Hola hermosuras, acá estamos de nuevo. Cumplí mi palabra y como leí por ahí en un review, traté de hacer este capítulo lo más extenso posible. En cuanto a lo otro, llegado a su momento intentaré hacer al menos una escena de lemon de las parejas secundarias y obvio cuando llegue el momento, muchas de nuestra pareja favorita 3 Gracias infinitas a sus comentarios, reviews! Denme estrellas en wattpad por favooor, planeo hacer algo especial, un capítulo a pedido cuando en FF llegue a los 100 Review y en Wattpad a las 150 estrellas. No es mucho ¿verdad? Así nos motivamos mutuamente. Espero subir la segunda parte de este capítulo antes de que me vaya de vacaciones al sur, pero no prometo nada. Las amo, un abrazo.
NatBlack.-
Los días habían transcurrido con una singular tranquilidad, y Hermione se sentía en paz.
Entre Draco y ella continuaban habiendo roces, eso jamás cambiaría. Pero desde aquella noche en el que el supo la verdad detrás del brazalete, su actitud se había vuelto completamente más relajada, y a veces lo sorprendía mirándola insistentemente, y claro. Los comentarios subidos de tono abundaban. No se podía quitar de la cabeza aquel momento en el que despertando recién, fue al baño desperezándose y lo encontró sólo con una toalla en la cintura. Pudo observar su tonificado abdomen, su piel blanquecina y su cara con un toque de picardía, mientras tenía el cabello mojado, esparciendo pequeñas gotas que escurrían por sus hombros hasta perderse. "¿Quieres que me saque la toalla, Granger? O mejor, ¿Por qué no te quitas tú también la ropa, y nos duchamos juntos?" le había dicho con la voz ronca. Sólo de recordarlo se sonrojaba hasta las orejas. Ya no podía ocultarlo más. Malfoy le gustaba, y demasiado. El hecho de que hubiesen estado viviendo juntos los últimos días que quedaban en la escuela habían causado estragos en su corazón y mente. ¿Cómo ella, Hermione Jean Granger, cayó en las redes de ese maldito engreído? Pero había hecho un análisis profundo, y Por Merlín que trató de negarlo hasta el final, pero ya no existía algo que pudiese hacer para hacer desaparecer esos sentimientos. Aún así, su parte lógica le advertía desesperadamente que era un error, puesto que sabía de antemano que los sentimientos de Malfoy eran sólo una ilusión y nada más. Pero al diablo, se sentía bien sentirse deseada. Abatida, decidió que viviría el presente, ya la Hermione del futuro podía apañarselas con lo que ocurriese. Obviamente no le había comentado nada ni a Harry ni a Ron. Ambos estaban mucho tiempo con sus chicas, y sintió una cálida felicidad cuando el niño que vivió le comentó feliz luego de su cita con Luna Lovegood en Hogsmeade que habían decidido hacerlo oficial, al igual que Ronald, luego de desaparecer una noche completa con Pansy Parkinson. En fin, la última noche en Hogwarts había llegado, y estaba arreglando sus cosas. ¿Qué le diría a Malfoy? Tenía terror al enfrentar sus días sin él. Como no estaba en ningún lugar de la torre que compartían, juntó valor y lo llamó. Al fin y al cabo, ahora lo necesitaba.
—Malfoy— dijo en un susurro.
De la nada, apareció Malfoy, sentándose en su cama con los brazos atrás de la nuca.
—¿Quieres acabar el año como se debe, Granger?— dijo con un guiño.
—No seas estúpido, Malfoy. Sólo quería compañía y ya que los lerdos de mis amigos están muy ocupados, pensé en ti.— Admitió mientras se sonrojaba.
—¿Y Theo?— dijo curioso.
—Hmm, no me ha contestado mis lechuzas, pero sé que debe estar ocupado con algo— dijo encogiéndose de hombros, un poco triste.
—¿Te gusta Nott, Granger?— dijo él notoriamente molesto.
Hermione parpadeó sorprendida. Su parte ególatra ronroneó de placer. ¿Es que acaso Malfoy estaba celoso?
