EXPERIMENTO N°4: SIN ARREPENTIMIENTOS

Por más que daba clic en actualizar, la foto de perfil, naturalmente, siempre era la misma. Una linda chica de cabello castaño y ojos café sonreía coquetamente en la pantalla. Tenía casi dos mil amigos en la conocida red social llamada Facebook y los comentarios al pie de la foto iban de unos muy agradables a otros subidos de tono. Había visto varias chicas de su tipo en la universidad y está de más decir que les tenía pánico. En realidad, le tenía pánico a todo ser humano atractivo que se acercara demasiado al hombre de su vida.

– Es demasiado bonita…

Días antes, Souichi había recibido un misterioso correo de una científica de la Universidad de Tokyo que, al parecer, estaba realizando un proyecto similar al que el chico de Nagoya había entregado a su profesor el mes anterior. A partir de ahí había nacido el interés de dicha mujer en reunirse con el famoso Tatsumi Souichi. Este le había contado a su asistente a grandes rasgos sobre el mensaje y, como era de esperarse, a él solo le había bastado oír su nombre para ir corriendo a su laptop y ver los resultados que arrojaba la búsqueda del nombre Kikkawa Naho. Para su martirio, se trataba de una joven y hermosa mujer.

El resto de la semana, Tetsuhiro había estado ensimismado en su propio mundo pensando en la forma de persuadir a su Senpai para que no fuera a esa reunión, (así la llamaba para no tener que decirle cita), aunque sabía que lo más probable era recibir un buen coscorrón por celoso y entrometido.

– Tadaima.

– O-Okaeri nasai, Senpai. ¿Todo bien?

– Sí, solo estoy algo cansado. ¿Cocinaste hoy?

– Ajá, te serviré enseguida.

Souichi pasó del baño al comedor en donde pudo al fin disfrutar de una comida caliente y deliciosa luego de una jornada agotadora. No podía negar que el chico que lo asistía tenía verdadero talento para la cocina.

– Senpai, mañana es tu reunión con aquella científica, ¿cierto?

– Sí, sí, mañana al mediodía. ¿Por qué lo preguntas?

– Yo quería saber si… si podía ir contigo…

Souichi lo escudriñó de pies a cabeza y arqueó una ceja con una expresión interrogativa en el rostro.

– ¿P-Por qué me miras así?

– Por nada. Solo me preguntaba por qué querrías venir conmigo.

– P-Pues porque me da curiosidad su proyecto.

– Al regreso te contaré los detalles.

Tetsuhiro entró en modo suspicaz. No se iba a rendir tan fácilmente incluso si eso significaba ser salvajemente golpeado. Antes de volver a insistir, Souichi dejó los hashi a un lado del plato y lo miró a los ojos.

– ¿Qué está pasando contigo esta vez?

– N-Nada, es solo que…

– Habla antes de que se me agote la paciencia.

– Yo… Yo vi la foto de la supuesta científica…

– ¿Supuesta? ¿Crees que te estoy mintiendo?

– ¡Nada de eso, Senpai! – negó con ambas manos – Es solo que… ella no parece científica.

– ¿Y tú cómo lo sabes? ¿La conoces acaso?

Tetsuhiro hizo una pausa en su cena y se puso de pie para ir a su habitación. Souichi lo siguió con la mirada hasta que reapareció con su laptop encendida y una página abierta que mostraba a una mujer joven y bastante atractiva. El menor tragó en seco sabiendo que la reacción de su Senpai sería peor de lo que imaginaba, pero aun así, iba a arriesgarse.

– Ella es Kikkawa Naho.

Souichi la observó detenidamente y quedó en silencio unos breves segundos. Luego de esto, siguió comiendo como si nada hubiera pasado. El menor no supo cómo interpretar esa reacción, ya que se esperaba un grito o un golpe. Podría decirse que su silencio le había dolido más.

– ¿La buscaste por esa cosa?

– S-Solo tenía curiosidad.

– No, Morinaga, eso no se llama curiosidad. Se llama desconfianza.

– No me digas eso por favor.

– Escúchame bien. Voy a ir a esa reunión quieras o no. Ya va siendo tiempo de que te calmes un poco. Nada de lo que yo diga o haga basta para ti, ¿na?

– Pero es que mírala bien, no parece científica. Podría haberte mentido para salir contigo y atraparte o algo así.

– Atraparme, ¿eh?

– Exacto. Tal vez fue porque olvidaste decirle que tú ya tenías a alguien.

– ¿Ah, sí? ¿Por qué será que no lo recuerdo? – contestó con ironía.

– Vamos, Senpai, estoy hablando de mí.

– ¡Ya lo sé, estúpido, por eso lo digo! ¿Sabes qué? Ya se me quitó el hambre. Me voy a dormir. Mañana tengo una cita importante.

