Descargo de responsabilidad: Lamento comunicar que no se han producido cambios sobre la titularidad de Skip Beat…
FANSERVICE
No era su primera sesión de fanservice… Una actriz de su calibre se debía a sus fans y hasta poco le parecía a ella en retribución a todo el apoyo y afecto que recibía de sus admiradores. Una reunión, un poco de conversación, unas sonrisas y firmar unas cuantas fotos… Nada más…
Solo que esta vez en lugar de ser las ocho o diez personas que se esperaban, había doscientas. No hacía ni una hora que se había enterado de que había sido nominada como mejor actriz para el Óscar (una coproducción entre ambos países, por supuesto) y la noticia parecía haber volado ya por todo Tokyo.
La sala era un caos. Todos hablando a la vez, vociferando sus parabienes y felicitaciones, todos intentando que Kyouko se fijara en ellos. Pero de repente, el mar de gente empezó a moverse y de entre ellos emergió un hombre rubio, alto y despeinado, con una ostentosa camiseta de los Rolling Stones (esa con la lengua fuera) que desviaba la atención de sus profundos ojos verdes. Saltó a la tarima, inclinó el torso sobre la mesa y la besó. A Kyoko. Delante de doscientas personas.
La sala quedó en silencio, estupefacta y fascinada por ese extraño e impetuoso beso.
—Felicidades… —susurró el desconocido sobre sus labios. Y luego le guiñó el ojo.
Los flashes llegaron demasiado tarde. El hombre ya había desaparecido entre la multitud.
Y de nuevo, el caos.
—Kyouko-san, Kyouko-san —preguntaba alguien de la prensa, tratando de hacerse oír por encima de las demás voces—, ¿quién era ese hombre? ¿Lo conoce usted?
Kyoko estaba aún en shock. Tuvo que sacudir la cabeza un par de veces para salir del trance y la sorpresa.
—E-Es… Él e-es… —vaciló ella, luchando por no ruborizarse—. Sí, sí le conozco —declaró por fin.
—Pero Kyouko-san —intervino otro periodista—, ¿qué dirá Tsuruga-san cuando se entere de esto? ¿No será un problema para usted?
Ella suspiró, recomponiéndose de la conmoción. Les brindó a las cámaras su sonrisa más dulce y más inocente, la mirada más angelical y candorosa que pudiera existir y declaró con voz dulce como la miel:
—Estoy segura de que mi marido sabrá disculparle, dadas las circunstancias. Después de él, Corn es mi mayor fan. Y la primera persona que creyó en mí…
Las cámaras la adoraban… Y Japón también.
Días más tarde, cuando por fin se pudo entrevistar a Tsuruga-san y se le preguntó si no estaba ni un poquito celoso del hombre que le había robado un beso a su mujer, se cuenta que este rompió a reír. Y entre carcajada y carcajada decía:
—No es la primera vez…
No, no era la primera vez que Corn le robaba un beso…
Y tampoco sería la última…
