DISCLAIMER: LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN SI NO A RUMIKO TAKAHASHI.
10. Luna Eterna
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(Dos meses después)
Rin paseaba por la rivera del río con su ahora abultado vientre de 4 meses, pensando en su amado demonio, miró el brazalete de hilo plateado que Sesshoumaru le había obsequiado, encontrando que una perla de tamaño mediano brillaba de color rojo. Extrañamente, se preguntó a que se debía el cambio de color en dicha joya, siguió caminando, en compañía de un soldado kitsune que era nada más y nada menos que Shippo. El zorro estaba al pendiente de todo lo que hacía Rin, y admitía que el demonio perro tenía mucha suerte.
-Increíble festival el de hace dos meses, ¿No es verdad?- Shippo sonrió alegrando a la joven.
-¡Claro que sí! Nunca había visto la aldea tan animada, las parejas salir demostrándose el amor, la abundante comida, el baile, la música, los cantos y sobre todo… la leyenda del hermoso cerezo plateado…-dijo tras soltar un suspiro- Shippo, ¡fue extraordinario!- ambos rompieron en risas.
Con cuidado, ascendieron hacia la aldea para ir de vuelta al Palacio, en donde los preparativos de la boda de los príncipes estaban fluyendo muy rápidamente. Sesshoumaru los estaba esperando serenamente, vestido con un haori y hamaka de color negro, resaltando la blancura de su piel. Este estímulo obligó a Rin a besarlo tranquilamente ante la vista y paciencia de todos, Sesshoumaru no evitó el contacto y la rodeó entre sus fuertes brazos. Shippo simplemente desvió la vista de la pareja para que no resultara incomodo.
-La he traído sana y salva, Su Majestad. Con su permiso.-
-Espera Shippo. Quiero saber qué ocurrió con el favor que te pedí.- la voz grave del demonio inquietó un poco a su esposa.
-¿Favor?- musitó Rin- ¿Qué favor mi cielo?-
-Cuando te enteres créeme que te pondrás feliz- El suave rostro de Sesshoumaru calmó la creciente duda de su joven mujer, dejándose abrazar por ella continuó hablando con el pelirrojo- ¿Y bien?-
-Hoy por la noche todo estará listo. Se preparará mucha comida, recuerde que es… esencial.-
-Gracias Shippo, puedes concluir tus actividades.-
Rin volteó a ver al hombre y consecutivamente a su esposo interrogándose de qué tipo de favor estaban hablando. El demonio simplemente sonrió al ver a su esposa tan desconfiada, se veía adorablemente deliciosa. La rodeó por detrás acariciando suavemente su vientre con su cachorro, que para su buen gusto, descargaba demasiada aura demoniaca.
-¿De qué favor se traen tú y Shippo?-
-Descuida amor, luego lo sabrás. Pero ahora quiero que me acompañes.-
-De acuerdo mi amor- le sonrió besándolo cariñosamente- Solo deja que vaya a asearme, prometo no tardarme.-
-Está bien, te espero aquí.-
Hikari ayudó a la mujer a subir hacia sus aposentos, dejando pensando a Sesshoumaru por el extraño comportamiento de Kenshi. Mientras tanto, Kenshi y Kazuo se encontraban practicando sus tácticas de combate, teniendo como admiradores a los soldados de Sesshoumaru, pendientes a cualquier maniobra. Kenshi atacaba fieramente al youkai del norte, imaginándose que éste era cierto demonio al cual deseaba decirle las verdades. Al frenarse, cerró los ojos concentrándose en Kazuo, que respiraba con dificultad. El Príncipe se hizo presente observándolos con mucha cautela, ambos invitados volvieron a ceñirse en la caótica batalla creando un ambiente de combate demasiado prometedor. Kazuo arremetía fuertemente gracias a toda el aura demoniaca que pretendía liberar. Al momento en el que el pelinegro arremetería contra Kenshi, los dos chocaron sus espadas y fueron repelidos por toda la fuerza y energía concentrada de la maniobra. Ambos sufrieron heridas profundas, pues el metal de las espadas se volvió añicos incrustándoseles en diferentes partes del cuerpo.
