Los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi, no a mí.


12.- Luna Nueva

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Toda la extensión de la aldea estaba cubierta por una gran capa de nieve, el gran astro nocturno se mantenía imponente sobre el cielo, en ciertas veces opacados por las nubes gélidas. Los aldeanos se mantenían refugiados mientras los nubarrones se desmoronaban con delicadeza, una joven pareja de aldeanos intentaba prender el fogón para llenar de calor su choza, mientras el muchacho intentaba encender el leño, un fuerte silbido a causa del viento los hizo voltear, observándolos detenidamente impactándose en el acto…

Dos lobos grandes y de pelaje blanco caminaban majestuosamente por el camino principal de la aldea, con dirección hacia el Palacio de las Tierras del Oeste. Parecían trotar, acudiendo al llamado y a la luz de su astro, en espera de alguna señal. Las luz de la luna bañó al Gran cerezo plateado, con sus brotes escarchados, avisando el augurio de un nuevo comenzar.

En los imponentes muros del Palacio, Sesshoumaru se encontraba dentro del futón junto con su hembra, después de una relajante sesión de amor, disfrutando de su calor y el delicioso aroma que esta desprendía. Su aguda audición le hizo percatarse de las pisadas de una extraña presencia, dejó descansando a su mujer mientras él salía hacia la entrada principal, en donde Kazuo le dio el alcance.

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-¿También lo sentiste?- Sesshoumaru solo lo observó.

- Son dos. No se habían acercado tanto.-

-¡Abran las puertas!- Gritó Kazuo hacia los soldados, la gélida brisa meció sus ropajes por completo.

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Sesshoumaru no percibió ningún tipo de amenaza, únicamente pudo observar cómo los lobos se mantenían juntos, acercándose con respeto hacia él y agazapándose. Meditó un momento antes de dictar un veredicto, buscaba algún tipo de anomalía, podrían tratarse de lobos youkai, o de alguna otra criatura, pero solo eran de la especie ordinaria. El demonio fijó su vista sobre el macho, quien no dejaba de escudriñarlo, la criatura no se dejó intimidar ante el demonio. Este sonrió.

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-¿Qué harás con ellos?- El pelinegro observaba con cautela ante la respuesta del Príncipe.

-Déjenlos entrar.-

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Tenía la corazonada de que con ese par, Rin iba a estar aún más protegida en dado caso de que fuera llamado fuera o tuviera asuntos que atender, a pesar de que su hembra estuviera ya a días del alumbramiento, tal vez Rin no se imaginaba que iban a ser dos cachorros, o tal vez por intuición humana femenina ya lo había descubierto. Se encontraba nervioso aunque no lo admitiera, el solo pensar de que en el momento del parto hubiesen complicaciones no se lo perdonaría, sus cachorros venían fuertes y sanos, era cuestión de tiempo. Volvieron a ingresar dentro de las comodidades, notando como los grandes animales se echaban en los atrios de la entrada principal, le intrigaba el comportamiento del macho, no dejaba de mirarlo.

Al regresar a sus aposentos, envolvió a Rin con su cuerpo, dejando descansar una de sus garras sobre su vientre, se taparon con las gruesas sábanas tratando de brindarle el calor posible. Ella se revolvió inquieta, buscando su contacto con desesperación, él la tranquilizó poniendo su rostro en el hueco de su hombro y cuello, haciéndola suspirar.

Ella abrió sus ojos despacio, sintiendo a su demonio detrás de ella, buscando sus labios, anhelaba su contacto aún mas que nunca, el youkai se dejó hacer recibiendo los delicados besos que su mujer le daba, él mordió su labio inferior haciéndola jadear, siguieron saboreándose hasta que se cansaron y volvieron a retomar sus horas de sueño.

Unas horas más tarde, los príncipes se levantaron, con cuidado Sesshoumaru despertó a Rin, besándola y acariciándola por dentro de las sábanas, unos toques a la puerta hicieron anunciar a Moura quien venía a preparar el baño. Mientras el demonio se levantaba ayudando a su esposa a ponerse de pie, pudo percatarse que sus hijos estaban demasiado inquietos. Rin se acariciaba el vientre tratando de apaciguar el temperamento de sus retoños.

