EXPERIMENTO N°7: CUESTIÓN DE HORMONAS

El jovencito caminaba de un lado a otro sumamente preocupado y lanzaba miradas furtivas a su compañero que más bien tenía una expresión de aparente tranquilidad. El cigarrillo fue presionado casi con exasperación sobre el cenicero y dejó el libro a un lado para tratar de concentrarse en una conversación en la que, a decir verdad, no tenía ni el más mínimo interés.

– Morinaga, ¿podrías calmarte? Te repito que estoy bien.

– No vas a engañarme, Senpai. Estos días te he visto más cansado que de costumbre, anoche incluso te quedaste dormido mientras conversábamos.

Por más que intentara negarlo, el chico tenía toda la razón. Por otra parte, ¿quién lo mandaba a ser tan perceptivo? Esos días habían sido sumamente estresantes y ni siquiera había tenido tiempo de entablar una conversación decente con su ayudante. Souichi había estado inmerso en el laboratorio, en vista de que su presencia era fundamental para el buen desarrollo y resultado de los experimentos. Todo el mundo, incluyéndolo, sabía que él era un ser extremadamente autosuficiente.

– De acuerdo, de acuerdo. La otra semana iré al médico, ¿ya estás contento? Eso sí, debes vigilar los experimentos muy de cerca, sino no hay trato.

– Senpai, solo hago esto porque quiero que estés siempre bien, ¿sí?

– Ya, ya, no empieces con tus cursilerías.

El muchacho suspiró resignado, ya que al menos había logrado convencer a su superior de ir al médico, y esa era de por sí una tarea bastante complicada de lograr. Antes de irse a la cama, esbozó su típica sonrisa infantil y se dirigió a su Senpai.

– Etto… ¿no quieres que te acompañe?

– ¡¿Qué te acabo de decir sobre los experimentos?! – interrogó ofuscado.

– Está bien, ya entendí. Pero prométeme que me llamarás si algo sucede.

– ¡Ya vete a dormir!

Tetsuhiro hizo una mueca aun más infantil y se fue hacia su habitación dando zancadas cual niño castigado por su estricto progenitor.

Baka…


Ese martes en la mañana, tal y como habían acordado días antes, Tetsuhiro se había quedado a cargo de los experimentos para que Souichi pudiera asistir a su cita. El día anterior se había sacado los análisis de sangre necesarios y ahora se encontraba frente al consultorio de Kawamura sensei. El investigador no podía negar que estaba algo nervioso, pero al ser recibido por la cálida sonrisa del médico, se tranquilizó un poco.

– Tatsumi-san, tome asiento. Por lo que he estado viendo, sus análisis están en perfecto orden…

Souichi se sintió orgulloso y hasta sonrió para sus adentros imaginando cómo le restregaría en la cara a su molesto asistente que su preocupación era absurda y que sus temores no eran más que ideas suyas. Él estaba más que sano y un profesional de la salud se lo estaba asegurando.

– Excepto uno de ellos… – agregó mirándolo a los ojos – Por eso, quisiera hacerle un par de preguntas.

Fue en este punto en el que Souichi tuvo un mal presentimiento. Si acababan de decirle que todo estaba en orden, ¿qué podía estar mal entonces? Una especie de miedo solapado se apoderó de él.

– ¿Es usted casado?

– N-No.

– Pero tiene una pareja estable, asumo.

Lo más natural habría sido decir la verdad, o sea que no tenía pareja estable ni nada por el estilo. No obstante, por alguna razón una persona muy familiar apareció en su cerebro. Se maldijo mentalmente al notar que la respuesta se resbalaba ente sus labios casi sin poder detenerla.

– B-Bueno, digamos que…

– No se alarme por favor. Solo quería comentarle que sus niveles de testosterona en sangre se encuentran ligeramente bajos.

– ¿T-Testos…?

– En efecto. Sí sabe lo que es, ¿cierto?

– Por supuesto, soy científico. – contestó ligeramente ofendido.

– De acuerdo. ¿Ha estado muy estresado estos días quizá?