Todos corrieron a levantarlos, percatándose que solo se trataban de heridas superficiales. Sesshoumaru se ocupó en percatarse de la salud de ambos.
-Hiashi.- el soldado corrió hacia su señor.
-Dígame Señor.-
-Encárgate de buscar a Moura y a Hikari, los príncipes necesitan atención médica. Que preparen todo para atenderlos.-
-Enseguida.-
El chico se transformó en león y comenzó a correr hacia el palacio buscando a las solicitadas.
Hikari estaba terminando de ayudar a vestir a Rin cuando Moura llegó corriendo hacia los aposentos de la princesa asustándolas a las dos.
-Lo siento mi princesa, pero el Príncipe Kazuo y Kenshi estaban entrenando y salieron heridos.- El corazón de Hikari se encogió al escuchar la terrible noticia.
-Por Kami… ¿Y Sesshoumaru está ahí? Necesito verlo… ¿Está bien?-
-Tranquila, claro que está ahí. Hikari es urgente, vamos por favor.-
-Sí… yo… vamos.-
Kazuo se encontraba en su habitación con el torso desnudo, lleno de heridas pequeñas mientras que Moura y Rin se encontraban en la del otro Príncipe. Hikari pasó un paño húmedo por toda la extensión del torso herido, despertándolo con un gruñido. Se levantó bruscamente dispuesto a atacar.
-Tranquilo… soy yo.- la mujer siguió lavándolo- Solamente vine a…-
-…hazlo con cuidado…- dijo observándola pacíficamente.
Se quedó concentrada en cerrar las heridas con un una hebra de su cabello, Kazuo no dejaba de mirarla. De no haber sido un estúpido, ahora ella estaría en su palacio posiblemente esperando su segundo hijo y compartiendo alegres momentos juntos con su hijo. Hikari temblaba pese al nerviosismo que sentía con la mirada del hombre que le arrancaba aun esos suspiros como cuando en su juventud, terminó de coserle las heridas y pasó un poco de aceite de almendras sobre ellas, sin contar con que el roce de sus manos en su piel hacía hervir al pelinegro en un torbellino de pasión.
La youkai percibió el alterado estado del demonio de Agua, al sentir que él jaló su antebrazo para aproximarse más a ella, se detuvo con la otra mano de su pecho mirándolo con furia y sobre todo temor.
-¿Qué demonios crees que haces?-
-Admirando tus ojos de cerca- Kazuo le sonrió coqueto- son tan hermosos que quisiera admirarlos cada mañana.-
-¿Cómo te atreves a decir esas cosas? ¡Sin vergüenza…!-
Iba a continuar hablando cuando los finos labios del príncipe se estamparon sobre los suyos callándola. Hikari abrió los ojos sorprendida y bruscamente se alejó de él, Kazuo no se espero la reacción de la chica. Se desnudó dándole la espalda mientras se la mostraba, detallando un pequeño dragón entre una nube y estelas de agua, plasmado en la parte de su omóplato dejando al príncipe boquiabierto. Era el sello de posesión entre un macho y una hembra. Los ojos del dragón eran las marcas de los colmillos incrustados. El veneno de los demonios de agua se acumulaba formando la figura para denotar que las hembras estaban domadas.
-…Tú me la hiciste al momento de entregarme a ti, y aún así a ti no te importo- Sonrió vagamente recordando su primera vez- No vuelvas a jugar conmigo, no te lo permitiré…- se volvió a cubrir saliendo de manera rápida, conteniéndose las lágrimas.
Kazuo bajó simplemente la cabeza, siendo instrumento de la tristeza y la culpa.
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En otro lado, Moura se concentraba en sanar las heridas de Kenshi, que deliraba por el dolor. Los delicados roces en su pecho y las pequeñas manos lo hicieron pensar por unos instantes que se trataba de Rin, sonriendo dulcemente, entre leves gemidos de dolor, el joven demonio empezó a llamarla. La criada suspiró despertándolo delicadamente.