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-¿Cómo te sientes pequeña?-

-Me encuentro bien mi amor, no he sentido los dolores aún.- Sonríe con amor. – Si fuera así serás el primero en enterarte.-

-Sabes bien que los machos no podemos acudir en el alumbramiento.- La cargó con delicadeza e ingresaron en el área de la bañera, masajeándola con el paño impregnado en aceites corporales, quería incitar a su esposa para una ronda de amor matinal, Rin suspiraba por las caricias otorgadas, dejó que su esposo se situara detrás de ella, rozando su virilidad contra su ser.

-Mi amor… con cuidado.- Dijo con voz entrecortada, acción que lleno de pasión al demonio.

-Te deseo tanto mi pequeña…- Gruñó cerca de su oído.

Estaban a punto de comenzar una ronda matinal, hasta que unos inoportunos golpes anunciaban la preparación del desayuno. El buen emisario Jaken tuvo la mala suerte de recibir dos pequeños golpes de parte del Lord.

Salieron de la bañera, y su esposo la ayudó vistiéndola entre arrumacos, la abrigó bien y bajaron a desayunar en compañía de los demás. Todos los saludaron con solemne respeto, pero el estruendoso ruido de Rin los hizo voltear hacia su dirección, ambos lobos la olfateaban completamente, situándose siempre a su lado.

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-¿De dónde han venido?- Dijo mientras uno de ellos se dejaba acariciar por la princesa, ante esto solo incrementó mas la molestia del demonio Perro.

-Solamente llegaron aquí, pensé que se irían antes del amanecer.-

-Tal vez no están solamente por el refugio de la nieve, Lord Sesshoumaru.- Kazuo mantenía los ojos cerrados, la suspicacia que tenía no iba a ser un error.- Deben de tener un deber importante.-

-No podemos confirmarlo, Lord Kazuo, pero esperemos que no estés del todo equivocado.-

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Los grandes cánidos entraron junto con Rin hacia el área del comedor, la hembra se echó a sus pies calentándola con su gran anatomía y grueso pelaje, y el macho únicamente se quedó sentado detrás de Sesshoumaru ante un atento comportamiento de todo, estaba en posición de alerta.

-Son hermosos… ¿Ya han sido alimentados?- Rin se encontraba maravillada. Su esposo únicamente la admiraba en silencio.

-En un momento Kazumi les buscará algunas sobras. Sería peligroso que vagaran por el limite de la aldea, podrían atacar a alguien.- Informó Hikari mientras empezaba a preparar los cuencos de té.

Al pasar cerca de Lord Kazuo, no pudo evitar sonrojarse. Gesto que no pasó desapercibido por él.

-No creo que sea para tanto querida niña- Lady Irasue sonrió- Se ve que a pesar de su naturaleza, no agredirían a nadie.-

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El desayuno comenzó en silencio, todos degustaban sus alimentos en excepción a la joven humana, el vientre entre momentos se le ponía rígido, y un pequeño pinchazo comenzaba a molestarla en la espalda baja, ignorando sus malestares, tomó un platón de sopa miso caliente, y comenzó a comer. Lady Irasue y Sesshoumaru levantaron la vista percibiendo el cambio de humor de la humana, sin quitarle un ojo de encima, cerciorándose de que todo se encontraba en óptimas condiciones. Pasaba continuamente su mano sobre el vientre tratando de apaciguar el movimiento de sus hijos, ella se había percatado de que no era solamente uno, le rogaba a Kami que le ayudara en la hora del parto, pues quería disfrutar de su familia a como fuera lugar. Un gruñido amenazante llenó el área donde se encontraban y vieron como el macho salió disparado hacia la entrada principal.

Kazuo y Sesshoumaru usaron su fuerza sobrenatural para llegar hacia la dirección del animal y se encontraron con la sorpresa de que el Príncipe Kenshi se encontraba de pie ante la entrada. El gran animal se agazapó mostrando todo su pelaje erizado, y el gutural gruñido se hizo notar en presencia de todos los involucrados, las gélidas pupilas del peli plateado taladraron al demonio que tuvo la osadía de regresar a sus dominios, Kazuo se entre puso mirando al joven de igual manera que Sesshoumaru.