– S-Sí, por el trabajo…

– Y asumo que por esa razón no ha tenido mucha actividad sexual estos últimos meses, ¿verdad?

El científico tragó en seco. Definitivamente tenía ganas de darle un buen golpe al médico por su indiscreción. ¿Qué le importaba a él su vida íntima? De acuerdo, era un médico, y esa razón era más que suficiente para meterse en la vida privada de sus pacientes. Ante la evidente expresión de shock del muchacho, el galeno tosió y decidió explicarse más claramente.

– Lo que trato de decir es que a veces el estrés y esas cosas influyen en la disminución de la libido, y por tanto, en la disminución de esta hormona.

Souichi quería cavar un hoyo y enterrarse con todo y anteojos. Sus mejillas ardían y agradeció que el joven doctor empezara a anotar indicaciones en su recetario, ya que así hablaba sin mirarlo.

– Le recomiendo que tenga una dieta sana baja en grasas, que disminuya su consumo de alcohol y tabaco, así como su nivel de estrés, y naturalmente, no quiero que descuide su sueño.

El traumado joven recibió el sobre con los análisis y las indicaciones con manos temblorosas y un sonoro gulp al tragar la saliva.

– No es nada raro lo que le está pasando, Tatsumi-san. Solo le aconsejo que converse con su pareja acerca de esto, son cosas que se deben resolver de a dos. En fin, quiero que repita este análisis en unas tres o cuatro semanas. Si no ha aumentado, deberá venir a verme para prescribirle medicación.

Souichi no hizo más que asentir tímidamente. Hizo una media reverencia y escapó del consultorio lo más rápido que pudo ante las miradas extrañadas de otros pacientes.


No había forma en el mundo en la que Souichi se atreviera a contarle a Tetsuhiro acerca de su inusual problema. Era verdad que hacía mucho que no tenían intimidad, ya que Souichi siempre encontraba una forma de escapar. Estas últimas semanas, sin embargo, la culpa había sido de los experimentos que lo habían mantenido ocupado, por lo cual no había tenido tiempo siquiera de rechazarlo apropiadamente, o mejor dicho, su kouhai no había intentado ni un acercamiento. ¿Sería que estaba respetando su trabajo hasta el punto de contenerse? Bueno, ahora las consecuencias eran claras. Se encontraba estresado, fatigado, más irritable que de costumbre, y a pesar de las pruebas, se negaba a aceptar que la falta de sexo fuera la razón de su situación.

Debe ser una coincidencia.

Antes de meter la llave en la cerradura, suspiró con fastidio y escondió sus análisis, pues no deseaba que el otro se enterara de la verdad. Una animada voz lo recibía ya, voz equivalente a los ladridos alegres de un perrito al sentir llegar a su adorado amo. Podía sonar cruel, mas no podía evitar comparar a su kouhai con un perro.

– Senpai, okaeri nasai. ¿Cómo te fue en el médico?

Souichi no se atrevía a mirarlo y a decirle que todo estaba completamente bien. En parte sí lo estaba, pero ese pequeño déficit de testosterona no pensaba mencionárselo aunque lo agarraran a balazos.

– A-Ah, me dijeron que estoy muy bien. Lo que tengo no es más que estrés, y eso ya lo sabía.

– ¿Hontou?

El mayor tomó aire y decidió girarse para enfrentar a su asistente y así lo dejara en paz de una vez por todas. Pero al darse la vuelta, se encontró con la imagen más inesperada y perturbadora de todas. Tetsuhiro acababa de salir de la ducha y solo llevaba una pequeña toalla alrededor de la cintura y otra en las manos con la que estaba secándose el cabello. Su piel reluciente brillaba bajo la luz y algunas gotas de agua resbalaban por su fornido pecho.

– Me alegra saberlo. ¿Te dieron algún tipo de recomendación?