-No soy Rin, Kenshi. Y te sugiero mejor que dejes de pensar en ella, si no quieres que mi Señor se enfade contigo.-
-…- El joven transformo su rostro en una sombría tristeza, y la vieja tenía razón. Sesshoumaru podría matarlo.
-Se que usted se ha sentido atraído por nuestra pequeña, pero usted más que nadie sabe que Rin ama con extrema locura a mi Señor.-
-Y si lo sabes… ¿Porqué sigues restregándomelo en la cara?- Le dijo de mala gana.
-Porque no quiero que entre el Reino Norte y del Oeste se desencadene una guerra gracias a los malos pensamientos de un hombre.- regaño.
Kenshi se levantó aun con dolor en el abdomen y comenzó a caminar ignorando a la vieja, sintiéndose frustrado consigo mismo, pues tenía totalmente la razón. Rin jamás sería suya, y por más que tratase de conquistarla aunque no llevara la marca de presa, nunca estaría a su lado. Caminó hacia su habitación tratando de buscar alguna prenda que lo cubriera. No lo podía soportar más, la envidia que guardaba hacia el demonio de cabellera blanca crecía con el tiempo, aun recuerda todas y cada una de las estimulantes experiencias que compartió una vez con la humana, bufó molesto mientras un hermoso recuerdo llegaba a su subconsciente…
-¡Qué hermoso kimono!- comentó una jovencita de 16 años-¿En serio es para mí?-
-¡Claro!- dijo el peli castaño de ojos verdes- es un regalo de mi parte hacia ti. Te ves tan bonita con tu kimono y quiero que luzcas ese.-
-Pero… no me va a quedar, lo siento muy grande.- le sonrió. El joven sintió una calidez enorme en su pecho.
-Veras que te quedará bien… Estás hermosa.-
Los dos sonrieron fundiéndose en un cariñoso abrazo, disfrutando de su aroma cada vez más delicioso, el indicador de que la joven y tierna humana podía concebir vida. Al sentir que Rin se separaba a prisa de él, pudo darse cuenta que Sesshoumaru caminaba junto a su padre, sus frías orbes doradas lo taladraban advirtiéndole…
La soltó y al ver en los ojos de la chica brillar cuando admiraba a Sesshoumaru, su corazón se hizo añicos.
El aludido avanzó hacia ellos, situándose a un costado de Rin, olfateando el olor de la seda nueva que tenía su protegida entre sus brazos.
-¿Qué es eso?- Ella lo reverenció educadamente a modo de saludo.
-Un regalo del Príncipe Kenshi, Amo Sesshoumaru.-
-Vamos Rin, tienes que terminar con tus deberes.-
-Sí- La joven caminó despidiéndose de él con una sonrisa tierna.
Sesshoumaru simplemente le dedicó una mirada fría, llevándose a Rin de ahí, dejándolo solo y con un amargo sabor de boca.
Su coraje incremento al asomarse y ver cómo ella lo llenaba de besos y dulces mimos, mientras que él la aferraba a su cuerpo de manera cuidadosa. Su instinto demoniaco hirvió, y se recostó un momento para poder descansar, sin contar que su demonio interno estaba desatado dentro de él.
Por otro lado, Rin estaba dentro de la cocina del castillo, haciendo que Moura soltara un grito de impresión y algo de temor. Ella se le acercó corriendo preocupada.
-¿Qué sucedió?-
-¡Que si el Amo te ve aquí me va a correr! ¡Salte de la cocina niña!- gritó la anciana empujándola con suavidad de ahí.
-Tonterías, vengo a prepararme algo de comer, tengo demasiada hambre que me comería todos los platos de ramen que Tomoyo prepara.-
-Espera fuera de la cocina, comeré junto contigo ¿Entendido?-
La muchacha asintió, caminó hacia sentarse en una enorme piedra de río, sintió a su cachorro o cachorra moverse dentro de su enorme y abultado vientre, sonriéndole cariñosamente. Pasó sus delicadas manos tranquilizándolo, el aroma de la comida la relajó al instante. Sin fijarse de que alguien se aproximaba a ella. Kenshi la miró embelesado, cegado por su instinto de demonio, la tomó de la muñeca y se hincó hacia ella.
