EXPERIMENTO N°3: COMPATIBILIDAD A LA MEDIDA
El primer suspiro solo lo hizo mover la cabeza unos milímetros. Con el segundo, dejó a un lado el trapo con el que limpiaba los anaqueles. Por fin al tercero, se giró resignado, puso los codos sobre la barra y descansó la cabeza en sus palmas.
– A ver, ¿qué pasó esta vez, Angel-kun?
– ¿Realmente quieres que te lo cuente? – preguntó haciéndose el ofendido.
El bartender odiaba cuando su amigo se hacía el interesante y luego el difícil para soltar la lengua, lo cual no le costaba demasiado, sino no se sabría de memoria cada detalle del foreplay entre el chiquillo de ojos verdes y su malvado Senpai.
– ¡Ay, Hiroto-kun! – lloriqueó de manera dramática – ¡Anoche estuve a punto de convencer a Senpai para hacerlo en la ducha!
– ¿Por qué ese a punto no me convence?
– Está bien, me golpeó cuando lo insinué, pero estoy seguro de que dudó por un segundo.
Ese muchacho no tenía remedio y él lo sabía bien. Por eso, secretamente ideaba formas de hacerle un sutil bullying con el objetivo de llevarlo al límite de sus emociones. A pesar de la gran experiencia de aquel ángel en el Campo de Venus, nunca dejaba de sorprenderle que en ocasiones fuera tan ingenuo y se creyera todo lo que le decían. Al fin sonrió maliciosamente y lo miró a los ojos.
– Dime una cosa, Angel-kun. ¿Cuánto mides?
– Mmm, 1 metro 87, ¿por?
– No, no. Me refiero a cuánto mides ahí abajo. – preguntó con descaro señalando hacia ese lugar con el índice.
– ¡¿Q-Qué?!
– No es que a mí me interese saber.
– ¿Entonces por qué me lo estás preguntando? Aunque, bueno, no es por presumir, pero creo que tengo un buen tamaño…
– Oh, ¿sou ka? Senpai-san debe estar más que satisfecho.
– ¿A qué viene todo esto? – inquirió intrigado.
El travieso joven rió y miró de un lado a otro como para asegurarse de que nadie los estuviera escuchando. Con el dedo le indicó a su amigo que se acercara un poco más, de modo que quedaron envueltos en una especie de atmósfera secreta.
– ¿No has escuchado nunca acerca del "test de compatibilidad sexual"?
– ¿"Test de compatibilidad sexual"? ¿Por qué yo no sabía que existía algo como eso?
– No lo grites, no muchos lo saben.
– ¿Y por qué no me lo contaste antes?
– Porque te conozco y te irías los extremos. Ahora si me prometes controlarte, te diré qué hacer…
Tetsuhiro sonrió como un niño cuyos padres acaban de anunciar que se mudarán a una juguetería. Hiroto se aclaró la garganta al mismo tiempo en el que se preguntaba en su interior cómo es que se le ocurrían ideas tan geniales. Quizá debería patentarlas uno de esos días.
– Verás, este test consiste en saber si ambas personas dentro de una relación son compatibles sexualmente. O sea si realmente están destinados a compartir un lecho y disfrutar del sexo por los siglos de los siglos.
Tetsuhiro dudó un segundo y levantó una ceja.
– ¿Funciona incluso si no somos una pareja… formal?
Hiroto casi se cae de la silla. No era el tipo de pregunta que se esperaba de un muchacho universitario inteligente y encima científico. Aunque la situación de su amigo fuera complicada, no pudo evitar que esa pregunta le causara un poco de gracia y pena a la vez.
– Por supuesto, con mayor razón, ya que eso indicará si deberían seguir teniendo intimidad.
– C-Creo que no me va a convenir saberlo…
– ¿De qué hablas? Es la oportunidad perfecta para que le restriegues en la cara a Senpai-san que el destino los ha unido por los lugares más… digamos… ¿ocultos?
– ¿Eh? ¿Quiere decir que tú piensas que Senpai y yo sí somos compatibles?
– Al contrario, su relación es lo más extraño que he visto en un buen tiempo, pero si el sexo lo vale, pues lo vale.
– Eres cruel, Hiroto-kun.
– Ya, ya, deja de lloriquear y escúchame con atención.
El joven de Fukuoka, aún incrédulo, pestañeó un par de veces como si eso fuera a ayudarle a abrir más la mente. Hiroto se tragó sus ganas de reír y la información empezó a salir de sus labios de manera fluida.
– Todo lo que tienes que hacer es averiguar la medida de Senpai-san y sumarla con tu propia medida. Después te enseñaré la tabla de conversión que indica el porcentaje de compatibilidad según el resultado que hayas obtenido. ¿Ves? Te dije que era sencillo. – explicó guiñando un ojo.
– No, no es para nada sencillo, ¿cómo demonios voy a averiguar algo así? Senpai me mataría si se lo pregunto.
