14.- Luna Negra
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Esa misma tarde, Sesshoumaru se quedó contemplando a su humana mientras tomaba un baño caliente, ordenó que nadie a excepción de Jaken y Moura los atendieran personalmente, los pequeños seguían dormidos, custodiados por el lobezno, su olfato logró localizar al macho dando un pequeño recorrido, aún estaban en su mente las palabras del infeliz de Kenshi, ¿Tendrían algún trasfondo?
Al escuchar que su hembra intentaba salir de la terma, se acercó ayudándola, rodeándola con un paño y cargándola en vilo, ganándose como recompensa besos dispersos en el área de sus mejillas y comisura. La ayudó a ponerse el yukata, admirando la creciente belleza de su mujer. Si su padre lo observara de esta manera, estaría orgulloso. Rin volteó a ver a su esposo, intuía que algo lo molestaba, mientras terminaba de vestirse, se aproximó a él con tranquilidad, llamando su atención.
- ¿Qué es lo que te perturba, mi Señor? - el demonio únicamente suspiró.
-Nada en especial, pequeña. - ella solo se dejó hacer en sus brazos- Estoy planeando en examinar mis tierras, para que estemos lejos de cualquier peligro. -
- ¿Entonces estarás fuera? - La creciente preocupación y la ansiedad se reflejó en el rostro de Rin.
-No por ahora, mi amor- este la abrazó, acariciando sus hebras azabaches, apaciguándola.
-No quiero que te ocurra nada, sé que algo te inquieta…- su esposo la miró fijamente. - Pero sé que no es de mi incumbencia. -
-Eres una dama muy inteligente, creo que debo de tenerte como consejera. - Bromeó, causándole gracia a la humana.
Los toques a la puerta interrumpieron el ambiente, haciendo pasar a la anciana Moura y a Jaken. Sesshoumaru, sin soltar a su esposa, los miró con severidad ante la interrupción. Jaken con profundo miedo le paso unos pergaminos.
-D-disculpe amo bonito, pero me pidieron que se los entregara lo mas pronto posible, vienen de las tierras del Este y del Norte. -
-Los atenderé en cuanto tenga tiempo. - El pequeño demonio oscilaba en mirarlo al rostro y a la loba hembra, quien le enseñaba amenazadora los dientes.
-S-si amo bonito…-
-Jaken. - El youkai dijo con voz fuerte. Éste se volteó temblando como una hoja.
- ¿S-si Amo Sesshoumaru? -
-Ya puedes retirarte, déjennos solos. - Moura bufó divertida, terminando de llevarse los paños húmedos y las ropas usadas de Rin.
-Desde que eres padre, has estado sumamente posesivo, Sesshoumaru- Regañó la youkai- debes dejar que Rin tome un poco de sol, también les haría bien a los cachorros. - El aludido gruñó.
-No es de tu incumbencia, Moura. - la aludida sonrió.
-Sigues siendo el mismo cachorro voluntarioso, que no te deje engañar, Rin. - la humana ocultó una sonrisa tapándose con sus manos- ¡Y no vas a conseguir nada intimidándome con esa mirada tan fría!-
Moura salió de los aposentos de los señores, Rin no dejaba de acariciar las mejillas de su Señor, mirándolo con devoción, y él le respondía de la misma manera, en los ojos de ambos se reflejaba el inmenso amor que ambos compartían, un chillido de frustración por parte de los pequeños hicieron que el Lord los tomara entre sus brazos para apaciguarlos, los pequeños dejaron de revolverse, tomando el consejo de la youkai, salieron brevemente a los jardines del palacio, abrigándolos bien, los sirvientes se quedaron maravillados ante el dulce olor de los pequeños demonios, que al no ser demonios puros, no sacaron las características orejas de perro. Lord Kazuo reverenció ante la pareja real, acompañándolos en el trayecto.
A pesar de seguir en el crudo invierno, el astro rey se asomaba imponente en el cielo, y la gélida brisa mecía las flores y ramas que estaban cubiertas de la nieve, Rin era acompañada de ambos lobos, trotando y rodeándola con delicadeza, al observar que su hembra estaba en buena compañía, se volteó hacia el demonio del Norte.
-Jaken me ha informado que tengo un mensaje de tus tierras, junto con la del Este. ¿Tienes idea de que pueda tratarse? -
-No hasta el momento, pero he recibido informes directos de mi padre que me pide persuadirte de que asegures al máximo tu palacio. - Sesshoumaru se quedó pensativo.