-Perdóname Rin, sé que no es apropiado…pero, desde que eras una niña, mis sentimientos por ti han sido muy sinceros. Yo… ¡Kami! Yo te he amado desde que te conocí, nunca pude reunir el coraje de pedirte en matrimonio con tu Señor. Pero él me arrebató tu cariño, y ahora que llevas su descendencia, no puedo concebir que estés con él, todo lo que él tiene debió ser… MIO…-
-¡Basta! ¡Estás lastimándome!- gritó aún más fuerte, él se levantó aproximando su rostro al de ella, intentando arrebatar un simple beso.
Rin volvió a gritar deteniendo el contacto en el momento en el que su muñeca se tornaba algo violáceo por el corte de circulación de sangre en esa área. Él la oyó protestar, los verde azules ojos del demonio se tornaron rojos, lastimándola de las muñecas. Rin gritó y su vientre se tornó duro por el momento lleno de angustia. Sesshoumaru había bajado hacia el salón principal, atraído por una fuerte aura demoniaca, tenía ganas de ejercitarse un poco en una exhaustiva batalla con uno de sus mejores soldados. El grito de Rin lo alarmó, deslizándose en los aires con rapidez. Kenshi estaba sujetando con fuerza las muñecas de su esposa, viéndola hincada aguantando el dolor. Lo empujó con fuerza extraordinaria, impactándolo fieramente en el suelo del jardín. Kenshi se levantó hirviendo de coraje ante el súbito empujón.
-¿Qué es lo que sucede, Kenshi? ¿Pretendes que mi esposa pierda a mi cachorro?- soltó Sesshoumaru furioso.
-¡Cállate! Yo nunca haría que Rin perdiera a su bebe, simplemente no puedo verla contigo… Tú… el que decías que los humanos eran idiotas, tu no la merecías.- dijo ácidamente, alterando a Sesshoumaru cada vez más.
-¿Y qué te hace pensar eso? Rin es mi mujer, lleva mi marca, mi descendencia y mí veneno corriendo por sus venas…-
-¡MALDITO!- rugió.
Kenshi sacó su katana y lo atacó brutalmente sin éxito, pues el peli plateado esquivó el ataque con un excelente salto, las garras venenosas de Sesshoumaru rasgaron la piel del antebrazo de su oponente, quien lleno de ira rasgó su haori del pecho. El Lord del Norte intentó acuchillar al demonio, pero él se deslizó hasta que le diera la espalda y lo sujetó con fuerza del cuello con sus brazos, inmovilizándolo. Rin intentó ir hacia allá, y el bramido de Sesshoumaru la hizo detenerse.
Kenshi se sacudía tratando de salirse, sujetándolo de los antebrazos haciendo fuerza con tal de incrustarle las garras. Se logró soltar y arremetió con un golpe hacia Sesshoumaru, que los evitaba con suma agilidad y devolvía los ataques. Los sirvientes y soldados corrieron a ver el espectáculo, pues el príncipe del Norte había comprometido a la princesa, en el momento en el que Sesshoumaru lo inmovilizó, Kazuo se metió aun resintiendo el dolor de las heridas. El demonio castaño bufaba de enojo y reaccionó al sentir el insoportable dolor en el torso, viéndolo todo sangrado. La voz dura del Lord lo recibió como si de un golpe se tratase.
-De ahora en adelante, te queda prohibido dirigirle la palabra a mi esposa.-
-Tus advertencias me tienen sin cuidado, Sesshoumaru. Debí habérmela llevado a mis tierras cuando tuve la oportunidad, yo la AMO, y no puedo entender cómo es que ella está contigo, tu repudiabas a los humanos por ser débiles, porque eran insoportables y frágiles, ahora… estás casado con una de ellos. Tú estás jugando con sus sentimientos, ¡Rin no te merece! - le gritó.
