¡Buenas tardes señoritas! Antes de que el internet me vuelva a abandonar como el día de ayer, mejor actualizo de una buena vez XD No tengo mucho que decir sobre este capítulo, más que las maldades que Kise hace con tal de salirse con la suya, las paga y muy caro. ¡Qué viva el bullying al rubiecito! lol
Capítulo 113
Todo queda entre hermanos
En el momento en que se dio cuenta de que era demasiado tarde para regresar a casa, fue cuando se dio cuenta de que se había dejado llevar por sus impulsos y que resultaría un verdadero acto de cobardía el dar media vuelta y retornar a Nagoya. Así que se tranquilizó, respiró hondamente y miró a sus alrededores.
Quizás hubiera visitado Tokio hace casi dos meses atrás, pero ese lugar era enorme, demasiado ruidoso, vistoso y ajeno a su tranquila prefectura, por lo que indudablemente no sabía hacia dónde dirigirse para llegar al susodicho estudio donde Kise se encontraba filmando el tan deseado dorama.
Empezó a caminar con naturalidad, como si hubiera nacido allí mismo. Y al mismo tiempo buscaba a alguien que pudiera darle indicaciones precisas hacia dónde debía dirigirse.
—Si me voy ahora sería muy cobarde de mi parte. Así que ya que ando aquí aprovecharé para distraerme un poco…La semana ha sido un verdadero fastidio…—y es que tras el develamiento de su relación con Kise los medios no dejaban de acosarla y las fastidiosas fanáticas del blondo se tornaron una pesadilla viviente.
Bueno, tras unos veinte minutos de caminata habría de percatarse que estaba extraviada y que el sujeto que le orientó estaba igual de desubicado que ella. Vaya manera de iniciar su sábado.
Suspiró y se centró en pedir más información. No iba a derrumbarse por algo tan simple; además, era una alegría que nadie la reconociera en las calles y por ende, nadie le relacionara con Kise Ryouta. Es que desde que empezó a trabajar en ese dorama su fama se fue por los cielos.
—Disculpe, me gustaría pedirle información sobre el siguiente sitio…—mencionó para aquel alto hombre que estaba frente a ella, esperando a que el semáforo se pusiera en verde.
—…Pero si eres…—la sorpresa se contemplaba en ambos rostros. La ciudad ahora no parecía tan grande cuando te topabas a un viejo conocido.
—Aomine-kun —saludó la joven de inmediato.
—Es raro verte por aquí sin Kise…—mencionó. Aunque sabía que el blondo estaba ahora mismo trabajando.
—Digamos que me dieron curiosidad…sus dotes actorales. Seguramente lo hace fatal y todas lo elogiaban sólo por ser medio atractivo…—jamás en esta vida iba a admitir abiertamente las cosas buenas que ese hombre poseía.
—Pues el estudio en donde trabaja no está demasiado lejos de aquí. Aunque debes abordar un autobús para acercarte a la zona.
—¿En serio?¿Podrías decirme cuál tomar? Pedí indicaciones pero la persona parecía igual de pérdida que yo.
—No hay problema. Igualmente me dirijo hacia esa parada —habló.
—Ya veo. Gracias de antemano —ambos cruzaron la calle con tranquilidad, intentando no ser aplastados por la masa humana de personas que iban y venían; tanta humanidad podía ser tedioso para Aoi.
Lo interesante de la parada no era que estuviera repleta en su mayoría por estudiantes de secundaria, sino más bien el par de anuncios que estaban en los laterales, promocionando lo que indudablemente sería uno de los shows más ansiados de la televisión.
—Pero si es…—susurraba Kimura observando con mucha determinación el anuncio. Hablando de su novio, allí estaba, luciendo perfectamente inmaculado, con un aire de misterio y cierto distanciamiento hacia el mundo, pero igualmente viéndose atractivo—….Ryouta…—lo único que arruinaba esa imagen era quien estaba su lado, parada espalda contra espalda y con esa mirada de enamorada pérdida.
—Así que ese es su anuncio…—Aomine tampoco se había quedado sin espectáculo que admirar. Frente a él estaba esa novia suya luciendo esa faceta que no encajaba en ella sin importar la imaginación que tuviera. Después de todo, verla con ese semblante de cohibición mientras aquel joven se limitaba únicamente a tomar su mano entre la suya, era de otro mundo—…Lo veo y no lo creo…
—Sí, esa es la razón por la que sentí un poco de curiosidad…Su papel parecía…interesante —razón que no era falsa, pero esa pelirroja sin duda también estaba dentro de los motivos de su llegada a Tokio; malditos celos.