-Ahora que Rin es madre primeriza, estaba tentado en mandar a buscar a Inuyasha y su familia. Puede que no tenga una relación estrecha con él, pero confío ciegamente la protección que le puede brindar a Rin. -
-Si tienes que examinar el perímetro de tus tierras, ten la certeza de que te acompañaré. Tu padre y mi padre siempre se apoyaron. -
-Gracias, Kazuo. - Él se volteó a ver a Rin- Por cuidar de mis bienes.-
-Al contrario, Sesshoumaru. No tengo palabras para agradecerte por todos estos años ante la protección de Koichi. - ambos demonios se miraron fijamente.
-…Y la de Hikari, ¿Cierto? - Kazuo desvió la mirada con pesar, Sesshoumaru únicamente atinó a responder. - No dejen que su orgullo sobrepase lo que sienten, Koichi será un gran Príncipe.-
-Es complicado…-
-Solo encuentren el momento apropiado, y habla con Lord Kaname al respecto. -
Siguieron vigilando los alrededores, Rin por otra parte, se encontraba recogiendo algunas flores para preparar los siguientes baños, al ser madre, se sentía completamente protegida ante los cuidados de su Señor, y agradecida por que sus sentimientos hayan sido correspondidos. La paz se rompió cuando uno de los soldados cayó abruptamente desde una de las torres de vigilancia, con una gran garra felina incrustada en el torso, Moura tomó a las crías para que Sesshoumaru se acercara a la brevedad. Rin por otra parte se encontraba hincada ante el joven inu soldado, acostando su cabeza en sus piernas, de la boca de aquel joven no paraba de brotar sangre, y en su dolor, el joven no paraba de balbucear.
-…G-ga...rras...ojos…v-ve...rdes…- Rin lo silenció, Sesshoumaru se inclinó hacia él, olfateando el turbado aroma de su humana.
-…Sesshoumaru…él… ¿Se salvará? - Rin contenía el llanto.
-…-
La falta de aire y el gorgoteo de la sangre en la garganta indicaron el grave estado del joven, hasta que exhaló de manera áspera todo el aire de sus pulmones, Rin gimió horrorizada, el youkai la abrazó, calmando su llanto, Kazuo corrió hacia los limites del castillo, lanzándose como una fiera pantera hacia el agresor. Los demás soldados perro rodearon al príncipe del Norte y al desconocido, mientras tanto, éste tenía una creciente ira recorriendo en su interior, esa fue una abierta amenaza a Sesshoumaru, y tenía las grandes sospechas sobre quien podría estar detrás de todo esto.
Con el rostro todo mallugado, pusieron al desconocido de rodillas frente al daiyoukai, quien, estaba increíblemente enfurecido por la osada amenaza recibida, llamó a Hikari ordenando que se llevaran a Rin a sus aposentos, tenía un asunto que atender…
- ¿Quién eres? ¿Y quién te ha mandado aquí? – Interrogó el pelinegro.
-Solo cumplí con el mandato de Lord Kira. Darle un mesaje al Lord del Oeste… –
- ¿Y qué mensaje tienes para este Sesshoumaru? –
- Vendremos por ella… Y la destruiremos… a todos…-
Caminando parsimoniosamente a su alrededor, lentamente hizo que sus garras empezaran a emanar veneno, y de un certero golpe, sus garras perforaron la caja toráxica de aquel extraño, escuchando su sorpresivo alarido. Arrancó su corazón, manteniendo una fría y letal expresión en todo momento, sus soldados y Lord Kazuo sonreían con soberbia, su Señor sabía cómo deshacerse de la basura.
El cuerpo inerte se desplomó al instante, uno de sus soldados se inclinó hacia él y solo les dio la espalda caminando de regreso hacia donde se hallaba su esposa.
-Mi Señor, ¿Qué hacemos con el cuerpo? – el aludido solamente ladeó su rostro mirándolo sobre su hombro.
-Envíenlo a Kiba… Que sepa que he recibido su mensaje. –
Los soldados le obedecieron y comenzaron a preparar todo para la entrega.
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Rin sentía el cuerpo frio, observar como una vida era arrebatada causó una horrible mella dentro de su ser, sabía que su demonio le estaba escondiendo algo, y tenía que averiguar que pasaba. Sus ruegos fueron escuchados, pues él cerro las puertas corredizas detrás de él para aproximarse hacia ella.
Sintió como su humana lo abrazó con fuerza enterrando su rostro en su pecho, él se dedicó a reconfortarla, pasó suavemente sus garras sobre las hebras de su largo cabello, mientras reposaba su mentón en la cabeza de la mujer. Rin alzó la vista, mirándolo suplicante.