-Estás equivocado, Kenshi. Yo realmente la amo- declaró abiertamente, creando que la mujer retuviera el aire asombrada- no sabes todo lo que tuve que padecer para que no se interesara en cualquier macho… ¡Mi gente se encargó de instruirla para ser la dama más hermosa y admirable de todas superando a cualquier hembra youkai, mis soldados incluso debieron perder la vida para que mis adversarios no la raptaran y YO contribuí para tenerla a mi lado por siempre cuidándola y tratándola como se lo merece!-
Los presentes se quedaron asombrados por la abierta declaración de Sesshoumaru, Kazuo lentamente fue soltando al muchacho, pues se estaba riendo como un loco. Se cubrió el rostro reprimiendo las carcajadas. Esto indignó a Sesshoumaru.
-¡Llévenselo de aquí! Antes de que mande el cuerpo a los brazos de su padre…-
-No…- Kenshi se levanto y camino tranquilamente hacia quedar frente a él- Yo mismo me voy ahora, solamente quería ver por mis propios ojos que dejaste ir el linaje de toda tu estirpe…- cerró los ojos ignorando el dolor abdominal y se volvió a ver a Rin-… Espero que seas feliz con él, no tardara ni un mes en conseguirse a una hembra youkai…-
Se volvió en sus talones y pasó frente a Sesshoumaru hecho una furia, adentro a sus aposentos y preparo sus cosas para regresar. Mientras que en el jardín, Rin estaba abrazando con fuerza a Sesshoumaru después de haber escuchado toda esa declaración, él le acariciaba sus finas hebras negras con las garras, a modo de darle consuelo.
-Estas temblando Rin…-
-Tenía miedo a que… reaccionaran y se pelearan.-
-Te estaba lastimando y no quería que te hiciera daño…- alzó su mentón con uno de sus dedos para mirarla fijamente- es mi deber como tu esposo, cuidarte y no dejar que te dañen.-
Ella sonrió y depositó un dulce beso, le pidió ir a la aldea para poder caminar un poco. Al llegar, Sesshoumaru se entretuvo en un puesto, mientras Rin iba hacia el área en donde vendían aperitivos. Al empezar a disfrutar su comida, observo como el señor de aquella noche caminaba tranquilamente hacia un pasillo.
-¿Qué sucede hermosa?-
-Vi al señor que nos había contado la leyenda, quisiera preguntarle algunas cosas.-
-Bien, en ese caso te acompaño.-
Rin y Sesshoumaru comenzaron a seguirlo, encontrándose con variedad enorme en las fabricaciones de los adornos que Rin usaba. El pueblo de Chiharu era el mejor productor de sedas y alfarería de la región. Caminaron un tramo más grande, tomados de la mano y al voltear por el camino indicado, El señor no estaba.
Se habían quedado frente a una humilde y muy espaciosa choza, Sesshoumaru percibió el fuerte olor a humedad proveniente de ahí, corrió el desgastado lienzo que cubría la entrada observando detalladamente que el futon estaba enmohecido y amarillento, los utensilios de comida y los pergaminos estaba cubiertos por una gruesa capa de polvo sin contar que las paredes se encontraban llenas de telarañas, del techo se podían apreciar distintos huecos por donde la luz llenaba el lugar.
Rin entró y observó toda la ropa desgastada y llena de polvo, un curioso artefacto llamó su atención, se trataba de un pequeño cofre de porcelana pintado a mano, la tapa se encontraba partida a la mitad por el paso del tiempo y dentro del cofre un hermoso collar de plata lleno de perlas, el dije era un lirio rodeado por un sol. Dejó las cosas como estaban y miró a su esposo, preguntándose a dónde pudo haberse ido el señor, y tomándose cuidadosamente de la mano salieron. Una anciana que se apoyaba de un viejo bastón junto con un señor de mediana edad pasaron donde ellos, quedándose pasmados por ver al Príncipe Sesshoumaru y su mujer en esa zona. Los ojos de la señora se posaron en los del youkai y viajaron hacia la mujer. El señor tenía una cara de asombro al verlos, Rin les brindó una sonrisa dulce y cálida para acercarse a ellos con tranquilidad.
