—Esto es tu culpa. Tú trajiste a TODO mundo. Luego me acusaste de serte infiel... ¿y ahora quires que violentamente los eche a todos? —protesta Suiza que... no es Alemania.

—Yo... yo puedo protegerle. ¡De verdad que puedo! —asegura Alemania que... sí que es Alemania.

—Yo no he dicho que los eches.

—¿Quieres que reclame al niño y... se queden todos aquí a verle? Odio a tanta gente en casa, ¡la odio! De hecho ¡echarlos es lo ÚNICO que sí que quiero!

—Shhhh —trata de calmarle haciéndole bajar el temperamento.

Suiza se pellizca de nuevo el puente de la nariz y suspira, porque hay una pregunta que quiere hacerle al austriaco y la la vez no quiere hacérsela.

—¿De dónde salió Liechtenstein?

—Veamos como te lo explico... ¿sabes las abejitas?

Suiza levanta la vista y le mira solo un instante antes de girar la cara.

—Liechtenstein no es hija de Ungarn. Ya estaba en tu boda.

—Yo no he dicho que fuera hija de Ungarn.

—W-Was? E hija de... con... tu... ¡¿Con quien?!

—Los caballeros no tienen memoria —responde solo para hacerle rabiar y porque sabe que Alemania esta cotilleando. Y sí que rabia... un montonal.

—¡Yo no sé esa historia! ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Era... una mujer cualquiera?!

—No me acuerdo, ya te lo he dicho.

—Te detesto, ¡te DETESTO! Eres idiota y me caes FATAL.

Austria sonríe de lado. Suiza se cruza de brazos enfurruñado y completamente celoso de que Austria tenga una niña, ¡SU NIÑA con OTRA MUJER! Él le mira de reojo, sonriendo.

—Entonces no me sirves —protesta frunciendo el ceño aún más con la sonrisa.

—¿Por qué?

—Porque asumí que la habías encontrado, no que habías esperado nueve meses.

—Así mismo fue, la encontré.

—¡¿Eh?!

El moreno se encoge de hombros.

—¡¿La encontraste o no?!—protesta

—¿Así me escuchas?

—¡Has dicho primero de las abejitas!

—Estaba tomándote el pelo.

El levantamiento de cejas es más evidente y luego la relajación... momentanea... para luego fruncir el ceño de nuevo.

—Eeeeeeeeres un idioooootaaaaaa.

—Nein, lo que soy es molesto.

—También! —protesta cruzándose de brazos enfurruñado—. Bueno dime, ¿cómo supiste de Liechtenstein?

—¿Saber qué?

—Que era... Como nosotros.

—¿Que era mía? Porque lloraba por todo como una condenada y lo único que la calmaba era la música.

—No es tuya, es NUESTRA. Y me refiero a saber que no era un humano normal, sino territorio.

—Desde luego, que se pareciera a ti físicamente fue bastante dramático —comenta sin darle mucha importancia—. Y eso tuvo que ver con su ritmo de crecimiento.

—¿Dramático? Que... —traga saliva—. ¿Qué pensaste?

Austria le mira fijamente a los ojos un instante. Suiza traga saliva porque nunca lo había pensado... debía haber sido de menos extraño. Se imagina el encontrando a Austria de niña y bebé y aprieta los ojos sonrojándose un poco al pensar que le habría consentido, mimando y querido como solo a Liecthenstein...

—Pensé en abandonarla a la muerte en las inclemencias climáticas.

—W-Was? —chilllonea pensando que, ÉL seguro se lo hubiera planteado a si mismo... abandonar a una mini Austria en el frío a que parara de llorar.

No le mira, ni respobde, porque era sarcástico.

—Yo me lo habría planteado un segundo... —confiesa.

—¿Lo hubieras hecho?

—Solo planteármelo... Por supuesto no lo hubiera hecho. Estoy seguro de que... Hubiera sido un infierno.