—Supongo que no sería mala idea pasarme por allí también…—quizás, sólo quizás, las palabras de Kuroko habían hecho mella en él.
Al final Aoi ganó un compañero de viaje que le llevaría hasta el estudio sin opción de perderse y con el que definitivamente ninguna mujer armaría jaleo alguno. Así se ahorraba tener que poner en su lugar a cualquiera que viniera a fastidiarle con el viejo cuento de que era poca mujer para Kise Ryouta.
—Imagino que también pasas por lo mismo…—y por ello Aoi hacía referencia al acaso de fans, ser el centro de los chismes y demás cosas que confería salir con alguien de la sociality.
—No soy acosado por sus fanáticos, al menos —eso era una gran ventaja sobre ella. Normal, él podía ser lo suficientemente intimidante como para que cualquier chico no quisiera meterse con él.
—Tienes suerte de ello —mencionó con notoria envidia. Lo que daría porque esas mujeres acosadoras la dejaran en paz un día al menos.
—Hay otra clase de inconvenientes en lugar de ello.
El viaje hacia el estudio no ocupó más de media hora más de su tiempo, así que pronto estuvieron llegando hasta la recepción, más que listos para pedir informes de a qué piso dirigirse. Al parecer sus parejas no eran los únicos trabajando en ese tipo de grabaciones.
Y para desgracia o alegría, aquella mujer que recién salía del elevador reconocía a uno de los dos sin problema alguno. Por lo que no dudó en acercarse a saludarles.
—Aomine-kun, hola —saludaba la peli verde. El moreno reaccionó al poco rato, la conocía de vista solamente—. ¿Has venido a ver cómo trabaja Axelle?
—Podría decirse.
—Entonces vengan conmigo o nunca los dejarán pasar —emprendió su caminata nuevamente hacia el elevador y ellos le siguieron sin más—. Imagino que tú eres la pareja de Kise-kun, ¿cierto?
—Así es —respondió—. Kimura Aoi, encantada.
—Puedes llamarme simplemente Maeko, Kimura-kun —le hizo saber con una pequeña sonrisa.
Gracias a esa mujer pudieron acceder al ansiado set de grabación. Y aunque para Aoi no era nuevo el estar dentro de ese ambiente, igualmente estaba sorprendida de la gran cantidad de personas que allí había y ese aire de suspenso que no formaba parte de las sesiones de modelaje. Por su lado, Aomine estaba bastante curioso con su alrededor, ya que algunas actrices que allí estaban también eran modelos y bueno, él las conocía.
Pero tan pronto enfocaron su atención en ese par de blondos que literalmente resaltaban en medio de toda esa gente, se concentraron en lo que estaban a punto de hacer. Su momento de actuar había llegado y la curiosidad les mantenía a la expectativa.
—…Así que es el turno de Kise…
—¿Cuántas veces tengo que repetirlo? No necesito ayuda ni de ti ni de nadie de la familia. Estamos bien solos, así que no se metan más en nuestras vidas…Ya suficiente han hecho…—mencionaba con tono gélido y esa mirada cargada de un claro sentimiento de desprecio.
—Apenas y puedes lidiar contigo mismo, ¿cómo puedes hacerte cargo de tu hermana? Ella podría estar mejor.
—Simplemente vete. No tiene caso seguir hablando de cosas como estas…Si quieres seguir incordiando con esto, hazlo conmigo pero deja a Shiro fuera de todo esto.
—Tsk…Si serás necio.
—Se queda —hablaba el director para el elenco—. Me gusta esa mirada Kise-kun. Lo estás haciendo bien. Si continúas así te recomendaré para otros doramas.
—Muchas gracias —sonrió como era usual.
Esos dos no pronunciaron palabra alguna. Solamente estaban viendo todo desde un lugar privilegiado, notando que ese par de rubios estaban tan metidos en su papel que no habían notado que estaban allí, apreciando su trabajo desde primera fila.
Fue así como Aoi descubrió que un Kise serio, trabajador, responsable y que era capaz de pasar de las insinuaciones femeninas con una destreza digna de alguien que no concibe las relaciones sentimentales como trascendentales, resultaba indiscutiblemente atractivo para sus ojos. Es que era ridículo que se sintiera totalmente atrapada por el personaje que representaba dentro de esa historia de drama y romance, que le hizo sentir cierta pena que le coloreó las mejillas de un tenue carmesí.
