EXPERIMENTO N°11: CINCUENTA SOMBRAS DE GAYS
La temperatura había descendido casi cuatro grados en el transcurso del mes y el viento silbaba la típica melodía invernal que todos reconocían como el verdadero inicio de la estación más fría del año. En cualquier momento, la nieve empezaría a caer sobre la ciudad de Nagoya, y pronto el blanco prevalecería sobre los demás colores.
Caminar uno al lado del otro en una fría mañana de invierno era ya, de por sí, una pequeña felicidad que disfrutaría al máximo ese corto fin de semana. Además de esa gran fortuna, el impresionante lugar en el que estaban ingresando ahora se convertía en el perfecto escenario que completaba su fantasía de joven enamorado.
–¡Esto es realmente asombroso!
El hombre de larga cabellera miró de reojo a su acompañante, y no se sorprendió demasiado al observar la expresión de dicha en su semblante juvenil. La verdad era que, aunque tratara de batallar consigo mismo para no demorar más de lo necesario en ese acto, sin percatarse, se había quedado diez segundos exactos contemplando la radiante mirada que paseaba por cada rincón del lugar; y como si se tratase de un breve encantamiento, el hechizo se rompió cuando una voz pronunció sus nombres con marcado entusiasmo.
–¡Morinaga! ¡Tatsumi senpai! Vaya, me alegra muchísimo verlos, gracias por tomarse la molestia de venir hasta aquí.
–Todo lo contrario, Yamaguchi, gracias a ti por invitarnos. Cuando nos contaste acerca de la inauguración de la biblioteca de tu tío, no pensé que te referías a una así de enorme y completa.
–Impactante, ¿cierto? Lo que sucede es que mi tío, aparte de ser catedrático, es un gran historiador y un lector acérrimo. Su colección era tan extensa que decidió abrir las puertas de su gran biblioteca al público para que grandes y chicos se culturizaran.
–Fue un acto muy noble de su parte, con tanto chiquillo inculto que anda por ahí –expuso Souichi cruzándose de brazos.
–Estoy seguro de que eso pensaba también mi tío –acotó Yamaguchi viendo venir el malhumor del superior.
–Y dime, ¿cuántos libros hay aproximadamente?
–Son en total cuatro mil libros, en su mayoría de literatura, historia y ciencia.
–¡¿Eh?! –exclamaron al unísono.
–Oye, para ser una biblioteca de un particular, son bastantes –expresó Tetsuhiro asombrado.
–¡En efecto! Ah, pero eso no es todo. ¡Síganme por favor!
La sonrisa del muchacho los hizo mirarse con intriga, así que obedecieron sin preguntar detalles. Fueron guiados por un amplio pasillo hasta llegar a una habitación iluminada con luces psicodélicas en la que se encontraban instalados varios estantes de madera altos y anchos repletos de tomos antiguos y modernos.
–Esta área es especial –señaló cual reportero–. Mientras los demás libros son para leer dentro de la biblioteca, todos los de aquí pueden salir. Se puede sacar hasta dos por cabeza y deben ser devueltos en el plazo de dos semanas.
–¿En serio? Eso es genial.
–Lo sé, la idea fue mía –comentó orgulloso–. Bueno, caballeros, pueden elegir sus libros con toda confianza; yo estaré en la entrada principal ayudando a mi tío con el evento. Siéntanse como en su casa por favor.
Girándose sobre sus talones, Yamaguchi se alejó dejando solo al dúo dinámico de la N University. Ambos iniciaron el emocionante recorrido por los pasillos de aquella sección de la majestuosa biblioteca que había descrito su amigo hacía unos minutos. Tetsuhiro se detuvo justo frente al cuarto estante, al mismo tiempo en que Souichi se sintió atraído por el que se encontraba casi al fondo de ese sector. El más joven empezó a recorrer con la vista los cientos de textos dedicados exclusivamente a la orientación y autoayuda en diversos temas de actualidad. Siendo un romántico empedernido, los títulos que llamaban su atención eran los referentes a cómo mejorar la relación con tu pareja. Sí, en definitiva, necesitaría uno de ellos para poder lidiar mejor con su no novio; aunque, en realidad, dudaba mucho que pudiera existir un libro mágico que le enseñara cómo tener una perfecta relación con el tirano malgeniado que ahora sonreía ligeramente al encontrarse rodeado de textos de ciencia. Él también sonrió, pues esos pequeños detalles eran los que le permitían entender mejor a su amado Senpai y, por tanto, darse cuenta de que jamás encontraría ningún manual de consejos exhaustivo que le ofreciera mayor seguridad que las sonrisas eventuales de Tatsumi Souichi.