—¿Estás hablando de como te sentiste cuando ella acudió a ti?

—Nein, eso... fue diferente. Un poco desesperante, es verdad, porque ella no se parece a tí físicamente pero...

—Nein, justo se parece a ti en eso y en la peor época posible de su vida, cuando su personalidad no es muy relevante ni está muy formada, es cuando tuve que hacerme cargo.

—¿Te recordaba a mi? —Suiza se sonroja un poco y cambia el peso de pie.

—Nein, a England —tan sarcástico.

—Me refiero a... —se sonroja—, si realmente pensabas en mi cuando la veías y aún asi... hiciste todo eso por ella.

—Nein, pronto empezó a mostrar su propia personalidad y las diferencias fueron evidentes —gira la cara, mintiendo.

—Oh... —suena incluso un poco decepcionado—. Cuando vino a casa sí que se parecía a ti... un montón. Debe haberle costado siquiera dormir en una cama de paja.

Austria le mira.

—Y seguía haciendo estas... cosas. Cosas que hacías tú. Gestos, muchísimos gestos... y la forma de hablar, de expresarse, ese lenguaje ridículo, con palabras que en la vida... práctica, no sirven de nada. Y las ridículas reverencias —protesta apretando los ojos.

El moreno sonríe un poco.

—Y lo... odiaba, aunque a la vez... Liechtenstein es mucho más agradable que tú y más docil —y era como tenerte de vuelta.

—Nein, no es verdad.

—Nein?

—No era más dócil, se volvió más dócil porque... seguramente porque la castigué demasiado.

—Pobre niña —protesta un poco.

Ojos en blanco, aunque piensa que seguramente es culpa de Suiza por parecerse a ella.

—Pues para entrenarse no era en lo absoluto dócil... lo único que sabía hacer era montar a caballo y con las piernas de lado.

—¡Pero si estaba todo el día revolcandose por el barro y con los animales!

—¿Dónde estaba todo el día revolcándose en el barro y con los animales? ¡¿Conmigo?! —pregunta frunciendo el ceño.

—Contigo fue el colmo ya. Cuando estaba con nosotros, me refiero.

—¿Cuando estaba contigo se revolcaba en el barro y estaba con los animales? —es que hasta sonríe un poquito—. ¡Esa es mi niña!

Austria le fulmina.

—Es que conociéndola cuando llegó, parecería que era tal como tú... que odiaba a las cabritas y estaba siempre con ese vestidito tan almidonado...

—¡Es una señorita!

—Exactamente, llegó aquí siendo una señorita de alcurnia que levantaba el dedo a meñique al beber el chocolate —hace los ojos en blanco aunque extiende una mano para tomar la de Austria porque le ha gustado mucho que Liechtenstein fuera así medio bestia de pequeña—. No quiero ni imaginar tu cara cuando la viste de pequeña retozando en el lodo.

—Ya he dicho que puede que la riñera en exceso.

—Me gusta que te recordara a mi, aunque el precio fuera reñirla en exceso —le hace un cariñito en la mano con el pulgar.

Ojos en blanco del moreno. (Pero se sonroja un poco).

—Es de verdad... NUESTRA niña. ¿Cómo crees que hubeira sido si... hubiera llegado ahora?

—En cualquier caso, no es problema a tratar ahora.

Suiza parpadea saliendo un poco de la idea que se había empezado a imaginar. Incluso sacude un poco la cabeza.

—Ah, es verdad... el niño este.

—Tal vez sería como hubiera llegado ahora.

Se paraliza, levantando las cejas y mirándole... se sonroja abriendo la boca pero, bien Austria, muy bien, has picado los botones correctos. Se levanta otra vez del brazo del sillón, de golpe, muy decidido.

Sonríe. Austria siempre encuentra la forma de hacer que todos los Germanos hagan lo que el quiera. Alemania casi le aplaude cuando ve a Suiza.