EXPERIMENTO N°8: EL SABOR DE TU AMOR

Pasó la lengua por el dorso de su mano y el cosquilleo ante el amargo y caliente sabor lo hizo soltar un suspiro de satisfacción. En realidad, si el amor de tu vida adoraba comer era bastante positivo ser tan hábil en la cocina y hasta en la repostería, ¿cierto?

– Vamos, Tetsuhiro, puedes hacer esto.

El día en el que había decidido darle chocolate casero a su Senpai por el día de San Valentín, se dio cuenta del peso que esa decisión llevaba consigo. No obstante, un chocolate hecho a mano no era todo lo que recibiría aquel hombre de carácter indomable. Un mes antes, había decidido también tejerle una bufanda. Por más ridículo que pareciera, había recurrido a tutoriales en Youtube y a revistas de tejido para obtener al menos un resultado decente. Solo sabía que tenía que ser blanca, un color que a Souichi le gustaba mucho. Era el color de la pureza y la inocencia que lo caracterizaban.

Una pregunta, sin embargo, rondaba su cerebro. ¿Cuál sería la reacción de Tatsumi Souichi, el ser viviente más antiromántico sobre el planeta, recibir ese tipo de obsequios de parte de otro hombre? Era una verdadera fortuna que ese día su amado tirano se encontrara encerrado en el laboratorio terminando un experimento. Prácticamente lo había echado a patadas para que regresara a casa con el pretexto de que tenía unas inmensas y horribles ojeras. Si tan solo supiera la causa de sus desvelos en esta ocasión.

Bah, eso no es importante... Senpai siempre está preocupándose por mí, así que esto es lo menos que puedo hacer para retribuir toda su bondad.

Mientras el chocolate se enfriaba en el molde en forma de corazón, sostuvo el aliento al recordar que aún le faltaba colocar la bufanda en la bolsa de regalo.

– No puede reaccionar tan mal, ¿o sí? A lo mucho me tirará los regalos en la cara...

Rió tristemente ante tan cruel posibilidad. Su corazón se emocionaba y a la vez se hundía con cada segundo de espera que pasaba, mientras con pulso tembloroso se disponía a formar sus dos letras favoritas del abecedario.


Estúpida fecha comercial… ¿Realmente la gente no tiene nada más interesante que hacer que intercambiar microbios? Y ni qué decir del manoseo…

Souichi observaba con cara de póquer la publicidad interminable que anunciaba el día de San Valentín. Algunas chiquillas emocionadas saltaban por doquier comprando el típico chocolate para su querido Valentine. En una esquina, una pareja de colegiales compartía un beso no clasificado para su edad. En otra, una más madura llevaba sus niveles de toqueteo a escala mayor. Y eso que él pensaba que Japón era del tipo conservador y que los japoneses solo se besaban en sus casas o en parques oscuros. Al parecer en este siglo, ser puritano ya era cosa del pasado.

Ya nadie se preocupa de los valores estos días. Y miren, la mayoría no pasa los 20. ¿Sus padres sabrán que andan de hotel en hotel en vez de estar estudiando? ¡Ahhh, realmente me molesta!

Su espanto creció al pasar por algún hotel que ofrecía sin descaro descuentos en los precios toda esa semana para las parejas que desearan festejar de una manera más íntima y carnal. Todo eso le enfermaba en demasía.

Sí, sí, definitivamente Tatsumi Souichi no había nacido para el romance.

Sin embargo siento que estoy olvidando algo importante… ¿E-Eh? ¡¿Ehhh?! ¡M-Morinaga! Me había olvidado de él por completo. Apuesto a que ha hecho una de las suyas por hoy día. Quizá hasta quiere… Ah no, si intenta algo, lo golpearé tan fuerte que no le quedaran ánimos para hacer nada.

Respiró hondo antes de entrar al departamento, pero solo se encontró con un delicioso aroma a comida recién preparada. Era difícil de creer, pero quizá solo eso era lo que tendría esa noche. En el fondo, sintió algo que no supo interpretar, pero no era un sentimiento agradable.

– T-Tadaima…

– ¡Okaeri nasai, Senpai! – exclamó con voz animosa – Por favor siéntate, he preparado un guiso exquisito esta noche.

– Ah, sankyu…

Tetsuhiro sirvió la cena tratando de disimular sus nervios, pero falló terriblemente. Estaba demasiado ansioso, hecho que no pasó desapercibido por su superior. Se sentaron a la mesa y comenzaron a cenar en silencio y luego charlaron acerca del trabajo o la universidad. Souichi decidió al fin cortar con el relleno e ir directamente al grano, pues no soportaba tanta incertidumbre.

– Morinaga, dime una cosa, ¿a ti también te importa mucho esa tontería de San Valentín?

