Mis esperanzas por lograr descansar y tal vez lograr un poco de calma y tranquilidad para mí solo, se esfumaron. Lo más sensato era que aprovechara esta gran oportunidad que me daba la vida para relajarme sin la presencia de ese payaso enmascarado.

Desde que me asignaron al maestro de las sombras como compañero la primera vez que llegué a la liga. ¡Nunca ha dejado de atormentarme mi existencia! Si no fuera porque existe una especie de magia que impide el asesinato entre campeones dentro de las instalaciones de la liga, yo ahorita mismo no estaría aquí.

El muy desgraciado ha intentado matarme constantemente durante las noches, cuchillos, venenos, cortes y demás juguetitos estúpidos que usan esos niñitos llamados "ninjas" y aunque ciertamente han dolido... No he muerto y es debido a eso mismo, la magia que existe aquí impide el asesinato. No sé cómo, ni qué es, pero si te atraviesan, simplemente desaparece la herida...

En otras palabras... Mientras me encuentre en ese sitio, el miedo a la muerte es lo menos importante que existe.

Sin embargo... Ahorita mismo estoy sintiendo algo parecido... ¿¡Qué demonios estoy haciendo!?

-¿Sí?... ¡Oh! ¡Yasuo, hola! -Janna me saludó muy alegremente como era de costumbre.

Maldito Zed... ¡Todo esto es tu culpa!

-Hola... Janna. -

Que estúpido he de verme, si estuviera aquí ese imbécil es muy probable que se estuviera burlando de mí.

-¿Qué te trae por aquí? ¿Sucedió algo? Ya es algo tarde. -Pues claro que es tarde... ¡Es la medianoche!

¿En serio? ¿Por qué no pude venir mucho antes? Ni sé qué hago aquí ni tampoco qué me motiva a estarlo...

Que fastidio.

-La... La verdad es que me preguntaba si... Bueno... -¿Balbuceos? ¿¡Qué demonios!? ¡Termina con esto de una maldita vez!

Misteriosamente mi corazón empezó a latir muy rápido, sentí una presión inmensa en mi pecho y mi respiración empezaba a cortarse. También comencé a sentir como el calor aumentaba, había tanto calor en el ambiente que comencé a sudar.

Decidí acabar con todo esto lo más rápido posible y largarme de aquí cuanto antes. Apreté mis puños, tomé aire y le dije que...

-¿Te gustaría ir conmigo... Al festival? -mi cuerpo se sentía tan pesado y extraño, tal cual como si hubiera recibido el Ultimate del maniaco pirotécnico y de la estatua con alas al mismo tiempo. No sabía cómo explicar esto...

Solo... Esperaba por su respuesta... Y no sé por qué me sentía peor cada vez más.

Sí me dieran por elegir entre estar aquí o estar en un campo de batalla yo solo en contra de todo el equipo contrario, elegiría eso miles de veces...

Janna se quedó algo... ¿Impresionada tal vez? Su mirada era extraña, al igual que su expresión. Eso me aterró.

¡Me aterró! ¿¡A mí!? ¡Soy Yasuo! ¡Un asesino, el cual no se inmutó cuando acabó con la vida de un alma sin pecado alguno! ¡Un asesino el cual ha "matado" cientos de veces a una estúpida niñita en pañales en los campos de batalla!

¿Y siento... Miedo? ¿¡Miedo por qué!?

Tragué instintivamente un poco de saliva al ver como ella se llevó su mano a su cabeza y comenzó a ¿Rascarla?

-Eh... ¿Festival? ¿Hay un festival? -me preguntó ella algo confuso.

-Sí... O no sé... Eso... Eso me dijeron. -¡Maldición! ¿¡Me habrá engañado ese animal insolente!?

Janna hizo varios gestos con su rostro y me habló. -Pues la verdad no he escuchado de ningún festival realmente.

¡DESGRACIADO ZED!

Ese infeliz... ¡Se burló de mí! Me mintió... ¡Y me hizo pasar vergüenza!

¡Te mataré!... ¡Desgraciado Zed, te mataré!

-¿Uh? ¿Yasuo estás bien? -me preguntó Janna algo preocupada en su rostro.

-Sí... sí es solo que... -respiré hondamente para lograr desalojar toda esta extraña sensación que sentía en mi cuerpo.

-Disculpa... Por molestarte a tan alta noche, mi no tan agradable compañero, me "jugó" una bromita por lo... Visto. -sincerarme fue lo único que pude hacer para aclarar todo este malentendido.

No me gusta mucho socializar ni hablar de más, pero tampoco quería que mi amiga malinterpretara cosas que no son.

Dicho esto, decidí simplemente irme y ya... Tenía a alguien a quien clavarle mi espada bien pulida.

Sin embargo ella me detuvo, tomándome de mi brazo.

-Jajaja. -ella se rió... Típico de ella... -Ese amigo tuyo debe tener un buen sentido del humor. -

¡Patrañas! Es un completo imbécil.

