Lo prometido es deuda! Acá vengo con el siguiente capítulo antes de fin de año. Quiero desearles un buen fin de año y que el próximo sea mucho mejor! Yo ahora me voy a la playa a celebrarlo pero creo que llevaré el pc para continuar escribiendo jaja. Trataré de subir el otro capítulo a más tardar la segunda semana de enero, pero no prometo nada. Muchas gracias a todas por sus reviews, me llenan el corazón de felicidad. Estaba pensando, en que como igual he fallado un poco en la constancia de subir capítulos, quería ofrecerles algo. Si quieren leer algo en especifico, o algo que pase, díganme y veré qué se puede hacer. Por ejemplo, si quieren leer lemon entre tal y tal persona (obviamente de acuerdo a las parejas que he ido formando) o cosas así, soy todo oídos, o en teste caso, ojos. Nuevamente gracias, como les mencioné anteriormente, este capítulo es un tanto de relleno pero necesario para poder avanzar más rápido hacia sucesos más interesantes. Intentaré hacer los capítulos más largos, y no se preocupen que ya vienen los besitos y cositas así. Un beso enorme y un abrazo.

Theo estaba en su sala común, observando cómo la chimenea brillaba por el fuego que contenía, estaba pensativo. Muchos sentimientos e ideas rondaban su ser. Pero lejos el más presente era el de su compañera Slytherin, Daphne Greengrass. Sabía que era un amor imposible, que jamás pasaría de ser algo así como un hermano, muy a su pesar.

Theodore siempre fue un chico callado, de bajo perfil. Jamás estuvo en sus planes de vida llevarla como lo estaba haciendo hasta ahora, enamorado hasta los huesos de su amiga, arriesgando su futuro y culo por sus dos amigos, haciendo de doble espía. A veces realmente preferiría estar muerto, sería todo más fácil si su padre lo hubiese matado a él también, cuando asesinó a su madre.

—Definitivamente esto se me está yendo de las manos— suspiró.

—¿Qué cosa, Theo?— Lo sorprendió Daphne de pronto.

—Nada importante, Daph, estupideces— dijo rodando los ojos.

—Vamos, sabes que siempre puedes contar conmigo— se sentó junto a él.

—¿Qué puedo decirte que no sepas?— se encogió de hombros— Sabes todo de mi

—Sí, pero no sé qué es lo que te está afectando ahora específicamente.— le refutó.

—Bueno, para empezar, digamos que estoy jodido por todas partes—suspiró, al diablo todo— estoy enamorado de una persona que jamás se podría fijar en mi, un amigo está como poseído por el mismo señor oscuro, otro amigo está condenado al fracaso...estoy jugándomelas por ambos pero, ¿Qué pasa si nada funciona? Es decir, tengo miendo de que todo sea en vano...— suspiró nuevamente.

Daphne se sintió algo incómoda, no sabía si decirle que sabía que era ella de quien estaba enamorado. Lo mejor era hacerse la desentendida, ¿no? Al fin y al cabo, Theodore Nott no era más que un amigo.

—Theo, creo que eso es lo más normal. Siempre existirá la posibilidad de fallar, pese a que nos esforcemos mucho en algo. Pero creo que ese es el sentido de la vida ¿No crees? Si tuviésemos todo asegurado, no habría razón de existir. Tenemos que luchar por nuestras convicciones y lo que creemos correcto, y si por cualquier motivo llegamos a fallar, siempre será mejor saber que dimos lo mejor de nosotros antes que preguntarnos qué hubiese pasado.— Le sonrió cálidamente, tomándole la mano.— Escucha, Theo, no sé en qué andas metido pero siempre puedes contar conmigo, eres mi amigo desde que tengo memoria y quiero apoyarte en todo—

—Gracias, Daph. Por eso sé que eres la mejor del mundo.— Le respondió considerablemente aliviado. Una de las tantas razones por las que la amaba era por que siempre tenía las palabras precisas para que desistiera en sus ideas de resistir, o dejar de ver todo gris.

—Sabes que lo soy, Theo.— la chica lo abrazó y le besó la frente.— Tranquilo, amigo. Al final de cuentas, todo saldrá bien.— se despidió y se dirigió a su habitación, dejando a un Theo más tranquilo, y más enamorado.