– ¿Por qué preguntarle si tú mismo puedes averiguarlo?
– ¿Estás insinuando que yo mismo se lo mida? ¡Si hago algo como eso, Senpai me enterrará vivo!
– No lo creo, Senpai-san es detallista. No te mataría sin antes torturarte. Te cortaría en pedazos y se los arrojaría a los cocodrilos.
– Senpai no tiene paciencia, no se tomaría la molestia de cortarme en pedazos, así que… Un momento, ¿por qué estamos hablando de estas cosas?
– Yo solo te seguía la corriente. – comentó mirándose las uñas – De acuerdo, de acuerdo, te diré cuál era mi plan desde el principio.
Tetsuhiro escuchaba atentamente el maquiavélico plan de su amigo. A cada detalle, sus ojos se abrían más y más. A pesar de lo arriesgado del plan, no podía negar por nada del mundo que estaba loco de ansiedad por lograr aquella proeza.
– ¿Me estás diciendo que lo emborrache?
– No es difícil, ¿o sí? Estará tan ebrio que no se dará cuenta de lo que le estás haciendo. Sin embargo, con lo sensible que me dices que es, debes actuar rápido porque existe el riesgo de que se despierte en cualquier momento y…
– ¿Y…?
– Y te desuelle vivo.
– ¡Que es lo más probable! – chilló estrellando la mano contra su rostro – Hiroto-kun, ¿cómo es que me meto en estas cosas?
El otro hombre se encogió de hombros haciéndose el desentendido, todo para escapar de la culpabilidad. Pero no era tan inhumano. Suspiró resignado, y cuando se disponía a explicarle que todo no había sido más que una broma de muy mal gusto, vio que era demasiado tarde. Tetsuhiro ya no lo oía y estaba casi en la puerta del bar con la mano a la altura de la frente cual soldado que se despide de su familia y de su país antes de ir a territorio enemigo a cumplir una misión suicida.
– Descuida, Hiroto-kun, no fallaré. ¡Deséame suerte!
– M-Matte, Angel-kun…
Está de más decir que el pobre chico se había esfumado en un santiamén y no había dado tiempo a que el otro le contara la verdad. El bartender se preguntaba si volvería a ver a su querido ángel después de esto y solo esperaba que no muriera en el intento.
– Soy definitivamente el peor de los amigos…
El impaciente muchachito había salido casi corriendo del bar no sin antes haberse abastecido de unos cuantos licores que sabía que eran los favoritos de Senpai. Caminó a paso veloz con el corazón agitado repasando mentalmente el plan que pondría en práctica esa misma noche. Ya en casa, buscó en el costurero la cinta métrica. La halló enrollada entre botones, hilos y agujas, y la metió a su bolsillo derecho donde permanecería hasta el momento en el que Souichi hubiera bajado su guardia por completo.
– Tadaima.
Tetsuhiro nunca se sintió tan nervioso de oír llegar a su superior. Al entrar, Souichi dejó sus zapatos en el genkan y se desplomó sobre el sofá. Estaba sumamente cansado luego de una larga jornada laboral y solo deseaba irse a dormir. Escuchó responder a su kouhai que ya se acercaba rápidamente para atenderlo, y sus ojos se posaron sobre los licores que descansaban sobre la mesa.
– Okaeri nasai, Senpai. ¿Tienes hambre?
– Sí, ¿qué hay de comer?
– Bueno, hay varios snacks pero si deseas puedo preparar algo más.
– No, no, eso está perfecto. Además, acompañan mejor el alcohol. Por cierto, ¿estamos celebrando alguna ocasión especial? Son licores caros. – comentó señalando las botellas.
– Solo me di cuenta de que hacía mucho tiempo que no bebíamos…
Souichi arqueó una ceja y Tetsuhiro rogó internamente para que este no sospechara nada. Empezaron a beber y a comer mientras conversaban animadamente sentados en la alfombra, hasta que el menor notó que el vino ya empezaba a hacer efecto en su tirano. Él había tratado de controlar la mano para mantenerse lo más sobrio posible y al cabo de unos minutos, se acercó a él lentamente y comenzó a besarlo con cierto grado de lujuria. En medio de besos que sabían al más dulce vino, Souichi reaccionó y trató de apartar a su asistente.
– ¿Q-Qué haces? Estoy cansado, no voy a hacer nada contigo hoy, estúpido…
– Solo es un beso, Senpai.
– Siempre que dices eso acabamos en tu maldita cama.
Tetsuhiro rió ante la veracidad de tal comentario. Era cierto que siempre tenía segundas intenciones en sus noches de borrachera, pero esta vez, se podía decir que tenía algo aun más importante que lograr. Souichi cayó de pronto en la profundidad del sueño, o al menos eso parecía.
– ¿Senpai…?