-Sabes que no eres bienvenido aquí, Kenshi.- el aludido sonrió mezquinamente.

- Vengo en son de paz…- Alzó sus brazos en muestra de paz- Solo venía a visitar al Gran Lord de las Tierras del Oeste.- Satirizó- Y agradecerle…-

Sesshoumaru no se inmutó, el lobo blanco lo miraba entre ratos como esperando la orden para atacar, fijo su gélida mirada más hizo caso omiso regresando de nuevo a su palacio, logrando que Kenshi ardiera en cólera.

-¡Oye! ¡Te estoy hablando maldito demonio!- Este se acerco unos pasos hacia adelante, sin esperarse que el gran lobo blanco lo encararía gruñendo y ladrando fieramente.

Se sorprendió y retrocedió lentamente tragando espeso, el imponente animal no dejaba de gruñir amenazantemente, las poderosas patas del ser estaban listas para abalanzársele si hacía algo estúpido. El demonio blanco sonrió internamente y con la seriedad que le es característica, giró su rostro taladrándolo con infinito odio.

-No me interesa lo que digas, lárgate y no regreses más.-

-Hiciste que mi Padre me corriera de mis tierras, ¡No pudiste quedarte con el hocico callado!- Exclamó el joven- ¡No te bastó con quitarme a Rin! ¡Te arrepentirás maldito perro!-

-¡Suficiente!- Sentenció Sesshoumaru- ¡Lárgate de aquí si no quieres que mande tu cuerpo a tu padre hecho pedazos!-

-¿Y esperarás a que mi padre haga pedazos el imperio que Lord Inutaisho dejó a costo de sangre y hierro? Eso sería faltarle al honor de los de tu Clan.-

-Estás llegando al límite, Kenshi- Las garras del peli plata empezaron a emanar una fuerte cantidad de veneno. Esto fue señal suficiente para que el Príncipe del Norte apaciguara sus sentidos.

-…La felicidad no dura para siempre, Príncipe Sesshoumaru. Ella no vivirá toda la vida… No es inmortal…- Dando una reverencia, se retiró del lugar a prisa, siendo flanqueado por soldados inuyoukai.

Lo que sea que haya dicho ese muchacho, no le había gustado nada…

Kazuo endureció sus facciones y no ingresó al Palacio hasta que ese demonio haya salido de sus dominios. No le gustó la expresión que Sesshoumaru le brindó al final.

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Rin se encontraba merodeando por los jardines del lugar, a pesar de que todas las flores se encontraban sepultadas por la nieve, la brisa gélida lograba relajarla, su respiración estaba un poco agitada y los dolores en su espalda baja incrementaban con el lapso del tiempo, irradiándose también en el área de su bajo vientre, palpo su vientre en búsqueda de alguna anomalía, pero todo parecía estar correctamente, su nana le dio alcance unos instantes después, percibiendo en el ambiente del aire que tal vez este día podría tratarse del alumbramiento.

En absoluta discreción, ordenó a Hikari calentar agua en el fogón para rellenar la gran terma de la bañera y organizar todos los paños limpios que tuvieran, Kazumi se adelantó a preparar el manojo de hierbas medicinales y depositarlos en unos juncos ante la preparación de las cosas para el nacimiento de los hijos de la madre primeriza.

-¿Qué es lo que tienes, Rin? Y no le mientas a esta anciana, ella ha pasado casi un siglo en estas cosas de la naturaleza- La aludida se sonrojó.

-Me siento un poco cansada, nana. Eso es todo- Suspiró con pesadez- Tengo un poco de dolor en la baja espalda y bajo vientre, seguramente es por el peso de mis bebés.-

-¿Y cómo es que tú…?- Rin solo se encogió de hombros.

-Solo… lo sé…- La humana se aferró al brazo de la anciana demonio, agradeciendo su ayuda para poder ingresar nuevamente al Palacio.