Además, el que usara esas gafas y tuviera esa clase de desplantes, estaban volviéndole lentamente fan de ese bien parecido personaje.
—…Debo admitir que ese personaje es mejor de lo que me había contado. Si tan sólo fuera la mitad de lo que actúa…—deseos de cosas imposibles al fin y al cabo.
Aomine también estaba experimentado ciertos sentimientos encontrados en cuanto aprecio las diversas actuaciones de la francesa. En cada una de ellas se mostraba como una chica dura a la que poco o nada le importaba ser molestada por sus compañeras de clase o cualquiera que no simpatizara con su actitud, pero cuando se trataba de su querido hermano le afloraba ese sentimiento fraternal y ese lado de aparente dulzura.
Era tan opuesta a como en realidad era, que resultaba curioso que le atrajera una faceta como esa en ella. Podría decirse que sería en cierto modo lindo que respondiera alguna vez así o que se cohibiera con algo y no deseara admitirlo abiertamente. Lamentablemente ella era cínica por naturaleza y nunca pasaría.
—Al menos no actúa tan desastrosamente mal como imaginaba…
Valía la pena recalcar que con sólo limitarse a ver todo el trajineo que esos dos tenían, ya estaban más que cansados. Y bueno, era cosa normal si se consideraba que pasaban de las seis de la tarde y apenas estaban dando por concluida la sesión de trabajo.
Fue cuando todos empezaron a dedicarse a guardar el equipo y resguardar el último escenario, que podían sentir que estaban a nada de la libertad. No obstante, ciertos rubios se les habían perdido de su campo de visión.
—¿Y ahora a dónde se han metido? —fue la pregunta conjunta de esos dos.
—Seguramente estén en su camerino. Les tocó compartirlo este día —les notificaba Maeko, indicándoles hacia dónde debían movilizarse—. Díganles de favor que mañana las grabaciones serán a las 10 a.m.
—Entendido —agradecía la castaña.
Haciendo a un lado las miradas inquisidoras y curiosas del personal, así como los murmullos, lograron dar con ese par sin problema alguno. Estaban guardando sus cosas a una velocidad épica mientras estaban atendiendo el celular; por lo visto estaban siendo muy solicitados. Así que pronto ya estaban en el centro del concurrido salón, despidiéndose de todos.
Y sí, nuevamente los ignoraron olímpicamente.
—¡¿Aoi…?!
El blondo ya no podía decir absolutamente nada más y tampoco es como si su cerebro estuviera para procesar profundos pensamientos y oraciones coherentes. Ahora lo único que su cabeza quería hacer era sentir con lujo de detalle los labios de la castaña.
Se había dirigido hacia él sin decir nada y osado hacer lo que muchas mujeres desearían: robarle un beso a ese atractivo hombre. Era su pareja y gozaba de esos privilegios y más.
—-E-Estoy sorprendido de que…estés aquí, Aoi —esa sonrisa tonta y que podía derretir a cualquiera, adornó su bonito rostro. Estaba encantado de la vida en que ella hubiera dado el primer paso y besarle de esa manera en frente de todos.
—Dijiste que podía venir a verte trabajar, así que no hay problema —se encogió de hombros, intentando ignorar lo avergonzada que se sentía de ofertar una muestra de afecto ante tanto público observador.
—Sea lo que haya sido, me alegra de que estés aquí —ese tono de alegría era puro y sincero, lo que provocó que sonriera tenuemente. Y ya con esa emoción de por medio, la estrechó en un amoroso abrazo; Kise y sus romanticismos innecesarios.
—…Cursi…—comentó, desviando su atención.
Era inevitable que las exclamaciones de sorpresa aparecieran inmediatamente tras el término de aquel beso, así como más susurros innecesarios. Sin embargo, alguien estaba aprovechando esa situación para contribuir con su granito de arena al fastidio colectivo de esas celosas mujeres.
—¿Por qué no me sorprende que estés soltando ese tipo de comentarios? —y es que Aomine había cachado a la rubia mencionar casual para todas las allí presente unas cuantas cosillas.
—¿A qué te refieres Daiki? ¿No es obvio que son pareja, que se quieren mucho y que cualquier otra persona está de más?¿O que Kise se la vive mandándole mensajitos cursilones a Aoi cada que puede? Él lleva Cielo de Amor en las venas, Daiki.
—¿Algo te hicieron, verdad? —miró ese grupo de mujeres que literalmente ardían en las llamas de la envidia hacia la afortunada que gozaba de los mimos de Kise y de odio hacia su novia que por lo visto les devolvía su amistosa cordialidad con palabras.