El muchacho lo llamó un par de veces y no hubo respuesta. En menos de un segundo, se apresuró a sacar la cinta métrica de su bolsillo y con las manos temblando de anticipación, bajó despacio el cierre del pantalón del hombre durmiente. Sus ojos se iluminaron al ver que el alcohol y el beso habían logrado su objetivo.
– Ah, ahora será mucho más fácil de medir.
Pero la vida de Morinaga Tetsuhiro no podía ser tan sencilla. La fría cinta al contacto con su piel caliente hizo saltar al mayor sacándolo de golpe de su estado de letargo. Sus miradas se encontraron y Tetsuhiro supo con certeza que sería su último día sobre la tierra. Tenía que inventar algo coherente de inmediato. ¿Pero qué idea coherente podía escupir en un momento así? La expresión de Senpai nunca había sido tan espeluznante.
– MO-RI-NA-GA… ¡¿Se puede saber qué cuernos estás haciendo?!
– Y-Yo no e-estaba haciendo n-nada…
– ¿Y por qué tartamudeas entonces? Chotto matte… ¿por qué tienes esa cinta métrica en la mano?
– ¿C-Cuál c-cinta?
– Más te vale que tengas una buena explicación para esto, porque…
Y en cuestión de segundos, se percató de todo (o de casi todo). Souichi, por muy ingenuo que fuera y por muy ebrio que estuviera, no podía ignorar la evidencia frente a sus ojos. Se sonrojó infinitamente y su típica aura diabólica rodeó el departamento, jurándose a sí mismo que ese monstruo lujurioso no escaparía de su furia esta vez.
– ¡Eres el pervertido más grande que existe! ¡Degenerado, te voy a matar!
– ¡Es por una buena causa, lo juro!
– ¿Qué de bueno podría tener algo tan enfermo como lo que intentabas hacer?
Souichi lo perseguía tambaleándose un poco porque el alcohol en sus venas no lo dejaba pensar con claridad. En una de esas persecuciones logró arrancharle la cinta métrica y la estiró de sus extremos varias veces cual látigo destinado a aporrear a una fiera atrevida e imprudente como era el caso del malcriado asistente.
– S-Senpai, ¿q-qué vas a hacer? No pensarás estrangularme con la cinta, ¿verdad? – lloriqueó escondiéndose detrás del mueble.
– Me conoces, no haría algo tan simple… ¡Lo que te voy a estrangular es otra cosa!
– ¡NO!
A veces en la vida, había cálculos absurdos de realizar y misterios imposibles de resolver. Y al parecer la medida de Tatsumi Souichi siempre sería uno de ellos.
Un ojo morado, una mejilla roja y un labio roto era todo lo que el empleado del bar podía apreciar en aquel bonito rostro. Tragó en seco y supo que su idea esta vez no había sido demasiado buena.
– Como verás, Hiroto-kun, no pude conseguir la medida de Senpai. – justificó apenado.
– C-Creo que eso no es lo más importante aquí, Angel-kun. ¿Estás bien? ¿Qué te hizo ese salvaje?
– Se molestó cuando me pescó con las manos en la masa… literalmente…
Hiroto volvió a tragar en seco y, justo cuando ya estaba listo para confesar su crimen y pedir perdón de rodillas, la voz temblorosa de Tetsuhiro lo interrumpió.
– Dime la verdad, ¿hay otra forma de hacer ese test?
Ah, ese chiquillo no tenía remedio. Su enfermedad llamada Senpaitis no tenía cura, y así la tuviera, estaba seguro de que él jamás desearía encontrarla. De cierto modo, sintió un poco de pena por su buen amigo que todo lo que buscaba era un poco de atención de parte del amor de su vida.
– Por favor, Hiroto-kun…
¿Debía explicarle que todo se había tratado de una vil broma inventada por él? No quería ni debía perder el puesto de confiable confidente que tenía en la actualidad, pero no sabía si era buena idea seguir con ese juego cruel. Al ver cómo los ojos verdes (ahora morados) del joven científico se iluminaban y cómo aquella expresión infantil llena de ilusión hacía su aparición, tomó una decisión. Definitivamente sabía que se iría al infierno por mentiroso, pero no quería que su amigo perdiera la esperanza. Después de todo, había sufrido demasiado en el pasado, y aunque, a su parecer, aquella relación malsana y disfuncional entre él y su Senpai no lo llevaría a nada bueno, si era feliz, no podía ser todo tan malo, ¿cierto?
– Sí, hay otra forma…
Solo por esa vez quizá sería mejor seguir mintiendo.
Si bien ya tenía una idea para escribir este shot, lo que me terminó de inspirar fue naturalmente aquella imagen sin censura que compartieron en La Secta hace un tiempo. XD Me he reído escribiendo esto, aunque al final me dio un poco de pena, así que espero que tenga el mismo efecto en ustedes.
Gracias a todas/os por sus lecturas y comments!
Hasta el siguiente experimento!
Ja nee!
**Jane Ko**
