EXPERIMENTO N° 9: MÁRCAME

Su rostro tostándose bajo la luz del sol y su piel humedecida por la brisa. Su espalda inclinada ligeramente hacia atrás y su cabeza elevada hacia el cielo azul despejado. Sus manos apoyadas en la arena caliente y sus ojos cerrados. Sus pulmones aspirando puro oxígeno y su alma fusionándose con la naturaleza…

Definitivamente cualquier ser humano en el mundo habría dado lo que fuera por estar en su lugar en ese momento experimentando todas esas sensaciones únicas. Excepto, claro, por cierto workaholic que tenía a su lado.

– Etto, Senpai, no es por nada, pero… ¡¿cómo puedes estar trabajando en la playa?!

Souichi carraspeó sin despegar la vista de las páginas de su libro. Ambos estaban sentados en sus respectivas toallas, Souichi bajo una sombrilla, y Tetsuhiro a su costado, ya que él sí quería recibir un poco de luz solar. Los dos llevaban shorts poco más arriba de la rodilla, solo que el kouhai se había sacado el polo apenas llegaron, mientras que su superior aún tenía puesta una camisa que dejaba ver la mitad de su pecho.

– ¡Urusai! No estoy trabajando, estoy leyendo un libro.

– ¡Un libro que es base para tu próximo experimento!

El científico levantó la mirada y lo observó con el ceño fruncido. Cuando Tetsuhiro pensó que sería golpeado sin clemencia por el atrevimiento de haberlo interrumpido, además de meterse en lo que lo importaba, vio a Souichi cerrar el libro de golpe, ponerse de pie y dirigirse hacia su maletín sin decir una sola palabra. Lo abrió y guardó el libro de experimentos bruscamente.

– Bien, ¿qué sugieres que hagamos entonces? ¿Construir castillos de arena? – preguntó irónico.

– ¡Niisan, deja de gritarle a Morinaga-san! – regañó Kanako con ambas manos en la cintura – Gracias a él, que se ganó un fin de semana en este club, es que estamos aquí. Y encima tuvo la amabilidad de invitarnos, sé un poco agradecido, ¿quieres?

– No te preocupes, Kanako-chan, Senpai se molestó porque interrumpí su lectura.

– Solo alguien como él trabajaría en un sitio tan lindo como este. ¡Niisan no baka!

– ¿Qué dijiste, niña?

– Vamos, vamos, no hemos venido a la playa a pelear sino a divertirnos. – intervino Matsuda-san – ¿Qué les parece si todos ustedes juegan un poco en el mar y después vamos a almorzar al restaurant? ¿El premio también incluye el almuerzo, Morinaga-kun?

– Claro que sí. Tuve suerte, ¿eh? Aunque ese era el segundo puesto, el primero era un viaje a Europa. – suspiró nostálgico.

– ¿Y de dónde sacas esos concursos? – cuestionó Souichi cruzándose de brazos.

Tetsuhiro solo rió y se fue con Kanako al mar a jugar un momento, mientras Matsuda-san guardaba las pertenencias de todos para irse a almorzar después. Souichi los observaba fijamente desde muy cerca. Su asistente realmente se veía feliz, ¿eh? Un sentimiento de calidez inundó su pecho y no era precisamente el bochorno causado por el exceso de sol.

– ¡Wow, el agua está riquísima, Morinaga-san!

– ¿Deshou? Senpai debería venir un rato también. – susurró sonriente.

Entre chapaleos y risas, estaban pasando un día maravilloso. Souichi tenía toda la razón. Tetsuhiro estaba feliz. ¿Era muy vanidoso de su parte sentirse un miembro más de la familia Tatsumi? La aceptación, que era lo que él tanto buscaba en la vida, la sentía más que palpable en aquella familia. Obviamente, no todos en ella sabían de su homosexualidad, pero algo le decía que lo aceptarían incluso si se enteraran de su condición. Por ejemplo, Kanako sospechaba de la relación entre él y Souichi, y aun así no tenía problemas en pasar tiempo con él y hasta le mostraba abiertamente su cariño con abrazos fraternales. Estaba perdido en sus pensamientos, cuando de pronto sintió una pequeña mano tocar su espalda.

– Morinaga-san, tu espalda tiene unas marcas extrañas como si alguien te hubiera arañado.

Tetsuhiro se quedó paralizado ante la observación de la pequeña y se puso rojo de la vergüenza. Afortunadamente podría culpar al sol si le hacía más preguntas, pero era obvio que estaba rogando internamente para que la niña cambiara de tema. Decidió inventar cualquier excusa por más estúpida que fuera, ya que no podía llegar al extremo de que ella descubriera una verdad tan fuerte.

– K-Kanako-chan, no te preocupes, lo que pasó fue que… que m-me rasqué la espalda demasiado fuerte cuando me estaba bañando, es todo.

