Los personajes NO SON MIOS.
Son de Rumiko Takahashi.
13.- Tormenta
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La madre descansaba cubierta con una gruesa piel, sentía su cuerpo lo bastante aletargado como para querer levantarse. Después, recordó a sus cachorros, se levantó abruptamente, buscándolos con desesperación, hasta que la nana la tomó tranquilizándola.
-Con cuidado, Rin. Aquí los tengo.- Los pequeños se encontraban bien enrollados en una fina manta, elaborada con el pelaje del mokomoko de su padre.
-¿No te han molestado?- Rin tomó a uno de sus cachorros, temiendo en hacerle daño.
-Para nada, pequeña. Han estado de lo más tranquilos, te aconsejaría que empezaras a amamantarlos.-
-Mis pequeños…- Con ayuda de Moura, bajó su manga de la yukata y comenzó a dar de lactar a una de las crías.
-Nana… ¿Dónde está…- La anciana sonrió con ternura y le acaricio el cabello.
-Está tomando un baño en las termas, en un momento se reunirá contigo.-
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Tranquilizándose, siguió atendiendo a su pequeño. Tenia tantos nombres corriendo por su mente, al ser los cachorros del gran Inuyoukai, tenían que ser nombres poderosos, unos minutos más tarde, Sesshoumaru ingresó a sus aposentos visitiendo un kosode color gris oscuro junto con un hakama azul, también llevaba su largo cabello sujetado en una coleta alta, Rin lo miraba embelesada. Sus orbes dorados bebían con devoción la imagen que su mujer le brindaba, ver a uno de sus cachorros entre los brazos de su hembra y con una sonrisa en el rostro, lo llenaba de calidez, Moura le entregó al otro cachorro en sus brazos, y se excusó saliendo de los aposentos del Amo. Tomo asiento cerca de ella, recibiéndolo con un cálido y profundo beso.
-¿Cómo te sientes princesa?-
-Ya mejor, mi Señor.- dijo al sentir como el pequeño soltaba su pezón- Son tan pequeños…-
-Serán fuertes, Rin.- Su orgullo youkai no podía estar mas inflado.
Una de las garras de su macho acarició con sumo cuidado una de las mejillas del cachorro que había dejado de mamar, y lo tomó con cuidado, acercándole al otro para que procediera a hacer lo mismo. Mientras atendía al otro pequeño, él se concentró a dar suaves palmadas en la diminuta espalda para tranquilizarlo, el aroma de sus propios cachorros le manifestaban que se sentían seguros entre los brazos de sus padres, su sentido del olfato adivinó que la anciana youkai venia en camino con los alimentos de Rin, al saberse finalizada la tarea de lactancia, el demonio tomó a ambos pequeños y los situó dentro del cesto de mimbre fabricado especialmente para ellos, dejándolos cerca de la madre.
Se situó tras ella y recostó la espalda femenina sobre su cuerpo, el aroma dulzón de la leche materna hacía aflorar sus instintos posesivos, rodeando a Rin delicadamente entre sus brazos y lamiendo su marca de posesión, sintiéndola tranquila y relajada , no quería que ningún macho se le acercara ni a ella ni a los bebés, eran su familia… Escuchó a Moura advertirle a Jaken que si valoraba su vida, que no ingresara a menos de tener su permiso.
Ella entró llevando los alimentos hacia el Amo, dejándoles una gran jarra con té, sopa ramen, oni guiris, salmón a la plancha y cuatro cuencos de arroz, seguidos de vegetales al vapor y una humeante tetera de leche caliente. Sesshoumaru tomó la leche caliente para que Rin la tomara, compartieron sus alimentos de manera tranquila y entre una que otra caricia esporádica. Ver a su esposo con el cabello recogido hizo que su corazón latiera con fuerza, se veía estupendamente guapo, agradecía a Kami-Sama la dicha de estar junto a él, no podía imaginarse la vida sin Sesshoumaru… por lo que atinó a tomar el rostro del youkai y pasar una de sus manos en su mejilla, delineando con sus dedos las marcas purpuras de su rostro, haciendo que su demonio entrecerrara los ojos ante tan placentero contacto.