—Hasta Aominecchi vino a verme actuar.
—No te emociones idiota, vine por Axelle, no por ti —las cosas claras.
—-¿Verdad que el papel de hermanita le va de maravilla?
—-Debo de admitir que es raro verla siendo así, pero le queda…Siendo Daisuke eres más simpático.
—-¿Qué quieres decirme con eso…?
—-Pero no podemos tener todo en esta vida, así que es con lo que toca lidiar —comentaba para Aoi más que nada. Esos dos se sintieron claramente ofendidos; los muy desvergonzados preferían a sus contrapartes actorales.
—-Claramente —le seguía el juego la oji verde.
—-¿Y si vamos a cenar? Estamos muriéndonos de hambre —hablaba Axelle en representación de Kise y ella.
—-No suena mala idea —secundaba la castaña. Nada como esos deliciosos placeres de la vida de echarle en cara a esas mujeres que ella tenía lo que tanto deseaban.
—-Que sea algo así como una cita doble —bien, a Ryouta se le había ido la lengua más de la cuenta por la emoción, causando otra ola de sorpresivas expresiones faciales.
—Has dicho algo innecesario, Ryouta…—le susurró Aoi. Y era cierto. Si bien sabían que Axelle tenía pareja, no habían dado con quién gracias a la confusión que esos tres amigos suyos le causaban a los paparazis.
—¿D-Dije cita? Hablo de una salida entre viejos amigos…—intentó corregir su fallo para que todos olvidaran ese detallito que se le fue sin pensárselo—. V-Vámonos ya…
Como bien pudieron abandonaron aquel centro de trabajo y se dirigieron de inmediato hacia el restaurante que cierto blondo creyó conveniente para la ocasión. Especialmente porque ya conocía el sazón y el buen servicio que allí aportaban, por lo que el resto simplemente le siguió sin decir nada.
Al menos debían reconocerle que tenía buen gusto, porque el exterior de aquel establecimiento era impecable y como bien había dicho, se encontraba bastante concurrido. Pero gracias a que Kise había hablado para reservar, pudieron entrar y tomar asiento sin tener que esperar.
—¿Y qué clase de comida sirven aquí? —preguntaba la castaña revisado la carta. Ningún platillo le sonaba.
—Comida coreana —respondió el blondo.
—¿Desde cuándo te volviste tan internacional, Kise? —le echaba en cara el moreno. Nada de lo que estaba allí le era conocido ni por asomo.
—Esperen un momento…Reconozco el logotipo de este restaurante…—su carmesí mirada se posicionó en aquel sombreado que indudablemente representaba a un tigre rugiendo y el fastuoso nombre del restaurante—. Pero si es el mismo que…
—¿Y cómo fue que terminaste en un sitio como éste, Ryouta? —es que el lugar no estaba muy a la vista del público por lo que alguien debió de haberle llevado allí. Y por alguien seguramente se trataba de una mujer.
—Axelle-chan me lo recomendó el fin de semana pasado —respondió frescamente. La francesa sólo abrió sus lindas pupilas hasta no más poder—. Pidió comida a domicilio de este restaurante el sábado pasado y la compartió conmigo —esa sonrisa solo le provocaba a la rubia arrojarle el menú contra su cara.
—¡Es la primera vez que vengo a este sitio! Y que yo sepa la que te compró comida ese día y el siguiente, fue Ayane, no yo…—podría tener cara de inocente y que no rompe ni un plato, pero estaba usando su asociación laboral para esconder ciertos asuntos peliagudos que cabrearían a la castaña—. Me usas de excusa para esconder lo cínico que fuiste el fin de semana pasado mientras te dejabas mimar por esas locas.
—¿Ah sí? Tienes gustos muy curiosos, Axelle —mencionaba Aoi con su atención de vuelta al menú—. Me pregunto qué pediré…
—Te recomiendo el Bulgogi o el Naengmyeon —Kise, dándole consejos culinarios.
—¿Qué te vas a pedir tú, Axelle? —preguntó curiosa la mujer, ignorando las sugerencias del blondo.
—¿Yo…? Bueno, estoy indecisa, hay cosas muy buenas aquí…No me decido entre el Bibimbap y la Cocina Real —menos mal que ya estaba volviéndose experta en actuar.
—Ya veo —conocía a su hombre, sabía que algunas cosas que salían de su linda boquita podrían no ser ciertas o perfectamente manipuladas a su santa conveniencia.