—Y si así fuera Malfoy, ¿Qué?— lo desafió.
—Oh, Granger. Siendo consciente de cuán loco estoy por ti, me haces esto?— dijo poniendo su palma en la frente, teatralmente.
—No empieces, Hurón— ¡PAF! una teja cayó sobre su cabeza. Su lado racional sabía que estaba jugando con fuego, estaba completamente consciente de que los sentimientos del chico no eran verdaderos, y sinceramente, eso le dolía más de lo que quisiera.
—Es verdad, lo juro por toda mi maldita herencia Malfoy.— dijo haciendo un puchero.
—Eres increíble, Malfoy. Me dañas.— dijo en un arranque de sinceridad.
—¿Te daño? ¿Por qué?— suspiró con preocupación.
—Olvídalo, Malfoy.— sentenció.
—Dime, ahora.— La sentó en su propia cama, de un tirón. Ambos quedaron mirándose frente a frente.
—No importa, Malfoy, en serio. Sólo te llamé para despedirme porque quizás mañana no tendremos tiempo y bueno yo..estas últimas semanas no han sido tan catastróficas como supuse serían...— balbuceó.
Draco se sintió enternecido por el repentino rubor de las mejillas de la chica, quedó estupefacto. ¿Ella quería en verdad despedirse de él? Es decir, ¿Lo extrañaría? Un extraño (pero ya conocido desde el asunto del brazalete) hormigueo se posó en su estómago.
—¿Me vas a extrañar, sabelotodo?— dijo emocionado.
—Sabes que sí, estúpido engreído. Ya me acostumbré a tu presencia— Dijo agachando la vista.
El chico no pudo resistirse más, y acortó la distancia hasta hacerla nula. Tragó saliva pesadamente y miró fijamente a la chica, casi esperando alguna señal, algo que le diera indicios de que podría continuar con lo que su corazón le pedía a gritos que hiciera. Ella asintió, levemente. Si no hubiese estado tan atento a sus facciones como estaba, no se hubiera percatado de que ella, en silencio, estaba aceptando lo que se aproximaba. Entonces él, lentamente tomó su rostro con ambas manos, acariciándola a la vez con sus pulgares. Como respuesta, ella solo cerró los ojos y suspiró.
—Yo también te voy a extrañar, ratón de biblioteca. Pero sabes que me puedes llamar, siempre que necesites, sólo basta decir mi nombre y ahí estaré.— dijo besándole la frente.
Ella lo miró anonadada, pero no pudo evitar una sonrisa. Alternaba su mirada entre esos ojos grises que la absorbían, y sus labios, entrecerrados -que la invitaban a apegarse-. Pausadamente, sin dejar de alternar la mirada, se comenzó a acercar a sus labios, nerviosa. Draco quería morir, ahí mismo. No aguantaba la tensión. Merlín sabía que no existía nada que quisiera más que tomarla ahí mismo, hacerla gritar su nombre en éxtasis. Antes quizás lo hubiese hecho, la hubiese usado como a un juguete, otra conquista más. Pero sabía que ahora no podría hacer eso ni en sueños, al menos no mientras tuviera puesto el brazalete. Intentando calmarse lo más posible, y dejar que ella llevara la situación, decidió cerrar los ojos, esperando. El aroma de ella invadía sus fosas nasales, sentía como su aliento comenzaba a entremezclarse con el suyo. Ya sentía sus labios casi palpitar, explotar en desesperación cuando finalmente se juntaron. Y volvió a tocar las nubes, por que es verdad que había probado muchos labios, más de los que recordaba seguramente, pero maldita sea, jamás había sentido la miel hecha piel. ¿Podían ser unos labios tan dulces? ¿Tan inocentes, y puros, pero provocar tantos pensamientos y deseos casi prohibidos? ¿Podría haber algo más adictivo? El beso comenzó tímido, apenas unos roces. Definitivamente el quería más, él quería todo. Decidido, comenzó a insistir con su lengua, rozándole expertamente el labio