EXPERIMENTO N°5: ERRAR ES HUMANO, ACARICIAR ES DIVINO

Los ligeros golpes a la puerta resonaron en sus oídos y suspiró cansado mandando al diablo la poca concentración que estaba dedicándole a su trabajo. Y es que por más vueltas que le daba al asunto, no lograba estar satisfecho con los resultados de su informe final, ya que había algo en este que definitivamente no terminaba de convencerlo. Para su buena suerte, el tirano siempre llegaba en el momento preciso en todos los aspectos de su vida.

– Morinaga, ¿estás despierto?

– Ah, sí, Senpai, pasa por favor.

– Ya es algo tarde, ¿sucede algo? – interrogó entrando al dormitorio.

– Sí, es que en clase estamos haciendo una tabla de comparaciones entre dos reactivos, pero una de las reacciones de uno de ellos no cuadra con los resultados estándares.

– ¿Eh? Eso es muy extraño. ¿Aplicaste las fórmulas básicas?

– Por supuesto, Senpai.

– ¿Qué hay de las pruebas de laboratorio?

– Todo en orden.

– Déjame ver.

Souichi cogió el informe y recorrió con la vista cada detalle de este. Efectivamente, todo estaba correcto, lo cual significaba que el menor había hecho un buen trabajo como siempre. Todo estaba perfecto salvo por un pequeñísimo detalle que se le había pasado por completo a su asistente, mas no a un científico minucioso y experimentado como él.

– Encontré el error.

– ¿E-Eh? ¿Hontou?

Souichi señaló con el índice la cifra errónea y empezó a explicar detalladamente por qué estaba incorrecto ese cálculo que parecía insignificante a simple vista. Cuando Tetsuhiro levantó la mirada hacia el rostro de su Senpai para atenderlo, algo se lo impidió. El largo cabello del hombre rozaba ligeramente su mejilla haciéndolo temblar, sin mencionar que este estaba recién lavado por lo que se sentía más suave y sedoso al tacto. Por inercia, cogió un mechón y empezó aspirar su delicioso aroma.

– Y por eso estaba mal, ¿entendiste?

– ¿Ah?

– ¿Cómo que "¿Ah?"? Morinaga, ¿es mi impresión o no has escuchado ni una palabra de lo que te he estado diciendo?

– S-Sumimasen, me distraje.

– ¿Qué diablos te distrajo ahora? En serio, pareces un mocoso que se distrae cuando pasa una mosca.

– N-No es eso…

– ¿Entonces?

– Fue tu cabello. – confesó un poco avergonzado.

– ¿Qué tiene que ver mi cabello en esto?

– Es que… huele bien…

Souichi se sonrojó a sobremanera e intentó ocultarlo precisamente con su cabello, el culpable de que toda esa absurda situación hubiera comenzado. Esquivó la mirada intentando decir o hacer algo que no intensificara su vergüenza.

– T-Tiene que oler bien, acabo de bañarme… Quiero decir, no hables esas cosas, es pervertido.

Tetsuhiro esbozó una pequeña sonrisa y lo tomó de la cintura para atraerlo hacia él hundiendo el rostro en su cuello para aspirar más su olor. Nunca se cansaría de embriagarse en ese fascinante aroma que hechizaba sus sentidos de una manera indescriptible.

– Hueles tan delicioso…

– Y-Ya te dije que no… ¿Oi, qué diablos haces?

El osado chiquillo había metido las manos bajo la camisa de su pijama y había empezado a acariciar suavemente el contorno de su cuerpo ascendiendo despacio. Una mano subía por su espalda y la otra por su abdomen. Aquellos dedos tenían un efecto electrizante que lo desarmaban por completo.

– T-Tus manos están frías…

– Lo siento, es que acabo de lavármelas.

Souichi suspiraba y se estremecía ante su tacto y no podía ocultarlo. Siempre se preguntaba por qué era incapaz de detenerlo en esas ocasiones en donde se sentía presa de una sensación que no sabía reconocer. El muchachito se moría de ganas de tener un apasionado encuentro con él después de un largo y tedioso día de universidad, pero no estaba seguro de cuánto le tomaría convencerlo. Decidió optar por la táctica de ser claro y directo, para lo cual necesitaba hacer uso de su tono de voz sensual y dominante.

– Senpai, por favor, quédate esta noche…

– N-No…

– ¿Por qué no?

– Porque…

En realidad, por más que buscara en su disco duro de excusas, Souichi no encontraba en ese instante una razón de peso para negarse. Era tan solo su típica costumbre de hacerse el difícil, según el menor, cuyas manos fueron calentándose a medida que recorría la tibia piel de su superior. Se puso de pie sin que el otro se percatara y empezó a besar su mejilla. Cuando comenzó a bajar hacia su cuello, los suspiros de Souichi empezaron a transformarse en gemidos bajos.