-Para nada... Es solo que, me estaba tomando el pelo. -

Janna sonrió y no sé por qué pero al ver su expresión, la forma en que sonrió y colocó ese gesto tan... Cálido... Sentí como mi cuerpo se quedó de una manera... Extraña... Parecía como si el Kagán, Rascán, o como sea que se llame ese sujeto de la mujer pájaro, hubiera lanzado su apestoso ultimate en mí.

Esto... Esto era extraño.

-Aún así, pese a que a ti no te gustan esas cosas. Ni te gusta socializar con los demás, viniste hasta aquí... Para invitarme... ¿A mí? -

Nuevamente tragué saliva y como un acto de instinto puro le respondí.

-Sí... Así es. -

-Nunca... Nunca nadie había tenido ese gesto conmigo... -dijo ella... Mientras... Mientras ¿¡Se sonrojaba!?

Ella apartó un poco la mirada y yo como un estúpido también la aparté... ¿¡Qué demonios!?

-Gracias. Yasuo. -

Me... ¿Me dio las gracias? ¿Por qué? ¿Qué se supone que haga ahora?

-Yo... Yo... -como un mismo Zed, eh, como un mismo imbécil, comencé a balbucear sin sentido alguno. ¡Me veía como un estúpido!

-Quieres... ¿Quieres pasar? -¿¡Queeeee!? ¡Me está pidiendo que pase! ... ¡A su dormitorio!

¡Este es el dormitorio de las campeonas! Ningún campeón masculino tiene permitido esto!

-No... No creo que sea correcto... -aparté mi mirada a no sé a donde para evitar que me viera. -Los campeones no tenemos permitido entrar al recinto de las campeonas. -

-No sin su consentimiento... -ella se apartó un poco y me dejó el camino libre. -Pasa, está haciendo frío... -

Yo... Yo simplemente me dejé llevar y entré.

Su habitación era acogedora, era un poco más grande que la que compartíamos el inútil y yo.

-Lux no estará hoy... Así que si gustas... Puedes... Puedes... quedarte. -¿Queeeee? ¿Que me quede? ¿¡Con ella!? ¿¡Solos!?

Yo, yo estaba estupefacto. No sabía que hacer. ¡Instintivamente tomé fuertemente mi arma y como si se tratara de un campo de batalla, di todo lo mejor de mí!

-¿En dónde pongo mi arma? Necesito pulirla...

Continuará...Mis esperanzas por lograr descansar y tal vez lograr un poco de calma y tranquilidad para mí solo, se esfumaron. Lo más sensato era que aprovechara esta gran oportunidad que me daba la vida para relajarme sin la presencia de ese payaso enmascarado.

Desde que me asignaron al maestro de las sombras como compañero la primera vez que llegué a la liga. ¡Nunca ha dejado de atormentarme mi existencia! Si no fuera porque existe una especie de magia que impide el asesinato entre campeones dentro de las instalaciones de la liga, yo ahorita mismo no estaría aquí.

El muy desgraciado ha intentado matarme constantemente durante las noches, cuchillos, venenos, cortes y demás juguetitos estúpidos que usan esos niñitos llamados "ninjas" y aunque ciertamente han dolido... No he muerto y es debido a eso mismo, la magia que existe aquí impide el asesinato. No sé cómo, ni qué es, pero si te atraviesan, simplemente desaparece la herida...

En otras palabras... Mientras me encuentre en ese sitio, el miedo a la muerte es lo menos importante que existe.

Sin embargo... Ahorita mismo estoy sintiendo algo parecido... ¿¡Qué demonios estoy haciendo!?

-¿Sí?... ¡Oh! ¡Yasuo, hola! -Janna me saludó muy alegremente como era de costumbre.

Maldito Zed... ¡Todo esto es tu culpa!

-Hola... Janna. -

Que estúpido he de verme, si estuviera aquí ese imbécil es muy probable que se estuviera burlando de mí.

-¿Qué te trae por aquí? ¿Sucedió algo? Ya es algo tarde. -Pues claro que es tarde... ¡Es la medianoche!

¿En serio? ¿Por qué no pude venir mucho antes? Ni sé qué hago aquí ni tampoco qué me motiva a estarlo...

Que fastidio.

-La... La verdad es que me preguntaba si... Bueno... -¿Balbuceos? ¿¡Qué demonios!? ¡Termina con esto de una maldita vez!

Misteriosamente mi corazón empezó a latir muy rápido, sentí una presión inmensa en mi pecho y mi respiración empezaba a cortarse. También comencé a sentir como el calor aumentaba, había tanto calor en el ambiente que comencé a sudar.

Decidí acabar con todo esto lo más rápido posible y largarme de aquí cuanto antes. Apreté mis puños, tomé aire y le dije que...