superior, hacíendola suspirar. Sin pedir permiso, introdujo violentamente la lengua en su boca, recorriéndola por completo, intentando unirse desesperadamente. Cuando por fin lo logró, rogó a Merlín que el momento no acabara jamás. Sus manos recorrieron la espalda de la chica, buscando entrada debajo de la blusa. Necesitaba tocar su piel, memorizarla, pues era consciente de que quizás no se verían en mucho tiempo. Con un movimiento ágil, acomodó a Hermione en la cama, boca arriba y se posicionó sobre ella, entre sus piernas. Por un momento, se detuvo y la miró. A la luz de la luna su piel se veía irresistible, sus pecas se perdían por el sonrojo que había en sus mejillas y sus ojos estaban observándolo, fijamente. Sin perder un segundo más, le acarició la mejilla dulcemente y volvió a arremeter contra sus labios, sin piedad. La erección que había aparecido bajo su pantalón hace un buen rato clamaba furioso por salir -y entrar a la vez-, ya no podía pensar con claridad, al diablo todo, de lo único que estaba seguro, era que jamás podría volver a apartarse de esos labios que le otorgaban una redención jamás antes conocida, fuera por culpa del brazalete o no.
Hermione por su parte, sentía una pequeña vocecilla en su cabeza implorándole un poco de razón. Ella era virgen, y jamás había llegado a tan bochornoso nivel de besuqueos con nadie. Por Merlín, era capaz de sentir la humedad que tenía entre las piernas. Pero no, este no era el momento, lo sabía. ¿Y realmente quería que Malfoy fuera el primer hombre en su vida? ¿Podría entregarse de esa forma, aún sabiendo que nada era real? Esto tenía que parar...pero un poquito más, pensaba mientras sucumbía ante los besos del chico, quien desesperado se frotaba contra ella. Intentó separarse un poco de él, en vano. Una, dos, tres veces, hasta que finalmente logró decir entre los besos que el chico esparcía ahora no sólo por su boca, sino por su cuello y hombros.
—Malfoy, detente.— le ordenó.—Esto no puede pasar— intentó convercerlo, y a la vez, convencerse a si misma.
Las palabras de la chica cayeron como un balde de agua fría. Inmediatamente, recobró la compostura y se sentó en la esquina de la cama, mirándola incómodo.
—Era obvio que no ibas a terminar la diversión como se debe, Granger.— se quejó.
—M-Malfoy yo...— balbuceó sonrojada
—¿Eres virgen?— preguntó un poco preocupado.
—Pues...sí, lo soy. Y no me gustaría que mi primera vez sea con un chico que sólo me quiere porque le puse un brazalete para que no me asesine, aún cuando yo...—se cayó súbitamente, tapándose la boca con las manos.
—¿Tú qué?— insistió, acercándose aún más.
—Yo nada, Malfoy.— zanjó.
—Ah no, Granger. Tú me dirás ahora. ¿O quizás me lo pueda decir la pequeña comadreja? ¿O san Potty?— amenazó.
Ella palideció al instante, para luego ponerse más roja que un tomate, sólo de furia.
—¿¡Quién te has creído tú, Malfoy?! NO POR QUE ME GUSTES TENGO QUE ESTAR AGUANTANDO TUS ESTÚPIDAS AMENAZAS, IMBÉCIL— ya está. Lo había dicho todo en un arranque de honestidad/ira.
Las palabras escupidas por la chica hicieron que el corazón de Draco se estrujara, pero de feclidad. ¿Tan poderoso era el brazalete? ¿Tanto amor podía hacerlo sentir?
—No me jodas, Granger. Me dará un infarto sólo de emoción.—
—Ojalá fuera mentira, Malfoy.— dijo apesadumbrada.
—Hey, que de todas maneras soy un buen partido— le guiñó un ojo.
—Quizás, pero te repito: ¿Crees que es genial que me guste alguien, y que esa persona sólo se sienta de igual forma hacia mi sólo por obligación y un puñado de magia antiquisima?— le reclamó.