En otro lado del castillo, más bien en la torre de Gryffindor, Harry estaba decidido a invitar a salir a Luna Lovegood, chica que le robaba los suspiros hace ya bastante tiempo. Sin embargo, era difícil saber qué sentía exactamente ella, porque era una chica amable y dulce con todas las personas que lo rodeaban. Era por lo mismo que estaba casi enamorado, y decidido a confesarse antes de que el año escolar terminara, situación que ocurriría dentro de una semana más. Se armó de valor, buscando a Ron para que le diera ánimos, sin embargo cada vez era más difícil verlo por su torre. Se alegraba por él, porque jamás lo había visto tan feliz y sabía que se debía a una chica de Slytherin. Se encaminó donde sabía que Luna estaría un viernes por la tarde, así que apresurado caminó hacia el patio. Cada vez más nervioso, se acercó a un árbol cerca del Lago, y toda preocupación se disipó cuando vio a Luna dando vueltas sobre sí misma buscando quién sabe qué en el suelo, desesperada.

—¿Qué buscas, Luna?— le dijo con dulzura.

—Hola Harry, estoy buscando un Blibbering maravilloso. Dicen que aparecen en estas épocas del año pero no he podido encontrar ninguno aún...— dijo con tristeza.

—Estoy seguro de que pronto los encontrarás. ¿Te molestaría si te acompaño un rato?— le dijo nervioso.

—Claro que sí, Harry. No tienes que estar nervioso, soy sólo yo.— le sonrió.

Harry quedó embobado con su sonrisa angelical, y decidió sentarse en el pasto mientras la chica continuó con su búsqueda.

—¿Tú crees que soy muy rara, Harry?— le dijo confundida.

—¿Por qué lo dices?— respondió.

—Porque es lo que siempre escucho, de todos. Lunática Lovegood, la que siempre está buscando cosas que no existen. Pero ¿sabes? No porque nadie las haya visto significa que no existen. Mamá solía decirme que tenía que tener esperanza siempre, que no tenía que dejarme llevar por lo que los demás dijeran y que no estaba mal ser tú misma, pero en ocasiones siento que debería cambiar mi forma de ser para que dejen de burlarse.—

—Escucha, Luna. No estás loca, ni tampoco eres extraña. Realmente pienso que eres una de las chicas más maravillosas que existe, y también la más linda.— dijo sonrojándose un poco— No está bien que cambies tu esencia para complacer a los demás, eso te hace ser única.—

Luna sintió un leve cosquilleo de gratitud en el estómago, y le tomó la mano para que el chico se levantara —Gracias, Harry. ¿Quieres bailar?—

El la miró confundido —Ehm...sí, claro Luna.— se puso rápidamente de pie y comenzó a bailar, mientras la chica tarareaba una canción que era problable sólo ella conociera.

—Escucha, Luna. En unos cuántos días más termina el año escolar, y hay algo que quisiera decirte...— comenzó él.

—Dime, Harry— le dijo mirándolo a los ojos, con preocupación.

—El próximo año no volveré a Hogwarts. Dumbledore me encomendó una misión muy importante y debo cumplirla.— informó.

—Tranquilo, estoy segura que todo el ED irá contigo, yo también te acompañaré en tu aventura— le dijo dándole unas palmaditas en el hombro.

Harry se sorprendió al escuchar que Luna se refería a la misión suicida que tenía como una "aventura", otro de los infinitos encantos que poseía.

—No, Luna. No puedes venir, el Ejército de Dumbledore tampoco. Es algo que debemos hacer Hermione, Ron y yo.—

—Entiendo...pero, ¿te cuidarás?— le rogó con la mirada.

—Claro que sí, Luna. Pero eso no es todo lo que tengo que decirte.—

—¿Tienes una plaga de torposoplos?— abrió los ojos, casi ahogando un grito.

—No, no es eso...Es que….yo….— comenzó a balbucear.— Luna, no sé cuándo empezó pero necesito decírtelo por si me ocurre algo...yo….tú me gustas, no sé hace cuánto tiempo, pero desde que me di cuenta no has parado de estar en mis pensamientos, yo sé que eres muy gentil como para romperme el corazón de cierto modo, pero me gustaría saber si luego de la guerra, cuando todo termine, podría conocerte más aún...— dijo con un suspiro, derrotado.

