulo quizás no me salió como esperaba, pero ya no quería que siguieran esperando. Prometo que antes de que finalice el año publicaré otro capítulo. Acabo de terminar este, y comenzaré de inmediato con el otro, que aviso será relleno pero necesario para continuar con la historia y ya ir de lleno al último año y que pase toodo, más que nada es para apresurar el proceso. Por favor, comenten. Tanto para saber si les gustó, si no les gustó, alguna idea, o lo que sea. Incluso los retos por mi tardanza serán bienvenidos. Disfruten, y no se preocupen, jamás me olvidaré de esta historia y la terminaré a como de lugar.
Hermione estaba paralizada. Todo rastro que pudo haber dejado el alcohol se borró automáticamente de su cuerpo al escuchar las palabras del elfo doméstico que apareció de la nada. "Ya sé para qué sirve el brazalete". Esas palabras se repetían en su mente. Malfoy se enteraría de qué le había puesto. Mil pensamientos recorrieron su mente en un segundo, o menos. ¿Qué opciones tenía? Hacerse la desentendida, huir y suplicarle a Dumbledore que volviera a la torre de Gryffindor, esperar a que el elfo contara todo y lanzar unos cuántos obliviate. Por Merlín, no. La última opción siquiera debió haberla pensado. ¿Cómo se lo tomaría Malfoy? Estaba perdida, sin duda. Habían dos posibles opciones de reacciones de Malfoy, que la matara en el acto por osarse a someter al gran príncipe de las serpientes, o que matara al elfo por decir semejante estupidez. Una gota de sudor le recorrió la frente, de verdad estaba en un lío.
Por otro lado, la sorpresa dejó en shock a Draco. Una cruel sonrisa se posó en sus labios, al fin tendría respuestas. Miró a Hermione y ella demostraba un terror profundo, de seguro la muy maldita sabía todo y nunca le quiso decir, a pesar de que insistió muchas veces en saber la verdad. El elfo miraba impaciente, y con cierto disgusto a la chica.
—¿Puede Kendra hablar?— dijo con nerviosismo al ver la sonrisa de su amo.
—C-creo que yo debería irme...—dijo Hermione levantándose del sofá, al instante que se puso de pie, Draco la tomó firmemente de los brazos, sentándola nuevamente.
—Tú no vas a ninguna parte, Granger. Eres la culpable de esto— dijo mostrándole el brazalete— Y de seguro estás impaciente por saber cuál es el maldito significado, por que claro, las veces que te pregunté, no sabias. Así que te sentarás y oirás cada palabra que este estúpido elfo tenga que decir.— Dijo arrastrándole las palabras, a medida de que hablaba se había acercado tanto a ella que sus narices chocaban, y al mirarla directamente a los ojos sintió un chispazo, algo extraño se hizo presente en su estómago. Ella no respondió, sólo asintió y tragó saliva pesadamente.— Bien Kendra, ahora hablarás.— le ordenó.
—Kendra encontró la información señor. Kendra se tardó porque el amo Lucius estaba espiándole siempre y no podía buscar sin parecer sospechoso, pero Kendra finalmente obtuvo la información— dijo orgulloso el elfo doméstico— el brazalete que usted tiene incrustado en su muñeca se llama Brazalete de Knomit, es un antiguo artilugio egipcio que se usa para atar a la persona que lo lleve puesto, es decir, que la persona que le puso eso en su brazo, será inmune a usted. También usted, señor Malfoy, no podrá hacerle ningún tipo de daño, ni siquiera con palabras o sino será víctima de un dolor sin igual, tal como si le apretaran directamente el corazón...— continuó el elfo, temblando un poco al ver como Draco poco a poco se tensaba más y más.
—Prosigue, estúpido. No he dicho que te detengas.— dijo entredientes el chico.
—También tiene efectos secundarios, oh sí. Kendra descubrió también que el brazalete crea sentimientos de amor...es decir que usted sentirá enamoramiento por la persona que se lo puso. Pero hay más, amo Malfoy. Al ser esta magia muy antigua, también tiene el poder de crear un lazo sin igual...si algún día la persona "dueña" del brazalete la llama, usted podrá escuchar ese llamado, y aparecer donde está...supuestamente para socorrer a esa persona en caso de peligro… y también nada, ningún hechizo ni maldición puede sacar el brazalete, sólo la persona que se lo puso.— finalizó su discurso el elfo, un tanto incómodo y asustado.
Las reacciones de Draco tuvieron tres etapas, según lo que Hermione pudo definir. Primero, sus ojos estaban inyectados en sangre, observándola con una furia que opacaba hasta la misma de Voldemort, luego su rostro se desfiguró en confusión, arrugando la nariz y negando con la cabeza, para finalmente suspirar, y comenzar a reírse escandalosamente.
