Descargo de responsabilidad: Nakamura sensei, lo sé…
OoC, but who cares?
SOBRESCRITURA CHOCOLÁTICA (1)
—El año pasado, este mismo día, a esta misma hora —gruñía entre dientes Kyoko—, el Shoracha me robó mi primer beso…
Ren aguardaba con paciencia, casi sintiendo sobre su piel las frías corrientes de furia de los demonios de Kyoko volando a su alrededor. Yashiro, en parte por huir de ese hielo airado y en parte por darle un tiempo a solas a su personal proyecto de amor, entraba y salía de la oficina en silencio llevándose en cajas los regalos, montones y montones de chocolates y bombones, que nunca iban a ser debidamente apreciados por Tsuruga Ren.
—Mogami-san… —dijo Ren, cuando su paciencia enamorada llegó a su límite y se convirtió en celosa irritación. Kyoko dio un brinquito de pánico al notar su enfado tras su sonrisa de mentira—. Pensé que el año pasado habíamos dejado aclarado este asunto…
—Uh, sí, sí… —se apresuró a contestar ella—. Claro que sí, Tsuruga-san. Mi primer beso pertenece a Corn, cierto —declaró ella, agitando las manos con rapidez—. Pero esto —y Ren pudo sentir de nuevo esas corrientes heladas volar entre ellos—, es un mal recuerdo que no puedo olvidar…
—Ah, bueno… Sabes lo que se dice, ¿no? —Ren adoptó ese tono de senpai, con el dedo índice levantado, como quien da una lección. Kyoko le escuchaba muy atenta, absorbiendo sus enseñanzas—. Para borrar malos recuerdos, hay que sobrescribirlos… Hay que crear unos nuevos que apantallen y anulen a los otros. Que hagan que tu mente solo piense en los nuevos.
—Sí, entiendo… —respondió ella, con un vigoroso asentimiento de cabeza—. Pero ¿cómo se supone que voy a hacer yo eso? No es como si yo…
—Mogami-san —dijo Ren, interrumpiéndola—, abre la boca…
—¿Eh?
—Abre la boca… —repitió él.
Y ella, obediente, lo hizo.
El peso leve del bombón en su boca le sorprendió, pero Kyoko se dejó llevar por el sabor, por la textura del chocolate fundiéndose sobre su lengua.
—Ah, de licor, qué rico… —dijo, saboreándolo con fruición.
Y como aquella vez, hace justo un año, la boca inocente fue asaltada. Pero a diferencia de esa ocasión, dos dedos gentiles en el mentón alzaron su rostro. Y ella se dejó ahogar en sus ojos castaños, en el persistente aroma masculino, a salvia, cedro y menta, que le saturaba los sentidos. Kyoko, sin pensar, entreabrió los labios para recibirlo.
El calor de su mano en su cintura, la otra abriéndose sobre su espalda, la dulzura de sus labios… Un gemido de deleite y placer salió de su pecho y fue absorbido por el beso de Ren. Él, entonces, entró en su boca y casi perdió el sentido… La cremosidad del chocolate, el toque ligero del licor, el cálido sabor de Kyoko…, su lengua enredándose en la suya…
Pero el beso se rompe, suavemente, como un adiós, como una caricia de despedida… Y cuando Kyoko abre los ojos, con el rostro arrebolado y la mirada nublada, Ren da dos pasos atrás. Dos pasos que ella siente como un mundo de distancia. Los ojos de él también están velados por algo que ella no reconoce, que no sabe cómo llamar, quizás reflejos de los suyos, quizás otra cosa… Pero todos esos pensamientos salen volando de su cabeza, cuando ve que Ren empieza a masticar el bombón robado…
El mismo que antes había estado dentro de su boca…
—Delicioso… —dice él, con la voz enronquecida y lamiéndose los labios.
Los ojos de ella se abren de miedo, de pánico… El sabor de Ren aún se demora en sus labios, y su cuerpo siente frío lejos de sus brazos, pero tiene miedo, mucho miedo.
¿Y si él se da cuenta?
—Tsu-tsu-tsu… —balbucea ella, temblando como una hoja, repentinamente pálida.
—¿Qué? —preguntó él, la voz profunda y los ojos aún turbios de deseo—. ¿Cuál vas a recordar más?
Ella se envara, paralizada por la revelación, comprendiendo por fin qué había hecho y por qué lo había hecho.
Una lección, solo fue eso. No fue un beso de amor. ¿Cómo iba a serlo?
Un nuevo recuerdo, sí… Uno que anule al anterior…
¿Tanto odia a Shotaro?
Y en su pecho, un dolor nuevo, como una cuchillada de fuego helado, al que ni siquiera el alivio de no ver su amor descubierto logra apaciguar.
—El tu-tu-tuyo, por supuesto… —responde ella, titubeante, pero recuperando un poco el color en sus mejillas.
—Bien —declara él, cruzando los brazos, porque sus manos le urgen volver a tocarla.
—Pe-pe-pero… —se atreve ella a decir, quizás buscando un motivo distinto al que su razón le da—. A ti no te gusta el chocolate…
Me gustas tú.
—Cierto… —confirma él, incapaz de apartar la mirada de sus ojos—. Pero me gusta este. Solamente este.
—¿Eh?
—De hecho, no me importaría repetirlo…
Y allí quedó Kyoko, con la cabeza a punto de explotar y un playboy escrito en la punta de la lengua, que por alguna misteriosa razón, no llegó a salir.
¿¡Qué fue lo que dijo!?
¿¡Qué demonios quiso decir con eso!?
Mientras, Ren sonreía todo ufano y satisfecho de sí mismo, como el gato que se comió al canario, huy, mejor dicho, el bombón…
Afuera, en el pasillo, un Yashiro derretido de la emoción cual chocolate al sol caía desmayadito hasta el suelo.
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NOTA: A todos los enamorados de la vida, ¡feliz día de San Valentín!