-¿En qué piensa, Mi Señora?- dijo al posar su mentón sobre el hueco del cuello y hombro de la humana.
-En que soy la mujer más dichosa, al tenerte como mi compañero…- Soltó tiernamente.
El aludido solo atinó a gruñir juguetonamente, y Rin por otra parte, se dejaba abrazar aún más por Sesshomaru, el romance estaba aún mas vivo y el amor más consolidado que nunca.
-¿No te arrepientes de unirte a mí, Rin?- El eco de su voz retumbó en el subconsciente de la humana, haciéndola voltear abruptamente.
-Nunca me arrepentiría de mi decisión, Sesshoumaru…- Ella tomó entre sus manos el bello rostro de su demonio, quien la miraba fijamente- No importa cuánto tiempo esté en este mundo, pero sé que no importa en cuantas vidas resucitemos, siempre voy a seguirte a donde quiera que vayas…- Finalizó.
Al escuchar tal declaración, el peli plata fue recostando lentamente a su esposa quedando encima de ella, arrebatándole un beso lleno de pasión contenida y de amor, procuró de no lastimarla con el peso de su cuerpo, tomó sus muñecas con cuidado y entrelazó sus garras con las manos de ella, disfrutando del calor y del sutil aroma de su pequeña.
Esta vez, el gran Sesshoumaru dejó llevarse por la abrumadora sensación de sentirse amado, mientras rompían suavemente el beso, Rin lo abrazó sintiendo su calor metiendo las manos dentro de su kosode, acariciando con la yema de sus dedos el esculpido abdomen de su Señor, ignorando que la inocente caricia encendía su libido, él únicamente se dedicaba a disfrutar, besando y acariciando la coronilla de la cabeza de su pequeña, pasando sus garras en su cabello ébano, la intimidad dentro de los aposentos de los Señores del Oeste fue el claro mensaje para todos los criados de que los dejaran completamente solos.
Sobraban las palabras…
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Por otro lado del Castillo, Hikari se encontraba en las cocinas principales, preparando los alimentos que ahora la Dama Rin debía consumir si es que quería dar de mamar a los cachorros, Koichi estaba sentado en la mesa tomando una taza de leche caliente y comiendo unos pastelillos, la criada observaba el comportamiento de su hijo, y tenía todos los rasgos de Kazuo. Suspiró nostálgica…
Se concentró a rebanar los cebollines y a quitarle las espinas al salmón, cuando sintió una presencia entrando al comedor y escuchó el grito de felicidad de su hijo.
-¡Lord Kazuo!- El demonio le sonrió felizmente, tomando en brazos a su pequeña réplica.
-¿Qué haces, pequeño guerrero?- Volvieron a sentarse en el tatami mientras ella le servía un poco de té, ante esta acción, Kazuo no pudo evitar sentir que estuvieran en su propio Castillo, y que la mujer era su compañera, tragó el espeso nudo que se le formó en la garganta y siguió concentrado en el menor.
-Mi mami me estaba preparando la cena ¿Quieres comer conmigo?- iba a contestar, pero Hikari hablo por él.
-Cielo, seguramente el Principe Kazuo tiene cosas importantes que hacer.-
-Pero he sido invitado a cenar- mencionó mirándola fijamente- Así que acepto acompañarlos.-
Ella no mencionó palabra alguna, y comenzó a calentar el wok, vertiendo un poco de aceite y el ajo y el jengibre picado, echo los vegetales y las porciones de pescado y salmón para después mezclarlo con arroz al vapor que ya tenía preparado. Llevó la preparación a la mesa y sirvió la comida, ya que cada quien tenía su porción, los tres al mismo tiempo agradecieron.
-¡Itadaikimasu!- vocearon al unisonó.
Koichi se veía muy contento devorando lo que estaba servido en el plato, al terminar, con una sonrisa y la cara llena de granos de arroz.
-¡Estuvo delicioso, okaasan!- Ella le sonrió.
-¿Deseas más?- el pequeño negó estoicamente. Sin pensar en la reacción de los más adultos, dijo.
- Siento como si hubiera cenando en familia… ¡Voy a lavarme okaasan! ¡Gracias por acompañarnos, Kazuo-sama!- el pequeño salió corriendo del lugar.