Estaba a un paso de encaminarse hacia donde estaba el otro hombre cuando, de repente, chocó con una de las filas de textos, provocando que algunos de estos cayeran a tierra. El tirano reaccionó de inmediato y se acercó a auxiliarlo, mas al ver que su asistente no había sufrido ningún daño, lo regañó como una madre estricta; sin embargo, eso no impidió que se inclinara –según él, a regañadientes– para ayudarlo.
–Morinaga, ¿quieres destruir la biblioteca? ¡Ten más cuidado!
–L-Lo siento, Senpai, enseguida los levanto –murmulló apenado–. No es necesario que me ayudes.
–¡Cállate! Si quiero recogerlos es porque quiero recogerlos.
Quiso reír por la siempre intrincada y adorable lógica de su superior, pero se detuvo en cuanto cogió el último libro que le faltaba, fijando sus ojos en el increíble título del mismo.
"Cincuenta Sombras de Gays: El manual que todo homosexual debe conocer"
El muchachito quedó estático por unos instantes examinando una y otra vez el singular nombre que, ciertamente, se ajustaba bastante bien a sus necesidades. Estuvo a punto de lanzar un grito de emoción, pero, por fortuna, recordó que a su lado se encontraba su superior y que a este no le haría nada de gracia que hubiese encontrado semejante libro, por más manual de autoayuda que fuera. Souichi emitió un gruñido y regresó a la sección de ciencia, no sin antes advertirle a su descuidado amigo que la próxima vez lo golpearía por su irresponsabilidad. Cuando se hubo alejado lo suficiente, al fin, el joven pudo echarle una ojeada. De ninguna manera podía permitir que descubrieran su extraordinario hallazgo, y tampoco sería buena idea que Yamaguchi se enterara de su orientación sexual, al menos no por el momento. Pasó las páginas con lentitud, mientras su corazón palpitaba con ansiedad.
–Veamos qué hay en el índice.
La sorpresa no se hizo esperar. Lo que tenía en mano era nada más y nada menos que un compendio que cualquier homosexual que se respetara debería leer por lo menos una vez en su vida, ya que contenía desde una colección de frases y consejos hasta una sección de poses sexuales al estilo Kamasutra. Su mandíbula cayó un metro cuando vio que una de dichas posiciones era realizada por un hombre esbelto y de larga cabellera muy parecido al que ahora se encontraba al otro lado de esa habitación. Su incansable imaginación se activó cual alarma contra incendios, al mismo tiempo en que se preguntaba por qué el tío de Yamaguchi tendría en su poder tal ejemplar.
–¿Morinaga?
El pobre chico dio un salto que casi lo hace golpearse la cabeza contra el estante al escuchar la aguda voz de su Senpai llamándolo desde atrás. Afortunadamente había dejado el libro en su sitio justo a tiempo.
–¿Qué te pasa esta vez?
–N-Nada, Senpai. ¿Deseabas algo?
–Quería saber si ya habías elegido tus libros. Recuerda que tenemos que estar en el laboratorio en una hora.
–Tienes razón –contestó nervioso–. ¿Tú ya elegiste los tuyos?
–Por supuesto. Mira nada más esta belleza –expresó con clara emoción en la voz.
El kouhai volvió a sonreír. Las pocas veces que lo veía emocionado era cuando hacía sus experimentos, cuando leía y cuando comía. Claro que también, según él, su Senpai se emocionaba cuando lo besaba, pero esa no era todavía una verdad aceptada por el amor de su vida.
–¿No es esa la última edición del libro de microbiología que andabas buscando desde hace meses?
–En efecto, por eso te lo digo –respondió satisfecho.
– ¿Y el otro?
–El otro es para Kanako. Me dijo hace unos días que estaba buscando este libro. Seguro es una de esas novelas fresas que leen las adolescentes.
–Qué malo eres, Senpai –comentó riendo.
–Solo digo la verdad. En fin, ¿qué has elegido tú?
Tetsuhiro recordó lo que había estado leyendo antes de que Souichi lo hiciera brincar del susto y tragó en seco. ¿Qué iba a inventar ahora? Estaba cien por ciento seguro de que si era atrapado infraganti, no volvería a ver la luz del día. Sin más vuelta que darle al asunto, cogió lo primero que tuvo a la mano.
–Debo revisar algunos documentos del trabajo, así que solo me llevaré uno.
–De acuerdo, vamos a avisarle a Yamaguchi que ya tenemos los libros y que ya nos vamos.