-Voy a llevarte nuevamente a tus aposentos Rin, te has fatigado solo en unos cuantos pasos.-

-…Si…- su entrecortada voz la hizo alarmarse un poco- Nana llévame hacia mi futón…- Moura no tardó en llevarla hacia allá en compañía de la joven criada.

Sintió como su cuerpo se perlaba en sudor, se sentía pegajosa y el dolor de su espalda y vientre aumentaban todavía más. Se tomó nuevamente el vientre y trató de respirar acompasadamente, su nana la arropó tratándola de mantenerla en calor mientras que las criadas rellenaban la bañera con agua caliente , no se habían percatado de que la hembra la siguió y se acostó cerca de ella reconfortándola. Si, tenía miedo…

Miedo de que su Señor no aceptara a estos pequeños que tal vez pudiesen ser unos hanyous, o que en el momento del nacimiento de sus hijos ella….el animal se dejó caer entre las piernas de la humana con mucho cuidado, haciendo que ella la acariciara. Ella en cambio, lamió cariñosamente el dorso de sus manos.

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-¿Algún consejo?- El animal movió la cabeza hacia un lado en señal de incomprensión, ella sonrió- Tengo tanto miedo- Ella se aferró a abrazar a la hembra quien le lamió la cara con cuidado- Tal vez para ti sea de lo mas normal, pero es mi primera vez y tengo tanto temor…-

Cuando Moura salió de preparar las cosas para un posible nacimiento, se encontró con la gran imagen de su niña profundamente dormida acompañada de la hembra blanca. Cerró las persianas de los ventanales, y dejando algunas velas aromáticas encendidas, se retiró de ahí. Bajo para encontrarse con Sesshoumaru e informarle la situación. Sus instintos la guiaron hacia el despacho de su amo, pero el olor la turbó, parecía furia mesclada con preocupación, decidió anunciarse y se encontró con Lord Kazuo y su amo.

-¿Qué ocurre, Moura?-

-Mi señor, tal parece que Rin está empezando a sentir los dolores del parto.- Sonrió levemente cuando el aroma del Príncipe cambió a uno de sorpresa y de alegría aunque estuviera disfrazada ante esa mascara de indiferencia.

-¿Estás segura?- Sesshoumaru se puso de pie, Kazuo no cabía en si de la sorpresa y se acercó ante él.

-En lo absoluto Amo, en este momento está descansando. La hembra lobo está junto con ella. Logró apaciguarla, se encuentra muy nerviosa.-

-Lo hará bien- Kazuo reverenció- La dama Rin es una humana muy fuerte.-

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Las horas transcurrían dando paso a la fría noche de un invierno demasiado crudo, los dolores se habían incrementado, su cuerpo perlado en sudor solamente lograba que sintiera más frio, una humedad extraña había filtrado entre sus piernas, anunciándole que era hora. Ella fruncía el seño aguantando estoicamente los dolores del parto, pensó en su demonio, su esposo estaría orgulloso de ella, haría todo lo posible para que sus hijos nacieran con bien.

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-…Nana… ¿Dónde esta mi esposo?- dijo Rin agitada, aguantando un gemido debido a las crecientes contracciones.

-Sesshoumaru no puede acompañarte en estos momentos, no se le permite a los machos acudir en un parto.- menciono la anciana haciendo una pasta con las hierbas.

-…Pero quiero verlo… ¡Ah!...- tomó una de las sábanas crispando sus manos en ella.-…Quiero que mi Señor este conmigo en este momento…-

Sesshoumaru entró a la habitación ignorando los regaños de su antigua nana de permanecer afuera, y el olor de las hierbas relajó su creciente preocupación, su humana sería fuerte, saldría de esto y airosa. Se acercó a ella dándole un beso tierno y tranquilo, posando una de sus garras sobre su vientre, ella se aferró a él como si fuera parte de su oxígeno, lagrimeó y el olor a sal llego a las fosas nasales de su Señor. Sabía que tenia miedo, y lo que hizo fue abrazarla para calmarla.

-Tranquila, mi amor…- Él limpió las mejillas de Rin- Lo harás bien, eres la gran hembra de éste Sesshoumaru.-

-Quédate… por favor.- suplicó. El olor de su miedo lo hizo gruñir, no podía estar al lado de su hembra.