-Dime por favor qué es lo que está sucediendo, Sesshoumaru. – éste cubrió sus mejillas entre sus manos.
-Tranquila…- Ella manoteó desesperada y sus pequeñas manos tomaron las muñecas del demonio.
- Por favor… mi Señor dime qué sucede. – suplicó.
- El Lord del Sur nos está amenazando. – Sus orbes dorados recorrían el rostro de Rin, tratando de apaciguar su preocupación- No sucederá nada, yo los protegeré…-
- ¿Y quién va a protegerte a ti, mi Señor? –
Éste solo la tomó entre sus brazos y le dio un beso lleno de ternura, Rin lo recibió con calma, disfrutando de su esencia, adoraba cuando Sesshoumaru se comportaba de esa manera, tan dulce, atento y tierno. Temía por su vida y daría la suya como ofrenda ante él, mientras los besos proseguían, a él le llegó el dulce olor de la leche de sus pequeños, el yukata se encontraba ligeramente empapado debido a que el lácteo se filtraba del busto de Rin, él fue bajando hacia su cuello, en donde se dedicó a mordisquear y lamer la marca de su unión, logrando que Rin suspirara entrecortadamente y cerrara los ojos ante la deliciosa caricia, aflojó levemente el obi de su yukata, liberando las protuberancias, coronándolas de infinitos besos y comenzando a limpiarla, haciendo que Rin se sujetara con fuerza de sus antebrazos.
-Sesshoumaru… n-no…- éste gruñó sobre su oído manteniéndola quieta, perdiéndose en la suavidad de su piel.
-Tranquila mi amor. – siguió rozando su piel con sus labios arrancándole suspiros.
Se encaminaron hacia la esquina de la habitación, donde siguieron besándose y acariciándose sin pudor, en este momento nada los haría sentir temor, él iba a pelear por su familia hasta la vida. Rin tomó el hermoso rostro de su esposo, para que le diera otro beso apasionado, en donde rodeó su cuello entre sus brazos, dejándose mordisquear el labio inferior. Él la abrigó entre sus brazos, si a esa humana le sucedia algo, no se lo iba a perdonar jamás…
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A la mañana siguiente, el Salón principal se encontraba lleno de gente de los dominios del Norte y del Este, Lord Kaname y Lord Ryuta estaban sentados frente a Sesshoumaru. Rin por otro lado, estaba fuera de la sala, atenta de la plática, sabía que espiar las conversaciones del consejo le eran prohibidos, pero no podía permanecer tranquila… Su corazón le indicaba que algo pasaría y no le gustaba esa sensación. La fuerte voz de Kazuo aplacó los murmullos de los presentes, dando por inicio a un consejo.
-Mis Señores, ustedes han servido fielmente a sus dominios, conocieron al Gran Inutaisho y siempre les apoyó a defender su estandarte. El día de ayer Lord Sesshoumaru recibió una directa amenaza, Lord Kira lo ha insultado haciéndole saber que matará a la Dama Rin. – El comenzó a caminar alrededor del salón, concentrando todas las miradas. – Y eso no es todo, si bien ustedes saben, el conflicto con los demonios del Sur es por qué; el limite de las montañas fueron conquistadas por Inutaisho después de que se hubiera pactado que aquél en derrotar a la primera horda invasora, sería acreedor de las Tierras y segundo… por su mero placer. – Lord Kaname seguía con la mirada fija a su hijo y carraspeó.
-Principe Kazuo, vaya directo a la situación. –
-Mis Señores, lo que les trato de decir es… ¿Por qué ahora que sus riquezas y dominios están en paz, se interesa en dañar a la Dama? ¿Y ella qué culpa tiene? No había sido ni concebida, al igual que sus padres. Opino que hay una segunda intención en esto. – Lord Ryuta lo miró intrigado.
- ¿Intenta decirme que puede que la amenaza sea con otros fines? Ustedes saben que a Kira nunca le llamó la atención la propagación de la sangre de demonios con humanos, para él eso era una aberración. -
- ¿Quién es la única persona interesada en la mujer, además de su esposo? - A Ryuta esto no le gustó.
- ¿¡Cómo se atreve a dudar de mi hijo, Principe Kazuo!? La última vez hablé con Sesshoumaru de esto, desde esa vez, no se ha vuelto a parar de nuevo en mis dominios. –
- ¿Y no se le hace un poco extraño? - Ante esto, Ryuta no dijo nada y se quedó callado.