-Sus majestades, ¿Qué es lo que hacen aquí?- la espesa voz de la anciana tenía un ligero mote de preocupación- ¿Acaso se perdieron? Podríamos…-
-No se preocupe- Rin le sonrió gentilmente- Simplemente veníamos siguiendo al señor que nos contó la leyenda el día del festival ¿Acaso podría decirnos en donde vive?-
El señor que sujetaba a la señora se turbó y la dejó sentada en una roca que había por el lugar, tomó aire rápidamente y los miró a ambos con mucha sorpresa.
-Dispénsenme, pero… ¿Nadie les ha dicho?-
Ambos dudaron en responder, haciendo que el señor continuara sonriendo melancólicamente fijando sus ojos en la choza.
-30 días después de la muerte de la pareja, mis ancestros decían que el padre de la joven se cernió en una tristeza tan profunda, que no tuvo la fuerza necesaria para seguir viviendo y murió. -
-Pero... ¿Qué…?- Rin estaba desconcertada- Lo vimos el día del festival…-
-Según dicen que en su muerte, prometió a Kami-sama ser el protector de la pareja, y cada luna llena que anuncia el Cherīshirubā su espíritu emerge para cumplir su promesa, y no solamente de forma humana, si no también animal.-
Sesshoumaru y Rin miraron la cabaña, sintiendo algo extraño dentro de su pecho semejante a la conmoción. La anciana y el señor los acompañaron a la salida del pasillo para volver al mercado de la aldea, topándose con el cerezo de la leyenda, y a su lado un lobo de pelaje blanco que rodeaba el árbol en varias ocasiones, los ojos del can se enfocaron en ellos mirándolos fijamente. Sesshoumaru tomó a Rin entre sus brazos con cuidado observando al precioso animal.
-¿Crees que sea él?-
-Si tiene a alguien a quien proteger, ten por seguro que sí.-
-Y… aún no he olvidado lo que dijiste en el Palacio- Rin se volteó sonrojada dejando sus manos sobre el pecho de su esposo- Fue… maravilloso.-
-Cada palabra dicha es cierta, y nunca lo he dicho abiertamente, pero si… Te Amo, tanto que tenía planeado llevarte a un lugar que seguramente te encantará, solo que no sabía si era lo mas correcto hacerlo pues...-Sumida en un cúmulo de sensaciones, buscó los labios de su marido que guardó silencio y la tomo de la cintura para unirse en un beso que marcó algo poderoso en el corazón de ambos, olvidándose de todos por un instante.
Y desde otro lugar, dos seres los miraban agarrados de la mano sonriendo con dicha, y un ser afelpado se echó en el pasto alegrándose de que el youkai más respetado y temible de todos, haya sucumbido por el amor…
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*...CONTINUARÁ…*
¡ DISCÚLPENME POR LA ENORME AUSENCIA!
No sabe... ¡No saben! Tuve días devastadores, exámenes a morir, tareas en cerros y montañas de papeles, luego estudiar para el ingreso a la universidad... ¡Escuela todo el tiempo!
Gracias a Dios pude terminarles este capitulo que la verdad... No me gustó mucho, pero me alegró el día. Espero no me hayan olvidado :/ En verdad, escribir es lo que mas me apasiona en esta vida, y estoy tratando de ponerme al corriente con mis hermosos fics.
Bien, ¿Qué les pareció? ¿Verdad que son lindos? *Q* Y que miedo con lo del señor T_T Si yo hubiera sido Rin me desmayo en los brazos de mi papazote jajajaja n_n
Bien un gusto poder actualizar, ¡Prometo hacerlo mas seguido! ¡Hasta pronto! ¡Los quiero mucho!
Atte: Veronika BlackHeart n_n
"(8)...Shinnig Shinnig little little star... (8)"
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¿Review Please? :D
