Los vientos eran suaves mientras se acercaba el atardecer, dando paso a una noche perfecta para navegar—para celebrar bajo la luz de estrellas y antorchas.
Música descuidada pero alegre llenaba el ambiente del barco y sus alrededores, al igual que risas y voces agitadas y emocionadas.
"¡Feliz cumpleaños, Princesa!" gritaban todos los pasajeros del barco en unísono mientras la cumpleañera no hacia mas que sonreir y resplandecer ante toda la atención de sus amigos.
¡Y vaya que ella resplandecía! Una princesa, despues de todo, siempre seria una princesa, aunque esta no fuera nada convencional.
En los cien reinos todos conocían el nombre de Kagome Higurashi, la hermosa heredera al trono del reino Tama, quien había escogido el mar y la aventura en lugar de la corona. La princesa vestía comúnmente, una camisa blanca de cuello y una larga y desgastada falda azul adornaban su cuerpo en vez de elegantes vestidos de seda.
Su belleza—al igual que su valentía—tampoco era ningún secreto en los reinos. Muchos príncipes y reyes la deseaban, pero ella misma se había encargado de ponerle a su mano un precio tan alto que era casi imposible de pagar, asegurándose así una larga vida de libertad en el mar, cazando monstruos y bandidos por igual. Una vida sin etiqueta.
Y ahora danzaba en la cubierta de madera de su propio barco sin preocupación alguna. Su piel perlada brillaba bajo la luz de la luna y su cabello, largo y cuervo, bailaba al viento, obedeciendo a la música que tocaban los hombres del barco. Ella estaba feliz.
-¡Muchas gracias a todos! -Kagome detuvo su baile y no pudo evitar reír al ver como su tripulación festejaba, como si no hubiera un mañana. Después de todo aún faltaban diez días para la verdadera fecha de su cumpleaños. -Sango, ¡aún no puedo creerlo! ¿Cuando tuvieron tiempo preparar todo esto?
Junto a la princesa, una bella chica de largos cabellos negros quien parecía estar un poco ida por tanto alcohol dio una vuelta riendo y habló por encima de la música.
-Ya lo sabes, ¡todo por su majestad! ¡Que viva nuestra princesa!
Sango levantó su bebida y todos los demás contestaron "¡Que viva!"
-Ya, en serio -le respondió Kagome con un pequeño empujón.
-Bueno, -comenzó Sango una vez había parado de reir. -fue idea mía y de Miroku. Sabíamos que al llegar, tu madre te organizaría un gran baile espectacular para tu cumpleaños y conociendote sabíamos que no te la pasarías nada bien.
-Tuvieron razón.
-¿Y qué mejor día para celebrar que la última noche antes de llegar a casa? Entonces nos encargamos de distraerte en nuestro último puerto. Fue ahí cuando trajimos a bordo las bebidas y los fuegos artificiales—también la comida y del reino de Kyokko te encargamos ehm…otro regalito. Lo escondimos bastante bien, para su tamaño.
Kagome ladeó la cabeza, su interés despertando de pronto por el comentario de su amiga. El reino Kyokko era famoso por su gran riqueza en arte de cualquier tipo.
-¿Ah sí? ¿Y que es?
Su amiga y segunda al mando se echó a reír sin contestar y Kagome no hizo más que rodar los ojos y negar con la cabeza. De lo que sea de lo que se tratara la supuesta sorpresa, Kagome se encontraba segura que no podía ser nada bueno. Ella conocía bien a sus mejores amigos—no podía esperar.
-Ah, pero si son mis dos damas favoritas en todo el mar. -caminando hacia ellas por entre la multitud que bailaba, venía Miroku y en cada mano sostenía un trago de sake.
-Miroku, -lo saludó Kagome. -Le estaba agradeciendo a Sango por este detalle, aunque no era para nada necesario.
-¡Tonterías! Incluso una princesa merece divertirse, especialmente en su cumpleaños! -Miroku extendió las manos para ofrecerles las bebidas a las dos chicas.