- ¿Qué es lo que has pensado de todo esto, Sesshoumaru? - Kaname lo volteó a ver, junto con los demás dentro de la Sala.
Sesshoumaru únicamente tenía en la mente que, si el gran causante de este malentendido era el Kenshi, disfrutaría descuartizándolo con sus propias manos. Sintió su presencia todo este tiempo, sabia que ella estaba escuchando y le molestaba de cierta manera su desobediencia. Pero no podía castigar su insolencia, estaba preocupada por él. Cerró sus ojos, y poniéndose de pie, todos lo miraron con atención.
-Lord Ryuta. – éste se puso de pie- No tengo nada en contra tuya, hemos hablado de esto la última vez que estuviste en este Palacio, pero, si descubro que en toda esta situación tiene que ver tu hijo, frente a este consejo y frente a Lord Kaname, que pido como mi testigo ante esta declaración, me voy a encargar personalmente de asesinarlo. –
Ryuta asintió y reverenció a Sesshoumaru como gesto de aprobación, sabía que Kenshi se había metido en grandes problemas, pero nunca imagino una magnitud como la de este momento. Los escribanos llevaron ante ellos tres copias de lo redactado por el peli plateado y colocando los tres sellos de las Tierras regentes, firmaron lo dicho por el Señor del Oeste.
Todos salieron de la sala hacia el comedor y tomaron asiento, ya que la Dama del Palacio ofreció a los presentes aperitivos y bebida antes de partir, Kaname y Ryuta saludaron a Rin al ver que se acercaba, siendo recibida cordialmente.
-Espero no haber importunado. – Los demonios sonrieron ante la timidez de la humana. Su demonio la recibió tomando una de sus manos.
-De ninguna manera, Dama Rin. Agradecemos su hospitalidad. - el Lord del Norte volteó hacia ellos, viendo de reojo que la joven Hikari atravesó el área trotando ligeramente hacia Rin.
- ¿Cómo se encuentra de salud? ¿Sus cachorros? –
-Yo estoy recuperándome, y ellos están en perfecto estado, Ryuta-sama. Hikari y Moura son las que me ayuda con ellos. Gracias por preguntar – la joven reverenció.
-No es necesario que me hagas reverencia, eres una dama. –
-Mi Señora, es tiempo de atender a sus pequeños. – Ella asintió y con respeto reverenció a Lord Ryuta y Lord Kaname.
Mientras la anciana youkai se acercaba hacia todos los presentes con los cachorros entre sus brazos, los lobos la venían resguardando, actitud que se le hizo extraña a los demás, recordaron las leyendas provenientes del cerezo plateado de la aldea humana, y la historia detrás del árbol. La joven madre tomó a uno de sus pequeños entre sus brazos, enseñándolos a los regentes, después del acontecimiento de ayer, ninguno estaba dispuesto a correr riesgos.
-Discúlpenme, espero la comida haya sido de su agrado. – Sesshoumaru se levantó detrás de ella.
-En un momento te doy alcance. – Susurró, ella únicamente atinó a mirarlo con una sonrisa llena de devoción y ternura.
-Te esperaré. –
Se retiró, siendo observada por su esposo, quién aún podía sentir la incomoda sensación de que algo no iba bien.
Esperaba estar equivocado…
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- ¿Alguna noticia interesante? – Sus sirvientes estaban inclinados ante él.
-La hembra ha dado a luz a unos gemelos, Lord Kira…-
-Eso no me lo esperaba. - El demonio León estaba sorprendido y a la vez asqueado.
- ¿Sus órdenes? -
Kira fijó su vista en uno de los ventanales de su lúgubre palacio, su mente corría a toda velocidad, sonriendo perversamente, los miró.
-Mátenlos. -
Ambos soldados asintieron y transformados en panteras negras salieron detrás de su mandato.
"Y esto es solo el comienzo, Sesshoumaru…"
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…Continuará…
¡Buenas noches! Lamento muchísimo la demora, este mes ha sido un poco difícil, perdí a un amigo y hasta el momento duele, además de la cantidad enorme de trabajo que tengo, pero espero les haya gustado el capítulo de hoy.
Tengo un plan cocinándose, Kira va a ser un bastardo con todas sus letras, y Kaname se llevará la sorpresa de su vida.
Dejen sus reviews para más sugerencias, me ayudarían muchísimo.
¡Besos a todos!
Nos vemos la próxima.
Veronika Blackheart
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