—Harry...tú eres mi mejor amigo, y debo decir que comencé a notar siempre tus miradas a todas horas, siempre has sido guapo...pero no sé muy bien lo que siento...quizás te suene muy loco pero, ¿me besarías para que quizás así pueda saber?—

—Ya sabía yo que esto era un sueño.—comentó él.

—No es un sueño, Harry. Es en serio y real. Tan real como los Snorkack de cuernos arrugados.— le inquirió con seguridad.

Definitivamente eso no tranquilizó al chico, pero sería un estúpido si no aprovechara el momento. Lentamente, se acercó a Luna quien lo miraba con curiosidad. No era que fuera un experto en besos, y ahora sin duda el estómago se le estrujaba a más no poder. Acarició la mejilla de ella con su pulgar, fundiéndose en sus ojos. Poco a poco se acercó más a sus labios, sintiendo su calor. Suavemente posó sus labios en los de ella, lentamente comenzó a acariciarlos con su labio inferior. Por Merlín, ni la miel podría ser tan suave y dulce como ella. Para su sorpresa, Luna abrió un poco la boca, haciéndose paso con su lengua hasta chocar con la del chico. Aún cuando continuaba siendo un beso gentil, Harry se sentía en las nubes, mientras le recorría la espalda con las manos y las manos pequeñas y delicadas de Luna le revolvían el pelo con delicadeza. Le dio un último beso pequeño antes de separarse y juntar sus frentes, para mirarse a los ojos, ambos sonriendo.

—Besas muy bien, Harry.— le dijo con inocencia

—Tú también Luna, ha sido el mejor beso de mi vida.— le confesó— Y…¿te ayudó en algo?— la pregunta del millón.

La chica se quedó pensativa un segundo. Tomo aire, y dijo:

—Harry, no sé qué pasará mañana, pero me gustaría conocerte, y seguir besándote. No sé si estemos listos para declararnos novios, pero estaría feliz de intentarlo.— Le sonrió, robándole un rápido beso en la boca.— Espero que me vengas a ver antes de tu misión, y que vayamos a Hogsmeade mañana, ya sabes, como una cita. Para ver cómo nos va. Asegúrate de no ocupar tanto perfume o podrías atraer a los Dabberblimps y sería catastrófico.— le aconsejó.

—Gracias, Luna. Nos vemos mañana entonces.— le dijo besándole suavemente la mejilla para luego dirigirse a la Sala Común de Gryffindor, completamente extasiado.

En el séptimo piso, en la sala de menesteres, habían dos chicos. Una, vestía una capa con el símbolo de Slytherin, y el otro de Gryffindor. Ambos habían acordado reunirse ahí, estaban sentados en un sofá de dos colores, verde y rojo. No hablaron por unos minutos, sólo se miraban, tomados de las manos.

—Ron, ¿me dirás lo que me has estado escondiendo por semanas?—

—Es que yo no puedo decirte de qué se trata, Pans... —

—Otra vez lo mismo, sé que no somos novios oficiales aún, pero creo que merezco saberlo ¿No crees? Te tiene muy ausente, a veces triste y a veces enojado, e incluso a veces noto temor en tu mirada. Necesito saberlo, Ronald.—

—Escucha, Pansy— se acercó más a ella.— Lo único que tienes que saber es que no me verás acá el próximo año—

Pansy ahogó un grito. —¿Estás demente?—

—No, es la verdad. Tengo algo...importante que hacer.—

—Sí, claro. Con Potter y Granger, ¿verdad?— El chico agradecía eternamente que su casi-novia respetara a sus amigos, aunque a él a veces le costara.

—Sí...no sé cuánto tardemos...y tampoco quiero pedirte que me esperes...Sé que llevamos sólo un tiempo saliendo pero realmente me importas y te quiero, Pansy. Pero no puedes saber nada que te comprometa, ¿entiendes?— Le acarició la mejilla mientras se le escapaba una lágrima a la chica.—Escucha, no llores por favor. Sé que es difícil pero me cuidaré, te mandaré una lechuza cada vez que pueda...ahora sólo quiero aprovechar estos últimos días contigo, realmente me haces feliz...—

—Ron, te amo.— le dijo la chica al oído.