Apenas Souichi se distrajo, volvió a coger el manual prohibido y le quitó el sticker del código de barras que luego pegó debajo de la fila a la que correspondía. Con manos temblorosas, al ser la primera vez que cometía un delito de esa clase, lo guardó dentro de su pantalón y cerró su casaca de modo que nadie notara su hurto temporal. Esos libros estaban destinados a salir de la biblioteca, así que no era tan malo lo que estaba haciendo, ¿cierto?
–Lo siento, Yamaguchi. ¡Juro que lo devolveré mañana!
Y así fue como Tetsuhiro regresó al laboratorio con una sonrisa que el mayor no pudo descifrar, pero que le hizo sentir escalofríos durante el resto de la mañana.
Después de haber realizado las compras para la semana casi a la velocidad de la luz, se apresuró a llegar a su departamento compartido. Hizo su ingreso con muchas ansias, ya que apenas terminara de organizar los comestibles y demás, se recluiría en su dormitorio a leer el sagrado tesoro escondido en su velador. Se cambió de zapatos con rapidez y saludó con afecto a su compañero de piso.
–¡Tadaima!
–Okaeri.
En vista de que ese "okaeri" había sido pronunciado en voz casi imperceptible, con curiosidad se dirigió hacia el sofá donde su superior estaba recostado leyendo. Obviamente, imaginó que se trataría de la preciada joya que había sacado ese día; no obstante, al notar que la pasta era diferente, pestañeó con incredulidad.
–Senpai, ¿no es ese el libro para Kanako-chan?
–Ajá, ¿por qué lo preguntas?
–Pensé que no te gustaba esa clase de libros.
–No seas imbécil, lo estoy analizando antes de dárselo a Kanako. Debo asegurarme de que no tenga ningún contenido indebido para su edad.
–Senpai y su complejo de hermano.
–Maldición, ¿qué clase de historia es esta? Una mocosa se enamora de su senpai que es el presidente del club de ciencias. El tipo la trata como a su esclava, pero a cambio, ella lo chantajea con contar que en verdad es un tirano, y por eso él tiene que fingir que son una pareja. ¿Qué leen los adolescentes hoy en día?
–La historia me suena de algún lado –dijo pensativo–. En fin, yo también iré a leer en mi cuarto.
–De acuerdo, yo seguiré con esta basura.
–Senpai, no eres muy amable.
–Nadie dijo que lo fuera.
El chiquillo sonrió nerviosamente ante la honestidad del tirano y, apenas hubo terminado de acomodar las provisiones, se dirigió a su habitación. Una vez dentro, extrajo de su escondite el manual prohibido, aterrizó en la cama de un salto y procedió a analizar el tentador índice. No sabía por dónde comenzar, así que le pareció una buena idea cerrar el libro y volver a abrirlo en una página random. Satisfactorio fue el resultado al centrar sus ojos justo en un tema de lo más atrayente.
"Diez posiciones sexuales más placenteras para los pasivos difíciles"
–¡Genial, es justo lo que necesitaba! Conozco muchas poses, pero aquí hay unas variantes que nunca había intentado con Senpai. Me pregunto si lo consentirá…
Con su celular tomó fotos de las más interesantes, pero, sobre todo, de las que Senpai podría ejecutar sin romperse los huesos. Aunque el malhumorado hombre poseyera la flexibilidad de una bailarina de ballet, no quería arriesgarse a lastimarlo únicamente por sus pervertidos objetivos. Luego de descartar algunas, llegó a una que llamó particularmente su atención. Si bien la conocía por su vasta experiencia en temas sexuales, nunca la había puesto en práctica; además, esta se trataba de una variante adaptada al sexo homosexual. Gracias a la exhaustiva explicación de la técnica y su preparación –junto con las explícitas imágenes–, no era necesario buscar más información. Entonces leyó para sí mismo.
–"En la pose del cangrejo, el hombre que desempeña el papel de pasivo se sienta flexionando los muslos contra su pecho y coloca las piernas sobre los hombros del que actúa como activo. Las ventajas de esta posición son que el ritmo, intensidad y profundidad de la penetración pueden marcarse muy bien, y que los amantes pueden verse cara a cara. Entre los inconvenientes, al ser una postura tan forzada, la penetración tan profunda puede causar algún dolor al pasivo si no está muy acostumbrado, y al mismo tiempo este dispone de poca libertad de movimientos."
Tetsuhiro reflexionó acerca de lo que acababa de leer durante unos minutos en los que su lujuriosa imaginación viajó más allá de lo evidente. Por cada pose y su respectiva imagen, se adjuntaban frases bastante picantes que podían decirse a la pareja en pleno acto, así que no dudó en ensayarlas con aquella voz sensual que siempre causaba los efectos esperados en el amor de su vida. La emoción y la excitación llegaron a tal punto que un intenso calor lo recorrió de pies a cabeza, hasta concentrarse, naturalmente, en la zona sur de su anatomía. Se maldijo a sí mismo por haber caído tan bajo como para excitarse con un simple libro; aunque, a decir verdad, no era tan simple que digamos.