– Matte, Sen…

Souichi no dio cabida a los peros de su kouhai y se fue hacia su habitación dando grandes zancadas. El menor suspiró desolado y contempló una vez más la pantalla de la computadora sintiendo el amargo sabor de los celos subiéndole desde la boca del estómago. ¿Sería que finalmente había aparecido alguien que quería quitarle a Souichi? ¿Y él estaba dispuesto a tirar por la borda todo lo que habían vivido por una mujer de dudosa reputación?

Tengo miedo…

No se daba cuenta de que él no era el único que saldría lastimado a causa de sus absurdos celos.


Esa noche, tal y como lo pensó, no había podido dormir. Había estado dando vueltas y vueltas en la cama tratando de alejar los crueles pensamientos que se abarrotaban en su mente. Se encontró con su superior en el pasillo y le dio los buenos días sin mirarlo. Intentó huir como de costumbre, mas Souichi lo detuvo intempestivamente.

– Espera, Morinaga, he cambiado de opinión.

– ¿Eh? ¿Respecto a qué, Senpai?

– Vas a venir conmigo hoy.

– ¿Q-Qué? ¿P-Por qué?

– Porque quiero presentarte formalmente a Kikkawa-san.

Y dicho esto, se dirigió al baño dejándolo con una funesta expresión. Después del desayuno, naturalmente había tenido que tomarlo del cuello y llevarlo a rastras hasta el restaurante en el que tendría lugar la presentación formal de Kikkawa Naho, y de paso, la sentencia de muerte de Morinaga Tetsuhiro.


– Senpai, por favor…

– ¿No te morías por conocerla acaso? Ah, mira, ahí está.

Cuando el muchacho se giró en cámara lenta para conocer a la que creía su rival, se quedó quieto como una estatua. Ciertamente su nuevo rostro habría hecho reír a cualquiera. Su mandíbula había caído hasta el suelo y sus ojos no podrían haberse abierto un milímetro más. Souichi, con su típica cara de póquer, pero sin tratar de ocultar el tono sarcástico en su voz, inició la presentación.

– Hajimemashite, Kikkawa-san. Soy Tatsumi Souichi, y este es mi asistente, Morinaga Tetsuhiro.

– Yoroshiku onegaishimasu, Tatsumi-kun, Morinaga-kun.

– Morinaga, te presento a Kikkawa Naho-san. Como te había contado, ella es científica e investigadora de la Universidad de Tokyo desde hace unos… ¿cuántos años, Kikkawa-san?

– Etto ne… – dijo pensativa – Comencé a ejercer a los 22 años y el mes pasado cumplí 40 años de carrera científica. El tiempo se pasa rápido, ¿verdad?

Tetsuhiro tenía los ojos clavados en la elegante mujer frente a él, y su reverencia solo la había hecho por inercia. El yoroshiku había salido por sílabas de sus labios, pero afortunadamente la científica no lo notó. El menor no sabía dónde esconderse. Su rostro estaba totalmente rojo de vergüenza y lágrimas de arrepentimiento y frustración amenazaban con brotar de sus ojos.

– Vamos a sentarnos, Tatsumi-kun. Estoy segura de que tenemos mucho de qué hablar acerca de nuestros proyectos.

– Por supuesto. Consigue una mesa, Morinaga.

– Y-Yo creo que no me siento m-muy bien, será mejor q-que…

– Oh no. Tú te quedas. – sentenció en un murmullo.

La expresión intimidante de Souichi lo hizo tragar en seco y tuvo que sentarse al lado de la mujer por mucho que quisiera salir corriendo de allí. Está de más decir que el resto del almuerzo fingió estar bien como acostumbraba a hacer. Esto no pasó desapercibido para el mayor, pero tenía que darle un severo escarmiento por su comportamiento.

Tenía que aprender la lección por más doloroso que fuera para él verlo sufrir.


Al cerrarse la puerta, hubo un silencio casi sepulcral. Ambos colgaron sus abrigos y quedaron frente a frente, aunque a decir verdad, Tetsuhiro no se atrevía a mirar al mayor. Souichi actuaba de lo más normal a pesar de que en el fondo estaba molesto.

– ¿Y qué te pareció Kikkawa-san? Muy hermosa a sus 62 años, ¿na?

La ironía en la voz de Souichi lo hizo sentirse más miserable. Una vez más había metido la pata. Y hasta el fondo.

– Lo lamento, Senpai.

– No es la primera vez que haces esto, Morinaga. ¿Facebook? ¿En serio? ¡Debe haber mil personas con ese nombre y a tu cerebro se le ocurrió pensar que era esa chica! ¿Y si en verdad hubiera sido ella, cambiaba algo acaso?

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas y uno que otro sollozo se escapó de sus labios. Ya no estaba seguro si esas lágrimas eran de arrepentimiento por sus actos o de alivio de que nadie había querido quitarle a Senpai en ningún momento. Y ese egoísmo lo hizo sentirse aun peor. En esas situaciones se preguntaba si realmente Senpai no estaría ya cansado de sus caprichos y sus celos.

– Sé que cometí un error. Perdóname por favor.

– No lo sé, en verdad que ya no lo sé. Creo que será mejor que hablemos otro día de esto. Oyasumi.