—Estás tan jodida como yo, Granger. Eso es un alivio— dijo con una sonrisa torcida.
—Eres un estúpido, Malfoy, un idiota.— le dijo aventándole un cojin en la cara, impactándolo de lleno. En venganza, se aventó a si mismo contra ella, para atraparla entre sus brazos y volver a besarla.
—Juro por la tumba de mis ancestros, Hermione. Tu vas a ser mía, y cuando lo haga, no desearás ser tocada por nadie más.— le susurró en el oído, para luego deslizar su lengua desde el lóbulo hasta el nacimiento de su cuello, provocando un leve espasmo como respuesta.
—Tómame ahora entonces, Malfoy. Que se vaya al demonio todo.— dijo decidida, quizás iba a morir mañana, o pasado. Y obviamente no quería morir virgen.
En respuesta, comenzó a devorarla como si no hubiese fin. No escucharon cómo la puerta principal se abría, ni cómo una voz masculina preguntaba por ambos. Menos escucharon las pisadas en las escaleras ni cuando la puerta se abrió de golpe, dejando a un boquiaberto Theo en el umbral.
—Cof cof— dijo mirando al techo.
Hermione se paralizó, y quitó a Draco de encima, avergonzada.
—Yo..nosotros..bueno...esto no es lo que parece.— trató de excusarse.
—No seas mentirosa, Granger. Esto sí era lo que parece. ¿A qué debemos tu intromisión, maldito inoportuno?— dijo notoriamente molesto.
—Me parece increíble que después de lo que sea que esté pasando entre ustedes, continúen llamándose por su apellido— dijo tratando de evitar el tema.
—Eso a ti no te incumbe, Nott. Responde mi pregunta.— escupió Draco.
—Bueno, es que no había podido responder las cartas de Herms y pensé que sería bueno si me venía a despedir, no sé...— dijo encogiendo los hombros.
—¿Me esperas abajo, Theo? Voy enseguida.— respondió ella.
Draco la fulminó con la mirada.—Vas a volver acá en diez minutos y terminaremos esto que habíamos empezado— le ordenó.
—No, Malfoy. No estaba pensando y la verdad, es mejor que no hubiese pasado. Luego conversamos.— le dio un fugaz beso en la mejilla.— Deberías ir a tu habitación, y ni se te ocurra espiar, o lo sabré.— amenazó para luego brincar de la cama y correr hacia abajo.
Ya en la sala principal, encontró a Theo sentado en el sofá, luciendo notoriamente incómodo.
—Hola, Theo. Disculpa lo que pasó arriba— se excusó tímidamente.
—Tranquila, Herms. Pero bueno, creo que de todos modos merezco una explicación, ¿o no?—
Draco obviamente no obedecería la orden de no espiar la conversación, tenía que saber de qué hablarían. ¿Qué era tan importante como para interrumpir lo que iba a pasar? De tan sólo imaginarlo, su amigo bajo el pantalón reclamaba, otorgándole dolorosas erecciones.
Se aplicó un hechizo desilusionador por si acaso, puesto que no sería tan estúpido como para que lo pillaran. Modestia aparte, era un maestro del escondite. Habían sido años perfeccionándose cuando espiaba las conversaciones privadas de su padre. Una gota de sudor frío recorrió su espalda cuando pensó en su padre, y por consiguiente, en el mundo en el que vivía. La realidad le pegó una bofetada, y sintió pavor. ¿Qué demonios se supone que haría? Mañana tendría que volver a Malfoy Manor y ver a su tía Bellatrix, a sus padres, y a Voldemort. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, sin embargo, escuchó la voz de Hermione y sintió una repentina calma que lo hizo sonreír. Miró el brazalete, y una ínfima parte de su ser se sintió agradecida. Ya habiendo superado su pequeña crisis, se dispuso a escuchar.
—Hermione Jean Granger, ¿estás consciente de lo que estás haciendo?— preguntó Theo un tanto indignado.