– ¿En serio? Pensé que había sido mi hermano.

– ¿P-Por qué c-crees que é-él…? – preguntó totalmente aterrado.

– Ay, Morinaga-san, si tú mismo sabes que su carácter es muy extremo y a veces se enoja tanto que no razona y no controla sus actos. ¡Pensé que había llegado al punto de hacerte esas heridas!

– N-Nada de eso… Aunque no está muy lejos de la realidad.

– ¿De qué tanto hablan?

El menor casi se muere del susto al notar que Souichi había entrado al mar junto con ellos. Ya estaba sin camisa, sin lentes y con el cabello levantado en una especie de moño bajo. Tetsuhiro sintió cómo despertaba en él toda esa pasión y deseo de los que era presa cuando estaba cerca del hombre de su vida. Tragó saliva y bajó la mirada muy nervioso. Había olvidado por completo lo que había estado pensando minutos antes. Para su pésima suerte, Kanako se lo recodó en un par de segundos.

– Ah, niisan, ¿tú eres el causante de esas heridas que tiene Morinaga-san en la espalda? No vayas a mentir.

Souichi se tiñó de rojo de pies a cabeza y comenzó a tartamudear frases incompletas una tras otra. Miró a su asistente en busca de ayuda, ya que su obligación era asistirlo en esos casos también, ¿o no?

– ¿D-De qué…? Yo n-no sé… Jamás…

– Es que a veces te enojas tanto con él que llegas a esos extremos.

El chico respiró más aliviado al darse cuenta de que su hermana no tenía idea del verdadero origen de esas marcas y que solo había asumido que eran parte de los escarmientos salvajes que empleaba con su pobre kouhai. A lo lejos, Matsuda-san salvó el día cuando los llamó a todos para irse hacia el restaurant para almorzar. Kanako corrió muy animada hacia la mujer.

– Te voy a matar más tarde…

– Pero Senpai, no es mi culpa que tú…

– ¡Una palabra más y te ahogo!

Tetsuhiro suspiró resignado y se preguntó si había sido una buena idea invitar a su Senpai a la playa, un lugar en el que este tenía varias maneras de torturarlo y asesinarlo.


Después del agradable almuerzo, diversión en las instalaciones de club y encantadora cena bajo la luna, Kanako y Matsuda-san, muy agotadas, se despidieron de ambos muchachos para dirigirse a una habitación en el piso cuatro que compartirían esa noche, mientras que ellos se quedarían en una del quinto piso.

Cada uno tomó un baño y luego se lanzaron a sus respectivas camas. Souichi estaba con los ojos cerrados, pero los abrió de inmediato al sentir que su kouhai estaba trepando su cama. En una palabra, estaba acercándose demasiado para su gusto.

– Por fortuna Kanako-chan dejó de hacer preguntas, ¿ne, Senpai?

– Baka, te dije que todo esto era tu maldita culpa, y me has hecho recordar que debo castigarte por eso. – reprochó molesto.

Ya estaba listo para dar el primer golpe cuando su mano fue frenada y unos labios atraparon los suyos en un beso anhelante lleno de deseo. La mente de Souichi quedó en blanco y solamente atinó a cerrar los ojos mientras sentía cómo su cuerpo se calentaba con ese beso, sobre todo porque el cuerpo de su kouhai también estaba ardiendo.

– N-No…

– Vamos, Senpai, es un lugar tan lindo… Quiero tener un hermoso recuerdo contigo aquí…

Souichi empezaba a marearse con las dulces caricias que el otro repartía por toda su piel mientras lo desvestía. Además aquel tono de voz susurrante y suplicante tenía un efecto tan devastador en él que lo hacía rendirse y ceder ante lo que el muchacho le pidiera. Obviamente, Tetsuhiro se dio cuenta de que Souichi estaba tratando de controlarse desesperadamente.

– Senpai, hazlo, no te reprimas.

– ¿D-De qué hablas?

– Puedes arañarme todo lo que quieras.

– B-Baka, ¿qué estupideces dices?

– Has estado preocupado por eso todo el día, pero a mí no me molesta. No vendremos a la playa hasta que cicatricen, ¿de acuerdo?

– D-Deja de decidir las cosas tú solo. ¿Quién dice que estaba preocupado?

Tetsuhiro sonrió con ternura. ¿Por qué ese hombre era tan dulce y adorable? No obstante, era tsundere hasta el extremo y terco como una mula. Afortunadamente, el perspicaz muchacho sabía muy bien cuál era la forma de lograr que este dejara más marcas en su espalda. Souichi, por su parte, no haría lo que el chico le dijera por nada del mundo, al menos no en su totalidad. Por ello, con la poca cordura que le quedaba, no se aferró a su espalda primero, sino a sus brazos. Sus uñas se enterraron firmemente en ellos mientras sentía el placer recorrer su cuerpo.