Souichi ya estaba empezando a alejarse, pero Tetsuhiro sintió la imperiosa necesidad de hacerle aquella pregunta masoquista y dolorosa que había estado taladrándolo el cerebro desde esa mañana. Si la respuesta era positiva, su mundo terminaría de derrumbarse.

– Espera, Senpai. Yo quiero preguntarte algo. Sé que siempre te estoy causando problemas y que soy una molestia, y que esta vez me pasé, pero… Senpai, tú… ¿tú te arrepientes de todo lo que hemos hecho y vivido juntos?

Hubo una pequeña pausa en la que el corazón de Tetsuhiro se encogió por la anticipación de la posible respuesta del otro hombre. ¿Por qué se le había ocurrido preguntarle algo así? Quizá solo era cuestión de tiempo que el otro se aburriera de su conducta celosa y posesiva y terminara dejándolo. Y él moriría de dolor si así fuera. Souichi estuvo a punto de lanzar su "¿Qué tiene que ver eso ahora?", pero por algún motivo no lo hizo, y más bien otra cosa fue la que salió de sus labios.

– ¿Tú qué crees?

Tras esa repregunta, una profunda tristeza ensombreció el rostro del más joven y su corazón terminó de hundirse. ¿Acaso Souichi estaba casi aseverando lo que él más temía oír? Entretanto, el hombre de cabello largo resopló con fastidio antes de responder.

– Estás pensando que mi respuesta es sí, ¿verdad? En serio, Morinaga, ¿hace cuánto tiempo me conoces?

– ¿Eh?

Souichi se giró y lo quedó viendo con una expresión seria, pero que reflejaba la mayor sinceridad del mundo. Le parecía casi una broma de mal gusto que el otro siguiera dudando después de todo lo que él le había entregado.

– Mi respuesta es no. No, Morinaga, no me arrepiento de nada.

Los ojos del jovencito se abrieron de par en par y su alma se iluminó. Sin dudar un segundo, corrió hacia él con el corazón agitado. Lo cogió de la cintura con un brazo, y con la mano contraria lo tomó del mentón. En el instante en el que se disponía a besarlo, el otro lo frenó con la palma de su mano. Tetsuhiro pestañeó incrédulo varias veces.

– S-Sen…

– Tienes que aprender que los problemas no se arreglan con lágrimas o con besos. Aún estoy molesto contigo. ¿Crees que no me duele que desconfíes de mí a cada momento?

– Lo siento, Senpai. – contestó cabizbajo.

– Me voy a dormir. Tú también deberías hacerlo. Ya hablaremos después, ¿de acuerdo?

– Hai. Oyasumi, Senpai.

– Oyasumi.

El jovencito de ojos verdes quedose ahí de pie por unos minutos sin creerse lo que acababa de ocurrir. Mientras él mismo era la persona más insegura que conocía, Souichi no había dudado ni un segundo en su respuesta. No me arrepiento de nada era todo lo que había querido escuchar. Y una frase tan simple como esa le había devuelto la esperanza de hacer completamente suyo su corazón uno de esos días.

Porque tal vez, hasta cierto punto, una parte ya era suya.


– ¿Senpai, vas a salir?

Souichi se encontraba en el genkan colocándose las zapatillas y se disponía a dejar el departamento con mochila en mano. Lo extraño era que, para ser domingo, tuviera algo que hacer tan temprano.

– Sí, sí. Resulta que el sobrino de Kikkawa-san está en su último año de biología y tiene unas dudas sobre su tesis. Por eso quiere reunirse conmigo y consultarme…

Souichi calló de pronto y se maldijo internamente por soltar tanta información, pero ya era tarde. La cara de Tetsuhiro se desencajó por completo y, sin previo aviso, se lanzó al suelo atrapando la pierna de Souichi entre sus brazos como un niño que hace una rabieta porque no le compran un dulce o un juguete. El mayor se sacudía tratando de liberarse de su celosa mascota que ahora lloriqueaba sin cesar.

– ¡Senpai, dime que su sobrino también tiene 60 años! ¡Dímelo!

– ¿Ahou ka? ¿Cómo podría ser eso posible? ¡Y ya suéltame! ¡Me vas a arrancar la pierna!

– ¡No vayas!

– Está decidido… ¡Mañana mismo te interno en una clínica psiquiátrica!

– ¡SENPAI!

Ciertamente Souichi empezaba a arrepentirse de no arrepentirse de nada en situaciones como estas en las que los celos de su asistente eran más copiosos que sus neuronas.

Y en especial porque siempre era una parte de su cuerpo la que sufría las consecuencias.


Los celos son positivos en una pareja siempre y cuando tengan su límite. Pero si estamos hablando de Morinaga, creo que eso no se aplica, cierto? XD Espero que hayan disfrutado de este shot también. Me gusta escribir historias agridulces de nuestros chicos, ya que esa palabra describe muy bien su relación, no creen?

Nos vemos pronto en un nuevo experimento! ;D

Ja nee!

**Jane Ko**