Desde el punto de vista de vista del chico, en primera instancia un odio ciego lo inundó. ¿Cómo se atrevía esa nacida de muggles a condenarlo así? Es decir, debía asesinarla, y ahora si lo hacía, moriría el de dolor. ¿Pero qué demonios? Desde cuándo la llamaba nacida de muggles y no sangre sucia? Por qué eso era lo que era. ¡Pero claro! No podía hacerle daño, ni siquiera con palabras, no podía herirla por más que quisiera. Y todos esos malditos sentimientos que habían aparecido (según él) desde que ella le puso el brazalete era por eso, y nada más. Sintió un gran alivio, no era que estuviera enamorado de ella de verdad, era por que ese maldito brazalete lo obligó a mirarla con otros ojos. Sintiendo un alivio tan grande, no pudo evitar comenzar a reírse como loco.
—¡Claro, ahora todo tiene sentido!— dijo, secándose una lágrima.
La chica lo miró confundida, jamás había visto a una persona pasar de un estado emocional a otro con tanta facilidad, quizás a Ron, pero sabía que él era una excepción en muchos sentidos así que no contaba. Con cierto temor, se atrevió a preguntar. —¿Qué tiene sentido ahora, Malfoy?—
— ¡El que haya comenzado a enamorarme de ti no tiene nada que ver conmigo, es por este estúpido brazalete! ¡Por eso te encuentro jodidamente hermosa y perfecta, y siento una presión en el pecho cuando te veo cerca de otro hombre! Pero todo tiene una perfecta razón lógica, viéndolo así, ya no tiene más sentido ocultarlo, Granger. Por que no es mi culpa. ¿Tan desesperada estabas por que me fijara en ti, que tuviste que ponerme esta mierda para que te dejara de encontrar un adefesio?— dijo razonablemente feliz. Se sentía increíblemente bien, autoconvenciéndose de que sólo era un efecto secundario del artilugio que estaba obligado a portar.
Hermione se sintió un poco frustrada. ¿Tan imposible era que alguien se fijara en ella si no era por que quisiera conseguir algo (como el estúpido de Ron le había sugerido cuando Viktor la invitó al baile en cuarto año) o ahora que Malfoy estaba embobado sólo por el brazalete?
—Sí, Malfoy— respondió dolida — Necesitaba que te fijaras en mí— dijo con sarcasmo.—Entonces, ¿Estás enamorado de mi, hurón?— le provocó.
—Claro que sí, estoy obligado a hacerlo, ¿recuerdas?— le mostró el brazalete, observando cómo la chica suspiraba frustrada.—Oye, oye. No te lo tomes así. ¿Hagamos un experimento, te parece?— dijo divertido.
—¿Una lechuza te comió el cerebro, Malfoy?— dijo con extrañeza.
—Qué va, obviamente no, querida— respondió con sorna. El elfo doméstico estaba paralizado observando la situación, mas no se atrevía a pronunciar palabra. Draco se percató, lo miró serio y con desprecio —Puedes retirarte, Kendra. Recuerda que no le debes decir a nadie lo que me acabas de informar, o lo que viste ahora. O sino, te daré una prenda— dijo amenazante. El elfo asintió asustado y desapareció inmediatamente, recibiendo una mirada llena de odio por parte de Hermione, ella iba a reclamar, pero él fue más rápido y se acercó a ella, poniéndole un dedo en la boca, para callar sus quejas inminentes.
—Escucha, Granger. Esta noticia definitivamente no me tomó como debería. Estoy seguro de que en otras...circunstancias, te hubiese matado al instante. Pero, considérate afortunada. Quizás es el alcohol, quizás son los efectos secundarios de esta maldita cosa, no lo sé. Por ahora, no te enfrentarás a las consecuencias. Sin embargo —la miró muy serio, con una frialdad en sus ojos que atemorizó a la chica, quien tragó saliva nerviosamente— cuando me pueda librar de esta maldita cosa, la única forma de la que te podrás salvar de mi furia, es si estoy muerto para ese entonces —finalizó tétricamente, quitándole el dedo que había permanecido en su boca para callarla. Al ver el miedo impregnado en sus ojos, no pudo evitar sonreír de medio lado.— Para tu fortuna, quizás falten meses para eso, así que relájate. Si no te importa, Granger, quisiera probar algo.— le informó, levantándose enérgicamente.
—¿Qué sería lo que quieres intentar, Malfoy?— dijo la chica un poco tímida, removiéndose un poco, y provocando que su falda se subiera un poco más de lo debido, dejando a relucir unas piernas perfectamente bronceadas. Malfoy no pudo evitar mirarlas fijamente, como embobado, con una mirada pervertida en extremo. La chica al ver su reacción, se bajó rápidamente su prenda, temiendo un poco la respuesta.
—Tranquila— dijo volviendo a su compostura.— Créeme que llegará el día, sabelotodo, en el que esas piernas serán mías, y para mi deleite y tu trágico pesar, serás tú quien me lo pida a gritos.— le guiñó un ojo. Se sentía realmente aliviado por lo que acababa de descubrir.— Ahora bien, si lo que dijo mi elfo doméstico es correcto, ahora estamos unidos por una magia antigua y extraña, jamás había leído de un artilugio así. Por lo tanto, me pica la curiosidad. Lo que haremos es lo siguiente, yo iré a un punto alejado del colegio, suponte cerca del Sauce Boxeador, y tú me llamarás en quince minutos. Esperaré otros diez minutos, sino pasa nada, entonces sabré que el estúpido elfo me mintió.— decretó.
