Suiza espera a que cuelgue parado en la puerta de la cocina. Austria le mira, frunciendo el ceño.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué te vas?
—Prefiero mantenerme al margen de este asunto.
—¿Por qué? Yo prefiero que no te lo mantengas... de hecho me parece que es NUESTRO asunto. ¿Qué ocurre?
—Nein. Es TU asunto.
—Y tú eres mi marido —suspira—. Hace diez minutos me preguntabas que qué quería hacer... y solo te he dicho que no quiero que nada cambie.
—Hace diez minutos no había visto tan claro lo evidente.
—¿Qué es lo evidente? —pregunta descolocado.
—Tú, Galia y esa criatura.
—¿Me estás... diciendo... que supones... Que Galia y YO...? —Parpadea y casi oímos a su ratoncito girar la rueda adentro de su cabeza.
Austria le mira sin ningún deje de broma, Suiza parpadea incrédulo mirándole a los ojos.
—Nein.
El moreno aprieta los ojos porque siente que está siendo irracional, pero no tiene sentido esto.
—Ese niño no es mío. No tengo absolutamente nada que hacer con nadie más que contigo, no importa qué tan atractiva me parezca tu madre. Solo estas tu —establece firmemente.
—Eso suena tremendamente culpable.
—¿Cómo puedes decir eso? —se acerca a él y levanta una mano más o menos vacilante hasta tomarle suavemente del pañuelo del cuello—. Abre los ojos y mírame.
—Porque es lo que dirías si... fuera cierto —le mira fijamente, escrutándole. Queriendo pensar que no lo es, porque en realidad no hay motivo alguno para que Suiza hiciera eso, pero cuando se trata de Francia o su madre, Austria puede perder bastante objetividad.
—Estoy contigo. No necesito en lo absoluto —frunce el ceño pensándoselo mejor—, ni QUIERO nada con nadie más. ¿Tan poco hombre me crees como traicionarte e irme a acostar con alguien más y volver a nuestra cama todas las noches? Ni siquiera creo que esta discusión debiera tener cabida en nuestra vida.
—Desde luego, esta no es una cuestión racional ni una decisión que fueras a tomar con la mente fría, espero —se humedece los labios mirándole a los ojos. Suiza le sostiene la mirada.
—Estamos discutiendo algo que no ha ocurrido, en primer lugar —insiste—. En segundo, aún tengo cabeza y control sobre mí como para negarme a algo en las peores circunstancias si se diera el caso.
—¡Negarte! ¡Ja!
—Subestimas mi compromiso contigo —asegura frunciendo el ceño y acercándose más a él.
—Y tú a ellos, por lo visto.
—Te... —traga saliva—, pido, bitte... que no te vayas. Si alguien se va a ir, que sean ellos.
—No es fácil quedarme cuando esta posibilidad existe.
—Österreich, no existe. Te juro por mi honra, por mi libertad... por mi neutralidad. Piénsalo bien... ¡nunca puedo ocultarte nada! No pude ocultarte lo que... pasó con England estando drogados! Soy terrible para mentir ¡Tú me conoces al derecho y al revés!
Austria aprieta los ojos porque es que está, a pesar de todo, ahí el niño.
—Esto... debe ser una broma, un artilugio de Preussen, o de France o... no lo sé. Alguien quiere ocasionar exactamente ESTO, dividirnos —aprieta un poco más el pañuelo, bajando el tono de voz.
—Tú mismo has dicho que era demasiado real para ser un actor.
—No sé qué está pasando, pero Österreich, estoy completamente seguro de que solo he tenido relaciones sexuales contigo, así que o es hijo nuestro o no es hijo mío.
—¿Qué quieres hacer entonces? —suspira.
—Echar a todo el mundo y volar los puentes —asegura con COMPLETA seriedad.
—Schweiz! —protesta cuando suena el timbre de la puerta otra vez. Suiza se pone de puntas y le da un beso en los labios a media protesta, apretando los ojos.