Esta vez fue el turno de Tetsuhiro de quedarse quieto. Ah, en el fondo lo sabía. A su Senpai le parecería una celebración de lo más ridícula e innecesaria. No es como si no lo hubiera pensado, era tan solo que se estaba aferrando a esa mínima posibilidad de que Souichi aceptara sus muestras de amor por ese día al menos. Recordó el chocolate y la bufanda que yacían en su cama y su corazón se encogió. Se dio cuenta de que no le quedaba más remedio que fingir una sonrisa.

– ¿P-Por qué me lo preguntas, Senpai?

– Porque te conozco.

Tetsuhiro bajó la mirada y tragó en seco. Sabía que era el momento de actuar, pero en cambio se encontraba paralizado en la silla. Su corazón retumbaba en sus sienes y sus piernas comenzaron a temblar.

– Senpai, yo…

Las ganas de llorar llenaron su alma, pero se las aguantó como tantas veces en su vida. Ya se disponía a tragarse su tristeza cuando el mayor lanzó un suspiro de resignación.

– Has hecho algo hoy, ¿cierto? Aparte de la cena, digo.

El chiquillo de ojos verdes levantó la cabeza y se topó con la cara de póquer de su Senpai. Estaba seguro de que le echaría en cara que fuera tan cursi y tonto, pero nada de eso estaba sucediendo. Lo observó con cautela antes de continuar.

– ¿N-No te enojarás?

– Depende de lo que hayas hecho. Si es algo muy malo…

– N-No es malo, es solo que…

Y sabía que ahora sí era el momento. Se puso de pie y se dirigió a su habitación. Tomó la bolsa con la bufanda y la caja pequeña donde reposaba el chocolate y regresó a la sala raudamente. Souichi, para su sorpresa, ya se encontraba en el mueble como esperando algo, pero supuso que solo era que estaba agotado luego de una dura jornada laboral.

– S-Senpai, yo… yo hice esto para ti. N-No sé tejer, así que no está muy bonita, la hice según un tutorial, pero es para que te abrigues y no te enfermes, está haciendo mucho frío estos días…

El muchacho se atropellaba con las palabras y rogaba en su interior para que Souichi no le lanzara la bufanda en la cara. Como era de esperarse, todo el rostro de Souichi se tiñó de rojo al ver la larga bufanda blanca, pero se dejó colocar la prenda sin rechistar. Claro que después le echaría la culpa al cansancio. Sintió que su cuello se calentaba junto con su pecho, sobre todo porque ahora ya conocía la razón detrás de las ojeras de su kouhai.

– E-Eres como una chiquilla…

Efectivamente, en un primer instante, había pensado en tirarle la bufanda argumentando que era ridículo lo que había hecho, para después huir hacia su habitación como era su costumbre, mas esa expresión de tristeza muda en el rostro de su asistente lo hizo desistir al minuto siguiente. Tetsuhiro, al creer que era el momento ideal para entregar el siguiente regalo, puso frente a él con manos trémulas el típico chocolate en forma de corazón, solo que este tenía al centro las iniciales TS hechas con grageas de colores.

– E-Es la primera vez que hago un chocolate, p-pero descuida, es chocolate amargo, y-ya que no te gusta lo dulce.

– Eres el idiota más grande que existe…

– Lo sé, perdóname por eso, ¿sí? Sé que piensas que esta es solo una estúpida fecha comercial y que soy cursi al hacer esto, pero… solo quería darte algo que representara mis sentimientos hacia ti. Te agradezco que los hayas recibido, Senpai…

Era un hecho. Morinaga Tetsuhiro era el hombre más estúpido y cursi sobre la tierra. Miren que comportarse como una chica de 15 años. Miren que amanecerse tejiendo. Miren que preocuparse por su salud en el crudo invierno. Miren que tomar en cuenta que él amaba el color blanco. Miren que considerar su desagrado por lo dulce y hacer un chocolate amargo por eso.

Miren que venir a enamorarse de alguien como él.

Estaba enojado, muy enojado, pero no por todo lo anterior, sino más bien porque se moría de rabia de que su corazón latiera con tanta fuerza y su cuerpo temblara como una hoja. Porque se sentía lejos de corresponder de manera equitativa a todos esos sentimientos.

– ¿Por qué eres así…? ¿Por qué tienes que hacer esto…?

Souichi mordió el chocolate tratando de esquivar la mirada del otro. Si no lo hacía, acabaría por quebrarse ahí mismo. Ah, el chocolate estaba más que delicioso. Tetsuhiro se agachó a su altura y lo tomó del rostro con ternura. Estaba feliz. Souichi no se atrevió a mirarlo por nada del mundo, pero sabía de más que el otro estaba feliz. Correspondió sin dudar al beso que le dio, y si bien el sabor era un poco amargo, también era un poco dulce.

Y por alguna extraña razón, empezaba a saber un poco salado.