-No gracias, -contestó Kagome. -no soporto demasiado alcohol y lo saben. Mejor guardarlo para los demas, ademas creo que Sango ya ha tenido suficiente.
-¡Hah! ¿Suficiente? ¡Yo diré cuando haya tenido suficiente! -con eso le arrebató el sake de las manos a Miroku y el joven no hacía más que mirarla con cara de bobo y ojos de amor mientras la segunda al mando continuaba bebiendo.
-Oh mi querida Sango, no importa que tan como pirata actúes, tu nunca dejas de ser hermosa. ¡Sería un honor para mi que me acompañaras a bailar esta noche!
Las palabras de Miroku hubieran resultado tiernas para cualquiera, de no ser porque estas fueron seguidas de las manos ambulantes de este mismo, las cuales siempre buscaban acariciar las partes más prohibidas del cuerpo de Sango.
-¡No gracias! No me encuentro tan ebria. -ella golpeó su mano lejos de ella.
-¿Y después de un par de tragos mas?
-Déjame reformular eso: Jamás me encontraré tan ebria.
Kagome sonrió ante la conversación de sus amigos—la cual ya era bastante familiar para ella.
-En verdad no bailaras, Sango? -le preguntó Kagome a su amiga.
-Quizá baile contigo luego -le guiñó un ojo Sango. -pero adelantense si quieren, y Kagome, avisame si Miroku intenta tocarte. Yo misma le cortaré la mano.
Kagome asintió divertida mientras se alejaba con Miroku quien fingía estar profundamente herido por las palabras de Sango.
La música sonaba tan fuerte y animada como siempre, mientras caminaban en la pista de baile entre las otras parejas y las personas bailando solas. Entre violines y tambores, acordeones y trompetas mal tocadas, una bonita melodía florecía y así la princesa comenzó a bailar con su amigo. Bailaron y rieron bajo la luna, hasta que les dolieron los pies, hasta que Sango finalmente decidió unirse a ellos con una enorme sonrisa en su rostro y hasta que la música finalmente disminuyó a un tono más calmado—una canción solo para dos, pero ellos eran tres y cuando Sango al fin cedió ante las insistencias de Miroku de bailar, sólo quedó ella.
Kagome suspiró, cansada pero feliz, mientras se alejaba de la conmoción y observaba a sus amigos y a toda su tripulación divertirse. Algunos se habían desmayado debido a toda la bebida, algunos seguían bailando lentamente al ritmo de las flautas románticas y otros no se habían atrevido a separarse de los alimentos frescos adquiridos en el último muelle, por no mencionar el pastel. Aún así, el espíritu de fiesta y compañerismo era libre en el aire, y ella supuso que no tenía nada que ver con su no-cumpleaños.
Estaba tan absorta en sus pensamientos que casi no se dio cuenta de la bola de pelusa gorda que se frotaba contra sus botas, rogando por tener un poco de su atención.
-¡Buyo! ¿Qué estás haciendo aquí y por qué no estás durmiendo? Siempre estás durmiendo. -ella se agachó para recoger al gato en sus brazos y besar su frente. -Supongo que puedes hacerme compañía.
Miró hacia el mar—su amor actual y probablemente, su futura perdición— y se preguntó si algún día encontraría lo que estaba buscando, la llave que abriría para siempre su jaula de princesa: el corazón de una sirena.
Su cabello voló contra el viento mientras se acercaba al borde de madera del barco, mirando a su destino. Estaban tan cerca de la orilla que ya podía ver el palacio en el que había crecido. La alegria que habia estado sintiendo toda la noche se desvaneció de pronto.
-Mira, Buyo, ya estamos prácticamente en casa.
La princesa debería estar feliz de volver a su hogar, el reino ciertamente se alegraria de su regreso y también la reina y el príncipe, su hermano menor. Todos la extrañaban mucho….y ella también a ellos, pero de una manera diferente. Llamar hogar al reino se sentía extraño últimamente.
¿Qué clase de princesa era si no amaba la corona? ¿Si ella prefería un barco y no un trono y botas de cuero gastadas en lugar de resplandecientes zapatillas?