Ahora bien, allá afuera había un problema mayor llamado Tatsumi Souichi. ¿Qué excusa le inventaría esta vez? Si bien él no era escandaloso como su compañero a la hora del sexo, en vista de que se encontraba leyendo en silencio, definitivamente lo escucharía. Su única opción era darse una ducha fría, por lo que tomó su pijama y se dispuso a salir sin ser descubierto. Intentó ser lo más sigiloso posible al abrir la puerta, pero, lógicamente, la vida de Morinaga Tetsuhiro no podía ser tan sencilla. A causa de sus justificados nervios, dio un mal paso y cayó de bruces, lastimándose un poco la mano que había apoyado por acto reflejo al presentir su inminente caída.
El científico no dudó en dejar de lado su lectura al percibir el ruido, acercándose con prisa hacia su amigo que ahora mostraba un gesto de dolor. Lo ayudó a ponerse de pie y también le alcanzó la ropa tirada.
–Morinaga, ¿qué te pasó?
–E-Estoy bien, solo me tropecé y…
El científico frunció el ceño y clavó sus ojos en él. Como un buzo, tuvo que contener la respiración al ver cómo Souichi desviaba la vista hacia la ropa de dormir. El jovencito rogó internamente para que no le hiciera la única pregunta que no quería escuchar –ni mucho menos contestar– en ese instante, pero que llegó de igual forma al cabo de varios segundos de tensión.
–¿No te habías dado ya una ducha en la mañana?
Cielos, ¿desde cuándo Souichi se fijaba tanto en él? Y no era que eso le molestara; todo lo contrario, amaba que se interesara y se preocupara por él, y mientras más lo hacía, mucho más feliz se sentía. Sin embargo, en semejante situación, estaba muy seguro de querer pasar desapercibido.
–Es que hace calor hoy y m-me sentía un poco sudoroso y por eso quise d-ducharme de nuevo.
Todo ese escenario surrealista casi se sentía como una situación inversa a la ocurrida en Canadá, en la que Souichi había sido el mentiroso al haber querido justificar sus repentinas ganas de bañarse con una excusa tan patética como que hacía calor en un día tan frío como aquel. Del mismo modo en que Tetsuhiro había logrado descubrir la solapada excitación que había tratado de ocultar inútilmente con ese súbito baño, el tirano se percató de que algo andaba mal. El menor se quedó paralizado, por primera vez sin saber qué hacer. Con el corazón golpeteando su pecho, percibió la intensa mirada de Souichi descendiendo por su cuerpo hasta situarse en la evidente protuberancia que resaltaba en sus jeans. Tetsuhiro tragó saliva de forma audible al sentirse descubierto.
Maldita la hora en la que eligió, sin pensar, los pantalones más ajustados que guardaba en su clóset; maldita la hora en la que se le ocurrió darse una ducha; maldita la hora en la que tropezó y cayó; maldita la hora en la que hurtó y leyó ese libro del demonio.
Y maldita la hora en la que elevó la mirada y se encontró con el hermoso rostro de Souichi totalmente encendido.
El pijama se le resbaló de las manos y, una vez más, dio a parar al suelo. Ambos encontraron como distracción momentánea la camisa y el pantalón enredados entre sí; pero no fue sino hasta que se asomó el color negro del bóxer de Tetsuhiro que despertaron sus cinco sentidos.
No había más vuelta que darle al asunto. Él no haría ningún movimiento en falso que pudiera incomodar a su superior, más de lo que ya lo había hecho al verse delatado en tan penosas condiciones.
–Yo…
No era para nada factible verlo así: tan avergonzado cuando era el ser más pervertido del planeta, a su parecer. Ah, no; a él menos que a nadie podría engañarlo con esos trucos de niño bueno que no mataba una mosca. Lo conocía demasiado bien como para tragarse el cuento de que todo eso era accidental y no uno de sus múltiples planes para llevarlo a la cama. La voz entrecortada del menor interrumpió, de pronto, su análisis mental.
–Tengo que…
Su índice tembloroso apuntó hacia el cuarto de baño, pero cuando hizo ademán de moverse, una mano insegura tomó su muñeca.