—¿Crees que es una buena idea que cruces el colegio a esta hora?— le espetó.
— Me importa un pimiento si crees que es buena idea, necesito comprobarlo. Además, no querrás que muera congelado afuera, más vale que me llames.— amenazó pero con un dejo de sonrisa en sus labios. Dicho esto, se dirigió a la puerta y desapareció.
Hermione quedó con la boca abierta mientras lo veía desaparecer. ¿Qué haría ahora, por Merlín? ¿Lo llamaría? ¿Y si realmente aparecía a su lado? ¿Y si no? ¿Se decepcionaría? Muchas preguntas rondaban su cabeza, estaba estresada. Comenzó a dar vueltas como león enjaulado hablando sola, cosa que solía hacer cuando necesitaba ordenar sus ideas, sin darse cuenta se tropezó y estuvo a punto de caer. Luego de pensar un poco, y tomar una decisión, se sentó y miró el reloj, aún faltaban siete minutos para llamar a Draco. Buscó un libro en la estantería que había al lado del ventanal y comenzó a leer, o a intentar porque no a pesar de leer cinco líneas luego se daba cuenta que no había entendido ni siquiera una frase de lo que había leído. Rendida, pensó en escribirle una carta a Theo, él sabría cómo ayudarla. Calculó mentalmente cuánto tardaría, y rápidamente tomó un trozo de pergamino para escribir:
"Theo,
Sé que hace un tiempo no hablamos mucho, pero realmente te necesito. Creo que las cosas con ya sabes quien están volviéndose un poco extrañas. Avísame cuándo y dónde te puedo encontrar
H.G"
Como no podía enviarla enseguida, decidió guardarla en su habitación. Luego de dejarla en su velador, bajó y se sentó en sofá nuevamente. Cerró los ojos y suspiró, intentando calmar la mar de nervios que sentía.
—Malfoy...— dijo en un susurro casi imperceptible. Aún con los ojos cerrados, lo apretó fuerte. Agudizó su oído pero no notó ningún cambio. Decidió esperar unos segundos, y finalmente abrió los ojos, frotándoselos un poco puesto que los había apretado más de lo debido. Pegó un salto que casi la bota del sofá al ver a Malfoy sentado al lado de ella, observándola divertidamente, y a escasos centímetros de distancia.
—Creo que Kendra no mentía— dijo él.
—¿Y ahora qué, Malfoy?— le dijo entrecerrando los ojos, aún aturdida por la sorpresa.
—Ahora definitivamente, no sé. Ahora si que estoy jodido, pero creo que eso ya lo sabías. Supongo que se me ocurrirá algo que decirle al Señor Tenebroso para aplazar mi misión— dijo encogiendo los hombros— Al menos sé que este...percance tiene justificativos así que por el momento no debería preocuparme.—
—¿A qué te refieres?—
—A esto que siento por ti, obviamente. Desde que me pusiste el brazalete asqueroso este, comencé a sentir algo extraño por ti. Me preocupaba más de la cuenta, me daban ganas de asesinar o torturar a base de Crucios a esa maldita comadreja cada vez que te hacía llorar. Estaba confundido, pero ahora todo tiene lógica. Y si no es algo verdadero, no me preocupa decirtelo.— mintió en cierta medida, pero jamás admitiría que sentía esas cosas desde antes del brazalete.
Hermione se entristeció instantáneamente. —Claro, es obvio que de la única manera que alguien se pueda fijar en mí, es por una pseudo maldición.— dijo apenas en un susurro.
Draco sintió una repentina oleada de ternura, frustración y un poco de rabia.
—¿Quién fue el estúpido descerebrado que te dijo eso?— le preguntó con ira en sus ojos.
— Ron...obviamente. Y Harry me lo ha hecho sentir algunas veces.— admitió.
—Bueno, déjame decirte entonces que esas palabras deberías ignorarlas, no son muy buen referente, Granger. Tendrías que saberlo ya.—
—¿Es una mentira, entonces?—
—Claro que es una mentira— dijo como si nada, a lo que Hermione sonrió.
—Gracias, Malfoy. Sé que no es verdad lo que dices y es solo por que estás irremediablemente obligado a verme así. Pero seré egoísta por una vez, y aceptaré gustosa tu cumplido.— le sonrió cálidamente, con una sonrisa que sólo le había visto dedicar a Potter y Weasley.— Ahora debería irme a dormir—hizo ademán de levantarse del sillón, desperesarse y volver a sonreírle— En serio lo siento por esto, lo del brazalete. Pero quién sabe, quizás salga algo bueno. Quizás, sólo quizás, encontremos algo así como una redención.— dijo misteriosa.
—Buenas noches, Granger. Y recuerda que si me necesitas, siempre puedes llamarme, para lo que sea— le guiñó el ojo seductoramente, provocando que la chica se sonrojara estrepitosamente.
—¡Eres un cerdo Draco Malfoy! ¡Jamás me tendrás, nunca!— dijo gritando mientras subía las escaleras.
—No escupas al cielo jamás, sabelotodo.— dijo para sí mismo, añadiendo un nuevo reto a su vida.