—…Kise, esta me la vas a pagar…Al menos si vas a fingir que te invité algo, pregúntame a dónde sí he ido a comer…Aoi no es tonta y estoy segura de que sospecha —pensaba al tiempo que seguía revisando el menú. Nada, nada le sonaba ni por el nombre ni las fotos.
Y después de un rato de deliberar y pensarse bien qué pedir, la orden conjunta fue tomada y solamente restaba esperar a que los platillos fueran servidos.
—Entonces te quedarás el fin de semana en Tokio, ¿no es así? —alguien estaba muy feliz de que cierta chica se quedara a su lado.
—Es muy tarde para que viaje —habría de usar esa excusa para no inflarle demasiado el ego a cierto novio suyo.
—¿Y se puede saber con quién viniste a este sitio?
—Sola, Daiki…Me gusta descubrir nuevos sitios con buena comida por mi propia cuenta…Así que mientras degustaba unos deliciosos Tteok, leía un buen libro —relató de la manera más convincente que le fue posible—. Y el fin de semana pasado decidí pedir algo de aquí y ya que Kise me miraba como cachorro muerto de hambre, decidí comprarle algo —ella sonreía lindamente, pero Ryouta sabía que si se quedaba a solas con esa mujer lo mínimo que le haría sería una llave de lucha.
—Y como favor de sus buenas atenciones —debía decirlo para no verse como el aprovechado que en realidad era—, le compré unos deliciosos chocolates justo antes de salir del trabajo. Estaban deliciosos, ¿verdad?
—Por supuesto. Estaban exquisitos, así que un día debemos repetir la experiencia —aseveró felizmente—. ¿Hablas de esos chocolates que te obsequiaron Mikari y Hana?¿O esos de esa costosa chocolatería que Mamiko mandó especialmente a traer para ti?
—Parece que se la viven comiendo —regañaba Aoi a Kise—. Terminarás engordando.
—¿Vivir comiendo? Yo comí fideos y bolas de arroz esos dos días, mismos que compré en un supermercado…
—Eso no sucederá, Aoi. Siempre estaré en buena forma —su narcicismo tuvo como paga un codazo por parte de su frágil mujer—. ¡Auch…!
Gracias al cielo la comida había llegado al fin, logrando salvar a la francesa de continuar con aquella farsa para que el blondo quedara bien frente a Aoi. Aunque al menos gracias a que él había elegido buenos platillos no se lamentarían de lo que comerían; al menos no iba a ser dinero tirado a la basura.
—¿No es tu celular el que suena, Axelle-chan? —a los oídos de Kise había llegado la pegajosa tonadita que caracterizaba las llamadas del móvil de la francesa.
—Tienes razón —como bien pudo sacó el celular y miró la pantalla—. Justo lo que me faltaba ahora…han postergado la salida del juego que tanto esperaba. Puras malas pasadas este día…
—¿A quién estás saludando, Kise? —sus esmeraldas contemplaron al efusivo chico que alzaba su mano y saludaba animosamente.
—A las amigas de Axelle-chan. Parece ser que se animaron a venir a comer a este sitio —mencionó tranquilamente para ella-.
—¿Amigas? Yo no tengo amigas en ese lugar…—miró de reojo al punto en que Kise estaba posando su atención. Se trataba de las mismas actrices que le habían llenado de chocolates el fin de semana pasado; claramente la miraron con desdén—….No importa por dónde lo mires, ellas me odian profundamente…
—Parece que estás empezándote a relacionar con quién deberías…—sentenciaba vilmente Daiki al tiempo que degustaba su platillo de carne de cerdo—. Ya era hora de que tengas amigas.
—Sí, supongo que estoy en esa etapa de mi vida…—si supiera que sólo había incrementado su lista de amigos.
Ya con el estómago lleno y las energías repuestas, abandonaron el agradable restaurante y emprendieron la retirada. La noche apenas había caído y Kise consideraba que todavía era muy pronto para volver a casa, por lo que no extrañaba que arrastrara a todos hacia sus egoístas caprichos.
De ese modo terminaron frente al cine más cercano.
—¿Vamos a ver una película a estas horas? —interrogaba curiosa Aoi.
—Por supuesto. Hay un estreno que he querido ver desde la semana pasada —habló con emoción.
—Yo quiero ver esa —señalaba Axelle con emoción aquel anuncio. Se trataba de una película de miedo de impacto y psicológico.