– Ah, Mori… Morinaga…

Realmente Tetsuhiro nunca terminaría de entender al amor de su vida. Aunque en verdad, en ese instante, no le importaba entenderlo sino sentirlo.


– Senpai, frota un poco más despacio, ¿no ves que me duele?

– ¡Pues aguanta! ¿Querías más arañazos? ¡Pues ahí los tienes, baka!

– ¡Senpai! ¿Y por qué también los brazos? ¿No es más notorio así?

– ¡No me importa, te lo merecías! – chilló sonrojado – Y por cierto, me muero de hambre, así que apúrate para ir a desayunar.

El menor frunció el ceño más por dolor que por enojo. Claro que se sentía dichoso de que su Senpai hubiera estado tan apasionado, pero ¿era necesaria tanta crueldad?

– Adelántate, Senpai, voy a terminar de vestirme.

– No es culpa mía si se acaba la comida, baka.

Souichi salió de la habitación y bajó para reunirse con su hermana en el primer piso en donde quedaba el restaurant. El desayuno estaba servido y se veía delicioso.

– ¡Ahhh, qué bien dormí anoche! Es que la cama era grandota y suavecita. ¿La tuya también, niisan?

– S-Sí… – murmuró desviando la mirada.

El científico no pudo evitar pensar en lo que habían hecho su asistente y él la noche anterior. Los vergonzosos recuerdos llegaron de golpe, especialmente porque Kanako tenía razón, la cama realmente era bastante amplia y blanda, facilitando los movimientos y…

– Niisan, tienes unas marcas extrañas en el cuello.

Souichi despertó de su ensimismamiento y por inercia se lo tocó, sin notar al tacto nada fuera de lo común. ¿De qué estaba hablando su hermana?

– ¿En el cuello?

– Sí, como moretones. ¿Te ha picado algún insecto?

Souichi abrió los ojos hasta más no poder y sintió cómo la sangre empezaba a hervirle de rabia y de vergüenza. Su cuerpo, envuelto en un aura maligna, comenzaba a temblar en demasía. Se puso de pie de golpe y dio grandes zancadas hacia el ascensor.

– ¿N-Niisan…?

– Ahora regreso, solo iré a matar al animal ponzoñoso que me picó. Estoy seguro de que sigue en mi habitación.

– ¿No deberías ir mejor al médico cuando regresemos? Niisan, espe…

La puerta del ascensor se abrió y se cerró tan rápido que Kanako quedó a medio hablar. Matsuda-san ya había llegado también, así que solo suspiró y una ligera sonrisa se dibujó en su rostro.

Ah, niisan sí que es extraño, y Morinaga-san lo es aún más por aguantarlo, pero… Gracias, Morinaga-san, por quedarte a su lado a pesar de cómo es él. Ay, bueno, como dije una vez, me esforzaré para seguir con la línea familiar, ya que para mis hermanos va a ser imposible.


Un ascensor se abría en el quinto piso al mismo tiempo en que un tirano pensaba en las mil y una formas que existían para exterminar a un animal pernicioso. Y, por supuesto, al llegar a casa, lo primero que haría es ponerse una bufanda aunque estuvieran en pleno verano.

– MO-RI-NA-GA…

– Senpai, me asustaste, ya estaba a punto de bajar.

– Pues ahora volveremos a entrar al cuarto. – susurró empujándolo hacia adentro.

– S-Senpai, por alguna razón tu aura no me gusta…

– Me alegra que sepas lo que te espera…

Tetsuhiro tragó en seco mientras retrocedía hasta caer sobre la suave cama. En sus agitados pensamientos no encontraba una razón como para que Souichi estuviera tan enojado con él, en especial porque la noche anterior había estado sumamente tierno y entregado. Sabía que era demasiado bueno para ser verdad pasar un fin de semana sin ser salvajemente golpeado por su superior. Ah, y pensar que en esa cama habían hecho cosas completamente diferentes tan solo unas pocas horas atrás…

Oh, bueno, para un masoquista como él unos cuantos golpes no eran nada, ¿eh? Sanarían en unos cuantos días. Sin embargo, aquellas adorables marcas de amor que intercambiaban en sus noches de pasión quedarían impresas en la piel, grabadas en la mente y atesoradas en el corazón para siempre.

Eran la prueba muda de que uno le pertenecía al otro.


Minna hisashiburi! :D

Estoy feliz de volver, ya que en verdad extrañaba escribir estos experimentos. Esta vez me inspiré para crear una situación sensualona y cómica que involucra esas marcas de amor que siempre me han parecido tan adorables y sensuales en nuestros chicos.

Ojalá lo hayan disfrutado y quedo a la espera de sus comments!

Nos vemos en el siguiente experimento!

Ja nee!

**Jane Ko**