—Sí, Theo. Sé que las circunstancias son un poco...extrañas— dijo soltando un suspiro— pero no lo pude evitar, ¿vale? En serio lo intenté, seguir odiándolo. Pero cada vez era más difícil y acá estoy.— respondió apenada.
—Entiendo, o al menos trato. Disculpa si soy muy insistente, pero no quiero que sufras. Definitivamente eres una de mis mejores amigas y lo mejor que me ha pasado en el último tiempo. Por eso tengo que intentar por todos los medios que abras los ojos…¿Te das cuenta de que todo lo que siente Draco, es por el brazalete?— insistió el
A Hermione le rodaron dos lágrimas por las mejillas.—Lo sé, ¿está bien? Lo tengo muy claro. Y eso me aterra, pero jamás me había sentido así y ahora la misión con Harry y Ron, tú acá en el colegio con él, y quizás que vaya a pasar cuando Voldemort se entere de lo que tenemos que hacer...Quizás no vuelva a ver a Draco y yo...oh Dios, soy patética.— admitió ya llorando. Theo la confortó en sus brazos, acariciándole el cabello mientras ella hundía la cabeza en su pecho —Todo estará bien, Herms, te lo prometo. Yo cuidaré a Draco desde acá, y toda esta maldita guerra terminará y podremos estar tranquilos de una vez, créeme que haré todo lo necesario porque estés bien— dijo con cariño. Hermione era muy importante para Theodore Nott, puesto que gracias a ella volvió a encontrar la luz, en cierta forma. Sin quererlo, lo había rescatado de caer a un pozo sin fondo. Sin embargo, ella con su amistad le demostró que aún hay bondad, que valía la pena luchar por algunas personas y que el mundo no estaba tan podrido como había creído por mucho tiempo. Es por lo mismo que haría cualquier cosa por ella, Daphne y Draco. Ellos eran su salvación, y del mismo modo, era el turno de que el los salvara.
—Gracias Theo, a veces me pregunto qué sería de mi vida sin ti— le dijo con una sonrisa— Oye, ¿Has hablado con Daphne? — preguntó con una mirada divertida, acomodándose en sus piernas quedado acostada en el sofá, mientras él le hacía cariño en el pelo suavemente.
—La verdad no, no creo que llegue el día en el que le confiese mis sentimientos. Estoy condenado a amar a alguien que ni siquiera me mira como algo más que un hermano.—
Hermione rodó los ojos.—No seas estúpido, Theo. Eres una persona maravillosa y si esa tal Daphne no es capaz de verlo...el problema no eres tú.— determinó, sentándose otra vez.
—Eres una exagerada, Hermione. Te extrañaré, amiga. Espero que me mandes alguna lechuza sólo para saber cómo estás, yo intentaré hacer lo mismo. Pero ya sabes, se vienen misiones mortífagas y toda esa mierda así que será difícil...Espero nunca tengamos que combatir, digo...como enemigos.— tragó saliva
—Eso no pasará, Theo. Terminará todo antes de que tengamos que combatir contra el otro.— prometió.
—Nos veremos pronto, sabelotodo. Cuidate mucho por favor, no te arriesgues de más. ¿Quieres? Ya tengo suficientes preocupaciones— le advirtió con mirada seria.
—Sí, Theo. Despreocúpate. ¿Te veo mañana en el Expreso de Hogwarts? Ya sabes, para un último lloriqueo y esas cosas— dijo sonriendo.
—Claro, ¿Qué sería el último día sin unas lágrimas?— le dijo. Acto seguido, la jaló de las manos y le dió un abrazo por largos minutos. Luego, la besó fugazmente en la mejilla, gritó un "ADIÓS DRACO, NOS VEMOS EN TU CASA" y desapareció. Inmediatamente, Malfoy apareció de su escondite. Obviamente había escuchado todo lo que habían hablado esos dos. Y sentía enojo, celos, amor. ¿Quién se creía Nott para estar así con su Hermione? ¿Cuándo había surgido esa confianza entre ellos? Por un momento envidió su conexión, anheló estar así con ella. Cuando la miró, estaba en el sofá con la mirada perdida.