El austriaco levanta las cejas y se sonroja un poco, el rubio se mantiene ahí de puntas en sus labios unos segundos, aun sosteniendo el pañuelo con firmeza. Es el él que se separa, también sonrojado, apurado por el timbre.
—Ich liebe dich mehr als alles andere auf dieser Welt —susurra sonrojándose más.
Austria se sonroja en espejo con la declaración tan sincera de amarle más que a nada en este mundo, el helvético le acaricia un instante el pecho donde tiene la mano sosteniendo al pañuelo... y luego le suelta.
—Bitte... pídele a Deutschland que no venga —casi suplica girando la cara y mirando al suelo—. Debería ir a ver la puerta.
—Ve.
Suiza asiente girándose y yendo a abrir con su modo de andar habitual de pasos cortos y muy rápidos. Austria suspira aun no muy seguro, pero queriendo creerle.
Antes de que salga Suiza, es Francia quien se levanta a abrir la puerta después de una breve conversación con su madre preguntándole que es lo que pasa y ella (y ChibiFrancia, en pack) son los que se va a la cocina con Austria.
Francia abre la puerta dispuesto a echarse a los brazos de Inglaterra y se descoloca un poco al ver a Gales ahí. Como si requiriera más gente en su contra (drama drama) con quien Inglaterra aun discute sobre quien sabe qué.
—Oh… es verdad —levanta las cejas recordando que Inglaterra le ha dicho que estaba con él y él mismo ha sugerido que venga—. Allo... Estamos aquí dentro, pasen.
Inglaterra mira a Francia, se sonroja un poco y entra. Francia le toma de la mano de manera bastante hábil antes de que pueda huir del todo hacia adentro. Gales levanta la mano y hace un gesto como de tocarse en sombrero como saludo silencioso, sonrojándose también un poco sin poder evitarlo.
—Hice... un lío —confiesa Francia en un susurro para el inglés.
—What?
—Estaba dispuesto a llevarnos al niño... si lo vieras. Soy yo, Angleterre! Pero le di la idea a Autriche, después de que como siempre me acusara de que esto fuera una broma... solo para convencerle de que no lo era, le expliqué mi teoría de que quizás era un territorio nuevo.
—¿Un territorio nuevo?
—Un niño, nuevo, como Amerique y Canada.
—¿De quién? ¿De Switzerland?
—Ahora que lo veas notarás que claramente no es de Suisse... Pensé que quizás tuyo y mío.
—What? ¿Cómo va a ser tuyo y mío?
—Como Sey o Canadá.
—¡Ellos son míos!
—¡Son nuestros! —Francia le mira a los ojos. Inglaterra le mira fijamente—. Nuestros. De ambos. ¡Nuestros niños! —se humedece los labios mientras Suiza se acerca a Gales y le saluda—. Ya tengo bastantes enemigos en esta casa como para que tú te pongas también así, mon amour...
Inglaterra se sonroja y él le acaricia un poco la mejilla.
Suiza carraspea detrás de Francia acercándose a ellos, tenso como la cuerda de una guitarra, cosa que Inglaterra aprovecha para huir de Francia.
—Hello —extiende Suiza la mano a Inglaterra, casi sin mirarle, con el ceño fruncido.
Inglaterra se la da, apretándosela de regreso como saludo... y se sonroja un poco cuando su alianza choca con la de Suiza haciendo un pequeño sonidito metálico.
Suiza casi ni le mira aún con un hueco en el estomago pensando en lo que le ha dicho Austria.
—Ehm... England. Mi suegra está en la cocina. Con el niño.
—Eh?
—Galia con... El niño. Sea quien sea —se vuelve a pasar las manos por el pelo, nervioso. Inglaterra mira a la cocina.
Gales, que escucha eso, se escurre a la cocina a buscar a Galia, ignorando a Francia.