Estas preguntas siempre invadian su mente en los peores momentos posibles, especialmente cuando estaba disfrutando demasiado su vida de navegante o en las noches antes de regresar a casa.
Empezaba a hacer frío. Kagome se estremeció, abrazando al gato más cerca de ella. Quizás más alcohol no hubiera sido tan malo, pero ella no podía permitírselo, no cuando tenía una reunión real a primera hora de la mañana y sabía que la reina la estaría esperando con una expresión seria pero amable.
El sonido de los fuegos artificiales la devolvió a la realidad y todos sus pensamientos fueron reemplazados por música y el sonido de las voces de sus amigos llamando su nombre.
-Kagome! -dijo Sango colgándose de ella con un abrazo, haciendo que el gato saltara de sus brazos y regresara rápidamente por donde había venido. -que haces observando al mar—a la distancia con tanta tristeza en tus ojos?
Su amiga lo dijo como una broma, pero Kagome se dio cuenta en ese momento de que en verdad se había encontrado bastante triste. Eso no era nada nuevo, pero desearía que ese sentimiento no se mostrará en sus mirar.
-¿Es porque estamos regresando a casa?
-No Sango, no hay tristeza en mis ojos y si la hubiera, no es por que volvemos a casa.
Mentiras, todas mentiras.
-Bueno, mejor borra ese ceño fruncido de tu rostro, Kagome. Regresa con los demas, todos estan emocionados por entregarte ya tus regalos.
Habían instalado una silla grande con flores para que ella se sentara mientras le entregaban regalos. Debería haber estado molesta por todos los mimos, y se encontraba a punto de protestar diciendo que no necesitaba ningún regalo, pero una vez que se dio cuenta de que la organización elegante era una burla divertida de las tradiciones reales, fue capaz de reír junto con todos los demás.
Su tripulación la había bañado con regalos simples pero encantadores que la hacían más feliz que cualquier otra cosa que pudiera recibir en la corte.
Botellas de alcohol suficiente para durar por años, ya que ella no bebía mucho. Un par nuevo de botas, algunas flechas, un brazalete hecho de conchas marinas y su favorito: un gran libro de sirenas de parte de Sango. Kagome no podría haber estado más agradecida por el amor y la lealtad de las personas que la rodeaban.
Una cosa, sin embargo, que le impedía divertirse por completo, eran las risitas de Sango y Miroku a su lado, en voz baja y llenas de malicia.
-De acuerdo ustedes dos, ¿qué está pasando? ¿Qué están tramando?
-Nada mi dulce Kagome, -se defendió Miroku, con un tono bastante falso.
-Nada en absoluto ... Ahora mira, aquí está el último regalo antes del grande. -dijo Sango, llevando la atención de Kagome hacia uno de los tripulantes quien se acercaba para entregarle a la princesa una pequeña caja.
-Un recuerdo de casa. -dijo con una voz amable y luego se alejó.
Con cuidado, Kagome abrió la caja y dejó escapar un pequeño jadeo mientras sacaba un pequeño collar adornado con una pequeña joya púrpura: la perla shikon. Esta era falsa, por supuesto, sin embargo ella sonrió. Un recuerdo de su hogar en efecto.
La perla era un artefacto legendario, el cual muchos creían era solo una leyenda fabricada por la realeza de Tama para sobresalir entre los demás reinos. Pero era real y esta había sido entregada por los dioses a los Higurashi hace siglos para proteger de las ambiciosas garras de los demonios o incluso algunos humanos. La historia, por más increíble que fuera, estaba mejor guardada en secreto, contada en susurros solamente por los habitantes de Tama.
Así es como el reino había recibido su nombre hace una centuria, ese honor se les había sido entregados por los dioses y transmitidos en cuentos, e incluso después de todo este tiempo, la perla aún permanecía oculta en el castillo real de los Higurashi. Kagome nunca había visto la perla con sus propios ojos, pero siempre había podido sentir el inmenso poder espiritual que venía del objeto bendito que traía alegría y paz a su reino.