-¿Te gustaría ir conmigo... Al festival? -mi cuerpo se sentía tan pesado y extraño, tal cual como si hubiera recibido el Ultimate del maniaco pirotécnico y de la estatua con alas al mismo tiempo. No sabía cómo explicar esto...

Solo... Esperaba por su respuesta... Y no sé por qué me sentía peor cada vez más.

Sí me dieran por elegir entre estar aquí o estar en un campo de batalla yo solo en contra de todo el equipo contrario, elegiría eso miles de veces...

Janna se quedó algo... ¿Impresionada tal vez? Su mirada era extraña, al igual que su expresión. Eso me aterró.

¡Me aterró! ¿¡A mí!? ¡Soy Yasuo! ¡Un asesino, el cual no se inmutó cuando acabó con la vida de un alma sin pecado alguno! ¡Un asesino el cual ha "matado" cientos de veces a una estúpida niñita en pañales en los campos de batalla!

¿Y siento... Miedo? ¿¡Miedo por qué!?

Tragué instintivamente un poco de saliva al ver como ella se llevó su mano a su cabeza y comenzó a ¿Rascarla?

-Eh... ¿Festival? ¿Hay un festival? -me preguntó ella algo confuso.

-Sí... O no sé... Eso... Eso me dijeron. -¡Maldición! ¿¡Me habrá engañado ese animal insolente!?

Janna hizo varios gestos con su rostro y me habló. -Pues la verdad no he escuchado de ningún festival realmente.

¡DESGRACIADO ZED!

Ese infeliz... ¡Se burló de mí! Me mintió... ¡Y me hizo pasar vergüenza!

¡Te mataré!... ¡Desgraciado Zed, te mataré!

-¿Uh? ¿Yasuo estás bien? -me preguntó Janna algo preocupada en su rostro.

-Sí... sí es solo que... -respiré hondamente para lograr desalojar toda esta extraña sensación que sentía en mi cuerpo.

-Disculpa... Por molestarte a tan alta noche, mi no tan agradable compañero, me "jugó" una bromita por lo... Visto. -sincerarme fue lo único que pude hacer para aclarar todo este malentendido.

No me gusta mucho socializar ni hablar de más, pero tampoco quería que mi amiga malinterpretara cosas que no son.

Dicho esto, decidí simplemente irme y ya... Tenía a alguien a quien clavarle mi espada bien pulida.

Sin embargo ella me detuvo, tomándome de mi brazo.

-Jajaja. -ella se rió... Típico de ella... -Ese amigo tuyo debe tener un buen sentido del humor. -

¡Patrañas! Es un completo imbécil.

-Para nada... Es solo que, me estaba tomando el pelo. -

Janna sonrió y no sé por qué pero al ver su expresión, la forma en que sonrió y colocó ese gesto tan... Cálido... Sentí como mi cuerpo se quedó de una manera... Extraña... Parecía como si el Kagán, Rascán, o como sea que se llame ese sujeto de la mujer pájaro, hubiera lanzado su apestoso ultimate en mí.

Esto... Esto era extraño.

-Aún así, pese a que a ti no te gustan esas cosas. Ni te gusta socializar con los demás, viniste hasta aquí... Para invitarme... ¿A mí? -

Nuevamente tragué saliva y como un acto de instinto puro le respondí.

-Sí... Así es. -

-Nunca... Nunca nadie había tenido ese gesto conmigo... -dijo ella... Mientras... Mientras ¿¡Se sonrojaba!?

Ella apartó un poco la mirada y yo como un estúpido también la aparté... ¿¡Qué demonios!?

-Gracias. Yasuo. -

Me... ¿Me dio las gracias? ¿Por qué? ¿Qué se supone que haga ahora?

-Yo... Yo... -como un mismo Zed, eh, como un mismo imbécil, comencé a balbucear sin sentido alguno. ¡Me veía como un estúpido!

-Quieres... ¿Quieres pasar? -¿¡Queeeee!? ¡Me está pidiendo que pase! ... ¡A su dormitorio!

¡Este es el dormitorio de las campeonas! Ningún campeón masculino tiene permitido esto!

-No... No creo que sea correcto... -aparté mi mirada a no sé a donde para evitar que me viera. -Los campeones no tenemos permitido entrar al recinto de las campeonas. -

-No sin su consentimiento... -ella se apartó un poco y me dejó el camino libre. -Pasa, está haciendo frío... -

Yo... Yo simplemente me dejé llevar y entré.

Su habitación era acogedora, era un poco más grande que la que compartíamos el inútil y yo.

-Lux no estará hoy... Así que si gustas... Puedes... Puedes... quedarte. -¿Queeeee? ¿Que me quede? ¿¡Con ella!? ¿¡Solos!?

Yo, yo estaba estupefacto. No sabía que hacer. ¡Instintivamente tomé fuertemente mi arma y como si se tratara de un campo de batalla, di todo lo mejor de mí!

-¿En dónde pongo mi arma? Necesito pulirla...

Continuará...