Los dos adultos se miraron fijamente, Hikari dejó caer abruptamente los palillos y Kazuo tuvo que tomar de golpe el té. Ambos sintieron su corazón estallar en sentimientos encontrados. Después del incomodo momento, ella pregunto que si quería que se le sirviera más, el negó poniéndose de pie.
Hikari comenzó a recoger todos los cuencos y tazas de te sucias, para después llevarlas a lavar. Su pequeño merecía una familia, y ella era una egoísta al no querer perdonar a Lord Kazuo, sin poder evitarlo, comenzó a llorar silenciosamente, llevando ambas manos a su rostro. Kazuo observó silenciosamente a Hikari huyendo de él… esperó a escuchar el movimiento de los trastos al ser lavados, pero únicamente habitaba el silencio, gruñó e ingresó hacia el pasillo donde se había ido la madre de su cachorro, y la vio de espaldas temblando, repudiándose a sí mismo, únicamente logró situarse detrás de ella y rodearla con fuerza entre sus brazos, enterrando su rostro en el cuello de esta, ambos no decían nada.
Ella agradeció internamente su compañía, sin dejar de llorar.
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El lúgubre Palacio no le daba muy buena espina, pero si quería lograr su cometido, era a los únicos a quienes podía recurrir. Al llegar al vestíbulo del gran palacio, se encontró con el youkai de cabello ondulado y pelirrojo, de ojos color gris y de piel blanquecina, casi violácea...
Lord Kira, el Gran Youkai León de las tierras del Sur y regente del fuego del Sol, tenía un odio profundo al Clan Inu youkai. Esas tierras le pertenecían a él y no al débil de Inutaisho, ahora que uno de sus hijos había tomado el mando de su clan, sería más fácil despedazar a ese cachorro prepotente de Sesshoumaru. Al ver al hijo de Ryuta-sama frente a él saludándolo con una reverencia, al fin decidió hablar.
-¿Qué te trae a estas Tierras, Príncipe Kenshi?-
-Venganza, Kira-sama.- El aludido se detuvo a mirarlo con suspicacia.
-… ¿Venganza?...- hizo un ademán para que todos se esfumaran de la sala real, quienes se esfumaron del lugar.
Le hizo una seña a Kenshi para acercarse a él, y éste lo reverenció nuevamente, mantenía su vista al piso, sintiendo el felino andar del Amo del Sur rodeándolo.
-¿Y qué clase de venganza deseas llevar a cabo, joven príncipe?-
-Destruir al hombre que me arrebató a la hembra por la cual yo estaba enamorado y hacerlo pagar, Mi Lord.- Kiba sentía un presentimiento, su sonrisa se ensanchó. Seducido por la creciente curiosidad, siguió interrogando.
-¿Es acaso humano?- Se llevó una de sus garras hacia su barbilla, pensando de quien se trataba, mientras que Kenshi seguía mirando al piso.
-No, mi Lord.- Kiba seguía dando vueltas a su alrededor, su instinto youkai emergía poco a poco.
-¿Es … un hanyou?- Éste se detuvo frente al príncipe, esperando por su respuesta.
-No, mi Señor…- Kenshi comenzó a ponerse lentamente de pie, encarando al demonio pelirrojo.
-Entonces… ¿De quién se trata?-
-Sesshoumaru…-
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Kiba abrió desmesuradamente los ojos, su demonio interior emergió… Ante esto, Kenshi no pudo evitar sonreir con malicia.
-Cuenta conmigo.-
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...Continuará...
Buenas noches bonitas,
He vuelto con un nuevo capítulo, mis ideas están organizándose locamente, y perdonen la gran ausencia, teníamos pronosticado tormenta tropical en el área del Caribe Mexicano, y aparte mi trabajo es algo demandante, pero despreocúpense, estoy al pendiente de este hermoso fanfic.
¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Espero que sí T_T
Agradezco a quienes se han tomado la molestia de seguirme leyendo, y espero muchos de sus reviews, se han ganado mi cariño y les mando muchísimos besos y abrazos.
¡Nos leemos la próxima!
Veronika Blackheart