– M-Morinaga, hoy no…

– Te repito la pregunta: ¿Por qué no?

– P-Porque…

¿Cómo es que unas cuantas caricias eran capaces de marearlo tanto? Su corazón latía con fuerza y tuvo miedo de que el otro lo notara, pues su mano derecha estaba ahora recorriendo esa zona. Asimismo acompañaba todo aquello con pequeñas marcas húmedas que iban dejando sus labios en el camino.

– Si no me das una razón válida, no te haré caso.

– P-Porque no he terminado de explicarte tu error en el informe.

– ¿Ah, eso? – dijo deteniéndose de golpe – Bueno, está bien, explícame.

Souichi carraspeó mientras trataba de calmar el temblor de su cuerpo. Tetsuhiro se dio cuenta de esta reacción y se sentó al borde de la cama disimulando una pícara sonrisa. Quería ver qué tanto era capaz de resistirse el terco científico. Mientras este retomaba su explicación, las traviesas manos del otro volvieron a las andadas y se colaron esta vez dentro de su pantalón haciéndolo brincar.

– ¡O-Oi, baka! ¡Te dije que te concentraras!

– Gomen, gomen, es que es difícil concentrarme cuando te tengo tan cerca.

– ¡Pues inténtalo al menos, bastardo del demonio!

– Tienes razón, lo siento.

El ansioso jovencito retiró las manos de zonas indebidas y las colocó sobre el colchón donde Souichi pudiera verlas. La explicación fue concisa porque el menor captaba las explicaciones con bastante rapidez. Todo esto le recordó sin querer al día en el que Senpai le había dicho que si no hubiera sido útil desde un comienzo, sencillamente no lo habría usado. Agradeció en silencio a la vida por haberlo dotado con un alto coeficiente intelectual y una gran disposición para retener información.

– ¿Ahora sí está claro?

– Ah, Senpai, mi amigo y yo no sabíamos qué más hacer, en serio nos has salvado. ¡Eres tan brillante! ¡Todo un genio!

– No es para tanto. Y no es que yo sea un genio, es que tú y tu amigo son unos idiotas.

– Senpai… ¿estás celoso? – preguntó con un tono de esperanza.

– ¿Por qué siempre tienes que andar interpretando todo a tu antojo?

– Es porque hiciste énfasis en la palabra amigo.

– No lo hice y basta de tonterías. Me voy a dormir.

– ¿Ehhh? ¿Pero y lo que estábamos haciendo?

– Lo que estabas haciendo tú, querrás decir. Olvídalo, tengo sueño. – sentenció dando media vuelta.

– Senpai, no eres justo.

– ¡Oyasumi!

– ¡Mou, Senpai!

El científico menor se cruzó de brazos y justo cuando pensaba que Senpai saldría huyendo de esa habitación, vio que se detenía en seco. ¿Qué le sucedía? Por instinto más que por conciencia, Tetsuhiro se puso de pie, avanzó hacia Souichi y lo tomó de los hombros para girarlo. Grande fue su sorpresa al ver su encantador rostro totalmente ruborizado. Sonrió. ¿Quién podría resistirse a algo así?

Lo que pasó por su mente antes de atraerlo de la cintura hacia sus labios fue que a su Senpai definitivamente le encantaba hacerse de rogar sin siquiera ser consciente de ello. Cuando el intenso beso concluyó, Souichi aún temblaba. Sus manos empujaron sin mucha fuerza el torso de su compañero y se dio media vuelta tratando de ocultar inútilmente la reacción de su cuerpo, y las palabras surgieron trémulas de su boca.

– D-Dejaré la puerta abierta por si tienes más dudas…

Dicho esto, salió casi volando del dormitorio. Tetsuhiro se quedó congelado en su sitio. ¿Acaso esa había sido una invitación? Imposible. Souichi aún no permitía que hicieran eso en su cuarto, era un hombre muy serio con su privacidad y su espacio personal. ¿O a qué puerta se estaba refiriendo? Quizá lo que estaba insinuando era que regresaría si Tetsuhiro lo llamaba para hacerle alguna otra consulta. Después de todo, su Senpai podía no tener paciencia, pero siempre estaba presto a ayudar a los demás, en especial a él. Era una de las tantas cualidades que amaba de aquel hombre.

Por otro lado, ¿qué tanto estaba esperando para averiguarlo?

No pudo evitar sonreír estúpidamente para sí mismo con el corazón agitado, mientras buscaba desesperado en todos sus informes la mayor cantidad posible de errores.


Para Tetsu siempre es difícil concentrarse cuando el amor de su vida está recién bañadito, eh? Hace mucho que quería escribir un one shot en el que Mori le pidiera ayuda a Senpai en una tarea y se distrajera por culpa de sus encantos. Sería muy tierno ver una escena así en el manga, ne?

Como siempre gracias por leer y comentar!

Nos encontramos en el próximo experimento!

Ja nee!

**Jane Ko**