-Muchas gracias, -sonrió Kagome. Aunque un collar como ese se podria facilmente encontrar en cualquier esquina o tienda del reino, Kagome nunca había tenido uno y el gesto le había gustado bastante así que de inmediato se puso el accesorio al rededor de su cuello.
-Bueno, señorita Kagome, ese collar si que tiene suerte de adornar tu hermoso cuello.
-Ten cuidado, Miroku, no te atrevas a cortejar a la princesa de esa manera, sabes, después de todo, solo hay una cosa en este mundo que haría que un hombre fuera digno de Kagome y todos en los cien reinos saben lo que es…
De repente, la segundo al mando levantó las manos y los músicos volvieron a sus instrumentos de nuevo para comenzar una hermosa melodía que todos en el barco de Kagome ya conocían, pero eso solo logró molestar a la princesa, quien echó la cabeza hacia atrás al escuchar la primera nota..
-¡No! -Protestó Kagome, pero era demasiado tarde y pronto todos, excepto ella, ya cantaban al unísono la canción que se había escrito sobre la princesa de Tama hacía solo un par de años.
La atmósfera se animó de nuevo, con todos riendo, bailando y cantando la canción de Kagome, pero ella permaneció sentada, sacudiendo su cabeza. Ella sabía bien que todo era un poco de burla alegre de sus amigos, sin malas intenciones, pero la canción que contaba su historia hacía mucho que se había vuelto aburrida para ella.
Todo había sucedido un par de años atrás y había sido en un día aparentemente normal cuando los eventos que habían cambiado su destino para siempre habían tenido lugar.
Ocurrió en una mañana de verano la primera vez que un príncipe de un reino lejano se apareció la sala real, en frente de Kagome y su madre para hacer el tan descarado acto de pedir su mano. Kagome pudo ver que la reina no iba a dudar en dar su mano a aquel príncipe extraño, así que en un acto de desesperación ella levantó su barbilla y su voz y sin vacilar aceptó casarse con él—con una tan sola condición, solo si el príncipe le traía como ofrenda el corazón de una sirena.
Kagome solo tenía quince en ese entonces, y su madre se había indignado demasiado, y ahora al recordarlo, Kagome se rió entre dientes. Pero la noticia había corrido y no había nada que la reina había podido hacer para detenerlo—la princesa de Tama tenía un precio imposible de pagar y ella esperaba desde el fondo de su ser que nadie nunca se apareciera enfrente de su palacio con un corazón de sirena que ofrecer.
Y ahora, una canción bastante molesta que contaba su historia se había esparcido por todos los reinos y a su tripulación le encantaba cantar a todo pulmón solo para fastidiarla—y al parecer ni en su celebración de cumpleaños se podía salvar de ella.
Una vez la canción al fin acabó y todos regresaron hacia ella riendo y ella no pudo hacer más que sonreír y rodar sus ojos.
-Si cantan eso una vez más—
-¡Podríamos hacerlo justo ahora! -molestó Miroku.
-¡Por Favor no!
-Creo que ya es suficiente, aunque todo aquí amemos esa canción, no hay duda que eres bastante inteligente Kagome. Pedir el corazón de una peligrosa criatura marina que no existe—ojala se me hubiera ocurrido a mi.
Las palabras de Sango crearon revuelo entre las personas de la tripulación. "Claro que existen! Mi primo fue ahogado por una!" "Acaso tienes pruebas de aquello?" "Cómo van a existir? Es imposible!" "Practicamente vivimos en el mar y nunca hemos visto una!"
Era verdad. Kagome siempre había tenido una fascinación por el mundo, sus criaturas mágicas y las aventuras que estás pudieran ofreces y aunque Kagome había presenciado todo tipo de demonios y monstruos crueles en sus años de viaje, las sirenas seguían siendo una cosa mágica, completamente desconocida para los ojos humanos, conocidas solo en libros de cuentos, en historias de terror y leyendas antiguas.