Souichi sintió que la sangre se le subía a la cabeza y que el corazón le latía a mil por hora. Entonces de eso se trataba. Todas esas últimas semanas había estado tan metido en el laboratorio que ni siquiera había mirado de frente a su kouhai, y justo ahora que lo hacía, lo veía tan… no existía adjetivo que describiera con exactitud lo atractivo que se veía su compañero de departamento y… de cama. Agitó la cabeza disimuladamente para alejar esta última gran verdad. No pensaba todo esto de manera consciente, la única que tenía voz y voto en ese momento, al parecer, era su hombría.

– Senpai, ¿me estás oyendo? – preguntó intrigado mientras se acercaba.

El de cabello largo retrocedió un paso por instinto y sus desobedientes ojos se clavaron en el pecho del hombre que tenía enfrente. Y naturalmente Tetsuhiro tenía que notarlo. ¿Ya había dicho que odiaba lo perceptivo que era ese idiota? Pues lo reafirmaba. Este, al verlo ensimismado en quién sabe qué, sonrió de lado y lo estrechó entre sus desnudos brazos. Para su sorpresa, el terco hombre no lo rechazó y eso lo llenó de satisfacción.

– Senpai… me alegra tanto que estés bien, estaba muy preocupado.

– Y-Ya te dije que todo está bien, el médico me felicitó por mi b-buena salud y te repito que mi c-cansancio se debe probablemente al estrés. Es t-todo.

Souichi se maldijo internamente por el evidente temblor en sus palabras. El menor sonrió más y lo apretó un poco más fuerte haciendo que la camisa de su Senpai se mojara ligeramente.

– Es que has estado trabajando demasiado estos días. Necesitas… relajarte… Y yo puedo ayudarte con eso, ¿ne?

Fue en ese instante que la mente de Souichi quedó en blanco. Hacía un instante estaba pensando en algo, pero ahora ya ni recordaba qué era ese algo. Tan solo notó que las piernas le temblaban al sentir cómo una tibia lengua recorría el contorno de su pabellón izquierdo y unas traviesas manos acariciaban su torso. El último pensamiento coherente que llegó a unas cuantas de sus neuronas fue uno bastante lleno de mentiras, pero no se molestó en reflexionar más allá de sus típicas excusas, sobre todo cuando unos labios ya habían atrapado los suyos en un ardiente beso.

Estoy haciendo esto solo por mi salud, no tengo otro motivo…

Y más nada pudo argumentar al darse cuenta, de repente, de que unos fuertes brazos lo sostenían de las caderas con firmeza para llevarlo a una ya muy frecuentada habitación.

Esta vez no hubo ni una protesta de su parte.


– Tatsumi-san, aquí tiene sus resultados. Gracias por su preferencia.

Souichi agradeció con su acostumbrada cara de póquer y recibió el sobre intranquilo. Esas últimas semanas habían sido de mucha acción, no tanta como Tetsuhiro habría esperado, pero sí para lo que el mayor estaba acostumbrado. Tal y como le había dicho el médico, había vuelto a sacarse una muestra de sangre para controlar su nivel de testosterona. Liberó la hoja del sobre con impaciencia, y apenas divisó el resultado del análisis, casi se cae de espaldas.

¡¿Eh?! ¡Realmente subió!

Salió casi corriendo del laboratorio, y ya en medio de la calle se dispuso a esperar el tren hacia la universidad. Sentía su rostro calentarse y su pulso dispararse por las nubes. No podía creerse lo que había ocurrido, pues parecía sacado de una historia de ficción. Lo que sí, estaba decidido a ocultar esos resultados por el resto de sus días. Ninguna persona, y en especial él, debía enterarse de aquello. Resopló muerto de vergüenza y con amargura una reflexión cruzó su mente mientras ponía un pie en la entrada del tren.

Al menos Morinaga sirve para algo…


He aquí una situación en la que necesitaba poner a Souichi desde hace mucho. Es que amo sus reacciones, son tan adorables! No soy médico, así que no puedo asegurar que la testosterona suba de golpe al tener sexo, pero al menos eso encontré en internet, jeje. Espero que se hayan divertido.

Una vez más, gracias por leer y comentar.

Nos vemos en el siguiente experimento!

Ja nee!

**Jane Ko**