Tetsuhiro quedose inmóvil. ¡Rayos!, él en realidad estaba poniendo todo de su parte para respetarlo, pero es que su Senpai simplemente no colaboraba. Siempre se empeñaba en ser tan adorable, inocente, hermoso y sexy, ¡y lo peor es que lo hacía sin siquiera notarlo! No, esa combinación era fatal para una persona con tan poco autocontrol como él. Además, ¿por qué lo había detenido ahora mismo? ¿En serio era tan ingenuo como para no darse cuenta de a qué grado lo estaba tentando con tan solo coger su muñeca?
Una vez más, silencio.
El buen Tetsuhiro no quería caer de tal forma, mucho menos por un mal cálculo en sus planes. Tenía la intención de cenar con su Senpai mientras charlaban de sus vidas en compañía de un buen vino, y solo después seducirlo hasta consumar su amor toda la noche. De ninguna manera había querido ser atrapado como un animal salvaje o el tirano le reprocharía su inmoralidad –con toda razón– hasta el último día de su vida. Ah, y todo por culpa de ese libro traicionero. En lo que deliberaba sobre qué era correcto y qué no, sintió que el agarre menguaba junto con sus esperanzas.
Y un tímido murmullo fue el detonante de su irrefrenable pasión.
–No lo hagas…
Souichi sintió el impetuoso beso solamente segundos después de chocar contra la pared, lo cual le hizo dar un pequeño salto antes de aferrarse –por instinto y por costumbre– a los firmes brazos de su asistente. Hacía tanto que no se daban un pequeño descanso para sucumbir a la necesidad carnal que sus cuerpos se llamaban casi a gritos. La vergüenza era el pretexto de uno; el respeto, el freno del otro. No obstante, cuando alcanzaban el tan ansiado punto de quiebre, no había excusa que pudiera contener sus ganas ni fuerza capaz de separar el imán de deseo que los atraía.
Entraron al dormitorio a tientas y en la obscuridad hasta chocar con la cama, cayendo uno encima del otro. Volvieron a besarse, pero justo antes de empezar a desvestirse, el menor detuvo toda acción. Para su asombro, los ojos esmeralda buscaron los suyos con insistencia como deseando decirle algo importante.
–Senpai, ¿esto está bien para ti?
El corazón de Souichi dio un vuelco. En su mente a punto de entregarse al deseo, no habría previsto jamás ese movimiento digno de ajedrecista profesional. Ese tonto sí que sabía bien cómo jugar sus cartas y eso, ciertamente, lo descolocó por un instante. ¿Qué clase de mundo paralelo era ese en el que se le pedía su consentimiento para tener sexo? De acuerdo, no podía ser tan injusto con el chico que ya había aprendido a controlar sus impulsos, pues ya no lo presionaba y respetaba su postura cuando decía que no.
Sin embargo, esta vez algo era distinto.
A diferencia de otras oportunidades, Tetsuhiro había salido ya notablemente excitado de su habitación, lo cual le hizo reflexionar sobre las circunstancias en las que había sucedido eso. ¿Qué había podido ocurrirle como para haberse prendido de tal modo –al punto de salir huyendo al baño– cuando siempre lo buscaba a él apenas se convertía en el animal en celo que era por naturaleza? ¿Por qué había preferido hacerlo solo? ¡¿Por qué?!
Y cómo odiaba todo esto. Odiaba no entender la razón por la que le irritaba ser ignorado por su desconsiderado asistente. Odiaba tener que dar su consentimiento para algo a lo que se había acostumbrado a no tener que manejar, porque era el kouhai el que decidía cada paso, desde el inicio hasta el final. Porque consentir llevaba a participar; y participar llevaba –indiscutiblemente y para su desgracia– a disfrutar.
–¿Senpai? –repitió en un susurro temeroso.
Pero tal vez, en el fondo, y aunque no se diera cuenta todavía, lo que sentía era miedo. Miedo de que todo dependiera de su decisión, ya que así, luego no podría justificarse, puesto que él mismo habría dado el visto bueno para concretar el acto íntimo. No habría vuelta atrás una vez que continuaran. Y aunque lo sabía –maldita sea, ¡aunque en verdad lo sabía!–, apartó el rostro de modo que su cabellera cubriera un poco su sonrojo, y trató de sonar lo menos pervertido posible.
–¿Cuál es la maldita idea de hacerlo en el baño si estás en casa?
Ante semejante pregunta ambigua, Tetsuhiro mandó al infierno lo poquísimo que le quedaba de autocontrol. Le quitó la ropa al compás de besos y caricias, se deshizo de la suya y empezó con la húmeda y excitante antesala y preparación. Mientras su compañero se deshacía en gemidos, recordó la existencia del libro que había tomado prestado de la biblioteca y quiso atreverse a usar algunas de las frases que acababa de leer ahí, aprovechando la vulnerable disposición de su superior. No le cabía la menor duda de que el hombre se moriría de la vergüenza, pero no podía negar que le excitaba en demasía su inocencia y pureza camufladas por insultos y malas palabras.