-Las mujeres no me lo permitirán, inclusive si las despedace después…- ella se rio- Eres una humana fuerte…- Volvió a besarla con ternura, mordiendo levemente su labio inferior haciendo suspirar a su hembra.

-Mi Señor, lo siento. Es hora…-

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El demonio volteó, fijando su vista en la anciana haciendo una reverencia, su imponente caminar hizo presencia, lo que le llamó la atención, es que esa pareja de chuchos* permanecía a su lado estoicamente, no dejaba de pensar en el comportamiento del macho, y la hembra que en estos momentos tenía las orejas fruncidas y se mostraba nerviosa, lo estaban sacando de quicio.

Dentro de la habitación, la nana y la joven criada la ayudaron a ingresar a la gran terma, esperando que el agua caliente ayudara a relajar el cuerpo de la humana, haciendo los dolores más soportables. Hikari se sentó en el borde de la bañera, tomando a Rin para que sintiera el apoyo. La nana esparció las hierbas molidas en el agua caliente, haciendo cánticos, para darles la bendición a la futura madre y a sus crías.

Rin sintió los dolores triplicarse, la demoniza del reino de Kazuo al recordar su alumbramiento sintió fraternal afecto, tomándole su mano, empezaron a instruirla.

-Princesa Rin, en cuanto sienta que es el momento, su cuerpo la ayudará.-

-…S-si…- inhalaba y exhalaba-… ¡Por Kami!...- Gritó.

-El agua te va a ayudar a relajarte mejor, y también será seguro cuando tus cachorros salgan.-

-… ¡N-no puedo aguantar más!...- dijo con voz agitada- ... ¡T-tengo miedo!-

- ¡En cuanto sientas el pinchazo del primer dolor, y te sientas segura, quiero que pujes! ¿Entendido?-

Rin asintió.

Se dejó guiar por sus sentidos, y empezó a pujar, frunció el rostro y se concentró a traer a sus hijos al mundo, las palabras de la anciana y la joven la alentaban a continuar. Se puso de cuclillas dentro de la terma siendo sujetada por Hikari y Moura, volviendo a pujar, no pudo evitar soltar un grito desgarrador, situó sus manos por debajo de su cuerpo, la nana sobaba la espalda de Rin con cataplasmas de hojas medicinales, para disminuir los dolores naturales, y la criada levantaba el pequeño Kimono a tal modo de que Rin tuviera más vista. Con un último grito desgarrador, el primer cachorro salió dentro del agua. Rin lo tomó apresuradamente, y el bebé estalló en un gran llanto, la joven criada lo tomó para arroparlo, la joven madre todavía tenía que seguir luchando.

Fuera de las habitaciones, se encontraban Kazuo, Sesshoumaru, Jaken y los lobos sentados frente a las puertas de las habitaciones principales. Pudieron escuchar los desgarradores gritos de la joven madre dando a luz, Sesshoumaru permanecía sereno y tranquilo, pero por dentro estaba frustrado por no haber estado dentro donde estaba su esposa, los gritos y gemidos que Rin soltaba le hacían entender el grande esfuerzo que estaba haciendo, sabía que lo haría bien. Al paso de unos minutos, un estruendoso llanto hizo hincharle el pecho de gran orgullo. Uno de sus cachorros habían nacido sanos y por su sutil aroma pudo percibir que era…

-¡Un macho, Mi Señor!- Anunció el peli negro con gran orgullo, el youkai Sonrió levemente.

-Todavía no ha terminado- Jaken estaba cruzado de brazos, aguantando las lágrimas que se juntaban en sus enormes ojos de sapo- La mocosa acaba de darle una gran dicha al Amo Bonito.-

Sesshoumaru tomó el comentario con humor, en espera de que su anciana nana le permitiera el acceso hacia donde estaban sus cachorros, no le importaba si salían como el inepto de su hermano, o si eran demonios puros, lo único que quería en estos momentos era tomarlos entre sus brazos, la impaciencia hacía mella en su ser. Los protegería a toda costa.