—¿En qué piensas, Granger?— preguntó curioso, haciéndose el desentendido.
—No te hagas el inocente, Malfoy. Sé que estabas escuchando y espiándonos.— acusó.
Draco al ser expuesto en su "travesura" prefirió no objetar nada.
—Sí, como digas. ¿Y qué tanto de lo que dijjiste es verdad?— le picó.
—¿A qué te refieres?— dijo evitando su mirada.
—Sabes a lo que me refiero, Granger. No respondas con preguntas. ¿Es verdad todo eso que sientes por mi?— dijo con una sonrisa.
—¿Tú qué crees, Malfoy?— se exasperó.
—Yo diría que sólo lo fingiste— Mintió. Sabía que todo había sido verdad, pero quería probarla.
—Bueno, es cosa tuya. Ya es muy tarde y mañana se viene un día sumamente largo y necesito descansar.— le objetó.
—¿Te irás a la casa de tus padres?—
—Sí, tengo algunas...cosas que hacer antes de la boda del hermano de Ron.— Su mirada se entristeció por un segundo.
—¿Qué cosas?— la curiosidad lo estaba matando ¿Por qué se había puesto tan triste de un segundo a otro?
—No es importante, Malfoy. No quiero hablar de eso, por favor no insistas— unas lágrimas comenzaron a brotar, lentamente mientras hablaba.
—Hermione, por favor cuéntame. ¿Puedo ayudarte en algo?— rogó.
—¿El gran Draco Malfoy quiere ayudarme? Malfoy está bien que estés obligado a quererme pero por favor, trata de exacerbar estos sentimientos. Sé que son de mentira.—
—No seas víctima tampoco. Estoy así por tu culpa así que ahora asume las consecuencias. Me dirás qué te está pasando en este preciso instante.— le ordenó.
Ella se rindió, al fin y al cabo ni sus amigos sabían lo que había planeado y necesitaba decirle a alguien.—Sabes que tengo una misión importante...y que muggles han desaparecido...entonces yo no sabía cómo proteger a mis padres, por que sin duda tus...amigos— arrastró las palabras— irán a por ellos para intentar llegar a Harry y yo...yo no puedo exponerlos así...No me perdonaría jamás que algo les ocurriera por mi culpa así que...decidí que les haré olvidar que tienen una hija llamada Hermione Granger y los enviaré a otra parte, para que se oculten— confesó ya derrotada, sin poder controlar sus lágrimas.
Draco quedó helado. ¿Tan valiente era la chica que tenía al lado? ¿Cuán grande podía ser su bondad? Necesitaba confortarla, consolarla. Pero la verdad es que no tenía idea de cómo diablos se hacía. Reaccionó por instinto y le tomó el rostro con ambas manos y le besó la frente, para luego acariciarle la mejilla y mirarla a los ojos.
—Eres muy valiente, Granger. Sé que lo harás bien, y que luego de que pase toda esta mierda podrás ir a buscarlos.—
Ella se sintió reconfortada al instante. —Gracias, Malfoy— y se tiró a sus brazos, rodeandolo por la cintura.
—Cuando llegue ese momento, ¿quieres que esté ahí, contigo? Sabes lo que tienes que hacer. No me respondas, y no es necesario si así lo quieres— Apoyó su nariz en su pelo, memorizando su aroma. Se vendrían días difíciles, necesitaba absorber su olor para poder sobrevivir hasta que la viera otra vez.
—Yo...no sé...es que...—balbuceó.
—No importa, Granger. Ahora vete a dormir, y sólo para que no se te olvide, no pienso irme hasta que me beses antes de salir del castillo, o no te lo perdonaré.— le rugió.
Seguido a esto, se despegó del abrazo de la chica y se dirigió a su habitación. Tenía muchísimas cosas en las que pensar.
Hermione por su parte, quedó helada. ¿El cansancio le estaba jugando una mala pasada? ¿O había soñado lo último que le dijo Malfoy? Sonrió, quizás las cosas no serían tan malas si lo tenía a él a su lado.