–Ah, Tatsumi-san, ¿cómo se te ocurre provocarme de esa forma? –susurró sensualmente cada palabra con un tono de pura lujuria–. Has sido muy malcriado conmigo últimamente, así que tendré que castigarte…
Su rostro enrojeció más ante el atrevido comentario de su estúpido ayudante. Se moría de ganas de golpearlo y patearlo, pero la actual posición no le permitiría hacerlo, sin mencionar sus exiguas fuerzas. ¿Quién diablos se creía ese idiota para tratarlo como a un niño? Ese insolente sí que había firmado su sentencia de muerte en ese preciso momento. Y mientras el otro continuaba con su interminable dirty talk, el indignado tirano le hizo frente para defender su mancillado orgullo.
–Deja de tratarme como a un niño, ¡trátame como a un hombre!
Definitivamente, eso no era lo que había querido decir en su defensa.
–N-No, no quise decir…
–Lo que tú ordenes, Senpai –interrumpió con el gesto más descarado que podía mostrar–. Voy a tratarte como a un hombre.
Y sin darle tiempo a reestructurar su discurso, lo tomó de los brazos con violencia, le dio media vuelta y lo haló hasta el borde de la cama. Souichi arañaba las sábanas a medida que era arrastrado, tratando, en vano, de frenar el intempestivo tirón. Las groseras manos apresaron sus caderas y pudo sentir la intromisión repentina y al mismo tiempo esperada dentro de su cuerpo. El vaivén se inició y los erráticos movimientos eran acompañados por más frases indecentes y más gemidos profundos. Aturdido por el inconmensurable placer, ladeó la cabeza en busca de los labios de su predador y, naturalmente, este correspondió lamiendo los suyos primero y haciéndose paso después en el interior de la boca del hombre que le pertenecía en cuerpo y alma.
–Esta noche estás muy mansito, Senpai. Ni siquiera te diste cuenta de que me detuve un ratito, y seguiste moviéndote tú solo.
–¡N-No es cierto! Y no d-digas una palabra más o…
–¿Te molesta acaso que te haga perder la concentración?
–J-Juro que voy a destrozarte, imbécil de…
–De acuerdo, pero no antes de que yo te destroce a ti.
Dadas las calientes circunstancias, Tetsuhiro consideró que era el momento ideal de poner en práctica aquella pose que había llamado su interés. Con las rodillas firmes en tierra, hizo girar de nuevo al tirano a fin de poder contemplarlo en todo su esplendor; le flexionó los muslos a la altura del pecho, al mismo tiempo en que colocaba sus piernas sobre sus propios hombros. ¿Por qué rayos ese tipo no podía practicar el sexo de manera convencional? Con la mirada húmeda y afilada, trató de enfocarse con dificultad en la expresión de su mejor amigo, pues deseaba saber qué más estaba planeando ese desvergonzado.
Por supuesto que no era anticipación.
Al percatarse de que su cuerpo había adoptado tan incómoda posición, solamente atinó a apoyar las manos en el colchón.
–No, así no, Senpai –recriminó cual profesor corrigiendo el error de un alumno–. Tus brazos van justo aquí, alrededor de mi cuello. No querrás resbalarte de la cama y hacerte daño, ¿verdad?
–¿Pero qué es lo que…?
–Confío en tu resistencia masculina para lo que haremos ahora, Senpai –musitó con voz grave y rasposa resaltando el doble sentido de sus palabras.
Un chispazo encendió cada célula de su sistema nervioso. Enseguida, tragó en seco y tomó aire esperando con el corazón a mil por hora lo que vendría a continuación. A su vez, trató de desactivar la zona lógica de su cerebro, aquella que siempre le impedía aceptar como normales tales actos. Repitió el ejercicio de respiración un par de veces más hasta que, inevitablemente, dejó escapar un indecoroso gemido al sentir la segunda intrusión de esa noche en su cuerpo cautivo. Apretó la mandíbula con rabia por no ser capaz de contener su propia voz, y se maldijo incluso más al percibir –entre lágrimas de placer que ya habían brotado de sus ojos sin siquiera notarlo– la expresión llena de satisfacción de Tetsuhiro.
–Con esto vuelves a demostrar que te gusta más cuando duele un poco –comentó con sarcasmo–. Eres un todo un macho, Senpai.
–Idiota, v-voy a matarte –chilló en tono poco convincente–. Solo espera y… ¡Ah!