—…Pansy yo...— balbuceó.

—No lo digas, no es necesario. Quizás no lo sientas, pero yo sí Ronald. Jamás me había sentido así en mi vida,y estoy agradecida por haberte conocido realmente.— le dijo besando la punta de su nariz.

Ron no se resistió y la comenzó a besar frenéticamente, hambriento. Recorrió su espalda y la chica hizo lo mismo, se besaban expresándose todo lo que las palabras no podían. Pansy estaba decidida, sabía que él era virgen y ella quería ser su primera chica, aunque él no fuera el primero en su vida, si podía soñar, quisiera que fuera el último. Con valor, se sentó sobre sus piernas, aún besándolo. En éxtasis, comenzó a frotarse contra él.

—Pansy...— le interrumpió— no quiero que te sientas obligada..yo...—

—Shhh, calla. Estoy lista, Ron.— apenas pronunció esas palabras, una cama apareció frente a sus narices.

—La sala de menesteres, no se podía pedir menos.— dijo nervioso.

La chica se paró y le ofreció su mano, guiándolo hacia la cama, acostándose a su lado.

—Escucha, sé que me dijiste que eras virgen y eso.— el chico se sonrojó— Pero de verdad quiero hacerlo, ahora.— le dijo con un brillo especial en los ojos. Comenzó a besarlo, acomodándose sobre el. Ron no desaprovechó el momento y continuó besándola, recorriendo su cuello con la lengua, haciéndola suspirar. El chico continuó bajando hasta sus pechos, aun cubiertos por su ropa. Los masajeó un poco y comenzó a retirarle la camisa y luego, tras torpes intentos, le arrancó el sostén, dejando al descubierto sus senos suaves y rosados pezones, con un lunar en el seno izquierdo. Miró tímido y la chica asintió, y atrapó un pezón con su boca mientras con la mano masajeaba el otro. Pansy nuevamente comenzó a frotarse contra el. De pronto, el chico en un movimiento rápido se posicionó arriba de ella, acariciándole las piernas, metiéndose por debajo de la falda hasta llegar a su ropa interior, que la quitó suavemente y después hizo lo mismo con la dichosa falda que ni siquiera en sueños hubiese pensado en quitar. Luego, la contempló desnuda, y Ron tocó el cielo, jamás había visto tanta belleza y perfección juntas, y el hecho de que estuviese sonrojada y mirándole dulcemente, hizo que volviera a sus labios para besarla con un amor que nunca creyó sentir. Bajó por su cuello, besó sus pechos y aún más abajo, recorriendo su estómago para llegar a su centro. Pansy soltó un gemido, sintiéndose en las nubes, hundiendo sus manos en la cabeza del chico, para que no se detuviera. Luego de un rato, se quitó del lugar donde estaba, obligándolo a acostarse. Lentamente le arrebató de un tirón la camisa, y desabrochó sus pantalones, mirándolo con picardía. Se notaba muy nervioso.

—Ron, tranquilo.— le dijo con una sonrisa.

—S-si...eso intento—

La chica continuó desabrochándole los pantalones y necesitó ayuda para sacárselos. Quedando sólo en bóxers, pudo apreciar con mayor detalle esa parte de su anatomía, poniendo su mano sobre el mismo para acariciarlo.

—Esto te va a gustar— guiñó un ojo, y rápidamente le bajó la última prenda que lo separaba de la desnudez y de una sola vez se metió a la boca su miembro ya erecto. Paseó su lengua por su punta, lentamente, torturándolo. Lo recorrió de principio a fin, hasta que la chica no resistió más y se acuclilló sobre él, mirándolo fijamente.

—¿Estás listo, mi amor?— le preguntó.

—Como nunca antes— le dijo lleno de deseo.

Apenas escuchó esas palabras, se sentó sobre su miembro, permitiendo que entrara de una vez y comenzó a cabalgarlo, mientras lo besaba salvajemente.