Un mes había pasado velozmente desde aquella fecha y ahora Japón celebraba otro día importante para las japonesas: el Día Blanco. Como bien se sabe, en ese día la persona a la que le has entregado chocolate el Día de San Valentín deberá darte un regalo si corresponde a tus sentimientos de la misma forma.

Ni es esta ni en otra galaxia, su Senpai le daría un regalo ese día, y eso Tetsuhiro lo sabía perfectamente. Su ilusión de tonto enamorado había muerto el mismo 14 de febrero, y se dijo a sí mismo que se conformaría con que Senpai hubiera recibido sus dos regalos con el rostro sonrojado. Había sido un momento mágico y no debía quejarse, ¿no?

Ya hasta se había olvidado de la fecha, y justo cuando estaba arreglando la repisa de la cocina, al darse la vuelta se topó con el semblante cabizbajo de su superior. Estaba ahí de pie sin moverse, y al parecer lo había estado desde hacía un buen rato. El menor dio un pequeño brinco y pestañeó varias veces para comprobar que no se tratara de un espejismo.

– Senpai, me diste un susto de muerte. ¿Sucedió algo?

Cinco segundos después, Souichi le había lanzado por la cabeza una especie de caja pequeña de color marrón. El muchachito de ojos esmeraldas sintió que sus mejillas se encendían como nunca y sus latidos se dispararon por las nubes. Era como si se encontrara en un universo alterno en el que existía un Souichi fanático de las fechas comerciales.

– S-Senpai, ¿sabes q-qué día es hoy?

– Es 14 de marzo, ya lo sé. Lamento haberme tardado un mes entero en comprarte algo, pero es que estuve algo ocupado y además… no sabía qué darte.

Tetsuhiro quedose petrificado en su lugar. ¿Sería posible que ese hombre no supiera qué se celebraba el 14 de marzo y qué significaba el hecho de darle un regalo justo ese día?

– Sé que a ti sí te gustan los dulces, así q-que compré esa caja de caramelos. N-No soy bueno dando regalos. Solo supuse que eso te gustaría. ¿Me equivoqué?

– N-Nada de eso, Senpai. Estoy feliz de que me des algo que me gusta tanto.

El jovencito no podía ocultar su emoción. Su amado Senpai le había comprado un regalo sin tener idea de lo que ese gesto estaba dando a entender. ¿Se podía ser más adorable? En el fondo sabía que solo estaba haciéndose ilusiones tontas, pero el saber que el amor de su vida había pensado en él le bastaba para que su corazón brillara de felicidad. Se sentó en el sofá y vio que su Senpai hacía lo mismo como por inercia.

– ¿Los comemos juntos?

– Sabes que no me gustan los dulces.

– Pero parece que algunos son ácidos, esos los puedes comer tú.

– Bueno, creo que eso está bien entonces.

Souichi se sentó a su derecha, tomó un caramelo de limón y Tetsuhiro eligió uno de lúcuma.

– Están deliciosos, Senpai.

Quedaron en silencio un buen rato siendo el único sonido perceptible el ruido que los caramelos hacían al deshacerse en sus bocas. De un momento a otro, y sin saber bien cómo ni por qué, sus miradas se cruzaron. Las palabras sobraban en un momento así de mágico. Tetsuhiro se inclinó un poco y tomó los labios de Souichi entre los suyos suavemente. Pudieron saborear el ácido y el dulce, y por algún motivo, eso le aceleró más el corazón. Souichi no se explicaba por qué ese beso extremadamente agridulce hacía estremecer tanto su cuerpo justo como el chocolate de hacía un mes. ¿Estaría desarrollando una alergia a los chocolates y a los caramelos?

– Senpai, gracias.

– S-Solo son simples caramelos.

– No… para mí son mucho más que eso.

El menor, sin poder evitar los ojos vidriosos, lo tomó entre sus brazos y volvió a besarlo intentando transmitir todo lo que sentía en ese preciso instante. Podía apreciar, además del calor de sus cuerpos, la suavidad de la bufanda que rodeaba el cuello de su gran amor, como si esta fuera a conectar a ambos para toda la vida.

– E-Estás exagerando como siempre.

Tetsuhiro sonrió con ternura al ver el intenso rubor en las pálidas mejillas del hombre de su vida. No le importaba si solo era un pensamiento egoísta y conveniente. Quería creer con toda su alma que Senpai quería transmitirle un mensaje especial al entregarle esos dulces. ¿Valía la pena soñar un poco?

– Te amo tanto…

Día blanco o no, con caramelos o sin ellos, hacía mucho que Souichi ya correspondía a sus sentimientos.

Aunque ninguno de los dos lo supiera todavía.


¡Feliz San ValenTirano!

Regresé con ese experimento lleno de miel por este día en el que se celebra el amor y la amistad, y yo siento que Souichi y Tetsu comparten ambos y eso hace su relación aún más hermosa y especial.

Hasta el próximo experimento!

Ja nee!

**Jane Ko**