Una gran pata blanca sobre su muslo lo sacó de sus pensamientos, volteó a ver al animal, sus ojos dorados se conectaron. El gran macho no le quitaba los ojos de encima al Lord, ante esto, el youkai solo pasó sus garras sobre la cabeza y continuaron esperando.

La luna se había abierto paso entre esa noche, brillando imponente y soberbia, el frío calaba los huesos, y la humana continuaba con su labor. Lo sentía tan cerca, su otro cachorro estaba cerca de nacer, volvió a pujar soltando el último grito desgarrador junto con el mayor esfuerzo, sujetó a su bebe como hacía unos instantes quien al salir del agua lloró con fuerza, las mujeres se encontraban llorando de alegría.

Moura terminó de retirarle a Rin las placentas de sus hijos y anudó los pequeños cordones umbilicales, la sacó de la gran bañera secándola y poniéndole un kimono con piel de liebre para poder abrigarla y hacerla entrar en calor, la recostó nuevamente dentro del futón y preparó a los cachorros para ser presentados ante su padre. Rin se encontraba exhausta y debilitada. No podía dejar de llorar, estaba contenta, agradecida, y enamorada aún más que nunca, ya quería tener a su esposo con ella para presentarle a sus pequeños.

Las mujeres salieron de la habitación, encontrándose con los machos frente a la puerta, Moura y la criada reverenciaron a Sesshoumaru.

-Felicitaciones, Amo Sesshoumaru. Han nacido dos cachorros sanos y fuertes.- dijo Hikari con alegría.

Los criados se aproximaron al Amo y le reverenciaron con honor.

Su madre llegó apresuradamente exigiendo el por qué no se le había informado, pero eso quedó atrás cuando vieron a la joven recostada sosteniendo con lágrimas en los ojos a dos pequeños bultitos. Ella alzo la vista y sus lágrimas de alegría cayeron sobre sus mejillas, Lady Irasue observó todo con alegría, y antes de que se dejaran entrever sus lágrimas decidió dejar a su hijo a solas con la pequeña.

Sesshoumaru se acercó con cuidado hacia ella, ansioso, descubrió uno por uno a sus hijos viendo dos pelusitas grises estaban sobre sus cabecitas, y sacaron únicamente una fina línea color purpura característica de su Clan. Su corazón sintió una calidez enorme y orgullo, le había entregado unos machos sanos y fuertes que en cuanto tuvieran la edad adecuada, los entrenaría para hacerlos los más fuertes.

-Sesshoumaru…- Ella quería decirle tantas cosas, pero su demonio la silenció con un beso suave y lleno de amor.

-Descansa mujer- Ella suspiró- Me has convertido en el ser más feliz y orgulloso.- Ante la intimidad de su lecho, ella guardó en su memoria como su demonio se expresaba tan cariñosamente.- Y los protegeré con mi vida.-

-Te amo… Sesshoumaru…-

- Yo te amo aún más Rin…-

La dejó descansar, tomando a sus crías entre sus brazos, el aroma de sus hijos le informó que estaban inquietos por estar con su padre, y cambio drásticamente a uno de alegría. Miró hacia la Luna con regocijo, escuchó a los lobos aullando hacia la luna. Eran aullidos de alegría y de orgullo. Ahora si podía afirmar con convicción lo que Inutaisho le dijo hace tiempo atrás…

-Padre… ahora ya tengo a quien proteger.-

Regresó hacia el futón colocando a sus cachorros encima de él, arropándolos con el mokomoko. Cerró los ojos y se dejó llevar por la tranquilidad de la noche.

El aullido de ambos lobos serenó a la Gran Luna deseando su bendición a su regente, sin contar que algo estaba aún por suceder.

Continuará…


Buenos días pequeñas.

Me levante super inspirada, tengo muchísimas ideas para lo que viene a continuación ¿Se acuerdan cómo terminaron las cosas entre Kenshi y Sesshoumaru? Bueno, pues va a pasar algo interesante por ahí.

Y si, Hikari y Kazuo van a aparecer en el próximo episodio.

Un beso enorme y espero les haya gustado este capitulo, me sentí mas suelta al efectuarlo, aunque también agradecería las sugerencias. Que tengan un excelente jueves y nos vemos pronto!

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