—No me sorprende —decía el moreno, suspirando—. Bueno, es la mejor que hay —todas las demás eran cursis, dramáticas y lo que le seguía.
—Yo pensaba más en ver esa —indicó con el dedo índice aquel título polémico que hizo que la francesa quisiera salir de allí corriendo.
—¿Desde cuándo te gustan ese tipo de películas? —Aoi sabía que el hombre era cursi, pero no esperaba que a esos niveles.
—Tiene muy buena trama. Así que siento curiosidad al respecto —estipuló con una sonrisa—. Además, está a tema con nuestra cita doble. ¿Qué dicen?
—Olvídalo, odio ese tipo de cosas —chasqueó el moreno.
—Yo también —secundaba la francesa.
—Vamos, no sean así. Ya hemos hecho todo el camino hasta aquí. Además, ya no hay funciones para la que quieren ver —cosa que no era mentira. Al parecer únicamente había horarios para las películas cursilonas del momento.
Y con un poder casi sobrehumano el rubio logró arrastrar a todos a ver lo que quería ver. Aunque para ello haya tenido que pagar las entradas, comprar las chucherías para ver el filme y comprarle el juego que quisiera a Axelle.
Esa salida le salió muy cara.
—Te dije que saldrías perdiendo proponiéndole algo como eso —comentaba Aomine con burla sosteniendo aquella charola con palomitas y refresco.
—Jamás pensé que los juegos costaran…tan caros…—lloraba, lamentándose por haber sido tan precipitado y querer que todos vieran esa cursi película.
—Seguramente no es tan mala la película —Axelle estaba feliz por su nueva adquisición.
—Es lo que te pasa por obligar a las personas a hacer algo que no quieren —le recriminaba la castaña.
—Sólo entremos a ver la película…
Les sorprendió el gran número de personas que había en la sala. Claro, todas eran parejitas, ansiosas de que la función diera inicio y desparramar miel por cada poro de su piel.
Tomaron asiento y acomodaron las cosas que llevaban consigo. Todavía restaba un poco antes de que empezara.
—¿No es divertido salir de este modo? —preguntaba Kise. A mano izquierda tenía a Aoi, pero a su derecha a cierto moreno.
—Por supuesto que no, idiota.
—¿Cuánto dices que dura esta película? —quería volver a casa para empezar a viciarse como sólo ella sabía hacerlo.
—Una hora cuarenta y cinco minutos —informó Aoi. Ella tampoco estaba emocionada de la vida por ver un drama romántico, pero no pudo resistirse a la petición del rubio; además, era un buen momento para recuperar el tiempo perdido.
La película al fin comenzó, llamando a todos a guardar silencio. Y mientras algunos la veían con cierto interés y emoción, otros tres simplemente intentaban entender por qué la gente amaba ese tipo de cosas.
Y fue así que para la primera mitad de la película dos personas se habían aburrido hasta el punto de quedarse dormidos.
—Lo esperaba de Daiki, pero no de Aoi…—expresó quedito la rubia con ese vaso de refresco en manos. El moreno estaba dormido plácidamente sobre su hombro.
—Bueno, no es su género —él estaba feliz de que la castaña estuviera acurrucada junto a él mientras le abrazaba tiernamente.
—¿Así que este era tu plan desde el inicio? —le miró de soslayo y el otro fingió demencia.
—No sé de qué hablas, Axelle-chan.
—Le diré a mis nuevas amigas que te compren chocolates importados.
—Ha sido un buen sábado después de todo.
—No te hagas el loco y deja de ignorarme, Kiserino —replicó.
—…Aoi se ve tan linda dormida…—hombre enamorado no entiende de lógica ni de reclamos.
—Yo no tengo que hacer este tipo de cosas para obtener los mismos resultados, Kise —mencionó con naturalidad mientras le sonreía cínicamente.
—¿E-Estás…presumiéndome tus habilidades?
—No. Te presumo la resolución de mi celular y que mis amigos los estilistas saben tomar buenas fotografías.
Kise abrió sus ojitos como platos. Las imágenes que le pasaba eran de él y las supuestas amigas de la rubia, conviviendo amenamente mientras comían o esperaban su turno para actuar. Fuera la excusa que le diera a Aoi lo apalearía porque en vez de haber escarmentado y comportarse como un hombre abnegado y estableciendo distancia, allí estaba, dejándose consentir y mimar por las féminas del set.
—Axelle-chan, tú no serías capaz de…—tragó saliva pesadamente del nerviosismo que eso le provocaba.
—Creo que tenemos un trato, ¿no Kise?