Lo más apropiado para silenciar sus amenazas siempre sería un ataque sorpresa; por ello, salió de golpe y volvió a introducirse con fuerza, una y otra vez, devorando también sus labios cada vez que tocaba fondo. Entre besos, friccionaban sus lenguas, y entre suspiros, gemían sus nombres. La indudable disposición de Souichi y su evidente gozo encendían tanto a Tetsuhiro que sus te amo brotaban a manera de súplica, de gratitud, de felicidad. El éxtasis se encontraba demasiado cerca –como siempre más de uno que del otro–, así que el menor ralentizó el acto poco antes de culminar.
–Respira profundo, Senpai –pidió ya casi incapaz de contenerse–. Y si…, y si es demasiado para ti, tienes mi espalda a disposición de tus uñas, ¿de acuerdo?
Souichi enrojeció más ante el significado implícito de ese ofrecimiento, pero estaba tan mareado por el placer que simplemente sintió la llegada del orgasmo como una explosión estelar que lo hizo estremecerse, mientras gritaba el nombre de su compañero. Y ese grito más el efecto de sus espasmos repercutió en la sensible hombría de Tetsuhiro que se dejó arrastrar por el alucinógeno clímax exclamando, de igual manera, el apelativo de su amante.
Tras un par de minutos que se concedieron para sosegarse, el kouhai deshizo la conexión con sumo cuidado. Tomó en brazos a su compañero y lo instaló en la cama, acomodando su cabeza en la almohada. Se levantó para limpiarse y limpiarlo antes de echarse a su lado, quedando uno frente al otro y, posteriormente, cubrió a ambos con el edredón. El cuerpo del mayor aún temblaba ligeramente, por lo que decidió rodearlo en un abrazo lleno de amor y devoción, acariciando su espalda con cariño para que pudiera terminar de salir del intenso trance y descansar plácidamente. Después de todo, se lo merecía luego de su maravillosa performance de esa noche. Había superado, con creces, todas sus expectativas.
Al distinguir su semblante tan tierno e indefenso, no pudo resistir la tentación de hacerle un poco de bullying.
–Realmente me sorprendió tu resistencia, Senpai.
La respuesta fue un leve gruñido que a Tetsuhiro le pareció más un sexy ronroneo de gatito totalmente domesticado. A pesar de encontrarse al borde del desmayo, esa no fue razón para que sus ganas de asesinarlo se aplacaran. La promesa de desollarlo vivo, una vez que recuperase sus energías, se mantendría en pie.
–Oh, y creo que necesitas un corte de uñas. No tienes idea de cómo me dejaste la espalda –se quejó con ironía.
–Morinaga…–articuló débilmente.
–Dime, Senpai.
–Eres un maldito degenerado –masculló antes de caer en el sueño profundo–, pero aun así…
–¿A-Aun así…? Aun así, ¿qué, Senpai? –exclamó lleno de esperanza.
El agradable sonido de su respiración estable llegó a sus oídos indicando que acababa de quedarse dormido. El chiquillo suspiró un poco decepcionado, pero la decepción no le duró tanto, considerando el gran avance que habían logrado esa noche, que había sido como uno de sus innumerables sueños eróticos hecho realidad, y superado por mucho.
–Ah, tenían razón con respecto a esa posición, se sintió tan increíble…
Contempló dulcemente a Souichi, cuyo esbelto cuerpo cubierto de marcas rojas brillaba de sudor y otras cosas. Esbozó una leve sonrisa, dándose cuenta de que, a pesar de que ningún libro le ayudaría a mejorar su vida sexual porque esta era ya casi perfecta, algunos truquitos había aprendido para llevar al cielo y más allá al hombre que amaba con todo el corazón.
–Gracias, Senpai. Con este recibimiento, la espera ya no será tan cruel.
Y al fin sintió que había encontrado la única ventaja de la distancia.
El cántico de los pajarillos volando en bandada por el azul cielo lo puso incluso de mejor humor de lo que ya se encontraba esa mañana. Aunque era consciente de que pronto regresaría a Hamamatsu, las imágenes de la noche anterior no dejaban de producirle cosquillas en la boca del estómago ni de hacerle suspirar como si fuera el día más maravilloso del año. Había decidido dejar descansar al científico unas horas más y se había acomedido a ir al laboratorio a fin de adelantar los experimentos pendientes sobre los que habían comentado hace poco.
–Buenos días, flores; buenos días, mariposas; buenos días, árboles.
En lo que saludaba a cada especie de la naturaleza, ingresó al laboratorio tarareando una canción romántica y lanzó un gran suspiro antes de cerrar la puerta tras de sí. Lo primero que advirtió fue que la luz estaba encendida y que el madrugador Shouta estaba arreglando algunos documentos.