Ron estaba embelesado viendo el vaivén de las caderas de Pansy, escuchar decir su nombre entre gemidos era sin duda el paraíso. Decidido a darle placer él a ella ahora, la acomodó con las rodillas y manos apoyándose en la cama y él atrás de ella, penetrándola una y otra vez mientras delineaba con su dedo su columna vertebral. Así fue como ambos llegaron al clímax juntos, cayendo derrotados en la cama. Se acomodaron bajo las sabanas, quedando a unos centímetros de distancia, mirándose con ternura.

—Pansy eso fue lo más increíble de mi vida— comentó acariciándole las mejillas

—Lo sé, amor.— dijo con suficiencia.

—¿Quieres ser mi novia?— soltó

A la chica la tomó por sorpresa, y frunció el ceño.

—¿No es por lo que acaba de pasar, verdad?— preguntó cautelosa.

—No, no es por eso. Tenía pensado decírtelo desde antes, por eso te llamé...quiero que seas mi novia, Pansy Parkinson.— Si quieres terminar conmigo cuando tenga que comenzar mi misión, no tendré problemas. Pero hasta que ese día no llegué, quiero que sea oficial.— Estuvo a punto de decir que también la amaba, pero no fue capaz. No sabía que el destino era cruel, y quizás cuando tuviera la oportunidad de decirselo, sería demasiado tarde.

—Claro que seré tu novia, Weasley. Ya te habías tardado demasiado.—

—¿Una segunda ronda para celebrar?— dijo avergonzado

Pansy sonrió y saltó hacia él, como una leona a su presa.

En la casa de los gritos se encontraba un chico realmente aproblemado, Blaise Zabinni estaba volviéndose loco. ¿Desde cuándo mierda su vida estaba así? Todo cambió desde ese día que Bellatrix se reunió con él en su mansión. A ratos se sentía desorientado, sabía que algo le había hecho esa bruja de los mil demonios pero estaba seguro de que no podía pedir ayuda, algo más fuerte que él se lo impedía. Frustrado, suspiró. La andrajosa casa de los gritos se había vuelto su refugio hace algún tiempo, ahí escapaba cuando necesitaba un respiro de su maldita vida, de la marca tenebrosa y de ella. Así estuvo horas, tenía que aprovechar que hace algunos días no se sentía "dormido" como le llamaba a él cuando perdía la consciencia a ratos. Más relajado y con los pensamientos un poco más ordenados, luego de decidir que hablaría con sus amigos, Draco y Theo, sobre lo que le sucedía es que se dispuso a caminar al castillo. Cuando estaba a punto de llegar a su destino, sintió un llanto, deteniéndose en seco y buscando por los alrededores. Eperó unos segundos y al no escuchar nada nuevamente, comenzó a caminar cuando volvió a sentir el mismo quejido. Provenía detrás de unos arbustos, y sigilosamente se acercó para saber quién lloraba. A medida que fue acercándose más y más notó una larga y lisa cabellera roja -La pequeña Weasley- pensó. Fue así como la encontró sentada en el pasto, con los brazos abrazando sus piernas, con la cabeza apoyada en las rodillas, llorando sin pausa. La situación lo desencajó e incomodó un poco, puesto que si bien es cierto jamás habían cruzado palabra, sabía que ella era una chica fuerte, con un carácter inigualable.

—¿Qué te ocurre, Pelirroja?— comentó con aire despreocupado, sentándose frente a él. No sabía qué lo llevó a hacerlo, pero diablos, a él le hubiese gustado que alguien lo escuchara en sus momentos más negros.

—Lo único que me faltaba— dijo limpiándose las lágrimas rápidamente— Una serpiente que se venga a burlar aún más de mi.— dijo entrecerrando los ojos.

—Hey, no deberías juzgar tan rápido. No he venido a eso.—

—¿Y a qué entonces, Zabinni?— le espetó enojada

—¿Cómo sabes mi nombre?— preguntó curioso.

—Es obvio, ¿No crees? Eres conocido entre las chicas de todas las casas y años por tu particular forma de llamar su atención, y andar siempre con todas y ninguna a la vez.—

—Vaya, no sabía que tenía una reputación tan buena— le comentó sonriendo.

—Ahora que lo sabes, por favor déjame tranquila— dijo hipando un poco y aguantándose las lágrimas.