A pesar de nunca haber visto una, esas criaturas marinas sin duda alguna habían salvado su vida.
-La princesa está muy pensativa hoy.
-¡Ya se que es lo que sucede! -dijo de pronto Miroku. -Toda esta plática de sirenas hizo a Kagome refleccionar. La princesa se siente sola, y quiere un príncipe que baile con ella en su cumpleaños!
Fue un comentario algo inesperado y Kagome pudo sentir sus mejillas tornarse del color de las rosas.
-¿Que estas diciendo, Miroku? Si hubiera querido casarme yo—
-Si, si—ya sé lo que vas a decir Kagome, pero no me engañas. Podrás ser una princesa, una aventurera y la guardiana de la perla, pero al final de todo sigues siendo una chica.
-¿Que tiene que ver que sea una chica? Sango también lo es y te rechaza todos los días.
-Kagome tiene razón, -respondió Sango. -No deberías de burlarte de la cumpleañera, estar sola no tiene nada de malo. Quizá Kagome no quiere a un príncipe, quizá quiere a una princesa—o a un monstruo.
-¿Un monstruo? -Kagome preguntó con curiosidad y Sango se encogió de hombros.
-O un demonio, quien sabe. Siempre has tenido un lado suave para los híbridos. Quizá sean más divertidos que la realeza que te frecuenta en la corte.
Kagome quiso negarlo por un momento pero comenzó a pensar...no parecía tan mala idea si un demonio se apareciera con un corazón de sirena. Sería divertido ver la reacción de todos, aunque claro, ella jamás podría aceptar algo así.
-Sabes que la perla de Shikon—aquel tesoro que todos los monstruos y demonios buscan se encuentra protegida y escondida en nuestro palacio, por lo que sería de lo más estúpido enamorarme de un monstruo y llevarlo al palacio. Por eso es que luchamos contra monstruos y bandidos, para que nuestro reino y la perla estén siempre a salvo.
-¡Vaya, Sango tenía razón! ¡Si que te encuentras decaída! Era un chiste, princesa Kagome, mejor regresa a bailar con nosotros y levanta de nuevo ese ánimo! Siempre te pones así cuando regresamos a casa!
Miroku tomó a Kagome del brazo y le dio una vuelta, luego otra y junto con Sango comenzaron a reír, llenando su mundo de color de nuevo, así que ella no pudo negarse a bailar toda la noche si era necesario.
Los problemas podían esperar—las pesadas nubes de lluvia que nadie aún había notado podían esperar.
"No hay ningún corazón de sirena." Pensó Kagome mientras bailaba. "La perla está a salvo en el palacio." Se recordó a sí misma mientras cantaba. Más la princesa ignoraba por completo a el príncipe demonio, quien la observaba entre las sombras y quien con solo su existencia ponía las dos más fuertes creencias de Kagome en riesgo.
El corazón estaba justo ahí, y comenzaba a latir por ella. La perla aún se encontraba en el palacio, pero esta ahora corría un terrible peligro.
Un capítulo un poco corto para presentar a Kagome y a los demás en esta historia, espero que aunque lo hayan disfrutado.
Un quick disclaimer: La idea de los cien reinos la tomé prestada de Alexandra Christo en su libro: Matar un Reino, el cual ya había mencionado antes.
No se que mas decir, no estoy del todo feliz con la estructura de este capítulo ya que tenia que meter mucha información/? y no sabia como meter todo lo importante en un solo capítulo de introducción.
Aun así, siempre me divierto mucho escribiendo esta historia, los capítulos me salen como magia en un solo dia, hay que agradecerle a Disney :v siempre que escribo esto escucho canciones Disney, si no no me concentro.
Supongo que si la cancion de Inuyasha en el primer capítulo era Part of Your World, la de Kagome en este vendría siendo How Far I'll Go de Moana o algo asi xD Quien sabe…
Pero en fin, este capítulo es un desastre! Aun así gracias por leer y si deciden dejar review, también mil gracias! Nos vemos en el siguiente capítulo :)