–Buenos días, mi estimado Tadokoro-kun.
–Oh, buenos días, Morinaga-san.
El siempre amable y considerado Shouta había superado ya su trauma inicial de aquella noche en el departamento de sus superiores, noche en la que Tetsuhiro prácticamente le había dejado en claro el contexto de su relación. Confiando en que el asunto moriría ahí, dejó sus cosas sobre la mesa y avisó que iría a alistarse para iniciar la jornada laboral.
–Tadokoro-kun, el informe del experimento TS82 está en mi mochila, puedes ir revisándolo mientras voy a cambiarme.
–De acuerdo.
Pasados unos minutos, Tetsuhiro regresó listo para empezar a trabajar cuando notó que el chico de anteojos tenía algo entre las manos, y no era precisamente el informe que le había dicho que leyera. Su expresión de espanto no se comparaba con nada visto anteriormente.
–Estaba buscando el informe y esto se cayó. No estaba husmeando, lo juro.
–N-No es lo que crees, Tadokoro-kun…
Ahora bien, una cosa era insinuar que su Senpai y él tenían algo más que una buena amistad y/o relación de senpai y kouhai, y otra muy distinta era sugerir que eran unos pervertidos que leían ese tipo de libros y hasta quizá ponían en práctica los tips que estos recomendaban. De más estaba decir que si Souichi se enteraba, lo descuartizaría vivo. Mientras en su siempre descarriada imaginación visionaba con horror su pronta muerte, sintió que Shouta colocaba una mano temblorosa sobre su hombro de forma casi fraternal, y con una sonrisa nerviosa, negaba con la cabeza.
–No te preocupes, Morinaga-san, tu secreto está a salvo conmigo –murmuró entregándole el pecaminoso objeto.
Si su presión arterial subía por los cielos o caía a los infiernos, en definitiva, sería la justa bofetada del karma.
Esa misma tarde, a pesar del interrogatorio del científico mayor, Tetsuhiro salió disparado hacia la biblioteca del tío de Yamaguchi para devolver –con perturbado disimulo pero nunca arrepentimiento– el clandestino ejemplar. Lo escondió muy al fondo para evitar la tentación de llevárselo una segunda vez, y agitó la mano como si estuviera despidiéndose, para siempre, de un pasado oscuro. Agradecía haber tenido tiempo suficiente de sacarle, por lo menos, unas cuantas fotos a las secciones que le serían de utilidad en un futuro cercano.
–¿Qué estoy pensando? Este condenado libro ya me metió en suficientes problemas. ¡No quiero volver a leer nada parecido en mi vida!
Bufó un par de veces, y cuando estuvo a punto de retirarse, una especie de cuaderno delgado de color negro brillante capturó su atención.
"Sex Note
El humano cuyo nombre sea escrito en este cuaderno tendrá sexo con la persona que lo tenga en su poder. Este cuaderno no hará efecto si el propietario no tiene en mente la cara de la persona con la que desea tener sexo mientras escribe el nombre. De este modo, la gente con el mismo nombre no se verá involucrada."
Está de más decir que esa noche se gastó dos lápices enteros para llenar cada una de las hojas de dicho cuaderno con los tres kanjis de Tatsumi Souichi a la velocidad de la luz.
Mientras realizaba esta misión suicida, se preguntaba con cuánto tiempo de cárcel se penaría la cleptomanía en su querido Japón.
Jane is finally back!
Como siempre, lamento la larga espera, no había tenido tiempo ni inspiración para terminar este experimento que tenía en mente desde que me enteré de la existencia de la película (que por cierto no tengo interés en ver, pero cuyo nombre aplicaba para la idea de un one shot que quería escribir sobre mis amados chicos) y que había empezado a redactar desde el año antepasado. Por eso mismo, quería empezar este año con un experimento muy sensualón y a la vez cómico para acallar el sufrimiento por no haber tenido el Plan 3 este mes.
Realmente me costó salir de mi zona de confort para subir el tono de este experimento, ya que las/os que me leen saben que escribo muy pocas escenas íntimas, y solo lo hago cuando son importantes para la trama y, naturalmente, porque son canon en el manga. Y si las comparan, se darán cuenta de que esta es distinta por el tono picarón que le agregué.
¡Así que este es mi YOLO 2019!
¿Qué opinan? ¿Comprarían y utilizarían los libros mencionados? Solo recuerden conseguirlos de manera legal, ¿eh? No sigan el mal ejemplo de Tetsuhiro. ;D
Espero que 2019 las/os esté tratando muy bien.
¡Hasta el próximo experimento!
じゃねぇ❣
**Jane Ko**