—¿No te gustaria que charlemos así te distraes, Pelirroja? Que yo sepa, no lloras muy a menudo, como que no va contigo, Weasley.—

Ginny se sorprendió y desencajó un poco la mandíbula. —¿Estamos en el mundo al revés? ¿Qué pretendes, Zabinni? Hiciste una apuesta con ese descerebrado de Malfoy a ver si yo también caía en tus malditas redes?— le dijo con mirada asesina.

—Ahora que lo dices, no estaría mal que cayeras, pelirroja.— le guiñó un ojo.— Pero no, lamentablemente no he hecho ninguna apuesta, que debo decir estoy seguro ganaría. Sólo te sentí llorar y sé lo jodido es sentirse miserable y solo, y lo mucho que se necesita alguien que sólo esté ahí. — comentó sereno.

La chica se rindió, sabía que aquel chico de pelo negro azabache, piel morena y ojos color casi miel tenían razón, por un segundo se sintió hipnotizada, y segura. Era extraño que un desconocido le inspiraba tanta confianza, más aún por el hecho de ser un Slytherin.

—Encontré a Harry besándose con Luna— dijo encogiendo los hombros.

—¿Potter? ¿Con tu amiga, Lovegood? Vaya Pelirroja, golpe bajo— dijo negando con la cabeza.— Ahora entiendo tu malestar. ¿Quieres que me encargue del asunto y le de una putiza al niño-que-nunca-muere?—

Ginny estalló en una carcajada — No seas ridículo, Zabinni. En el fondo siempre supe que no estábamos hechos el uno para el otro, entiendes? Supongo que siempre idealizé todo, es decir, a Harry y a la supuesta relación que deberíamos tener, pero jamás tuvimos esa conexión que vi entre ellos y me siento estúpida, no estoy enojada con ninguno pero si conmigo misma, por ser tan cabezotas y no darme cuenta antes.— finalizó

—Es parte de crecer, Weasley. Tenemos que aprender que no todo siempre sale como quisiéramos, pero eso no significa que no pueda venir algo mejor— dijo misterioso.

Estuvieron hablando por horas, como si fueran amigos de siempre. Se rieron, discutieron, ella a menudo se enojaba por sus comentarios ególatras y pervertidos de Zabinni pero le agradeció infinitamente que disipara sus penas aunque fuese por un rato.

—Gracias, Zabinni. Jamás hubiese pensado que eras tan agradable.— le dijo con sinceridad.

—De nada, Pelirroja. Cuando quieras, me mandas una lechuza y correré a socorrerte— le dijo sosteniendo su mano para luego besarla teatralmente. La chica volvió a sonreír

—Ten por seguro que lo haré, Zabinni—

De pronto, un dolor punzante taladró la cabeza del chico — No ahora, por favor.— dijo apretando la misma con ambas manos.

Ginny lo miró consternada —¿Qué ocurre, Zabinni?— dijo sacudiéndose por los hombros.

—Vete, Weasley.— le dijo apenas.

—¿Eres imbécil?— le contestó

—VETE, LUEGO TE ENVIO UNA LECHUZA, AHORA POR FAVOR VETE— le gritó desesperado, no quería dañarla, menos ahora que había encontrado que era realmente interesante.

Ginny asintió, asustada. Le sonrió tímidamente para luego correr hacia el castillo. Había sido un día muy extraño, se había despertado con la intención de querer arreglar la situación con Harry, y salió a buscarlo cuando lo vio dirigirse al patio. Se quedó helada cuando lo vio besar a una de sus mejores amigas, Luna. Luego Zabinni la había encontrado en un estado patético y conversaron toda la tarde. Ya ni siquiera sentía la pena que albergaba en un principio. Definitivamente tenía que seguir conociéndolo pero, ¿Qué significaba lo que había ocurrido al final? Necesitaba averiguarlo, así como él la había ayudado, ella también lo ayudaría.

Blaise continuó apretándose la cabeza, sabía lo que se venía: largas horas de semi incosciencia y no tendría idea cómo llegaría al lugar donde su lucidez volviera. Estaba agradecido de haber conocido un poco más a la pequeña de los Weasley, definitivamente sería excitante continuar su charla cuando recuperara su cordura.