Descargo de responsabilidad: Bueno, ya saben cómo va esto… Nakamura sensei, sí. Pero esta historia es mía.
FISH AND KISS
—Tsuruga-san, de verdad no entiendo esta obsesión que te ha dado ahora por el pescado... —decía Kyoko, mientras veía a su sempai pelear con un pescado frito, bien muerto desde hace ya tiempo, pero que sin embargo, parecía estar ganando la batalla.
Ni loco iba él a decirle que la próxima vez que fuera al Darumaya y el Taisho le invitase a su prueba de aptitud, no quería hacer el ridículo ni ofenderlo de ninguna de las maneras... Tenía que hacerlo bien, por varias razones, siendo obviamente Kyoko la primera, y la segunda, pero no menos importante, es que no puedes correr el riesgo de ofender a alguien que maneja cuchillos como forma de vida...
Ren resopló, hastiado, cuando (por enésima vez) no supo ni pudo dejar la raspa bien limpia.
—Ah, Tsuruga-san se hace así... —le dijo ella, enseñándole la técnica apropiada desde el otro lado de la mesa. El truco estaba en no picotillar la carne del pescado con los palillos, sino en levantar y despegar porciones completas de carne. Ren la observaba maravillado. Con movimientos diestros, Kyoko iba dejando limpia y perfecta la espina. Él intentó imitarlos, infructuosamente, por supuesto, y se ganó una sonrisilla tierna de parte de ella. Bueno..., eso tampoco estaba tan mal... Si Kyoko sonríe por causa suya, eso siempre es bueno.
Pero justo después, la sonrisa se le borró y fue ella la que dejó salir lentamente el aire de los pulmones, en un suspiro un tanto resignado.
—Tsuruga-san, permíteme corregirte —acercándose y sentándose a su lado, poniendo su mano en la suya, para guiarle con el movimiento adecuado de los palillos—. No lo estás haciendo bien...
Kyoko adelantó el torso, y con sus dedos colocó los suyos y sus palillos de la manera correcta.
Ren fue incapaz de moverse. Incapaz de respirar.
Por su delirante cabeza, pasó la disparatada idea de que, salvando las distancias, esto se parecía a una de esas escenas de película, donde el chico le enseña a la chica cómo utilizar el taco del billar y lo que parece inocente se convierte en extremo 'sugerente'. Bueno, pues lo mismo, pero con palillos japoneses.
Y justito al revés.
Kyoko estaba cerca, muy cerca...
Peligrosamente cerca...
Ren ladeó la cabeza, un movimiento breve, brevísimo, pero que hizo que Kyoko se paralizara y reparara en la extraña posición en que se encontraban.
Ren inspiró. Kyoko se quedó sin aliento.
—Enséñame… —susurró él sobre sus labios, a punto de volverse loco. Él, que se preciaba de mantener el control, estaba haciendo el esfuerzo supremo y doloroso de darle a Kyoko la oportunidad de retirarse, de moverse hacia atrás, y hacer como que esto nunca existió.
Pero Kyoko no se movió.
Ella le miraba, con sus ojos de gacela, velados por sus largas pestañas, mientras sentía su cálido aliento sobre su boca. Quizás esperando, quizás anhelando…
Kyoko suspiró.
Y él no pudo más.
El control se le fue pa'l caraj… Bueno, digamos que Ren perdió el control.
¡Por fin!
Eso sí, años después, en ocasiones especiales, la pareja cenará pescado a la luz de las velas.
Sus amigos siguen sin poder entender qué hay de romántico en cenar pescado frito.
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NOTA: Sobre los intentos previos de Ren, puede leerse en mi perfil De cómo comer pescado.
